8 de pentecostés a patmos una introducción a los libros de hechos a apocalipsis


LA CORRESPONDENCIA A LOS CORINTIOS: RESPONDIENDO A LAS IDEAS ERRÓNEAS SOBRE LA MADUREZ CRISTIANA



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LA CORRESPONDENCIA A LOS CORINTIOS:
RESPONDIENDO A LAS IDEAS ERRÓNEAS SOBRE LA MADUREZ CRISTIANA

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1a CORINTIOS: INMADUREZ INTERNA Y AMENAZAS EXTERNAS POR PARTE DE LOS HELENISTAS

INTRODUCCIÓN


LA CIUDAD DE CORINTO

Corinto era un importante centro urbano griego bajo el poder romano. Cuando Roma destruyó gran parte de la ciudad incendiándola en 146 a.C., Corinto casi eclipsaba en tamaño e importancia a la ciudad de Atenas. En el año 44 a.C. Julio César la reconstruyó como colonia romana, momento en el que contaba aproximadamente con unos 100.000 habitantes. En tiempos de Pablo, Corinto se había convertido en la ciudad más rica de Grecia. Situada entre las ciudades portuarias de Cencrea y Lequeo, era uno de los principales centros para el comercio. El estrecho istmo en el que estaba ubicada tenía una ruta, el diolkos, por la que los marineros podían arrastrar sus embarcaciones entre el mar Adriático y el mar Egeo, y así evitaban el rodeo por Acaya, ahorrándose unos 160 kilómetros.

Cada dos años en Corinto se celebraban los juegos ístmicos, que en Grecia eran los segundos juegos más importantes, después de los olímpicos. En la ciudad había un teatro con un aforo de dieciocho mil personas, un lugar para conciertos con tres mil asientos, y un gran mercado central para los granjeros. Al lado de la ciudad había una elevación rocosa conocida como el Acrocorinto, en cuya cumbre estaba el templo a Afrodita. Ese lugar representaba el dominio de las sectas paganas. Se dice que en tiempos precristianos dicho templo contaba con mil sacerdotes y sacerdotisas, que hacían a su vez de prostitutas. En la parte baja de la ciudad había muchas más prostitutas, dispuestas tanto para los muchos visitantes que Corinto recibía, como para los propios habitantes de la ciudad. Y aunque en tiempos de Pablo debía de haber muchas menos, no nos sorprende que el apóstol tenga que tratar en su carta el tema del pecado sexual. Era tal la fama de la ciudad, que en griego, la expresión «mujer corintia» pasó a ser un término equivalente a «prostituta», y el verbo «corintianizar», un término equivalente a «prostituirse».1 Pero también se han encontrado las ruinas de una pequeña sinagoga judía, así que Pablo ya pudo apelar a la ley de Dios cuando llegó a la ciudad.2 Gordon Fee dice que Corinto era como las ciudades de Nueva York, Los Angeles y Las Vegas en uno.3

CIRCUNSTANCIAS QUE LLEVARON A PABLO A ESCRIBIR LA CARTA

Han pasado aproximadamente de tres a cinco años desde que Pablo escribió 2a Tesalonicenses. Ya ha acabado su segundo viaje misionero y ha pasado un tiempo considerable en Éfeso, la parada principal de su tercer viaje. En 1a Corintios 16:8 vemos que aún está en esa ciudad, desde donde quiere ir a Corinto pero después de la fiesta de Pentecostés. Por tanto, si pensamos en los viajes de Pablo y en su estancia en Éfeso de aproximadamente tres años (Hch 19:10; 20:31), la fecha más probable de esta epístola sería finales del invierno o principios de la primavera del año 55 d.C.

