8 de pentecostés a patmos una introducción a los libros de hechos a apocalipsis



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PABLO Y SUS CARTAS


EPISTOLOGRAFÍA HELENA

La forma y estructura de una epístola hasta hace aproximadamente cien años, para hacer un estudio comparativo de las cartas de Pablo, los estudiosos solo contaban con las obras clásicas de la antigua Grecia, entre las cuales encontramos epístolas de un gran valor literario. Pero en las décadas previas a la Primera Guerra Mundial, Adolf Deissmann tradujo y analizó un gran número de papiros recién encontrados, papiros no literarios y provenientes principalmente de Egipto. Deissmann constató una gran diferencia entre la adornada retórica de las cartas clásicas y la sencilla prosa de los papiros, y llegó a la conclusión de que el estilo y la forma de Pablo estaban más cerca de los papiros que de las cartas clásicas.41 Hoy en día los estudiosos colocan las epístolas de Pablo justo en medio de esos dos extremos, entre la escritura formal y la informal, pero el estilo personal y a veces informal de las epístolas paulinas siguen apuntando a una mayor afinidad con las no literarias.42

La mayoría de las cartas del Nuevo Testamento que se le atribuyen a Pablo (incluso las que son un tanto extensas) responde a la estructura de las cartas helenas sencillas, breves y libres de florituras literarias: (1) La carta empezaba con una introducción que contenía (a) el nombre del autor, (b) los destinatarios, y (c) un breve saludo. (2) Le seguían unas palabras de gratitud y /o el deseo u oración por el bienestar de los destinatarios. (3) El cuerpo de la carta venía a continuación, (a) donde aparecía la información principal que el escritor quería comunicar, seguida de (b) una sección de peticiones o exhortaciones si eran necesarias. La carta concluía con (4) los saludos finales.43

La razón por las cual las cartas de Pablo difieren del formato convencional se debe a la naturaleza claramente teológica de la correspondencia del apóstol. Tanto la introducción como las palabras de gratitud son explícitamente cristianas, y normalmente esas palabras de gratitud ya desvelaban cuáles serían los temas principales del cuerpo de la carta.44 El cuerpo de la carta suele ser más extenso de lo normal, estructurado de forma esmerada; y normalmente hay muchas más exhortaciones que en los paralelos de los papiros. Los saludos finales pueden resumir los temas principales de la carta y recogen los nombres de una o más personas que, junto con Pablo, envían sus saludos a los destinatarios.45 Aun así, en comparación con los grandes poetas y dramaturgos de la Grecia de los siglos cuarto y quinto antes de Cristo, el estilo de Pablo resulta considerablemente sencillo.

CARTA GRECORROMANA TÍPICA
Saludos

• X saluda a Y

Oración y/o acción de gracias

Cuerpo


• Información principal

• Exhortación o petición

Saludos finales

Usos de la Retórica. Lo que no es tan sencillo es asociar la retórica de Pablo al modelo de escritura no literaria de aquel entonces. En el mundo mediterráneo antiguo existían principalmente tres géneros de retórica: judicial o forense, deliberativa y epidíctica. La retórica judicial se usaba en los tribunales (o en situaciones equivalente) para pronunciar un veredicto. La retórica deliberativa predominaba en la asamblea cuando los oradores argumentaban los pros y los contras de las medidas que se presentaban. La retórica epidíctica era o de alabanza o de crítica, y se usaba en las aulogias de los funerales o en los concursos de oratoria que tenían lugar en el contexto de la vida pública.46 Algunas de las cartas de Pablo contienen combinaciones de dos o más géneros retóricos, y algunas de ellas son más difíciles de clasificar que otras, aunque es útil hacer un análisis detallado. Gálatas parece hacer uso de la retórica judicial cuando Pablo se dirige de forma condenatoria a los judaizantes. 2a Tesalonicenses utiliza principalmente la retórica deliberativa, pues Pablo propone cierta perspectiva de la escatología para apaciguar el fervor de algunos miembros de la congregación. Por otro lado, Efesios contiene unas largas dosis de discurso epidíctico, alabando a Dios por lo que ha hecho en Cristo por la humanidad.

De hecho, los bosquejos de los discursos helenos antiguos resultan mucho más útiles. Como las cartas, los discursos también estaban estructurados en una serie de secciones que se podían modificar o subdividir, a las que se podían añadir otras subsecciones. El bosquejo típico incluía el exordium (o introducción), la narratio (que explicaba la naturaleza del tema que se iba a tratar), la propositio (la tesis que se iba a defender), la probatio (argumentos o evidencias), la refutatio (la refutación de los argumentos contrarios) y la peroratio (resumen y apelación final).47 Más adelante (ver p. 142) presentaremos un bosquejo de Gálatas en esta línea, bosquejo que ha tenido muy buena acogida.

