3. platón biografía



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3. PLATÓN
Biografía
De origen aristocrático, Platón nació en Atenas en el 427 a.C. Estudió música, matemática, pintura y poesía: llegó incluso a componer epigramas, ditirambos y alguna que otra tragedia. Destacó también como atleta juvenil – “platón” significa de hecho “ancho de espaldas”-, su verdadero nombre era Aristocles.
Entró en contacto con las filosofías de Heráclito y Parménides a través de Crátilo y Hermógenes, discípulos de los dos pensadores presocráticos. .Es posible que conociera a Sócrates, su verdadero maestro (de cuyo grupo de discípulos entró a formar parte desde los veinte años, 407 a.C.) durante el servicio militar.
Es sobre todo la injusta condena del maestro lo que le desengañará y apartará de la vida política activa en Atenas y lo llevará a concentrarse en la reflexión teórica. La mayoría de sus obras se presentan como diálogos de Sócrates con contemporáneos suyos, principalmente con filósofos sofistas. Durante sus frecuentes viajes por Sicilia y la Italia peninsular traba contacto con las escuelas pitagóricas, que le servirán de modelo para la fundación en Atenas de la Academia (387 a.C.) – en honor del héroe Academo-, centro de investigación y enseñanza que surge como reacción a la pedagogía sofista- a cuya puerta podía leerse “No entre aquí quien no sepa geometría”. En la Academia se impartió clase diariamente hasta el 88 a.C.
En Siracusa intenta poner en práctica sus ideas políticas apoyado por Dionisio el joven, pero fracasa varias veces. Muere en Atenas en el 347 a.C. Su sobrino Espeusipo lo sucederá en la dirección de la Academia.
Obras
Los escritos de Platón son conversaciones y no tratados. Desde un punto de vista formal son cuadros de vida en lo que los que unas gentes llenas de inquietudes intelectuales agitan esas inquietudes en un ir y venir en torno a uno o varios temas, dejándose llevar por las conexiones que la conversación va alumbrando y cambiando a menudo la dirección que se seguía un momento antes.
Se conservan 36 escritos entre diálogos y cartas aunque se ha dudado de la autenticidad de alguno de ellos. Estos escritos suelen ser clasificados atendiendo a cinco períodos:


  1. Diálogos de juventud socráticos: el tema fundamental es el de la virtud. Se proponen y discuten los problemas pero en ninguno se llega a una solución. Todavía no aparece la teoría de las ideas. Pertenecen a esta época la Apología de Sócrates Critón, Laques, Carmines, Lisis, Eutifrón, Ión y Protágoras.

  2. Diálogos de transición; en estos diálogos predominan los temas políticos. Se observan en ellos influencias del pensamiento pitagórico y se esboza la teoría de las ideas: Gorgias, Menón, Crátilo, Hipias Mayor, Hipias Menor, Euridemo y Menéxeno.

  3. Diálogos de madurez: en esta época Platón escribe sus diálogos más importantes, cuyo tema central gira en torno a la teoría de las ideas. En ellos también aparecen los principales mitos que Platón utiliza: Banquete, Fedón, República y Fedro.

  4. Diálogos críticos: en estos diálogos Sócrates deja de participar en ellos como protagonista, desaparecen las explicaciones míticas y domina en ellos el carácter lógico con una gran carga crítica y revisionista de las tesis mantenidas en otros escritos: Parménides, Teeteto y Sofista.

  5. Últimos diálogos: se perciben en estos últimos escritos de Platón un creciente interés por la cosmología y la historia. En ellos la metafísica queda totalmente soslayada: Filebo, Timeo, Critias y Leyes.


