27. la figura del general franco



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27.- LA FIGURA DEL GENERAL FRANCO

En el período comprendido entre 1936 y 1975 España vivió bajo el régimen dictatorial de Francisco Franco, uno de los militares sublevados contra el gobierno republicano y triunfador de la Guerra Civil.

El franquismo fue configurado como un sistema en el que se mezclaban elementos propios del fascismo, del catolicismo y de los partidos conservadores y tradicionalistas. Era un sistema contrario al sistema parlamentario liberal, al marxismo, al comunismo y al laicismo.

[ Temas a desarrollar: El régimen de Franco como resultado de la Guerra Civil/ Caracterización general de la dictadura/ Crítica de los argumentos expuestos en los documentos/ Diferente valoración de la figura y significación de Franco por sus partidarios-Fraga Iribarne- y por sus detractores –Salvador de Madariaga-.]



Francisco Franco Bahamonde (Ferrol, 4-XII-1892 / Madrid, 20-XI-1975) presidió los destinos de España como Caudillo por la Gracia de Dios desde el 1 de octubre de 1936 y hasta su muerte, hace ya 40 años. Su historia personal y la de su régimen dictatorial es en gran medida una autobiografía de España en el siglo XX

Franco había nacido en Ferrol en 1892 en una familia gallega de clase media ligada a la administración de la Armada. Se graduó como alférez en la Academia de Infantería de Toledo en 1910. Combatió como voluntario en la guerra colonial de Marruecos durante más de diez años, con cortos destinos en Oviedo, donde contrajo matrimonio en 1923 con Carmen Polo, que acentuó sus convicciones conservadoras y su fe católica. Oficial valiente y eficaz, se convirtió en arquetipo de militar africanista y logró casi todos sus ascensos por méritos de guerra al frente de tropas de choque como la Legión, hasta convertirse en general en 1926 (año en que nació su única hija, Carmen Franco Polo).

En el Protectorado hizo suyo el ideario militar africanista: un exaltado nacionalismo español historicista, nostálgico de glorias imperiales, receloso de un mundo exterior que había asistido impasible al Desastre Colonial de 1898 y convencido de que el Ejército era la espina dorsal de España y garante de su unidad frente a enemigos externos o internos. Contó con el favor del rey Alfonso XIII y también de la dictadura del general Miguel Primo de Rivera, que le nombró director de la Academia General Militar de Zaragoza en 1928.

Franco recibió con desagrado la caída de la monarquía en abril de 1931, que inauguró la etapa democrática de la Segunda República. El cambio de régimen frenó su fulgurante carrera durante el primer bienio de gobierno republicano-socialista (1931-1933), cuyas avanzadas políticas sociales y seculares desaprobaba. Sin embargo, durante el segundo bienio de gobiernos derechistas (1934-1935) renovó su fortuna gracias a su protagonismo en el aplastamiento de la insurrección socialista y catalanista de octubre de 1934. Esa labor le convirtió en una de las primeras figuras militares y en el héroe de la opinión pública católica y conservadora. Para entonces, el delgado y temerario oficial de Marruecos había pasado a ser un general prudente y calculador, con tendencia a sobrepeso y creciente conciencia de su propia valía.

La victoria electoral de la izquierda en febrero de 1936 socavó su escasa confianza en la democracia para mantener el orden social y la unidad nacional y le convenció de la necesidad de un golpe militar para acabar con las reformas del gobierno de Frente Popular y atajar así el riesgo de revolución social.

El fracaso parcial de golpe militar de julio de 1936 en la mitad de España (la más poblada y modernizada) abrió la vía a la guerra civil. Y ésa fue la ocasión para el encumbramiento de Franco como líder indiscutido del ejército sublevado. No en vano, mientras otros generales fracasaban en sumisión, Franco lograba triunfar en las islas Canarias y se ponía al frente del crucial Ejército de África. Gracias a sus éxitos militares y al inmediato apoyo de la Italia de Mussolini y la Alemania de Hitler, el 1 de octubre de 1936 sus compañeros de armas le nombraron Generalísimo de los Ejércitos y Jefe del Estado (DOC.2- inicio párrafo 2º).

