8 de pentecostés a patmos una introducción a los libros de hechos a apocalipsis



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PABLO Y JESÚS


Para muchos lectores de las epístolas de Pablo, resulta un tanto extraño que el apóstol apenas cite las enseñanzas de Jesús. Y a excepción de la muerte y la resurrección de Cristo, tampoco menciona hechos de Jesús. Los temas principales del Jesús de los Evangelios Sinópticos, que según muchos estudiosos representan la imagen más aproximada que podemos tener del Jesús histórico, casi no aparecen en las epístolas. Y lo mismo ocurre a la inversa: los temas principales de Pablo apenas aparecen en los Sinópticos. Toda la enseñanza de Jesús gira en torno al reino de Dios; mientras que el tema principal de Pablo es la justificación. Un Jesús judío que predica un mensaje de arrepentimiento a sus correligionarios principalmente pertenecientes a la nación de Israel, da paso a aquel apóstol a los gentiles que estableció que la iglesia de Cristo estaba formada por judíos y por no judíos, y que todos ellos eran iguales antes el Señor. El maestro de Nazaret que casi nunca hace una declaración directa sobre su identidad, aparece en las epístolas proclamado como Mesías, Señor, e Hijo de Dios. ¿Cómo podemos explicarlo? ¿La comprensión que Pablo tenía de las buenas nuevas de Cristo se aleja de los énfasis que hacía el Jesús histórico?95

De hecho, aunque hay pocas citas directas de Jesús en las epístolas, sí hay un buen número de alusiones. Dado que los Evangelios aún no se habían escrito, y por ello, el conocimiento que Pablo tenía de las enseñanzas de Jesús debía venir de la tradición oral, no sorprende la falta de citas verbatim. De hecho, es más bien normal. En los casos en los que la «liturgia» cristiana dio paso a la fijación de ciertas tradiciones, sí encontramos citas directas; obsérvese la interpretación que Pablo hace de las palabras de Jesús sobre el pan y el vino durante la última cena en 1a Corintios 11:23–25 (cf. esp. Lucas 22:19–20). Las referencias a los mandamientos éticos de Jesús sugieren que Pablo conocía sermones enteros sobre este tema, y no tan solo dichos aislados. Así, Romanos 12:14 cita el Sermón del Monte/Llano (Lucas 6:28; Mt 5:44), concretamente el mandamiento de bendecir y no maldecir a aquellos que persiguen a los creyentes. En el versículo 17, Pablo sigue Mateo 5:38 mencionando el tema de no pagar mal por mal, mientras que los versículos 18–19 al parecer aluden a Lucas 6:27, 36, que hablan del amor a los enemigos. Los ejemplos en los que Pablo hace referencia a enseñanzas éticas de Jesús incluyen también: aquellos que predican el evangelio deben recibir su sustento (1Co. 9:14; cf. Lc 10:7); las instrucciones sobre el divorcio (1Co. 7:10; cf. Mr 10:2–12 par.); el mandato de pagar los impuestos (Ro 13:7; cf. Mr 12:17 par.); y la insistencia de que Jesús declaró que todos los alimentos son puros (Ro 14:14; cf. Mr 7:18–19 par.).

En cuanto a cuestiones teológicas, Pablo alude a las creencias de Jesús sobre todo cuando trata el tema de la escatología. De nuevo encontramos un conjunto de referencias, esta vez al discurso en el monte de los Olivos (Mt 24–25 par.), en textos como 1a Tesalonicenses 4:15, donde habla de la resurrección de los creyentes al son de la trompeta (cf. Mr 13:26 y Mt 24:31); 1a Tesalonicenses 5:2, 4, donde usa la comparación del ladrón en la noche (cf. Mt 24:43–44 par.); 1a Tesalonicenses 5:3, donde se habla de los «dolores de parto» anteriores a la venida del Mesías (cf. Mr 13:8 par.); y 1a Tesalonicenses 5:4–6, que habla de estar alerta (cf. Mr 13:33 y las parábolas relacionadas). De nuevo, la lista de ejemplos podría ser mucho más larga.96

