8 de pentecostés a patmos una introducción a los libros de hechos a apocalipsis



Descargar 2.52 Mb.
Página36/88
Fecha de conversión01.07.2017
Tamaño2.52 Mb.
1   ...   32   33   34   35   36   37   38   39   ...   88

APLICACIÓN


En una palabra, el problema teológico de Corinto a lo largo de las dos epístolas ha sido el triunfalismo o, como hemos sugerido en nuestros títulos para estos dos últimos capítulos, un sentido enormemente desmesurado de su propia madurez en Cristo. En el siglo XXI, el triunfalismo sigue siendo un peligro para los evangélicos del mundo occidental. A mediados de los 70 del siglo pasado, los evangélicos americanos se pasaron a las expresiones liberales del cristianismo al convertirse en el ala más acaudalada de la iglesia en los Estados Unidos, y sus riquezas se han multiplicado desde entonces. En algunos círculos carismáticos hemos visto la aparición de la herejía «reclama y recibe»; otras congregaciones que explícitamente son menos heréticas siguen dejándose cautivar por lo milagroso, a veces rayando en lo estrambótico, en lugar de reflejar un evangelio de la cruz cuyo poder se muestra en la debilidad. Hay un crecimiento explosivo en varios lugares del tercer mundo por la influencia de un misionero exitoso y el efecto de aventuras evangelísticas; el resurgimiento del posmileniarismo arrasa en algunos círculos. Otros ponen fechas o al menos anuncian que dentro de una generación habremos cumplido la Gran Comisión, lo que dará lugar a la Segunda Venida de Cristo. Mientras, nuestra teología del sufrimiento sigue anémica, y por eso muchos renuncian a su compromiso con Dios y con los demás cada vez que surge la más mínima dificultad.

Otros ejemplos del triunfalismo serían los métodos de crecimiento de iglesia que garantizan éxito si se siguen las fórmulas adecuadas; los libros de autoayuda, grabaciones y seminarios sobre un sinfín de temas que prometen buenos resultados simplemente si uno hace lo que aparece en las instrucciones; y la idea de muchos graduados de seminarios y escuelas bíblicas de que su formación les reportará una carrera exitosa en cuanto a ingresos, tamaño e influencia (que no son más que criterios humanos). La lista podría ser mucho más larga, y la próxima generación sin duda creará nuevas manifestaciones de esta antigua tentación. Tan solo el pasaje de 2a Corintios 8–9 ya debería hacer pensar a la mayoría de cristianos en Occidente, y llevarles a reordenar sus gastos tanto a nivel individual como congregacional. Y los capítulos 10–13 nos recuerdan, del mismo modo que 1a Corintios 5 y 9, que no debemos caer en el legalismo e ignorar a los que aún no pertenecen a la familia de Dios. Precisamente lo que se nos pide es lo contrario: duras amonestaciones y, si es necesario, disciplina firme para los miembros cerrados de mente que deberían ser más sensibles y pensar en formas creativas con las que llegar a los de afuera, formas que no pongan obstáculos innecesarios entre los de afuera y Cristo.218


