8 de pentecostés a patmos una introducción a los libros de hechos a apocalipsis



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PARTE 2
PABLO Y SUS CARTAS

2

PABLO: VIDA Y MINISTERIO


Casi todo el mundo está de acuerdo en que, después de Jesús, Saulo de Tarso fue el líder cristiano más influyente de la primera generación del cristianismo. Se le atribuyen trece de las cartas que aparecen en el Nuevo Testamento. Se convirtió en el apóstol y misionero a los gentiles. Su comprensión de la doctrina cristiana preparó el camino para que aquella nueva religión se extendiera por todo el Imperio. Se trataba de una fe cuyas raíces estaban en el judaísmo, pero que se fue despojando de las restricciones nacionalistas y etnocéntricas que caracterizaban las relaciones entre los judíos y los gentiles en el primer siglo. Algunos estudiosos han llegado a decir, erróneamente, que él es el verdadero fundador del cristianismo. Una breve panorámica de su vida y ministerio, algo más detallada de lo que ya hemos visto en la primera parte, nos ofrecerá el trasfondo necesario para un estudio serio de sus cartas canónicas.

UNA PANORÁMICA DE LA VIDA DE PABLO


TRASFONDO Y EDUCACIÓN

El término que en Hechos 7:58 traducimos por «un joven» (neanios), solía hacer referencia a alguien entre los dieciocho y los veintidós años de edad.1 Si en este caso se usa de forma precisa, y si Esteban fue apedreado entre el año 30 y el 32 d.C. (ver 30), entonces Pablo habría nacido en torno al año 10 d.C. Al leer Hechos 9:11, 21:39 y 22:3, vemos que nació en Tarso, donde al parecer también pasó su infancia. Tarso era una comunidad multicultural y próspera, donde había varias escuelas de retórica, una universidad, una escuela de filosofía estoica y una comunidad minoritaria de judíos. Todas estas influencias presentes en los primeros años de la vida de Saulo se pueden apreciar en sus cartas.2 Pero los judíos solían vivir aislados de los demás, incluso en la diáspora, para reservar su propia cultura. Por eso es muy probable que, aun habiendo crecido en Tarso, Pablo recibiera la educación normal judía que se impartía a los niños entre cinco y doce años en la sinagoga local, lo que incluía la memorización y la interpretación de las Escrituras judías.3 Al llegar a los doce o trece años, es probable que lo celebraran con el antiguo equivalente del bar mitzvah, el rito de iniciación por el cual el joven se convertía en un «hijo del mandamiento», haciendo suya la religión judía y aceptando el «yugo de la Torá».

Por la información que encontramos en Hechos 22:3, algunos creen que la familia de Saulo se mudó a Jerusalén muy temprano, porque Pablo dice que se ha «criado en esta ciudad».4 Pero la estructura de esta frase en el original griego (que es una sola frase) puede sugerir que cuando dice «criado» se está refiriendo a la formación bajo Gamaliel, que habría sido posterior a su educación primaria. Así que el cambio de Tarso a Jerusalén podría haberse dado cuando decidió acceder a una formación más avanzada bajo el gran maestro Gamaliel, formación que habría recibido durante los trece y los dieciocho años de edad.5

LA VIDA DE PABLO ANTES DE SUS CARTAS 5–10 d.C.Nacimiento en Tarso 5–12 años de edadEducación primaria (?) 12–14 años de edad (?)Aprendizaje del oficio de fabricar tiendas 15–18 años de edad (?)Estudios en Jerusalén bajo el maestro Gamaliel 32–25 d.C. (veintitantos años de edad)Conversión/Llamamiento/Comisión Hasta el 47–48 d.C.«Años escondidos», y por fin ministrando en Antioquía de Siria Dado que los rabinos normalmente no recibían remuneración por su ministerio, también tenían que aprender un oficio, casi siempre como aprendices de un artesano del tipo que fuera. En ocasiones el que le enseñaba era el mismo padre del chico, quien le enseñaba su propio oficio. Si Pablo aprendió a hacer tiendas6 (Hechos 18:3) de su padre, lo más probable es que ese aprendizaje tuviera lugar durante los dos o tres primeros años después de acabar su educación primaria, y antes de marcharse a Jerusalén. En aquellos tiempos, la familia, y no solo la familia formada por los miembros más directos, solía mantenerse unida incluso cuando alguien decidía mudarse. Por ello, no sería de extrañar que toda la familia se mudara a Jerusalén con Saulo. El hecho de que la hermana de Saulo vivía en Jerusalén con su hijo (Hechos 23:16) podría sugerir que parte de la familia ya vivía allí antes de la llegada de Saulo, y que eso arrastró a que el resto de la familia se mudara a la capital. No obstante, también podría sugerir que eso permitió a los padres de Saulo quedarse en Tarso porque pudieron enviar a su hijo a casa de sus parientes. Como vemos, no hay forma de saber a ciencia cierta si Saulo llegó a Jerusalén acompañado de sus familiares.

