6 Comunidades Transnacionales y Migración



Descargar 119.23 Kb.
Página4/5
Fecha de conversión15.12.2017
Tamaño119.23 Kb.
1   2   3   4   5

Asociaciones de Comunidades de Origen de Migrantes Transnacionales

¿De qué manera organizan los migrantes transnacionales ese conjunto de respuestas ante las condiciones de vida y laborales impuestas por el marco de globalización? ¿Que posibilidades de respuesta y acción posibilitan las comunidades transnacionales para sus miembros? ¿Cómo sirven las asociaciones de migrantes transnacionales para vincular actividades de defensa de sus derechos económicos, laborales, políticos y culturales tanto en los países de origen como destino? En esta sección buscamos llevar la discusión del plano conceptual al terreno práctico de la acción colectiva, ilustrando algunas de las formas más comunes y efectivas de acción que pueden identificarse en el seno de comunidades transnacionales. La discusión se centra en el caso de las denominadas “asociaciones de comunidades de origen”, popularmente conocidas como “clubes” formadas por migrantes mexicanos en Estados Unidos.8 Estas asociaciones surgen originalmente con el propósito de contribuir al mejoramiento de las condiciones de vida de sus paisanos en las comunidades de origen en México, manteniendo a los emigrantes en contacto con dichas comunidades. Como tales, representan una de las formas principales por las que inmigrantes mexicanos se vinculan activamente con sus comunidades de origen, transcendiendo así las barreras geográficas y políticas que las separan de aquellas. Se trata de asociaciones formadas por migrantes de la misma comunidad en México con el propósito de enviar remesas y otros recursos materiales para el mejoramiento de las condiciones estructurales de aquellas, generalmente a través de proyectos filantrópicos para obras públicas. Como tales, estas asociaciones conllevan un involucramiento activo de los inmigrantes en dichas comunidades, con importantes implicaciones para las concepciones de pertenencia e identidad comunitaria de estos inmigrantes.


Las asociaciones de inmigrantes no son sin embargo un fenómeno nuevo. Por el contrario, representan una de las facetas más comunes asociadas a procesos de migración internacional de distintas poblaciones a países como Estados Unidos a finales del siglo XIX y comienzos del XX, las cuales jugaron un papel fundamental para su integración y movilidad económica en ese país. Los inmigrantes japoneses que llegaron a Estados Unidos a comienzos del siglo XX, por ejemplo, formaron asociaciones basadas en comunidades de origen que jugaron un papel fundamental la rápida movilidad económica experimentada por este grupo (Zabin y Escalada, 1998: 3). Las asociaciones judías en Nueva York formadas sobre las mismas bases también jugaron un papel central para la cohesión de este grupo, fomentando la incorporación de nuevos inmigrantes a los sindicatos (Ibídem).
