8 de pentecostés a patmos una introducción a los libros de hechos a apocalipsis


RESPUESTA A LA CARTA DE LOS CORINTIOS (7:1–16:4)



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RESPUESTA A LA CARTA DE LOS CORINTIOS (7:1–16:4)

En cuanto al matrimonio (7:1–40). Ahora Pablo se dirige al bando asceta de la iglesia. La clave para entender el capítulo 7 es reconocer, como hace la NVI poniendo las comillas, que el versículo 1b es parte de una frase o eslogan común entre los corintios. El padre de la iglesia Orígenes lo confirmó en su comentario ya en torno al año 200 d.C. El texto griego dice literalmente: «Es bueno para un hombre no tocar a una mujer». Pero «tocar» era un eufemismo para las relaciones sexuales. Algunos miembros de la iglesia de Corinto estaban abogando por el celibato —la abstinencia sexual completa— como la norma para todos los cristianos. Pablo afirma que el celibato puede ser bueno, pero se niega a hacerlo un absoluto.53

Empieza considerando a los que ya están casados. El bando pro celibato promovía la abstinencia incluso entre marido y esposa. El versículo 2 no significa que todas las personas deberían buscar pareja, sino que todas las personas casadas deberían continuar teniendo relaciones sexuales con su cónyuge (lo mismo en los vv. 3–4). Es importante notar que tanto aquí como a lo largo de todo el capítulo, Pablo da las mismas órdenes tanto a maridos como a esposas, tratándolos como seres iguales entre ellos.54 Pablo hace una concesión a sus oponentes, diciendo que marido y mujer se pueden abstener de tener relaciones sexuales por mutuo acuerdo durante un breve periodo de tiempo en aras de la disciplina espiritual. Pero reconoce que prolongar ese régimen puede llevar a uno o a ambos cónyuges a buscar relaciones sexuales en otro lugar; y, por tanto, no puede respaldarlo a menos que sea un pequeño cambio de rutina por propósitos espirituales especiales (vv. 5–6). Éste es uno de los textos de los que podemos inferir que Pablo no estaba casado, al menos en el momento en el que escribe esta carta (v. 7a). Pero aunque expresa su preferencia por la soltería, reconoce que solo deberían buscarla los que tienen ese don de Dios (cf. Mt 19:10–12).

En los versículos 8–9, Pablo habla a los viudos (probablemente «solteros» sea una mejor traducción) y las viudas. En este caso, considera el celibato mucho más favorable porque él es soltero o, posiblemente, viudo. Pero el matrimonio es preferible a la lujuria y la promiscuidad. El verbo que traducimos por «poder» en el versículo 9a no aparece en el texto griego; una traducción más adecuada diría: «Pero si no se están controlando, que se casen». En el versículo 9b, el texto griego dice simplemente: «Es preferible casarse que quemarse», pero la NVI añade «de pasión». Las novelas románticas griegas solían hacer ese tipo de afirmaciones cuando hablaban de la celebración del placer sexual en el matrimonio, así que esto no sonaría extraño a oídos de los corintios.55

Los versículos 10–16 vuelven a considerar a los casados, pero esta vez a los que quizá están contemplando la idea del divorcio como modo de librarse de las relaciones sexuales. Esta sección contiene lo que ha pasado a llamarse el privilegio paulino, la segunda de dos excepciones bíblicas a la prohibición general del divorcio. Jesús lo había permitido en caso de infidelidad sexual (Mt 5:32; 19:9); ahora Pablo lo permite cuando un cónyuge no creyente quiere marcharse (vv. 15–16). No obstante, en otras situaciones, si la separación o el divorcio ya se han dado y no se han vuelto a casar, los separados deberían reconciliarse y volver a juntarse o quedarse solteros (vv. 10–11). Hay aquí dos cuestiones exegéticas que dividen a los comentaristas. En primer lugar, ¿qué es lo que hace que Pablo haga una excepción? ¿El abandono o el matrimonio mixto (o ambos)? Muchos han dado por sentado que se trata de la relación mixta, pero es interesante que, si uno se centra en el abandono, entonces Jesús y Pablo estarían poniendo el dedo en uno de los dos elementos fundamentales del matrimonio —dejar y unirse (vs. abandono) y ser una sola carne (vs. infidelidad sexual)—, tal y como se define en Génesis 2:24. Así que quizá lo del matrimonio mixto no sea más que un elemento de aquella situación específica.

En segundo lugar, ¿las enseñanzas de Jesús y de Pablo cubren todas las situaciones posibles en las que el divorcio podría reflejar la voluntad (permisiva) de Dios? Obviamente, la enseñanza de Jesús no fue exhaustiva; si no, Pablo no podría haber añadido nada. De forma similar, Pablo no muestra ser consciente de la excepción de Jesús, así que su lista de (una) situación excepcional tampoco puede ser absoluta. Por tanto, varios intérpretes han sugerido otras situaciones extremas en las que el divorcio podría ser la opción menos mala. Sin embargo, probablemente sea mejor no añadir a la lista bíblica, sino simplemente tratar cada caso de forma individual, preguntándose si el matrimonio ha quedado destruido tanto como si se hubiera dado infidelidad sexual o un abandono irrevocable.56

El contraste entre los versículos 10 y 12 también ha sorprendido a muchos lectores. ¿Está Pablo diciendo que el primer contexto es inspirado, pero que el segundo no lo es? Si consideramos el versículo 40, veremos que no es así. Lo que ocurre es que en el versículo 10 está haciendo referencia a una enseñanza concreta del Jesús histórico, mientras que en el versículo 12 dice que no conoce ninguna enseñanza específica de Jesús al respecto que pueda citar.57 Del mismo modo, en el versículo 25 Pablo tampoco está diciendo que ese mensaje no es inspirado, pues también dice que su opinión proviene de la misericordia del Señor, que es digna de confianza.58 Y en el versículo 40, lo más probable es que esté tiñendo sus comentarios de cierta ironía, ¡y no dudando de la guía de Dios! Después de todo, los elitistas de Corinto probablemente decían que ellos eran los únicos que tenían al Espíritu, así que Pablo añade que él también lo tiene.




