1. La identidad valenciana en conflicto



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CONFLICTO E IDENTIDAD EN LA POLÍTICA CULTURAL DEL PAÍS VALENCIANO

Maria Albert Rodrigo, Gil Manuel Hernàndez Martí, Emma Gómez Nicolau, Marina Requena


1.- La identidad valenciana en conflicto

En las actuales sociedades modernas conviven, cada vez más, comunidades culturales diferenciadas. En el caso del Estado Español, además, esta realidad ha sido y sigue siendo especialmente palpable debido a la diversidad interna que presenta: las distintas comunidades autónomas, cada una a su manera, demandan la inclusión de sus símbolos y herencia cultural en el repertorio de elementos que simbolizan la propia identidad cultural y que se convierte en un espacio de confrontación, especialmente visible en el caso valenciano. A esta situación que venimos arrastrando desde los años 70, marcados por la transición política española, cabe añadir, la masiva llegada de extranjeros desde finales de los años 90, portadores de identidades culturales bien distintas y que en muchos casos comportan formas de resistencia y de contestación cada vez más fuertes que reclaman visibilidad para sus propias versiones de la identidad colectiva (Albert y Hernández, 2011:4).

De manera que el panorama identitario valenciano es altamente complejo, con una identidad valenciana mayoritariamente de filiación española, pero con contestación anticentralista, junto con un regionalismo valenciano proespañolista, un nacionalismo valenciano en sentido estricto y un nacionalismo de ámbito de “Països Catalans” que destaca la catalanidad del País Valencià y rehúye su identificación con España. Eso se ha forjado en el conflicto por los símbolos de identidad, que históricamente se plasmó en los años de la llamada “batalla de Valencia” y fue fundamentalmente una lucha política y cultural.

En esta comunicación nos vamos a detener en la política lingüística, ya que la cuestión de la lengua ha protagonizado en primera línea el referido conflicto identitario. Antes de ello, repasaremos brevemente la trayectoria histórica de la lengua para a continuación abordar la creación y trayectoria de dos instituciones clave en este sentido, el Consell Valencia de Cultura y la Academia Valenciana de la Llengua.




2.- Un breve repaso histórico: lengua y cultura en el País Valenciano

El valenciano, en tanto forma de denominación propia de la lengua catalana, es la lengua histórica de los valencianos prohibida desde el 29 de junio de 1707, cuando el rey Felipe V firmó el Decreto de Nueva Planta y dejó sin efecto la representatividad de las instituciones propias del Reino de Valencia1, después de haber librado una guerra, la de Sucesión, y haberlo ocupado militarmente. A pesar de que la pérdida progresiva en sus usos institucionales fue un hecho progresivo, la lengua siguió siendo utilizada por la población y más de dos siglos después, en la pasada década de los sesenta, y coincidiendo con otras iniciativas desarrolladas en Cataluña y en menor medida en Baleares, se observó un interés creciente por las señas identitarias, y en especial por la lengua, tanto en algunos ámbitos universitarios o profesionales, como en algunas comarcas de predominio lingüístico en valenciano. Desde la prohibición de la lengua hasta hace unas décadas, durante casi tres siglos, la transmisión lingüística del valenciano se ha venido realizando a través de las funciones sociales de la familia, quedando proscrita en la esfera pública. Ello explica la situación del mantenimiento lingüístico del valenciano como lengua popular (con la superposición del castellano como lengua escrita, formal) en una situación de clara diglosia relativamente estable.

En los años setenta, con la llegada de la transición, la sociedad valenciana se encontrará envuelta en un cúmulo de conflictos que afectaban a la propia definición de la identidad valenciana. Una de las principales fuentes de enfrentamiento fue precisamente la lengua, donde compitieron los defensores del consenso científico, entorno a la unidad lingüística, y los que creían que el valenciano era una lengua distinta del catalán. A esta dualidad histórica cabe añadir el fenómeno demográfico; un importante flujo migratorio castellanohablante, especialmente procedente de Andalucía, Castilla-La Mancha y Aragón, llega y se asienta en tierras valencianas. Durante este periodo de agitación social, de lucha por las libertades democráticas y de movilización cultural, no hubo acuerdos básicos sobre la normalización del valenciano, aunque si se ponen las condiciones necesarias para los avances que posteriormente se realizarán.

No cabe duda que los años 60 significan un punto de inflexión trascendental para la organización sociolingüística valenciana. El proceso de desagrarización e industrialización, el fuerte crecimiento demográfico (y la llegada de un elevado contingente de mano de obra de origen migratorio), la tendencia a las concentraciones urbanas o el reforzamiento de los desequilibrios territoriales intra e interregionales, juntamente con el entramado de instituciones políticas que en crisis, llevaron a los inicios de un nuevo movimiento de reivindicación lingüística. Las nuevas elites de jóvenes universitarios surgidas, en su mayoría, de las clases medias urbanas, y en muchos casos de lengua materna castellana, marcaran algunos de los rasgos básicos del discurso predominante2 sobre nuevas bases ideológicas –modernización, cohesión social, valores públicos-.



Durante los años ochenta los usos sociales y oficiales del valenciano y la necesidad de políticas lingüísticas se convertirán en un problema político, ya que una parte de la sociedad española tomará conciencia de la minorización de “su” lengua y reivindicará políticas activas por parte de los poderes públicos, con la intención básica de conseguir su supervivencia, y de manera secundaria y más minoritaria, de garantizar sus derechos lingüísticos. El modelo constitucional de una sola lengua oficial del Estado y el reconocimiento del estatus cooficial de otras lenguas dentro de su demarcación autonómica se decidió finalmente3 y en el caso valenciano, se hizo con la promulgación de l’Estatut d’Autonomia, 19824. En él, concretamente, en el artículo 7, se declara que tanto el castellano como el valenciano son idiomas oficiales, que todos tienen el derecho a conocerlos y a usarlos, que la Generalitat Valenciana garantizaría el uso normal y oficial de ambas lenguas y que “se otorgará especial protección y respeto a la recuperación del valenciano” (art. 7.4). Es decir, se señala con especial énfasis la tarea de revitalización de la lengua propia, minorizada por siglos de no oficialidad y de persecución.

