8 de pentecostés a patmos una introducción a los libros de hechos a apocalipsis



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COMENTARIO

INTRODUCCIÓN (1:1–9)


Saludos (1:1–3). En esta carta, Pablo presenta a Sóstenes como el que envía la carta junto con él (para ver las posibles funciones de este rol, ver p. 163). Aunque no podemos estar seguros, es natural asociar a este Sóstenes con el jefe de la sinagoga al que golpean en Roma delante del magistrado en Hechos 18:17 (ver p. 76), que podría haberse convertido al cristianismo después de ese incidente. Ésta es la única carta en la que Pablo se dirige a todos los cristianos en todo lugar, además de dirigirse a la iglesia local que tiene en mente. Quizá se dio cuenta de que la lista de problemas que había en Corinto recogía temas que todas las congregaciones tendrán que enfrentar en un momento u otro.

Acción de gracias (1:4–9). De nuevo, Pablo introduce en esta oración de gratitud una serie de temas clave que irán apareciendo a lo largo de toda la carta. Lo más sorprendente es lo positivo que Pablo puede ser, dándole gracias a Dios por la forma en la que ha dado dones a los corintios en las áreas en las que ha habido más problemas (vv. 4–7; cf. capítulos 12–14). Los versículos 8–9 explican su entusiasmo: confía en el poder de Dios, que puede obrar en ellos para hacerles madurar.23

RESPUESTA ANTE LAS NOTICIAS DE CLOÉ (1:10–6:20)

Divisiones en la iglesia (1:10–4:17). Describiendo el problema (1:10–17). Al comienzo del cuerpo de la carta, Pablo presenta uno de los principales problemas de la iglesia de Corinto —los enfrentamientos entre los distintos bandos— y apela a la restauración de la unidad. Las divisiones se deben a la asociación con un líder concreto. Se nos habla de diferentes grupos, que hablan de su fidelidad a Pablo, a Apolo, a Pedro y a Cristo respectivamente (v. 12). Tradicionalmente, se ha dado por sentado que estas divisiones eran por cuestiones teológicas: que quizá los bandos de Pedro y Pablo tenían la mirada puesta aún en el debate en Antioquía (Gá 2:11–14), mientras que Apolos hacía hincapié en la «sabiduría» del evangelio (cf. Hch 18:28, donde se habla de su habilidad retórica). El bando «de Cristo» debía incluir a los que no querían asociarse a un líder humano, aunque eso no significa necesariamente que no fuera un bando sectario.24

El debate académico más recientes ha optado por centrarse en las posibles divisiones sociológicas. La iglesia en Corinto era probablemente una red de congregaciones que se reunían en casas, y cada congregación podía ser un grupo de entre treinta y cincuenta personas. Los pocos miembros ricos (1:26)25 podrían haber sido los anfitriones de las diferentes congregaciones, puesto que nadie más tendría un espacio tan grande para acomodar a tanta gente. Como vimos en la introducción, quizá siguieron apoyándose en la posición de poder que tenían como patronos antes de convertirse al cristianismo para crear bandos rivales en lugar de buscar la unidad que el evangelio debería haber traído. Los versículos 14–17 nos dan alguna clave más sobre la naturaleza de los diferentes bandos. Aquí Pablo minimiza el valor del bautismo, no porque no tuviera importancia, sino porque no era lo suficientemente importante como para ser una causa de división. Puede que lo que allí ocurrió fuera simplemente lo siguiente: los miembros de los diferentes grupos se habían identificado con los líderes humanos que les habían llevado a Cristo y luego les bautizaron.26