PREGUNTAS


1. Según las evidencias, reconstruye el orden más probable de la comunicación entre Pablo y los corintios, incluyendo las dos cartas que nos han llegado y las visitas de Pablo, y las dos cartas que llegaron a Pablo con noticias de Corinto a través de sus emisarios personales.
2. ¿De qué modo se puede resolver la dificultad en torno a los capítulos 10–13 de 2a Corintios, aparentemente inconexos?
3. ¿Qué principios básicos sobre el sufrimiento presenta Pablo en 2a Corintios?
4. ¿De qué modo se resuelve en 2a Corintios la situación con el hombre incestuoso que se presentó en 1a Corintios? ¿Qué principios podemos extraer sobre el seguimiento que se ha de hacer cuando la iglesia ha ejercido disciplina?
5. Junto con los otros pasajes paulinos que hablan de la esperanza de un cuerpo resucitado (esp. 1Ts 4–5 y 1Co 15), ¿qué sugiere 2a Corintios 5:1–10 sobre el intervalo entre la muerte y la recepción del cuerpo resucitado y eterno? ¿Por qué Pablo prefiere el estado incorpóreo a la vida aquí en la tierra?
6. ¿Cuál es el centro teológico de 2a Corintios? ¿Qué elementos del contenido y de la estructura de la carta nos revelan el énfasis central de Pablo?
7. En los dos capítulos que tratan el tema de una mayordomía adecuada del dinero (2Co 8:1–9:15), ¿qué principios generales establece el apóstol? ¿Qué enseña este pasaje, y los demás pasajes bíblicos posteriores a Pentecostés que tratan sobre la mayordomía, en cuanto al tema del diezmo?
8. De la defensa que Pablo hace de su autoridad apostólica en los capítulos 10–13 podemos extraer varias verdades atemporales sobre las características del verdadero ministerio cristiano. ¿Cuáles son los principios que reflejan de forma realista las presiones y las preocupaciones de aquellos que han sido llamados a guiar al pueblo de Dios?
9. ¿Cuántos ejemplos «cristianos» contemporáneos de triunfalismo conoces? ¿De qué forma se podrían reconducir?

OBRAS SELECCIONADAS

COMENTARIOS:


Avanzados

Furnish, Victor P. 2 Corinthians. AB. Garden City: Doubleday, 1984.


Harris, Murray J. The Second Epistle to the Corinthians. NIGTC. Carlisle: Paternoster; Grand Rapids: Eerdmans, 2005.
Martin, Ralph P. 2 Corinthians. WBC. Waco: Word, 1986.
Thrall, Margaret E. A Critical and Exegetical Commentary on the Second Epistle to the Corinthians. 2 vols. ICC, rev. Edinburgh: T & T Clark, 1994, 2000.
Intermedios

Baker, William R. 2 Corinthians. CollegePressNIV. Joplin: College Press, 1999.


Barnett, Paul. The Second Epistle to the Corinthians. NICNT, rev. Grand Rapids y Cambridge: Eerdmans, 1997.
Garland, David E. 2 Corinthians. NAC. Nashville: Broadman & Holman, 1999.
Hafemann, Scott J. 2 Corinthians. NIVAC. Grand Rapids: Zondervan, 2000.
Kistemaker, Simon J. Exposition of the Second Epistle to the Corinthians. NTC. Grand Rapids: Baker, 1997.
Matera, Frank J. II Corinthians. NTL. Louisville y London: WJKP, 2003.
Witherington, Ben III. Conflict and Community in Corinth: A Socio–Rhetorical Commentary on 1 and 2 Corinthians. Grand Rapids y Cambridge: Eerdmans, 1995.
Introductorios

Barnett, Paul. The Message of 2 Corinthians: Power in Weakness. BST. Leicester Y Downers Grove: IVP, 1988.


Belleville, Linda L. 2 Corinthians. IVPNTC. Leicester y Downers Grove: IVP, 1996.
Kruse, Colin. The Second Epistle of Paul to the Corinthians, rev. TNTC. Leicester: IVP; Grand Rapids: Eerdmans, 1987.
Scott, James M. 2 Corinthians. NIBC. Peabody: Hendrickson; Carlisle: Paternoster, 1999.
Wan, Sze–Kar. Power in Weakness: The Second Letter of Paul to the Corinthians. TinCont. Harrisburg: Trinity, 2000.
OTROS LIBROS

Becker, Eve–Marie. Letter Hermeneutics in 2 Corinthians. London y New York: T & T Clark, 2004.


