0503 la lucha por la verdad al ser los siglos XII a XIV tiempo de muchos pensadores, de buenos escritores, de brillantes universidades y de ambiciones, hubo excelentes ideas, pero también surgieron obstáculos



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0503 LA LUCHA POR LA VERDAD

Al ser los siglos XII a XIV tiempo de muchos pensadores, de buenos escritores, de brillantes universidades y de ambiciones, hubo excelentes ideas, pero también surgieron obstáculos, que hicieron sufrir a la Iglesia

1. Los Cismas y las herejías medievales


Diversos movimientos heréticos y místicos se suceden en los siglos movidos de la edad media central. Algunos de ellos anuncia ya la explosión que iniciará en breve Lutero y apuntala las razones que luego se presentarían como teología de la rebeldía
Albigenses y cátaros
Son parecidos a los cátaros en exigencias, pero más limpios en pretensiones. Fue la más importante de todas las herejías de su tiempo, y predominó en el sur de Francia, aunque con influencias extensivas hacia el Centro de Europa. Tuvo sobre todo fuertes repercusiones políticas, puesto que tuvo que ser reprimida por las armas. Fue la única que realmente supuso un grave peligro para la unidad de la Iglesia, al menos en el Sur de Europa.

La denominación deriva de Albi, ciudad situada en el suroeste de Francia. En todo momento estuvo asociada a la que prefirió el nombre de "cátaros. Derivó a un conflicto armado que tuvo lugar entre 1209 y 1244, por iniciativa del papa Inocencio III con el apoyo de la dinastía de los Capetos (reyes de Francia en la época).

La agresión militar tuvo por fin el reducir por la fuerza el catarismo, movimiento religioso calificado como herejía por la Iglesia católica y asentado desde el siglo XII en los territorios feudales del Languedoc, favoreciendo la expansión hacia el sur de las posesiones de la monarquía capetana y sus vasallos. La guerra, que se desarrolló en varias fases, se inició con el enfrentamiento entre los ejércitos de cruzados súbditos del rey Felipe Augusto de Francia con las fuerzas de los condes de Tolosa y sus vasallos, provocando la intervención de la Corona de Aragón que culminó en la batalla de Muret.

En una segunda etapa, en la que inicialmente los tolosanos alcanzaron ciertos éxitos, la intervención de Luis VIII decidió la sumisión del condado certificada por el Tratado de París (1229). En una prolongada fase final, las operaciones militares y las actividades de la recién creada Inquisición se centraron en la supresión de los focos de resistencia cátara y albigense que, desprovistos de sus apoyos políticos, terminaron por ser reducidos.

La guerra destacó por episodios de gran violencia, provocó la decadencia del movimiento religioso cátaro, el ocaso de la hasta entonces floreciente cultura languedo-ciana y la conformación de un nuevo espacio geopolítico en Europa occidental.

