8 de pentecostés a patmos una introducción a los libros de hechos a apocalipsis



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RESUMEN Y ESTRUCTURA GENERAL


Lo que hoy llamamos la 2a Epístola a los Corintios, Pablo probablemente la escribe, si no toda, al menos la mayor parte, en el año 56 d.C. después de dejar Éfeso y viajar por tierra a Troas y a Macedonia, para luego llegar a Corinto (2:12–13, 13:1). Ha enviado a Tito para que le prepare su visita, y esperaba con muchas ganas su informe sobre cómo iban las cosas en la iglesia de Corinto (2:13, 7:5). Cuando por fin se encuentra con él, queda aliviado al oír de la respuesta positiva de los corintios hasta el momento (7:6–7). Poco después, empieza a escribir esta carta. Puede describirse (al menos si pensamos en los primeros siete capítulos) como una carta de defensa y recomendación personal, pues Pablo se explaya sobre la naturaleza de su ministerio apostólico, ministerio que tiene que defender.149 A continuación ofrecemos un posible esquema:

I. Introducción y acción de gracias (1:1–11)

A. Saludos (1:1–2)

B. Bendición (1:3–11)

II. El ministerio de Pablo con los corintios (1:12–7:16)

A. Confianza de Pablo en sus motivaciones (1:12–22)

B. Tristeza de Pablo (1:23–2:11)

C. Viajes de Pablo a Macedonia (2:12–13)

D. Una serie de contrastes: los salvos vs. los que se pierden (2:14–4:6)

E. Aflicciones presentes vs. gloria venidera (4:7–5:10)

F. El centro del ministerio: la reconciliación (5:11–21)

G. Aflicciones presentes vs. gloria presente (6:1–10)

H. Cristo vs. Belial / creyentes vs. incrédulos (6:11–7:4)

I. El informe sobre el viaje de Pablo continúa (7:5–7)

J. Tristeza de los corintios (7:8–13a)

K. Confianza de Pablo en los corintios (7:13b–16)

III. La colecta para Jerusalén (8:1–9:15)

IV. «Del triunfalismo a la madurez» (10:1–13:14)

A. Pablo vs. los «superapóstoles» o los falsos apóstoles (10:1–12:13)

B. Advertencias y saludos finales (12:14–13:14)

1. Advertencias finales (12:14–13:10)

2. Saludos finales (13:11–14)

Con mayor frecuencia que en las otras cartas paulinas, podemos identificar diferentes secciones en las que podemos apreciar los tres tipos de retórica grecorromana: judicial o forense en el material apologético (2:14–7:4), deliberativa en los capítulos sobre la colecta (8–9), y epidíctica – culpa y censura – en la diatriba contra los falsos maestros (10–13).150



COMENTARIO


INTRODUCCIÓN Y ACCIÓN DE GRACIAS (1:1–11)

Saludos (1:1–2). Los saludos introductorios en 2a Corintios son menos extensos que los de la primera epístola. Presentan a Pablo y a Timoteo como coautores, y se dirigen a los receptores, que es la iglesia en y alrededor de Corinto, en el sur de Grecia. La forma sigue bastante la del género epístola helenista.

Bendición (1:3–11). Pablo no hace uso de su oración de gratitud característica, y compone una bendicón clásica judía (o beraká). De todos modos, también da gracias a Dios y le alaba, pero no tanto por los corintios sino por el consuelo que Dios le da en medio de sus sufrimientos, que luego él puede usar para animar a los corintios también.151 A pesar de la diferencia en la forma, Pablo introduce temas clave que aparecerán a lo largo de toda la carta, sobre todo en cuanto a la aflicción y al consuelo.152 El sustantivo y el verbo que proceden de la raíz griega parakal– aparecen ocho veces en los versículos 3–7. Estos términos recogen las ideas de consuelo, ánimo y exhortación. Aparecen tantas veces en un espacio tan reducido, que la idea central de Pablo queda bien clara: ¡Dios nos puede ayudar a salir de los tiempos más difíciles! Pero el consuelo de Dios no solo nos alivia en momentos de aflicción; también nos prepara para consolar a otros cuando están afligidos. Éste es el primer principio sobre el sufrimiento que Pablo presenta en esta carta. Incluso a nivel secular, es obvio que las personas que han pasado por enfermedades o heridas específicas (y esa experiencia les ha ayudado a madurar) están mejor preparadas para animar y empatizar con personas que pasan por lo que ellos ya han pasado. ¡Cuánto más en el ámbito espiritual, cuando contamos con el poder sobrenatural de Dios!

Los versículos 8–11 hacen referencia a los sufrimientos por los que Pablo ha pasado recientemente. Sin duda, los corintios conocían esos detalles, pero nosotros no, y Pablo no incluye suficiente información para que nosotros podamos saber cuál es el peligro que le hizo pensar que no iba a sobrevivir. La referencia a Asia (Menor) debe apuntar, sin duda, a las circunstancias que se dieron en Éfeso. Existe una tradición cristiana antigua que dice que Pablo estuvo encarcelado en aquella ciudad durante un breve periodo de tiempo (el Prólogo marcionita a Colosenses), pero no sabemos si se trata de una información fiable.153 En 1a Corintios 15:32 dice que allí luchó contra las fieras, y dijimos que por el contexto, lo más probable es que estuviera hablando de las personas que le perseguían; sabemos que a los ciudadanos romanos no se les podía echar a las fieras del circo. La oposición que se describe en Hechos 19 no parece ser tan peligrosa para que Pablo temiera por su vida, por lo que en última instancia cualquier sugerencia que hagamos será de naturaleza especulativa. A Pablo no le importa que conozcamos todos los detalles exactos del escenario en el que se dio todo aquel sufrimiento, sino que lo que le importa es que nos quedemos con la acción de Dios, que obró para liberarlo, y que así, respondió las oraciones de los corintios.



EL MINISTERIO DE PABLO CON LOS CORINTIOS (1:12–7:16)

Confianza de Pablo en sus motivaciones (1:12–22). Pablo empieza el cuerpo de su carta con una defensa de por qué cambió sus planes de viaje. En los versículos 12–14 nos recuerda que su motivación siempre había sido pura. No es de extrañar que algunos creyentes de Corinto vieran aquel cambio de planes como una señal de debilidad. Si algunos de los elitistas espirituales a los que tuvo que llamar la atención en su primera carta seguían pensando que los terrenales no eran ellos, sino los apóstoles, la actitud defensiva de Pablo cuando les dice que los terrenales son ellos, es comprensible. Y el apóstol es suficientemente optimista como para pensar que sus oponentes van a llegar a ver las cosas como él las ve. Aunque no tan claramente como en otras de sus cartas, este párrafo introductorio del cuerpo de la carta anuncia el tema general de toda esta parte. La jactancia de la que Pablo va a hablar, aquí y en toda la carta, no se trata de una glorificación de sí mismo, sino que nace de la «confianza» u «orgullo justificable».154