L’Estatut y la puesta en marcha de la Llei d’Ús i Ensenyament del Valencia de 19835, constituyen los dos pilares fundamentales en los que la “nacionalidad histórica” valenciana se basará para su proceso de normalización lingüística. Posteriormente, la reforma de l’Estatut que vio la luz en la Ley Orgánica 1/2006, de 10 de abril del mismo año6 enfatizará la distinción histórico-cultural de la Comunidad Valenciana como “nacionalidad histórica” y se subrayará la necesidad de proteger especialmente el “conocimiento y uso de la lengua valenciana, de la propia y singular cultura de nuestro pueblo, de sus costumbres y tradiciones”. Además, en el artículo 6 se mencionará expresamente que “la lengua propia de la Comunidad Valenciana es el valenciano” (art.6.1) y que la “Acadèmia Valenciana de la Llengua es la institución normativa del idioma valenciano”. Así como en el artículo 12 se consignará que: “La Generalitat velará por la protección y defensa de la identidad y los valores e intereses del Pueblo Valenciano y el respeto a la diversidad cultural de la Comunidad Valenciana y su patrimonio histórico.


3.- La política lingüística autonómica en el marco estatal

La política lingüística es una política pública, dentro de la política cultural, que está presente en los estados modernos, ya que, al menos en los últimos siglos, es difícil de imaginar un estado que no esté acompañado de una lengua (o lenguas) en la manifestación de su poder dentro de un territorio determinado. En consecuencia, de acuerdo con Bodoque (2009), consideramos política lingüística toda iniciativa o ausencia consciente de iniciativa que en una comunidad política determinada, y sobre un territorio y población concreto, realizan los poderes públicos, y especialmente las instituciones de gobierno, para garantizar, fomentar o imponer el conocimiento, el uso y el prestigio social de una lengua (o lenguas) tanto dentro como en el exterior de la comunidad política, y también, en sentido contrario, las políticas dirigidas a prohibir (o limitar) el uso y el conocimiento de una lengua, socavando su prestigio y vitalidad.

La respuesta de los poderes públicos al plurilingüísmo español siguió una estrategia asimilacionista hasta los años 70, cuando la realidad plurilingüe española recibió un tibio reconocimiento legal y político en la Constitución de 1978, aunque desigual y no igualitario. Así, se permite legislar y defender los derechos lingüísticos de los no castellanoparlantes, pero de forma limitada ya que, si bien reconoce la existencia de diversas lenguas, lo hace en el marco de un planteamiento jerárquico en qué el castellano se sitúa en un nivel superior; las otras lenguas (cooficiales en el territorio propio) en un nivel intermedio, y las modalidades lingüísticas, en uno inexistente (Pardines y Torres, 2011).

No se puede hablar de un modelo español de política lingüística, sino más bien de una pluralidad de modelos en función del peso demográfico, de la conciencia ligüística y de la capacidad de movilización social y política que tengan los miembros de las comunidades lingüísticas minorizadas que viven en cada una de las comunidades en que se habla la lengua, y, además, todas las políticas (en ocasiones, no políticas) lingüísticas están inmersas en un contexto de normalidad y predominio del castellano. Es más, en cuanto a las políticas lingüísticas sobre las lenguas diferentes de la castellana, su fragmentación autonómica, la falta de reconocimiento de las comunidades lingüísticas existentes y las escasas dinámicas de colaboración entre comunidades autónomas que comparten una misma lengua, ha terminado por producir la paradoja de que los hablantes de estas lenguas (catalán, gallego, euskera, asturleonés y portugués) tengan garantizados sistemas de derechos lingüísticos diferentes en función de la zona del dominio lingüístico en que vivan habitualmente7 (Bodoque, 2009:42). Además, en el caso valenciano, cabe señalar su particular situación, ya que se trata de un caso singular, puesto que en ninguna otra comunidad autónoma con lenguas diferenciadas se produce un conflicto lingüístico de las características y de la intensidad que ocurre en el País Valenciano, que actúa como freno de las políticas lingüísticas de promoción, recuperación o normalización de su lengua autóctona. Las particularidades del conflicto lingüístico valenciano, con su singular y específica “cuestión de nombres”, ha comportado que las políticas alrededor del nombre de la lengua, de la autoridad lingüística, del modelo de estándar y de las relaciones con le resto del dominio lingüístico, han tendido a ocupar buena parte de las energías y debates públicos (Cuenca, 2003) y que a menudo se confunda la política sobre la lengua con toda la política lingüística.

En el País Valenciano, el Estatut d’Autonomia de la Comunitat Valenciana de 1982 (así como el nuevo Estatut de 2006), establece que el valenciano es cooficial, juntamente con el castellano, en toda la Comunidad Autónoma, aunque advierte que las políticas públicas de normalización lingüística deberán tener en cuenta la excepcionalidad de los territorios castellano parlantes. La política lingüística no ha sido uniforme a lo largo del tiempo, sino que las características singulares de la transición política valenciana, la consolidación de las instituciones autonómicas, la relativamente rápida institucionalización del modelo de política lingüística, las transformaciones de los actores, especialmente la evolución del movimiento anticatalanista o la progresiva implantación de actores favorables a la normalización lingüística, y los cambios en el partido gobernante, han alterado la dinámica de las políticas lingüísticas. Con todo, las modificaciones en cuanto a su intensidad no han comportado cambios en la lógica o el modelo básico de política lingüística aunque podemos distinguir tres etapas que pasamos a ver a continuación.
3.1.- Primera etapa (1978-1983)