A diferencia de estos casos, sin embargo, las asociaciones de inmigrantes mexicanos han estado generalmente orientadas a acciones filantrópicas en sus comunidades de origen, como explicamos más abajo. Generalmente se trata de asociaciones formadas por inmigrantes de origen rural, mayoritariamente de los estados de migración tradicional del occidente de México, aunque más recientemente han surgido importantes asociaciones en otros estados, especialmente Oaxaca. Asimismo, los fundadores de estas asociaciones suelen ser inmigrantes de primera generación que ya se encuentran asentados y con cierta posición sólida en Estados Unidos, quienes buscan ayudar a sus comunidades de origen a través de proyectos financiados por estos clubes. Aunque tanto hombres como mujeres participan en los mismos, la mayoría de los líderes de estas asociaciones son hombres, siendo los casos de mujeres que son presidentas de las mismas la excepción (Zabin y Escalada, 1998: 10). En un estudio de Zabin y Escala sobre estas asociaciones, se indica que existen alrededor de 170 clubes de inmigrantes mexicanos en Estados Unidos de dieciocho estados de México registrados en los consulados mexicanos, además de otro gran número de asociaciones de carácter más informal que no tienen contacto oficial con los consulados.9
No todas las asociaciones mantienen el mismo nivel de organización. Zabin y Escala distinguen tres niveles de complejidad e institucionalización de las mismas. El primero es el de asociaciones de carácter informal formadas en base a redes sociales de inmigrantes de la misma comunidad de México, a través de las cuales los paisanos se ayudan en la búsqueda de trabajo, vivienda y otras necesidades de primera mano. Un segundo nivel de desarrollo es el de clubes oficiales fundados por inmigrantes de la misma comunidad o “comunidades hermanas” de México. El tercer nivel de complejidad es el de las llamadas “federaciones”, que son aquellas formadas por diferentes clubes de un mismo estado en México y organizados bajo un mismo paraguas. La más antigua de éstas es la Federación de Clubes de Zacatecas, una de las regiones de migración tradicional a Estados Unidos, que fue creada en 1972 y en la actualidad cuenta con 51 clubes miembros de ella (Zabin y Escalada, 1998: 15). La formación de esta federación muestra un aspecto importante señalado por varios autores en el surgimiento de las mismas, a saber el papel activo de parte de autoridades gubernamentales mexicanas a través de los consulados para la formación de dichas federaciones (Smith, 1995; Moctezuma 1999; Alarcón 2000; Zabin y Escalada 1998). Aunque los factores que han llevado al gobierno mexicano a fomentar este tipo de federaciones esta fuera del alcance de este trabajo, la creciente influencia y poder económico y político de estas asociaciones y su incidencia en asuntos locales en las comunidades de origen, en muchos casos substituyendo la ausencia de programas sociales y económicos de desarrollo por parte del gobierno mexicano, puede considerarse un factor importante que ha llevado a autoridades gubernamentales a establecer relaciones con dichas asociaciones. La otra federación de magnitud es la formada por varios clubes del estado de Jalisco en 1990 con la participación y ayuda directa del consulado mexicano y que cuenta con 49 clubes como miembros.10
Pero, ¿qué tipo de actividades desarrollan estas asociaciones en ambos lados de la frontera? ¿De qué manera contribuyen estas asociaciones a defender los derechos de los migrantes mexicanos en ambos lados de la frontera? A nivel analítico, podemos distinguir entre actividades desarrolladas por estas asociaciones en sus comunidades de origen y aquellas enfocadas en las comunidades de destino en los Estados Unidos. Como señalamos anteriormente, en el caso de los clubes mexicanos, la mayor parte de sus actividades se enfocan en comunidades rurales en México, generalmente proyectos de carácter filantrópico encaminados al desarrollo de obras públicas e infraestructura (Alarcón, 2000; Zabin y Escala, 1999). Las actividades más comunes desarrolladas por estos clubes incluyen la construcción o reparación de carreteras, puentes, parques, iglesias, escuelas, clínicas, instalaciones deportivas y calles. Por su parte, los proyectos sociales generalmente están encaminados a la gente de bajos ingresos en sus comunidades a través del apoyo a clínicas, guarderías, y centros de retiro para ancianos. Asimismo, los clubes regularmente hacen donaciones para comprar ambulancias, equipo medico, material para escuelas, y becas de estudio para niños de familias pobres (Alarcón, 2000: 4-5). En otros casos sirven para canalizar ayudas de emergencia médica, entierros, otorgar crédito para vivienda, etc. Como forma de recaudar fondos para estas obras, los clubes generalmente organizan bailes, picnics, rifas, charreadas, concursos de belleza, y otros eventos culturales en sus comunidades de destino en Estados Unidos.