Hace unos años, había una generación de estudiosos que veían con escepticismo las afirmaciones que aparecen en Hechos sobre la relación que Pablo tenía con Jerusalén ya desde bien temprano. ¿Cómo podía alguien que defendía la igualdad de los cristianos gentiles llamarse a sí mismo «fariseo, hijo de fariseos»? (Hechos 23:6). ¡Y lo hacía usando el tiempo presente, como si casi treinta años después de su conversión aún se asociara con aquel grupo que perseguía a los creyentes! La teología de Pablo tenía pocos puntos en común con la enseñanza de Gamaliel (o, al menos, con lo que conocemos de ella a partir de la literatura rabínica). Decían que era más importante observar las evidencias primarias (las cartas) que las evidencias secundarias (el testimonio de Hechos). Sin embargo, en 2a Corintios 11:22, Pablo se define —y lo hace en tiempo presente— como hebreo, israelita y descendiente de Abraham. En Filipenses 3:5 también se llama a sí mismo «hebreo de hebreos» (es decir, no un judío heleno, a pesar de que creció en la diáspora; ver arriba la 45) y fariseo, aunque luego aclara que ahora ya no se jacta de su origen racial, sino que por causa de Cristo, ya no le da ninguna importancia (v. 7).

Así, en ese momento en el que Pablo intenta dividir al Sanedrín proclamando la resurrección de Jesús, que en principio los fariseos no debían rechazar, es comprensible que use el tiempo presente. Y toda una generación de estudiosos que se han dedicado a estudiar de forma detallada las cartas de Pablo teniendo en cuenta el trasfondo del judaísmo del primer siglo ha demostrado que Pablo seguía totalmente inmerso en las Escrituras hebreas, totalmente influenciado por la forma judía de argumentar, totalmente interesado en las categorías teológicas judías del monoteísmo, la elección, la escatología, etcétera. Si no fuera por la formación que recibió, que en aquellos días solo podía obtenerse estudiando con un experto rabino, sería imposible explicar de dónde sacó esas habilidades y esas convicciones.7

A la vez, las costumbres y la cultura helenas se habían difundido de tal modo por todo Israel que, independientemente de la fecha en la que Pablo se mudara de Tarso a Jerusalén, se empapó de las diferentes dimensiones del pensamiento griego. No hay evidencias de que siguiera un estudio formal de literatura griega y retórica, pero alguien que frecuentaba los lugares de debate público, ya fuera en una ciudad o en la otra, en seguida se familiarizaba con el conocimiento básico y los conceptos populares, las palabras y proverbios de los filósofos y poetas más famosos, y las prácticas religiosas de aquella cultura. Sin embargo, la habilidad retórica del apóstol y el hecho de que en Tarso aún quedaban escuelas griegas de oratoria, podrían sugerir que después de la escuela, y antes de ir a Jerusalén, estuvo uno o dos años recibiendo una educación formal de corte más heleno. Y su conocimiento de la versión griega de las Escrituras hebreas, la Septuaginta, solo podría haberlo adquirido mientras aún era judío y vivía fuera de Israel.8 Todo este trasfondo, junto con la gran facilidad con la que más adelante se movería entre los líderes religiosos y políticos en las provincias en las que evangelizaba, sugiere que provenía de un estatus socioeconómico alto.9