Influencias filosóficas
Todas las filosofías con las que entró en contacto dejaron en Platón su huella. De manera particular debemos señalar las influencias de Heráclito, de los eleatas, la de Sócrates, Anaxágoras y la de los pitagóricos.
La influencia de Heráclito aparece sobre todo, en el Crátilo, en donde el relativismo y el continuo fluir se exponen hasta llegar al ridículo. Los temas de la caducidad de lo cambiante de Heráclito serán tratados profusamente.
En contraposición, de los eleáticos recibe Platón la distinción entre mundo inteligible (mundo de las ideas) y el mundo sensible (mundo de la opinión); ambos mundos serán descritos de manera gráfica en el conocido mito de la caverna.
De Sócrates aprende Platón a ejercitarse en el método inductivo como procedimiento para la formación de los conceptos universales. Como Sócrates, aspira a obtener el conocimiento de la esencia de las cosas y a buscar la razón o “lógos” de las mismas. Igualmente, su inclinación por las cuestiones políticas y morales las recibe también de Sócrates.
Los pitagóricos llegan también a influir en Platón. Un detalle revelador es el hecho de que Platón margine a Sócrates de su protagonismo en algunos de diálogos, siendo sustituido por personajes de orientación pitagórica. Esa influencia sobreviene entre sus dos primeros viajes a Siracusa (388-367). La amistad de Platón con los pitagóricos Arquitas de Tarento y Teodoro o Teetteto, le lleva a asimilar las doctrinas del origen celeste y de la preexistencia de las almas; la idea de pecado, que hace caer de la situación de felicidad al alma para encerrarla en el cuerpo, y la mística de los números. Los astros son concebidos de manera animada y el universo como animal viviente.Con todo, Platón no fue oficialmente un pitagórico, ni hay indicios de que fuera iniciado en los misterios órficos.
Además no conviene olvidar que el noûs de Anaxágoras se encuentra del mismo modo presente en el sistema doctrinal de Platón (el Demiurgo como inteligencia ordenadora del cosmos).


Finalidad política de la filosofía platónica

“Se habían corrompido la legislación y la moral hasta el extremo de que yo, en un principio tan ardoroso en trabajar por el bien público, considerando esta situación y viendo cómo todo iba a la deriva, terminé por aturdirme. Con todo, no cesé de atisbar los signos posibles de que tales acontecimientos mejorasen y especialmente el régimen político, aunque para actuar esperaba siempre el momento propicio. Por último, comprendí que todos los Estados actuales están mal gobernados, ya que su legislación es poco menos que irremediable si no se toman medidas enérgicas con el concurso de circunstancias favorables. Así, me vi impulsado de modo irremediable a ensalzar la verdadera filosofía y a proclamar que únicamente bajo su luz se puede reconocer dónde se halla la verdadera justicia en la vida pública y en la privada. Por tanto, los males no terminarán para los humanos antes de que la raza de los puros y auténticos filósofos llegue al poder, o los jefes de las ciudades, por un favor divino, se entreguen verdaderamente a la filosofía” (Carta VII, 326 a/b).

Movida, entre otras razones, por el conjunto de circunstancias históricas que acontecieron durante la democracia ateniense de finales del siglo V a.C.-, la obra de Platón está presidida por la manera de hallar y fundamentar una sociedad justa., y toda su filosofía depende de ello; es decir, cómo lograr una sociedad armónica en la que todas sus partes encuentren el equilibrio, construida bajo las ideas de justicia y bien.