La necesidad de centrarse en la Cruz de Cristo (1:18–2:5) Si la naturaleza del problema en sí no está del todo clara, con la solución ocurre todo lo contrario. En 1:18.2:5, Pablo llama a los corintios a centrarse de nuevo en lo que Cristo hizo por ellos en la cruz (ver esp. 2:2). Al pie de la cruz no hay más que un nivel; es difícil ponerse por encima de los demás creyentes cuando se medita en la humillación que Cristo sufrió por nuestro bien. Para el mundo, el mensaje de un Mesías crucificado es locura (1:18–25), entre los judíos porque muestra la maldición de Dios (Dt 21:23) y entre los gentiles porque, en lugar de sacar a relucir la fuerza de Cristo, saca a la luz su debilidad. Además, los judíos buscaban señales completamente claras, señales que ni aún los milagros de Cristo ofrecieron, mientras que los griegos buscaban una sabiduría filosófica sofisticada que no encajaba con el mensaje directo de Cristo. Por tanto, los «sabios» de ambas culturas rechazaron el evangelio. Pero Pablo deja claro que Dios ha decidido salvar a las personas a través de aquello que para muchos de los intelectuales de sus días es pura locura.27

El hecho de que la mayoría de cristianos de Corinto no procedían de la minoría rica, poderosa y culta muestra claramente lo que Pablo está explicando (1:26–31). Y la forma en la que Pablo les predicó cuando llegó a ellos también lo corrobora; según las pautas de los filósofos de aquel entonces, sobre todo de los sofistas, la retórica de Pablo era muy poco elocuente (2:1–5; cf. 2Co 10:10). No debemos interpretar que en estas líneas se anima a los cristianos a desechar la educación, a desestimar la preparación cuidadosa de los sermones, y a predicar única y exclusivamente de la cruz. El mismo modelo de Pablo echa por tierra todas estas interpretaciones. Con frecuencia hace referencia a su conocimiento y observaciones de las culturas tanto judía como grecorromana, 2a Corintios 10–13 es una muestra de un uso elaborado y concienzudo de la retórica, y 1a Corintios trata muchos otros temas más allá de la cruz de Cristo. Pero Pablo rechaza cualquier intento de confiar en los recursos propios en lugar de reconocer la necesidad del poder del Espíritu para vivir una vida cruciforme y enseñar una enseñanza cruciforme.28



Sabiduría cristiana (2:6–16). Ciertamente, los cristianos deben esforzarse para ser más sabios cada día, no imitando la «sabiduría» de la sociedad sin Dios en la que viven, sino adoptando la sabiduría de Dios (recuérdese 1:24) por el poder del Espíritu (recuérdese 2:4). Así, 2:6–16 elabora la idea del tipo de sabiduría que los creyentes deberían adquirir y anima a los corintios a madurar para que dejen a un lado las divisiones y luchas de bandos. Aquí Pablo habla de una «sabiduría escondida» (v. 7a), que podría sonar a un tipo de elitismo. Pero lo que antes estaba escondido, y lo que sigue escondido para los gobernantes no creyentes en tiempos de Pablo (vv. 7b–9), ahora ha sido revelado a los creyentes (v. 10). De hecho, es posible que algunos de los corintios se estuvieran jactando de su sabiduría y se estuvieran colocando por encima de sus hermanos, como si ellos fueran los verdaderamente «maduros» (gr. teleioi). En las religiones mistéricas, este término se usaba para hacer referencia a los iniciados de una secta que habían llegado a comprender verdades espirituales secretas que el resto del grupo no había logrado entender. Pablo retoma este término, y lo usa para referirse a todos los creyentes (por lo que los que quedan fuera son los no creyentes), y recalcar así que no hay dos categorías de cristianos.29

Por tanto, en los versículos 11–16, Pablo distingue entre la persona «natural» (psychikos) y la «espiritual» (pneumatikos), por usar la traducción que aparece en la tan usada RV. La NVI traduce adecuadamente «el que no tiene el Espíritu» (v. 14) y «el que tiene el Espíritu» (v. 15), respectivamente. Solo los que son cristianos, y por tanto tienen al Espíritu, que habita en ellos, pueden discernir las cosas desde la perspectiva de Dios. Estos versículos no quieren decir que los no creyentes no pueden comprender cognitivamente o expresar adecuadamente las verdades bíblicas. Lo que quieren decir es que no aceptan que estas provengan de Dios (v. 14). Después de todo, la única forma legítima y definitiva de «comprensión» desde una perspectiva bíblica es la que acepta el evangelio.30