Crafton, Jeffrey A. The Agency of the Apostle. Sheffield: JSOT, 1991.
Fitzgerald, John T. Cracks in an Earthen Vessel: An Examination of the Catalogues of Hardships in the Corinthian Correspondence. Atlanta: Scholars, 1988.
Harvey, Anthony E. Renewed through Suffering: A Study of 2 Corinthians. Edinburgh: T & T Clark, 1996.
Murphy–O’Connor, Jerome. The Theology of the Second Letter to the Corinthians. Cambridge y New York: CUP, 1991.
Peterson, Brian K. Eloquence and the Proclamation of the Gospel in Corinth. Atlanta: Scholars, 1998.
Savage, Timothy B. Power through Weakness: Paul’s Understanding of the Christian Ministry in 2 Corinthians. Cambridge y New York: CUP, 1996.
Stegman, Thomas D. The Character of Jesus: the Linchpin to Paul’s Argument in 2 Corinthians. Rome: PIB, 2005.
Sumney, Jerry L. Identifying Paul’s Opponents: The Question of Method in 2 Corinthians. Sheffield: JSOT, 1990.
Young, Frances M. y David F. Ford. Meaning and Truth in 2 Corinthians. London: SPCK, 1987; Grand Rapids: Eerdmans, 1988.
MÁS BIBLIOGRAFÍA EN:

Mills, Watson E. 2 Corinthians. Lewiston y Lampeter: Mellen, 1997.


1. Platón acuñó el sustantivo, y Aristófanes el verbo. Ver D. Nelly Ogden y Andrew C. Skinner, New Testament Apostles Testify of Christ: A Guide for Acts through Revelation (Salt Lake City: Deseret, 1998), 129.

2. Encontrará una buena introducción a la ciudad de Corinto en tiempos de Pablo en Murphy–O’Connor, St. Paul’s Corinth; Donald Engels, Roman Corinth: An Alternative Model for the classical City (Chicago: University of Chicago Press, 1990).

3. Gordon D. Fee, Gordon Fee, Primera Epístola a los Corintios (Nueva Creación: Grand Rapids, Michigan, 1994), p. 3 de la edición en inglés.

4. Wilhem Schneemelcher, «Acts of Paul», en New Testament Apocrypha, ed. Wilhem Schneemelcher, vol. 2 (London: James Clark: Louisville: WJKP, 1992), 217, 235.

5. Margaret M. Mitchell («Concerning in 1 Corinthians», NovT 31 [1989]: 229–56) muestra que esta fórmula introductoria no tiene por qué ser una marca que diferencia entre los temas de la carta desaparecida y otros.

6. Linda L. Belleville, «Continuity or Discontinuity: A Fresh Look at 1 Corinthians in the Light of First–Century Epistolary Forms and Conventions», EQ 59 (1987): 15–37.

7. Ben Witherington III, Conflict and Community in Corinto: A Socio–Rhetorical Commentary on 1 and 2 Corinthians (Grand Rapids: Eerdmans; Carlisle: Paternoster, 1995), 75.

8. Cf. Robert McL. Wilson, «Gnosis at Corinth», en Paul and Paulinism, eds. Morna D Hooker y Stephen G. Wilson (London: SPCK, 1982), 102–14; y John Painter, «Paul and the at Corinto», en Ibíd., 237–50.

9. Ver esp. James A. David, Wisdom and Spirit: An Invertigation of 1 Corinthians 1.18–3.20 against the Background of Jewish Sapiential Traditions in the Greco–Roman Period (Lanham: UPA, 1984).

10. Ver esp. Christopher Forbes, Prophecy and Inspired Speech in Early Christianity and Its Hellenistic Envirenment (Tübingen: Mohr, 1994; Peabody: Hendrickson, 1997).

11. Ver esp. Bruce W. Winter, Philo and Paul among the Sophists (Grand Rapids and Cambridge: Eerdmans, rev.: 2002).

12. Anthony C. Thiselton, «Realized Eschatology at Corinth», NTS 24 (1977–78): 510–26.

13. Andrew D. Clarke, Serve the Community of the Church: Christians as Leaders and Ministers (Grand Rapids and Cambridge: Eerdmans, 2000), 174–85.