Siendo, no obstante, la principal preocupación de Platón la forma justa de la comunidad política, el alcanzarla se hace consecuencia del conocimiento de la verdad, por lo que la principal tarea (política) se le antepone como un prólogo un necesario recorrido epistemológico (descubrir la verdad) y ontológico (describir la realidad).
Esas búsqueda de la verdad, ese querer saber qué son las cosas, dónde está la realidad y llegar finalmente a la idea de bien (y de justicia) ha recibido el nombre de teoría de las ideas, que es el modo más común de nombrar la obra platónica.
Llegar a la verdad significa conocer la verdadera esencia de las cosas. Sólo en el verdadero conocimiento de las cosas está la realidad; y quien ha alcanzado la verdad- la verdad completa y absoluta- puede saber lo que son el bien y la justicia y, por tanto, construir una sociedad justa.
Pero para alcanzar la verdad se necesita de una educación que adiestre a los ciudadanos.; esa educación, un tanto especial, es un largo proceso que a través de sucesivas etapas prepara al alumnos a descubrir la verdad (es decir, la genuina esencia de las cosas y, en última instancia, la idea o esencia del bien, que en el terreno social es la justicia).
Para alcanzar la sociedad perfecta, según Platón, es preciso que existan unos gobernantes adecuados, educados por su sistema a instruidos en la dialéctica porque sólo a través de ella habrán de descubrir la Verdad, el Bien y la Justicia (la esencia de todos ellos) que, una vez descubiertas, habrán de ser la inspiración de los filósofos gobernantes; es decir, hombres y mujeres que guiados por el conocimiento de la justicia verdadera dirijan la sociedad hacia el bien con total desinterés.



El dualismo platónico
La filosofía platónica es una rigurosa filosofía idealista, dado que considera el mundo material derivado de un principio ideal. Tal dualismo se delinea en el pensamiento de Platón a partir de la reflexión sobre el pensamiento socrático.
Sócrates, para combatir el relativismo de los sofistas, se había empeñado en la búsqueda de lo universal, y sobre todo, había llegado al convencimiento de que sin el concepto universal del Bien no sería posible ninguna distinción entre el bien y el mal, ni ninguna práctica de la virtud.
Pero el universal no puede subsistir solo en el pensamiento del individuo singular, como quería Sócrates, porque en tal caso formaría parte de lo cambiante y relativo que constituye la experiencia individual. El universal, al cual nos elevamos con nuestros conceptos y al que tendemos con nuestro actuar (bien), para Platón debe existir en cuanto realidad permanente y absoluta, pero no de modo mudable y relativo, como nosotros percibimos a través de las sensaciones y que concebimos mediante las opiniones. Para valer realmente para todos, el universal tiene que subsistir independientemente de todo, en una dimensión absoluta de la realidad.
Además, el universal no se limita a la esfera del bien: para el hombre, para moverse en el mundo de la naturaleza, es importante poseer conceptos que tengan carácter de universalidad y necesidad y así poder distinguir las cosas que le rodean. Estas cosas se manifiestan al conocimiento sensible como realidades singulares, pero los hombres llegan a ser capaces de distinguir, nombrar y juzgar estas cosas gracias a aquellos conceptos universales que, existiendo en sí, se convierten en el fundamento de la verdad del pensamiento. El universal socrático se transforma en la idea platónica, ente o modelo universal que existe por sí, de material sino puramente espiritual e inteligible.
Mundo de las ideas y mundo de las cosas
Fundamental en la filosofía platónica es la relación entre el mundo de las ideas y el mundo de las cosas: el primero es el mundo real mientras que las cosas no son sino copias de las ideas. En las ideas Platón pone la universalidad y la necesidad; en las cosas, la singularidad. Éstas últimas constituyen el reino de la mutabilidad y de la apariencia. Aquellas conforman un orden admirable, unidas entre ellas según una relación jerárquica perfecta, cuyo vértice es la idea de bien, que en el fondo es la esencia misma de Dios que ilumina todo el mundo de las ideas.
Los ideales y valores que inspiran nuestra conducta no se encuentran en el mundo sensible, sino que existen eternamente en el mundo de las ideas o Hiperuranio (sobre los cielos); nosotros, en el mundo sensible, vemos, notamos cosas más o menos perfectas, más o menos bellas, más o menos buenas, más o menos circulares, triangulares, etc.; pero la perfección, la belleza, el bien, la circularidad son ideales que no se pueden encontrar en el mundo sensible, en tanto que son constituyentes del Hiperuranio.
Mimesis y methexis.
¿Qué relación existe entre las ideas y las cosas? En el dualismo riguroso de Platón son posibles dos tipos de relación entre el mundo suprasensible y el mundo sensible: la mimesis (imitación) y la methexis (participación). En el primer caso las cosas del mundo sensible son vistas como las copias, siempre imperfectas de las ideas; en el segundo caso, las cosas contribuyen a determinar en cierto modo la idea misma.
Es, no obstante, poco clara la cuestión de tal relación cosas-ideas; al final es el alma del hombre el elemento de mediación más eficaz, en cuanto que el alma forma parte del mundo de las ideas, aunque está obligada a vivir entre las cosas del mundo sensible. El alma del hombre, inmortal, ha conocido tales ideas en el Hiperuranio pero, al encarnarse en el cuerpo, olvida tales conocimientos que, con la experiencia cotidiana, son recordados. Son estos los conceptos de innatismo y reminiscencia, muy importantes en la filosofía platónica. Se habla de innatismo en tanto que el alma del hombre posee innatos algunos valores (las ideas conocidas del Hiperuranio); se habla de reminiscencia (anamnesis) en cuanto que estas ideas, estos valores son recordados a lo largo de la vida.
Platón, como buen discípulo de Sócrates, desarrolla con el innatismo el concepto socrático de la verdad que habita en cada uno. Con la teoría de la reminiscencia se desarrolla la “mayéutica”.
La verdad, que para Platón es la unión de valores-ideas, está dentro de cada uno de nosotros porque nuestra alma, que es la misma naturaleza que las ideas, ha conocido directamente tales ideas; esta verdad viene a la luz con el recuerdo. Conocer es recordar.
El alma
Aunque Platón sostiene, como Pitágoras, la teoría de la metempsicosis (reencarnación o transmigración del alma), ¿quién ha puesto el alma, de naturaleza ideal, en el mundo de las cosas?
En el diálogo Fedro Platón expone el mito del carro alado. El alma humana es comparada con un carro alado, tirado por dos caballos: el blanco representa la parte irascible del alma, el negro la concupiscible: a las riendas hay un auriga, símbolo de la parte racional del alma. Por una sacudida del caballo negro, el carro se precipita del cielo sin que el auriga pueda retomar el control. Es evidente, en esta explicación, que la caída del alma en el mundo sensible se debe a su propia culpa, puesto que no ha sabido tener bajo control a su parte concupiscible.
Es importante señalar como la división tripartita del alma corresponde a la tripartición del Estado ideal:


Clase social

Virtud de cada parte del alma

Virtud que se consigue

Partes del alma

Sede en el cuerpo

Símbolo del mito del carro alado

Gobernantes

Sabiduría

Justicia

Racional

Cabeza

Auriga

Soldados

Valentía

Irascible

Pecho

Caballo blanco

Productores

Templanza

Concupiscible

Vientre

Caballo negro

En el Timeo, la caída del alma en el mundo sensible se debe al Demiurgo, un dios artífice, absolutamente no creador que, plasmando la materia informe y teniendo como modelo las ideas del Hiperuranio ha colocado las almas en el mundo de las cosas. El Demiurgo es, en última instancia solo un medio que usa a Platón para explicar la formación del mundo sensible. La materia informe recibe así un movimiento y es la misma materia la que opone resistencia a la obra del Demiurgo y se presenta como necesidad y como no-ser. El dios absoluto y verdadero está constituido por la Idea de Bien.


El Bien
El dualismo platónico es el presupuesto para explicar todos los aspectos de la vida humana. Por lo que se refiere a la moral, concretando las enseñanzas de Sócrates, Platón sostiene que el bien consiste en elevarse por encima de la sensibilidad y de las pasiones, hacia la verdadera sabiduría: la contemplación de las ideas, es decir, el pleno conocimiento de los valores. Para conseguirlo es necesario que el alma domine los impulsos del cuerpo, pero no se trata de despreciar a este último, que de hecho es siempre la sede del alma racional así como, por otro lado, no es necesario despreciar el mundo sensible, copia del mundo de las ideas. La verdadera dignidad de la vida reside en la espiritualidad, en la contemplación de las ideas. Cuerpo y mundo sensible son, por tanto, instrumentos que, bajo la guía del alma racional y actuando las cuatro virtudes (sabiduría, valentía, templanza y justicia) son útiles y nos conducen a la felicidad.