Dos tipos de cristianos (3:1–23). Sin embargo, en el capítulo 3 Pablo realiza un tipo diferente de comparación. Ahora usa el término «espiritual» para referirse a los creyentes maduros, a lo que cree que los corintios ya deberían haber llegado, que es el término opuesto al que usa para referirse a los cristianos «carnales» o inmaduros (sarkinos/sarkikos). Tenemos que fijarnos con detenimiento qué señales de inmadurez tiene Pablo en mente. Los corintios no eran creyentes nominales que se habían afiliado a una iglesia pero no practicaban su fe. Sí eran activos; el problema es que su mentalidad estaba marcada por el enfrentamiento entre los distintos bandos. Así, Pablo tiene que aludir de nuevo a este tema (vv. 1–4), y esa mentalidad es la que les hace ser carnales o inmaduros. A lo largo de la historia de la iglesia algunos cristianos han utilizado la categoría de cristiano carnal o inmaduro para justificar la creencia de que una persona puede hacer una profesión superficial de fe en un momento de su vida, no mostrar ningún signo de vida espiritual, incluso durante años o hasta el final, morir, y aún así ser salvo. ¡Eso no es lo que Pablo tenía en mente en este contexto!31 Los corintios no son pasivos ni están faltos de vida espiritual, pues que están haciendo uso de sus dones (recuérdese 1:7); lo que ocurre es que están usando sus dones con propósitos egoístas, en lugar de usarlos para la edificación del Cuerpo de Cristo.

El resto del capítulo 3 ilustra la igualdad fundamental de todas las personas en Cristo que debería acabar con el enfrentamiento de bandos que había entre los creyentes de Corinto. En primer lugar, Pablo compara a la iglesia con el campo de cultivo de Dios en el que todos los creyentes son compañeros de trabajo (vv. 5–9a). Los diferentes líderes cristianos no son más que labradores, y dependen por completo de que Dios produzca la cosecha. Cada uno de ellos puede tener un papel diferente, pero eso no les da el derecho de poner un rol por encima de otro rol.

En segundo lugar, la iglesia se parece a las piedras que forman un edificio, colocadas encima del fundamento, que es Cristo (vv. 9b–17). Aunque el día del juicio sacará a la luz la calidad de las obras de los cristianos (vv. 12–15), el contraste principal de esta sección está entre los que están al menos intentando construir, y los que solo están intentando destruir el edificio (vv. 16–17).32 Los versículos 12–15 se citan con frecuencia para respaldar la idea de que los cristianos pueden experimentar diferentes grados de recompensa en el cielo. Sin duda, tanto aquí como en otros lugares de las Escrituras parece claro que en el día del juicio, cada creyente tendrá una experiencia diferente y única cuando se presente ante Dios para revisar su vida. Pero ni éste ni ningún otro texto enseña que tendremos diferentes estatus o privilegios que duren por toda la eternidad. Después de todo, si la vida por venir es perfecta, no tiene ningún sentido hablar de grados de perfección. La parábola de los viñadores (Mt 20:1–16) representa a todos los seguidores de Jesús recibiendo la misma recompensa independientemente del trabajo realizado, que es precisamente lo que esperamos al saber que la salvación es por gracia solo a través de la fe y no a través de las buenas obras.33 Curiosamente, la doctrina de los grados de recompensa eternos en el cielo fue en la era de la Reforma un remanente del concepto católico del purgatorio.34 Sin embargo, Martín Lutero advirtió duramente en contra de dicha doctrina.

Uno de los principales peligros asociados con esta doctrina se parece al problema de aplicar la categoría de cristiano carnal a los creyentes nominales. Es demasiado fácil dar esperanza de que uno está realmente «dentro», aunque sea solo «por los pelos», cuando de hecho la falta de un compromiso continuado sugiere que uno nunca ha estado «dentro». Ése parece ser justamente el problema de los que Pablo menciona en los versículos 16–17. Puede que los corintios más implicados en las divisiones no estén contribuyendo nada a la obra de Dios y, al intentar destruir esa obra, demuestran que no son salvos, sino que caminan hacia la destrucción eterna. En estos versículos también, Pablo pasa de describir un edificio cualquiera a dibujar el edificio más santo que había en su tiempo: un templo. Más adelante dirá que cada cristiano es templo del Espíritu Santo (6:19), pero aquí está hablando de la iglesia de forma colectiva. ¡Aquellos que destruyen la unidad de una entidad tan sagrada están flirteando con la ira eterna de un Dios justo y santo!35