¿Acabó Pablo sus estudios para ser rabino? La respuesta depende en gran parte de la interpretación que hagamos de Hechos 26:10, donde le dice a Agripa II que «yo manifestaba mi aprobación» cuando el Sanedrín discutía la posible ejecución de los cristianos a los que él había ayudado a arrestar. Si tomamos esta expresión de forma literal, entonces Pablo debía formar parte del Sanedrín, por lo que sí habría sido un distinguido rabí. Pero un joven de veintitantos años no podía ocupar un lugar de tanto honor, y la expresión en griego puede también usarse de forma metafórica para referirse a una aprobación más informal ante aquella decisión. Si Pablo había formado parte del Sanedrín, lo más probable es que lo hubiera mencionado en sus cartas cuando estaba luchando en contra de los judaizantes.10 El debate sobre su papel religioso tiene una relación directa con el debate sobre su estado civil. Todos los miembros del Sanedrín tenían que estar casados (b. San. 36b), y casi todos los rabinos lo estaban también. La cuestión es que tan solo un porcentaje muy pequeño de la población masculina se quedaba soltera durante toda su vida. La referencia que encontramos en 1a Corintios 7:8–9 a la soltería de Pablo podría indicar pues que hacia los cincuenta y tantos años de edad, estaba viudo o divorciado. Aunque más probable sería lo primero que lo segundo, pues en los círculos judíos pocas eran las mujeres que se podían divorciar de sus maridos y, a la luz de la enseñanza de Pablo en este capítulo (v. 10–16), es muy poco probable que él hubiera iniciado el divorcio, aun si su mujer no se hubiera convertido al cristianismo.11

Ya hemos hablado del celo y la lealtad al Señor que llevó a Saulo a perseguir a los cristianos. Si seguía creyendo que Jesús era un impostor y un blasfemo, su pensamiento «teo–lógico» seguiría impecable. N.T. Wright cree que las actividades de Saulo demuestran que era uno de los fariseos shammaitas más estrictos, a pesar de su formación bajo el hillelita Gamaliel, más indulgente.12 Podría ser cierto; ¡a veces los estudiantes optan por ideologías diferentes a las que sus maestros promovían! Muchos autores han intentado hacer un análisis psicológico de este personaje aparentemente volátil. Tan solo unos pocos han logrado hacer un estudio detallado basado en toda la información que encontramos en las Escrituras sobre este intrigante apóstol, y libre de especulaciones que el texto bíblico no respalda.13

Además, debemos tener en cuenta el trasfondo sociológico del mundo mediterráneo antiguo.14 Como cualquier persona en aquel tiempo, en lugar de definirse asociándose con un cierto tipo de personajes, Pablo se habría definido refiriéndose a los grupos con los que se identificaba. También observamos que ni en el texto biográfico de Lucas ni en los textos autobiográficos de las epístolas hay señales de que el apóstol fuera un «judío frustrado», es decir, alguien que hacía todo lo posible por intentar cumplir la ley, a la vez que reconocía que estaba muy lejos de la justicia de Dios. En su opinión, él sí cumplía la ley, ¡y lo hacía mucho mejor que otros! (ver más arriba, 54). Pero el dramático suceso en el camino a Damasco cambiaría su forma de entender las cosas).



CONVERSIÓN, LLAMAMIENTO Y COMISIÓN

Tradicionalmente, cuando se habla de su conversión se hace referencia al cambio radical de Saulo cuando pasó de perseguir a los del Camino a ser uno de sus seguidores más activos. ¿Pero significa eso de que Pabló comprendió que estaba cambiando de religión? (Pues eso es lo que el término significa normalmente). No, no fue así. Entendió que Jesús era el Mesías, una categoría netamente judía. Pero si la era mesiánica había llegado, entonces también se debía cumplir las profecías sobre el siervo de Dios, que sería luz para los gentiles (Is 42:6). Por fin se cumpliría la promesa de que la descendencia de Abraham traería bendición a todas las naciones de la tierra (Gn 12:3). Años después, Pablo hablaría de los cristianos como los verdaderos judíos (p. ej., Ro 2:28–29). Las creencias y las prácticas que empezó a adoptar representaban el cumplimiento de la Torá judía, y no su abolición (Gá 5:14). Quizá la evidencia más profunda de que Pablo aún se consideraba judío fue su disposición a someterse a las autoridades de la sinagoga en no menos de cinco ocasiones, dispuesto a recibir treinta y nueve latigazos (2Co 11:24). Sí él hubiera dicho que se había convertido a una religión completamente diferente, los líderes judíos habrían rechazado su mensaje pero no le habrían castigado de ese modo.