Los escritores de buenos discursos prestaban una esmerada atención a tres dimensiones de su oratoria: el ethos, el pathos y el logos. El ethos consistía en «una apelación a la naturaleza moral del orador»; el pathos, «una apelación a las emociones»; y el logos, «una apelación a la lógica».48 La probatio o sección de evidencias del cuerpo de la carta podía contener estos tres elementos. Los buenos escritores y oradores sabían que con cada uno de esos elementos lograrían apelar y persuadir a diferentes tipos de oyentes, en diferentes momentos, así que daban igual importancia a los tres. ¡Entonces, como ahora, apelar a las emociones a veces podía dar más resultado que apelar a la lógica o a la moral!49

De los análisis retóricos que se han hecho de las cartas de Pablo, muchos han sido rechazados porque las cartas no son discursos. Pero dado que las cartas en la Antigüedad se escribían para ser leídas públicamente, no había una diferenciación tan clara entre estos dos géneros. No podemos decir que todas las cartas, ya sean de Pablo o de cualquier otro autor, seguían un bosquejo retórico concreto. Lo que deberíamos hacer es analizar las propuestas que los estudiosos han hecho antes de rechazarlas, y también antes de aceptarlas de forma ciega.50



Modificaciones judías. En cuando a cartas judías, se han conservado muchas menos. Las que nos han llegado, muchas son muy similares a las cartas helenas debido a la influencia de las culturas no judías a la que se veían sometidas las comunidades judías en todo el Imperio. Otras se parecen mucho a la forma epistolar que veremos cuando analicemos las «cartas generales». No es de extrañar que Pablo introdujera numerosas técnicas judías de argumentación y análisis, especialmente en las citas y aplicaciones de textos del Antiguo Testamento. Varias formas de interpretación midrásica presentan una amplia colección de mecanismos de comentario exegético diseñados ya sea para explicar el significado y/o la importancia de los textos opacos o para contemporizar a la época del autor las leyes y los textos de siglos atrás que a primera vista no parecen tener la relevancia que una vez tuvieron.51 Las interpretaciones pesher ven el cumplimiento de la profecía antigua en los días del autor, ya sea una profecía de predicción o tipológica. Estos son los principales mecanismos interpretativos hebreos que aparecen en las cartas de Pablo, pero podríamos mencionar muchos más.52

Otras consideraciones. En un mundo en el que se habían mejorado mucho las comunicaciones y ya era posible hacer viajes muy largos, las cartas eran un excelente medio para sustituirle a uno en caso de ausencia prolongada. En el mundo antiguo, si los destinatarios vivían muy lejos, no se solía tratar por carta los temas realmente serios. Solo había en casos realmente excepcionales.53 Quizá el ejemplo más dramático de una excepción así en las epístolas es el veredicto de excomulgar (¿o matar?) al inmoral de la iglesia de Corinto (1Co 5:1–5). Pablo usaba las cartas para tratar controversias ideológicas o de conducta que afligían a sus lectores.54 Aunque eso sí existía en el género epistolar heleno, no se hacía con la contundencia y la frecuencia en la que el apóstol lo hizo. También, vemos que Pablo se dirigía más bien a comunidades enteras (es decir, iglesias o grupos de iglesias), algo que no se acostumbraba a hacer en el género epistolar informal y no literario. Como veremos más adelante, incluso las cuatro cartas dirigidas a personas concretas (1a y 2a Timoteo, Tito y Filemón) contienen partes dirigidas a las congregaciones que esos hombres están liderando.

GÉNEROS Y FORMAS QUE LOS COMPONEN

Los principales géneros epistolares. El autor anónimo del siglo I a. C., que firmó la obra Sobre el estilo con el nombre de Demetrio, elaboró una lista de no menos de veintiún subgéneros epistolares. Los más comunes de estos subgéneros incluían cartas de amistad, cartas a la familia, cartas de alabanza o de acusación, cartas de mediación y cartas apologéticas. También eran muy comunes las cartas de exhortación o consejos, que a su vez se podían subdividir en disuasión, sermón, consolación, amonestación, reproche, etc.55 En el análisis que haremos de cada una de las epístolas del Nuevo Testamento, sugeriremos a cuáles de estos géneros epistolares se acercan.