Concentrando todos los Poderes del Estado, el nuevo Caudillo asentó su dictadura en tres pilares: el Ejército, que ganó la guerra civil y garantizó después la victoria; la Iglesia, que legitimó la campaña como Cruzada por Dios y por España y le convirtió en el hombre de la Providencia para gobernar la patria; y el nuevo partido único, Falange Española Tradicionalista,(DOC.1. línea 3) que organizó a sus partidarios civiles y fue cantera de personal político y administrativo. La victoria total de abril de 1939 cimentó su poder omnímodo, acentuó su carácter reservado y su convicción de que Dios estaba a su lado.

Como Caudillo de la Victoria, Franco afrontó el reto de la Guerra Mundial. Estuvo tentado de entrar en ella al lado del Eje germano-italiano mientras éste llevaba la iniciativa entre 1940 y 1941 (y se entrevistó con Hitler y Mussolini a este fin ). Pero cedió al consejo de sus asesores militares: la beligerancia era imposible por el agotamiento humano y la devastación material provocada por la guerra civil, que acentuaban la vulnerabilidad estratégica de España ante la fuerza naval de Gran Bretaña y los Estados Unidos. No por ello dejó de hostigar a los aliados occidentales y llegó al extremo de enviar en el verano de 1941 a la División Azul a lucha con los alemanes contra la Unión Soviética. Sólo a partir de 1943, cuando la derrota de Italia anunció el declive del Eje, Franco decidió replegarse a una neutralidad a fin a la del Vaticano a la par que estrechaba lazos con la dictadura de Salazar en Portugal. También comenzó la operación de eliminación de su régimen rasgos totalitarios para convertirlo en una democracia orgánica (DOC. 1. Línea 1) y católica: aprobación del Fuero de los Españoles (1945) y proclamación de la Ley de Sucesión (1947) que convertía al régimen en un reino con él como regente vitalicio.

La victoria aliada en 1945 fue el inicio de un ostracismo internacional del régimen por su adversa conducta en la guerra: se vetó su ingreso en la ONU, en el plan Marshall de recuperación económica europea y en el Consejo de Europa. Sin embargo, la creciente hostilidad entre los Estados Unidos y la Unión Soviética por el futuro socio político de Europa le permitió superar el reto sin ceder a las presiones internas y externas para dejar el poder al pretendiente, Don Juan de Borbón, y favorecer así una evolución democrática de España. Desde 1947, con el clima de la Guerra Fría, la dictadura de Franco fue recuperando su posición en el ámbito occidental aún como socio menor y despreciado. El estallido de la guerra de Corea en 1950 precipitó esa evolución. La firma del Acuerdo para la instalación de bases militares norteamericanas en España en 1953 y la entrada en la ONU en 1955 sería la cumbre de ese proceso. Era ya el Centinela de Occidente de su propaganda.

En el plano interno, su mayor triunfo consistió en obligar a Don Juan en 1948 a entregarle a su hijo y heredero, el príncipe Juan Carlos, para supervisar su educación en España como posible candidato al trono en algún futuro lejano.

Tras superar una crisis interna en 1956-1957, Franco comprendió que su supervivencia dependía de una apertura al exterior que acabara con el aislamiento y la autarquía económica vigente desde la guerra civil. Una política que había convertido a España en uno de los países más pobres de Europa occidental. Aceptó las propuestas del equipo tecnocrático liderado por el almirante Carrero Blanco, su asesor más estrecho y fiable desde hacía años. Con el éxito del Plan de Estabilización de 1959, España experimentó un intenso desarrollo económico, profundos cambios sociales y un incipiente bienestar material, en el contexto internacional de distensión y expansión económica de los años sesenta. Ya con 70 años, Franco empezó a delegar sus funciones en Carrero Blanco, que se convirtió en vicepresidente del Gobierno. También entonces empezó a dedicar más tiempo a sus aficiones (la pesca, la caza, el golf y el visionado de la televisión y los partidos de fútbol). Y cambió su imagen de temible dictador por la de un abuelo severo pero paternal que jugaba con sus numerosos nietos en traje de civil.