Los versículos 18–23 resumen el capítulo recordándonos que todos los creyentes tienen el mismo acceso a los privilegios espirituales. Por tanto, no hay necesidad de enorgullecerse de un líder, o de uno mismo. Ciertamente, Dios conoce los pensamientos de todas las personas, así que puede reconocer las actitudes orgullosas antes de que éstas se conviertan en acciones.

El verdadero ministerio apostólico (4:1–21). El capítulo 4 concluye la respuesta a los bandos que hay en la iglesia de Corinto, y lo hace centrándose en la actitud que deben tener hacia Pablo y los otros apóstoles. En primer lugar, los versículos 1–5 los describe como fieles administradores. El término que traducimos por «siervos» o «servidores» en el versículo 1 (hyperetes) describe a una persona a la que se la ha puesto por encima de una propiedad y/o otros siervos, pero que sigue estando subordinada a su amo.36 Del mismo modo, Pablo, aunque ha recibido autoridad y responsabilidad como apóstol y misionero, no es más que un siervo de Cristo. Por tanto, cuando Pablo dice que no le importa los que los corintios piensen de él, ni aun lo que su propia conciencia le diga de él mismo, no está menospreciando a la iglesia, sino que simplemente está enfatizando que lo único que importa en última instancia es la evaluación que Dios hace de cada persona (vv. 2–5).

En segundo lugar, los versículos 6–7 apuntan a que cualquier juicio debería tener una base espiritual. El versículo 6 contiene una dificultad: ¿de dónde viene esa frase y qué significa no ir más allá de lo escrito? Esta cita no proviene de ninguna parte de la Escritura. Algunos comentan que podría hacer referencia a la forma en la que los niños grecorromanos aprendían a escribir, repasando las letras del alfabeto y sin salirse de la línea. Otros especulan que se refiere a seguir normas de arbitraje en el trabajo. Pero lo más probable es que esté hablando de que todas nuestras acciones deberían estar basadas en la Biblia.37 Eso eliminaría el orgullo que era el causante de que hubiera diferentes bandos. Después de todo, todos los dones de los creyentes vienen de Dios, y no por algo que hayamos hecho nosotros. Una traducción más literal del verbo que en versículo 6 traducimos por «he aplicado» sería «he transformado». Así, es posible que Pablo esté diciendo que el problema real está en los líderes corintios, no entre Apolos y Pablo: pero él hace referencia a ellos dos para evitar una confrontación tan directa.38

En tercer lugar, el verdadero ministerio apostólico normalmente conlleva sufrimiento, incluso sufrir de forma injusta (vv. 8:13). El catálogo de penalidades y persecuciones que Pablo presenta contrasta llamativamente con el triunfalismo de algunos cristianos corintios. El versículo 8a debe entenderse como una clara ironía. Los corintios no son ricos, ni han empezado a reinar, como vemos en la segunda parte del versículo. Paradójicamente, si hubieran madurado espiritualmente, estarían sufriendo junto con Pablo.39 Pero su concepción de la vida cristiana no concibe que vayan a ser tratados como «la escoria de la tierra, la basura del mundo» (v. 13). En el griego original, las palabras que traducimos por «escoria» y «basura» son términos bastantes vulgares;40 ¡los equivalentes más cercanos en español ofenderían a tantos lectores que los traductores de la Biblia han utilizado en su lugar eufemismos como «escoria» y «basura»!

