8 de pentecostés a patmos una introducción a los libros de hechos a apocalipsis



Descargar 2.52 Mb.
Página26/88
Fecha de conversión01.07.2017
Tamaño2.52 Mb.
1   ...   22   23   24   25   26   27   28   29   ...   88

COMENTARIO


INTRODUCCIÓN (1:1–12)

Saludos (1:1–12). Como en su carta previa, Pablo, Silas y Timoteo dejan claro que todos han colaborado en la redacción de esta carta (ver más arriba, p. 163). En general, este saludo encaja a la perfección con el de 1a Tesalonicenses, con la excepción de que nuestros autores añaden una segunda referencia a Dios y a Jesús.

Acción de gracias (1:3–12). A continuación, tenemos de nuevo una oración de gratitud muy detallada, personal, y teológicamente rica. Los paralelismos con la primera carta continúan cuando Pablo y sus colaboradores dan gracias a Dios por la fe, el amor y la perseverancia de estos cristianos (v. 3–4). Aunque el término «esperanza» no aparece de forma explícita, sin duda alguna es la base del concepto de la perseverancia. No obstante, lo que entendemos del versículo 4 es que la severidad de la persecución ha aumentado considerablemente. Aunque el sufrimiento de los creyentes per se es una muestra de su madurez o fidelidad (¡a uno también le pueden atacar por haberse portado de forma horrorosa o estúpida!), un testimonio activo de la fe cristiana tarde o temprano levantará cierta hostilidad (v. 5).55 Una clave para perseverar bajo ese tipo de circunstancias (y no caer en querer pagar con la misma moneda) es reconocer el horrible juicio que caerá un día sobre los enemigos de Dios si nunca se arrepienten (v. 6).56 El día del juicio también traerá alivio y recompensa para el pueblo de Dios (v. 7).

Los versículos 8–9 desarrollan la idea del castigo que cae sobre los enemigos de Dios. A éstos se les describe desde dos puntos de vista. Desde el punto de vista relacional, no conocen a Dios; desde el punto de vista conductual, no obedecen el evangelio (v. 8). Está claro que el requisito fundamental del evangelio no es el hacer obras buenas concretas, sino la fe en Jesucristo. El versículo 9 nos ofrece una de las afirmaciones más claras de las Escrituras sobre el destino eterno de los perdidos. Mientras que otros textos a menudo hacen referencia al fuego eterno y a las tinieblas, (conceptos que no se pueden dar de forma simultánea, por lo que resulta extraño tomarlos de forma literal),57 aquí tenemos una descripción clara y libre de ambigüedades: «sufrirán el castigo de la destrucción eterna, lejos de la presencia del Señor y de la majestad de su poder». Algunos han argumentado que «destrucción eterna» apunta a la doctrina de la aniquilación, pero la única otra vez que encontramos esta expresión en la literatura judía asociada a la Biblia es en 4° Macabeos 10:15, donde claramente se refiere al sufrimiento eterno que hay después de la muerte.58 Por otro lado, el versículo 9 enseña que todos los incrédulos estarán separados de Dios y de todas las cosas buenas, que debería ser razón suficiente para que todo el mundo quisiera evitar un destino así.59 El versículo 10 reafirma una vez más que este juicio último tendrá lugar cuando Cristo vuelva, que los creyentes esperan con ansia pensando en su glorificación (ver más en p. 295).



MÁS SOBRE LA PARUSÍA: AÚN TIENEN QUE SUCEDER UNA SERIE DE SEÑALES (2:1–17)

Tesis (2:1–2). Los dos primeros versículos del capítulo 2 son la tesis de la epístola. Pablo tiene que recordar a los tesalonicenses que rechacen cualquier mensaje que diga que el día de la Segunda Venida de Jesús ya ha tenido lugar. La expresión «nuestra reunión con él» (v. 1) nos sugiere el mismo evento descrito en 1a Tesalonicenses 4:17, es decir, el arrebatamiento. Curiosamente, Pablo no les dice que no se les puede haber pasado la Segunda Venida porque primero habrá un arrebatamiento secreto en el que todos los creyentes serán tomados de la tierra. Sin embargo, si Pablo creyera en un arrebatamiento pre-tribulacional, lo lógico sería que lo hubiera mencionado: si todos los cristianos que están vivos aún están en este mundo, el final no puede haber llegado. Pero si Pablo entendía que el arrebatamiento tendría lugar en el mismo momento en el que Jesús regresara (ver p. 171), y si algunos de los tesalonicenses habían llegado a pensar de forma errónea que quizá Cristo regresaría sin que nadie le viera, entonces el error es comprensible.60 Dado que el gnosticismo tardío creía en una resurrección espiritual, en la que la nueva era irrumpiría en nuestro mundo y los creyentes serían perfeccionados sin una intervención universal y visible como la venida de nuestro Señor, es posible que alguien confundiera a los tesalonicenses animándoles a adoptar una comprensión similar a la del gnosticismo.