En relación a la evolución de la política lingüística valenciana, de acuerdo con Bodoque (2009), en términos generales se pueden distinguir tres etapas básicas en la política lingüística valenciana. En primer lugar, la que abarca desde la creación del Consell del País Valencià, gobierno valenciano preautonómico, en marzo de 1978, hasta la constitución del primer gobierno autonómico, en julio de 1983. En esta etapa, el conflicto identitario se explicita y se implementan algunas iniciativas sectoriales que ponen de manifiesto las escisiones respecto a la concepción del conflicto. Los sectores políticos conservadores, aunque no eran mayoritarios electoralmente, consiguieron, en gran medida gracias a la presión social anticatalanista del discurso por ellos propuesto, que se asumieran como generales sus concepciones sobre la identidad colectiva. De hecho, en las cuestiones simbólicas (himno y bandera) la derecha hizo prevalecer sus opciones; mientras que en las identitarias (nombre de la lengua) consiguió reducir la intensidad y aumentar la ambigüedad, sustituir un nombre de País Valencià por el de Comunitat Autónoma Valenciana y hacer posible que se incorporará el confuso concepto de idioma valenciano, mientras que se evitaba toda referencia a la lengua catalana. Así, la derecha valenciana se erigió como la defensora de todo aquello auténticamente valenciano en contra de una izquierda y de los grupos nacionalistas que serían tildados de traidores y catalanistas, lo que contribuirá a dificultar las políticas lingüísticas, especialmente cuando gobierne el Partido Socialista. Aunque los actores, especialmente los institucionales, no definieron con claridad sus objetivos en política lingüística ni en este periodo ni en los siguientes, sí que mostraron sus concepciones sobre la función y la jerarquía de las diferentes lenguas en la sociedad valenciana. Como denuncia uno de nuestros informantes:


“…el procés de castellanització en la cultura valenciana no només era el lingüístic d’un idioma, sino en tota la part de cultura intangible: de cançons, de jocs, de costums… tot això s’estava perdent… i a banda tot el món rural estaba essent literalment avasallat i ningú estaba preocupant-se d’això…” E2
3.2.- Segunda etapa (1983-1995)

A partir de la constitución del primer gobierno autonómico, con el gobierno socialista al frente, y a diferencia de la época preautonómica, se establecen y sistematizan políticas lingüísticas, ya que las instituciones autonómicas tienen competencias políticas y recursos materiales y humanos para definirlas e implementarlas. Durante esta etapa se pueden considerar dos subetapas: la primera desde la aprobación de la Llei d’Ús i Ensenyament del Valencia de 1983 hasta la creación de la Dirección General de Política Lingüística en 1990. Es el momento en que se define y se institucionaliza el modelo de política lingüística valenciana a partir del marco legislativo que comporta la mencionada ley. En ella se señalaba la finalidad de equiparar el valenciano con el castellano, aunque de entrada se fijaron unos objetivos más limitados8. Esta subetapa estuvo definida, aunque de manera no explicita, por la asunción de la unidad de la lengua catalana y el mantenimiento de un notable grado de ambigüedad sobre la identidad valenciana, la mejora del prestigio del valenciano y de su conocimiento, el reconocimiento de un conflicto lingüístico entre el castellano y el valenciano y de un proceso de substitución lingüística que debía ser superado a largo plazo. Había pues, una clara voluntad de evitar tensiones y conflictos sociales en materia lingüística.

Por otra parte, fuera del ámbito parlamentario, la virulencia del movimiento anticatalanista, contrario a las políticas socialistas disminuirá progresivamente, aunque mantiene una alta capacidad de movilización social y electoral especialmente desde que en 1986 obtiene representación parlamentaria a través de Unión Valenciana. Paralelamente, el nacionalismo valenciano se reorganiza alrededor de la Unitat del Poble Valencià con modestos resultados, mientras que el pancatalán continúa recluido en ámbitos minoritarios. Ambos nacionalismos mantienen posiciones críticas con la política lingüística por considerarla tímida y ambigua respecto a la identidad valenciana.

A pesar del logro histórico del reconocimiento jurídico del valenciano y la universalización de la enseñanza en el ámbito educativo (al menos el público), la redacción del Estatut d’Autonomia Valencià demuestra la rendición del PSPV-PSOE al chantaje permanente del blaverismo, ya que el texto estatutario deja fuera del articulado la denominación científica de la lengua y el establecimiento de la autoridad lingüística, una autoridad que algunos sectores reclamaban para Instituto de Filología Valenciana, lo cual no se llevo a cabo por razones políticas (Pardines y Torres, 2011) y que acabo con la creación del Consell Valencià de Cultura (CVC) que, por un lado, contribuirá a la construcción de una identidad valenciana recuperada con la restauración de las instituciones de gobierno propias, y por otro, destacara en su papel en la conformación de una identidad valenciana o valencianidad de consenso, alejada de las confrontaciones y tensiones entre valencianos.

En otro orden de cosas, los últimos años de gobierno socialista, hasta 1995, que coinciden con el tiempo de duración de la Dirección General de Política Lingüística son los pertenecientes a la segunda subetapa antes mencionada. Esta se caracteriza principalmente, por la reconsideración del modelo de política lingüística qué, aunque es continuista del anterior, incorpora elementos de innovación y de intensificación en algunas líneas de actuación. En el ámbito político administrativo con la creación de la mencionada Dirección General, así como, de la Comisión Interdepartamental de Promoción del Valenciano. Como se observa en el siguiente fragmento de una entrevista:

“…la direcció general de política lingüística tenia sobretot un objectiu i era el tema de l’ús social del valencià […] abarcar camps com el del comerç, el de l’esport, etcètera, donant subvencions per a que se feren publicitat, per a que se feren cartells, per a que se feren papers comercials en valencià […] dos aspectes que jo considere que són els que més transcendència han tingut en posterioritat: la Junta Qualificadora de Coneixements del Valencià hui és la Junta que dóna els certificats administratiu de coneixement del valencià que era un organisme que pràcticament no existía i es va dotar […] I després una altra cosa que varem fer de la qual estic content i que continua existint, o siga, que ningun govern s’ha atrevit a llevar-ho, és el tema de l’ús de la llengua en la festa, de fet era la primera vegada que se donaven premis d’ús del valencià en els llibrets de falles, de Fogueres i de la Magdalena de Castelló…” EP1


