8 de pentecostés a patmos una introducción a los libros de hechos a apocalipsis



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APLICACIÓN


Las dos epístolas nos ofrecen un equilibrio crucial en cuanto a la Segunda Venida de Cristo, equilibrio muy necesario en la actualidad. La mayoría de la iglesia actúa como si Cristo no fuera a regresar de forma literal, o al menos, no en el futuro cercano. Una minoría está convencida de que va a regresar dentro de un periodo de tiempo concreto (algunos de ellos incluso se atreven a poner fechas). Estas dos cartas nos recuerdan que siempre hemos de estar alerta ante la posibilidad de que sea el final, pero nunca hemos de pensar que sabemos cuándo va a llegar. Independientemente de lo corta a larga que sea nuestra espera, nuestra tarea principal es vivir una vida cristiana fiel, cuidando nuestras vidas y nuestra evangelización (como iglesias y como individuos) y compartir nuestros bienes con los creyentes necesitados (que deben estar dispuestos a poner de su parte). Intentar averiguar si los eventos de la actualidad coinciden con «las señales del fin» o calcular el intervalo que queda hasta que Cristo regrese nos distrae de nuestro llamamiento. Y además, va en detrimento de nuestra misión, ya que cada vez que hay creyentes que proclaman que el fin está a las puertas, y dejan de preocuparse por el mundo en el que viven, nuestro mensaje pierde credibilidad.71

Estos principios también se aplican a la hora de nuestra muerte. No podemos decir que sabemos que aún nos quedan bastantes años por vivir, o que sabemos que nos queda muy poco. Dios a veces escoge sanar de forma milagrosa a enfermos terminales, y otras, cortar de forma imprevista la vida de una persona sana. Nuestra prioridad siempre será vivir de forma fiel en el presente.

En el debate del arrebatamiento necesitamos ese mismo equilibrio. Los pretribulacionistas a veces promueven la indiferencia (como «el barco se hunde», no hay nada que hacer), y así dejan de obedecer todo el consejo de la Palabra de Dios, porque se centran en «salvar almas» y se olvidan de las demás necesidades del mundo. Los postribulacionistas a veces promueven la histeria («hay que prepararse para lo peor») pues están convencidos de que van a sufrir lo peor y se abastecen de todo tipo de provisiones para estar preparados cuando les ataquen. Ambos extremos son altamente peligrosos. Nunca deberíamos buscar el sufrimiento como si fuera un requisito que Dios pide de nosotros, ni tampoco deberíamos decir que estamos seguros de que no vamos a sufrir. Lo que tenemos que hacer es pedirle a Dios que nos ayude a madurar y que nos use para el avance de su reino ocurra lo que ocurra.

Y necesitamos modelos. Necesitamos urgentemente un gran número de cristianos que sean tan transparentes y ejemplares en cuanto a sus motivaciones y su conducta como lo fue Pablo. No necesitamos nuevos programas de discipulado, sino mentores honestos y maduros a los que podamos mirar para aprender cómo deberíamos vivir los cristianos (y cómo deberíamos arrepentirnos cuando pecamos; porque pecamos). Siempre es importante que haya modelos así; pero aún más en tiempos de persecución.


PREGUNTAS


1. ¿Cuál es la cuestión textual crítica en 1a Tesalonicenses 2:7? ¿Cuál de las variantes tiene mayor probabilidad de ser la original, y por qué?
2. En medio de las alabanzas que Pablo pronuncia sobre los creyentes de Te-salónica, el apóstol también les dirige, principalmente, dos exhortaciones. ¿Cuáles son? ¿Qué circunstancias de la iglesia llevan a Pablo a hacer esas exhortaciones?
3. Identifica los principios atemporales que encontramos en 1a Tesalonicenses para establecer una doctrina correcta de la escatología.
4. ¿De qué forma las evidencias internas y externas responden a la teoría de la seudonimia de 2a Tesalonicenses?
5. Si aceptamos el orden de 1a y 2a Tesalonicenses tal como aparecen en el Nuevo Testamento, ¿cuáles son los temas clave de 1a Tesalonicenses que se tienen que desarrollar más o volver a tratar en 2a Tesalonicenses? Compárense las tesis de ambas cartas.
6. ¿De qué forma 1a y 2a Tesalonicenses dan credibilidad a la posición postribulacionista del arrebatamiento?
7. ¿De qué modo 1a y 2a Tesalonicenses respaldan una escatología cristiana equilibrada? ¿Qué mensaje tienen estas dos cartas para los creyentes del siglo XXI que dedican mucha energía y recursos a debatir sobre los últimos tiempos?

