8 de pentecostés a patmos una introducción a los libros de hechos a apocalipsis



Descargar 2.52 Mb.
Página31/88
Fecha de conversión01.07.2017
Tamaño2.52 Mb.
1   ...   27   28   29   30   31   32   33   34   ...   88

1a CORINTIOS 14:26–40


NORMAS GENERALES PARA EL CULTO DE ADORACIóN (vv. 26)

• Lenguas (vv. 27)


• Interpretación de lenguas (vv. 28)
• Profetas y evaluación (vv. 29–33a)
SILENCIANDO A LAS MUJERES (vv. 33B–38)

• Conclusión sobre las profecías y las lenguas (vv. 39–40)


La decisión de aplicar esa restricción hoy dependerá de la interpretación que se haga del pasaje de 1a Timoteo. Como en 1a Corintios 11:2–16, el principio atemporal podría ser simplemente que la mujer se someta a su marido adecuadamente (v. 34). Después de todo, ese es el principio general que encontramos en todo el Antiguo Testamento al que Pablo apela en el versículo 34.

El capítulo 14 acaba con dos mandatos que son dos excelentes resúmenes, y que si los corintios los observan servirán para aliviar la falta de unidad que hay entre ellos. Son dos mandatos cruciales también para cualquier contexto contemporáneo en el que el tema de los dones es causa de división o de controversia. Por un lado, los creyentes deberían aprovechar cualquier oportunidad para ejercer sus dones, particularmente los que son inteligibles de forma inmediata; pero ningún don, ni siquiera el don de lenguas, debería prohibirse (v. 39). Por otro lado, el ejercicio de los dones no debe realizarse de forma descontrolada (v. 40). Obviamente, los conceptos de «control» y «descontrol» siempre estarán culturalmente determinados. ¡Un culto africano no carismático siempre será más «desordenado» que un culto carismático británico! El control en este contexto queda definido en grandes líneas por los criterios que aparecen en los versículos 26–33a. Y «los que insistimos en que todas las cosas en la iglesia se hagan “decentemente y con orden” debemos recordar que el orden significa dejar que el Espíritu nos controle, y no intentar controlar al Espíritu».114



En cuanto a la resurrección (15:1–58). El dualismo helenista llevó a muchos griegos y romanos a creer solo en la inmortalidad del alma, abandonando la idea de la resurrección del cuerpo. Como respuesta, Pablo afirma la certeza de la resurrección (vv. 1–34) y luego responde a una posible objeción explicando la naturaleza de la resurrección (vv. 35–58). La primera de estas dos secciones puede dividirse en la parte en la que Pablo nos recuerda que la resurrección de Cristo también fue una resurrección del cuerpo (vv. 1–11) y la parte en la que explica que su resurrección garantiza la resurrección de todos los creyentes (vv. 12–34).

Pablo empieza enfatizando la centralidad de esta doctrina (vv. 1–2). Los cristianos pueden debatir otros temas; pero sin la creencia de que Jesús resucitó corporalmente de la muerte, uno no puede ser salvo (r. 10:9). Los verbos «recibí» y «transmití» son términos técnicos tanto en griego como en hebreo para la transmisión oral de la enseñanza religiosa básica. Lo que Pablo está describiendo probablemente se lo enseñaron poco después de su conversión en el año 32 d.C. Dicho de otro modo, la lista de testigos de la resurrección de Cristo de la muerte no es una leyenda ni la invención creada una o dos generaciones después del inicio del cristianismo, sino una convicción clave de los primeros seguidores de Jesús presente ya uno o dos años después de su muerte. Uno podría decir que vivían engañados, o que tuvieron una visión subjetiva de Cristo, pero la fe en la resurrección ya era una parte esencial de la fe cristiana desde los inicios.115

Por su estructura casi poética, muchos académicos creen que parte o toda la sección que va del versículo 3b al 7 se trata de un credo temprano o de una unidad de tradición anterior a los escritos paulinos. Si esto es cierto, estaríamos ante un testimonio escrito temprano que, junto a la tradición oral, apunta a la veracidad de esta doctrina. La lista de testigos es impresionante; los apóstoles no fueron los únicos que vieron a Jesús resucitado de entre los muertos, sino que también lo vieron quinientos seguidores más. El hecho de que la mayoría aún estaba con vida significa que los escépticos podían preguntarles y decidir por sí mismos si su relato era creíble o no.116 Pablo también tuvo su «audiencia» con Cristo en el camino a Damasco, pero tuvo lugar después de que Jesús ascendiera a los cielos, no durante el periodo de cuarenta días en el que se apareció a otra gente. Por eso Pablo se describe como «uno nacido fuera de tiempo» (v. 8). La palabra que usa normalmente significa «aborto», pero eso haría referencia a un parto prematuro, mientras que aquí la experiencia de Pablo de ver al Cristo resucitado es posterior a la de los demás. Sea como sea, Pablo reconoce que no es digno de que Cristo lo escogiera para dedicarle una atención especial, que revolucionó su vida completamente (vv. 9–11).117