Los versículos 15–17 hablan del cambio de itinerario. Hasta ese momento, Pablo había pensado que iba a ver a los corintios dos veces más, pero su visita quedó frustrada por los desagradables sucesos que tuvieron lugar en el periodo que va desde que escribió la primera carta hasta que escribió la segunda (ver arriba). Los nuevos planes de viaje que le llevarían a visitar Macedonia dos veces y Corinto una sola vez (en lugar de a la inversa, que es lo que había planeado originalmente) podrían haber desatado el enfado de sus oponentes, que podrían haber interpretado que Pablo los estaba despreciando.155 Incluso podrían haber citado las palabras de Jesús; después de todo, Cristo mismo ordenó a sus seguidores que su sí fuera sí, y su no fuera no, es decir, ser personas en las que se podía confiar (Mt 5:37).156 De nuevo, Pablo les sigue el hilo a sus oponentes y, para defender su cambio de planes, habla de la integridad perfecta de Jesús (v. 19–20). Además, el Espíritu de Dios que vive en nosotros nos ha «sellado» (de sphragizo) a modo de garantía (arrabon) de su obra futura en nuestras vidas (v. 22). Ambos son términos semitécnicos de la teología paulina y hablan de la seguridad de que «el que comenzó en vosotros tan buena obra la irá perfeccionando hasta el día de Jesucristo» (Fil 1:6).157



Tristeza de Pablo (1:23–2:11). Los versículos 1:23–2:4 pueden verse como el final de la sección que empieza arriba porque Pablo explica que su decisión de no visitar Corinto enseguida tiene el propósito de evitarles otro encuentro desagradable. Aparentemente, aún había demasiado conflicto (1:23–2:1). Pero 2:2–4 ya introduce el lenguaje emocional de dolor y gozo, de angustia y alegría, y así, enlaza esta sección con 2:5–11. Pablo quiere regocijarse de la conducta de los corintios, en lugar de angustiarse, por lo que les está dando más tiempo para que cambien. La experiencia de escribir la carta «que os había entristecido» (ver arriba, p. 237) ya le había causado suficiente dolor; el apóstol preferiría no repetir esa experiencia, y menos en persona.158

Una parte importante del conflicto tiene que ver con una persona que se opone a Pablo, quien dice a los corintios que deberían disciplinarlo (2:5–11). Es tentador pensar que ese hombre es el mismo que el de 1 Corintios 5 (el que ha cometido incesto), y en ese caso la carta que se menciona en 2a Corintios 2:9 podría ser 1a Corintios, y no la carta «que os había entristecido» (a menos que esas dos sean una única carta. Pero hay otras posibilidades (recuérdese lo que dijimos en las páginas 205–8). Sea quien sea ese hombre, y haya hecho lo que haya hecho, la iglesia ha respondido de una forma apropiada, y el pecador se ha arrepentido (cf. 7:8–13). Así que ahora lo que Pablo quiere es que lo perdonen y lo acepten de nuevo en la congregación, pues prolongar su aislamiento podría ser contraproducente (pues es, además, lo que Satanás quiere). Si el hombre en cuestión ha ofendido a Pablo de forma directa, el apóstol quiere que los corintios sepan que él ya le ha perdonado.159



Viajes de Pablo a Macedonia (2:12–13). A pesar del retraso en el viaje, y del cambio de recorrido, Pablo por fin va a venir, sin detenerse en ningún otro lugar, aunque haya oportunidades para el ministerio. «Aprendemos que cuando un cristiano intenta servir en algún área, pero tiene inquietud y preocupación por otro área, y tiene la cabeza puesta ahí, de poco aprovechará su servicio».160 La prioridad principal de Pablo es encontrarse con Tito a su regreso de Corinto y así recibir las noticias que éste le traía de la iglesia en aquella ciudad. Lo lógico es que Pablo hubiera seguido con la descripción de sus viajes, pero en cambio abre una larga «digresión» centrándose en otro tema totalmente diferente (2:14–7:4). No obstante, esta sección debería verse como la parte principal del cuerpo de la carta, y describe con todo detalle la naturaleza del ministerio apostólico genuino.

Una serie de contrastes: los salvos vs. los que se pierden (2:14–4:6). Los viajes de Pablo le llevaron a reflexionar sobre otro tipo de viaje o desfile: la de un ejército victorioso que regresa de la batalla con prisioneros de guerra.161 Éste es el simbolismo al que apunta el verbo que traducimos por «nos lleva triunfantes» (la traducción literal sería «nos conduce en desfile victorioso») en 2:14. Un mismo desfile resulta glorioso para el ejército por un lado y, por otro, deshonroso para los prisioneros de guerra. Del mismo modo, los viajes apostólicos de Pablo, marcados por las muchas dificultades, parecen desacreditarlo a los ojos de los que lo juzgan con criterios humanos, pero de hecho son una señal de ministerio legítimo entre los que van a ser salvos.162 De forma similar, su ministerio es como un elixir de la vida para algunos, pero un veneno mortal para otros (vv. 15–16). Los rabinos enseñaban algo semejante sobre la Torá.163 El versículo 17 habla de otros maestros grecorromanos itinerantes que lo único que buscaban era ganancia económica. Con frecuencia se anunciaban enviando cartas de recomendación (3:1). Esas prácticas llevaron a Pablo a establecer un contraste entre esas cartas y los corintios, de los que dice «vosotros sois nuestra carta de recomendación» (3:2–6). Este contraste entre dos tipos de cartas es paralelo al contraste entre los dos tipos de tablas, las que están hechas de piedra, y las que están hechas de carne o de corazón (v. 3). Pero hablar de estas cartas nos hace recordar el contraste entre la «letra» de la ley y el Espíritu (v. 6), una comparación que el apóstol seguirá desarrollando en los versículos 7–18.164 El pacto con Moisés inauguró la era de la ley (o el periodo del Antiguo Testamento, como lo llamamos los cristianos), mientras que en la era del nuevo pacto, el Espíritu vive de forma permanente en el pueblo de Dios. En el Antiguo Testamento, Jeremías profetizó de forma explícita sobre esta nueva era (Jer. 31:31–34). Por lo que es natural que Pablo compare las glorias de los dos pactos. La referencia a las tablas podría haberle llevado a pensar en la ley, dado que los diez mandamientos que Dios dio a Moisés en el monte Sinaí quedaron escritos sobre tablas de piedra. El suceso al que se hace referencia en el versículo 7 aparece en Éxodo 34:29–30. En ese relato, Moisés desciende de la montaña, y no es consciente de que tiene el rostro radiante de haber hablado con Dios. El pueblo tenía miedo de acercarse a él a causa del brillo sobrenatural. El texto no dice nada de que la gloria se extinguiera, pero es obvio que en algún momento debería desaparecer. Este proceso se repetía cada vez que Moisés entraba y salía de la presencia de Dios (Éx 34:33–35).