OBRAS SELECCIONADAS

COMENTARIOS:


Avanzados

Bruce, F. F. 1 and 2 Thessalonians. WBC. Waco: Word, 1982.


Malherbe, Abraham J. The Letters to the Thessalonians. AB. New York y London: Doubleday, 2001.
Wanamaker, Charles A. The Epistles to the Thessalonians. NIGTC. Exeter: Paternoster; Grand Rapids: Eerdmans, 1990.
Intermedios

Green, Gene L. The Letters to the Thessalonians. PNTC. Grand Rapids y Cambridge: Eerdmans, 2002.


Marshall, I. Howard. 1 and 2 Thessalonians. NCB. London: Marshall, Morgan & Scott; Grand Rapids: Eerdmans, 1983.
Martin, D. Michael. 1, 2 Thessalonians. NAC. Nashville: Broadman & Holman, 1995.
Morris, Leon. The First and Second Epistle to the Thessalonians. NICNT, rev. Grand Rapids: Eerdmans, 1984.
Richard, Earl J. First and Second Thessalonians. SP. Collegeville: Liturgical, 1995.
Introductorios

Beale, Gregory K. 1–2 Thessalonians. IVPNTC. Leicester y Downers Grove: IVP, 2003.


Gaventa, Beverly. First and Second Thessalonians. Int. Louisville: WJKP, 1998.
Holmes, Michael W. 1 & 2 Thessalonians. NIVAC. Grand Rapids: Zondervan, 1998.
Stott, John. The Gospel and the End of Time: The Message of 1 & 2 Thessalonians. BST. Leicester y Downers Grove: IVP, 1991.
Williams, David J. 1 and 2 Thessalonians. NIBC. Peabody: Hendrickson, 1997.
OTROS LIBROS:

Burke, Trevor J. Family Matters: A Socio–Historical Study of Kinship Metaphors in 1 Thessalonians. London y New York: T & T Clark, 2003.


Collins, Raymond F. The Birth of the New Testament: The Origin and Development of the First Christian Generation. NewYork: Crossroad, 1993.
Collins, Raymond F., ed. The Thessalonian Correspondence. Leuven: LUP y Peeters, 1990.
Donfried, Karl P. Paul, Thessalonica, and Early Christianity (London: T & T Clark; Grand Rapids: Eerdmans, 2002).
Donfried, Karl P. y Johannes Beutler, eds. The Thessalonians Debate. Grand Rapids y Cambridge: Eerdmans, 2000.
Jewett, Robert. The Thessalonian Correspondence: Pauline Rhetoric and Millenarian Piety. Philadelphia: Fortress, 1986.
Malherbe, Abraham J. Paul and the Thessalonians: The Philosophic Tradition of Pastoral Care. Philadelphia: Fortress, 1987.
Nicholl, Colin R. From Hope to Despair in Thessalonica. Cambridge y New York: CUP, 2004.
Still, Todd D. Conflict at Thessalonica: A Pauline Church and Its Neighbours. Sheffield: SAP, 1999.
MÁS BIBLIOGRAFÍA EN:

Weima, Jeffrey A. D. y Stanley E. Porter. An Annotated Bibliography of 1 and 2 Thessalonians. Leiden y New York: Brill, 1998.


1. Sobre el culto imperial, ver Jl R. Harrison, «Paul and the Imperial Gospel at Thessaloniki», JSNT 25 (2002): 71–96; en cuanto a otras religiones grecorromanas, ver Karl P. Donfried, «The Cults of Thessalonica and the Thessalonian Correspondences NTS 31 (1985): 336–56; en cuanto a los gremios, Richard Ascough, «The Thessalonian Christian Community as a Professional Voluntary Association», JBL 119 (2000): 311–28.