No obstante, aún queda un versículo de esta sección que ha causado más de un debate. A primera vista parece que el versículo 14 enseña que, si uno de los progenitores de una familia acepta a Cristo, ¡todos los miembros de la familia serán salvos! Esta confusión tiene lugar porque suele usar el verbo «santificar» para referirse a creyentes. Pero su significado no es más que el de «apartar» o «colocar en un ambiente de santidad». Dado que Pablo dirá en los próximos dos versículos que un cónyuge creyente no puede saber si llevará al cónyuge no creyente al Señor, en el versículo 14 no puede estar hablando de la salvación. Lo que el versículo 14 significa es que cuando uno de los progenitores es creyente eso aporta a la familia un ambiente de santidad que puede ayudar a que los otros miembros lleguen a confiar sus vidas a Cristo.59

Los versículos 17–24 ofrecen una conclusión preliminar que se podría parafrasear de la siguiente forma: florece en el lugar en el que has sido plantado. Aplicado a los defensores del celibato, Pablo estaría diciendo «no hagáis nada radical solo para libraros de la práctica sexual», pero aplica el principio también a otras cuestiones. A lo largo de la historia de la iglesia, el versículo 21b se ha traducido de dos formas completamente opuestas, debido en la mayoría de ocasiones a las actitudes preconcebidas en cuanto a la esclavitud. El texto griego dice, literalmente, que si un esclavo puede obtener la libertad, «mucho más, úsa[la]». ¿Significa eso «muéstrate mucho más dispuesto a usar esa oportunidad de libertad» o «mantente en tu situación actual»? El detallado análisis histórico y lingüístico de Scout Bartchy ha convencido a la inmensa mayoría de comentaristas de que la primera afirmación es la correcta.60 Después de todo, en la mayoría de los casos en los que el amo elegía dar a un esclavo la libertad, ¡el esclavo no tenía derecho a rechazarla!

En los versículos 25–35 Pablo se vuelve a centrar en los que nunca han estado casados. Junto a los defensores del celibato, les anima a que sigan solteros, pero a diferencia de ellos, se niega a imponer la soltería. Además, el argumento que Pablo usa es totalmente diferente al de ellos. A Pablo le preocupa «la crisis actual» (v. 26). Pero, ¿qué crisis? Algunos creen que hace referencia a los vestigios de la hambruna que hubo a finales de los años 40, pero el contexto inmediato sugiere una respuesta más convincente. En el versículo 29 Pablo explica: «Lo que quiero decir… es que nos queda poco tiempo». Pablo no sabe cuándo volverá Cristo para poner fin a este mundo tal y como lo conocemos (v. 31), y por eso quiere que los creyentes estén lo más libres posibles para poder dedicar sus energías al trabajo del reino (vv. 32–35). No obstante, como en todas las demás secciones de este capítulo, Pablo reconoce que Dios prepara solo a algunas personas para este estilo de vida en cuestión. Por lo que, a diferencia de sus oponentes, el apóstol enfatiza que los que se casan no pecan (v. 28).61 ¿Con qué frecuencia los creyentes que contemplan la idea de casarse se preguntan si su pareja les permitirá servir mejor a Dios? Si después de hacerse esa pregunta creen que eso no va a ser posible, ¡lo mejor es que no se casen!

Los versículos 36–38 suponen otra dificultad para el traductor. En las notas al pie de la NVI vemos que antiguamente se creía que Pablo se estaba dirigiendo a un padre que se está debatiendo entre dar a su hija en matrimonio o no. Pero las investigaciones lingüísticas más recientes han demostrado de forma bastante convincente que se trata de una pareja de prometidos que está intentando decidir si casarse o no.62 Pablo está de acuerdo con los defensores del celibato en que esta pareja no está obligada a consumar el matrimonio, pero él no puede obligarles a mantenerse célibes. Su apreciación de la soltería le lleva a preferir dicha opción, pero deja claro una y otra vez que la alternativa del matrimonio no es pecado.

El capítulo concluye con un recordatorio de que el matrimonio ha sido creado para durar toda la vida (vv. 39–40). Pero cuando el cónyuge muere, el cristiano es libre de volver a casarse —siempre que el nuevo cónyuge sea creyente— aunque una vez más Pablo les recuerda a sus lectores que él prefiere la vida en soltería. La palabra que traducimos por «ligado» en el versículo 39, en griego no es la misma palabra que la que aparece en el versículo 15, pero son sinónimos bastante próximos. Dado que el capítulo no trata de forma explícita la cuestión de volver a casarse después de un divorcio permitido por las Escrituras, la observación más relevante que podemos hacer es que, si en un versículo no estar «ligado» significa estar libre para casarse otra vez, lo más probable es que en el otro versículo tenga el mismo significado. Además, el derecho a casarse después de un divorcio legítimo era algo aceptable entre los judíos, griegos y romanos, por lo que, si Pablo se estaba desviando de dicha idea, tendría que haberlo expresado de forma explícita.63

En cuanto a la comida sacrificada a los ídolos (8:1–11:1). Discusión inicial (8:1–13). En los próximos tres capítulos entran en escena los bandos ascetas y hedonistas de la iglesia. El primer grupo se niega a comer de la carne sacrificada a los ídolos. Muchos de estos cristianos eran pobres y no podían permitirse comer carne de forma regular, y asociaban el comer carne con los rituales del templo pagano en Corinto. El segundo grupo se ha dado cuenta de que no es inmoral comer ese tipo de carne, pero no está teniendo en cuenta a los que Pablo llama «los hermanos más débiles». No ve el problema que tiene delante: que la libertad cristiana se puede convertir en licencia. De nuevo Pablo tiene que matizar que, aunque está de acuerdo, tiene que añadir un «pero» pues, como dice en los versículos 1–3, la libertad cristiana se puede convertir en licencia. Los que tienen el conocimiento de que la carne ofrecida a los ídolos no es en sí inmunda deben gestionar ese conocimiento con amor. Tal como aparece a pie de página en la NIV inglesa, parece ser que los corintios tenían un eslogan que decía algo como «Todos tenemos conocimiento», a lo que Pablo tiene que añadir «el conocimiento envanece, mientras que el amor edifica» (v. 1).64

La aplicación del principio de Pablo aparece en los versículos 4–13. Aunque no hay nada malo en comer carne sacrificada a los ídolos (vv. 4–6, 8), los cristianos deberían evitar hacerlo si eso provoca que otros cristianos caigan en pecado (vv. 7, 9–13). El pecado en cuestión debía consistir en no saber diferenciar entre comer de la carne ofrecida a los ídolos que se vendía en el mercado (cf. 10:25), y comer en el contexto de la adoración pagana o en otros eventos dentro del local del templo, como bodas, fiestas, reuniones de los diferentes gremios, o rituales abiertamente religiosos (cf. v. 10a). O tan solo provocar que un cristiano débil comiera de esa carne y, aun siendo fuera de un contexto religioso pagano, le quedara la conciencia herida (vv. 10, 12).65

Es importante observar quiénes son los que Pablo no considera un «hermano [o hermana] débil». Pablo no está pensando en los cristianos que se ofenden o irritan al ver que otro creyente participa en una práctica que ellos consideran incorrecta. En una situación así, la persona ofendida no va a imitarle, porque piensa que lo que el otro está haciendo es incorrecto. Está claro que no vamos a ir por ahí buscando ofender a nuestros hermanos, pero habrá ocasiones en que por el bien del evangelio sí tengamos que hacerlo. Curiosamente, los métodos evangelísticos novedosos, creativos ¡y más eficaces! siempre reciben la crítica de los cristianos aferrados a la tradición. En situaciones así, es mucho más importante pensar en los no creyentes que necesitan oír el evangelio que preocuparse por los cristianos que se van a ofender (9:19–23). Y podríamos mencionar muchísimas más situaciones.66