La descripción de los primeros esfuerzos evangelísticos de Pablo aparecen en Hechos 18:1–17. Los primeros cristianos eran una mezcla de judíos y gentiles, pero predominaban los gentiles. Después de predicar primero a los judíos, como era su costumbre, la hostilidad con la que le trataron algunos de ellos hizo que dejara su ministerio en la sinagoga y se centrara en la casa de un temeroso de Dios, Ticio Justo, que se había convertido al cristianismo. Como la casa de Justo estaba al lado de la sinagoga, y como el jefe de la sinagoga y toda su familia también creyeron, había bastante tensión entre ambas comunidades. No es de extrañar, pues, que año y medio más tarde algunos judíos atacaran a Pablo y lo llevaran ante el gobernador Galión. Como vimos cuando tratamos la cronología de Hechos, el breve periodo de tiempo en el que Galión gobernó en Corinto (muy probablemente desde el verano del 51 al verano del 52) es una referencia que nos sirve para fechar con bastante precisión muchos momentos de la vida y el ministerio de Pablo.

La misma epístola explica que por medio de algunos de la familia de Cloé, Pablo había oído noticias sobre la situación de la iglesia de Corinto (1:11). En 16:17 Pablo también hace referencia a tres creyentes (Estéfanas, Fortunato y Acaico) que han llegado a Éfeso, al parecer desde Corinto, y que «han suplido lo que vosotros no podíais darme», tranquilizando el espíritu de Pablo (v. 18). Es posible que uno o más de estos hombres fueran de la familia de Cloé, pero no hay forma de estar totalmente seguros. Se da por sentado que Cloé era una cristiana de Corinto, quizá soltera o viuda, y la expresión «algunos de la familia» podría incluir a sus hijos ya adultos, otros parientes, o esclavos que estaban al servicio de la casa. La carta procedente de Corinto podría haber llevado a manos de Pablo a través de los tres hombres, o a través de los de la familia de Cloé, si se trata de dos grupos diferentes. Pero todo esto no son más que especulaciones. El capítulo 7 también nos revela que los corintios le habían escrito una carta a Pablo con varias preguntas (v. 1), mientras que 5:9 hace referencia a una carta anterior que Pablo había enviado a los corintios.

Los contenidos de la carta que los corintios enviaron a Pablo se pueden imaginar a partir de la colección de temas que Pablo trata desde 7:1 hasta el final de la carta. Los contenidos de la primera carta que el apóstol Pablo escribió a los corintios nos son desconocidos, excepto por lo que comenta en 5:9–11. Al parecer, advirtió a la iglesia diciéndoles que no se asociaran con aquellos que practicaban la inmoralidad sexual y, aunque los corintios pensaban que se estaba refiriendo a personas no creyentes, él estaba hablando de gente que se profesaba cristiana. A lo largo de la historia de la iglesia se han hecho muchas preguntas fascinantes sobre esta primera carta, como por ejemplo por qué no se ha conservado, pero ninguna de ellas tiene respuesta. Puede que sus contenidos fueran tan concretos o sus aplicaciones tan localizadas que la iglesia vio que no tenía el mismo valor vinculante de las siguientes cartas paulinas. Pero de nuevo, esto no es más que especular. La 3a carta a los Corintios, el documento apócrifo del siglo III, es pura ficción. Pero refleja el deseo de los primeros cristianos, visible en muchos de los apócrifos neotestamentarios, de rellenar los huecos dejados por el canon.4

ESTRUCTURA

El esquema general de 1a Corintios es quizá el más claro de las epístolas paulinas porque Pablo se limita a ir tratando una serie de temas que afectan a la iglesia de Corinto. A partir de algunos paralelismos estructurales y temáticos algunos eruditos han intentado hacer una lista de los temas que habían llegado a oídos de Pablo, y de los temas que aparecían en la primera carta. Por ejemplo, se ha dicho que cada vez que Pablo dice «ahora bien» (o «en cuanto a»), está haciendo referencia a la carta perdida. Pero la comprensión más natural de 7:1a («Paso ahora a los asuntos que me plantearon por escrito») es que hasta este momento de la epístola Pablo ha estado tratando estrictamente la información que ha recibido de sus mensajeros personales, mientras que a partir de este momento todos los temas que trata los saca de la carta que los corintios le han enviado.5 Eso nos permite realizar un esquema como el que sigue:

I. Introducción (1:1–9)

A. Saludos (1:1–3)

B. Acción de gracias (1:4–9)

II. Respuesta ante las noticias de Cloé (1:10–6:20)

A. Divisiones en la iglesia (1:10–4:17)

1. Describiendo el problema (1:10–17)

2. La necesidad de centrarse en la Cruz de Cristo (1:18–2:5)

3. Sabiduría cristiana (2:6–16)

4. Dos tipos de cristianos (3:1–23)

5. El verdadero ministerio apostólico (4:1–21)

B. Incesto en la iglesia (5:1–13)

C. Pleitos entre cristianos (6:1–11)

D. La seriedad de la inmoralidad sexual en general (6:12–20)

III. Respuesta a la carta de los corintios (7:1–16:4)

A. En cuanto al matrimonio (7:1–40)

B. En cuando a la comida sacrificada a los ídolos (8:1–11:1)

1. Discusión inicial (8:1–13)

2. Un ejemplo paralelo (9:1–18)

3. El principio unificador (9:19–27)

4. Una prohibición absoluta (10:1–22)

5. Tres principios resumidos (10:23–11:1)

C. En cuanto a la adoración (11:2–14:40)

1. Cubrimiento de la cabeza, tanto para hombres como para mujeres (11:2–16)

2. Uso y abuso de la Cena del Señor (11:17–37)

3. El uso adecuado y el uso erróneo de los dones espirituales (12:1–14:40)

D. En cuanto a la resurrección (15:1–58)

E. En cuanto a la ofrenda para Jerusalén (16:5–24)

IV. Conclusión (16:5:24)

A. Los planes de viajes de varios cristianos (16:5–18)

B. Saludos finales (16:19–24)

Este acercamiento, es decir, organizar los contenidos según los problemas que estaban afectando a la iglesia de Corinto, no encaja con ningún subgénero epistolar. Quizá lo máximo que se puede decir es que tiene cierto parecido con la carta de petición helena, que tiene una estructura única que se podría describir de la siguiente manera: «petición-mandato-petición».6 No obstante, la retórica de la mayor parte de la carta está claramente marcada por las formas deliberativas.7

TEMAS UNIFICADORES

A primera vista, parece que 1a Corintios no tiene un tema central, sino que tan solo es una lista de los problemas de una iglesia inmadura. Pero si observamos con atención, aparecen una serie de temas centrales. La filosofía griega, especialmente a partir de Platón, era radicalmente dualista, es decir, el mundo espiritual y el mundo material estaban completamente separados. En muchos sistemas de pensamiento, y especialmente en las ramas filosóficas que generarían el gnosticismo a finales del primer siglo y principios del segundo, se daba por sentado que la materia era mala. El espíritu era lo único que se podía salvar. Este dualismo desembocó, paradójicamente, en dos líneas éticas totalmente opuestas. La mayoría de los gnósticos eran ascetas, es decir, intentaban negar el cuerpo (lo malo) y sus apetitos naturales de formas diversas. La minoría era hedonista: si el cuerpo era malo, como no había nada que hacer en contra de eso, satisfacía todos los apetitos del cuerpo. Al parecer, estas dos líneas estaban presentes en Corinto. Los que estaban inmersos en problemas de incesto, pleitos y promiscuidad (capítulos 5–6); los cristianos «maduros» que comían comida sacrificada a los ídolos (capítulos 8–10); las profetisas que no respetaban las normas de decoro y los ricos que comían y bebían la Cena del Señor de forma indigna (capítulo 11); y los que abusaban de los dones espirituales (capítulo 12–14), todos ellos encajaban en la categoría de hedonistas. Por otro lado, los que promovían el celibato (capítulo 7); los que tenían miedo de comer comida ofrecida a los ídolos (capítulos 8–10); y los miembros de la iglesia que negaban la resurrección corporal (capítulo 15) eran claramente ascetas.8