14. Ver esp. Andrew D. Clarke, Secular and Christian Leadership in Corinth (Leiden and New York: Brill, 1993); John K. Chow, Patronage and Power: A Study of Social Networks in Corinth (Sheffield: JSOT, 1992).

15. Bruce W. Winter, After Paul Left Corinth (Grand Rapids and Cambridge: Eerdmans, 2001), 44–57.

16. Ibíd., 58–75.

17. Ibíd., 76–109.

18. Encontrará el mejor debate exegético y la mejor información sobre el trasfondo en Wendell L. Willis, Idol Meat in Corinth (Chico: Scholars, 1985), 14.

19. Hock, The Social Context of Paul’s Ministry, esp. 59–62.

20. Antoinette C. Wire, The Corinthian Women Profets (Minneapolis: Fortress, 1990).

21. Gerd Theissen, The Social Setting of Pauline Christianity (Philadelphia: Fortress, 1982), 145–74.

22. Dale Martin, «Tongues of Angels and Other Status Indicators», JAAR 59 (1991): 547–50.

23. Richard B. Hays, First Corinthians (Louiville: WJKP, 1997), 18,

24. Encontrará un intento reciente de defender que lo que diferenciaba a estos grupos eran sobre todo cuestiones teológicas en Michael D. Goulder, Paul and the Competing Mission in Corinth (Peabody: Hendrickson, 2001).

25. Quizá también había un pequeño grupo de gente de clase media, tal como argumenta Dirk Jongkind, «Corinth in the First Century A.D.: The Search for Another Class», TynB 52 (2001): 139–48.

26. Lyle D. Vander Broek (Breaking Barriers: The Possibilities of Christian Community in a Lonely World [Grand Rapids: Brazos, 2002], 40) observa que la fuerte reacción de Pablo ante una situación peligrosa se basa en la identificación no adecuada de los corintios con algunos líderes, acompañada de una comprensión errónea de la predicación, que valoraba en exceso la expresión de la sabiduría humana a través de la lógica, la persuasión y la belleza de una retórica cuidadosamente elaborada.

27. El papel de loco con el que Pablo se asocia también podría provenir en parte del mundo del teatro. Cf. L. L. Welborn, Paul the Fool of Christ: A Study of 1 Corinthians 1–4 in the Cynic Philosophic Tradition (London and New York: T & T Clark, 2005); y Duane Litfin St. Paul’s Theology of Proclamation: 1 Corinthians 1–4 and Greco–Roman Rhetoric (Cambridge and New York: CUP, 1994).

28. Sin embargo, el escándalo de la cruz sigue siendo central en toda la ética de Pablo, como vemos en H. H.D. Williams, «Living as Christ Crucified: The Cross as a Foundation for Christian Ethics in 1 Corinthians», EQ 75 (2003): 117–31. En cuanto a su papel en la carta a nivel más general, ver Raymond Pickett, The Cross in Corinth: The Social Significance of the Death of Jesus (Sheffield: SAP, 1997).

29. Y, en la medida que el Espíritu da dones a los creyentes para la edificación de la iglesia, podemos decir que los cristianos tanto de forma colectiva como también de forma individual tienen «la mente de Cristo» (v. 16). Ver Allen r. Hunt, The Inspired Body: Paul, the Corinthians, and Divine Inspiration (Macon: Mercer, 1996).

30. Peter Stuhlmacher, «The Hermeneutical Significance of 1 Cor 2:6–16», en Tradition and Interpretation in the New Testament, eds. Gerald F. Hawthorne y Otto Betz (Grand Rapids: Eerdmans, 1987), 328–47.

31. Gordon D. Fee, Gordon Fee, Primera Epístola a los Corintios (Nueva Creación: Grand Rapids, Michigan, 1994), p. 121–28 de la edición en inglés.