En cuanto a los hechos de Jesús, Stanley Porter ofrece un catálogo seguro, hasta minimalista, de todo lo que sin duda alguna Pablo conocía de Jesús: «Nació como humano (Ro 9:5) de una mujer y bajo la ley, es decir, como judío (Gá 4:4); era descendiente de David (Ro 1:3; 15:12) aunque no era como Adán (Ro 5:15); tenía hermanos, entre los cuales había uno llamado Jacobo (1Co 9:5; Gá 1:19); había celebrado una cena la noche que fue entregado (1Co 11:23–25); fue crucificado y murió en una cruz (Fil 2: 8; 1Co 1:23; 8:11; 15:3; Ro 4:25; 5:6, 8; 1Ts 2:15; 4:14, etc.); fue enterrado (1Co 15:4) y resucitó tres días después (1Co 15:4; Ro 4:25; 8:34; 1Ts 4:14, etc.); y Pedro, los discípulos y otros lo vieron resucitado (1Co 15:5–7)».97

Algunas otras alusiones podrían apuntar a que Pablo sabía del nacimiento virginal de Jesús (Gá 4:4), que fue bautizado por Juan (Gá 4:6), que vivió una vida sin pecado (1Co 5:21), de su preocupación por los pobres (2Co 8:9), de la transfiguración (2Co 3:18), de su liderazgo basado en el servicio (1Co 10:1), etcétera.

Las comparaciones teológicas amplias demuestran que la distancia entre Jesús y Pablo no es tan grande como muchos han creído. El término «justificación» lo usamos para traducir la palabra griega dikaiosune, que también significa «justicia». Pero Jesús enseñó a sus discípulos a pedir que el reino de Dios viniera y que se hiciera su voluntad (Mt 6:10), lo que obviamente incluye la justicia para aquellos que son tratados injustamente (Lc 10:25–37; Mt 25:31–46). Además, Pablo se refiere al reino de forma explícita unas doce veces, y Jesús usa el verbo justificado del mismo modo que Pablo al menos en una ocasión, al final de la parábola del fariseo y el recaudador de impuestos (Lc 18:14). Las comparaciones entre el ministerio a los judíos y gentiles simplemente encaja con lo que tanto Jesús como Pablo reconocen de forma explícita como una secuencia cronológica de prioridades (cf. Mt 10:5–6 con 28:19–20; Ro 1:16). Por último, el paso de una cristología más implícita a una cristología más explícita es precisamente lo que uno podría esperar después de que la resurrección, pues ésta vindicó el ministerio y las declaraciones de Cristo. Una vez más, podríamos continuar con una larga lista de comparaciones de este tipo.98

No obstante, después de decir todo esto, reconocemos que sigue siendo sorprendente que en Pablo aparezca tan poco de los contenidos de los Evangelios. Llegado este punto, es importante hacer alguna otra observación. (1) Ninguna de las cartas de Pablo son evangelísticas en el sentido más estricto de la palabra, pues están dirigidas a personas o iglesias que ya conocen la historia del evangelio, y que ya han llegado a la fe. (2) Las demás epístolas del Nuevo Testamento no contienen tantas referencias o alusiones al Jesús histórico, ¡ni siquiera las cartas de Juan, que fueron escritas por la misma persona que escribió uno de los Evangelios! Al parecer, citar a Jesús no era uno de los propósitos principales del género epistolar cristiano de aquel entonces. (3) Los primeros autores de las epístolas, como los cristianos en general, pronto se dieron cuenta de que la muerte y la resurrección de Jesús eclipsaron todo lo que enseñó y las otras cosas que hizo y, por eso, al hacer referencia a su vida en la tierra, se centraron en esos dos eventos. (4) La frecuente tensión que Pablo tuvo con los que decían (acertada o equivocadamente) que representaban a los doce apóstoles (los que habían caminado con el Jesús histórico y sus seguidores), significó que Pablo tuvo que subrayar que él no pertenecía a dicho grupo. Mencionar y recordar su encuentro directo con Cristo en el camino a Damasco serviría para ese propósito mucho más que citar aquí y allá las palabras y los hechos de Jesús ocurridos cuando él aún no era un discípulo ni un testigo ocular. (5) Por último, y como extensión de este último punto, el sentido de inspiración divina que guió a Pablo (1Co 7:12, 25, 40; 1Ts 2:13) le dio la libertad de decir lo que creía que Dios le estaba diciendo de forma directa, sin importarle si lo expresaba o no tal y como Jesús lo había expresado durante su ministerio en la tierra.99





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