Las cuatro virtudes

Prudencia o sabiduría (phronesis-sophia)

La prudencia es una virtud o areté esencialmente intelectual, perteneciente al ámbito del saber o episteme. No es, sin embargo un saber particular o sectorial: su objeto es el bien general de la ciudad y su cometido práctico es la vigilancia sobre la ciudad a fin de que ésta, en su conjunto, alcance el bien que le es propio. Se trata, en definitiva, el saber político, de la política como saber. La prudencia tiene su sede en la clase de los gobernantes. Y puesto que a virtud de la ciudad es la virtud de los ciudadanos, la ciudad entera es prudente cuando son prudentes sus gobernantes.

Valentía

La valentía es también conocimiento; es el conocimiento de lo que debe ser temido y de lo que no debe ser temido. Platón en este caso no exige el conocimiento riguroso o episteme sino solamente la opinión correcta sobre las cosas a temer, si bien insiste en que tal opinión ha de caracterizarse por su firmeza, por su perseverancia. Se trata obviamente de la virtud específica de los auxiliares o guerreros y, una vez más, ha de señalarse que la valentía de éstos es la valentía de la ciudad como tal.

Templanza o moderación (sophrosine)

La moderación constituye una cierta forma de autocontrol, de armonía. Platón define la moderación como un acuerdo o armonía “que se establece entre lo que es inferior y lo que es superior respecto de la parte que debe gobernar”. Al contrario de lo que ocurre con la prudencia y con la valentía, la moderación no es una virtud exclusiva y propia de una clase social sino que se extiende a todas ellas como consenso sobre la gobernación de la ciudad.

Justicia

La justicia es el cumplimiento adecuado del principio de especialización. Cada clase social cumple con la función específica que le corresponde: que el gobernante gobierne con prudencia, que el guerrero defienda la ciudad con valentía y que los productores desarrollen ordenadamente la actividad económica. Justicia es “que cada cual haga lo suyo”.


La filosofía, preparación para la muerte
En el Fedón, Platón define la filosofía como una ejercitación para la muerte. En el célebre diálogo se representa a Sócrates mientras conversa con sus discípulos por última vez antes de beber la cicuta. Hablando sobre la inmortalidad del alma, Sócrates- recogiendo la teoría de la reminiscencia- sostiene que el alma no puede más que ser inmortal porque participa de la idea de la vida: la muerte no sería otra cosa que una liberación del cuerpo y así la filosofía se convierte en un ejercitarse en el morir del cuerpo en previsión de esta apertura a la verdadera vida que es la del espíritu.
En el Fedón, por tanto, cuerpo y espíritu aparecen como opuestos y el mundo de las ideas es identificado como el ser, mientras el mundo físico se identifica con el no-ser.

Amor y filosofía.
En el Banquete Platón identifica filosofía y eros, superando la radical división entre el mundo del ser y del no-ser, que parecía describir en el Fedón. Retomando un antiguo mito, Eros, el Amor, es descrito como hijo de Penia (la pobreza) y Poros (riqueza) y su naturaleza no es ni mortal ni inmortal, sino de condición intermedia. Por esto Eros no tiene la sabiduría (lo que explica así su pobreza) pero aspira a ella (y en esto está su riqueza).
El filósofo se encuentra, en suma, en una posición intermedia entre el ignorante y el sabio. La filosofía no es posesión del saber, sino amor a la búsqueda de ésta. El filósofo debe buscar también en el mundo físico, al contrario que en el Fedón, la presencia espiritual.
Gnoseología: conocimiento racional y conocimiento sensible.
En lo que atañe al conocimiento, Platón distingue el conocimiento racional del sensible, como ya había hecho Parménides. A este propósito, es interesante recordar el mito de la caverna, célebre alegoría contenida en el libroVII de La República. Algunos prisioneros se encuentran en una caverna con la vista vuelta hacia el fondo de la misma; ven las sombras moverse sobre la pared, creen que a estas sombras se reduce toda la realidad. Uno de los prisioneros logra liberarse y alcanzar no sin fatiga la entrada a la gruta.; se da cuenta de que las sombras que veía no son otra cosa las proyecciones de los objetos y personas que se mueven a la luz del sol. Convencido del nuevo conocimiento, vuelve a descender a la caverna para intentar comunicar la verdad a los otros prisioneros, pero no es creído (como le ocurrió a Sócrates).