Pablo razona que el ministerio del Espíritu debe ser más glorioso puesto que trae justicia en lugar de la condenación asociada a la ley. Como en Gálatas 3, anticipa la explicación más completa que hace en Romanos 7 sobre la invalidez de la ley para salvar y en Romanos 8 sobre la libertad que el Espíritu da. Así, la conclusión lógica es que la ley solo puede condenar. El apóstol no niega que la ley contenga elementos para el perdón (el sacrificio animal), pero después del sacrificio de Cristo que fue una vez y para siempre, el acercamiento de la ley ya no sirve. La única función salvífica de la ley es apuntar a Cristo (pp. 150-151).165

La comparación continúa en los versículos 12–18. El versículo 13 casi siempre se traduce mal. En el Antiguo Testamento no dice que Moisés se puso un velo en el rostro para que el pueblo no viera cómo la gloria se iba extinguiendo. ¡Todo lo contrario! Pues se lo ponía para que no quedaran cegados por el resplandor! Una traducción más literal del versículo 13 sería: «para que los hijos de Israel no asistieran al final de aquello que estaba siendo abolido». Dado que en el versículo 11 aparece el mismo participio («estaba siendo abolido» o «se estaba extinguiendo»), lo más lógico es pensar que en el versículo 13 Pablo también se está refiriendo al fin o al objetivo del pacto, y no al fin de la extinción del resplandor del rostro de Moisés (como en el v. 7). Sabemos que esta interpretación también es ir más allá de lo que dice el Antiguo Testamento, pero al menos no lo contradice. Y está claro que para llegar a esta conclusión era necesario poder mirar en retrospectiva: una vez en la era del Nuevo Testamento se podía mirar atrás y ver que el pacto mosaico no era permanente.166



El término «velo» constituye el último juego de palabras de esta sección. Si de forma literal Moisés se puso sobre el rostro un velo, los no creyentes que leen el Antiguo Testamento en la era cristiana pero no encuentran en él a Cristo tienen el corazón cubierto por un velo metafórico, que les impide responder de forma positiva (vv. 14–15). Sin embargo, cuando se acercan al Señor, pueden entender las Escrituras hebreas de forma completa (v. 16). Y para los cristianos, el Señor ya no es simplemente Dios, si tan siquiera simplemente Dios en Cristo, sino el Dios trino que incluye también al Espíritu Santo. El Espíritu da libertad, no solo de la ley, que no puede salvar, sino que también propicia el inicio de un proceso de transformación por el que los creyentes nos vamos pareciendo más a Cristo (vv. 17–18). Eso no significa que llegamos a ser dioses, sino que cada vez estamos más de acuerdo a la imagen de Dios, aquella imagen que Dios quería que reflejáramos sin pecado (Gé. 1:26–27). La palabra que traducimos por «semejanza» es de hecho la palabra que la Septuaginta usa (eikon) para traducir el término hebreo «imagen» que aparece en Génesis 1:26.167

Los versículos 4:1–6 repiten y resumen los temas principales de esta sección: la determinación de Pablo a renunciar a las formas engañosas de autorre-comendación, su presentación directa del evangelio, la doble reacción que se encuentra (de aceptación por un lado, y de rechazo por otro), y la explicación que hay detrás de ambas reacciones. El «dios de este mundo» (v. 4) es sin duda alguna Satanás. Pero incluir a los judíos que observaban la ley entre aquellos a los que Satanás ha cegado es una de las mezclas de conceptos más chocantes que Pablo podría haber hecho.168



Aflicciones presentes vs. gloria venidera (4:7–5:10). Las glorias del nuevo pacto quedan, con demasiada frecuencia, escondidas en los cuerpos humanos de los creyentes, cuerpos frágiles, mortales, pecaminosos y perseguidos.169 Pero a ese deprimente estado de las cosas, Pablo le ve un lado positivo. Cuando los cristianos viven por encima de las dificultades los demás pueden ver de forma más clara que es el poder sobrenatural de Dios que les sostiene (4:7–12). Aquí encontramos un segundo principio sobre el sufrimiento, y un recordatorio sobre cómo soportar las penalidades (vimos el primer principio en la p. 247). Los versículos 8–10 presentan la primera lista de 2a Corintios donde aparecen las penalidades que Pablo ha experimentado (cf. 6:4–10; 1123b–27).170 Lo que es realmente sorprendente es que Dios permita que sus seguidores lleguen casi hasta el «límite», pero también se nos dice que no permitirá que caigamos al abismo; eso sí, siempre que confiemos en su poder.171 Pablo nunca muestra una indiferencia estoica ante el sufrimiento. El sufrimiento es real, duele, desanima, y no es motivo de celebración. No hay que buscarlo, aunque sí se puede soportar, pero solo «con confianza sobrehumana y tenacidad».172 El evangelio precisa de una forma que se ajuste a su contenido, ya sea que hablemos de la predicación o del predicador; por tanto, el tesoro de Dios tiene que permanecer en frágiles vasijas de barro.173

Un tercer principio sobre el sufrimiento es reconocer la gloria eterna que un día compensará las dificultades más duras de esta vida (4:13–18). Aunque el valiente testimonio de Pablo tiene como consecuencia la tortura física, el apóstol puede poner la mirada en el cuerpo resucitado, glorificado y perfeccionado que tendrá en la vida venidera (vv. 13–14). Mientras, su ministerio está sirviendo para que más gente llegue a conocer a Cristo, lo que hace que su sufrimiento sea más soportable (v. 15). Así, Pablo experimenta renovación espiritual aunque su cuerpo se esté deteriorando (v. 16).174 El versículo 17 comprende una de las declaraciones más notables de las Escrituras y muestra el drástico cambio de perspectiva que da meditar en las realidades eternas. A la luz de una eternidad perfecta, ¡cualquier agonía humana, por prolongada que sea, palidece! Hace años se decía que algunos cristianos estaban «tan centrados en el cielo, que no eran útiles en la tierra». Pero hoy, el problema es que hay muchos creyentes que están tan centrados en la tierra, ¡que no son útiles para los propósitos celestiales! Pablo nos enseña a poner nuestra mirada en las verdades eternas e invisibles (v. 18).

Los versículos 5:1–10 desarrollan más el tema de la gloria eterna. Pablo habla de la esperanza de un cuerpo resucitado. Del cuerpo físico presente dice que es una «morada terrestre» o «tienda de campaña» que será sustituida por «un edificio de Dios, una casa eterna en el cielo» (v. 1). Como Pablo usa el tiempo presente, «tenemos», junto con la promesa de un cuerpo nuevo, algunos han interpretado que Pablo creía que los creyentes recibían ese cuerpo inmediatamente después de la muerte.175 Pero no es fácil encajar esa idea con la enseñanza de 1a Tesalonicenses 4–5 y 1a Corintios 15, textos que ya hemos analizado. Lo más probable es que el verbo utiliza el uso futurista del tiempo presente para enfatizar la certeza y la seguridad de la resurrección, aunque ésta tenga lugar después de un intervalo de tiempo posterior a la muerte.

Las metáforas de los versículos 2–4 no son sencillas. Pablo habla de ponerse el cuerpo nuevo, no como si uno se quitara lo que lleva y se cambiara de ropa, sino como si uno se pusiera una vestimenta encima de la que ya llevaba (el verbo ependuomai significa literalmente «ponerse encima de»). ¿Sugiere eso que después de todo no habrá un intervalo entre la muerte y la refección del cuerpo resucitado? Esto parece poco probable. Lo más lógico es pensar que estas ilustraciones nos dicen que Pablo prefiere vivir hasta la parusía a experimentar el estado intermedio e incorpóreo entre la muerte y la resurrección.176 Sea como sea, lo que está claro es que la vida nueva está garantizada, de nuevo por el papel del Espíritu en nuestras vidas (v. 5; la palabra que traducimos por «garantía» o «arras» es la misma que aparece en 1:22).

