13,14Ellos continuaron desde Perge hasta Antioquía de Pisidia, y entrando un sábado en la sinagoga, tomaron asient



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13,14Ellos continuaron desde Perge hasta Antioquía de Pisidia, y entrando un sábado en la sinagoga, tomaron asiento. 15Terminada la lectura de la ley y los profetas, los jefes de la sinagoga les mandaron a decir:

—Hermanos, si tienen alguna palabra de aliento para el pueblo, pueden decirla.



16Pablo se levantó y, pidiendo silencio con la mano, dijo:

—Israelitas y todos los que temen a Dios, escúchenme: 17El Dios de este pueblo, el Dios de Israel eligió a nuestros padres y engrandeció al pueblo mientras residía en Egipto. Más tarde, con brazo poderoso los sacó de allí 18y durante cuarenta años los condujo por el desierto.



19Aniquiló a siete pueblos paganos de Canaán y entregó su territorio en heredad a Israel, 20por cuatrocientos cincuenta años; les dio jueces hasta el profeta Samuel. 21Entonces pidieron un rey y Dios les dio a Saúl, hijo de Quis, de la tribu de Benjamín, que reinó cuarenta años.

22Lo depuso y nombró rey a David, de quien dio testimonio: Encontré a David, el de Jesé, un hombre a mi gusto, que cumplirá todos mis deseos.

23De la descendencia de David, según la promesa, sacó Dios a Jesús como salvador de Israel. 24Antes de su llegada Juan predicó un bautismo de penitencia a todo el pueblo de Israel.

25Hacia el fin de su carrera mortal Juan dijo: Yo no soy el que ustedes creen; detrás de mí viene uno al que no tengo derecho a quitarle las sandalias de los pies.

26Hermanos, descendientes de Abrahán, y todos los que temen a Dios: A ustedes se les envía este mensaje de salvación. 27Los vecinos de Jerusalén y sus jefes no acogieron a Jesús ni entendieron las palabras de los profetas que se leen cada sábado. Pero, al juzgarlo, las cumplieron. 28Pidieron a Pilato que lo condenara, aunque no encontraron causa para una sentencia de muerte.

29Cuando se cumplió todo lo escrito de él lo descolgaron del madero y le dieron sepultura. 30Pero Dios lo resucitó de la muerte 31y se apareció durante muchos días a los que habían subido con él de Galilea a Jerusalén. Ellos son hoy sus testigos ante el pueblo.

32Y nosotros, les anunciamos a ustedes esta Buena Noticia: la promesa que Dios hizo a nuestros padres 33fue cumplida por él a sus descendientes, que somos nosotros, resucitando a Jesús, como está escrito en el salmo segundo: eres mi hijo, yo te he engendrado hoy.

34Y que lo ha resucitado para que nunca se someta a la corrupción está anunciado así: Cumpliré las santas promesas hechas a David, aquellas que no pueden fallar.

35Y en otro lugar dice: No permitirás que tu fiel sufra la corrupción.

36Ahora bien, David, después de haber cumplido la voluntad de Dios durante su propia generación, murió, fue sepultado y sufrió la corrupción. 37En cambio, el que Dios resucitó no sufrió la corrupción.

38Sépanlo, hermanos, se les anuncia el perdón de los pecados por medio de él, 39y todo el que crea será perdonado de todo lo que no pudo perdonar la ley de Moisés.

40¡Tengan cuidado! Que no les suceda lo anunciado por los profetas:

41Ustedes, los que desprecian,

llénense de estupor y ocúltense:

Porque en estos días

voy a realizar algo

que si alguien lo contara

no lo podrían creer.

42Cuando salieron, les rogaban que siguieran exponiendo el tema el sábado siguiente. 43Al disolverse la asamblea, muchos judíos y prosélitos devotos acompañaron a Pablo y Bernabé, quienes les hablaban e invitaban a mantenerse en el favor de Dios.