Otras porciones de las Escrituras destacan que la importancia de la resurrección radica en que ésta vindica las afirmaciones que Cristo había hecho sobre su persona o su obra; otras, en que se trata de un paso clave en el camino de regreso a la diestra del Padre. Pero las implicaciones que Pablo quiere subrayar aquí es que al final de tiempo todas las personas resucitarán. Si el cuerpo de Jesús hubiera permanecido en la tumba (o si nunca lo enterraron y quedó como pasto de las aves, como dicen algunos revisionistas modernos118), entonces la fe cristiana no sirve de nada (vv. 12–19). Nadie tiene la esperanza de vida después de la muerte si Cristo no ha resucitado.119

Pero si la resurrección tuvo lugar, entonces la nueva vida de Jesús fue «las primicias» o los primeros frutos que garantiza que habrá muchas más resurrecciones (vv. 20–28). El pecado de Adán llevó a la muerte a toda la raza humana; «en Cristo todos volverán a vivir» (vv. 22). Eso no significa que todas las personas serán salvas, pues Pablo en varias ocasiones habla del castigo eterno que les espera a los que rechacen a Dios. Como vemos claramente en el versículo 23, está hablando de todos los creyentes. En primer lugar, Cristo ha resucitado; luego, cuando regrese, resucitará a todos sus seguidores. «Entonces vendrá el fin» (v. 24). Las palabras que en los versículos 23–24 traducimos por «entonces» se usaban para referirse al intervalo de tiempo que había entre dos eventos. Esto ha llevado a varios comentaristas a preguntarse si Pablo estaría pensando en la existencia de un intervalo considerable entre la parusía y la disolución final del Universo y la recreación de los cielos y la tierra (como en Ap. 20–21). Si fuera así, éste sería el único texto paulino en el que encontraríamos una mención del milenio. Lo que más le interesa a Pablo aquí es que después de que Cristo ha completado su obra cósmica, hace uso de su derecho y ocupa su posición subordinada bajo su Padre celestial (v. 28).120

A continuación Pablo reúne más argumentos a favor de la resurrección (vv. 29–32) para intentar convencer a aquellos que habían corrompido sus creencias por el contacto con los escépticos (vv. 33–34). Usa tres argumentos ad hoc; es decir, todos hacen referencia a acontecimientos que han ocurrido, aunque no sean los acontecimientos más deseados. Nadie piensa que Pablo creía que la persecución y el acoso que experimentó (vv. 30–32) eran situaciones que uno debía buscar.121 Pero si Pablo no hubiera tenido esperanza de una vida mejor, lo único que podríamos decir de él es que soportar lo que soportó por su fe cristiana era de tontos. Lo mismo ocurre con el versículo 29. Las evidencias de mitad del siglo II d.C. sugieren que algunos cristianos griegos estaban bautizando a creyentes vivos en representación de los creyentes ya muertos que no habían sido bautizados (ver esp. Crisóstomo, Homilía sobre 1 Cor. 40:1), y es posible que en la ciudad de Corinto en tiempos de Pablo se estuviera dando algo similar.122 Pero eso no significa que Pablo está recomendando esa práctica (mucho menos ordenándola) tal y como alega el pensamiento mormón contemporáneo.

Luego, Pablo se centra en la naturaleza del cuerpo resucitado.123 Aunque la curiosidad de algunos era sincera, la mayoría de los que hacían esta pregunta probablemente lo hacían para ridiculizar el concepto de un cuerpo físico después de la muerte. Para responder, Pablo apunta a una serie de analogías de la creación que ilustran la continuidad y la discontinuidad física de una forma previa de existencia (vv. 35–49). Si Dios puede sacar de una pequeña semilla una planta grande que a la vista es totalmente diferente a la semilla de la que sale, también puede transformar nuestros cuerpos (vv. 36–38). En el mundo hay diferentes tipos de cuerpos, y del mismo modo hay cuerpos terrenales y cuerpos celestiales; la creatividad diversa e infinita de Dios debería ser prueba suficiente para creer que Él puede crear otra forma de vida en el mundo venidero (vv. 39–49). Ahora tenemos cuerpos físicos (o naturales); cuanto Cristo vuelva recibiremos cuerpos espirituales (o sobrenaturales). No sabemos cómo serán estos cuerpos, a excepción de las legítimas suposiciones que podemos hacer si nos fijamos en la naturaleza del cuerpo resucitado de Cristo. Pero lo que sus seguidores vieron era una forma transitoria dado que Jesús aún estaba entre la tierra y el cielo (aún tenía heridas), así que esa estrategia tampoco es completamente fiable.