Los versículos 6–8 también respaldan la doctrina de un estado intermedio. Mientras los cristianos están en sus cuerpos físicos en la tierra, no experimentan la presencia inmediata de Dios que sí se experimenta después de la muerte (v. 6). Ciertamente, en primer lugar tienen que ejercer fe y creer que existe un reino invisible en el que Dios habita (v. 7). Prefieren experimentar a Dios de forma más directa en el estado intermedio, aunque eso signifique estar sin un cuerpo durante un tiempo (v. 8).177 Pero a ellos no les toca elegir el momento de su muerte, así que, estén en el estado que estén, su objetivo sigue siendo agradar al Señor (v. 9) porque cuando Cristo vuelva y dé comienzo a la resurrección de todos los creyentes se presentarán delante de Él en el juicio para rendirle cuentas de las vidas que han llevado (v. 10). Ese juicio, del que ya se habló en 1a Corintios 3:13–15, será una demostración pública de la justicia y la misericordia de Dios, no de una decisión del momento y a la ligera sobre el destino de los muertos.



El centro del ministerio: la reconciliación (5:11–21). Este medio capítulo es la parte teológica principal de la epístola. Ralph Martin dice que el tema de la reconciliación es el eje de todo el pensamiento paulino.178 Si los capítulos 1–7 tienen una estructura quiásmica (ver p. 246), entonces este texto es el centro y el clímax del quiasmo. La reconciliación implica reestablecer una relación de amor entre dos partes que se han separado. Como la justificación (véase el comentario sobre Gálatas 2), empieza con una conversión pero no está completa hasta el escatón.179

Si seremos juzgados por cómo vivimos como creyentes, entonces tenemos que compartir el evangelio siempre que podamos (v. 11), no para jactarnos de ello sino para que otros puedan sentirse orgullosos de nuestro comportamiento (v. 12). El versículo 13 podría significar simplemente que alguna gente pensará que este estilo de vida es de locos, pero Pablo también podría estar haciendo referencia a sus experiencias más extáticas (ver el comentario sobre 12:1–6) o incluso a las quejas en contra de su estilo y retórica.180 Pero soportará cualquier reacción que la gente tenga por el bien de su ministerio del evangelio (vv. 14–21). Este pasaje es muy rico, pues en un breve espacio contiene muchos elementos cristológicos: la expiación ilimitada de Cristo (vv. 14–15), alguien que fue más que un hombre cualquiera (v. 16), que trajo con la salvación de los creyentes un anticipo de la futura recreación del cosmos (v. 17), ofreciéndose a sí mismo como nuestro sustituto y recibiendo la ira y el juicio de Dios que nosotros merecíamos (vv. 18–19, 21). Por el ministerio de sacrificio de Cristo, lograr la reconciliación entre Dios y los creyentes, somos llamados a ser «embajadores» de esa reconciliación, que incluye tener paz entre los creyentes (v. 20).



De los versículos 14–21 hemos de comentar algún elemento más. El versículo 16b en ocasiones se ha utilizado para decir que no es necesario que los cristianos conozcan al Jesús de la historia; lo único que importa es que crean por fe en el Cristo resucitado. Pero eso es sacar el versículo de su contexto; en su contexto, significa que los creyentes ya no pueden considerar a nadie, ni siquiera a Jesús, como lo hacían antes de ser salvos.181 El significado completo del versículo 17 también se pierde en muchas ocasiones. El texto griego dice literalmente: «Si alguno [está] en Cristo, ¡nueva creación!». Dicho de otro modo, si la era mesiánica ha llegado haciendo posible que las personas se puedan unir al Mesías, entonces el principio de la recreación del Cosmos también ha llegado. La salvación va más allá de la renovación de las personas (cf. Ro 8:19–22). Por último, el orden de las palabras del versículo 21a en el texto original es significativo. Pablo escribe: «[Dios] hizo al que no cometió pecado [ser] pecado por nosotros». Como Murray Harris explica: «parece que la intención de Pablo [es] destacar la importancia de que Cristo fuera hecho un sacrificio por los pecados, y no tanto que Cristo fuera hecho pecado [que tiene su importancia también, pues no hemos de olvidar que el énfasis está en la sustitución]. La identificación del Cristo sin pecado con el pecado del pecador fue tan completa, incluyendo la culpa y la consecuencia de separación de Dios, que Pablo pudo decir, “Dios lo hizo… ser pecado por nosotros”».182

Aflicciones presentes vs. gloria presente (6:1–10). Si pensamos que los capítulos 1–9 siguen la estructura típica de la epístola grecorromana, es aquí donde empieza el material exhortativo más directo. Pablo anima a los corintios a seguir regresando a una comprensión correcta y verdadera del evangelio que no debe avergonzarse del estilo de su ministerio apostólico y sus aflicciones (v. 1–3). Su llamamiento a que no reciban la gracia de Dios en vano implica que se reconcilien con él, puesto que él es embajador de Cristo.183 Parece que Pablo vuelve a tratar los temas de los que ya ha hablado en las cinco secciones de 2:14–7:16, pero esta vez en orden inverso. Los versículos 4–10 nos ofrecen otra dura lista de sus sufrimientos semejante a la de 4:7–12, pero aquí establece un contraste entre las aflicciones y las bendiciones presentes, que compensan. Veamos la sorprendente estructura: primero, enumera las duras aflicciones (v. 4–5), luego en mitad de una frase hace un cambio brusco y pasa a hablar de las virtudes por las que el Espíritu le capacita para vivir por encima de las circunstancias (vv. 6–7), y por último añade una lista de contrastes entre las interpretaciones diametralmente opuestas sobre su ministerio (vv. 8–10).

Cristo vs. Belial / creyentes vs. incrédulos (6:11–7:4). La segunda exhortación es un llamamiento a la iglesia de Corinto a restaurar su afecto por Pablo (6:11–14; 7:2–4). En estos párrafos, Pablo inserta su mandato sobre no unirse en yugo desigual con los incrédulos debido al inmenso abismo que separa la fe de la incredulidad (6:14–7:1; recuérdense los contrastes de 2:14–4:6).184 El verbo que traducimos por «unirse en yugo desigual» (heterozugeo) no es el mismo que se usa para referirse al matrimonio,185 y en este contexto el único tipo de «unión desigual» a la que al parecer se está haciendo referencia es entre el cristianismo y la idolatría. Dado que en el versículo 16 menciona de forma específica los templos, lo más probable es que Pablo esté hablando de los problemas que iban a surgir si los cristianos continuaban asistiendo a los cultos paganos (recuérdese 1Co 8–10 y especialmente 10:14–22).186 Para la minoría cristiana de trasfondo judío que había en Corinto, también podría haber aquí una aplicación en cuanto al tema de la ley. Los niños judíos, cuando llegaba la edad señalada, aceptaban el «yugo de la Torá» y se comprometían así a obedecer los mandamientos de Moisés. Por otro lado, los cristianos estaban bajo la «ley de Cristo» (Gá 6:2; 1Co 9:21). En el Antiguo Testamento, para separarse de la falsa religión la gente se apartaba física o geográficamente (vv. 17–18, citando Is. 52:11; Ez. 20:34, 41), pero Pablo ya ha rechazado ese acercamiento (1Co 5:10), así que aquí debe de estar refiriéndose a una separación moral, a separarse del pecado, no a separarse físicamente de los pecadores.