En los versículos 4–6 encontramos una importante teología que no debiéramos pasar por alto. Está claro que el objetivo principal de Pablo es abogar por el monoteísmo; los dioses y las diosas politeístas del mundo grecorromano no existen; su existencia no es objetiva. El versículo 6 no debe entenderse como si se estuviera sugiriendo que todo es subjetivo, es decir, que los cristianos creen que solo hay un Dios, otros están en desacuerdo, y en el fondo no hay forma de saber quién está en lo cierto. Cuando Pablo dice «para nosotros», lo que está queriendo decir es que «sabemos» (aunque otros no lo sepan) que no hay más que un Dios en el Universo. Pero aún son mucho más sorprendentes las palabras de Pablo en la segunda parte del versículo 6, donde hace la misma declaración sobre Jesús. No hay más que «un solo Dios, el Padre, de quien todo procede y para el cual vivimos; y no hay más que un solo Señor, es decir, Jesucristo, por quien todo existe y por medio del cual vivimos». Como vimos en Hechos, la primera generación de cristianos ya adjudicaba a Jesús las mismas afirmaciones que hacían sobre Yahvé, el Dios de Israel, sin caer en el error de creer en dos divinidades. Dado que Jesús era Dios mismo, también es Creador y Sustentador del Universo. Es cierto que esto aún no es el pensamiento trinitario, pero sí es al menos un pensamiento binitario.67



Un ejemplo paralelo (9:1–18). En 9:1–18, Pablo da otro ejemplo en cuanto a refrenar la libertad cristiana. A primera vista parece que ha pasado a hablar de otro tema. Pero el capítulo 10 dejará claro que no es así. Lo que está haciendo aquí es tratar otro tema controvertido que requiere la aplicación de los mismos principios que sirvieron para el tema de la carne ofrecida a los ídolos. Aunque los ministros cristianos tienen el derecho de recibir sustento por el ministerio que realizan (vv. 1–12a, 13–14), nunca pensarían en exigir dicho derecho. Ciertamente, si va a ser causa de escándalo —por ejemplo, la acusación de predicar el evangelio movido por motivaciones incorrectas— deberían servir sin esperar nada a cambio y buscar otro tipo de sustento, tal y como Pablo hizo con frecuencia (vv. 12b, 15–18). El hecho de que los maestros religiosos y los filósofos itinerantes en el mundo grecorromano cobraran (y a veces, cantidades desorbitantes) por sus servicios ponía en cuestión sus motivaciones, y Pablo no quiere que le asocien con ese tipo de gente ni que cuestionen su ministerio. Además, como hemos visto, muchos de los patrones que subvencionaban a este tipo de personas se creían con el derecho de darles órdenes, y Pablo no quería deber favores a alguien que pensaba que le podía ordenar qué debía decir y qué no debía decir.68

En esta sección hay algunas otras cuestiones que merecen nuestra atención, aunque sea de forma breve. Los versículos 1–2 asocian el apostolado de Pablo con el hecho de que él es testigo del Jesús resucitado, sugiriendo así que Pablo se veía a sí mismo como apóstol no solo porque había recibido el don espiritual del apostolado, sino porque era un testigo ocular de la resurrección (como los otros doce). Los versículos 3–6 suscitan el debate sobre si Pablo había estado casado o no, aunque quizá solo lo hace poniéndose en la piel de su compañero Bernabé. Uno de los usos más extraños que se hace del Antiguo Testamento en el Nuevo Testamento aparece en los versículos 9–10. Pablo aplica el mandamiento mosaico de no poner un bozal al buey mientras está trillando (Dt 25:4) a la responsabilidad de los creyentes de no estorbar el trabajo de los ministros «a todo tiempo» no pagándoles (¡o pagándoles de forma insuficiente!). Uno puede entender la analogía entre estas dos situaciones, y entre los autores del Nuevo Testamento, aplicar textos del Antiguo Testamento a sus situaciones contemporáneas sin dilucidar el significado original de aquellos textos en que era una práctica bastante común. Pero lo sorprendente del caso es que aquí, Pablo parece estar diciendo que el texto veterotestamentario se escribió exclusivamente o «enteramente» (pantos) para nosotros. Pero esa palabra también se puede traducir por «ciertamente» o «desde luego», apuntando así a que el texto no solo se aplica a los animales, que sin duda es lo que Pablo tiene en mente.69

¿Por qué Pablo insiste tanto en el derecho a recibir dinero para el ministerio, si luego dice que él suele renunciar a dicho derecho? Al parecer, lo hace por el bien de otros que están en su situación. El versículo 14 incluso alude a un dicho de Jesús (cf. Lc 10:7, citado de nuevo en 1Ti. 5:18) que resalta la obligación de apoyar a aquellos que nos sirven. Cuando Pablo cree que no va a haber conflicto de intereses, acepta agradecido la ayuda y el apoyo (Fil 4:10–20), ¡pero se niega a exigirla! El ministerio bivocacional tiene sus ventajas, sobre todo porque así uno tiene una plataforma «secular» desde la que compartir el evangelio con regularidad, como Pablo hacía cuando hacía y vendía tiendas.70

El principio unificador (9:19–27). Detrás del acercamiento de Pablo al debate sobre la comida sacrificada a los ídolos y al tema de aceptar dinero por el servicio ministerial hay una motivación bien clara: eliminar esos obstáculos innecesarios que impiden que la gente se acerque a Cristo (vv. 19–23). Obviamente, al hacerse todo para todos, Pablo no cometió actos pecaminosos (no se hizo borracho para ganar a los borrachos, etc.). Pero en cualquier situación moralmente neutral, incluso si sus prácticas parecían contradecir lo que decía y hacía en otras ocasiones (recordemos su circuncisión de Timoteo en Hechos 16:3), estaba dispuesto a ser flexible para lograr que los no creyentes se acercaran al Señor. ¿Tenemos nosotros esa misma pasión por el mundo que nos rodea?71

En este contexto Pablo usa metáforas extraídas del mundo del deporte, recordando a sus lectores que para competir en las carreras o en la lucha es necesario prepararse a conciencia (vv. 24–27).72 Si uno no está dispuesto a aceptar el difícil y exigente estilo de vida cristiano del que se habla en los versículo 19–23, estará en peligro de ser «descalificado» (v. 27). Siempre es más fácil decir que las prácticas cuestionables son o totalmente erróneas o totalmente acertadas, que tratar cada situación de forma individualizada y con suma sensibilidad y amor. Pero no estamos llamados a las soluciones fáciles y cómodas. Ese no es el modelo bíblico. Tampoco podemos suavizar el concepto de «descalificación» (lo que implica no poder obtener el premio), e interpretar que se refiere simplemente a perder la recompensa en el cielo. El adjetivo «descalificado» (adokimos) viene de la misma raíz que la palabra «poner a prueba» (dokimazo) que aparece en 3:13, que hace referencia al día del juicio. Pablo quiere asegurarse de que su estilo de vida está caracterizado por frutos que reflejan una actitud de arrepentimiento hasta el final.73