Los cambios socio-políticos y culturales de los años sesenta convirtieron al régimen en un anacronismo que regía de manera autoritaria una sociedad modernizada y homologable a las de Europa occidental en formas de vida. Esos cambios propiciaron la crisis de 1969 que evidenció la división de la elite franquista entre inmovilistas y aperturistas, con Franco debilitado en su papel arbitral por su enfermedad del Parkinson y otras dolencias que disminuían su capacidad física y mental . En 1973 el asesinato de Carrero Blanco por ETA significó un duro golpe para Franco, que lloró profusamente en público. Esa pérdida aceleró la crisis del régimen, ya muy dañado por la creciente presión popular y opositora a favor de una transición democrática. En ese contexto crítico un Franco más que octogenario falleció tras una larga agonía el 20 de noviembre de 1975. Todos los contemporáneos, ya en el régimen ya en la oposición, comprendieron que no había posibilidad de supervivencia del franquismo sin Franco.

El desmantelamiento del régimen sería tan rápido que sorprendió a todo el mundo, dentro y fuera de España, y reafirmó el anacronismo de aquella dictadura y de aquel dictador.

El general Franco se diferenció como gobernante por dos características: «fue uno de los más longevos de toda la Historia Moderna y Contemporánea, estuvo en el poder soberano durante casi 40 años durante el siglo XX, y fue el que más poder concentró, infinitamente más que reyes absolutos como Felipe II o Fernando VII».

Franco encarnaba el poder ejecutivo íntegro, el judicial, el legislativo, «nombraba al consejo de Ministros, proponía y cesaba al presidente de las Cortes, al presidente del Gobierno. Era un verdadero poder constituyente y soberano».

La máquina propagandística en torno a Franco tenía una extraordinaria habilidad para adaptarse al público al que se dirigiese. «No era lo mismo aparecer vestido de capitán general con la Cruz Laureada de San Fernando, que asistir a una concentración de falangistas o entrar en una iglesia. Son distintos escenarios y distintas formas que se ven incluso en la indumentaria de Franco.

A lo largo del régimen, el equipo que acompañó a Franco en las labores de prensa y propagandísticas supo adaptar de forma virtuosa la imagen del dictador a las distintas épocas. En 1939 se presentaba como el caudillo de la victoria. El retrato oficial del famoso fotógrafo Jalón Ángel, en el que Franco aparecía con una imagen que recordaba a los reyes absolutos (con capote, bastón de mando y borla), ocupó todas las dependencias oficiales y escuelas durante muchos años.

A lo largo del tiempo, su figura fue pasando por el caudillo de la prosperidad y de la paz, el caudillo de la neutralidad que supo preservar a España de la Guerra Mundial y, ya en su última época, el caudillo que ofrecía la protección paternal de un abuelo.resultado de imagen de franco

Las oficinas de prensa diseñaban, con consignas de obligado cumplimiento, los contenidos de los periódicos. Se cuidaba la imagen en las monedas, los cuadros de las dependencias, su proyección en los noticiarios cinematográficos, en la cartelería, en la radio y en la televisión. La prensa se concebía al servicio del Estado.

Para ello, había un grupo de periodistas pertenecientes a los falangistas o al núcleo católico entre los que destacaban nombres como Juan Pujol, director de los Diarios de Madrid y de la Prensa Católica; Joaquín Arrarás, periodista que había sido cronista de guerra en África; Millán Astray, fundador de la legión que se ocupó de las labores de prensa y propaganda, o Jesús Pabón, catedrático de Historia Contemporánea con mucha capacidad para hablar idiomas extranjeros y encargado de recibir a los corresponsales y la plantilla del ABC.

[ Peticiones/exigencias del intelectual coruñés, Salvador de Madariaga, opositor al franquismo, desde el exilio:


  • Restablecer la unidad de España entre vencedores y vencidos.

  • Recuperar el sistema democrático, los derechos y las libertades.