2. Encontrará más detalles sobre la naturaleza y la motivación de esta persecución, a la luz de la teoría de la desviación, en Todd D. Still, Conflict in Thessalonica: A Pauline Church and Its Neighbors (Sheffield: SAP, 1999).

3. Cf. Charles A. Wanamaker, The Epistles to the Thessalonians (Grand Rapids: Eerdmans; Exeter: Paternoster, 1990), 6–8.

4. Cf. D. Michael Martin, 1, 2 Thessalonians (Nashville: Broadman & Colman, 1995), 25.

5. Abraham J. Malherbe (The Letters to the Thessalonians [New York and London: Doubleday, 2001], 85) cree que es uno de los mejores ejemplos de este formato de carta. Otro tipo de carta que tiene bastante relación es la carta de consolación, la categoría que Juan Chapa prefiere («Is First Thessalonians a Letter of Consolation?» NTS 40 [1994]: 150–60). Cf. también Abraham Smith, Comfort One Another: Reconstructing the Rhetoric and Audience of 1 Thessalonians (Louisville: WJKP, 1995).

6. Jan Lambrecht, «A Structural Analysis of 1 Thessalonians 4–5» en The Thessalonians Debate: Methodological Discord or Methodolical Synthesis? Eds. Karl P. Donfried y Johannes Beutler (Grand Rapids and Cambridge: Eerdmans, 2000), 177.

7. I. Howard Marshall, 1 and 2 Thessalonians (London: Marshall, Morgan & Scout; Grand Rapids: Eerdmans, 1983), 50.

8. Paul Schubert, Form and Function of the Pauline Thanksgivings (Berlin: Töpelmann, 1939); Peter T. O’Brien, Introductory Thanksgivings in the Letters of Paul (Leiden and New York: Brill, 1977). Sobre la naturaleza y la importancia de la gratitud en las cartas de Pablo, ver David W. Pao, Thanksgiving: An Investigation of a Pauline Theme (Leicester and Downers Grove: IVP, 2002).

9. Sobre este tema, ver Abraham J. Malherbe, Paul and the Thessalonians: The Philosophic Tradition of Pastoral Care (Philadelphia: Fortress, 1987).

10. «Cuando la iglesia se convierte en un ejemplo de fidelidad en medio del sufrimiento al imitar a Cristo y a los apóstoles, su testimonio se vuelve eficaz» (Gregory K. Bealie, 1 and 2 Thessalonians [Leicester and Downers Grove: IVP, 2003], 55).

11. Además, parece ser que los tesalonicenses eran abiertamente evangelísticos y que Pablo esperaba que continuaran siendo así. Ver James Ware, «The Thessalonians as a Missionary Congregation: 1 Thessalonians 1,5–8», ZNW 83 (1992): 126–31.

12. Jeffrey A. D. Weima, «An Apology for the Apologetic Function of 1 Thessalonians 2:1–12», JSNT 68 (1997): 73–99.

13. Bruce W. Winter («The Entries and Ethics of Orators and Paul [1 Thessalonians 2:1–12]», TynB 44 [1993]: 55–74) defiende la tesis de que Pablo está respondiendo a una comparación con los sofistas.

14. Beverly R. Gaventa, «Our Mother St. Paul: Toward the Recovery of a Neglected Theme», PSB 17 (1996): 33–36, 42.

15. Trevor J. Burke, «Pauline Paternity in 1 Thessalonians», TynB 51 (2000): 59–80.

16. Cf. esp. Jeffrey A.D. Weima, «Infants, Nursing Mother, and Father: Paul’s Portrayal of a Pastor», TynB 52 (2001): 1–31; M. Carsoa, «For Now We Live: A Study of Paul’s Leadership in 1 Thessalonians», Themelios 30 (2005): 23–41.

17. Ronald F. Hock (The Social Context of Paul’s Ministry [Philadelphia: Fortress, 1980], 31–37) describe las largas horas que los trabajadores dedicados a la manufactura hacían, y el desprecio que la élite les tenía.