Una prohibición absoluta (10:1–22). Sin embargo, no todas las cuestiones éticas quedan en una zona grisácea. La Biblia enseña que ciertas cosas están mal, y en esas áreas el cristiano no tiene la libertad de abrazarlas. Así, en los versículos 1–13 Pablo regresa al trágico episodio de la historia de Israel en el que el pueblo de Dios cayó en la idolatría y la inmoralidad, lo que dio lugar el severo juicio de Dios. A pesar de haber sido «bautizados» para unirse a Moisés (v. 2) —es decir, la identificación del pueblo con Moisés cuando la nación fue guiada por Dios y cruzó el mar de forma milagrosa— muchos de los israelitas se rebelaron (vv. 7, 8a, 9a, 10a) y Dios los mató (vv. 8b, 9b, 10b). Esta gente había vivido la provisión milagrosa del maná y del agua que salió de la roca, que según Pablo son imágenes tipológicas del Cristo que había de venir (v. 4),74 y aun así habían olvidado que Dios había provisto, habían desobedecido sus mandamientos y, como resultado, se encontraron con la muerte (v. 5). Como ocurre con el material narrativo en todo el Antiguo Testamento, Pablo reconoce que éste tiene la función de servir de ejemplo. En este caso, el comportamiento de los israelitas sirve para advertir a las generaciones posteriores que no actúen del mismo modo (v. 6), sobre todo una vez llegue la era mesiáni-ca (vv. 11–12).75 Aunque Pablo dedica doce versículos a la advertencia, acaba con unas palabras de ánimo. Los miembros del pueblo de Dios siempre pueden resistir la tentación si dan lugar al Espíritu; Él nunca les dará más de lo que puedan soportar con su ayuda divina (v. 13).

Pablo introdujo el ejemplo de la idolatría de los israelitas para advertir a los corintios y que éstos no cayeran en una falsa adoración. Aquí tenemos su prohibición absoluta: no deben participar en un servicio religioso dedicado a la adoración de los dioses de Grecia o Roma (vv. 14–22). Aunque esos dioses no existen (recordemos 8:4–6), detrás de cualquier forma de religión siempre están los poderes demoníacos al acecho. Una de las prácticas más características de la adoración pagana era un banquete y un sacrificio, y los que participaban creían que a través de aquello se unían a los dioses. La similitud con la eucaristía cristiana lleva a Pablo a enfatizar la clara diferencia entre ambos ritos (vv. 14–17).

Es importante reconocer, aunque muchos no estén de acuerdo, que el principio fundamental sigue siendo la libertad, no las restricciones. «La preocupación de Pablo en 1a Corintios 10:23–31 es afirmar el uso de los derechos individuales cuando en la comunidad existe una clara sensibilidad hacia todos los miembros de dicha comunidad». De nuevo, «La libertad del individuo no debe ser cortada por los escrúpulos de los débiles, pues la identidad de los creyentes supone que, habiendo sido libertados por la muerte de Cristo, ahora reciben la gracia y todo lo necesario para ser usados para la gloria de Dios».76

Tresprincipios resumidos (10:23–11:1). Cuando llegamos el cierre de esta discusión, Pablo repite tres principios clave que aparecen en los capítulos 8–10. Primero, el cristianismo supone librarse del legalismo, y significa ser libre para hacer todo aquello que no está mal (vv. 23a, 25–27, 29b–30). Segundo, en algunas ocasiones uno debe estar dispuesto a no hacer uso de su libertad si hacer uso de ella va a incitar a otros a pecar (vv. 23b–24, 28–29a, 32–33). Tercero, en ambos casos, dar gloria a Dios debería seguir siendo la motivación principal (v. 31). La forma en la que estos tres principios se aplican a la cuestión de la comida sacrificada a los ídolos es la siguiente: los creyentes tenían plena libertad de comer de toda la carne que se vendía en el mercado, incluso si era carne sacrificada para los ídolos como parte de una ceremonia pagana o carne bendecida por los sacerdotes paganos. Los creyentes podían comer de esa carne en sus casas e incluso si un amigo pagano se la ofrecía. La única excepción era si, estando varios, alguien menciona la procedencia de la carne. Entonces se debía tener cuidado y detectar si se iba a herir la conciencia de alguien; es decir, no animar a alguien a comer si lo va a hacer pensando que no tiene la libertad para hacerlo.

Obviamente, comer carne ofrecida a los ídolos no está en la lista de dilemas morales de los cristianos de Occidente, aunque sí sigue siendo una cuestión delicada en algunas partes del mundo. No obstante, estos tres principios son aplicables a innumerables cuestiones a las que sí nos enfrentamos en Occidente y otros lugares, como la consumición de alcohol, algunas modas, algunas actividades de ocio, algunas técnicas de desarrollo personal, mediación y terapias tan comunes hoy en el mundo empresarial, etcétera. A la hora de identificar a personas «más débiles», debemos recordar que Pablo no se refiere a la gente que, ofendida delante de una actividad concreta, está firme en su postura y no va a participar de ella. Se está refiriendo a los que acabarían participando de algo que en sí no está mal, pero lo harían con una conciencia intranquila; o a aquellos que participarían sin saber dónde están los límites y acabarían cayendo en pecado. Si captamos este equilibrio, estaremos imitando a Pablo, en su actitud de imitar a Cristo (11:1).77



En cuanto a la adoración (11:2–14:40). Cubrimiento de la cabeza, tanto para hombres como para mujeres (11:2–16). Los próximos cuatro capítulos están dedicados a problemas relacionados con el culto de adoración en Corinto.78 Pablo vuelve a usar su estrategia de alabar algo, pero aun así añadir algún comentario o reproche (vv. 2–3). La iglesia parece haber entendido la enseñanza básica que Pablo les dio sobre este tema, pero aun así sigue habiendo algunos problemas que el apóstol debe corregir. Probablemente reconocían los privilegios de la libertad cristiana, por lo que entendían que la vestimenta y los peinados vistosos eran algo amoral. Pero no se habían dado cuenta de que ciertas prácticas podían enviar señales equívocas al mundo que los observaba. Es posible que, al igual que en algunos tipos de adoración pagana del mundo grecorromano, intentaran «trascender» su sexualidad y recrear el ser humano original, supuestamente andrógino. Por lo que Pablo les recuerda que el esposo es «cabeza» de la esposa,79 como Cristo es cabeza del hombre, y Dios, de Cristo. Independientemente de si traducimos kephale (cabeza) por «autoridad» o «fuente»,80 el significado en este contexto es «alguien que merece ser honrado».