La Federación de Clubes Zacatecanos sirve para ilustrar una de las formas más activas y exitosas de la promoción de este tipo de obras públicas de carácter social por parte de emigrantes mexicanos. Unicamente en 1996, por ejemplo, los clubes de esta federación apoyaron el financiamiento de 60 proyectos de obras públicas en el estado de Zacatecas por el valor de cientos de miles de dólares, incluyendo la construcción y reparación de carreteras, la reparación de iglesias y plazas de pueblos, y la construcción de escuelas, clínicas y casas de convalecencia para ancianos (Zabin y Escala, 1999: 16). El papel activo de esta federación sirvió de inspiración para la creación del programa conocido por “dos-por-uno”, en el que tanto los gobiernos del estado de Zacatecas como el gobierno federal se comprometían a invertir $1 dólar cada uno por cada $1 destinado por la federación para proyectos de desarrollo comunitario. Este programa fue más tarde ampliado a clubes de otros estados en 1993 bajo la iniciativa de la Secretaria de Desarrollo Social de México (Alarcón, 2000: 7). Las cuidadosas relaciones establecidas por esta federación tanto con el gobierno mexicano como con el gobierno del estado de Zacatecas ha sido considerado un factor central que explica el éxito de los proyectos públicos fomentados por ella (Zabin y Escala, 1999: 17).
Aunque generalmente las actividades de las asociaciones de migrantes mexicanos tienen un carácter filantrópico, algunas asociaciones tienen un perfil más político que busca defender activamente los derechos económicos, laborales, humanos y políticos de sus miembros en ambos lados de la frontera. Tal vez el caso más sobresaliente es el de las asociaciones de migrantes del estado de Oaxaca, uno de los estados más pobres del sur de México y que contribuye con un importante número de migrantes tanto al norte del país como a los Estados Unidos en busca de mejores oportunidades económicas y laborales. Aunque de formación reciente en comparación con los clubes de migrantes de otros estados como Zacatecas, Jalisco y Michoacán, las asociaciones de oaxaqueños han conseguido un grado de articulación y politización ausente en muchas asociaciones de otras regiones. Según Rivera-Salgado, el alto grado de politización de las asociaciones oaxaqueñas se debe a la combinación de una serie de factores, incluyendo el origen indígena de muchos de ellos que los lleva a ser una minoría dentro de una minoría en Estados Unidos, a menudo discriminados tanto por empleadores nativos de Estados Unidos como por patrones mexicanos mestizos, muchos de ellos también inmigrantes (1999: 1447-1450).
La inserción de migrantes indígenas de Oaxaca como jornaleros en la agricultura comercial en ambos lados de la frontera, especialmente en Baja California en el lado mexicano, y en los estados de California, Oregon, y Washington en los Estados Unidos, ha dejado a esta población en una situación particularmente vulnerable (Kearney y Nagengast, 1989). En este contexto, la rápida formación de clubes de migrantes oaxaqueños puede interpretarse como una forma de respuesta a dicha situación por parte de indígenas mixtecos y zapotecos con una fuerte cultura política autóctona donde instituciones comunales en sus comunidades de origen sirven para el gobierno y la toma de decisiones de asuntos públicos (Rivera-Salgado, 1999: 1452-1453). Las asociaciones de migrantes de esta región, suelen así canalizar sus remesas a estas instituciones (Zabin y Escala, 1999: 19).
El carácter político de estas asociaciones puede ilustrarse con en caso del Frente, una coalición de alrededor de 2,000 migrantes indígenas mixtecos, zapotecos y triques formada en 1991. Los objetivos del Frente son promover y defender los derechos humanos de los migrantes indígenas y mejorar sus condiciones laborales y de vida en ambos lados de la frontera, para lo que dicha asociación mantiene dos sedes principales, una en California y otra en Oaxaca (Rivera-Salgado, 1999: 1449-1450). A diferencia de las federaciones de otros estados donde el gobierno mexicano ha jugado un papel central en su creación, en el caso de las federaciones oaxaqueñas, estas han surgido como resultado de las acciones e inquietudes políticas de sus líderes, quienes han sido bastante exitosos en la formación de asociaciones de carácter binacional de base y la movilización de los recursos sociales, políticos, y culturales de las comunidades indígenas de Oaxaca (Rivera-Salgado, 1999: 1455).
