50ª jornada mundial de oración por las vocaciones



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50ª JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES

 
Llenos de profunda alegría celebramos la resurrección de Cristo que nos ama incondicionalmente, nos convoca para celebrar este amor y nos invita a anunciarlo con nuestros gestos y palabras en nuestra vida cotidiana.


En el cuarto domingo de Pascua, día del Buen Pastor, nos unimos a toda la Iglesia para suplicar a Dios el don de las vocaciones, de modo particular a la vida consagrada y al sacerdocio ministerial. Dios, Buen Pastor, cuida, guía y acompaña a su pueblo y necesita de obreros que anuncien la Buena Noticia. El lema que anima este año la Jornada es: “Las vocaciones, signo de la esperanza fundada sobre la fe”.
Hermanos concepcionistas: nos hemos reunido esta mañana para sentirnos comunidad  y orar por las vocaciones. Nuestra sociedad necesita de jóvenes que escuchen la voz de Dios que les llama a seguirle. Hacen falta obreros que quieran trabajar en la viña del Señor.
Nuestra actitud orante de esta mañana, ha de suscitar el deseo y la preocupación por las vocaciones a la vida religiosa, sacerdotal, misionera y laical. Unidos en torno al Cirio Pascual, símbolo de Cristo resucitado, debemos manifestar la unión de corazones en torno a él, en torno a Cristo.
Benedicto XVI, en su mensaje para esta L Jornada Mundial de oración por las vocaciones nos dice “se inscribe perfectamente en el contexto del Año de la Fe y en el 50 aniversario de la apertura del Concilio Ecuménico Vaticano II. El siervo de Dios Pablo VI, durante la Asamblea conciliar, instituyó esta Jornada de invocación unánime a Dios Padre para que continúe enviando obreros a su Iglesia (cf. Mt 9,38). «El problema del número suficiente de sacerdotes –subrayó entonces el Pontífice– afecta de cerca a todos los fieles, no sólo porque de él depende el futuro religioso de la sociedad cristiana, sino también porque este problema es el índice justo e inexorable de la vitalidad de fe y amor de cada comunidad parroquial y diocesana, y testimonio de la salud moral de las familias cristianas. Donde son numerosas las vocaciones al estado eclesiástico y religioso, se vive generosamente de acuerdo con el Evangelio»”
Como sucedió en el curso de su existencia terrena, también hoy Jesús, el Resucitado, pasa a través de los caminos de nuestra vida, y nos ve inmersos en nuestras actividades, con nuestros deseos y nuestras necesidades. Precisamente en el devenir cotidiano sigue dirigiéndonos su palabra; nos llama a realizar nuestra vida con él, el único capaz de apagar nuestra sed de esperanza. Él, que vive en la comunidad de discípulos que es la Iglesia, también hoy llama a seguirlo. Y esta llamada puede llegar en cualquier momento. También ahora Jesús repite: «Ven y sígueme» (Mc 10,21). Para responder a esta invitación es necesario dejar de elegir por sí mismo el propio camino. Seguirlo significa sumergir la propia voluntad en la voluntad de Jesús, darle verdaderamente la precedencia, ponerlo en primer lugar frente a todo lo que forma parte de nuestra vida: la familia, el trabajo, los intereses personales, nosotros mismos. Significa entregar la propia vida a él, vivir con él en profunda intimidad, entrar a través de él en comunión con el Padre y con el Espíritu Santo y, en consecuencia, con los hermanos y hermanas. Esta comunión de vida con Jesús es el «lugar» privilegiado donde se experimenta la esperanza y donde la vida será libre y plena.
La oración constante y profunda hace crecer la fe de la comunidad cristiana, en la certeza siempre renovada de que Dios nunca abandona a su pueblo y lo sostiene suscitando vocaciones especiales, al sacerdocio y a la vida consagrada, para que sean signos de esperanza para el mundo

 

Canción





PRIMERA PARTE:   “DIOS LLAMO”

 