Los cátaros eran herederos de los movimientos dualistas basados en los principios del maniqueísmo. Creían en dos principios: el Bien y el Mal, organizándose en una iglesia aparte, en la que los fieles se dividían en perfectos, minoría de consejeros, y fieles, masa de creyentes. Abolieron los sacramentos, que fueron sustituidos por el gesto del consolatum, que se administraba antes de la muerte. Tolerada por las autoridades políticas, la herejía se extendió con rapidez y tras diversos intentos del Papado por atraer a los dirigentes a una reflexión adecuada.
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La Cruzada fue dirigida por Simón de Monfort, y se inició con una gran matanza en Beziers (1209). Terminó con la batalla de Muret (1213), con la que no sólo se erradicó la herejía de la zona, sino que se ahogó en sangre la independencia del Midi, vinculando la zona definitivamente a Francia.
Durante la Baja Edad Media los deseos de reforma de la iglesia se hacen generales, y, junto a las corrientes ortodoxas, surgen movimientos de carácter heterodoxo que anuncian ya lo que va a ser la gran eclosión protestante en los comienzos de la Moder-nidad.
En 1143 también en la Germanian, en Colonia, surgen unos heréticos llamados Paupe-res Christi. Hay testimonios del preboste premostratense Evervino de Steinfeld ,en un carta a San Bernardo de Claraval, en que refiere un interrogatorio a un nuevo tipo de heréticos. De su relación resulta que este grupo posee una doctrina muy similar a la Bogomila y también una jerarquía con creyentes, por un lado, y elegidos o perfectos, del otro.
Proclamaban que su secta estaba difundida por todas partes hasta Bizancio. Con sorprendente fanatismo se dejan quemar en el fuego en Colonia y a Bonn. Entre 1144-45 también el clero de Lieja percibe la presencia de esta secta y lo comunica al papa. En 1147 alcanzan el sudoeste de Francia, Perigord, llevando vida de apóstoles, despreciando las posesiones y orando siete veces al día y de noche. Nobles, clérigos, monjes y monjas les siguen. Incluso en el sur de Francia Bernardo de Claraval llegará a conocerlos en 1144-47.
Hasta este momento la secta no tiene un nombre. Luego se identifica con el de Cátaros. No se sabe por qué usaron este nombre griego, quizás venía de Constantinopla. Otro apelativo que usan con gusto es el de Cristianos o Verdaderos Cristianos, del cual se deriva el de Buenos Hombres.
Hacia 1167 se presentó en Venecia un cierto Papas Nichetas, probablemente un obispo bogomili de Constantinopla, que trajo a occidente la doctrina de la iglesia Dragovítica, cuyo nombre deriva de un lugar de incierta localización en la actual Bulgaria, Dragowitsa (Drugonthia), que sostenía un dualismo radical. El título Papa ya creó confusión en la Edad Media, y algunos llegaron a suponer un papado cátaro; pero el nombre sólo significa .pope, es decir la designación bizantina de los eclesiásticos. Nichetas tuvo gran influencia sobre los cátaros franceses. Más significativo que esto será que 25 años después de la primera aparición en Europa de los cátaros occidentales, ya era posible reunir un concilio de los dirigentes cátaros, lo que demuestra una rápida difusión de aquella fe. Bajo la dirección de Nichetas se procedió a construir una organización.
Wiclyfismo
El wiclyfismo representó una ruptura total con la Iglesia, ya que afirmaba que existía una relación directa entre los hombres y Dios, sin la intromisión de la iglesia. Juan de Wyclif consideraba además que las Escrituras eran suficientemente claras y no necesitaban la interpretación de la Iglesia, por lo que favoreció la traducción de la Biblia.
Tras su muerte sus enseñanzas se expandieron con rapidez: su Biblia apareció en 1388 y sus doctrinas se matizaron en tres corrientes, la académica, la política - grupos de parlamentarios y nobles deseosos de que la monarquía se sacudiera la tutela del pontifi-cado -, y la popular que habría de proyectarse en el movimiento de subversión social ya referido de los lollardos.
Las obras de Juan de Wyclif influyeron de manera inequívoca en el fundador del otro gran movimiento de la época, el husismo. Juan Hus añadió a los preceptos de Wyclif la denuncia de los vicios del clero y la corrupción del Pontificado. Hus fue condenado por herejía en el Concilio de Constanza y quemado el 6 de julio de 1415 junto a su compañero Jerónimo de Praga.


Juan Wycleff y Jan Huss
Los Husitas
Jan Hus (o Jan), también conocido como Juan Huss o Juan de Hussenitz (Hussenitz, Reino de Bohemia, c. 1370 - Constanza, Germania 1415), fue un teólogo y filósofo checo, rector de la Universidad Carolina de Praga. Como reformador y predicador se le considera uno de los precursores de la Reforma Protestante. Sus seguidores son conocidos como husitas. Murió quemado en la hoguera tras ser condenado por herejía en el concilio de Constanza.
Hasta este momento, Hus no había ido tan lejos. La cuestión se agravó cuando desarrolló su posición respecto al papado. Hus planteaba que la verdadera Iglesia era invisible y que todos los que pertenecen a la Iglesia son sus miembros. La iglesia romana tiene un rol eminente, pero no es la verdadera Iglesia de Cristo, ya que enseñaba que solo Cristo era la cabeza de la Iglesia.
Predicaba que Jesucristo era la verdadera Piedra y no Pedro, y decía que el papa, con su corrupción y sus muchos pecados y errores que enseñaba a las personas, era la encarnación del anticristo. Las críticas de Hus se dirigen principalmente al antipapa Juan XXIII, sucesor de Alejandro V, a quien el rey de Bohemia había dado su obediencia. Para financiar la guerra contra Ladislao, Juan XXIII promulgó la predicación de las indulgencias en Bohemia. La manifestación pública de Hus causó el recelo de los predicadores enviados por el antipapa, que se debía más que todo a que a ellos solo les interesaba el dinero y poco el explicar bien el significado de las indulgencias a los fieles.