El segundo ámbito de acción de los clubes y federaciones de migrantes mexicanos se ubican en sus comunidades de destino en Estados Unidos. Como señalamos anteriormente, la incidencia de parte de las asociaciones en este campo es significativamente menor que la observada en las comunidades de origen. No obstante de estar menos desarrolladas que estas últimas, y como en el caso de asociaciones de migrantes de otros países de comienzos del siglo XX, los clubes y federaciones de inmigrantes mexicanos también juegan un papel importante en promover los derechos económicos, laborales y políticos de sus miembros en los Estados Unidos, facilitando así su integración en este país. Además, como señala Alarcón, el proceso de asentamiento experimentado por un amplio segmento de la población inmigrante mexicana en Estados Unidos en las ultimas décadas ha sido un factor importante que ha llevado a muchos inmigrantes a re-dirigir sus recursos a sus comunidades de destino en temas como vivienda, educación, y la formación de empresas pequeñas de parte de inmigrantes mexicanos (2000: 21).
En general, podemos distinguir dos tipos de participación de clubes en actividades en comunidades de residencia en Estados Unidos. El primer tipo se refiere a actividades directamente organizadas y promovidas por estas asociaciones en sus comunidades de residencia en Estados Unidos. Un ejemplo de ello son las actividades promovidas por los clubes michoacanos en la ciudad de Chicago. Aunque la Federación Michoacana de clubes fue originalmente creada para ayudar a problemas en sus comunidades de origen, con el tiempo los líderes de la Federación fueron interesándose en dar respuesta, mediante la participación en diferentes proyectos comunitarios, a los numerosos problemas que enfrentan sus paisanos en el área de Chicago (Espinosa, 1999: 21). Estos proyectos incluyen la defensa de los programas bilingües de educación en las escuelas públicas, la mejora de las condiciones de vivienda e infraestructura en los barrios donde estos inmigrantes y sus familias residen, así como la lucha contra problemas de drogas, pandillas y violencia que afecta a estas áreas (ibídem: 22). Estos proyectos denotan una especial preocupación por el bienestar y futuro de los hijos de los miembros de estas asociaciones, buscando facilitar su integración y movilidad en los Estados Unidos por medio de la educación.
El segundo tipo de actividades se refiere a coaliciones con organizaciones comunitarias, sindicatos, organizaciones no gubernamentales, y otras asociaciones civiles que buscan defender los derechos de los inmigrantes y población latina en general en Estados Unidos. Grupos de inmigrantes indígenas oaxaqueños como la coalición Mixteca-Zapoteca y el Frente, por ejemplo, han establecido coaliciones con sindicatos (el sindicato de los trabajadores del campo “United Farm Workers), organizaciones no gubernamentales, iglesias, organizaciones estudiantiles, etc., para defender sus derechos laborales y humanos en ese país (Rivera-Salgado, 1999: 1448).