Así, los esposos y las esposas reflejan en el culto sus respectivas situaciones cubriéndose o descubriéndose la cabeza (vv. 4–16). ¿A qué tipo de cobertura se refiere Pablo? Muchos han dado por sentado que se refería a un velo, pero esa palabra nunca aparece en el texto griego, a excepción del versículo 10 en algunos manuscritos tardíos (que influyeron algunas traducciones como la KJV inglesa). En el siglo I, algunas mujeres judías y, aunque menos, algunas mujeres grecorromanas aún se cubrían el rostro con un velo (o hacían uso de otro tipo de accesorios para cubrirse la cabeza); pero la práctica en sí estaba desapareciendo. En los versículos 13–15, la cobertura a la que se está haciendo referencia es, claramente, el cabello. Esta interpretación además encaja con el contraste que se establece entre esa cobertura y la cabeza rasurada (vv. 5–6). Así que hay evidencias para decir que la explicación más acertada de los versículos 4–7 es la que aparece en la versión inglesa NIV a pie de página [N. de la T: «Todo hombre que ora o profetiza con el cabello largo deshonra al que es su cabeza. En cambio, toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta —de cabello— deshonra al que es su cabeza; es como si fuera una de las “mujeres rasuradas”. Si la mujer no se cubre, dejad que por ahora lleve el pelo corto; pero como es deshonroso para la mujer tener la cabeza rasurada, debería dejarse crecer el pelo. El hombre no debe llevar el pelo largo»]. Por tanto, el tema del que Pablo está hablando en este pasaje tiene que ver con la cuestión del cabello corto y el cabello largo.81

Ya sea que se esté refiriendo a algún tipo de tela, o al cabello largo, ¿por qué en el culto de adoración las mujeres debían cubrirse, y los hombres no? En el mundo griego, las mujeres casadas que llevaban un pañuelo en la cabeza normalmente lo hacían para transmitir que ya no estaban «disponibles». Por otro lado, las profetisas paganas llevaban la cabeza desnuda y el pelo suelto durante el frenético éxtasis que formaba parte de sus rituales de adoración. En los hombres, el pañuelo en la cabeza recordaba a las togas que los sacerdotes romanos se ponían para adorar a sus dioses. Si el debate en cuestión gira en torno a la longitud del cabello, entonces es interesante mencionar que en el mundo griego el cabello corto o rasurado en una mujer era una señal de que esa mujer en cuestión era la parte más «masculina» de una pareja lesbiana, mientras que el cabello largo en los hombres hablaba de su homosexualidad. Sea cual sea el trasfondo histórico-cultural que tomemos en cuenta, lo que Pablo quiere transmitir, con casi toda seguridad, es que la cobertura de la cabeza en Corinto era un símbolo de fidelidad religiosa o sexual.82

Algunos cristianos aún hoy interpretan este pasaje de forma normativa, pero pierden de vista que en la actualidad los peinados y los pañuelos no tienen el mismo significado que entonces. Incluso en tiempos de Pablo había hombres respetados que nunca se cortaban el cabello (p. ej., los nazareos judíos). Por tanto, muchos cristianos se preguntan si hay en este pasaje algo que sea normativo; pero, ¿no enseña Pablo en otros pasajes que la Escritura es relevante para todos los tiempos (2Ti 3:16)? Probablemente lo mejor sea ver el tema del cubrimiento de la cabeza como una cuestión cultural (específica de aquel tiempo y aquella cultura), pero entender que sí estamos ante un principio atemporal: honrar al que es la cabeza espiritual, también por medio del decoro exterior y una manera de vestir adecuada. Después de todo, los versículos 8–9 argumentan que todo lo anterior es así debido al orden en el que Dios creó al hombre y a la mujer antes de la caída. Pero estos versículos vienen inmediatamente después del contraste entre el hombre como la gloria de Dios y la mujer como la gloria del hombre (v. 7), relaciones claramente relacionadas con los roles descritos en el versículo 3.83 No determinan de forma directa los mandamientos sobre el cubrimiento de la cabeza que aparecen en los versículos 4–6. Los argumentos que Pablo utiliza en los versículos 13–16 hacen referencia al cabello largo y al cabello corto, pero son argumentos construidos sobre la base de un contexto y una cultura concretos. Lo que es «apropiado» (v. 13), lo «vergonzoso» (v. 14) o lo «glorioso» (v. 15) varía de una cultura a otra, al menos en relación con la apariencia personal. Aunque Pablo usa con frecuencia lo «natural» (v. 14) para referirse al orden creado por Dios, el ejemplo de los nazarenos demuestra que en este contexto estamos hablando de «costumbres». El versículo 16, a primera vista, parece lapidario, pero lo que quiere decir es que esa práctica era común en toda la iglesia del siglo primero (en la iglesia de aquel momento).84




También es importante observar el equilibrio entre los versículos 8–9 y 11–12. Aparte de las diferencias culturales, existen diferencias entre el hombre y la mujer, pero entre los cristianos lo que más debería caracterizar las relaciones interpersonales es la interdependencia (en ambas direcciones). Más revolucionarias aún son las implicaciones del versículo 5. La profecía en el mundo antiguo recogía una serie muy variada de fenómenos, que iba desde las disertaciones bien preparadas hasta las expresiones espontáneas, unidas por la convicción de que el orador estaba transmitiendo un mensaje que había recibido de Dios o de los dioses. Aunque la profecía no solo era predicación de sermones, sí incluía predicaciones llenas del Espíritu (ver más adelante, p. 221), por lo que al parecer Pablo está dando lugar a que la mujer predique, siempre que lo haga reconociendo a las autoridades que hay sobre ella. Hoy, esto equivaldría a la mujer casada que predica con la bendición de su marido, o a la mujer que predica con la bendición de los ancianos (es decir, el liderazgo masculino) de su iglesia (ver más adelante, p. 363–65).85

Uso y abuso de la Cena del Señor (11:17–37). Para mostrar la seriedad del problema, en esta ocasión Pablo no incluye ningún tipo de alabanza (v. 17). Los versículos 17–22 describen el problema: en las comidas comunitarias que la iglesia primitiva celebraba, los cristianos mejor situados traían más comida y bebida que otros participantes y, a la vista de los creyentes más pobres comían hasta atiborrarse y bebían hasta emborracharse (lo que en Judas 12 se denomina «las fiestas de amor fraternal»). Por tanto, Pablo les recuerda la enseñanza de Jesús sobre esta comida (vv. 23–26). Esta es la cita más larga de las palabras de Jesús que encontramos en las epístolas, y su contenido se acerca mucho a las palabras que encontramos en el Evangelio de Lucas (Lc 22:17–20). Dado que 1a Corintios es por lo menos siete años anterior a Lucas, tenemos aquí una confirmación de que el formato en el que aparecen algunos dichos de Jesús en los Evangelios más tardíos no fue creación de los evangelistas, sino que ya existía tal cual como parte de la tradición. Y, claro está, cuanto más temprana es la tradición, mayor es su fiabilidad.86

A lo largo de la historia de la iglesia, ha habido muchos debates sobre lo que Cristo quiso decir cuando partió el pan y lo llamó su cuerpo, y tomó la copa y la llamó su sangre. Es muy poco probable que sus seguidores, al verle y oírle decir «Esto es…», pensaran que se estaba refiriendo a que el pan y el vino se habían convertido en una extensión de sus brazos y manos. Cuando nos damos cuenta de que Jesús debió de pronunciar aquellas palabras en arameo, y que el arameo normalmente omitía la forma del verbo «ser» cuando la frase era suficientemente clara sin el verbo, vemos que es muy poco probable que Jesús estuviera diciendo que los elementos se habían convertido en su cuerpo y su sangre.87 Como los profetas en el Antiguo Testamento, Jesús está representando una parábola visual para reflejar gráficamente el simbolismo de la cena.88 Los que comen y beben con él deberían recordar su muerte expiatoria por los pecados de la humanidad, y con esperanza poner la mirada en el día en el que Cristo volverá y celebrará el banquete mesiánico con todos sus seguidores. Mientras, su Espíritu está presente con los creyentes siempre y, de forma especial, durante el recordatorio de su muerte sustitutoria.