No obstante, la transformación de nuestros cuerpos es necesaria porque «el cuerpo mortal» o «carne y sangre» (expresión judía que hace referencia a la humanidad caída, frágil y mortal) no puede coexistir con un Dios santo e infinito hasta que sea glorificado y quede libre de todo pecado e imperfección (vv. 50–58).124 Los detalles de este párrafo concuerdan bien con nuestra comprensión de 1a Tesalonicenses 4–5. Algunos creyentes estarán vivos cuando Cristo vuelva, otros ya habrán muerto, pero todos ellos resucitarán, para no morir nunca más. De nuevo, las promesas apocalípticas tienen el objetivo de animar (v. 58).



En cuanto a la ofrenda para Jerusalén (16:5–24). El último tema que Pablo trata en el cuerpo de la carta tiene que ver con la colecta que había estado recogiendo para los creyentes de Jerusalén. Pablo dirá mucho más en 2a Corintios 8–9 y Romanos 15:26–27. En estos dos últimos versículos vemos que había principalmente dos razones que llevaron a Pablo a recolectar esta ofrenda: aliviar las necesidades de los cristianos pobres de Jerusalén y ofrecer un tributo a la «iglesia madre» de la que provenían todas las comunidades cristianas de entonces. Estas dos razones se corresponden bastante bien con los dos propósitos centrales de la ofrenda cristiana a lo largo de la historia de la iglesia: suplir las necesidades físicas y espirituales de la gente, y remunerar a las autoridades eclesiales. Aquí Pablo establece dos principios: apartar una cantidad de dinero de forma semanal y dar según las posibilidades (v. 2).125 Cuando Pablo menciona «el primer día de la semana» podría tratarse de una referencia al culto de adoración del domingo. Si eso fuera así, estaríamos ante el primer ejemplo de colecta semanal en la iglesia.

CONCLUSIÓN (16:5:24)

Los planes de viajes de varios cristianos (16:5–18). Pablo empieza su conclusión explicando las ganas que tiene de ver a los corintios, pero que les verá según Dios lo permita, es decir, en el momento indicado por Dios (vv. 5–9). Los versículos 8–9 son el reflejo de una comprensión profunda sobre cuándo quedarse en el ministerio, y cuándo marcharse. Pablo podía sentirse animado por la tarea eficaz que ha desempeñado, pero también ha tenido que enfrentarse a mucha oposición. ¡El ministerio que funciona suele atraer la atención de Satanás! Si Pablo solo hubiera tenido en cuenta la oposición, lo más seguro es que se hubiera marchado, pero la combinación de lucha y victoria le convence de que está colocado estratégicamente y que se debe quedar por un tiempo. Los comentarios sobre Timoteo y Apolos reflejan parte de las tensiones que había en Corinto (vv. 10–12), pero Pablo tiene la confianza de que lo peor ya ha pasado.126 A diferencia de las cartas helenistas, 1a Corintios no se ahorra por completo las exhortaciones que solían aparecer al final del cuerpo de la epístola, pues encontramos vestigios de este tipo de material en los versículos 13–14.

El breve párrafo final de esta sección alaba a los corintios que han venido a visitarle (vv. 15–18). El hecho de que describa a esos hombres como «los primeros convertidos de Acaya» (v. 15) puede parecer una contradicción dado que Pablo evangelizó en Atenas antes que en Corinto (Hechos 17–18), pero se resuelve si recordamos que Acaya a veces se usaba para referirse a la región más reducida del sur de Grecia, que incluía Corinto pero que no incluía la ciudad de Atenas.127



Saludos finales (16:19–24). Para acabar, Pablo incluye los saludos convencionales. El «beso santo» (v. 20) no se trata de un beso erótico, sino un beso que mostraba la unidad y el amor, rompiendo las barreras de las diferencias sociales como el trasfondo, el rango o el género.128 Como en Gálatas y en 2a Tesalonicenses, sabemos, porque se dice de forma explícita, que Pablo escribe los saludos finales con su propio puño y letra (v. 21). Las palabras en cuanto a los no creyentes (v. 22) y en cuanto a los creyentes (v. 23) son un reflejo de su pasión y convicción de que todo el mundo está en alguna de estas dos categorías, los salvos y los perdidos.



Compartir con tus amigos:
1   ...   27   28   29   30   31   32   33   34   ...   88


La base de datos está protegida por derechos de autor ©bazica.org 2019
enviar mensaje

    Página principal