8 de pentecostés a patmos una introducción a los libros de hechos a apocalipsis


LA CORRESPONDENCIA A LOS TESALONICENSES: UNA VISIÓN EQUILIBRADA DE LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO



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LA CORRESPONDENCIA A LOS TESALONICENSES:
UNA VISIÓN EQUILIBRADA DE LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO

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1a TESALONICENSES: CRISTO VUELVE PRONTO

INTRODUCCIÓN


Tesalónica era la ciudad más grande y la capital de la provincia de Macedonia, que se corresponde aproximadamente con la mitad norte de la actual Grecia. Esta ciudad estaba situada en la costa noroeste como uno de los puertos principales del mar Egeo, y era una de las principales paradas de la Vía Ignacia. Según Hechos, Tesalónica fue la primera ciudad griega en la que Pablo proclamó el evangelio, ya en su segundo viaje misionero (Hch 17:1–9). Centro del culto imperial, Tesalónica también albergaba altares en honor a muchas deidades nacionales y locales, y era la sede de varias asociaciones profesionales voluntarias o gremios, grupos que normalmente tenían una dimensión espiritual. Había de todos los colores, ¡hasta una secta local que adoraba a un dios llamado Cabiro erigiendo una estatua con forma de falo gigante!1

Por el texto de Hechos sabemos que Pablo primero buscaba la oportunidad de predicar en una sinagoga local, y de hecho predicó en la sinagoga de Tesalónica en tres ocasiones (tres sábados diferentes). Allí, habló de las profecías bíblicas sobre Jesús, de su sufrimiento y resurrección (Hch 17:2–3). Como resultado, pudo establecer una pequeña iglesia, compuesta por unos pocos judíos, muchos temerosos de Dios (ver p. 72), y «un buen número de mujeres prominentes» (v. 4). La otra cosa que Hechos nos dice tiene que ver con los últimos días de Pablo en Tesalónica: algunos de los judíos que rechazaron el mensaje iniciaron alborotos, atacaron a algunos de los nuevos cristianos, y básicamente forzaron a Pablo a sus acompañantes a abandonar la ciudad (v. 5–10a).2

Los estudiosos discuten sobre la posibilidad de que, después del incidente de la sinagoga, Pablo se quedara en la ciudad durante un periodo de tiempo. Muchos creen que es imposible que aquella creciente iglesia se estableciera solo en base a lo que Lucas describe en Hechos 17:1–4. En Filipenses 4:6 Pablo dice que recibió ayuda en repetidas ocasiones mientras estaba en Tesalónica, por lo que parece que debió de estar allí más de las tres semanas del relato en Hechos. La 1a carta a los Tesalonicenses parece presuponer que la iglesia estaba compuesta principalmente por gentiles conversos (ver, p. ej., 1:9), para lo que habría sido necesario hacer más ministerio en la ciudad después del incidente en la sinagoga. Dado las numerosas lagunas en la narrativa de Lucas, esta sugerencia no es imposible, pero, aunque se acepte, en este segundo viaje misionero, Pablo no debió de pasar allí más de unos pocos meses.3

Es probable que Hechos también omita algunos detalles de los siguientes viajes de Pablo y sus compañeros, en aras de la brevedad. Sabemos que Timoteo ha estado acompañando a Pablo y a Silas en este viaje (Hch 16:1–5), aunque no se menciona su nombre cuando salen de Tesalónica en dirección a Berea en 17:10. No obstante, hemos de dar por sentado que sí iba con ellos porque en el versículo 14 Pablo va de Berea a Atenas, dejando atrás a Silas y a Timoteo, que se volverán a unir a él en la siguiente parada de su viaje, en Corinto (18:5). Sin embargo, en 1a Tesalonicenses Pablo dice que se quedó solo en Atenas cuando envió a Timoteo de regreso a Tesalónica para animar a los creyentes de aquella ciudad (3:1–2) y añade más adelante que Timoteo acaba de regresar a él para traerle buenas noticias sobre el crecimiento espiritual de los tesalonicenses (v. 6). Por tanto, podemos decir que Pablo está escribiendo esta carta desde Corinto, pero también que al menos Timoteo debió de ir de Berea a Atenas, luego debió de regresar a Tesalónica, y por último debió de reunirse con Pablo en Corinto. No hay nada en Hechos que contradiga esta hipótesis; Lucas simplemente no recoge toda esta información.4

Según nuestra cronología de Hechos, si Pablo está escribiendo desde Corinto en su segundo viaje misionero, entonces podemos fechar 1a Tesalonicenses entre el año 50 y el 52 d.C. Dado que Pablo parece tener muchas ganas de recibir noticias de Tesalónica, deberíamos decantarnos por una fecha más bien temprana. Por tanto, la mayoría de estudiosos fechan la carta en el 50 o el 51.

La epístola toma la forma de una carta exhortativa o parenética.5 La retórica es principalmente deliberativa, pero con una buena dosis de alabanza epidíctica.6 En comparación con las demás iglesias a las que Pablo escribe, Tesalónica tiene muy poco que condenar, y mucho que alabar. Así, la introducción, las acciones de gracias, y el cuerpo de la carta (capítulos 1–3) forman el segmento más largo de alabanza ininterrumpida que Pablo dirige a una congregación concreta. Esto es aún más sorprendente si pensamos en el poco tiempo que Pablo pasó en aquella ciudad, y la severa persecución que esta iglesia experimentó de forma continuada (1:6). Los capítulos 4–5 introducen al menos dos cuestiones en las que sus lectores aún necesitan algo más de instrucción: el deber de trabajar duro y no entrometerse en los asuntos de los demás, y la cuestión de la escatología, especialmente sobre lo que ocurre cuando un cristiano muere. Ambos temas volverán a aparecer de modos distintos en 2a Tesalonicenses. Por tanto, la subdivisión más simple de la carta sería la siguiente:

I. Introducción (1:1–10)

A. Saludos (1:1)

B. Acción de gracias (1:2–10)

II. Las preocupaciones de Pablo durante y después de su ministerio en Te-salónica (2:1–3:13)

A. El ministerio de Pablo durante su tiempo en Tesalónica (2:1–16)

B. Los sentimientos y las acciones de Pablo desde que se marchó de Tesalónica (2:17–3:13)

III. Exhortaciones (4:1–5:28)

A. Vida moral (4:1–12)

B. Cuestiones sobre la Escatología (4:13–5:11)

C. Instrucciones finales (5:12–22)

D. Oraciones y saludos finales (5:23–28)




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