A lo largo de la historia de la salvación, Dios ha llamado a personas concretas que han intentado responder a su voz. Ellos han sido conscientes de su realidad, débil e inconstante, pero han confiado plenamente en la fuerza y el poder de Dios que ha garantizado siempre la respuesta, como nos narra San Mateo:


 «En seguida Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y después de despedir a la gente subió al monte a solas para orar. Llegada la noche estaba allí solo. Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. A la cuarta vela de la noche se les acercó Jesús andando sobre el mar. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, diciendo que era un fantasma. Jesús les dijo enseguida: “¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!”. Pedro le contestó: “Señor, si eres tú, mándame ir a ti sobre el agua”. Él le dijo: “Ven”. Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: “Señor, sálvame”. Enseguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: “¡Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado?”. En cuanto subieron a la barca amainó el viento. Los de la barca se postraron ante él diciendo: “Realmente eres Hijo de Dios”». (Mt 14, 22-33). Palabra de Dios.

Oración (silencio)

 

Canción





SEGUNDA PARTE: “A ELLA LA LLAMO”.

 

María fue llamada por Dios para una misión muy especial: ser Madre de su Hijo Jesucristo. Ella, confiando plenamente en el mensaje de Dios, respondió afirmativamente a la llamada: “aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”. Desde aquel momento, María se convierte en modelo de los que siguen a Jesús. No podemos dejar a un lado en nuestra oración, la vocación de María. Oremos con ella, aprendamos de su testimonio, imitemos su Sí.



 

Relato de la vocación de María.

 

Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret,  a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.  Y entrando, le dijo: « Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo. »  Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo.  El ángel le dijo: « No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios;  vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. El será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre;  reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin. »  María respondió al ángel: « ¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón? »  El ángel le respondió: « El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por  eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios.  Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril,  porque ninguna cosa es imposible para Dios. »  Dijo María: « He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra. » Y el ángel dejándola se fue.


Oración (silencio).
 Canción


 

TERCERA PARTE:” DIOS SIGUE LLAMANDO”


Mi historia, no es mi historia, sino la historia de un joven matrimonio que inesperadamente se convierten en padres por cuarta vez. Los médicos les avisan que es un embarazo de riesgo, a pesar de la juventud de la madre. El padre, lleno de fe, acude al virgen de Guadalupe a pedir por esa criatura. Allí en la intimidad de su oración le dice a Nuestra Señora: - si lo sacas adelante será para ti- y vuelve a su casa confortado. Al llegar le dice a su mujer: “si es un niño se llamará Jesús”. Y no le dice más. Eso niño crece, no sin incontables problemas de salud, en una familia cristiana, sabiendo que su nombre es un empeño de su padre y poco más. Cuando a los catorce años comenta en casa que quiere ser sacerdote escucha de sus padres que les parece muy bien y que si es su decisión la respetaran. Tendrá que esperar cuatro años de intensa vida cristiana en su colegio y acompañado por un sacerdote del Opus Dei que le haría conocer la sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, hasta entrar en el seminario. El día de la acogida solemne, ante al cardenal D. Angel Suquia que acaba de celebrar la misa, ese padre le cuanta la historia que ahora todos conocéis de aquella oración escuchada. Lo había callado tantos años por respeto a la libertad de su hijo. Tanto lo había guardado que su mujer se entero poco antes que tú que ahora lo estás leyendo. “En el seno materno tu me sostenías”, dice el Salmo 70, y puedo dar fe de ello.
Esta es la historia de la vocación del P. Jesus Mateos (capellán de la comunidad concepcionista de Princesa) y de la fe de su padre

Oración (silencio)

Canción
CUARTA PARTE:  “UNA LLAMADA CONCRETA: CARMEN SALLES.

Una tierra que dio frutos”

 


http://www.archimadrid.es/vocaciones/images/carmen%20salles.jpg

Santa Carmen de Jesús Sallés fué y sigue siendo Testigo: “Me gusta recordar mi vida, mi vocación como la historia de una tierra que llegó a ser tierra de Bendición, una tierra que de ser pequeña y pobre pasó a ser grande por la cercanía y la presencia de Dios, sencillamente por darme cuenta de que le pertenecía a Él.