Por último, y con un tono más positivo, los apóstoles tienen una relación especial con los corintios (vv. 14–21). Pablo en particular es el padre espiritual de muchos de ellos, y eso le da el derecho de hablar tanto con un todo duro, como con un todo tierno (vv. 14–15).41 Como con los tesalonicenses, Pablo les dice que le imiten (v. 16),42 y dado que ahora no puede estar con ellos, les envía esta carta con Timoteo, que pasará algún tiempo con ellos enseñándoles más cosas y siendo un modelo para ellos, un modelo de la conducta cristiana de Pablo (v. 17). Pero si este acercamiento amable no surte efecto, Pablo mismo tendrá que ir a Corinto e intervenir con dureza para castigar a los que no han abandonado su arrogancia (vv. 18–21).43

Incesto en la iglesia (5:1–13). Del amplio tema de las divisiones, Pablo pasar a hablar de una serie de temas específicos y de la libertad que los corintios tienen en cuanto a estos temas, pues no han entendido bien en qué consiste esa libertad, y además están alardeando de ella (capítulos 5–6). La primera cuestión gira en torno a un hombre que está teniendo relaciones sexuales con su madrastra. Dado que Pablo se refiere a la mujer como la «esposa de su padre» (v. 1), lo más lógico es pensar que no se refiere a la madre biológica del hombre que está cometiendo incesto. Normalmente, una segunda mujer era considerablemente más joven que su marido, por lo que su edad podía ser más cercana a la edad del hijo de su marido, lo que explicaría que el hijo se sintiera atraído por ella. Sin embargo, el incesto era una ofensa sexual que estaba mal vista incluso en el promiscuo mundo grecorromano (Cicerón, Pro Cluentio 15), ¡y aquí la iglesia actúa como si estuviera orgullosa de que su «libertad» en Cristo tolerara ese tipo de conducta! (v. 2). Pablo no duda en usar su autoridad en esta situación para ordenar que excomulguen al pecador si no se arrepiente (vv. 3–5) para preservar la pureza de la iglesia (vv. 6–8). Al menos así interpreta el versículo 5 la NVI. Pero la palabra que traducimos por «naturaleza pecaminosa» es sarx (literalmente «carne»), que también podría referirse al cuerpo del hombre en cuestión.

Por tanto, algunos comentaristas creen que Pablo está hablando de su muerte. Quizá tenía una enfermedad de transmisión sexual, y Pablo simplemente está diciendo: «Dejadle morir». O quizá Pablo imagina que Dios lo va a hacer caer muerto de alguna forma sobrenatural. Pero independientemente de que pensemos que Pablo se está refiriendo a su excomunión o a su muerte, su propósito es claro: para que el espíritu del hombre «sea salvo [puede llegar a ser salvo] en el día del Señor». Dado que en 2a Corintios 2 y 7 se hace referencia a un pecador de la iglesia de Corinto al que la iglesia ha castigado, en consecuencia se ha arrepentido y Pablo anima a la iglesia a que lo reciban de nuevo, parece ser que aquí se está hablando de excomunión, y que la acción disciplinaria surge el efecto esperado: la restauración.44

Es en este contexto en el que nos enteramos de que Pablo ha escrito una carta anterior a los corintios (vv. 9–13; cf. p. 189). Y explica que la iglesia ha invertido completamente su mensaje. Se están separando de los no creyentes pecaminosos, mientras que están tolerando una gran cantidad de inmoralidad en la congregación: lo que deberían estar haciendo es vivir vidas puras, y estar lo suficientemente cerca de los no creyentes para influenciarles de forma positiva. ¡Es increíble ver cómo la iglesia cristiana conservadora ha invertido esas prioridades una y otra vez a lo largo de los siglos!

Pleitos entre cristianos (6:1–11). Igual de vergonzoso es que los cristianos se acostumbren a llevar a juicio a otros cristianos por cuestiones legales (v. 1).45 Los juicios más comunes en la época de Pablo tenían que ver con las peleas por cuestiones de propiedad. Los «patronos» ricos del mundo grecorromano solían emprender acciones legales con tal de aumentar su estatus y avergonzar a sus oponentes.46 Sin embargo, los cristianos al menos deberían seguir el precedente judío de arreglar las disputas «en casa» (vv. 2–6). En la mayoría de casos, la legislación rabínica prohibía a los judíos ir a los tribunales grecorromanos, mientras que las sinagogas ejercían una «doble función» de servir como lugar en el que podían juzgar sus propios casos. Si el versículo 4 se traduce y puntúa como lo hace la versión inglesa NIV, entonces la expresión «hombres que no cuentan para nada en la iglesia» debe referirse a la forma en la que los de fuera etiquetan a los creyentes. Pero la traducción tradicional es mucho más probable: Pablo está preguntando, «¿nombráis como jueces a los que tienen un estilo de vida que no es de agrado en la iglesia?», es decir, a los magistrados gentiles.47