  • Reconocimiento de las singularidades culturales de las regiones españolas.

Críticas:

  • Comparación del franquismo con los fascismos de Alemania e Italia.

  • El sometimiento y anulación de todo tipo de oposición.

  • La concentración del poder en una sola persona, el régimen antidemocrático, antiliberal, la confesionalidad del Estado, un régimen defensor de un nacionalismo español excluyente y contrario a la autonomía regional.

  • La represión y persecución de la disidencia, rechazo a todo tipo de acuerdo de reconciliación entre los dos bandos de la guerra.

  • Configuración del régimen a través de los textos legales: las Leyes Fundamentales.

  • Los apoyos sociales e institucionales del régimen.]

Un 14 de diciembre de 1978, moría en Locarno (Suiza) Salvador de Madariaga Rojo. Había nacido en La Coruña, el 23 de julio de 1886.

La primera evidencia que emana de su figura es su excepcional vitalismo. Su propio currículum ya es indicativo de esa efervescencia vital: ingeniero de minas, periodista durante la primera guerra mundial, catedrático de lengua y literatura española de la cátedra Alfonso XIII de estudios hispánicos en la universidad de Oxford, embajador, conferenciante, miembro fundador y presidente del Collège d´Europe, académico de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas y de la Española (en esta Academia fue elegido en 1936, pero no pudo tomar posesión hasta 1976)... Hasta en su vida sentimental reflejó esa capacidad vitalista. Casado con Constance Archibald, historiadora de la economía, con la que tuvo dos hijas; se volvió a casar cuando enviudó en 1970, a los ochenta y cuatro años, con la que había sido su secretaria, Emily Skeley.

Salvador de Madariaga fue un gallego anglófilo, atípico en un país como el nuestro y en el tiempo que le tocó vivir. Liberal que siempre llevó mal la maldición de la bipolaridad española. En la República fue embajador en Washington, en la Sociedad de Naciones y en París, y ministro de Gobierno y Justicia en el gobierno de Lerroux, pero su ideología estaba tan lejos de Lerroux como de los comunistas. Las derechas lo consideraban un liberal antiespañol. Las izquierdas, un burgués elitista. Él se consideró de la Tercera España, la de los perplejos y desubicados en la guerra civil, una España rota y triste, de la que se ha acordado Preston y pocos más. Madariaga estuvo a punto de ser fusilado en 1936, porque los milicianos le confundieron con el diputado derechista Dimas Madariaga, y se pasó buena parte de su vida en el exilio, esperando, como tantos, la muerte del dictador. Al menos, como su poco amigo Sánchez Albornoz, pudo sobrevivir a Franco. Puede decirse que Madariaga estiró su capacidad biológica hasta los 92 años para demostrar que la historia le daba la razón, una razón que tantos le negaron en la España de su tiempo. Por lo pronto, esperó a ver morir a Franco, su paisano, y a que la constitución democrática, que normalizaba a España como país moderno homologable a la Europa más avanzada, se hubiera aprobado en nuestro país.

Nada proclive a radicalismos de un signo u otro, y mucho menos hacia el franquismo, nadie mejor que un gallego para saber cómo atacar e ironizar a otro gallego. Madariaga lo supo hacer con dureza y con retranca: General, márchese usted (DOC.1. Primer párrafo, segundo y final). En 1935 había conversado con Franco: «Me llamó la atención por su inteligencia concreta y exacta más que original o deslumbrante», relata en sus Memorias. En 1944 escribe una célebre carta que comienza así: «General, márchese usted... No lo digo por ofenderle, pero el Caudillo de un bando de la guerra civil no sirve para hacer la unidad española».) [Hace una comparación de las formas de actuación del fascismo Führer/Caudillo y nacismo (las camisas de color, saludo, campos de concentración...). Le crítica a Franco los nacionalismos periféricos que los tiene sometidos y los fusilamientos durante el franquismo. El que fuera presidente de la Generalitat, Lluis Companys fue capturado por la Gestapo en Francia y fusilado en 1940 en Montjuic. Barcelona ] DOC.1 .