El informe sobre el viaje de Pablo continúa (7:5–7). Por fin Pablo retoma el tema que había dejado en 2:13 y describe su euforia por la llegada de Tito y las buenas noticias de que los corintios están preocupados por Pablo y que están dolidos por haber pecado. Los conflictos tanto externos como internos que estaban atormentando a Pablo parecían la peor de las pruebas, hasta que Dios le consuela con la llegada de su colaborador. En el momento antes de amanecer, el cielo suele parecer más oscuro que nunca.

Tristeza de los corintios (7:8–13a). Esta sección se corresponde con 1:23–2:11 y especialmente con 2:5–11, pues describe con mayor detalle la adecuada respuesta de los corintios a la carta de Pablo que les «había entristecido», y también su llamamiento a hacer algo con el grupo de la iglesia causante de los problemas. A Pablo le preocupaba haber hecho más mal que bien, pero no se disculpa como quizá había planeado, porque su severidad ha servido para producir una tristeza santa que lleva al arrepentimiento. Repite que tiene más interés en que toda la iglesia reaccione adecuadamente que en que el pecador se retracte de su error. Esta parte es una continuación natural a la indignación de Pablo en 1a Corintios 5:2 ante una congregación que se siente orgullosa en lugar de lamentarse y expulsar al hombre que vive con la esposa de su padre. De nuevo, esto no prueba que los dos pasajes estén haciendo referencia al mismo individuo, pero sí es cierto que, temáticamente, encajan a la perfección.

Confianza de Pablo en los corintios (7:13b–16). Pablo empezó esta primera sección del cuerpo de la carta hablando de la confianza en sus propias motivaciones, y ahora acaba hablando de la confianza que tiene en los corintios después de recibir el positivo informe de Tito. A continuación, y por esta confianza, pasa a hablar del tema ético que es de gran importancia para él: la colecta para los creyentes de Jerusalén. Pablo le ha hablado a Tito bien de los corintios diciendo que al final entrarían en razón y verían igual que él las cuestiones que él había tratado en las otras cartas y durante sus visitas, por lo que les pide a los corintios que no le dejen mal y que lleven a cabo el compromiso de recoger la colecta (recuérdese 1Co 16:1–4).

LA COLECTA PARA JERUSALÉN (8:1–9:15)

Estos dos capítulos componen la enseñanza más extensa e ininterrumpida del Nuevo Testamento sobre el tema de la mayordomía. Por un lado, debemos tener en mente la situación histórica. Pablo está organizando una colecta para los pobres, principalmente los cristianos judíos de Judea, que aún están sufriendo las consecuencias de la hambruna que acechó aquella zona a finales de los años 40. Algunos académicos han especulado que Pablo daba mucha importancia a esta ofrenda porque quería mostrar a las iglesias judías más conservadoras de Israel que los creyentes gentiles de la Diáspora reconocían la deuda que tenían con la «madre iglesia». Lo que sí está claro es que él quería acortar distancias entre ambos grupos, y lograr una mayor unidad del movimiento cristiano que ya se había extendido por todo el Imperio.

Algunos incluso han llegado a decir que quizá Pablo tenía la esperanza de que los judíos no creyentes de Jerusalén y de alrededores se convirtieran a Cristo al ver la generosidad de los gentiles cristianos con sus hermanos judíos. En Hechos podemos ver alguna pista que apunta a que Lucas conocía la existencia de esa colecta (Hechos 20:4; 21:24), pero el hecho de que no la describa explícitamente podría significar que no logró cumplir el objetivo que Pablo se había propuesto. Por otro lado, los principios que Pablo establece en 2a Corintios son perfectamente aplicables a la forma en la que los cristianos damos, estemos donde estemos, seamos de donde seamos, y tengamos lo que tengamos.187

De 8:1–15 podemos extraer cuatro principios generales. Enprimer lugar, dar de forma sacrificada es más digno de alabar (vv. 1–4). Los cristianos pobres de Macedonia sorprendieron a Pablo contribuyendo con más de lo que él pensaba que podían dar. Ciertamente, parece que él no planeó pedirles que colaboraran económicamente, pero quisieron hacer uso de esa oportunidad, que vieron como un privilegio. Con esto en mente, ¡los ricos corintios podían hacer mucho más!188



En segundo lugar, la acción de dar nace como parte de una entrega total a Cristo (vv. 5–7). Volviendo a mencionar a los macedonios, Pablo anima a los corintios a que vean el proyecto como parte de su servicio al Señor y de sumisión a su voluntad. Y, de paso, eso también reflejaría su sumisión a la autoridad apostólica de Pablo.189 El versículo 7 sugiere que estamos ante el tema que Pablo trató en su primera carta en el que los corintios no han hecho ningún avance.

En tercer lugar, los creyentes deberían demostrar su sinceridad manteniendo sus compromisos económicos (vv. 8–11). En este contexto, lo que más importa no es la cantidad de la ofrenda, si no el hecho de que los corintios habían tomado la iniciativa y habían prometido dar una ofrenda generosa. Ahora corrían el peligro de no ser fieles a aquellas promesas y de quedar mal – quedar mal ellos, y dejar mal al apóstol – delante de los creyentes pobres de Macedonia. Si Jesús renunció a la gloria eterna del cielo para hacerse uno de nosotros y nacer y morir de forma vergonzosa, ¡los cristianos de Corinto podían renunciar a parte de sus riquezas!

En cuarto lugar, se debería dar de forma proporcional a los propios ingresos (vv. 12–15). De forma ocasional, cuando los líderes cristianos hacen un llamamiento a hacer una donación especial, los creyentes se preguntan si lo que sus líderes les están pidiendo es que lo den todo y se queden pobres. Pablo explícitamente refuta esta idea (v. 13). Él solo les está pidiendo que den de lo que les sobra, pero eso sí, ¡que sean honestos sobre la cantidad que les sobra!190 Aplicando la Regla de Oro (Mt 7:12), deberían aportar la cantidad que les gustaría recibir si ellos tuvieran necesidad (v. 14). La provisión de maná en el desierto (Éx 16:18) es un buen ejemplo. Cada israelita tenía necesidades diferentes y habilidades distintas para reunir aquel alimento. Por tanto, por un lado no había «igualdad». Pero Dios se aseguró de que a nadie le faltara y de que nadie tuviera más de lo que podía comer (v. 15). El pueblo de Dios en la actualidad debería trabajar para lograr una igualdad similar.191

Curiosamente, en el Nuevo Testamento, después de la muerte y resurrección de Cristo (es decir, cuando la era de la ley dio paso a la era del evangelio) no hay ninguna enseñanza sobre dar el diezmo. Los cristianos que respaldan la idea del diezmo no se dan cuenta de que el Antiguo Testamento hablaba de cumplir con tres ofrendas diferentes, que unidas venían a ser el 23,33% de los ingresos anuales. Es decir, un judío fiel daba para diferentes frentes de la obra del Señor, y lo que daba en total era el 23,33% de sus ganancias. Y además de eso, tenían los impuestos del templo (y bajo el Imperio Romano pagaban también un tributo adicional).192 Aunque hoy alguien estuviera dispuesto a imitar el judaísmo antiguo y dar un porcentaje tan alto, podría seguir sin entender la idea central de nuestro pasaje. Para la mayoría de millonarios, dar el 20% de sus ganancias no es ningún sacrificio. Para alguien que vive en la pobreza, dar el diezmo puede ser irresponsable pues lo necesita de forma desesperada para cubrir las necesidades básicas. Vemos que la ofrenda sacrificada o generosa no tiene que ver con un porcentaje, sino con cada situación en concreto, con cada individuo que ofrenda.193 La libertad a la hora de dar supone «un riesgo si alguna gente da menos del diez por ciento», pero también «deja la puerta abierta a que quien quiera no ponga límites a su generosidad, yendo más allá del diez por ciento».194