“Pues bien, querido Glaucón, debemos aplicar íntegra esta alegoría a lo que anteriormente ha sido dicho, comparando la región que se manifiesta por medio de la vista con la morada-prisión, y la luz del fuego que hay en ella con el poder del sol; compara, por otro lado, el ascenso y contemplación de las cosas de arriba con el camino del alma hacia el ámbito inteligible, y no te equivocarás en cuanto a lo que estoy esperando, y que es lo que deseas oír. Dios sabe si esto es realmente cierto; en todo caso, lo que a mí me parece es que lo que dentro de lo cognoscible se ve al final, y con dificultad, es la idea del Bien. Una vez percibida, ha de concluirse que es la causa de todas las cosas rectas y bellas, que en el ámbito visible ha engendrado la luz y al señor de ésta, y que en el ámbito inteligible es señora y productora de la verdad y de la inteligencia, y que es necesario tenerla en vista para poder obrar con sabiduría tanto en lo privado como en lo público” (La República, Libro VII, 517a-d, en PLATÓN, Diálogos IV. La República, trad. De Conrado Eggers, Madrid, Gredos, 1986, p. 342).

Las sombras son las formas del conocimiento sensible que, para Platón, constan de dos grados: la sensación, esto es, el registro puro y simple de un dato sensorial y la opinión (o creencia- pistis-) que consiste en considerar que las sensaciones son fuente de verdad.


El conocimiento alcanzado con la visión de los seres reales de los que antes solo se vislumbraban las sombras, representa el conocimiento racional. También en éste se distinguen dos grados: la matemática y la filosofía. La matemática, que en el mito se representa en la constatación de que existen proyecciones de las cosas bajo la forma de sombras, es un modo de racionalidad porque se basa en el principio de universalidad y necesidad, pero es un conocimiento racional todavía imperfecto porque los conceptos matemáticos necesitan referirse al mundo sensible.
La filosofía, sin embargo, es la forma más perfecta de conocimiento racional porque permite la contemplación de directa de las ideas del mundo suprasensible.
Para Platón el mundo de las ideas resplandece con una belleza extraordinaria, absolutamente inigualable. El alma, que ha disfrutado deslumbrada de tal belleza antes de encarnarse en el cuerpo, siente nostalgia, por lo que se ve empujada a amar todo aquello de bello que pueda encontrar en el mundo sensible, que de este modo se presenta como un vago recuerdo de la suprema belleza de las ideas. Aquí se implanta el famoso “amor platónico”, que mueve al hombre a acercarse gradualmente al mundo de las ideas.
El amor platónico
El amor es visto por Platón como un factor de elevación al mundo ideal, en cuanto que consiente, por medio de la belleza, recibir en el mundo sensible la revelación de las ideas y la necesidad de elevarse a ellas, sobre todo a través de la armonía y la belleza que son reconocibles en el mundo sensible. El hombre es en un principio atraído por la belleza y la armonía de un cuerpo, después por la armonía y la belleza del alma, después por la vélelas de las ciencias y finalmente por la Belleza en sí, fuente y causa de toda otra belleza, que resplandece solo en el mundo de las ideas. En conclusión, el amor platónico es deseo de belleza, medio de acercamiento del alma del hombre a aquel mundo de las ideas del cuál proviene.