Simplemente le habrían etiquetado de apóstata, declarando que ya no estaba bajo su jurisdicción, y que ya no podía beneficiarse del pacto con Dios.15

Entonces, ¿la experiencia de Saulo en el camino a Damasco no fue una conversión? Algunos han dicho que solo debería verse como una llamada o una comisión a la siguiente etapa de su servicio a Dios.16 Sorprendentemente, se han mostrado más dispuestos a concederle a Pablo la etiqueta de «converso» los académicos judíos que muchos de los cristianos. El libro definitivo de Alan Segal demuestra que para ser un «converso» es suficiente con un cambio de identidades y comunidades religiosas.17 Aquel cambio de un judaísmo farisaico a un judaísmo mesiánico se caracterizó por una reorientación radical de creencia y convicciones, de conducta y comportamiento, de afiliación y amistades.18 Filipenses 3:1–11 resume la dramática ruptura con el pasado, la ruptura con aquellos valores etnocéntricos y nacionalistas. Su disposición a mezclarse de forma cercana con los gentiles en su trabajo misionero provocó, como ya era de esperar, más resentimiento y hostilidad por parte de los judíos tradicionales. De hecho, parecía que uno de los objetivos principales de su ministerio itinerante era «crear comunidades multiculturales de creyentes en Cristo formadas tanto por judíos como por gentiles».19

De todos modos, creemos que sí podemos describir el encuentro de Cristo con Saulo como un llamamiento y, también, como una comisión. En Gálatas 1:15, Pablo percibe que, como al profeta Jeremías en la Antigüedad, Dios le había apartado para este servicio desde antes de que naciera. Dios le «llamó por su gracia» y «tuvo a bien revelarme a su Hijo para que yo lo predicara entre los gentiles». De nuevo, en Romanos 15:15–16, Pablo explica que la gracia de Dios le llevó a ser «ministro de Cristo Jesús a los gentiles» con «el deber sacerdotal de proclamar el evangelio de Dios». Aunque nunca dejaría de evangelizar a los judíos (de hecho, cada vez que visitaba una comunidad nueva empezaba predicando a los judíos, siguiendo con la política de «primero a los judíos, y después a los gentiles» [Ro 1:16]), la cuestión es que pasó la mayoría de su tiempo con los griegos y los romanos. Por tanto, no es una exageración que dijera que a él se le había encomendado «predicar el evangelio a los gentiles, de la misma manera que se le había encomendado a Pedro predicarlo a los judíos» (Gá 2:7). Todas estas referencias autobiográficas confirman lo que Lucas declara en Hechos 22:21: que el Señor le había dicho a Pablo «Vete; yo te enviaré lejos, a los gentiles».20

Ya hemos observado que la consecuencia inmediata del encuentro de Saulo con el Cristo resucitado fue una reevaluación de los principios teológicos fundamentales (arriba, 53). Pero es lógico que eso le llevara a reevaluar también otras doctrinas secundarias. Si Dios tomó la iniciativa de acercarse a Pablo y redirigir su vida, no solo lo «salvó», sino que también lo reconcilió consigo mismo. Si la era mesiánica había llegado, entonces también era momento del cumplimiento del nuevo pacto prometido, y de un cumplimiento completo, con una total interiorización de la ley o de la voluntad de Dios. También era el momento para el derramamiento del Espíritu Santo. Dado que el Espíritu equipaba y daba dones según su elección soberana, independientemente del género, la práctica y la enseñanza de Pablo se empezaron a caracterizar por una orientación menos patriarcal hacia los roles en el hogar y en la iglesia. Así, generalmente hablando, la libertad marcada por el amor sería el elemento central de la ética paulina.21



EL MINISTERIO PAULINO MÁS ALLÁ DEL LIBRO DE HECHOS

La mayoría de lo que sabemos de la vida de Saulo como cristiano proviene de los episodios recogidos en el libro de Hechos, como ya hemos visto. Obviamente, esos episodios nos llegan filtrados a través de la visión teológica de Lucas. Los apuntes autobiográficos que Pablo incluye en las epístolas son igualmente subjetivos. Muchos desarrollan lo que no aparece en Lucas. ¿Qué otras cosas aparecen solo en las epístolas? ¿Qué podríamos inferir sobre el ministerio de Pablo si miramos otros documentos históricos de aquel periodo? ¿Podemos encontrar en el libro de Hechos y/o en las epístolas alguna información? ¿Y podemos hacer alguna generalización más sobre la carrera de Pablo que no haya salido de nuestro análisis detallado de Hechos?