Por tanto, los versículos 27–34 son una advertencia para que los corintios no coman ni beban de forma egoísta, pues si lo hacen el juicio de Dios puede caer sobre ellos, incluso en forma de enfermedad o muerte. La expresión «de manera indigna» que aparece en el versículo 27 es una traducción del adverbio griego «indignamente» (anaxios). Eso no significa que los que son o se sienten «indignos» (un adjetivo) deben abstenerse de participar de la Cena del Señor. ¡La Santa Cena es precisamente para pecadores! Los que no deberían participar son los que no están dispuestos a compartir sus bienes materiales con los cristianos más necesitados de la congregación. «Sin discernir el cuerpo del Señor» (v. 29) en este contexto significa, con casi toda seguridad, «no tener preocupación por el resto de la iglesia». Según esta interpretación, «el cuerpo del Señor» es un sinónimo de la expresión favorita de Pablo «el cuerpo de Cristo».89 El apóstol también podría estar diciendo que los que participan deberían comprender el significado y la importancia de la muerte de Cristo.90

Sea como sea, los únicos que pueden cumplir esos requisitos son los verdaderos creyentes: ellos son los únicos que deberían participar de la Santa Cena. Pero eso no quiere decir que no demos los elementos a creyentes con un trasfondo denominacional diferente al nuestro. Y, como con el bautismo (ver p. 54), no hay ningún texto bíblico que indique que la Santa Cena debe ser administrada por alguien con un cargo especial. Parece ser que la celebración de la Cena del Señor es la práctica que más imposiciones culturales y tradicionales ha sufrido en casi todas las denominaciones cristianas, ¡y muchas veces la acompañamos de restricciones que van más allá de lo que aparece en las Escrituras!



El uso adecuado y el uso erróneo de los dones espirituales (12:1–14:40). El último de los tres problemas que se daban en los cultos de adoración en Corinto requiere una corrección cuidadosa y detallada.91 Como mínimo, podemos subdividir estos capítulos en seis secciones:

1. El reconocimiento de los dones (12:1–3). En el culto de adoración, varias sectas grecorromanas exhibían características similares a las del culto cristiano, sobre todo por lo que a la profecía y a las lenguas se refiere. Por tanto, toda manifestación de dones espirituales debe ser evaluada. El test clave es averiguar si los que los están practicando reconocen a Jesús como Señor (v. 3).

2. La distribución de los dones (12:4–11). Dicho de forma sucinta, Dios quiere crear diversidad dentro de la unidad. Para ello, da dones diferentes a personas diferentes, aunque todos ellos vienen del mismo Dios trino (vv. 4–6). Los versículos 4–6 son reflejo de un incipiente trinitarianismo, suponiendo que «Señor» se refiere a Cristo. Todo cristiano recibe al menos un don espiritual (v. 7a), y todo don se debe utilizar para la edificación mutua (v. 7b). Entonces, Pablo da ejemplos de algunos de esos dones (vv. 8–10). En Romanos 12:3–8 y Efesios 4:11 encontramos algunos ejemplos más. No hay evidencias de que la unión de estas listas sea un inventario completo de los dones espirituales.92 Una clasificación útil puede ser la que divide los dones entre los que simplemente magnifican características que se esperan en todos los creyentes, los que tienen que ver con el liderazgo, y los más «sobrenaturales» (que Dios da a algunos creyentes en momentos especiales, pero que no son habilidades que se puedan usar por voluntad propia).93 El versículo 11 subraya el hecho de que el Espíritu de Dios determina qué dones recibe cada creyente; los dones no es algo que producimos o confeccionamos según nuestros deseos.

No obstante, los dones espirituales van desde habilidades dadas a los creyentes que claramente no podrían tener si no fueran cristianos, hasta talentos que ya tenían, y que Dios ha santificado y usa para el avance de su reino.94 Por tanto, algunos dones se pueden trabajar, dedicándoles tiempo y poniéndolos en práctica (del mismo modo que hacemos con cualquier habilidad que tengamos). Pero sería erróneo decir que siguiendo una fórmula y unas prácticas concretas podemos tener el don que queramos.



3. La importancia de todos los dones (12:12–26). Como el cuerpo humano, la iglesia está compuesta de partes interdependientes, todas necesarias, incluso las que no son menos prominentes. Nuestro bautismo, que es común para todos, nos recuerda que el Espíritu Santo que vive en nosotros es el mismo (v. 13). Dado que Pablo puede afirmar que todos los cristianos de Corinto tienen al Espíritu, a pesar de la inmadurez que reinaba en aquella congregación, estamos ante uno de los textos neotestamentarios que más claramente expresa que todo creyente ha sido bautizado en el Espíritu (recuérdese más arriba, p. 35). Si hay una jerarquía de dones, los más valiosos no siempre son los dones que capacitan a los líderes o a los grandes predicadores. Del mismo modo en que cubrimos nuestras partes privadas debido al gran valor que les asignamos, los creyentes cuyos dones no son vistosos también pueden ser los más necesarios (vv. 22–24). Pensemos, por ejemplo, en los hermanos a quienes Dios da el don de tener una medida de fe especial, o el don de la generosidad desmedida.

4. El ranking de los dones (12:27–31a). Aunque Pablo acaba de comparar los dones más escondidos con los más vistosos, y ha sugerido que, en cierto sentido, los primeros son más valiosos, el apóstol no está diciendo que tenga preferencias. La idea central de los versículos 12-26 es que todos los dones son importantes. Pero a la luz de que los líderes corintios estaban dando más importancia a sus propios dones, Pablo tiene que poner las cosas en su sitio. Ahora parece que se contradice de nuevo, si en los versículos 27–31 está estableciendo una jerarquía diferente. Ésta sería una contradicción muy fuerte porque parece que esté restituyendo el estatus de mayor importancia a los dones de liderazgo como el apostolado, la profecía o la enseñanza (v. 28). Lo más probable es que al decir «en primer lugar», «en segundo lugar» y «en tercer lugar» Pablo se esté refiriendo a la prioridad cronológica de dichos dones. Para que pueda haber una iglesia primero tiene que haber un misionero o alguien que establezca la iglesia (el significado del don de «apóstol»), alguien que proclame la Palabra de Dios (la función del «profeta»)95, y alguien que enseñe la doctrina cristiana a los nuevos discípulos. Entonces, y solo entonces, puede haber lugar para el resto de dones.