18. Jeffrey A. D. Weima, «But We Became Infants among You», NTS 46 (2000): 547–61.

19. La persecución que la iglesia en Judea estaba experimentando podría deberse a la violencia de los zelotes judíos entre los años 48 y 52 d.C.(Gene L. Green, The Letters to the Thessalonians [Grand Rapids: Eerdmans, 2002], 143).

20. Por tanto, la coma que aparece después de «judíos» confunde, y debería no estar. Ver Frank D. Gilliard, «The Problem of the Antisemitic Comma between 1 Thessalonians 2.14 and 15», NTS 35 (1989): 481–502.

21. Son particularmente intrigantes los paralelismos conceptuales y estructurales entre 1a Tesalonicenses 2:13–16 y el Testamento de Leví 6:1–11. El versículo 11 es muy similar al final de 1a Tesalonicenses 2:16. Ver Jeffrey S. Lamp, «Is Paul Anti–Jewish? Testament of Levi 6 in the Interpretation of 1 Thessalonians 2:113–16», CBQ 65 (2003): 408–27. Encontrará reflexiones concienzudas sobre cómo aplicar los versículos 13–16 en otros tiempos y lugares en Michael W. Holmes, 1 and 2 Thessalonians (Grand Rapids: Zondervan, 1998), 86–92.

22. Carol J. Schlueter describe el estilo retórico de Pablo como hipérbole polémica, con claros paralelismos en los Manuscritos del Mar Muerto. Ver Filling Up the Measure: Polemical Hyperbole in 1 Thessalonians 2:14–16 (Sheffield: SAP, 1994).

23. Markus Bockmuehl («1 Thessalonians 2:14–16 and the Church in Jerusalem», TynB 52 [2001]: 1–31) argumenta que Pablo tiene en mente la reciente persecución de la iglesia de Jerusalén ordenada por Claudio en los años 48–49 d.C., que fue interpretada como una serie de juicios divinos contra el judaísmo, entre los cuales estaban el baño de sangre en el Monte del Templo durante la semana de la Pascua instigado por Ventidio Cumano, varias hambrunas, y el edicto de Claudio que decretaba la expulsión de los judíos de Roma.

24. Wenham, Paul, 319–21.

25. Jon A. Weatherly, «The Authenticity of 1 Thessalonians 2.13–16: Additional Evidence», JSNT 42 (1991): 79–98. Hace años los eruditos solían decir que estos versículos los había introducido otra persona posteriormente, pero hoy en día son muy pocos los que defienden esta idea.

26. «Parte del catecismo básico para nuevos creyentes constaba en instrucción concerniente al sufrimiento que iban a experimentar» (Green, Thessalonians, 161).

27. Ciertamente, uno puede pensar en 1a Tesalonicenses 1–3 como una oración de gratitud interrumpida tan solo por una serie de digresiones (Jan Lambrecht, «Thanksgivings in 1 Thessalonians 1–3», en The Thessalonians Debate, eds. Donfried y Beutler, 135–62).

28. Joseph Jensen, «Does Porneia Mean Fornication? A Critique of Bruce Malina», NovT 20 (1978): 161–84.

29. Cf. Robert Yarbrough, «Sexual Gratification in 1 Thess 4:1–8», TrinJ 20 (1999): 215–32; Jay E. Smith, «Another Look at 4Q416 2ii 21, a Critical Parallel to First Thessalonians 4:4», CBQ 63 (2001): 499–504; e ídem, «1 Thessalonians 4:4: Breaking the Impasse», BBR 11 (2001): 65–105.

30. Ocuparse de las responsabilidades propias era lo opuesto a participar de los asuntos públicos o políticos (Green, Thassalonians, 210).

31. Leon Morris, The First and Second Epistles to the Thessalonians (Grand Rapids: Eerdmans, rev. 1991), 132, n. 48, citando a James Denney.

32. Ver esp. Colin R. Nicholl, From Hope to Despair in Thessalonica (Cambridge and New York: CUP, 2004).

33. «La esperanza es para los vivos, porque los que mueren no tienen esperanza» (Teócrito, Idil, 4.42, citado en Beale, Thessalonians, 130).

34. El término «dormir» era un eufemismo para referirse a la muerte tanto en el mundo judío como en el mundo grecorromano, así que no tiene sentido recurrir a una teoría sobre el estado dormido del alma.