Los periodos de tres y catorce años entre la conversión de Saulo y sus dos viajes a Jerusalén para encontrarse con los apóstoles (Gá 1:18; 2:1) quedan envueltos en un halo de misterio. Pero el ministerio que se describe en Hechos no empieza hasta después del segundo de esos viajes. No obstante, Hechos 9:20–22 nos recuerda que Saulo empezó a predicar a sus contemporáneos en Damasco casi inmediatamente después de su conversión, una vez recuperó la vista y las fuerzas. Así que es probable que su viaje por Arabia durante esos primeros tres años (Gá 1:17) no tuviera otro propósito que el de predicar. Quizá ya se dio cuenta de que no debía evangelizar donde ya había otros llevando a cabo un ministerio (Ro 15:20; 2Co 10:16). Los árabes, a través de Ismael, también eran descendientes de Abraham, y vivían relativamente cerca (y no muy lejos de Jerusalén donde él había estado viviendo), por lo que era lógico ir a llevarles el evangelio.22

Durante el segundo periodo que Hechos omite, éste de catorce años, Saulo probablemente pasó la mayoría del tiempo sirviendo en Tarso y alrededores. En Gálatas 1:21 dice que durante ese tiempo fue a las provincias de Siria y Cilicia. Sabemos que Siria incluía la ciudad de Damasco, del mismo modo que Cilicia incluía la ciudad de Tarso. Hechos 9:30 explica que después del primer encuentro en Jerusalén los cristianos lo enviaron a Tarso para evitar a los que lo querían atacar. Es lógico que se les ocurriera enviarle a su ciudad natal. Entonces, en 11:25, Bernabé fue a Tarso a buscar a Saulo y llevarlo a Antioquía de Siria, donde sirvieron juntos durante un año, al parecer justo antes de la segunda visita de Pablo a Jerusalén. Las referencias a Cilicia en Hechos 15:23, 41 respaldan la idea de que Pablo ya había estado ejerciendo su ministerio en aquella región; si no, ¿por qué el decreto apostólico estaba dirigido a ellos tanto como a los de Antioquía de Siria y alrededores? Si no, ¿por qué iba a viajar por las dos regiones «consolidando las iglesias»?23 Si Pablo no hubiera tenido un ministerio eficaz durante esos años «escondidos», sería difícil explicar por qué Bernabé querría llevarle a Antioquía como su ayudante o por qué Pablo eclipsó a su compañero de una forma tan rápida.24 El tiempo de Pablo en Antioquía le dio una nueva estabilidad e integración en el cuerpo de una iglesia local, que se convertiría en su «base» para sus próximos viajes.25

Los tres principales viajes misioneros de Pablo, al menos tal y como se conocen tradicionalmente, nos presentan a un Pablo que va avanzando hacia el Oeste, y con el deseo de llegar hasta el final del mundo conocido en España (Ro 15:24). El principio de llegar cada vez más lejos lo irá poniendo en práctica durante toda su carrera, pero, ¿por qué ir hacia el Oeste, en lugar de hacia el Norte, el Este o el Sur? Isaías 66:18–19 profetiza que el Señor reunirá a todas las naciones, en parte enviando mensajeros a los pueblos al oeste de Israel, incluyendo Grecia, España «y las costas lejanas que no han oído hablar de mi fama ni han visto mi gloria». Si Pablo recibió un llamamiento especial para evangelizar a los gentiles, fácilmente pudo interpretar este texto creyendo que debía ir hacia el oeste.26 En Romanos 15:19, sugiere que ha predicado «habiendo comenzado en Jerusalén…hasta la región de Iliria» (la actual Albania), un arco relativamente contiguo a la «mitad» occidental y de habla helena, del Imperio. Eso hace pensar que realizó mucha más actividad evangelística de la que se recoge en el libro de Hechos, aunque sin duda alguna está haciendo referencia a que hubo obra misionera y establecimiento de iglesias en todas las regiones principales. Así, no es de sorprender que en este capítulo describa su deseo de llegar a la otra mitad occidental y de habla latina: de Roma a España (v. 23–24).