En el ámbito educativo, se dio el impulso de planes integrales de promoción lingüística que aumentaba las líneas en valenciano así como también, experiencias de inmersión lingüística. Mientras que en el ámbito social, se centro en campañas, estudios sociolingüísticos, acuerdos con instituciones privadas, etc. Se observa, además, una tendencia a reducir la ambigüedad identitaria del valenciano con la homologación de titulaciones administrativas de catalán y valenciano y con relaciones indirectas con el resto del dominio lingüístico. También se planteará el reconocimiento de un ente oficial de tipo universitario que tuviera la autoridad en normativa lingüística.
“…un dels problemes cultural la culpa la té el PSOE, per què? Perquè no va saber posar les bases com calia. És com en la llengua, quan entra Ciscar per exemple, què és el que fa Ciscar? -Agarraré i posaré a treballar en mi a tots els del PSAN i aixina poc a poc- és un exemple de política cultural -posaré als del PSAN i poc a poc els desmuntaré-” EA1
En suma, durante la etapa de los gobiernos socialistas, la política lingüística actúo fundamentalmente, en tres ámbitos: el jurídico, con la promulgación de la Ley que tiene como finalidad corregir la desigualdad entre las dos lenguas oficiales y de impulsar el uso valenciano en todos los ámbitos sociales. En segundo lugar, el educativo, con la universalización de la enseñanza del valenciano y en valenciano y, en tercer lugar, en el ámbito comunicativo, con la implantación de la Radiotelevisió Valenciana (RTVV), con el objetivo de fomentar la extensión social de la lengua y establecer un modelo lingüístico estándar de referencia para el uso público de la lengua.
La creación del Consell Valencià de Cultura

El Consell Valencià de Cultura (CVC) creado en 19859, se presenta a sí mismo como “una institución de carácter público abierta a todos los ciudadanos y que, de acuerdo con el Estatut de autonomía valenciano, forma parte de las instituciones de la Generalitat”. Su trabajo consiste, básicamente, en “informar y asesorar a la administración pública en las materias específicas que tiene que ver con la cultura valenciana. También es el encargado de velar por la defensa y promoción de los valores culturales y lingüísticos de nuestra comunidad. Estos valores, en su sentido más amplio, son el conjunto de características espirituales y materiales, intelectuales y afectivas, que caracterizan a los valencianos”. Valores a los que, por supuesto, no es ajeno el tema de fondo de la conformación de una identidad valenciana consensuada, especialmente tras los conflictos identitarios de la época de la Transición. Por ello no debe extrañar que en el texto introductorio a la edición de 1986 de la Llei del Consell Valencià de Cultura, el entonces conseller de Cultura Ciprià Ciscar declaraba que: “El Consell Valencià de Cultura naix en un moment en què la identitat del poble valencià tant de temps amagada, ha començat ja la seua recuperació. La Institució ha de servir per a restituir la nostra identitat i ha de procurar dinamitzar el nostre procés cultural de des de l’òptica de la unitat i mai no de la discordància”. Enfatizada además, que: “Amb la creació del Consell Valencià de Cultura hem donat un pas important de cara a la concòrdia cultural, que desitgem de debò duradora i considerem indispensable per al nostre progrés com a poble diferenciat”. En suma, afirmación de la diferencia y personalidad identitaria pero desde la “unidad” y la “concordia”.

Estos rasgos centrales se harán patentes simbólicamente en ulteriores parlamentos o discursos de importantes responsables institucionales ante el CVC, desde presidentes de la Generalitat hasta los consellers de Cultura. Así, en 1988, con motivo de la reunión del pleno del CVC en el Palau de la Generalitat, el entonces President Joan Lerma declaró ante los asistentes que el CVC se conformó desde los redactores del Estatut de 1982 con la intención del “redreçament de la Nostra personalitat valenciana”, pues la cultura “és un factor integrador esencial en l’esforç d’aconseguir un futur millor per als valencians”, y por ello instaba al CVC al desafío de “assumir el passat i aconseguir el futura amb uns elements de racionalitat, no com la discusió política apassionada” (Memoria CVC, 2005:86-87).

En 1991, con motivo de la segunda renovación parcial del CVC, el conseller socialista de Cultura, Andreu López, volvía a destacar, como virtudes del trabajo del CVC el “respecte a la lliure creativitat cultural i al pluralisme lingüístic” como puntos de unión para la conformación de “la nostra identitat col·lectiva”. Otra consellera socialista, Pilar Pedraza, expresaba en 1993 la necesidad de fomentar el “diálogo”. Dos años después, en 1995, en una intervención del presidente del CVC, Vicente Aguilera Cerni, este subrayaba como rasgos destacados del Consell su “espíritu de tolerancia y convivencia”, superando los primeros pasos de la institución, “en ocasiones inseguros y acaso lamentablemente tensos” (Memoria CVC, 2005: 101-102). El nuevo conseller de Cultura del gobierno del PP, Fernando Villalonga, también señalaría en su presentación al CVC en 1995 es espíritu de tolerancia, convivencia y pluralismo. En 1997, el conseller de Cultura de aquel momento, Francisco Camps afirmó la tarea del CVC en el sentido de “contribuir a trobar punts de consenso i de diàleg i a ‘fer poble valencià’”, añadiendo que: “Sobre la cultura s’ha de discutir en pau i no fer-ne un instrument polític, ja que la cultura ha de ser una peça lògica d’unió entre valencians” (Memoria CVC, 2005:116).

Esta ha sido la tónica y el tono de los discursos de los responsables institucionales de Cultura, si bien la realidad política del día al día, reflejada también en el CVC, especialmente en sus renovaciones, ha evidenciado demasiadas veces los elementos de discordia, enfrentamiento e intolerancia. Ello ha sido así no solo por la elevada politización de los propios mecanismos de conformación del CVC, sino por la evidente influencia de las diversas narrativas enfrentadas sobre el contenido de la identidad valenciana entre los miembros del Consell Valencià de Cultura. Pues aunque, ciertamente, se hayan podido consensuar posiciones en informes y pronunciamientos del CVC sobre diversas cuestiones, especialmente en lo tocante al patrimonio cultural, paradójicamente siempre se ha mantenido como transfondo el conflicto identitario en una institución específicamente diseñada para intentar limarlo, o incluso superarlo. Al respecto, podría incluso apuntarse que el énfasis en el patrimonio cultural tiene que ver con una concepción oficial de este como constructo neutro o apolítico, políticamente correcto, expurgado de aristas y conflictos que pudieran causar incomodidades y posibles enfrentamientos. Especialmente en el caso del patrimonio etnológico, que en todo el Estado español observamos como intenta ser puesto al servicio de una versión consensuada, suavizada y dulcificada de las identidades regionales o “nacionales” (Santamarina, Hernàndez i Moncusí, 2008).