Su antifranquismo estuvo siempre acompañado de un considerable optimismo histórico, alimentado más de voluntarismo que de la realidad de los hechos. Inasequible al desaliento, creyó siempre en la capacidad de los aliados para acabar con Franco en la postguerra española. Fracasó en sus previsiones, pero fustigó con toda su capacidad satírica al dictador en su obra General, márchese usted (1959). Todos sabemos cómo discurrió la historia, y todavía falta la perspectiva del tiempo que nos permita valorar hasta qué punto los cambios generacionales durante los años del franquismo facilitaron el asentamiento de la nueva Monarquía democrática. Pero, hasta su muerte, e incluso después, la distancia ideológica entre Madariaga y Franco siempre ha sido mucho mayor que la distancia física entre España y Suiza, donde residía.

Han sido muchas las circunstancias que determinaron que su prestigio científico fuese mayor fuera de España que dentro de nuestras fronteras. Por dos veces, en 1937 y 1952, fue candidato al premio Nobel de la Paz, y en 1952 al Nobel de Literatura.

Torpedeó el intento franquista de ingreso de España en la OTAN y erosionó en lo que pudo al franquismo en pro de la recuperación de las libertades en España (DOC.1, párrafo 2, línea 5). Así, el 5 de junio de 1962, fue uno de los promotores del Congreso del Movimiento Europeo en Munich, donde se reunieron ochenta eminentes españoles para discutir los problemas de España -lo que el régimen franquista denominó El contubernio de Munich-. Que supuso un intento de articulación de las fuerzas antifranquistas. Mientras tanto, sus libros seguían estando prohibidos en España.

En 1973 fue el primer español que recibe en Aquisgrán el Premio Carlomagno. En su discurso defendía una Europa liberal y unida cuyo modelo encontraba en Suiza: diversidad y armonía.

De Madariaga es subrayable su militancia europeísta. En este sentido, asumió el concepto ilustrado de Europa como concreción de los valores de la libertad de pensamiento y del racionalismo laico. Su Europa no era la de los comerciantes sino la de los intelectuales y, desde luego, fue en el mismo grado que europeísta, atlantista. Madariaga no podía concebir una Europa que olvidase sus raíces humanísticas y cristianas. Y esto lo reafirmará en Múnich en 1962: «Europa no es solo un mercado común; es también, y sobre todo, una fe común y el precio del hombre y de la libertad». Esta vocación europea no estaba reñida con el atlantismo, todo lo contrario, veía las grandes posibilidades de colaboración entre el poderío norteamericano y los valores histórico culturales europeos, frente al antiamericanismo abanderado por la izquierda. El atlantismo nunca lo vio confrontado a Europa. Soñaba con una Europa sin fronteras, cuya bandera no fuese un círculo cerrado de estrellas, sino que las estrellas tachonaran el fondo azul, sobre el que cada una estuviera en el lugar geográfico de la nación correspondiente. España fue su patria; Europa su obsesión y compromiso.

Alertó a los pueblos de occidente frente al comunismo como una amenaza para la libertad- anticomunismo-. Madariaga no podía admitir como verdad nada de lo que se diga o se haga contra la libertad. Entendía que habría que ir más allá de la democracia pues la libertad no era una consecuencia natural e inevitable del sufragio universal. Si la desigualdad acaba en tiranía, los peligros de la igualdad podrían llevar a la extinción de la libertad por falta de uso. Sus palabras fueron premonitorias de la trágica experiencia comunista de muchos pueblos.

El dictador murió en la cama, pero Madariaga pudo regresar a España en 1976, ver al Rey e irse a morir a Locarno (Suiza) dos años más tarde. Madariaga queda en nuestra memoria histórica más que como el Quijote de la política, que le llamó Preston, como un español avanzado a su tiempo y desubicado, moderado en años de visceralismo radical, republicano antifranquista militante cuando Europa y Estados Unidos asumían con normalidad la dictadura de Franco, europeísta en una época de nacionalismos resentidos tras la segunda guerra mundial, atlantista beligerante cuando la izquierda ya empezaba a esgrimir su clásico discurso antiamericano.