Cuadro resumen del dualismo ontológico y gnoseológico de Platón:



EL SER

(ontología)



Mundo sensible

Mundo inteligible

Imágenes

Objetos físicos

Objetos matemáticos

Ideas

EL CONOCER

(gnoseología)



Eikasia (conjeturas)

Pistis (creencia)

Dianoia (conocimiento matemático)

Nóesis (conocimiento verdadero)

DOXA

(opiniones)



EPISTEME

(conocimiento verdadero)



Mito de la caverna

Sombras del fondo de la caverna

Objetos de la caverna

Objetos en la parte externa de la caverna

Visión directa del Sol, que es el Bien


La ciudad justa
Ya hemos visto que cada individuo encuentra la felicidad cuando todas sus potencias (las almas racional, irascible y concupiscible) están en equilibrio por cumplir cada una su misión. De la misma manera funciona la sociedad de hombres, al ser aquella el resultado de éstos: buscando la armonía, es decir la justicia, que es el equilibrio de los estamentos sociales, dice Platón, cada uno con sus fines y sin interferencias entre ellos; cada clase social cumpliendo sus fines específicos: gobernar, vigilar o producir.
El alma superior, la del filósofo, el alma racional, es la única que ha contemplado la verdad y por eso a ella le corresponde asumir las funciones de gobierno porque sólo la razón, mediante la educación, es quien alcanza a descubrir ese bien ideal. La justicia no es otra cosa que la “buena sociedad”, o “el buen gobierno”, o la aplicación del “bien” a la forma humana de convivencia. Queda, por tanto, establecido para Platón lo siguiente:


  1. La total identificación de las funciones del alma individual con las funciones que toda sociedad debe cubrir, que es lo mismo que decir que el estado reduplica, en forma de clases sociales, los tres tipos de almas que tiene el individuo.

  2. Que la justicia es la armonía entre todas las partes del conjunto, bien sea en una sociedad o lo sea en el individuo; la sociedad justa es la que organiza sus clases sociales obligando a cada una de ellas a cumplir una misión que no puede traspasar; de igual modo, el individuo alcanza la felicidad si existe armonía entre sus tres almas.

  3. Que los sabios- es decir, los filósofos- tienen que gobernar, que es lo mismo que decir que nuestra mente debe ser dueña de nuestros actos e impulsos.

Sin embargo, frente a una sociedad ideal y perfecta, Platón estudia las diferentes formas degeneradas de gobierno: la timocracia, la oligarquía, la democracia y la tiranía, que en realidad son sociedades progresivamente injustas porque han ido perdiendo armonía en las clases sociales; grupos sociales en los que las almas se dedican a cumplir funciones que no les corresponden.




Forma política

Caracterización

Clase de alma

La ideal o platónica:

Forma de vida y educación descritas en la República, que puede ser una monarquía o una aristocracia.



Es el gobierno de los mejores, es decir, de los que han sido educados bajo el sistema platónico.

Trabajan no por dinero, ni por honores, sino por amor a la verdad, que es lo que corresponde a los filósofos.



Racional

Timocracia

Degeneración de la aristocracia, en la que el honor (no la verdad) es el principal valor de los gobernantes.

Corresponde a los guerreros.



Irascible

Oligarquía

Degeneración de la timocracia. Es el gobierno de unos pocos ricos y persigue el enriquecimiento.

Concupiscible o sensual

Democracia

Degeneración de la oligarquía que, en realidad, surge cuando el gobierno de los oligarcas se hace imposible para el pueblo (demos), que es el que toma el poder.

En la democracia todos quieren mandar.



Concupiscible o sensual

Tiranía

Cuando el gobierno de la democracia ha empobrecido al estado y gobernar es un caos y una lucha de todos contra todos, aparece el tirano que elimina todas las libertades.

Concupiscible o sensual








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