Me asombra recordarme a mí misma, cuando aún niña todos me llamaban Carmeta, y Dios ya iba haciendo su obra silenciosa en mí. Me asombra recordar aquella mañana de niebla en la montaña de Montserrat, y el estremecimiento de mi alma ante la imagen de María, la Moreneta, y aquel deseo que brotaba con fuerza en mí hacía ya tiempo, que con la Primera Comunión se había hecho tan intenso y que se consolidaba ante la Madre: SER DE JESÚS...Y así, como fruto de esa llamada, de la presencia continua de Jesús en mi vida de niña y de joven, se fue agrandando cada día un poco más en mi corazón.

Así fui descubriendo lo que Él quería de mí, era algo tan sencillo como agrandar mi corazón hasta acoger su proyecto sobre mí. Y con el deseo de SER SUYA marché al noviciado adoratriz. Era dejar la propia tierra, mis padres, que se oponían con fuerza a mi decisión, mis hermanos (yo era la 2ª de diez), un futuro seguro en el proyecto de matrimonio con un joven...todo quedaba atrás confiada en la promesa de Dios, del deseo que hacía crecer en mi corazón. Allí descubrí jóvenes sedientas a las que tal vez, la vida misma había hecho caer...Crecía en mí el amor por Cristo, contemplado en la Eucaristía y descubierto en el corazón de las jóvenes, pero surgía también con fuerza la idea de educar para evitar la caída. Enseñar a Vivir...y contemplando a la Madre Inmaculada descubría el ideal de la criatura humana, ser espacio abierto a la plenitud de la Gracia, ser libre para la entrega, para el amor más grande.”


El 7 de Diciembre de 1892 fundaba en Burgos una nueva congregación: Religiosas Concepcionistas Misioneras de la Enseñanza.

“La Virgen Inmaculada se había convertido en clave para aprender quien era Dios para mí, quien era yo para Dios, y cuál era mi puesto en la Iglesia, nuestro puesto en la Iglesia, porque el Señor me regalaba hermanas.


Y María me hizo un regalo, me hizo sentir que lo suyo era mío, lo mío era suyo, ella era la auténtica fundadora; en la Congregación Concepcionista todo LO QUE SOMOS Y TENEMOS A MARÍA PERTENECE.
Mi tierra había llegado a ser Tierra de Bendición, la bondad y misericordia de Cristo me daban la certeza de que confiando en Él, jamás sería abandonada. Tenía ya un nombre nuevo: CARMEN DE JESÚS
Mi vocación fue unirme con Cristo, HACERME COMPAÑÍA PARA JESÚS un itinerario en el que mi pensamiento, mi corazón y mi voluntad se fueron poniendo en Él de tal forma que como S. Pablo podía decir:
VIVO YO, MAS YA NO YO, QUE CRISTO VIVE EN MÍ.
El amor me hacía compartir sin medida. Y la tierra daba fruto, hoy el don que el Espíritu me regaló llega a España, Italia, Brasil, Venezuela, EE.UU., República Dominicana, Méjico, Japón, Corea, Filipinas, India, Indonesia, Republica Democrática del Congo-Kinshasa, Republica Popular del Congo-Brazaville Guinea Ecuatorial, Camerún.
Dios cumplía su promesa, el Señor me había hecho testigo de su amor, un amor sin límites que contemplé y aprendí en la Madre Inmaculada”
Carmen de Jesús Sallés y Barangueras fue canonizada por su Santidad Benedicto XVI el 21 de Octubre de 2012

Oración (silencio)
Canción concepcionista
Súplicas
Señor, te rogamos por nuestros hermanos y hermanas que han respondido sí a tu llamada al sacerdocio, a la vida consagrada y a la misión. Haz que sus existencias se renueven de día en día y se hagan evangelios vivientes.
¡Señor misericordioso y santo, sigue enviando nuevos operarios a la mies de tu Reino! Ayuda a los que has llamado a seguirte en este tiempo nuestro; haz que, contemplando tu rostro, respondan con alegría a la maravillosa misión que les has confiado por el bien de tu Pueblo y el de todos los pueblos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Benedicto XVI