En 8:16–9:5, Pablo pasa a hablar de la protección de la ofrenda. Ofrece instrucciones detalladas sobre el plan para llevar la ofrenda a Jerusalén: para que todo llegue a su destino y no haya ocasión de que algunos se aprovechen de la ofrenda, serán varias las personas que viajen para llevarla y custodiarla. La lista de los compañeros de viaje de Pablo que aparece en Hechos 20:4 sugiere que el apóstol se preocupó de llevar consigo representantes de casi todas las regiones en las que se había recogido la colecta. Algunos se han preguntado si el «hermano que se ha ganado el reconocimiento de todas las iglesias por los servicios prestados al evangelio» en 8:18 era Pablo. El médico podría encajar en esta descripción, pero solo si creemos que la expresión «el evangelio» está haciendo referencia al libro que lleva su nombre; si no, son muchos los cristianos del primer siglo que podrían encajar con esa descripción. Además, en sus escritos Pablo nunca usa la expresión «el evangelio» para referirse a un libro o escrito.

Es interesante ver que Hechos no menciona a ningún representante de Corinto ni a nadie de la zona de Acaya. Quizá esa es la razón por la que los corintios se muestran un poco reacios a participar en aquella colecta, aunque Romanos 15:26–27a sugiere que al final entraron en razón, al menos en cierto grado. Pero los representantes servían también para un segundo propósito, que era ayudar a los corintios a ser responsables con la promesa que habían hecho (9:3–5). Aunque para llevar la colecta a Judea son un buen grupo, parece que a Corinto solo llegan para recoger la ofrenda Tito y otros dos hombres cuyos nombres desconocemos. Y ese grupo de tres es una combinación de un hombre escogido por Pablo (8:17–18), uno elegido por las otras iglesias (8:19), y otro que es de la confianza de Pablo y de las iglesias (8:22–23). Por tanto, si surgía una disputa entre Pablo y las iglesias que habían participado en la colecta, ambas partes contaban con un representante, además de haber una tercera parte de la confianza tanto de Pablo como de las iglesias. Es difícil encontrar otra fórmula que ofreciera tanta paridad.195

Por último, 9:6–15 habla de las recompensas que tiene la acción de dar. Las bendiciones de Dios son proporcionales a la generosidad de la ofrenda de cada persona en particular (v. 6). Está claro que hay que dar de forma voluntaria (no hacerlo bajo ningún tipo de coacción); pero cuando alguien entiende el principio del versículo 6, tiene el deseo de dar de forma generosa (v. 7). Los versículos 8–11 aclaran que estas bendiciones no solo hacen referencia a bendiciones materiales; Pablo está refiriéndose a cualquier forma de gracia que capacita a los creyentes para hacer buenas obras, para cosechar justicia, y para crecer espiritualmente.196 Es cierto que a lo largo de la historia muchos cristianos fieles han sufrido la pobreza en sus propias carnes. Pero no deberíamos olvidar que 8:13–15 es el mecanismo deseado por Dios para aliviar ese tipo de pobreza: cubrir las necesidades económicas de sus hijos a través de la generosidad de la iglesia. Dada la yuxtaposición de los versículos 9:8 y 9:9, las «buenas obras» en las que podemos «abundar» por la gracia o los dones de Dios deberían incluir el compartir algunos de esos dones con los pobres.197

Obviamente, cuando la iglesia comparta de esta manera, mucha gente alabará a Dios y le dará gracias por la ayuda recibida (vv. 12–15). Pero el versículo 13 hace que sea difícil limitar esa expresión de gratitud solo a los creyentes que han recibido ayuda. Aunque la palabra «todos» que aparece al final del versículo haya sido utilizada como generalización o exageración, el hecho de que Pablo elija incluirla habla de que tenía en mente a un grupo más amplio de personas, entre las que estarían los no creyentes que se entregarán al Señor en parte por ver la generosidad ejemplar de la comunidad cristiana. Vemos también que los creyentes no pueden pensar que solo son responsables de los cristianos pobres de su comunidad o localidad. Después de todo, en esta colecta ha participado gente que está repartida por todo el Imperio, mostrando así preocupación práctica por los creyentes que están en otra parte del mundo.198



«DEL TRIUNFALISMO A LA MADUREZ» (10:1–13:14)199

Pablo vs. los «superapóstoles» o los falsos apóstoles (10:1–12:13). De repente Pablo se expresa de forma abiertamente sarcástica sobre los nuevos intrusos en la iglesia de Corinto, aquellos que están promoviendo una forma de cristianismo triunfalista y judaizante.200 Cuando se quiere referir a ese grupo, les llama «falsos apóstoles» (p. ej., 11:13) y, haciendo uso de la ironía y reflejando la forma en la que ellos se ven a sí mismos, «superapóstoles» (p. ej., 11:15). Probablemente no tiene en mente a ninguno de los doce, sino a los intrusos que dicen falsamente que representan la perspectiva judeocristiana (como ocurrió en Galacia). Se jactan de su procedencia étnica y de sus credenciales ministeriales, lo que obliga a Pablo a jactarse también. Pero el apóstol prefiere jactarse principalmente en su debilidad, en los atributos espirituales que esos judaizantes menosprecian.201 Podemos establecer una lista de esos atributos, que estaría formada por seis elementos, que aparecen en las seis secciones que encontramos de 10:1 a 12:10. Los criterios que aquí veremos son tan válidos hoy como lo eran en el siglo I.

En primer lugar, debemos depender de la autoridad espiritual, no de la autoridad humana (10:1–11). A Pablo lo acusan de ser débil cuando está entre los corintios, y de ser duro solo cuando está lejos (v. 1). Así que les deja claro que, si se lo propone, podría ser muy duro la próxima vez que esté con ellos (v. 2). Pero prefiere no usar su autoridad apostólica con dureza por dos razones: porque no sería coherente con su liderazgo servicial, y por el afecto que tiene a las iglesias que él mismo ha establecido (ver 1Co 4). Lo que desde la perspectiva humana parece débil puede ser un reflejo del poder de Dios (vv. 3–4; recuérdese 1Co 1:18–2:5). Un día, ese poder destruirá todas las fuerzas no cristianas que hoy en día parecen mucho más fuertes que nosotros (vv. 5–6). En los estudios modernos sobre la lucha espiritual, el versículo 4 muchas veces se cita fuera de contexto, y se interpreta que el término «fortalezas» es una clara referencia a la actividad demoníaca. De ahí, al cristiano se le estaría prometiendo que va a ser capaz de ahuyentar a Satanás en varios encuentros sobrenaturales con sus milicias diabólicas. Podríamos extraer esa promesa de otros pasajes (p. ej., 1 Jn 4:4), pero no de éste. En este contexto, Pablo está declarando la superioridad del evangelio sobre esas ideologías filosóficas no cristianas que han cautivado a sus oponentes (v. 5). Como Pablo demuestra una y otra vez en sus cartas, esas filosofías se pueden combatir con una refutación lógica y rigurosa, en combinación con la guía del Espíritu Santo. Irónicamente, las personas del ala más antiintelectual de la iglesia son los que suelen usar este pasaje para decir que el Espíritu y la mente son opuestos. Pero de hecho, sabemos que tanto el uno como la otra son indispensables (recuérdese 1Co 2:6–16).