Como máximo organismo de referencia cultural del País Valenciano, el CVC es una institución pública compuesta por 21 miembros, elegidos por mayoría de dos tercios de las Cortes Valencianas (Corts Valencianes) y nombrados por el President de la Generalitat entre personas que teóricamente han de ser de relevante prestigio cultural o con méritos intelectuales reconocidos dentro del ámbito cultural valenciano. El CVC ejerce sus cometidos con autonomía orgánica y funcional, de acuerdo con su naturaleza jurídica, para así garantizar su objetividad e independencia. Con todo, el CVC parte de una limitación de origen, pues sus componentes no resultan elegidos tanto en función de sus méritos culturales o intelectuales como de una decisión política que opera dentro del juego político de partidos, en función de la eventual fuerza de su representación en el seno de las Cortes Valencianas. Dicho de otro modo, la elección de los componentes del CVC está altamente politizada, en el sentido de que está ligada al juego de poder de los partidos políticos, es decir, al número de escaños obtenidos, lo que abre de paso la puerta al nombramiento por parte de los partidos de sus propios políticos en retirada bajo cierta pátina de mérito cultural, como claramente se ha comprobado en la polémica última renovación de los miembros de la entidad. Así lo afirmaba uno de nuestros entrevistados:

“al Consell Valencià de Cultura, tant el PSOE com el PP ha posat a tots els polítics...ací hi ha prou indignació en la Universitat... EA1

Este hecho plantea uno de los más evidentes límites a la independencia de criterio de los componentes del CVC, puesto que los partidos políticos, sin incumplir necesariamente las normas sobre incompatibilidades para nombramientos de los miembros del CVC, acaban adaptando sus necesidades de colocar a algunos de sus representantes a un cierto “perfil” cultural. Tanto es así que, como señalaba la prensa local a propósito de la última renovación de los miembros del CVC: “De políticos de pura raza de toda la vida y algún cargo político van a emerger ahora escritores, intelectuales, periodistas y hasta casi, casi artistas. Los partidos preparan los currículos de los candidatos…, hinchando en muchos casos trayectorias profesionales que hasta ahora pertenecían al terreno de lo desconocido” (Levante-EMV, 9 julio 2011).

Preceptivamente el CVC es consultado por otras instituciones de la administración, especialmente la autonómica, en la incoación de expedientes referidos al patrimonio cultural valenciano. Pero igualmente puede ser consultado de manera no preceptiva por las mismas instituciones, o también el CVC puede hacerles llegar sus recomendaciones, bien a iniciativa propia o asumiendo demandas de entidades o individuos civiles. Por tanto, actúa mediante informes y dictámenes – solicitadas por las administraciones – o de informes no solicitados pero redactados en forma de recomendaciones, todos ellos elaborados por sus comisiones informativas o por ponencias puntuales y aprobados y asumidos colegiadamente por el plenario de la institución.
“…els més radicals catalanistes eixos eren tots assessors de Ciscar i clar resulta que eixos no van tindre mai la visió de saber com arribar a la gent del poble o de les comarques, parlaven de comarcalització però des de València. Pues igual que va passar això en la llengua, va passar igual en el Consell Valencià de Cultura…EA1
“…El Consell Valencià de Cultura naix per la llengua, per fer un lloc de trobada...perquè en aquell moment el 28% dels vots de València votaven blaverisme i aleshores van pensar Ciscar i Lerma i clar...i aleshores no li van donar cap poder comarcal, o siga l’únic que li van donar és que podia fer informes per a la Generalitat però havien d’haver-lo creat molt per a la part institucional però haver creat un òrgan que haguera estat una institució de potenciació i donar participació i canalització de totes les preocupacions, activitats, etcètera de les comarques...EA1
3.3.- Tercera Etapa (desde 1995)

La tercera y última etapa analizada se corresponde con los años de gobierno del Partido Popular (desde 1995) y significa un freno en la intensidad de las políticas lingüísticas, sin alterar ni cuestionar formalmente el modelo de promoción lingüística asentado por los gobiernos anteriores, pero con cambios significativos en el ámbito de las políticas sobre la lengua y su identidad. Como se afirma en una de las entrevistas realizadas “quan a la paraula cultura li hem col·locat “en valencià” moltes vegades a nivel institucional i a nivel política s’ha despreciat”. Así lo explicita uno de nuestros informantes:


“…el problema que tenim al País tant a nivell referencial com a nivell polític es que el valencià no ha contat fins ara, és a dir no hem tingut presidents, ni consellers que han sigut referents de la llengua, i a més a més, sembla que... com tot, el problema lingüístic que hem tingut tota la batalla lingüística i tal...pues evidentment el valencià sols ha interessat puntualment quan ha hagut unes eleccions i s’ha tractat de rendibilitzar la política i sobretot el enfrontament...: “vosatros, catalanistes”...eixa situació no ha ajudat en res per a la normalització del valencià, ni en la projecció cultural que puga tindre la nostra llengua…” EA4
De manera que se inician propuestas regresivas con la supresión de la Dirección General de Política lingüística. Así nos lo cuenta uno de nuestros informantes:
“…varem crear un pla sexennal de promoció de l’ús del valencià en cursets, en espots televisius i en altres coses. El que passa és que este pla sexennal abans de acabar-se el sexenni, o siga, als dos anys varen haver eleccions va guanyar el PP i va entrar el PP i va desaparèixer la Direcció General de Política Lingüística per lo tant ja no se va poder portar a terme tot el pla sexennal que estava previst…”EP1
Pero además, esto también supone la supresión de las relaciones con empresas, clubs de futbol, las mancomunidades municipales, etc. Es decir, de toda la red de oficinas de dinamización lingüística que permitía el acercamiento y contacto desde el gobierno autonómico con las comarcas o con los pueblos directamente quedo paralizada. Se deja de convocar la Comisión Interdepartamental de Promoción del Valenciano, se aprueba la deshomoloación de títulos administrativos de capacitación lingüística con el resto del dominio lingüístico, se interviene continuadamente para determinar la normativa gramatical y los contenidos de la asignatura del valenciano, se modifica el estándar lingüístico en la administración, se aumenta la presencia del castellano, al tiempo que se dialectiza y vulgariza el valenciano de la Radio Televisión Valenciana, y se mantiene una actitud beligerante contra las universidades en materia lingüística. Por otra parte, también se produce un cambio en las relaciones con el resto del dominio lingüístico, pasando de la colaboración indirecta al aislacionismo, con una ambigüedad identitaria aún mayor que en la etapa anterior, pero negando la unidad lingüística y favoreciendo la distancia entre el valenciano y el catalán, en una especie de secesionismo lingüístico que no cuestiona la normativa ortografía unitarista. Así lo expone uno de nuestros informantes:
“…quan va entrar el govern del PP se va paralitzar això prou i sobretot en el tema de les Mancomunitats de Municipis i tot això que mosatros havíem creat una xarxa d’oficines de dinamització lingüística i això se va paralitzar molt i això venia molt bé perquè era el tentacle que tenies des de la Direcció General per a acostar-te als pobles a les comarques i això va desaparèixer... jo he notat un cert baixo en el tema de la preocupació de cultura lingüística des de que està el govern del PP.... EP1
Los estándares y contraestándares valencianos en ocasiones en convivencia y a menudo en competencia habían incrementado la sensación de caos lingüístico y la inhibición de sectores sociales en cuanto al uso y la recuperación social del valenciano (Castelló, 2001), lo cual había hecho crecer la necesidad de contar con un ente normativizador del código lingüístico oficialmente reconocido. Así, en 1998 el Consell Valencià de Cultura elaboró un dictamen sobre la naturaleza del valenciano en el que afirmaba, esencialmente, que el nombre estatutario y popular de la lengua era el valencià, que formaba parte del sistema lingüístico de la lengua catalana y que se había de crear un ente normativizador que partiera de la tradición establecida por las normas ortográficas de 1932. Así se aprueba la ley de creación de l’Acadèmia Valenciana de la Llengua, que se constituye en 2001.
L’Academia Valenciana de la Llengua (AVL)

La creación y desarrollo institucional de la Acadèmia Valenciana de la Llengua (AVL), viene a insertarse en la ya señalada polémica – acompañada de un virulento conflicto social – sobre la naturaleza lingüística del valenciano, que ha supuesto un complicadísimo problema que ha impregnado transversalmente toda la política valencia, y muy especialmente la política cultural, al menos la más vinculada con la lengua vehicular propia. La AVL fue creada por Ley 7/1998, del 17 de septiembre de ese año, con el objetivo de una pacificación del conflicto lingüístico que se arrastraba desde la transición, al ser artificialmente impulsado desde las filas conservadoras. Una vez apartado del gobierno autonómico Unió Valenciana, partido emblemático del secesionismo lingüístico, por el Partido Popular, que desde 1995 lo sometió a un proceso de acoso y de desmantelamiento, éste pudo presentarse como “pacificador” de un conflicto que había sido instigado, entre otros partidos, desde la antigua Alianza Popular y la Unión de Centro Democrático, aunque manteniendo un cierto discurso anticatalanista para obtener así rendimientos políticos entre una determinado espectro del electorado (Viadel, 2006a y 2006b). Con la puesta en marcha de la AVL, especialmente a partir de 2002, se pretendía - y se logró - la existencia de una institución de la Generalitat Valenciana, adscrita a la Presidencia de la Generalitat, con personalidad jurídica propia y plena autonomía orgánica, funcional y presupuestaria, y sede en el Monasterio de San Miguel de los Reyes, sede también de la Biblioteca Valenciana.

La AVL tiene como objeto, tal y como se señala en su web10 “determinar y elaborar la normativa lingüística del valenciano, pero no porque nuestra lengua no tenga tal normativa, bien al contrario, su proceso de normativización cristalizó ara hace siete décadas por medio del acuerdo ortográfico denominado Normes de Castelló, que en el año 2007 conmemorará el 75 aniversario”. Asimismo se señala que “Nuestra institución es un foro de debate que pretende irradiar a toda la sociedad valenciana mensajes de tolerancia, de tranquilidad y de optimismo respecto a su lengua. Queremos huir de estridencias y de prisas no deseadas, Intentamos llevar a término nuestro trabajo con prudencia y responsabilidad, haciéndonos eco de amplios sectores de la sociedad valenciana, llenando vacíos y facilitando que los valencianos se reconozcan en su lengua, la hablen y la estimen”. En el mismo espacio de presentación de la AVL se insiste en que la institución es un “punto de encuentro, donde conviven las diversas sensibilidades lingüísticas que puedan representar los académicos y donde siempre se ha buscado el consenso más amplio posible a la hora de aprobar las cuestiones importantes que afectan a nuestra lengua”11. Para algunos autores, sin embargo, la creación de la AVL representa un verdadero punto de inflexión en el secesionismo lingüístico y el “intento más grave y peligroso de ruptura de la unidad de la lengua catalana en el plano jurídico” (Esteve, Esteve y Teodoro, 2005).

Entre las competencias de la AVL hay que mencionar la determinación de la normativa oficial del valenciano en todos sus aspectos, la fijación de las formas lingüísticamente correctas de toponímica y onomástica, elaborar informes o dictámenes, velar por el uso normal del valenciano y defender su denominación y entidad, o informar de la adecuación de la normativa lingüística de la AVL de los textos producidos por las instituciones públicas.