Otro ejemplo del potencial que ofrecen este tipo de coaliciones es la establecida en la ciudad de Los Angeles en 1992 entre inmigrantes del estado de Guanajuato con el sindicato de carpinteros de la construcción de esa ciudad con el objeto de apoyar la sindicalización de los trabajadores especializados en el revestimiento de paredes del sector de la construcción en el sur de California, la mayoría de los cuales eran inmigrantes mexicanos de esa región. A comienzos de los años 1990, las condiciones laborales para los trabajadores de este ramo habían empeorado notablemente como consecuencia del crecimiento de prácticas de subcontratación en el sector de la construcción residencia. Trabajadores inmigrantes eran objeto de abusos continuos, carecían de beneficios laborales, y percibían sueldos mucho más bajos que los de sus colegas en el sector de la construcción comercial, los cuales sí estaban sindicalizados (Milkman y Wong, 2000). Surgido como un movimiento de base, un grupo de trabajadores inmigrantes decidieron organizar una huelga para pedir la mejora de sus condiciones laborales. Debido a que gran parte de los trabajadores de este sector eran originarios de la pequeña comunidad de El Maguey en el estado de Guanajuato, las redes sociales de estos inmigrantes facilitaron enormemente la organización de esta huelga, la cuál tuvo una rápida difusión en Los Angeles y la mayoría de las ciudades del sur de California a excepción de San Diego (Milkman y Wong, 2000: 181; Zabin y Escala, 1999: 31). El apoyo que estos trabajadores recibieron tanto del sindicato de trabajadores de carpintería, como de otras organizaciones comunitarias, sindicales, y grupos religiosos fue crucial para la importante victoria que tuvo este movimiento laboral, el cual cautivo la atención pública y de los medios de comunicación en esos años, y que sirvió para demostrar el potencial de movilización que estas coaliciones ofrecen.
Un tercer ejemplo del potencial que ofrecen las asociaciones de inmigrantes como aliados naturales de movimientos sindicales en Estados Unidos se encuentra en la ciudad de Los Angeles en el llamado Los Angeles Manufacturing Action Project (LAMAP), desarrollado entre 1995 y 1997. LAMAP fue un intento de lanzar un movimiento sindical de amplio alcance que incluyera a sindicatos de varios sectores donde se emplean trabajadores inmigrantes latinos en esta ciudad. El proyecto se centraba en el sector de manufactura que se estima emplea a 700,000 trabajadores, la mayoría de ellos inmigrantes mexicanos y centroamericanos (Delgado, 2000: 227). Aunque el proyecto fue finalmente abandonado por falta de fondos, los organizadores del mismo vieron en los clubes de migrantes una vía efectiva de movilizar a miles de trabajadores inmigrantes que trabajan en industrias de baja calificación y salarios por medio de las redes sociales de estos últimos, en lugar de emplear estrategias sindicales más tradicionales y costosas de reclutamiento (Zabin y Escala, 1999: 32).
En resumen, las actividades desarrolladas por las asociaciones de inmigrantes mexicanos en Estados Unidos fomenta los vínculos económicos, sociales y políticos de estos migrantes con sus comunidades de origen, manteniendo así una presencia activa en sus comunidades de México y reflejando el carácter transnacional de dichas comunidades. Asimismo contribuyen al fortalecimiento del poder político de los migrantes y la defensa de sus derechos laborales, políticos y humanos en ambos lados de la frontera, como lo ilustra el caso de las organizaciones de migrantes oaxaqueños de origen indígena, quienes a través de dichas asociaciones buscan defender sus derechos como trabajadores transnacionales empleados en la agricultura comercial tanto en México como Estados Unidos.
Por otra parte, la canalización de recursos financieros y materiales a las comunidades de origen en obras públicas de parte de inmigrantes mexicanos en Estados Unidos ha contribuido críticamente a la capacidad de estos inmigrantes como actores políticos de negociar vis-a-vis con el gobierno mexicano, especialmente en los niveles estatal y local. Generalmente ignorados por autoridades oficiales, las asociaciones de migrantes y magnitud de las remesas que se canalizan a través de las mismas, junto con la desinversión del gobierno mexicano en el área rural en la era de las políticas neoliberales de reestructuración, han posibilitado que los inmigrantes tengan un peso cada vez más importante en asuntos públicos de sus comunidades de origen, como los programas “dos-por-uno” y “tres-por-uno” mencionados más arriba ilustran.