17,22Pablo se puso en pie en medio del Areópago y habló así:

—Atenienses, veo que son hombres sumamente religiosos. 23Cuando estaba paseando y observando sus lugares de culto, encontré un altar con esta inscripción: AL DIOS DESCONOCIDO. Ahora bien, yo vengo a anunciarles al que adoran sin conocer.



24Es el Dios que hizo cielo y tierra y todo lo que hay en él. El que es Señor de cielo y tierra no habita en templos construidos por hombres 25ni pide que le sirvan manos humanas, como si necesitase algo. Porque él da vida y aliento y todo a todos.

26De uno solo formó toda la raza humana, para que poblase la superficie entera de la tierra.

Él definió las etapas de la historia y las fronteras de los países.



27Hizo que buscaran a Dios y que lo encontraran aun a tientas. Porque no está lejos de ninguno de nosotros, ya que 28en él vivimos, y nos movemos y existimos, como dijeron algunos de los poetas de ustedes: porque somos también de su raza.

29Por tanto, si somos de raza divina, no debemos pensar que Dios es semejante a la plata o el oro o la piedra modelados por la creatividad y la artesanía del hombre.

30Ahora bien, Dios, pasando por alto la época de la ignorancia, manda ahora a todos los hombres en todas partes a que se arrepientan; 31porque ha señalado una fecha para juzgar con justicia al mundo por medio de un hombre que él designó para esto. Y a este hombre lo ha acreditado ante todos resucitándolo de la muerte.

32Al oír lo de la resurrección de los muertos, unos se burlaban, otros decían:

—En otra ocasión te escucharemos sobre este asunto.



33Y así Pablo abandonó la asamblea.

20,17Desde Mileto envió un mensaje a Éfeso convocando a los ancianos de la comunidad.

18Cuando llegaron les dijo:

—Ya saben cómo me he comportado siempre con ustedes desde el primer día que pisé Asia. 19He servido al Señor con toda humildad, con lágrimas y en todas las pruebas que me han causado las intrigas de los judíos. 20No he dejado de hacer todo lo que pudiera ser útil: les prediqué y les enseñé tanto en público como en sus casas. 21A judíos y griegos les he inculcado el arrepentimiento frente a Dios y la fe en nuestro Señor Jesús.



22Ahora, encadenado por el Espíritu, me dirijo a Jerusalén sin saber lo que allí me sucederá. 23Sólo sé que en cada ciudad el Espíritu Santo me asegura que me esperan cadenas y persecuciones. 24Pero poco me importa la vida, con tal de completar mi carrera y el ministerio que recibí del Señor Jesús: anunciar la Buena Noticia de la gracia de Dios.

25Ahora sé que ustedes, cuyo territorio he atravesado proclamando el reino, no volverán a verme. 26Por eso hoy declaro que no soy responsable de la muerte de ninguno, 27porque nunca dejé de anunciar plenamente el designio de Dios.

28Cuídense ustedes y cuiden a todo el rebaño que el Espíritu Santo les encomendó como a pastores de la Iglesia de Dios, que Él adquirió pagando con su sangre.

29Sé que después de mi partida se meterán entre ustedes lobos rapaces que no respetarán el rebaño. 30Incluso de entre ustedes saldrán algunos que dirán cosas equivocadas para arrastrar tras de sí a los discípulos.

31Por tanto, estén atentos y recuerden que durante tres años no he cesado de aconsejarlos con lágrimas ni de día ni de noche. 32Ahora los encomiendo al Señor y al mensaje de su gracia, que tiene poder para hacerlos crecer y otorgar la herencia a todos los consagrados.

33No he codiciado la plata ni el oro ni los vestidos de nadie. 34Ustedes saben que con mis manos he atendido a las necesidades mías y de mis compañeros. 35Les he enseñado siempre que, trabajando así, hay que ayudar a los débiles, recordando el dicho del Señor Jesús: más vale dar que recibir.

36Dicho esto, se arrodilló con todos y oró. 37Todos se pusieron a llorar; lo abrazaban y lo besaban afectuosamente, 38entristecidos sobre todo por lo que había dicho, que no volverían a verlo. Después lo acompañaron hasta el barco.


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