Por las calles de la ciudad se llevaron en procesión dos imágenes, una del papa vestido con hábitos pontificales riquísimos y otra de Jesucristo con vestidos pobres y cargando una cruz. A tres de los manifestantes se les ejecutó por meterse contra los predicadores de Juan XXIII, y los bohemios los veneraron como mártires, mientras que Hus fue excomulgado por el cardenal Stefaneschi.
Para poner fin a la división de la cristiandad occidental, el emperador Segismundo convocó el concilio de Constanza, más tarde ratificado por el antipapa Juan VIII y luego confirmado por el papa Gregorio XII. En esta ocasión, Jan Hus tuvo la ilusión de presentarse a la asamblea conciliar para defender sus doctrinas y ser declarado inocente.
Muerte de Jan Hus (Spiezer Schilling, 1485).
El concilio duró del 5 de noviembre de 1414 al 22 de abril de 1418. El emperador, que confiaba y creía en la inocencia de Hus, le prometió un salvoconducto para acudir allí y explicar sus postulados. Hus llegó a Constanza el 3 de noviembre, dos días antes de que se abriera el concilio, donde se presentó a los teólogos del concilio, pero las trabas de sus propios compatriotas, que habían difundido un juicio muy negativo sobre él y sobre sus doctrinas, no permitieron que saliera triunfante como lo esperaba.
La excomunión le prohibía celebrar la misa y predicar, pero Hus no hizo caso y trasgredió la prohibición, por lo que fue detenido el 28 de noviembre en casa de un capitular y encarcelado -a pesar de lo apalabrado- en un edificio del convento de los Dominicos.
Cuando el rey Segismundo llegó el 24 de diciembre, se mostró enojado por no haberse cumplido lo que había prometido; pero no hizo nada por ayudar a Hus. Como quiera que Segismundo quería heredar la corona bohemia de su hermano Wenceslao, le interesaba más que se rehabilitara la reputación de Bohemia.
El 24 de marzo de 1415, Hus fue trasladado a la torre de los Descalzos y más tarde encarcelado en la torre del palacio episcopal en Gottlieben (actualmente Suiza). El 4 de mayo, el Concilio condenó a Wiclef y su doctrina a título póstumo. El 5 de junio de 1415 se llevó a Hus al convento de los Franciscanos, donde pasó las últimas semanas de vida. Del 5 al 8 de junio de 1415 fue sometido a interrogatorio en el refectorio del convento. El Concilio le exigía que se retractara y abjurara públicamente de su doctrina. Hus se negó a retractarse de algunas de las doctrinas de Wiclef y se mantuvo firme hasta finales de junio.
En la asamblea general del Concilio, celebrada la mañana del 6 de julio de 1415, fue condenado por herejía, degradado del rango sacerdotal y abandonado en manos del brazo secular. El emperador le acusó de traición y le condenó a morir en la hoguera, ejecutándose la sentencia ese mismo día.
En dicha asamblea estaban presentes, como representantes del poder secular, el emperador Segismundo, Federico de Hohenzollern, Luis III del Palatinado y un magnate húngaro. Como representantes del poder eclesiástico dieron su voto el obispo cardenal de Ostia, el obispo de Lodi, el obispo de Concordia y el arzobispo de Milán. Como el papa Gregorio XII había abdicado antes, la condena se hizo sin participación papal.


Hus fue entregado al poder secular, que lo llevó fuera del casco de la ciudad. La hoguera se había instalado en un lugar llamado Brüh,l entre la muralla y el foso. La orden de prender fuego a la hoguera, en la que se hallaban Hus y sus escritos, la dio el Conde palatino Luis en nombre del Emperador. Los verdugos esparcieron las cenizas de Hus por el río Rin
Algunos afirman que antes de ser quemado, Hus dijo las siguientes palabras:

«Vas a asar un ganso, pero dentro de un siglo te encontrarás con un cisne que no podrás asar.» Los seguidores de la Reforma Protestante suelen identificar a Martín Lutero con esas palabras, ya que 102 años después, Lutero clavó sus 95 tesis en Wittenberg y en su escudo de armas figuraba un cisne.
Hus escribió en una carta de despedida a sus amigos : «Esto me llena de placer, que hayan tenido que leer mis libros, donde se manifiesta su maldad. También sé que han leído mis libros con más interés que las Sagradas Escrituras, porque querían encontrar en ellos sus falsas doctrinas.»
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