35. A. L. Moore, The Parousia in the New Testament (Leiden and New York: Brill, 1966), 78–79.

36. Seyoon Kim, «The Jesus Tradition in 1 Thess 4.13–5.11», NTS 48 (2002): 225–42.

37. Encontrará una guía útil de este debate en Richard R. Reiter, Paul D. Feinberg, Gleason L. Archer y Douglas J. Moo, The Rapture: Pre–, Mid–, or Post–Tribulational? (Grand Rapids: Zondervan, 1984).

38. Cf. Robert H Gundry, «A Brief Note on “Hellenistic Formal Receptions and Paul’s Use of AπANTHSIS”», BBR 6 (1996): 39–41. También es revelador que 4:15–17 y 5:1–11 reflejan algunas de las ideas de Mateo 24, sugiriendo así que esos dos textos, como el discurso de Jesús en esos capítulos de Mateo, están haciendo referencia al regreso público y final de Cristo. Ver David Wehnam, The Rediscovery of Jesus’ Eschatological Discourse (Sheffield: JSOT, 1984), 303–14.

39. Seth Turner, «The Interim, Earthly Messianic Kingdom in Paul», JSNT 25 (2003): 323–42, esp. 326–32.

40. Yeo Khiok–Khng («A Political Reading of Paul’s Eschatology in I and II Thessalonians», AJT 12 [1998]: 77–88) dice que muchas porciones de ambas cartas, incluyendo las discusiones sobre la epifanía, la parusía y el apocalipsis, debieron entenderse como contrapuntos de la función y el papel del Emperador.

41. Green, Thessalonians, 235.

42. Encontrará unas tablas comparativas donde aparecen los paralelismos entre Romanos, 1a Pedro y 1a Tesalonicenses en Marshall, Thessalonians, 145–46.

43. O quizá el término (ataktoi) debería traducirse por «desordenados» o «indisciplinados» (Beale, Thessalonians, 163).

44. Cf. Malherbe, Thessalonians, 334.

45. Earl J. Richard, First and Second Thessalonians (Collegeville: Liturgical, 1995), 285–86.

46. Cf. Beverly Gaventa, First and Second Thessalonians (Louisville: WJKP, 1998), 93–97; Bonnie Thurston, Reading Colossians, Ephisians and 2 Thessalonians (New York: Crossroad, 1995), 159–62.

47. David J. Williams, 1 and 2 Thessalonians (Peabody: Hendrickson, 1992), 13.

48. Earl J. Richard, First and Second Thessalonians (Collegeville: Liturgical, 1995), 25–29, 32.

49. Malherbe, Thessalonians, 373.

50. Ver esp. Wanamaker, Thessalonians, 37–45.

51. Cf. Williams, 1 and 2 Thessalonians, 13–15. En cuanto al uso de la tradición en 2a Tesalonicenses, ver G.S. Holland, The Tradition That You Received from Us (Tübingen: Mohr, 1998).

52. Cf. los siguientes extractos de Treatise on Resurrection, 46–49: «El pensamiento de los que son salvos no perecerá. La mente de los que le han conocido no perecerá». «Pero los hay que quieren entender si el que es salvo, en el caso que deje su cuerpo atrás, será salvo inmediatamente. Que nadie dude en cuanto a esto…ciertamente, los miembros visibles que están muertos no serán salvos, puesto que (solo) los [miembros] vivos que existen dentro de ellos se levantarán.» «Ciertamente, es más adecuado decir que el mundo es una ilusión, y no la resurrección que ahora existe por nuestro Señor el Salvador, Jesucristo.» «Por tanto, no… viváis en conformidad con esta carne… sino huid de las divisiones y de las prisiones, y ya tenéis la resurrección. Porque si el que va a morir cree que va a morir (aunque viva mucho en esta vida, eso acabará sucediendo), ¿por qué no creer que uno ha sido resucitado, y creer que eso (ya) ha sucedido?».