Se puede extraer alguna generalización más de este periodo de la obra misionera de Pablo. Michael Gorman resume los roles del ministerio de Pablo de la siguiente forma: predicador itinerante, constructor de comunidades, y siervo sufriente.27 No podemos llegar a imaginar ni tan siquiera las dificultades asociadas a todos aquellos viajes, gran parte de los cuales los hizo a pie. Las dificultades incluían el mal tiempo o un terreno en malas condiciones, los ataques de los ladrones, y el cansancio y desgaste del cuerpo. Y si unimos eso a la persecución a causa de su predicación del cristianismo, llegaremos a la conclusión de que era una persona de constitución fuerte (una observación que no casa con algunas de las teorías sobre su «aguijón en la carne» de 2Co 12:7). Varios de los sufrimientos que Pablo enumera en 2a Corintios 11:23b–33 quedan reflejados en Hechos; pero no todos. Al menos mientras viajaba, su vida consistió casi exclusivamente en luchar por sobrevivir.

A la vez, cabe destacar que todo eso no lo hizo solo. En todos los viajes misioneros de los que tenemos información siempre iba acompañado de jóvenes colegas de viaje (a excepción quizá de Bernabé) a los que Pablo formaba y discipulaba. Pero en sus epístolas con frecuencia describe a esos acompañantes como colaboradores, como compañeros de milicia, como esclavos o prisioneros, alabándoles por el duro trabajo y también por sobrevivir a las dificultades. La misión era un trabajo en equipo.28 El éxito de estos equipos ministeriales se debe al espíritu fraternal que había entre ellos, a que nadie intentaba dominar, y al servicio en amor que se brindaban los unos a los otros y a los de afuera.29 Los éxtasis, incluso las experiencias místicas, como la visión del cielo que Pablo describe en 2a Corintios 12:1–6, podrían haberle sostenido durante sus horas más oscuras.30

Las metáforas que Pablo usa en sus cartas para describir su ministerio misionero y pastoral también son muy esclarecedoras: mensajero, sembrador, constructor, padre/madre/nodriza, y sacerdote. Su papel es el de ser representante de Dios, encargado con la tarea de iniciar ministerio en diversos lugares, devoto a su gente como si fueran de su familia o amigos de sus familiares, ofreciéndose como mediador informal entre ellos y Dios.31 Alguien que había aprendido el oficio de fabricar tiendas y que se había formado para ser rabino farisaico probablemente procedía de una familia acomodada (ver arriba, 102). Pero como se sustentó con aquel trabajo manual en la mayoría de las ciudades en las que estuvo, y aceptó dinero para el ministerio solo cuando venía de iglesias a las que no estaba sirviendo en aquel momento, la mayoría de gente debía pensar, sobre todo según las normas sociales del mundo grecorromano, que su estatus era deshonroso.32

Muchos no tenían ningún respeto por el apóstol. En algunos círculos se le odiaba a muerte; de ahí, la persecución incesante que experimentó. Elizabeth Castelli acusa a Pablo de la más vil de las manipulaciones a la hora de ejercer su autoridad apostólica con mano severa, que podría explicar parte de la oposición que sufrió.33 Y es cierto que cuando los judaizantes y otros falsos maestros le atacaban, Pablo contraataca haciendo hincapié en que su autoridad es igual a la de los apóstoles de Jerusalén (ver esp. Gá 1–2; 2Co 10–13; Fil 3). Además, también amenaza a varias congregaciones con una acción disciplinaria severa, intentando avergonzarles para que tengan un buen comportamiento, y cuando las advertencias no surgen su efecto, lleva a cabo sus amenazas (cf. p. ej., 1Co 4:14–21 y 5:1–5). Pero la breve carta a Filemón nos presenta al maestro del tacto y la persuasión, que prefiere no usar la autoridad que podría haber ejercido. Pero en una sociedad patriarcal e imperial como la de sus días, no fue su carácter autoritario lo que debió de llamar la atención, sino el liderazgo servicial que ejerció en numerosas ocasiones (p. ej., 1 Co 3; Fil 2:5–11), incluyendo el servicio en medio del sufrimiento (p. ej., 1 Co 4:8–13; 2Co 4:7–12; 6:3–10).34