Los versículos 7–8 son aún mucho más desafiantes. Aunque Pablo reconoce que las personas caídas deben tener mecanismos para solucionar sus disputas, el cristiano ideal no debería buscar la indemnización. Eso no significa que los creyentes no pueden luchar por la justicia abogando por aquellos que han sido oprimidos o privados de sus derechos. Ni tampoco significa que no pueden recurrir a un tribunal secular para tratar un pleito que tienen con un no creyente. Pero la pregunta que deben hacerse los cristianos cuando se estén planteando tomar una acción legal es la siguiente: ¿Cuál va a ser el resultado? ¿Va a ser perjudicial para el evangelio? ¿O va a mejorar la forma en la que los de afuera perciben el evangelio?48 Dado el aumento de los ministerios cristianos de mediación, al menos en los EE.UU., no hay excusa: los cristianos deben esforzarse en solucionar sus enfrentamientos «en casa».



Pablo subraya la seriedad de este tema asociándolo con la práctica continua de varias formas de inmoralidad sexual, idolatría, robo, borrachera, calumnia y estafa (vv. 9–10). El hecho de que Pablo use adjetivos que califican a personas («fornicarios», «idólatras», etc.) en lugar de sustantivos («inmoralidad sexual», «idolatría», etc.) sugiere que no está hablando de una acción ocasional sino de un estilo de vida regular. Ese tipo de personas no entrará en el reino de Dios. Pero claro está, uno puede arrepentirse, seguir a Cristo, cambiar sus hábitos, y ser salvo (v. 11). Los términos que traducimos por «sodomitas» (malakoi) y «pervertidos sexuales» (arsenokoitai) hacen referencia a los hombres que tienen relaciones homosexuales, tanto de forma pasiva como activa respectivamente.49 Hablaremos del tema de la práctica homosexual con más detenimiento en el comentario de Romanos 1, pero por el momento es importante dejar claro que estas palabras, cuando se usan juntas, no solo se refieren a ciertas formas de conducta homosexual como la prostitución o la pederastria.

La seriedad de la inmoralidad sexual en general (6:12–20). Pablo regresa al tema de la inmoralidad sexual pero lo amplía para recoger todo tipo de promiscuidad, especialmente la prostitución. En los versículos 12–13 Pablo introduce una forma de argumentación, que usará más veces a los largo de la epístola («, pero…»). En cada caso cita lo que parece ser un «eslogan», una forma de pensar que algunos miembros de la iglesia han adoptado, y con la que Pablo está de acuerdo en parte, pero de la que también difiere. La NVI pone los eslóganes entre comillas. Es verdad que un evangelio libre de la ley, desde un punto de vista, todo es permisible, pero eso no hace que todo sea bueno o aceptable (v. 12). Al parecer, los corintios estaban diciendo que si el argumento de que el cuerpo se destruye servía para decir que comer es una cuestión moral neutral, lo mismo ocurría con la práctica sexual: uno podía hacerlo cuando y como quisiera (v. 13a).50 Aquí Pablo se opone tajantemente. La relación sexual es la forma más íntima de comunicación corporal y, como refleja la unidad entre dos personas se debe reservar para aquella persona con la que uno se comprometa de forma definitiva (vv. 13b–18).51 Pablo de nuevo apela al hecho de que el cuerpo del cristiano es templo del Espíritu Santo debido a nuestra redención en Cristo (vv. 19–20), pero esta vez está pensando más en cada individuo que en el colectivo (recuérdese 3:16–17). «Hemos sido comprados por un precio, un precio enorme: la sangre expiatoria de Cristo». Por tanto, los creyentes «deberían expresar su gratitud por el precio que se ha pagado a través de su actitud y su conducta».52



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