53. Marshall, Thessalonians, 187.

54. Cf. Wanamaker, Thessalonians, 48; Maarten J. J. Meneen, 2 Thessalonians (London and New York: Routledge, 1994), 20.

55. Con frecuencia se ha pensado que lo que apunta al justo juicio de Dios es la capacidad de los creyentes de soportar la aflicción; pero quizá sea la aflicción misma. Ver Jouette M. Bassler, «The Enigmatic Sign: 2 Thessalonians 1:5», CBQ 46 (1984): 496–510.

56. «El énfasis en la venganza de Dios se menciona para animar a los hermanos y hermanas que está padeciendo gran adversidad, dándoles así una perspectiva escatológica que les permitirá evaluar su situación presente de forma adecuada» (Green, Thessalonians, 287).

57. Así en G. E. Ladd, Teología del Nuevo Testamento (Viladecavalls: CLIE, 2002).

58. Beale, Thessalonians, 188.

59. Este versículo no contradice la Omnipresencia de Dios; simplemente habla de que esa comodidad no estará a la disponibilidad de los que estén en el infierno. Ver Charles L. Quarles, «The AΠO of 2 Thessalonians 1:9 and the Nature off Eternal Punishment», WTJ 59 (1997): 201–11.

60. «Este versículo parece apuntar a que el arrebatamiento de la iglesia tendrá lugar de algún modo antes de la tribulación» (Green, Thessalonians, 301, n. 4). Ante la objeción de que la Segunda Venida de Cristo no puede suceder hasta que ciertas señales sucedan, Beale (Thessalonians, 204–5, n.) observa que las señales podrían ocurrir de forma muy rápida, justo antes del regreso de Cristo, pero como parte misma del regreso de nuestro Señor.

61. Dispensacionalistas anteriores suelen argumentar que la apostasía era lo mismo que el arrebatamiento de los creyentes, pero en ningún otro lugar del Nuevo Testamento esta palabra apunta a esa idea ni a nada que se le parezca. Ver F.F. Bruce, 1 and 2 Thessalonians (Waco: Word, 1982), 166–67.

62. Cf. Bruce, Thessalonians, 169: «Una forma gráfica de decir que planea usurpar la autoridad de Dios… demanda no solo obediencia, sino también la adoración que solo Dios merece». Cf. también Marshall, Thessalonians, 191–92; «La manifestación culminante del mal como un poder antiteísta que usurpa el lugar de Dios en el mundo».

63. O a través de un ángel. Cf. C.Nicoll, «Michael, the Restrainer Removed (2 Thess. 2:6–7)», JTS 51 (2000): 27–53.

64. Dado que Satanás está subordinado a Dios y sus poderes están limitados por Dios, Dios puede usar y redirigir sus acciones para que éstas sirvan a los propósitos divinos (cf. Williams, 1 and 2 Thessalonians, 130–31).

65. William W. Klein («Paul’s Use of Kalein: A Proposal», JETS 27 [1984]: 53–64) entiende el llamamiento tanto aquí como en toda la literatura paulina como un término técnico que significa «designar» a los que son del pueblo de Dios.

66. Cf. Malherbe, Thessalonians, 426.

67. Ver esp. Robert Jewett, The Thessalonian Correspondence: Pauline Rhetoric and Millenarian Piety (Philadelphia: Fortress, 1986). Cf. Bruce W. Winter, «“If a Man Does No Wish to Work…”: A Cultural and Historical Setting for 2 Thessalonians 3.6–16», TynB 40 (1989): 303–15.

68. M. J. J. Menken, «Paradise Regained or Still Lost? Eschatology and Disorderly Behaviour in 2 Thessalonians», NTS 38 (1992): 271–89.

69. Robert Jewett, Paul: The Apostle to America (Louisville: WJKP, 1994): 73–86.

70. Michael E. Phillips, «Creative Church Discipline», Leadership 17.4 (1986): 46–50.

71. Robert G. Clouse, Robert N Hosack y Richard V. Pierard, The New Millennium Manual: A Once and Future Guide (Grand Rapids: Baker, 1999) es una guía sana que se escribió en respuesta a los creyentes dados a poner fechas y a toda la histeria apocalíptica. Cf. también B.J. Oropeza, 99 Reasons Why No One Can Know When Christ Will Return (Downers Grove: IVP, 1994).




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