32. Hays, First Corinthians, 58.

33. Ver Craig L. Blomberg, «Degrees of Reward in the Kingdom of Heaven?», JETS 35 (1992): 159–72.

34. Emma Disley, «Degrees of Glory: Protestant Doctrine and the Concept of Rewards Hereafter», JTS 42 (1991): 77–105.

35. Anthony C. Thiselton, The First Epistle to the Corinthians (Grand Rapids: Eerdmans; Carlisle: Paternoster, 2000), 318.

36. Paul Ellingworth y Howard Hatton, A Translator’s Handbook on Paul’s First Letter to the Corinthians (New York: UBS, 1985), 75.

37. David E. Garland, 1 Corinthians (Grand Rapids: Baker, 2003), 135.

38. David R. Hall, «A Disguise for the Wise: in 1 Corinthians 4.6», NTS 40 (1994): 143–49.

39. Cf. esp. K. A. Plank, Paul and the Irony of Affliction (Atlanta: Scholars, 1987).

40. Thiselton, First Corinthians, 365: «el vocabulario más bajo, más fuerte y más mundano».

41. Cf. Eva M. Lassen, «The Use of the Father Image in Imperial Propaganda and 1 Corinthians 4:14–21», TynB 42 (1991): 127–36.

42. Curiosamente, tan solo tres versículos después de haber hecho una descripción tan elaborada de sus sufrimientos. Sobre el tema de la mimesis en Pablo, ver esp. Andrew D. Clarke, «“Be Imitators of Me”: Paul’s Model of Leadership», TynB 49 (1998): 329–60.

43. Encontrará una buenísima exposición y aplicación de los capítulos 1–4 en D.A. Carson, La cruz y el ministerio cristiano (Viladecavalls: Andamio, 1994).

44. Garland, 1 Corinthians, 181: «La iglesia camina por una línea muy fina, pues tiene que ser una comunidad acogedora y aceptar al pecador que confiesa y ayudarle a volver a ponerse en pie, pero no tiene que llegar a ser una comunidad laxa moralmente hablando, en la que todo vale».

45. Este tema está relacionado con el capítulo 5 porque la iglesia ha vuelto a fallar como comunidad, pues los miembros no han sabido ser responsables los unos de los otros (Hays, First Corinthians, 93).

46. D. Neufeld, «Acts of Admonition and Rebuke: A Speech Act Approach to 1 Corinthians 6:1–11», BI 8 (2000): 375–99.

47. Reginald H. Fuller, «First Corinthians 6:1–11: An Exegetical Paper», Ex Auditu 2 (1986): 100.

48. Cf. Gordon D. Fee, Gordon Fee, Primera Epístola a los Corintios (Nueva Creación: Grand Rapids, Michigan, 1994), p. 238 de la edición en inglés.

49. David F. Wright, «Translating AπENOKOITAI (1 Cor. 6:9; 1Ti 1:10)», VC 41 (1987): 396–98; David E. Malick: «The Condemnation of Homosexuality in 1 Corinthians 6:9», BSac 150 (1993): 479–92. Por otro lado, los términos representan a aquellos que practican la homosexualidad, no a aquellos que se sienten homosexuales o tienen deseos homosexuales pero optan por el celibato, negándose así a seguir sus impulsos. Ver William L. Petersen, «Can be translated by “Homosexuals”? (1 Cor. 6:9; 1Ti 1:10)», VC (1986): 187–91.

50. Probablemente las comillas deberían llegar hasta el final de la frase, «así es, y Dios los destruirá a ambos». La siguiente frase empieza con un «pero», aunque no todas las versiones lo traducen.

51. Ver esp. Brendan Byrne, «Sinning against One’s Own Body: Paul’s Understanding of the Sexual Relationship in 1 Corinthians 6:18», CBQ 45 (1983): 613. Bruce N. Fisk («πOPNEYEN as Body Violation: The Unique Nature of Sexual Sin in 1 Corinthians 6:18», NTS 42 [1996]: 558) concluye «otros pecados pueden destruir el cuerpo (p. ej. el suicidio, la gula), la comunidad (p. ej., la murmuración, la división) o contaminar el espíritu (p. ej., la idolatría), pero para Pablo, dado que el pecado sexual tiene que ver con una unión del cuerpo única, también contamina el cuerpo de forma única».