Madariaga, un español ciertamente incomprendido, distinto. Un español de una España que nunca fue, que nunca pudo ser. Gallego y emigrante, eligió la lucha desde un exilio permanente. Las cenizas de este gallego, español, europeo y universal se esparcieron en las aguas y al viento del Orzán, en la bahía coruñesa que lo vio nacer, tal y como fue su deseo.

[ Valoración del franquismo por Manuel Fraga, político conservador que apoyó al régimen y fue ministro con Franco.

Valoraciones del régimen y justificación de la dictadura:



  • Justifica el golpe de Estado de julio de 1936 con los mismos argumentos que los sublevados: Que fue un Alzamiento nacional contra un gobierno ilegal y corrompido que se encaminaba al comunismo.

  • Descalifica el gobierno republicano tergiversando la historia

  • La visión del franquismo y de Franco como la salvación de la patria en peligro de ruptura por los separatismos regionales, la revolución comunista…

  • Había que recuperar lo que para esta ideología eran las esencias de España: la jerarquía, el orden, la unidad o el catolicismo, el tradicionalismo…

  • Equiparación de Franco con otros personajes de la historia haciendo referencia a sus virtudes.]

Manuel Fraga Iribarne, político conservador español cuya dilatadísima trayectoria se inició bajo el franquismo y prosiguió durante la transición y la democracia. Ministro de Información y Turismo durante el franquismo, fue uno de los ponentes de la Constitución de 1978 y el fundador de Alianza Popular, más tarde convertida en Partido Popular. Presidió la comunidad autónoma de Galicia durante quince años (1990-2005).

Finalizada la guerra, se abre para Fraga, en plena juventud, un período decisivo para su futuro político. En 1945 accede a la función pública por el camino tradicional de las oposiciones, siguiendo el consejo de su maestro Fernando María Castiella. Con el número uno gana el cargo de letrado de las Cortes, lo que le permite entrar en contacto con la clase política del franquismo. Pero a la vez ingresa en la Escuela Diplomática.

En plena era del franquismo duro, desde el sector católico, Joaquín Ruiz-Giménez inicia una cierta labor de apertura a partir del Ministerio de Educación, y para ello llama a profesores vinculados al Movimiento desde posiciones más independientes: Joaquín Pérez Villanueva y Manuel Fraga, que en ese momento ocupa el cargo de secretario general del Instituto de Cultura Hispánica y es nombrado secretario del Consejo Nacional de Educación. El equipo, que se proponía elevar el nivel intelectual en un intento de superar el fascismo, se vio muy pronto atacado, en nombre del franquismo de Cruzada, por los falangistas.

Aterrizó en la política con la dictadura y tuvo que irse adaptando a los tiempos... aunque al principio puso resistencia. Franco y Fraga tienen algo en común más allá de sus ideas políticas. Se vieron obligados -esto es, contra su voluntad- a emprender cambios de manera que les permitiesen adaptarse a los tiempos. Del mismo modo que el dictador tuvo que dejar de lado algunos proyectos económicos, sociales y políticos ligados a una posible victoria del fascismo en la Segunda Guerra Mundial, Manuel Fraga se vió obligado a adaptarse a la caída de la dictadura, tomando posiciones más reformistas y aceptando la democracia, la de los vencedores. «No nos sentaremos en la misma mesa con los comunistas. Nunca pienso hablar con ellos», ( DOC. 2, párrafo 2º ) decía en febrero de 1977. Meses más tarde, se sentó y habló. Y puso su sello, junto al de «ellos», en la Constitución de 1978.

El gran adulador del dictador, que llegó formalmente mucho más lejos que los tecnócratas en su adhesión al régimen de Franco, fue defenestrado, que no aniquilado, tras la operación del escándalo Matesa. Cabe recordar que Fraga denunció a la opinión pública, junto a los azules, el fraude de las falsas exportaciones de Matesa, fracasando en su pretendido ajuste de cuentas con Laureano López Rodó y demás tecnócratas. Más tarde, formó grupo con sus anteriores adversarios del franquismo en aquella patética cabalgada de los siete magníficos en las primeras elecciones de 1977. "Padre de la Constitución", algo que es cierto, porque fue uno de sus redactores como norma final de las Leyes Fundamentales del Movimento Nacional que había gobernado España a base de fusilamientos y tortura, destacó bastante poco por su talante democrático.