En este sentido debe mencionarse que con el despliegue de la Llei d’Ús i Ensenyement del Valencià en 1983 se comenzaron a aplicar unos criterios ortográficos, gramaticales y léxicos en textos y documentos oficiales de la Generalitat Valenciana claramente inspirados en las Normas de Castellón de 1932, que a su vez era la normativa empleada por el Institut Interuniversitari de Filologia Valenciana (IIFV), dependiente de las universidades valenciana, claras defensoras de la unidad de la lengua catalano-valenciana. Dicha normativa del IIFV era, en el fondo, prácticamente la misma que la emanada del Institut d’Estudis Catalans (IEC), máximo órgano supervisor y normativizador de la lengua catalana. Sin embargo, los embates y combates del secesionismo lingüístico valenciano impugnaron reiteradamente esta normativa y con la llegada de Unió Valenciana a la Generalitat impusieron en las consellerias por ellos controladas una normativa secesionista y propia, basada en las llamadas Normes del Puig, no reconocidas por las autoridades universitarias. Esta situación y la inexistencia de un ente normativo propio generó una cierta sensación de indefinición y de vacío para que el secesionismo lingüístico obtuviera espacios de poder y legitimación. De hecho, dos entidades privadas del secesionismo lingüístico como Lo Rat Penat (entidad centenaria que fue “tomada” por los secesionistas a finales de los años setenta) y la Real Academia de Cultura Valenciana o RACV (reconversión secesionista del antiguo Centro de Cultura Valenciana, fundado en los años veinte), se autoerigieron en instituciones legítimas de la normativa alternativa a la oficial, especialmente la RACV, que ha sido el estandarte de la oposición del secesionismo lingüístico a la creación de la AVL y a la normativa definitivamente oficial del valenciano. Debe señalarse que todas las asociaciones y entidades defensoras del secesionismo lingüístico y del anticatalanismo cultural se agruparon, ya en los tiempos de la transición, en la llamada Federacio Coordinadora d’Entitats Culturals del Regne de Valencia, que actualmente sigue activa. La creación de la AVL acabó con esta situación, ya que obligaba a que la normativa aprobada en los acuerdos plenarios de 25 de marzo y 20 de mayo de 2002 era prácticamente la que venía funcionando desde 1983 bajo la égida del IIFV.

Los estándares de la AVL y del IIFV persiguen aspiraciones diferentes para una misma comunidad lingüística. La AVL, sobre la base del fabrismo, busca la identificación con el usuario, aspiración que no acaba de cuajar ni en la enseñanza, ni en el mundo académico, ni en el editorial12. Mientras que el IIFV tiene una clara voluntad de ampliación de la comunidad lingüística. A pesar de que este modelo cuenta con la adhesión de los agentes culturales comprometidos con la dignificación del valenciano, también choca con fuertes oposiciones por parte de los sectores que consideran que la convergencia es la causa de la poca adhesión de los hablantes de la lengua.

Desde un punto de visto orgánico, cabe señalar que la ACV tiene 21 miembros, elegidos entre una lista de consenso por cuotas de partidos y prestigio intelectual. En su gran mayoría, los miembros de la ACV defienden la unidad lingüística, si bien consideran necesaria una mayor valencianización del subestándard valenciano. Por ello desde entonces se ha acometido un trabajo de sistematización y de divulgación de la normativa lingüística, el impulso de estudios sociolingüísticos y la publicación de informes.

No podemos dejar de señalar que en diciembre de 2003, la AVL emitió un dictamen institucional sobre la lengua, señalando sobre su naturaleza que “el valenciano, idioma histórico y propio de la Comunitat Valenciana, forma parte del sistema lingüístico que los correspondientes Estatutos de autonomía de los territorios hispánicos de la antigua Corona de Aragón reconocen como lengua propia”, es decir, la misma conclusión emitida por el Consell Valencia de Cultura en 1998. A finales de 2004 y principios de 2005 se produjo una importante polémica por la ingerencia del Gobierno valenciano en un pleno de la AVL en el que se pretendía aprobar un dictamen sobre el nombre y entidad de la lengua en el que se ratificara con más claridad la unidad de la lengua y se proponía la denominación de valencià/català para fuera de las fronteras valencianas. El dictamen, que tenía el apoyo de la mayor parte de los académicos, tuvo que ser retirado, y en febrero de 2005 se rehizo el dictamen sin la propuesta sobre el nombre de la lengua, reiterándose en la unidad lingüística compartida con Catalunya, Islas Baleares y otros territorios, aunque se la consideraba una lengua policéntrica, en la que la AVL se autoproclama como ente normativo, al mismo nivel que los otros de la misma lengua, como el Institut d’Estudis Catalans o la Universitat de les Illes Balears. Este dictamen fue aprobado por unanimidad. A partir de aquí la AVL ha publicado una Gramática Normativa Valenciana (2006) y un Diccionari Ortogràfic i de Pronunciació del Valencià (2006). Aunque mantiene una codificación normativa procedente de las Normas de Castellón, la AVL también ha aceptado variantes ortográficas de las Normas del Puig (secesionistas), así como algunos de sus usos gramaticales y léxicos, todo lo cual ha motivado que la AVL haya sido acusada de realizar concesiones al secesionismo lingüístico por parte de algunos sectores culturales valencianos y del profesorado universitario y de valenciano, mayoritariamente partidarios de la unidad de la lengua y de la denominación de català para la misma.

La característica más significativa de esta etapa es que sin modificar el marco legal general, ni la legislación lingüística existente, ni los elementos esenciales de las iniciativas anteriores, esta política pública pierde importancia en la agenda política, el gobierno concentra parte de sus energías en el control de las políticas sobre la lengua y deja en un segundo nivel el fomento de la enseñanza y el uso social del valenciano, con la paradoja que aumentan las líneas en valenciano a causa de la planificación de gobiernos anteriores. No podemos obviar, sin embargo, las intenciones del exconseller Alejandro Font de Mora, en nombre del multilingüismo, de eliminar las líneas en valenciano y deshacer así el trabajo normalizador que se había realizado en el único ámbito donde se había conseguido avanzar en el despliegue de la ley. Por otra parte, cabe señalar que en la última remodelación de la Generalitat Valenciana, los sevicios de la ya inexistente Dirección General de la Política Lingüística paso a manos de la Conselleria de Turisme, Cultura i Esports, como una subdirección General de Política Lingüística que depende de la Dirección General de Patrimonio Cultural.