Conclusiones: Desafíos e Implicaciones del Modelo de Comunidades Transnacionales para la Investigación y la Acción
La noción de comunidades transnacionales plantea importantes desafíos teóricos y metodológicos tanto para el estudio de la migración, como para el entendimiento de las formas de organización y acción social, cultural y política de los migrantes en los actuales contextos de globalización. A modo de conclusiones, presentamos algunas ideas respecto a estos puntos.
a) Pensar la migración con base en el concepto de comunidades transnacionales, plantea exigencias conceptuales que no han sido debidamente resueltas en los enfoques teóricos tradicionales. En concreto, nos referimos al menos a tres aspectos. Por un lado, destaca el problema respecto a los determinantes de la acción social, y en particular, de las unidades de análisis a considerar. Por otro lado, el problema de la articulación e integración en un mismo análisis de múltiples causas o niveles de explicación de la migración. Y por último, la exigencia de un pensamiento abierto al movimiento de los procesos sociales, en este caso, de la migración, y de las transformaciones sociales que se le vinculan.
Respecto al primer punto, los enfoques neoclásicos reducen la acción del individuo a una racionalidad económica de evaluación costo-beneficio. No obstante, es claro que en el contexto de comunidades transnacionales, las decisiones respecto a quién, cuándo y cómo migrar, no se toman con base en dichos criterios economicistas, sino que la acción de migrar está envuelta y sólo se puede entender, en el contexto de un complejo sistema de relaciones e intercambios de bienes materiales, culturales, y simbólicos. En este sentido, Portes (1995) plantea la necesidad de retomar los aportes conceptuales de la Sociología Económica para el entendimiento de la acción social de los individuos. Se trata de recrear el marco social que da sentido y significado a la acción de migrar. Asimismo, la preeminencia de las estructuras por sobre los sujetos en los análisis basados en el enfoque histórico-estructural, tampoco logran dar cuenta de cuál es la o las lógicas de la acción de los individuos en el marco de comunidades transnacionales. No obstante, desde este enfoque se han logrado elaborar importantes propuestas para el entendimiento de la migración laboral en el marco de la globalización11. Sin embargo, la ausencia de sujetos cuya acción reproduce y transforma las condiciones estructurales, sigue siendo una de sus principales deficiencias. En este sentido, estos modelos estructurales ayudan a entender el contexto de la acción social de los distintos agentes, pero en ningún caso permiten entender y explicar dicha acción.
Por otro lado, las causas de la migración, no pueden reducirse ya sea a factores individuales, o familiares (enfoques neoclásicos), o en su defecto, a meros factores estructurales que sobredeterminan la acción de los sujetos. En ambos casos, no es posible entender, por ejemplo, por qué individuos, familias y hasta comunidades que viven en condiciones similares, y expuestas a similares condicionamientos estructurales, desarrollan distintas rutas de acción social, unos migrando, mientras que otros optan por otras estrategias familiares y comunitarias. Las comunidades transnacionales definen un ámbito particular desde el cual podemos pensar la migración, y que nos ayuda a entender estas diferencias en el comportamiento concreto de agentes particulares. Conceptos como capital social, redes sociales, causación acumulativa, o “embedded transactions”, hablan de un nivel de análisis intermedio, que no puede ser aprehendido por los enfoques microsociales ni macroestructurales. Aún más, definen un nivel de análisis que exige pensar en términos de la articulación de las dinámicas sociales que se dan tanto a nivel micro como macro. Pensar la migración desde la categoría de comunidades transnacionales, exige por tanto, pensar en una forma de articulación de las condiciones estructurales (globalización, mercados de trabajo, etc.) con las características individuales de los agentes (estructura familiar, perfiles demográficos, etc.), articulación también, de los factores económicos, con los culturales, sociales y políticos que determinan la acción social, en términos de que todos ellos configuran el marco de operación de las redes sociales. El capital social no define sólo un nuevo nivel de análisis, antes bien, define un ámbito que exige la reconstrucción articulada de los demás niveles de comprensión del proceso social.