Muchos eruditos han intentado identificar de forma más precisa a los opositores ideológicos de Pablo y los desafíos filosóficos que estaban haciendo que algunos miembros de la iglesia se desviaran. Puede ser que la sabiduría judía helenista9 confundiera las ideas de algunos, y que la influencia de varias sectas locales agravara la práctica del pecado sexual o de las cuestiones de división como la profecía y las lenguas.10 Pero la propuesta más convincente en cuanto al trasfondo histórico es la que apunta a la influencia de la escuela de filosofía y retórica conocida como sofismo, sobre todo si pensamos en su énfasis en los discursos elegantes y pulidos, en los que normalmente se hacía más hincapié en la forma que en el contenido.11

Junto a estos problemas ideológicos estaban también los enfrentamientos entre los distintos bandos que había en la iglesia de Corinto. Los capítulos 1–4 dejan bien claro los problemas de divisiones (ver esp. 1:10–12). Veremos más adelante que las explicaciones teológicas de esas divisiones han dado paso a explicaciones sociológicas, con la posibilidad de que los diferentes grupos que se reunían en casas reflejaban la competitividad entre los que se identificaban con diferentes líderes cristianos. Además, las amonestaciones de Pablo sugieren que en la iglesia existía cierto tipo de triunfalismo (los creyentes se creían maduros, aunque no lo eran; ver esp. 4:8). Anthony Theselton, cuya opinión es bastante verosímil, lo ha atribuido a una escatología abiertamente realizada, es decir, a una visión equivocada sobre el crecimiento espiritual y la victoria sobre el pecado que el creyente puede alcanzar en esta vida.12

El análisis sociológico de la carta también parece indicar que un alto porcentaje de los problemas se puede atribuir a las divisiones entre los ricos y los pobres.13 En el capítulo 1:26–29 se dice que no muchos de los cristianos corintios eran sabios, ni poderosos, ni de noble cuna, según los criterios de la sociedad. Pero eso significa que algunos sí lo eran. Lo más probable es que los creyentes ricos que procedían del contexto grecorromano fueran patronos o mecenas, es decir, que tendrían un número de «clientes» bajo su mecenazgo y responsabilidad. Este sistema es el equivalente antiguo más cercano al estado de bienestar o protección: los ricos se rodeaban de un grupo de gente más pobre y cuidaban de sus necesidades materiales a cambio de que éstos trabajaran para ellos como temporeros en el campo, como siervos en casa, hablando bien de ellos en el mercado y en los foros, y dándoles respaldo político. En el Nuevo Testamento aparecen muchos indicios de que en los primeros años del cristianismo muchos problemas se debían a que los creyentes, ricos y pobres, aún seguían actuando según el sistema del mecenazgo en el que siempre se esperaba algo a cambio de algo.14

En 1a Corintios los enfrentamientos entre los distintos bandos en los primeros capítulos podrían deberse a la competición entre patronos rivales y entre los respectivos seguidores. La única razón que se me ocurre para explicar que la iglesia no hubiera disciplinado al hombre del capítulo 5 que ha cometido incesto es que fuera un poderoso patrono.15 Los pleitos, casi siempre empezaban por iniciativa de los ricos. Solían enfrentarse contra otros ricos, y no lo hacían tanto para amasar más riquezas, sino para adquirir más popularidad ante la opinión pública.16 Los jóvenes romanos de familias nobles esperaban ansiosos la fiesta de la mayoría de edad, donde habría cortesanas o «prostitutas» de algo standing.17 Los pobres de la ciudad solo comían carne en las festividades porque la daban en los templos locales, por lo que las comidas tenían una dimensión abiertamente pagana.18 Aceptar dinero por el ministerio de forma regular quería decir que el mecenas que pagaba podía marcar qué se debía hacer.19 Las mujeres ricas eran las únicas que disponían de suficiente tiempo libre como para dedicarlo a la educación, y las únicas que podían emanciparse socialmente; con lo que también eran las únicas que pudieron causar el tipo de alboroto que se describe en los capítulos 11 y 14.20 El abuso de la Cena del Señor, como veremos, refleja la discriminación que los ricos ejercían sobre los pobres.21 Incluso la tendencia de alardear de los dones espirituales probablemente fuera un problema más presente entre los ricos que entre los demás grupos socioeconómicos.22





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