  1. Para que no falten sacerdotes y consagrados celosos, que sepan acompañar a los jóvenes como «compañeros de viaje» para ayudarles a reconocer, en el camino a veces tortuoso y oscuro de la vida, a Cristo, camino, verdad y vida (cf. Juan 14,6); para proponerles con valentía evangélica la belleza del servicio a Dios, a la comunidad cristiana y a los hermanos. Roguemos con María al Señor.

  2. Para que sacerdotes y consagrados muestren la fecundidad de una tarea entusiasmante, que confiere un sentido de plenitud a la propia existencia, por estar fundada sobre la fe en Aquel que nos ha amado en primer lugar. Roguemos con María al Señor.




  1. Para que en medio de tantas propuestas superficiales y efímeras, surja en los jóvenes el deseo de cultivar la atracción hacia los valores, las altas metas, las opciones radicales, para un servicio a los demás siguiendo las huellas de Jesús. Roguemos con María al Señor.




  1. Te suplicamos, Señor, que sigas llamando a más trabajadores a tu mies, desde el ministerio sacerdotal y la vida consagrada, para que con su vida anuncien la alegría del Evangelio, aviven la fe de los creyentes y cuiden de la vida en los lugares donde está amenazada. Roguemos con María al Señor.




  1. Señor, Padre santo, tú que invitas a todos los fieles a alcanzar la caridad perfecta, pero no dejas de llamar a muchos para que sigan más de cerca las huellas de tu Hijo, concede a los que tú quieras elegir con una vocación particular llegar a ser, por su vida, signo y testimonio de tu reino ante la Iglesia y ante el mundo. Roguemos con María al Señor

Te alabamos, Señor, en la vida gastada y desgastada de ese sacerdote o consagrado y en especial por la de esa religiosa concepcionista misionera de la enseñanza, que vivió en silencio y con alegría se entrega a los hombres, sus hermanos; te alabamos desde su compromiso apostólico.


Elevamos nuestra humilde y confiada oración por intercesión de María, Madre de la Iglesia y Santa Carmen Sallés espléndidos modelos para toda alma consagrada al servicio del pueblo de Dios.
Oración por las vocaciones concepcionistas consagradas.

 

Señor, Dios nuestro,



haz que el clamor de tu voz llegue a muchas almas,

que se levanten y vivan unidas en ti.


Prepara sus corazones con tu palabra,

de modo que se dispongan a evangelizar a los jóvenes

y a cuidar de tu mies abundante.
Señor, que todas las llamadas a la vida concepcionista consagrada

escuchen tu voz y puedan cumplir tu voluntad.


Por Jesucristo, nuestro Señor.  Amén.

 Padrenuestro


Elevemos al Padre eterno, sustento de toda vocación, la oración que su hijo, Jesucristo, nos enseñó: Padre nuestro…
Regina Coeli
G: Reina del cielo, alégrate, aleluya.

T: Porque el Señor, a quien has llevado en tu vientre, aleluya.


G: Ha resucitado según su palabra, aleluya.

T: Ruega al Señor por nosotros, aleluya.


G: Goza y alégrate Virgen María, aleluya.

T: Porque en verdad ha resucitado el Señor, aleluya.


Oremos:
Oh Dios, que por la resurrección de Tu Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, has llenado el mundo de alegría, concédenos, por intercesión de su Madre, la Virgen María, llegar a los gozos eternos. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén. (tres veces)


Maria, danos tu bendición para que nunca caigamos en ninguna tentación,

pues toda dichosa suerte esta María en tus manos,

haz Señora consigamos tus hijos buena muerte.

La bendición del Padre, el amor de Hijo

y la Gracia del Espíritu Santo

sean con nosotros ahora y siempre. Amen


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