Por último, y consecuente con todo lo anterior, pensar la migración en términos de comunidades transnacionales, capital cultural y redes sociales, exige además una forma de pensamiento abierto al movimiento. Como hemos planteado anteriormente, las redes sociales no sólo conforman una forma de respuesta a procesos estructurales. En su desarrollo y expansión, las redes sociales a la vez que reproducen, también modifican y transforman las condiciones en que ellas se expanden. Por lo mismo, no es posible usar categorías y lógicas de análisis estática, que congelan el movimiento tanto del pensamiento como de la misma realidad social que se quiere analizar. En este sentido, y retomando la propuesta de Zemelman (1992), las comunidades transnacionales pueden entenderse como ámbitos de mediación en una doble acepción. Mediación, en términos de que configura un nivel en el cual es posible pensar en la reconstrucción articulada de los procesos sociales, en este caso, de la acción social (migrar, intercambios, flujos de información, reciprocidad, etc.). Pero también mediación en términos del pasado y el futuro, esto es, en términos de la transformación de las condiciones en las cuales dicha acción social se desarrolla.
b) En términos metodológicos, el carácter transnacional de la migración implica una necesaria reformulación en las definiciones clásicas de migrante y del status migratorio de la población. La definición de "migrante" ya no puede derivarse única y exclusivamente de la condición de residencia del individuo, esto es, de la ubicación de su residencia habitual a uno u otro lado de la franja fronteriza. Por el contrario, la condición migratoria ha de definirse más bien a partir de la incorporación y participación del individuo en un sistema transnacional de redes sociales y comunitarias. Esta conceptualización de la migración permite una ampliación en la delimitación espacio-temporal del concepto de residencia habitual. A diferencia de las categorías de settlers y sojourners, en el caso de las comunidades transnacionales no se trata ya de un lugar único de “residencia habitual” que la migración hace variar temporal o permanentemente. Por el contrario, se trata de la interacción de dos o más lugares de residencia en un mismo momento, así como de la articulación de los tiempos de ausencia con los momentos en que se está presente en cada lugar (espacio) de residencia. Esto implica una expansión espacial de la noción de residencia habitual lo que permite incluir tanto el lugar de estancia en Estados Unidos como el de estancia en México. Asimismo, refleja una expansión temporal de dicha categoría (residencia habitual) al incluir los tiempos de las estancias a uno y otro lado de la frontera. Obviamente, con estas “expansiones” la noción de residencia habitual usada tradicionalmente en demografía, prácticamente pierde su anterior significado y relevancia como categoría analítica.
Se es “residente” de una comunidad transnacional, aún cuando se haya migrado de un país a otro, a la vez que se forma parte de una comunidad de transmigrantes, aún cuando no se haya modificado el lugar de residencia. La pertenencia a una comunidad transnacional, y por tanto, la participación de este proceso de transmigración, no implica necesariamente un desplazamiento continuo. Basta formar parte de una comunidad donde la transmigración le ha permitido expandir sus ámbitos territoriales de reproducción social y económica. En una comunidad transnacional no todos los miembros son transmigrantes, pero la transmigración es una práctica social que está presente en el horizonte de vida de todos y cada uno de los miembros de dicha comunidad.
Esto implica un cambio en la unidad de análisis y en el contenido de las categorías usadas en el entendimiento de la migración en los actuales contextos de globalización. Transmigración, transnacionalismo y comunidades transnacionales, son algunos de los conceptos que suelen usarse para dar cuenta de estas tendencias de la migración en esta era de globalización. A nuestro entender, sin embargo, se trata además de una necesaria expansión y ampliación del concepto mismo de “migración”. Si hubo un tiempo en que podíamos delimitar la migración como el flujo de individuos y fuerza de trabajo, hoy en día es claro que debemos ampliar su contenido incorporando la movilidad e intercambio de bienes culturales, información, y recursos materiales. Al migrar, en su propio desplazamiento, el individuo no sólo lleva consigo su persona y su fuerza de trabajo, sino que también lleva con él su cultura y su capital social. La migración así, no es sino una forma particular en que las redes y el capital social y cultural de una comunidad se expanden y consolidan en espacios cada vez más amplios y distantes.