CLASIFICACIÓN DE LOS DONES ESPIRITUALES
RO 12,   1CO 12,   EF 4
Virtudes de todos los cristianos   Roles especiales de los líderes   Charismas «sobrenaturales»    • Sabiduría    • Apóstoles    • Sanación    • Conocimiento    • Evangelistas    • Milagros    • Fe    • Pastores    • Profecía    • Servicio    • Maestros    • Discernimiento de espíritus    • Exhortación    • Administradores      • Generosidad      • Lenguas    • Compartir      • Interpretación de lenguas    • Misericordia     El orden de todos estos dones sería aleatorio, a excepción del don de lenguas. Aunque Pablo no está degradando las lenguas, el apóstol reconoce que los corintios han estado sobrevalorando ese don, y por eso lo pone el último de la lista. En griego, las preguntas retóricas de los versículos 29–30 hacen uso de un adverbio negativo que indica que la respuesta lógica es un «no». Los cristianos que dicen que todos los creyentes deberían recibir o incluso buscar un don espiritual en particular contradicen la Palabra de Dios. Entonces, ¿qué quiere decir Pablo cuando acaba esta sección con el mandato de «ambicionad los mejores dones» (v. 31a)? En este contexto, probablemente esté diciendo a sus lectores que aspiren a tener los dones más escondidos, los que no son de cara al escenario, ya que muy pocos corintios estaban teniendo en cuenta esos dones. Es totalmente correcto orar pidiendo unos dones en concreto, siempre que se haga dando lugar a que el Espíritu responda esas oraciones de la manera que Él escoja. Dios quiere que abramos nuestros corazones y que le hablemos de nuestros deseos, pero hemos de acercarnos a Él reconociendo que es Soberano, y no dando por sentado que podemos decirle lo que debe hacer, o que sabemos cómo va a responder.

5. El papel del amor (12:31b–13:13). Mucha gente que no está familiarizada con la Biblia ha escuchado o leído el capítulo13. Es uno de los textos favoritos para las bodas, sobre todo en círculos cristianos. Pero, al parecer, pocos saben que este pasaje no es un poema independiente exaltando el amor, sino que es una parte importante del discurso de Pablo sobre los dones espirituales. Los versículos 1–3 recogen algunos dones a modo de ejemplo para ilustrar que, sin amor, incluso los dones más extraordinarios no valen nada.96 Los versículos 4–7 recogen cualidades del amor tanto positivas como negativas que los corintos debían o poner en práctica o evitar. En muchas ocasiones se ha comentado que estas características concuerdan con el carácter o estilo de vida de Jesús, y que cuanto más nos caractericen a nosotros, más nos pareceremos a Cristo. Un buen resumen del retrato del amor que aquí se nos dibuja sería el siguiente: «dar lo mejor de uno (aunque nadie lo haya pedido) por el bien de los demás e independientemente de la respuesta de los demás».97 Y «el amor se convierte en un modo de luchar contra un mundo que aún está lleno de pecado; es algo que hacemos por los demás a pesar de quiénes son y a pesar de nuestros sentimientos hacia ellos».98

En los versículos 8–13, Pablo selecciona algunos dones, subrayando su transitoriedad cuando los comparamos con la permanencia del amor (y más adelante, de la fe y la esperanza, v. 13). A la luz de 1:7 («de modo que no os falta ningún don espiritual mientras esperáis con ansias que se manifieste nuestro Señor Jesucristo»), la expresión «lo perfecto» del versículo 10 se refiere, con casi toda seguridad, a la Segunda Venida de Cristo, lo cual también encaja con el contexto inmediato. Aunque algunos han intentado argumentar que Pablo está hablando del final de la era apostólica o el cierre del canon, en el siglo I los creyentes ni lo sabían todo, ni llegaron a una madurez perfecta (vv. 9–10). Tampoco vieron a Dios «cara a cara», pues eso no sucederá hasta que Jesús vuelva (v. 12). El argumento de que solo algunos dones, es decir, los más sobrenaturales, cesaron al final del siglo I no tiene en cuenta que esos dones se dieron con cierta asiduidad hasta el siglo III de nuestra era, y que continuaron dándose (aunque de forma menos frecuente) durante la historia de la iglesia.99 Esta posición también afirma que las lenguas cesarán por sí solas (es decir, antes que los dones menos sobrenaturales) porque el verbo que traducimos por «será silenciado» en el versículo 8 está en voz media. Pero en el griego del siglo I, este verbo (pauomai) había pasado a ser un verbo deponente, por lo que no hay diferencia entre esta forma y la forma activa, por lo que simplemente afirma que, en algún momento en el futuro, el don ya no continuará.100

Así, cuando la era cristiana llegue a su fin, las lenguas (al igual que todos los demás dones) ya no serán necesarios porque ya no estaremos construyendo la iglesia. Pero la fe, la esperanza y el amor permanecerán (v. 13 a). Eso sugiere que estas tres virtudes seguirán existiendo por toda la eternidad, lo cual tiene sentido «si entendemos la fe como la creencia en Jesús y el servicio fiel a Él, y si la esperanza hace referencia a la anticipación expectante de las buenas cosas que Dios tiene para nosotros en el futuro».101 Pero el amor es el mayor de todos, probablemente porque es el fundamento y el centro de la ética cristiana.

6. Comparación de la profecía y las lenguas (14:1–40). Pablo ahora se centra en los dos dones que estaban dividiendo a los corintos. La «idea central» de este capítulo es la preferencia de la profecía. Los versículos 1–25 explican por qué la profecía (la proclamación inteligible de la Palabra de Dios, ya sea de forma preparada o espontánea) es superior: es comprensible de forma inmediata (vv. 1–19) y no hay tanta probabilidad como con las lenguas de que los incrédulos piensen que los cristianos están locos (vv. 20–25). En el mundo antiguo, hablar en lenguas, al igual que la profecía, se daba en varias formas. Una característica común de estas formas era el sonido de un lenguaje desconocido, que no tenía necesariamente una estructura lingüística formal.102 Es cierto que las lenguas podían funcionar como profecía una vez eran interpretadas (v. 5).103 Pero no hay garantía de que habrá un intérprete cada vez que haya alguien con el don de lenguas, por lo que a Pablo no le entusiasma tanto el despliegue de ese charisma en particular. Los versículos 6–12 ofrecen varias analogías mencionando otras combinaciones de sonidos que también pueden resultar ambiguas. Dado que la congregación de Corinto no recibía las glosolalia de forma automática en un lenguaje comprensible, sabemos que estamos ante un fenómeno diferente al que acompañó a la venida del Espíritu en Pentecostés (Hechos 2).

A la luz de los problemas que las lenguas estaban causando, Pablo podría haberse visto tentado a prohibir su práctica. Pero los versículos 13–19 dejan claro que Pablo resiste la tentación. Los que tienen ese don deben orar por un intérprete, o pedirle a Dios que les revele la interpretación. Si no, deben usar su don en privado (probablemente similar a lo que los carismáticos contemporáneos denominan «lenguaje de oración») y emplear en público otras habilidades más cognitivas. Sorprendentemente, Pablo dice que él habla en lenguas más que todos los corintios juntos (v. 19), pero que probablemente nadie lo sabía porque solo hace uso de ese don fuera de «la iglesia».