Alister McGrath ha dicho que «el futuro del mundo evangélico está en la formación de un fundamento teológico riguroso y de la credibilidad intelectual». Pero «para que esto ocurra, Cristo debe reinar de forma suprema en nuestras mentes».202 Por eso, cuando los detractores de Pablo solo miran su falta de formación y la sencillez de su oratoria, no lo juzgan justamente ni logran apreciar la contundencia de su razonamiento y el poder del Espíritu que reside en él (vv. 7–11).



En segundo lugar, deberíamos limitar nuestro trabajo a territorios que no han sido asignados a otros (10:12–18). Las rivalidades entre los diferentes bandos que vimos en 1a Corintios no habían desaparecido del todo, y los falsos maestros que acaban de llegar no hacen más que empeorar las cosas. Aunque es Pablo el que ha iniciado la iglesia en Corinto, otros, ya sea líderes locales o intrusos provenientes de otros lugares, están poniéndose las medallas y diciendo que superan a Pablo. Como respuesta encontramos dos ideas. Primero, esas comparaciones y recomendaciones de uno mismo son producto de la necedad, sobre todo porque no suelen reflejar la forma en la que el Señor evalúa a las personas (vv. 12, 18). Más importante aún, esa competición por afiliarse a una congregación o a otra desvía la atención de la tarea principal: llevar el evangelio a los que aún no lo conocen (vv. 13–16).

Como vimos en Hechos, la tarea de Pablo siempre era establecer iglesias, discipular a los nuevos creyentes, dejar un liderazgo autóctono, y marchar a un nuevo lugar lo antes posible. Hoy, una cantidad desproporcionada del ministerio cristiano tiene lugar en partes del mundo que ya están evangelizadas, mientras se presta menos atención a las etnias y a los lugares donde aún no ha llegado el evangelio. Sin duda, el Señor hoy quiere que muchos más creyentes vayan «más allá de sus regiones» (v. 16) como vemos en este pasaje.203 Es cierto que eso muchas veces significará menos crecimiento externo, y, aquellos que juzgan con criterios humanos, pensarán que los ministerios se ven más anémicos, pero la única jactancia que cuenta es gloriarse en lo que Dios hace, no en lo que nosotros hacemos (v. 17).



En tercer lugar, deberíamos rechazar cualquier tipo de «conocimiento» que hace que alguien deje a Cristo y se vuelva a Satanás, aunque venga enmascarado para crear confusión (11:1–6, 13–15). Después de denunciar a los que se están poniendo en el pedestal apelando al éxito según criterios humanos, Pablo ahora se ve obligado a hacer algunas comparaciones entre él mismo y los falsos maestros a fin de corregir algunos malentendidos que corrían por Corinto. Admite la incongruencia de dicha comparación, pues en el versículo 1 dice que lo que va a hacer es una «tontería». Pero las perversiones competitivas del mensaje cristiano tergiversan dicho mensaje y el destino eterno de las personas está en juego. Por eso debe defender su autoridad apostólica como no inferior a la supuesta relación que sus oponentes dicen tener con los apóstoles de Jerusalén (vv. 2–6). Ya fuera por la perspectiva judaizante de sus oponentes, o por su triunfalismo (o por ambos), no le queda más remedio que calificar a sus portavoces de falsos apóstoles que, aunque inconscientemente quizá, están siendo usados por el diablo. Esa duplicidad no debería sorprender dado que el maligno a menudo aparece de forma atractiva (vv. 13–15).204 Las expresiones del versículo 4 «un espíritu diferente» o «un evangelio diferente» y en el versículo 14 sobre los ángeles engañosos se parece tanto a las advertencias de Gálatas 1:6–9 que Pablo probablemente ve en los judaizantes de Corinto al mismo tipo de judaizantes que antes había hecho daño en Antioquía y Galacia.205

En cuarto lugar, no deberíamos aceptar dinero por nuestro ministerio cuando eso va a poner en cuestión la integridad de nuestro mensaje (11:7–12). Como vimos con 1a Corintios 9, los filósofos y los oradores itinerantes en la Roma y en la Grecia antiguas solían cobrar grandes sumas de dinero por sus discursos, mientras que Pablo predicaba su mensaje de forma gratuita. Es probable que los judaizantes estuvieran pidiendo una retribución. La forma de pensar de los detractores del apóstol provenía del concepto, aún vigente «tanto tienes, tanto vales». Por lo que Pablo tiene que explicar su forma de ver este asunto. Él sí aceptaba el apoyo económico de otras iglesias (v. 8),206 sobre todo de la iglesia de Filipos, pero incluso en ese caso procura asegurarse de que la ayuda la envían de forma completamente desinteresada (ver el comentario de Fil 4:10–20). Los ricos patrones que subvencionaban las campañas de los maestros itinerantes esperaban poder controlar, en cierta medida, los contenidos de las enseñanzas, pero Pablo no tolera que se cuestionen las palabras que vienen de Dios mismo. Además, reconoce que pedir ayuda a una iglesia que ya se ha mostrado reticente a dar generosamente para sus hermanos pobres sería poner sobre ella una carga aún más grande. Por amor a ellos, renuncia a su derecho de pedirles apoyo económico por su ministerio (v. 11).207

En quinto lugar, hemos de ser conscientes de que podemos llegar a experimentar persecución aunque se nos haya dado plena autoridad para el ministerio que estamos realizando (11:16–33). En el caso de Pablo, su procedencia judía le cualifica para entender el rol de la Torá en la era del evangelio. Si los judaizantes pueden jactarse de sus antecedentes judíos, él también (v. 22). Pero el apóstol sigue reconociendo que hacer ese tipo de comparaciones es estúpido (vv. 16–19).208 Para defender la legitimidad de su apostolado, hace mención de sus sufrimientos. ¿Están ellos dispuestos a pasar por eso? Si la autoridad cristiana lleva al líder a tomar la actitud de siervo, aunque eso haga que los que juzgan según los criterios humanos lo tachen de débil, las persecuciones y los sufrimientos son una demostración de la obra del Espíritu en su vida (vv. 23b–29). Esta lista de sufrimientos es una combinación de experiencias causadas directamente por su ministerio (sobre todo los encarcelamientos, los azotes209 y los apedreamientos) y de dificultades comunes a todo el que viajaba por el extenso territorio del Imperio (p. ej., naufragios, asaltos, hambre, etcétera). Después de una lista que desanimaría a cualquiera (vv. 23b–27), Pablo concluye aparentemente de forma anticlimática con el peso diario de «su preocupación por todas las iglesias» (vv. 28–29). Pero este último sufrimiento es el único que nunca desaparece, así que, después de todo, es el clímax más apropiado. En todas las épocas, el ministerio pastoral que se lleva a cabo de corazón siempre va acompañado de ese peso y esa preocupación.210