Una clasificación de las cartas grecorromanas menos completa es la que diferencia entre la correspondencia pública y la oficial. En esta clasificación se puede identificar principalmente tres grupos: «informes dirigidos a un cuerpo constituyente», «los informes administrativos o ejecutivos», o «de un ciudadano a las autoridades públicas». Estas amplias categorías a su vez pueden clasificarse en tipos más concretos, como cartas de la Embajada, edictos reales, encomios honoríficos, cartas de recomendación, etcétera.56 En nuestro análisis de las cartas de Pablo también mencionaremos alguno de estos tipos epistolares. Está claro que cuanto más podamos identificar el género de una carta, que a la vez nos da pistas sobre los propósitos del autor y sobre la forma en la que los receptores recibirían la carta en cuestión, mejor podremos interpretar su significado para los receptores originales y para nosotros.



Formas literarias dentro de las cartas. Los intérpretes nos avisan de que dentro de las cartas encontraremos otras formas literarias. Aunque ninguna carta en su totalidad encaja con el antiguo género de la diatriba (diferente al uso actual que hacemos de dicho término para referirnos a una invectiva ininterrumpida), en algunas partes de Romanos tenemos a un Pablo que responde a las posibles objeciones que sus argumentos podrían suscitar (p. ej., Ro 2:1–4, 17–24; 3:1–9, 27–31; 4:1–3, 9–12; 6:1–4, 15–18; etc.). Sea que sus opositores fueran reales, sea que fueran imaginarios, así es como funcionaba una diatriba antigua.57 Algunas de las cartas de Pablo contienen listas de virtudes o de vicios, extensas listas de atributos y acciones que los cristianos deberían o poner en práctica o evitar. Por ejemplo, Romanos 1:29–31; 1a Corintios 6:9–10; y Gálatas 5:19–23. Una rápida comparación de estas listas con las listas de vicios y virtudes de los documentos romanos, griegos o judíos de aquel entonces nos permite las similitudes y las diferencias. Por ejemplo, la humildad era más valorada en el judaísmo y el cristianismo que en la religión y la filosofía grecorromana, en la que de hecho se veía como una debilidad.58 Lo mismo ocurre hoy en un buen número de culturas no cristianas, de lo que se desprende que la humildad es una característica que los creyentes deberían esforzarse en cultivar para que la gente pueda ver claramente lo que Jesús puede hacer en la vida de una persona.

1a Corintios contiene una serie de ejemplos (algunos de ellos bien claros; otros, más debatibles), de eslóganes que algunos miembros de la congregación habían adoptado. La mayoría de comentaristas están de acuerdo en que, si no fuera así, Pablo no habría dicho «todo me está permitido» (1Co 6:12), por más que predicara la libertad que el evangelio aportaba. Así, la NVI pone esa declaración entre comillas las dos veces que aparece en ese versículo, dando a entender que Pablo está rebatiendo esa idea, que algunos miembros de la congregación defendían. ¿Pero podemos usar este mismo método para despachar el problemático texto de 14:34–35 que silencia a las mujeres? Probablemente no. Estos versículos no parecen un eslogan, pues no se trata de una frase breve y fácil de memorizar; los versículos 36–38 presentan la forma típica de una refutación.59

En cuanto al debate sobre los roles del hombre y la mujer en casa y en la iglesia tenemos los códigos de deberes domésticos. Estas secciones de las cartas de Pablo (que encontramos sobre todo en Ef 5:22–6:9 y Col 3:18–4:1) definen las responsabilidades de las autoridades y los subordinados en las relaciones entre gobiernos y ciudadanos, amos y esclavos, padres e hijos, maridos y esposas, ancianos y otros miembros de la iglesia, etcétera. De nuevo, si hacemos una comparación con los códigos no cristianos de aquella época nos permite apreciar lo abierto que Pablo es en cuanto al rol de la mujer, a pesar de los ataques que ha recibido por parte de las feministas modernas.60

