• Los atentados indiscriminados y las decapitaciones causaron el rechazo de otros grupos insurgentes



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Un reguero de muerte

• Zarqaui llegó a Irak antes de la invasión del país por EEUU en el 2003
• Los atentados indiscriminados y las decapitaciones causaron el rechazo de otros grupos insurgentes


 




 

 
MARC MARGINEDAS
BARCELONA

Mucho, y no siempre acertado, se ha escrito acerca de la trayectoria de Abú Musab al Zarqaui en Irak. Al igual que con cualquier otro líder clandestino, biografía y hechos apócrifos se entremezclan sin despejar la nebulosa de sus verdaderos actos. Lo que sí está probado es que era el más extremista --pero no el más popular, ni el más influyente-- cabecilla insurgente iraquí.



A >> EEUU y los chiís eran sus enemigos por igual

Las primeras informaciones de la presencia de Abú Musab al Zarqaui en Irak se remontan al año 2001. Rumores sin verificar apuntan a que el jordano se instaló en el norte kurdoiraquí huyendo de la ocupación norteamericana de Afganistán, y estableció vínculos con el grupo islamista kurdo Ansar al Islam. Así las cosas, la primera conclusión que se extrae es que Zarqaui no llegó al país árabe para hacer la guerra santa a las potencias ocupantes, sino que su presencia en Irak se remonta incluso a antes de la invasión anglo-norteamericana, en marzo del 2003.


A pesar de haber recibido una gran atención en los medios de comunicación árabes y occidentales, Zarqaui tan sólo lideraba a centenares de extremistas, que no formaban ni de lejos el grupo más numeroso de la galaxia insurgente en Irak, un hecho aceptado incluso por fuentes de EEUU.
Su ideas y su concepción del enemigo superaba incluso en radicalismo a sus superiores dentro del organigrama de Al Qaeda, como Osama bin Laden. "Zarqaui puso a los chiís al mismo nivel que a EEUU", recuerda desde El Cairo Diaa Rashuán, del centro Al Ahram de Estudios Políticos y Estratégicos. Bin Laden, en cambio, sólo excepcionalmente atacó a la comunidad chií. Según la interpretación extrema de Zarqaui de la guerra santa, los civiles que trabajaban en la administración y las fuerzas de seguridad iraquís tras la invasión eran traidores que merecían morir.

B >> Los grandes ataques forjaron la celebridad

Abú Musab al Zarqaui y sus seguidores en seguida ganaron notoriedad en la posguerra iraquí por su responsabilidad en los primeros atentados de envergadura. En particular, en el ataque suicida contra la sede de la ONU en Bagdad en agosto del 2003, con un saldo de 23 muertos, incluyendo al representante de la organización, el brasileño Sergio Viera de Mello, y contra el mausoleo del imán Alí en la ciudad santa de Nayaf, en septiembre, con ocho decenas de fallecidos, entre los que se encontraba Mohamed Baqr al Hakim, líder del Consejo Supremo para la Revolución Islámica en Irak (CSRII), la principal formación chií.


Las decapitaciones de extranjeros no tardaron en llegar y provocaron un éxodo masivo de occidentales del país árabe. El 22 de abril del 2004, Kim Sun-il fue degollado y su muerte grabada en un vídeo enviado a Al Jazira. Después, en mayo, le tocó el turno a Nicholas Berg, un estadounidense de 26 años que había llegado al país al olor de los contratos de reconstrucción otorgados por la administración ocupante. Su cuerpo fue hallado por una patrulla de EEUU en un paso elevado de Bagdad. En septiembre, se cree que fue el propio Zarqaui quien leyó el comunicado y degolló con sus propias manos ante una cámara al estadounidense Eugene Armstrong.
En los últimos meses parece haberse producido un cambio de táctica, ya que no se han producido decapitaciones de extranjeros.

C >> El visto bueno de Al Qaeda llegó en el 2004

La fama de Zarqaui y el reguero de muerte que dejó en Irak precedió al plácet que recibió del yihadismo internacional en diciembre del 2004. Zarqaui fundó primero su grupo, denominado Al Tauhid ual Yihad (Monoteísmo y Guerra Santa), cometió una larga serie de atrocidades que le permitieron acaparar la atención mediática occidental y acabó integrándose en la red de Osama bin Laden de una forma un tanto teatral. En octubre del 2004, Zarqaui cambió el nombre de su grupo por el de Organización de Al Qaeda y la Yihad en Mesopotamia y en diciembre, el propio Bin Laden "le dió la bienvenida", según interpreta el analista Rashuán desde Egipto.


En los últimos meses del 2005 y principios del 2006, algunas noticias apuntaban a que Zarqaui había perdido poder y había sido relevado al frente de la dirección política de su grupo, pero no de la militar. Voces escépticas descartan este extremo, y sostienen que su grupo "no es Hamás", donde el liderazgo político y el militar están bien diferenciados.
Como colofón, la Organización de Al Qaeda y la Yihad en Mesopotamia acabó integrándose con otros cinco movimientos insurgentes en un nuevo grupo, denominado Consejo Consultivo de los Muyahidines en Irak, mientras insistentes rumores apuntaban a que los métodos de Zarqaui ya desagradaban a sus propios seguidores.


Noticia publicada en la página 16 de la edición de 9/6/2006 de El Periódico - edición impresa. Para ver la página completa, descargue el archivo en formato PDF


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