52. Ogden y Skinner, Acts through Revelation, 134.

53. La exposición de este capítulo está en deuda con el comentario de Fee, Primera Epístola a los Corintios (Nueva Creación: Grand Rapids, Michigan, 1994), p. 266–357 de la edición en inglés. Posiblemente los del bando en pro del celibato creían que tenían derecho a puestos de liderazgo porque como eran ascetas decían que habían recibido una inspiración o una revelación especial, como solía ocurrir en las culturas paganas. Ver Judith M. Gundry–Volf, «Celibate Pneumatics and Social Power: On the Motivations for Sexual Ascetism in Corinth», USQR 48 (1994): 105–26. En cuanto a la idea de que en el bando pro celibato había influencia de los estoicos y los cínicos, ver Will Deming, Paul on Marriage and Calibacy (Cambrige and New York: CUP, 1995).

54. A diferencia de todas las culturas y religiones de alrededor. Cf. G. W. Petermann, «Marriage and Sexual Fidelity in the Papyri, Plutarch and Paul», TynB 50 (1999): 163–72.

55. Ver J. Edward Ellis, «Controlled Burn: The Romantic Note in 1 Corinthians 7», PRS 29 (2002): 89–98.

56. Ver el siguiente artículo: Craig L. Blomberg, «Marriage, Divorce, Remarriage, and Celibacy», TrinJ 11 (1990): 161–96, esp. 186–94. Los mejores libros sobre el tema son Craig S. Keener,… And Marries Another: Divorce and Remarriage in the Teaching of the New Testament (Peabody: Hendrickson, 1991); y David Instone–Brewer, Divorce and Remarriage in the Bible (Grand Rapids and Cambridge: Eerdmans, 2002). Puede que Pablo también esté contestando a los que temían que ese tipo de matrimonios mixtos ensuciaran al cónyuge cristiano. Ver Yonder M. Gillihan, «Jewish Law on Ilicit Marriage, The Defilement of Offspring and the Holiness of the Temple: A New Halakik Interpretation of 1 Corinthians 7:14», JBL 121 (2002): 730.

57. Gordon Fee, Primera Epístola a los Corintios (Nueva Creación: Grand Rapids, Michigan, 1994), p. 291 de la edición en inglés.

58. Ciertamente, gnome se podría traducir «máxima», adecuando la forma de este versículo, y sugerir así que Pablo está rebatiendo el eslogan del versículo 1 con un proverbio que sí aprueba. Ver Rollin A. Ramsaran, «More Than an Opinión: Paul’s Rethorical Maxim in First Corinthians 7:25–26», CBQ 57 (1995): 531–41.

59. Nigel Watson, The First Epistle to the Corinthians (London: Epworth, 1992), 71.

60. Schott Bartchy, : First–Century Slavery and 1 Corinthians 7:21 (Missoula: Scholars, 1973). En cuanto a la opinión de que el texto paulino es inherentemente ambiguo, ver Brad R. Braxton, The Tyranny of Resolution: 1 Corinthians 7:17–24 (Atlanta: SBL, 2000).

61. El equilibrio que Pablo buscar en cuanto a estas cuestiones llevó a Vincent L. Wimbush a titular su libro Paul: The Worldly Ascetic [Pablo: el asceta terrenal] (Macon: Mercer, 1987).

62. Bruce W. Winter, «Puberty or Passion? The Referent of in 1 Corinthians 7:36», TynB 49 (1998): 71–89.

63. David Instone–Brewer, «1 Corinthians 7 in the Light of the Graeco–Roman Marriage and Divorce Papyri», TynB 52 (2001): 101–16, 225–43. Sobre los capítulos 5–7, cf. esp. Brian S. Rosner, Paul, Scripture and Ethics: A Study of 1 Corinthians 5–7 (Leiden and New York: Brill, 1994; Grand Rapids, Baker, 1999).