Por último, prestaremos atención a unidades independientes de contenido doctrinal que afirman numerosas verdades teológicas (y especialmente cristológicas) clave, normalmente con una estructura poética (nos referimos al texto griego, claro está). A estas unidades se las ha llamado credos, confesiones o himnos. Filipenses 2:6–11 nos ofrece el ejemplo más claro de ese tipo de «himnos» y de esos momentos en los que Pablo parece estar adoptando (y a veces adaptando) material que se conocía y usaba ampliamente entre los cristianos de la iglesia primitiva. Según la mayoría de estudiosos, Colosenses 1:15–20 y 1a Timoteo 3:16 son también credos o himnos paulinos.61 Dado que alguno de estos pasajes contiene algunas de las afirmaciones sobre Jesús más elevadas, y dado que deben ser anteriores a la década de los años 50 (años en los que Pablo escribió la mayoría de sus cartas), podemos decir que en el cristianismo primitivo ya había una clara Cristología. Esto sirve de respuesta a aquellos que dicen que la Cristología apareció más tarde, dos o tres generaciones después y en una cultura que ya no tenía nada que ver con la cultura de Jesús.62

Hay otros segmentos de las cartas de Pablo que, aunque giran en torno a una sola doctrina cristiana, también parecen tener un estilo propio y parecen lo suficientemente independientes del contexto en el que aparecen como para hacernos pensar que forman parte de una tradición prepaulina. Las veces en las que Pablo dice que está transmitiendo lo que él ha recibido, confirman esta hipótesis. Probablemente el más significativo de todos los ejemplos sea la forma en la que escribe sobre la muerte, sepultura y resurrección de Jesús, completándolo con una lista de todos los testigos oculares de aquel increíble suceso (1Co 15:3–7). Incluso el ateo Gerd Lüdemann, que atribuye la experiencia que los discípulos tienen de la resurrección al subjetivismo, reconoce que el testimonio que Pablo cita aquí ya debía de formar parte de la instrucción básica para todos los nuevos cristianos. Si Pablo se convirtió en el año 32 d.C., entonces, en menos de dos años después de la muerte de Jesús, la creencia de su resurrección física ya estaba reconocida como una doctrina principal. Queda claro, pues, que, para explicar esta creencia, ¡no sirve decir que es el producto de las leyendas helenas que surgieron décadas después, cuando el contexto judío original y la verdad sobre el suceso ya habían caído en el olvido!63

La naturaleza ocasional del género epistolar. De toda esta discusión sobre el género epistolar extraemos que, de los principales géneros de los que está compuesto el Nuevo Testamento (Evangelios, Hechos, Epístolas y Apocalipsis), las cartas son el género más ocasional. Es decir, se escribieron en una ocasión concreta para tratar las circunstancias concretas de las congregaciones a las que están dirigidas. Aunque los otros tres tipos de textos también se escribieron para un grupo específico de personas, la naturaleza de sus contenidos sugiere que la intención original fue que rápidamente llegara también a otras personas. Es cierto que algunos de los contenidos de las cartas de Pablo son más generales que otros. Romanos es el ejemplo más claro de párrafos y párrafos de material más general. No obstante, al igual que con todas las epístolas, hemos de intentar saber lo máximo posible sobre las personas a las que iba dirigida la carta. Como ocurre con muchos tipos de cartas a lo largo de la historia de la humanidad, muchos de los detalles que aparecen en ellas pueden ser bastante personales, muchas de las instrucciones están dirigidas a personas concretas, y muchas veces se da por sentado que ya se conoce el tema del que se está hablando, pues el autor conoce a los receptores lo suficiente como para saber qué saben y qué no saben.64

Por tanto, debemos aprender a discernir qué instrucciones de una epístola son para aplicar a todos los cristianos en todas las épocas y lugares, y cuáles se deberían aplicar de forma diferente según el contexto. Para reconocer si un material está pensado exclusivamente para una situación específica, existen cuatro principios a tener en cuenta, que se pueden aplicar a modo de pregunta: (1) ¿El contexto inmediato recoge un mandamiento aparentemente contradictorio? (2) La instrucción en cuestión, ¿parece contradecirse con otras enseñanzas del mismo autor? (3) ¿La lógica que hay detrás de la orden concreta no funciona en una cultura diferente a la cultura del autor? (4) ¿En la carta se dice de forma explícita que esa enseñanza es para una situación única? Complementando lo anterior, añadiremos dos preguntas más que, en caso de tener una respuesta afirmativa, sugieren que estamos ante una enseñanza normativa o atemporal: (5) Si hay un mandamiento, ¿apela a la forma en que Dios estableció las cosas en tiempos del Antiguo Testamento o la forma en la que las restablece en tiempos del Nuevo Testamento? (6) ¿Refleja la enseñanza un principio universal, ya sea de forma explícita o implícita? Para progresar en este área de la interpretación, un buen ejercicio es consultar ejemplos de todos estos principios.65





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