Las señales que aún tienen que suceder (2:3–7). Para corregir esa es-catología errónea, Pablo hace una lista de sucesos concretos que tienen que suceder antes del fin. Vemos, sobre todo, dos dignos de mencionar. En primer lugar, el «hombre de maldad», que «está destinado a la destrucción», tiene que revelarse (v. 3–4). La descripción de esta persona lo asocia con la tradición judía que dice que justo antes de la era mesiánica aparecería un archienemigo de Dios. Parece ser que se trata de la misma persona que Juan menciona más adelante, refiriéndose a ella como el Anticristo (1Jn 2:18) y como la «bestia que subía del mar» (Ap. 13:1). Esa persona aparecerá en el momento de la «rebelión» (gr. apostasia, una «gran separación»), que en este contexto podría significar una revuelta contra Dios y el poder de la ley.61 Se «adueñará del templo de Dios», imagen que resulta una reminiscencia de la profanación del templo judío por parte del líder seléucida Antíoco Epífanes en el año 167 a.C., y el intento fallido del emperador romano Calígula de colocar estatuas de su imagen en el templo judío en el año 40 d.C.

Algunos han pensado que el cumplimiento de la profecía de Pablo incluye la reconstrucción del templo de Jerusalén en la época moderna. Pero el único distintivo del templo era su papel como lugar de sacrificio para el perdón de pecados; la adoración semanal podía ser y se hacía en las sinagogas locales. Y es difícil encajar el restablecimiento de los sacrificios de animales con la enseñanza neotestamentaria de que Cristo ha puesto punto y final a los sacrificios (ver esp. Heb 10:18; cf. los capítulos del 7 al 10). De hecho, todas las demás ocasiones en las que Pablo usa esta palabra para referirse al templo (naos) lo hace de forma metafórica, refiriéndose a los cristianos ya sea de forma individual o colectiva (1Co 3:16, 17 [2 veces]; 6:19; 2Co 6:16 [2 veces]; Ef 2:21). Quizá el Anticristo surgirá de una iglesia que se profesa cristiana, e inicialmente él mismo llevará una máscara de verdadero cristiano. O quizá todas estas perspectivas son demasiado literales, y Pablo simplemente está subrayando el hecho de que esta persona está en total oposición a cualquier forma de adoración a Dios.62



La segunda señal importante que aún tiene que suceder tiene que ver con «alguien o algo que retiene» al hombre de maldad, y ese alguien o algo tiene que ser quitado de en medio (v. 5–7). Alguien (en el v. 7 el sustantivo es masculino) y/o algo (en el v. 6 es neutro) está deteniendo al hombre de maldad, impidiendo que aparezca, y esta persona o poder tiene que desaparecer o quitarse de en medio. Los pretribulacionistas normalmente dicen que este alguien o algo es la iglesia, pero el término griego que traducimos por iglesia (ekklesia) es femenino, así que no encaja. Muchos lo asocian con el Emperador o el gobierno imperial de aquel momento (o cualquier poder mundial posterior). O también podría estarse refiriendo a Dios mismo, quizá a través de su Espíritu Santo.63

El juicio sobre incrédulos (2:8–12). Independientemente de cómo interpretemos toda la serie de referencias de este texto, el resto de este capítulo da dos garantías. La primera, todos los malvados serán juzgados. Cuando el Anticristo aparezca, estará muy poco tiempo, porque Cristo vendrá enseguida y lo destruirá (v. 8). No obstante, sus falsos milagros confundirán y engañarán a muchos de los que no conocen a Cristo (v. 9–10a). Una vez más, Pablo describe a los perdidos desde perspectivas complementarias. Al pensar en los obstáculos que hacen que la gente no crea en Jesús, existen no menos de tres agentes. Las propias personas son responsables de su decisión cuando se niegan a amar la verdad (v. 10b). Dios también permite que se reafirmen en su rechazo del evangelio (v. 11–12; cf Ro 1:24, 26, 28), mientras que Satanás juega un papel intermedio al ser el agente más directo del engaño (v. 9). El versículo 12 también presenta dos descripciones complementarias de aquellos que se niegan a amar la verdad: no han creído, y se han deleitado en el mal. Debido a nuestras mentes finitas y caídas, no podemos entender cómo puede ser que todas estas afirmaciones sean cien por cien ciertas. Pero las Escrituras dan por sentado que así es, y hemos de asumirlo.64

Fidelidad para los creyentes (2:13–17). La segunda garantía es más positiva. Los creyentes han sido escogidos y llamados por Dios para ser salvos. Hablaremos más de la elección o predestinación cuando lleguemos a Romanos 8–9 y Efesios 1, pero aquí ya podemos observar que las elecciones de Dios nunca anulan la libertad humana ni eliminan la responsabilidad humana.65 Los medios por los que la gente llega a ser salva son los siguientes: desde una perspectiva divina, «la obra santificadora del Espíritu», y desde una perspectiva humana, «la fe en la verdad» (v. 13).66 Por eso Pablo puede decirle a los tesalonicenses que sigan firmes en su fe (v. 15). Como al final del cuerpo de la carta en 1a Tesalonicenses, aquí Pablo también concluye con una doxología (v. 16–17).