c) Finalmente, la formación de comunidades transnacionales también plantea importantes potenciales de acción comunitaria para la defensa de los derechos de los miembros de estas comunidades que es importante señalar. Como el caso de las asociaciones de migrantes mexicanos descritas en la sección anterior de este trabajo, la movilización de los recursos económicos, materiales y políticos por medio de las mismas, permite el mantenimiento y renovación de vínculos transnacionales de estos migrantes tanto en sus comunidades de origen como de destino, así como la defensa de sus derechos humanos, laborales, políticos, y culturales. En este sentido, podemos identificar algunos espacios potenciales de acción que pudieran servir para fortalecer la defensa de los intereses de los trabajadores migrantes.
En primer lugar, si bien la canalización de remesas y otros recursos por medio de estas asociaciones a las comunidades de origen no deben pensarse como alternativas al desarrollo en un papel que debe asumir el Estado, programas de inversión en proyectos públicos como el “tres-por-uno” confiere a los inmigrantes una capacidad importante de negociación con agentes gubernamentales a la vez que le dan voz en la toma de decisiones sobre asuntos que afectan directamente a dichas comunidades.
Un segundo ámbito de acción se refiere al mejor aprovechamiento de las redes sociales de los migrantes en sus comunidades de destino para el desarrollo de coaliciones y alianzas con organizaciones civiles, sindicatos, organizaciones no gubernamentales, y otros actores políticos que buscan defender los derechos laborales, políticos y culturales de los inmigrantes. Es tal vez en este ámbito donde hay un camino más largo por recorrer. Por ejemplo, sólo recientemente políticos de origen latino y organizaciones chicanas en Estados Unidos han comenzado a fomentar un acercamiento con asociaciones de migrantes mexicanos en ciudades como Los Angeles al percatarse del enorme potencial de movilización que las redes sociales de estos migrantes ofrecen (Alarcón, 2000: 21). Particularmente, el uso de las redes y capital social de los trabajadores inmigrantes con fines de movilización sindical es un área que ofrece un enorme potencial que hasta ahora ha sido pobremente explorado. En un momento donde el nuevo sindicalismo en Estados Unidos está incorporado a trabajadores inmigrantes de bajos recursos como parte fundamental de su estrategia de revitalización (Milkman y Wong, 2000), las coaliciones entre sindicatos de determinadas industrias y asociaciones de trabajadores inmigrantes aparece como un campo particularmente fértil.
Para aprovechar el potencial que estas coaliciones pueden ofrecer, es sin embargo necesario superar algunos obstáculos que hasta ahora han dificultado el acercamiento entre ambos tipos de organizaciones. Por un lado, las asociaciones de inmigrantes han de superar el enfoque parroquial que caracteriza a muchas de ellas (Zabin y Escala, 1999: 35) ampliando su agenda de intereses para incorporar de manera más activa las necesidades que afectan a la población inmigrante que reside en Estados Unidos, como en el caso de la asociación de inmigrantes michoacanos en Chicago.
Por otro lado, los políticos, sindicatos, y asociaciones de Estados Unidos, han de desarrollar una mayor sensibilización y entendimiento de la propia comunidad inmigrante, sus formas de organización social, y la importancia que tienen tanto asociaciones institucionalizadas como otras agrupaciones de carácter más informal pero no por ello menos importantes como formas de articulación y cohesión social en dicha comunidad. Más allá de este ámbito, fundaciones filantrópicas, corporaciones, y agencias gubernamentales de los países de origen y destino de los migrantes interesados en la defensa de sus derechos habrán de buscar en el futuro formas de colaboración con estas asociaciones y desarrollar formas de cooperación con las mismas.
1   2   3   4   5


La base de datos está protegida por derechos de autor ©bazica.org 2016
enviar mensaje

    Página principal