En vista de lo expuesto hasta aquí podemos concluir que la situación sociolingüística y la vitalidad de cada una de las lenguas en los diferentes territorios autonómicos valencianos y en el conjunto del Estado influyen en las políticas lingüísticas concretas, aunque no son su motor y menos todavía explican la orientación que siguen. La ley constituye un aspecto de la política lingüística, una declaración de intenciones; la acción del gobierno y las políticas públicas concretas son siempre realidades diferentes, más complejas y cambiantes en el caso valenciano.


Bibliografía

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Bodoque, Anselm (2009) La política lingüística dels governs valencians (1983-2008). Un estudi de polítiques públiques, València, Publicacions de la Universitat de València.

Cuenca, Maria Josep (2003). El valencià és una llengua diferent?, València, Tàndem.

CVC (2005) Memòria del Consell Valencia de Cultura.



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Esteve, A., Esteve, F. y Teodoro, M. (2005) El nom, la unitat i la normalitat: informe sobre el reconeixement del català com a lleguna oficial i propia del País Valencià, Barcelona, Observatori de la Llengua Catalana.

Hernández Martí, Gil Manuel y Albert Rodrigo, Maria (2011) “El Consell Valencià de Cultura. Un caso paradigmático de gobernanza cultural en el País valenciano” en XI Congreso de Cultura Europea, Barcelona.

Pardines, Susana y Torres, Nathalie (2011) La política lingüística al País Valencià. Del conflicte a la gestió responsable, Barcelona, Fundació Nexe.

Santamarina, Beatriz, Hernàndez, Gil Manuel y Moncusí, Albert (2008) “Patrimonio etnológico e identidades en España. Un estudio comparativo a través de la legislación”, Revista de Antropología Experimental, n.8, pp.207-223.



Viadel, Francesc (2006a) No mos fareu catalans. Història inacabada del ‘blaverisme’, Barcelona, L’esfera dels llibres.

  • (2006b) “L’anticatalanisme radical del PP valencià”, L’Espill, núm. 24, pp. 78-89.




1 En el siglo XVI la nobleza valenciana abandona el uso del valenciano con sus descendientes, interrumpiéndose así el proceso de transmisión intergeneracional de la lengua en el seno familiar. A partir del decenio de los años 30 del siglo XIX este proceso llega a la burguesía de la ciudad de valencia. Este fenómeno se extenderá después entre los sectores pudientes de las ciudades medianas: en Alicante desde mediados del siglo XIX y a Alcoi, Castellón de la Plana y Elx en el tránsito de los siglos XIX y XX, difundiéndose así al resto del territorio, especialmente en los ámbitos urbanos y semiurbanos.

2 El I Informe sociológico sobre la situación social de España, dirigido por Amando de Miguel (Fundación Foessa) proporciona los primeros datos procedente de consulta directa en el ámbito de la sociología española. Este estudio nos podría aproximar, de alguna manera, al panorama existente a finales de los 60 y durante los 70.

3 Se hizo con una formula mixta, mediante la disyuntiva entre los principios de la personalidad y de la territorialidad de los rasgos lingüísticos.

4 LO 5/1982, de 1 de julio, Diari Oficial de la Generalitat Valenciana, núm. 74, 15 de julio de 1982.

5 Ley 4/1983, de 23 de diciembre.

6 Estatuto de Autonomía de la Comunidad Valenciana, Diari Oficial de la Generalitat Valenciana, núm. 5.238, 11 de abril de 2006.

7 En términos sociolingüísticos, tanto por la tradición de codificación lingüística como por la conciencia de los hablantes, prestigio y usos sociales, se puede afirmar que en España, incluyendo los territorios donde el castellano compite con otras lenguas, incluso en las zonas donde hay otras lenguas cooficiales, la situación del castellano prácticamente no presenta síntomas de debilidad o de falta de vitalidad lingüística, a diferencia de lo que pasa con mayor o menor intensidad con todas las otras lenguas del Estado y más allá de la perdida de algunos ámbitos formales (rotulación, usos oficiales ...), ni en la vitalidad lingüística, ni en la situación sociolingüística general se observan retrocesos en las comunidades con lengua propia, más bien todo lo contrario, dada la capacidad del castellano para ser la lengua española de la nueva inmigración.

8 Como era la oficialidad del valenciano en todo el territorio, con independencia de las zonas de predominio lingüístico; el derecho al conocimiento y al uso del valenciano en todos los ámbitos públicos y privados; la promoción del uso del valenciano en las administraciones públicas y en todos los ámbitos sociales; la obligatoriedad de la enseñanza del valenciano en todo el territorio de predominio lingüístico valenciano, y la extensión a todos los centros de las zonas castellano parlantes, sin hacerlo obligatorio; el conocimiento de las dos lenguas al final de la escolarización obligatoria de todo el alumnado; el uso de la toponimia valenciana de las localidades valenciano parlantes y la delimitación de las zonas de predominio lingüístico valenciano o castellano sobre la base de los territorios históricos de cada lengua de acuerdo con la frontera lingüística posterior a la división provincial de 1851.

9 El origen del CVC se encuentra en el artículo 25 del Estatut d’Autonomia, Ley orgánica de 1982, en el cual se dice que: “una llei de les Corts Valencianes establirà les funcions, la composición i l’organització del Consell Valencià de Cultura, els membres del qual seran elegits per majoria de dos terços en les Corts Valencianes”.

10 (http://www.avl.gva.es/)

11 La AVL se estructura en órganos unipersonales y órganos colegiados. Entre estos últimos hay un pleno, una junta de gobierno, comisiones y varias secciones, como las de gramática, lexicografía, asesoría lingüística, onomástica, documentación lingüística y literaria, fomento del uso del valenciano, publicaciones y comunicación y aplicaciones tecnológicas.

12 En opinión de Pardines y Torres (2011), porque va demasiado lejos en el ámbito del particularismo y parece haber disimulado la ideología lingüística del secesionismo con una pretendida voluntad unitarista, con el consiguiente choque de legitimidad. Así, afirman que mientras el modelo de la AVL continúe basándose en la coloquialización de la lengua y en la aceptación de la interferencia lingüística del castellano, se profundizara en la creación de un ámbito referencial excluyente.




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