¿Podemos descubrir alguna información nueva que no apareciera en Hechos sobre los últimos días de Pablo? Además del testimonio de Clemente y Eusebio que sugieren que lo dejaron ir de prisión, pero que poco después lo volvieron a arrestar y acabó ejecutado (ver arriba, p. 93), podríamos añadir lo siguiente: el canon muratorio de mediados o finales del s. II dice que Lucas omitió el viaje que Pablo hizo «saliendo de Roma rumbo a España».35 Probablemente del mismo periodo, la obra Hechos de Pablo (11:3–5) describe su ejecución por decapitación en Roma durante la persecución de Nerón (entre el año 64 y 68, demasiado tarde para coincidir con el encarcelamiento de Hechos 28:16–31).36 En el siglo IV, Jerónimo se hace eco de las palabras de Eusebio cuando dice que Pablo fue puesto en libertad de su primer encarcelamiento en Roma (De viris illustribus 5). Numerosas tradiciones locales en España se basan en la convicción de que el apóstol llegó y evangelizó partes del país. Si también llevó a cabo los planes que comenta en las epístolas pastorales de visitar de nuevo ciertas partes del este de Italia, estas visitas podrían haber tenido lugar tanto antes como después del viaje a España.

Pero es difícil determinar en qué momentos estos documentos cruzan la línea entre la realidad y la ficción. Otras informaciones, transmitidas a través de la tradición cristiana más tardía, parecen ser totalmente ficticias. Por ejemplo, Crisóstomo escribió que Nerón se vengó de Pablo por haber convertido a su concubina favorita. Otra historia cuenta que la cabeza de Pablo botó tres veces en el suelo después de que lo decapitaran, ¡y en los lugares en los que botó brotó agua!37 Como resultado, muchos académicos creen que toda la «información adicional» sobre la vida de Pablo después del final del libro de Hechos es poco fiable y que estuvo en la cárcel desde el momento en el que le arrestaron hasta su ejecución.

Después de todo, también surgieron leyendas apócrifas sobre el ministerio de Pablo, muchas de ellas convirtiéndole en un predicador asceta, figura que no coincide para nada con el Pablo de las epístolas. La más famosa de ellas es una novela dramática sobre una mujer casada, Tecla, ¡que se enamoró tanto no solo del evangelio sino también del celibato del que Pablo hablaba que dejó a su marido para convertirse en compañera de viaje y colaboradora de Pablo! (Hechos de Pablo 3). Las presentaciones apócrifas de Pablo también muestran a un apóstol que hacía numerosos milagros similares a las curaciones, los exorcismos y la resurrección que aparecen en el libro de Hechos. Estas dos tendencias convergen en una de las leyendas más extrañas asociadas con el apóstol. Después de bautizar a un león que se le acercó porque quería convertirse al cristianismo y convertirse en un asceta, se encuentra en la arena para ser devorado por una bestia «feroz» que resulta ser ese mismo león. Aprovechando una oportuna tormenta de granizo, prisionero y león escapan juntos. Esta leyenda es la que inspiró el famoso remake de George Bernard Shaw de un paralelo parcial de la antigua historia griega Androcles y el León.38

En cuanto a la Iglesia o el Santo Sepulcro que marcan el lugar en el que Jesús fue ejecutado, en Roma también se construyó una iglesia para conmemorar el lugar donde se cree que Pablo murió y fue enterrado. Se llama San Pablo Extramuros y es la iglesia más grande de Roma después de la Basílica de San Pedro en el Vaticano. Nunca se ha realizado una excavación minuciosa. Pero de nuevo, igual que ocurre con el lugar que conmemora la muerte de Jesús, la tradición de que ese es el lugar exacto se remonta a los días de Constantino, en este caso confirmado por una inscripción que afirma que Pablo murió como mártir. Hay tres factores que nos hacen pensar que es muy poco probable que los cristianos devotos de Pablo se inventaran la ubicación: (1) en ese lugar había un cementerio pagano; (2) era un lugar muy estrecho entre dos caminos; y (3) el terreno era pantanoso, pues estaba al lado de la cuenca del río Tíber.39

Independientemente de los detalles inciertos en torno a la vida de Pablo después de Hechos, su martirio culmina una vida de imitación de Cristo. Esa vida empezó después de abandonar la lucha que había emprendido de joven, lucha en la que convirtió a muchos seguidores de Jesús en mártires. Pero se dio cuenta de que otros cristianos seguirían su camino hasta la persecución e incluso el martirio, pues ellos también imitaban a su Señor. Está claro que ni Pablo ni ningún otro creyente expiaron los pecados de nadie a través de su sufrimiento, pero a través de ese sufrimiento muchos demostraron la autenticidad de su fe, su crecimiento como discípulos, y su derecho al liderazgo.40





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