CONCLUSIÓN (3:1–18)

Exhortación (3:1–15). Pablo le pide que oren para que la predicación del evangelio continúe produciendo fruto y que Dios le proteja de la oposición (v. 1–2). Presumiblemente, él está orando por los tesalonicenses de la misma forma, y lo está haciendo con confianza porque cree que el Señor es fiel para responder a esas dos peticiones que él hace por ellos (v. 3–4). Pero hay una prioridad mucho más importante, que es su espiritualidad: que se mantengan en el amor de Dios (v. 5).

La advertencia principal en esta sección de exhortaciones tiene que ver de nuevo con el problema de la pereza y la falta de disciplina (v. 6–15). Pablo ordena a la iglesia que se aparten de ese tipo de persona si no está dispuesta a buscar trabajo (v. 6–15). Normalmente, se ha pensado que estas personas son las mismas que aquellas que pensaban que la parusía estaba tan cerca que ya no tenían necesidad de trabajar. Y como no tenían nada que hacer y disponían de mucho tiempo, interferían en los asuntos de los demás, por lo que Pablo puede decir en el versículo 11, con un juego de palabras que algunas versiones han logrado reflejar: «sin ocuparse en ningún trabajo, se ocupan de lo ajeno». Más recientemente se ha dado una explicación sociológica que ha recibido bastante apoyo: esta gente formaba parte de un grupo grande de tesalonicenses pobres que dependían económicamente de los donativos que los «patrones» ricos les daban de vez en cuando, cuando hacían algún trabajo para ellos. Pablo entonces estaría intentando animar a estas personas a dejar de depender de los patrones, el equivalente más cercano al bienestar en el mundo grecorromano, y les estaría diciendo que buscaran un trabajo seguro y de jornada completa.67 Quizá ambos acercamientos tengan parte de razón.68

Como ya hizo en 1a Tesalonicenses 2, Pablo enfatiza de nuevo su propio ejemplo: él se ganaba su sustento mientras a la vez llevaba a cabo la misión de la extensión de la iglesia, y lo hacía para no tener que depender económicamente de nadie (v. 7–9). El versículo 10 se ha malinterpretado en muchas ocasiones. ¡No significa que todos los cristianos que no trabajan deberían morir de hambre! Solo está hablando de los que no están dispuestos a trabajar (el texto griego enfatiza la idea de «no querer» o «no estar dispuesto»). Así que Pablo no dice que no se pueda ser caritativo con los necesitados que intentan encontrar trabajo, pero no lo logran. De hecho, quizá el contexto concreto de este versículo sea el siguiente: Robert Jewett dice que al parecer la mayoría de los cristianos (muchos de ellos pobres) de algunas comunidades grecorromanas vivían en viviendas comunitarias donde se organizaban comidas comunitarias (que incluía la celebración de la santa cena). Así, los organizadores debían informar a los creyentes irresponsables que no podían formar parte de estas comidas. Porque, ¿cómo podía una comunidad cristiana poner en práctica el versículo 10 si no se estuviera refiriendo a las comidas organizadas y gestionadas por la propia comunidad?69

Sea cual sea el escenario, Pablo deja claro que todos los creyentes tienen que trabajar y hacer lo que es correcto (v. 11–13). Luego repite su mandato de evitar a los que desobedecen sus instrucciones (v. 14–15). No parece que con eso se esté refiriendo a la excomunión, pues está reservada a los miembros de la iglesia que pecan y se niegan a arrepentirse, a los que ya no se puede mirar como si fueran de la fe (como en Mt 18:15–17). Las personas de 3:15 aún son hermanos en la fe, pero Pablo espera que, al tratarles así, se avergüencen de su conducta y cambien (v. 14). Quizá la expresión «no relacionarse con ellos» solo esté haciendo referencia a no dejarles participar de la santa cena. Después de todo, incluso en el caso más extremo en el que se había de tratar a alguien como a «un incrédulo o un traidor» (Mt 18:17), se seguía en contacto con el pecador ya que Jesús había venido a buscar a los pecadores. Del mismo modo, los estudios hechos en la actualidad demuestran que expulsar a los cristianos que han pecado rara vez produce el arrepentimiento deseado. Sin embargo, resulta mucho más efectivo relegarles de su posición de liderazgo o de la mem-bresía de la iglesia, o incluso impedir su participación en algunas actividades concretas, mientras se trabaja con ellos durante un periodo para hablar claramente de su situación, animarles a rendir cuentas, y para buscar en amor su restauración.70



Oraciones y saludos finales (3:16–18). Del mismo modo que la gracia y la paz se combinan para formar el saludo introductorio, ahora Pablo vuelve a pedirle a Dios que conceda a los tesalonicenses estas dos cualidades (v. 16, 18). También hace hincapié en que la carta es suya (v. 17), a la luz de la confusión causada por lo que habían dicho algunos anteriormente (2:2, 15).



Compartir con tus amigos:
1   ...   22   23   24   25   26   27   28   29   ...   88


La base de datos está protegida por derechos de autor ©bazica.org 2019
enviar mensaje

    Página principal