El año 1949 , es la fecha en la que el catedrático de derecho político Manuel Fraga pública la primera edición de su libro Así se gobierna España , editado por la Oficina de Información Diplomática y que será difundido en ediciones sucesivas hasta el año 1952. ( DOC.2). En este trabajo, el entonces joven catedrático de derecho Político, con exagerado servilismo, opinó textualmente en el apartado de El alzamiento nacional y el terrorismo rojo que: «Es evidente que el glorioso alzamiento popular del 18 de julio de 1936 fue uno de los más simpáticos movimientos político-sociales de que el mundo tiene memoria. Los observadores imparciales y el historiador objetivo han de reconocer que la mayor y la mejor parte del país fue la que se alzó, el 18 de julio, contra un Gobierno ilegal y corrompido, que preparaba la más siniestra de las revoluciones rojas desde el poder». Afirma que el gran movimiento nacional de 1936 fue ante todo la protesta colectiva de la mayor parte y la mejor parte del pueblo español contra el descarado golpe de Estado de febrero de aquel año (se refiere a la victoria electoral del Frente Popular en Febrero de 1936) y que el alzamiento en armas del 18 de julio, no fue más que la contrarrevolución que detuvo la ocupación marxista del país. (DOC. 2, párrafo 2º). Corría el año 1949, Fraga ya hacía gala de sus orígenes conservadores y explicaba así la contienda desde la Oficina de Información Diplomática.

Gran defensor de la dictadura y admirador de Franco, la figura de Franco en Fraga siempre estuvo presente. Nunca reconoció obligación alguna de retractarse por su participación en la etapa franquista, escudándose en que no participó en la guerra civil. Señalaba así que era imposible negar su esencia: «Es un grave error la condena realizada por el Congreso al levantamiento militar de 1936, y si se habla del 36 habría que hablar también del 34 y del 31 hasta llegar a la lucha civil más fuerte que ha habido en el mundo, entre Caín y Abel. Yo siempre miro hacia delante y estoy en contra de querer revisar la Historia o de juzgarla», atajaba.

El juicio acerca de Franco será positivo, tanto sobre 1939 como al final, en 1975». No dudó en oponerse a la retirada de las estatuas en honor al dictador y condenar los ataques a las mismas: «Todo lo que es insultar a la Historia es un error. No debería haberse producido si los agentes municipales tuviesen las instrucciones adecuadas. Todo lo que no es civilización es barbarie».

El franquismo, una época que, según dijo Fraga en 2007, sentó "las bases para una España con más orden". Para ensalzar la figura del caudillo, el expresidente gallego, llegó a recordar lo que en su día ocurrió en Francia con Napoleón. "Al día siguiente de matarlo era un estropajo, pero cincuenta años después lo trajeron a París, es su héroe nacional y preside el Panteón de Hombres Ilustres", evocó para matizar: "No digo que con Franco vaya a ocurrir lo mismo, sino que las figuras de ese calibre no se pueden juzgar hasta pasado un cierto tiempo".

A pesar de la oposición al régimen, tanto dentro como fuera de España y el rechazo, Franco no dejó el poder hasta su muerte.

A lo largo de los cuarenta años de dictadura se fue adoptando a la situación internacional de cada momento. Cuando Hitler dominaba Europa, utilizó a los falangistas, que se identificaban con su ideología; cuando se inicia la Guerra Fría, consiguió el apoyo estratégico de EEUU en su lucha contra URSS, apoyándose en políticos más moderados y técnicos y calificando su régimen como democracia orgánica.

Pero tras su muerte, y a pesar de los intentos del sector más inmovilista, la sociedad española recuperó las libertades perdidas e inicio el camino de recuperación de la democracia.





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