Así, los versículos 30–33 recogen la ignominia más grande: que le tuvieran que bajar en una cesta por una ventana de la muralla (justo la antítesis de la acción militar más reconocida y premiada, pues el honor más alto se reservaba para el soldado que era el primero en escalar una muralla enemiga). ¡Pablo es bien consciente de su debilidad!211 A la vez, es importante tener en cuenta que cierta corriente filosófica grecorromana reconocía que jactarse en la debilidad era aceptable, e incluso era visto como la forma más noble de recomendarse. Así que a la vez que Pablo denuncia el énfasis desmedido en la sofisticación del discurso, énfasis que daba más importancia a la forma que al contenido y que ponía toda la atención en la persona que hablaba, en lugar de ponerla en el mensaje que transmitía, el apóstol sabe suficiente de filosofía y oratoria como para usarla en su favor para resaltar de nuevo el mensaje del evangelio.212



En sexto lugar, debemos soportar nuestros «aguijones en la carne» aunque Dios nos haya dado experiencias espirituales maravillosas (12:1–13). La yuxtaposición de los versículos 1–6 y 7–10 sorprende por el conjunto discordante que forman. En el primer párrafo, Pablo se ve obligado a hablar de sus propias «visiones y revelaciones del Señor», dado que los falsos maestros se jactan de haber tenido ese tipo de visiones (v. 1). Y relata el que quizá sea el ejemplo más dramático de las visiones que ha tenido (vv. 2–5). Al principio parece que está hablando de otro individuo, porque habla en tercera persona, pero en el versículo 7 cambia a primera persona. En ese momento se hace evidente que estaba hablando de sí mismo, pero narra como si le hubiera ocurrido a otra persona porque se quiere distanciar de ese tipo de experiencia espiritual elitista. Los detalles sobre esta visita al cielo son muy vagos.213 El apóstol ni siquiera sabe si realmente ha tenido una experiencia fuera del cuerpo o si tan solo ha sido una visión (vv. 2–3). Dios no le permite decir a los demás lo que ha escuchado durante la visión (v. 4), así que no tenemos forma de saber lo que ocurrió. Además, Pablo reconoce que presumir de este extraordinario viaje a los cielos solo serviría para exaltarse a sí mimo y ponerse por encima de los falsos maestros, es decir, que sería usar los mismos criterios carnales que ellos estaban usando (vv. 5–6).214

Para transmitir su visión de las cosas, inmediatamente después Pablo narra una experiencia totalmente opuesta que le ha obligado a mantenerse humilde a pesar de los privilegios espirituales que Dios le ha concedido. El famoso «aguijón en la carne» (v. 7) ha confundido a los lectores a lo largo de toda la historia de la iglesia. Las interpretaciones más comunes son una dolencia física recurrente, un enemigo personal, o una batalla espiritual más general. Las dos últimas opciones surgen del hecho de que Pablo también define el problema como «un mensajero de Satanás», pero el significado literal de «aguijón» (skolops) es «estaca», y la única forma natural de interpretar la presencia de una estaca en la «carne» o en el cuerpo es una aflicción física.215 Las dos sugerencias más comunes han sido problemas en la vista o malaria (recuérdese, p. 108), pero hemos de ser honestos y admitir que no lo sabemos a ciencia cierta. No hay duda de que los corintios sí conocían cuál era el problema de Pablo; y probablemente sea providencial que a nosotros no se nos dé esa información. Después de todo, nuestra inclinación natural nos haría caer en decir que la enseñanza de Pablo en este pasaje solo es para las personas que sufren de la misma enfermedad que Pablo sufrió.




La respuesta del Señor a la ferviente y repetida oración de Pablo pidiendo que se le libre de su aguijón sirve como respuesta a cualquier forma de sufrimiento de los cristianos, aunque ese sufrimiento no sea consecuencia de sus actos: «Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad». Éste es el climax de la enseñanza de esta epístola sobre cómo entender el sufrimiento y cómo responder ante él, y es el símbolo de una perspectiva claramente contraria a la visión común de este mundo caído.216 No sorprende pues que Cristo mismo le hable a Pablo de forma directa para enfatizar este principio; el versículo 9 es el único versículo en «letras rojas» de toda la epístola.

Los versículos 11–13 nos llevan a la sección final de esta carta. Pablo reitera una vez más que su jactancia ha sido una insensatez. Pero lo ha hecho porque la competición estaba poniendo en peligro su ministerio. Si los judaizantes impresionan a los corintios con su habilidad para hacer milagros, el apóstol recuerda a sus lectores que Dios ha usado a Pablo de forma similar en ocasiones anteriores (v. 12). Toda esta sección, de hecho, toda la epístola, es la mejor refutación teológica que encontramos en las Escrituras del «evangelio de la prosperidad». Los cristianos siempre deben recordar que Dios puede elegir usarles en su situación o condición de debilidad, incluyendo la enfermedad y la pobreza, porque en esas situaciones se puede ver de forma mucho más visible nuestra dependencia de Él.



Advertencias y saludos finales (12:14–13:14). Advertencias finales (12:14–13:10). Los comentarios finales de Pablo preparan a los lectores para su inminente visita. El apóstol desea fervientemente poder mostrar a los corintios su amor por ellos, del modo en que los padres derraman su amor por sus hijos y se desviven por ellos. De hecho, esta analogía ofrece una razón más para que Pablo no quiera que la iglesia le pague por su ministerio: son los padres los que mantienen a sus hijos mientras éstos están creciendo, y no a la inversa (vv. 14–18). Pero si la congregación no ha cambiado sustancialmente su actitud cuando él llegue, Pablo investigará si hay necesidad de aplicar disciplina (vv. 19–21). Dado que ésta ya será su tercera visita a Corinto, Pablo piensa en el mandato de Deuteronomio que establece la necesidad de que haya dos o tres testigos para esclarecer las cuestiones legales (Dt 19:15). A modo de metáfora, cada una de sus visitas sirve de testigo de la condición en la que la iglesia de Corinto está. Esta vez, la respuesta de los corintios a los mandamos del apóstol será completamente clara, y si no han obedecido, Pablo tendrá razones más que justificadas para castigar a los tercos tan severamente como sea necesario. La centralidad de la crucifixión de Cristo a veces lleva a vivir de un modo que el mundo considera débil, pero la resurrección de Jesús también da a los creyentes un gran poder, incluyendo la autoridad y la responsabilidad de disciplinar a los miembros problemáticos de la comunidad (13:1–4).

Los versículos 13:5–10 recogen un llamamiento a los corintios a examinarse para ver si realmente son cristianos. Los que se identifican con un mensaje totalmente opuesto al evangelio de la cruz, que es un evangelio de poder a través de la debilidad, deben preguntarse si el Espíritu de Jesús vive en ellos. Si vive en ellos, admitirán que Pablo predica la verdad y que los intrusos son representantes de una mentira. Entonces no tendrá que tratarles duramente cuando llegue, y podrá usar su autoridad para edificarles.



Saludos finales (13:11–14). Un llamamiento final a vivir en la paz característica de una comunidad restaurada217 da paso al mandamiento de saludarse con un beso santo. Todos los creyentes que están con Pablo envían sus saludos. La particularidad del cierre de esta carta es la bendición trinitaria que aparece en el versículo 14. «Que la gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros». Estas palabras se siguen usando al final del culto de adoración en muchas partes del mundo hoy.



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