Pablo continúa reflexionando sobre qué es más inteligible y menos desorientador (vv. 20–25). Citando Isaías 28:11–12 (v. 21), deduce que hablar en lenguas «es una señal, no para los creyentes sino para los incrédulos; en cambio, la profecía no es señal para los incrédulos sino para los creyentes» (v. 22).104 Pero, ¡esto parece justo lo contrario de lo que acaba de decir! Como Pablo dice a continuación, le preocupa que, cuando los no creyentes asisten a un culto cristiano, la ininteligibilidad de las lenguas (v. 23) les «eche para atrás». Entonces, ¿en qué sentido las lenguas pueden ser una señal para los no creyentes? La respuesta surge al considerar la cita de Isaías en su contexto. Ahí, el profeta estaba prediciendo la invasión asiria que Israel iba a sufrir, invasión que era parte del juicio de Dios sobre su pueblo rebelde. Del mismo modo, las lenguas pueden funcionar como una señal de juicio cuando los no creyentes reaccionan de forma negativa y rechazan así acercarse a Cristo. La profecía, por otro lado, es sobre todo una predicación para los creyentes. Pero el poder del Espíritu Santo puede usarla para convencer de pecado a los no creyentes y acercarles al Señor (vv. 24–25).105

La segunda parte del capítulo 14 pasa de la idea central de Pablo (su preferencia por la profecía) al tema de la necesidad de orden en el ejercicio de los dones espirituales. El versículo 26 describe un típico culto de adoración, en el que toda persona que tenga un don declarativo puede usarlo. Los cultos contemporáneos deberían crear oportunidades al menos de forma periódica para ese tipo de espontaneidad; ¡es difícil que el Espíritu Santo sea soberano si todo lo que ocurre en la iglesia se ha planificado con varios días de antelación! Pero el propósito de esos espacios es la edificación de la iglesia, ¡no una oportunidad para que los creyentes hagan alarde en público de su piedad! Entonces Pablo se centra en consejos específicos para esos dos dones controvertidos: las lenguas y la profecía (vv. 27–33a). En ambos casos limita el número de gente que debería participar, e insiste en que la gente no se debería interrumpir. En cuanto a las lenguas, debe haber interpretación. Si ésta no surge, el que tiene el don de lenguas debería callar hasta que haya evidencias de que hay alguien con el don de interpretación. En cuanto a la profecía, la congregación debería cerciorarse de la credibilidad de lo que se dice.106

Aunque alguien diga «Dios me ha dicho hoy…», eso no significa necesariamente que Dios está hablando a través de esa persona. Aún en el caso de que una persona haya recibido un mensaje del Señor, los creyentes nunca ejercen ningún don espiritual de forma perfecta, por lo que la persona puede añadir al mensaje algo de su propia interpretación, que puede coincidir o no con la intención de Dios (recuérdese el comentario que hicimos sobre Hechos 21:4). Por tanto, la necesidad de examinar las instrucciones de Pablo apunta también a que incluso aquellos que tienen los dones más sobrenaturales pueden controlar el ejercicio de dichos dones (vv. 28, 32). No hay lugar para el «éxtasis», en el sentido técnico de la palabra, que describe la incapacidad de frenar algunos comportamientos, como ocurría a veces en las prácticas religiosas paganas.

Los versículos 33b–38 forman, para el lector moderno, el segundo pasaje desconcertante de esta epístola en cuanto a los roles de los diferentes géneros.107 Sacado de contexto, ¡diríamos que está ordenando a las mujeres que no abran la boca en la iglesia! Pero a la luz de 11:5, vemos que este pasaje no puede estar diciendo eso. Entonces, ¿qué hacemos con este texto? Ofrecemos una lista de los cinco acercamientos principales, y hemos ordenado estos acercamientos de menor a mayor probabilidad.108

1. En algunos manuscritos tardíos, los versículos 34–35 aparecen después del versículo 40. ¿Podría ser porque estos versículos se añadieron posteriormente, y no son palabras de Pablo? Esto es muy poco probable, porque no se conoce ningún manuscrito que no los contenga, y el cambio de lugar es natural porque si miramos el lugar en el que están, parecen no encajar demasiado. Sin embargo, abajo encontramos una explicación de por qué aparecen en este contexto.

2. ¿Los versículos 34–35 son otro eslogan de los que sonaban en Corinto, que Pablo luego refuta en los versículos 36–38?109 Probablemente no, pues los demás eslóganes de 1a Corintios representan al ala más libertina de la iglesia, aparecen a modo de proverbio breve, y según Pablo, contienen parte de verdad. Y los versículos 34–35 no tienen ninguna de estas características.

3. ¿Sentarían a las mujeres aparte de los hombres, particularmente a aquellas de trasfondo judío, y éstas se dedicaban a hablar y murmurar entre ellas sin participar del culto?110 Quizá algunas sí, pero en el texto no hay nada que nos indique que eso es lo que estaba ocurriendo, así que no son más que especulaciones. Y las evidencias de que los judíos hacían sentar a las mujeres separadas de los hombres son de siglos después, y al parecer no era costumbre en tiempos de Pablo.

4. Dado que en la Antigüedad las mujeres por lo general no tenían acceso a la educación, ¿estarían haciendo preguntas que interrumpían el avance del culto, y que podían hacer en casa a sus maridos o a sus padres?111 Esto encajaría con el versículo 35a muy bien, pero habría sido totalmente sexista por parte de Pablo hacer callar a todas las mujeres y no decir nada en cuanto a los hombres (pues sabemos de algunas mujeres con formación y de muchos hombres que no tenían ninguna).

5. Quizá la mejor perspectiva es la que limita el tipo de discurso que Pablo prohíbe aquí, la que dice que quizá Pablo está hablando de una forma específica de discurso en el contexto del uso de los dones espirituales. El pasaje anterior recogía los criterios para hablar en lenguas, su interpretación, la profecía, y la evaluación de ésta, en ese orden, y todos menos uno de los veintitrés usos del verbo «hablar» en este capítulo tienen la misma restricción. No obstante, de las cuatro formas declarativas de las que se habla, el único que no es un don espiritual dado por él es la evaluación de las profecías. Aunque todos están llamados a evaluar cualquier profecía (v. 29), la responsabilidad última sería de los ancianos de la iglesia (ancianos u obispos/supervisores); y, al menos en tiempos de Pablo, parece ser que todos los ancianos y obispos eran hombres (ver sobre 1Ti 2:8–15 más adelante). Así que quizá Pablo está prohibiendo la intervención de las mujeres tan solo en este contexto: en el de la evaluación de la profecía; eso también explicaría que este pasaje aparezca donde aparece, precisamente justo después de la regulación de la profecía (vv. 29–33a).112 También es posible combinar esta perspectiva con lo que lo acabamos de ver en el punto 4. Puede que algunas mujeres estuvieran haciendo preguntas embarazosas o cuestionando la profecía que sus maridos hacían durante el culto. Eso explicaría el versículo 35a, que, si no, resulta un tanto chocante (5).113




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