64. La mejor discusión exegética y la mejor información en cuanto al trasfondo la encontrará en Willis, Idol Meat in Corinth. También encontrará mucha información sobre el trasfondo en Derek Newton, Deity and Diet: The Dilemma of Sacrificial Food at Corinth (Sheffield: SAP, 1998), aunque la exégesis que aquí se presenta es menos convincente.

65. La reconstrucción de los eventos que adoptamos aquí siguen muy de cerca la que encontramos en Bruce N. Fisk, «Eating Meat Offered to Idols: Corinthian Behavior and Pauline Response in 1 Corinthians 8.10», TrinJ 10 (1989): 49–70; Cf. también E.C. Still, «The Meaning and Uses of EI?O?TYTONO in First Centruty Non–Pauline Literatura and 1 Cor 8:1–11: Toward Resolution of the Debate», TrinJ 23 (2002): 225–34. Algunos estudios recientes han argumentado que Pablo prohíbe comer carne ofrecida a los ídolos excepto en casa, donde nadie presta atención al origen de la carne, pero dichos estudios no tratan de forma adecuada los argumentos más elaborados como los que aparecen en obras como esta. El argumento de Still de que Pablo pide a los que tienen conocimiento que renuncien por completo a su derecho a comer carne sacrificada a los ídolos no es la única conclusión posible; de hecho, ni siquiera encaja con los énfasis que encontramos en la parte final (10:23–11:1).

66. Más aplicaciones en Garry Friesen con Robin Maxson, Decision–Making and the Will of God (Portland: Multnomah, 1980), 382–83; y Joseph C. Aldrich, Life–Style Evangelism (Portland: Mulnomah, 1981), 39–76.

67. Una característica sorprendentemente presente incluso en el pensamiento y en los escritos cristianos más tempranos. Ver esp. Hurtado, Lord Jesus Christ. Si tomamos y unimos las enseñanzas de Pablo sobre Dios, Jesús y el Espíritu, podemos decir que en ese momento ya existía una visión trinitaria de Dios. Ver Ulrich Mauser, «One God and Trinitarian Language in the Letters of Paul», HBT 20 (1998): 99–108. Ver esp. 1a Corintios 12:4–6.

68. Encontrará una detallada reconstrucción de las posibles acusaciones que se le hicieron a Pablo en Peter Marshall, Enmity in Corinth: Social Conditions in Paul’s Relation with the Corinthians (Tübingen: Mohr, 1987), 282–340.

69. Garland, 1 Corinthians, 410: pantos puede significar «ciertamente», «indudablemente», «por supuesto», «especialmente», o «simplemente».

70. Encontrará un extenso análisis sobre pedir dinero en el Nuevo Testamento en Jouette M. Bassler, God and Mammon (Nashville: Abingdon, 1991).

71. Cf. Michael Prior, The Message of 1 Corinthians (Leicester and Downers Grove: IVP, 1985), 162: “La versatilidad de Pablo con vistas a acercar a personas de todos los trasfondos a Cristo nos desafía a cruzar el abismo cultural que hay entre la subcultura cristiana (reuniones donde nos sentimos cómodos, conversaciones «santas») y la comunidad pagana en la que vivimos. La iglesia se tiene que enfrentar a una de sus tareas más importantes: identificarse con el paganismo contemporáneo, acercarse como Cristo se acercó a nosotros, ¡hasta el punto de encarnarse!”.

72. Sobre este tema, ver Victor C. Pfitzner, Paul and the Agon Motif (Leiden and New York: Brill, 1967), 82–98.

73. Cf. Judith M. Gundry–Volf, Paul and Perseverance: Staying in and Falling Away (Louisville: WJKP, 1991), 233–47.

74. Dado que Dios sacó agua de una roca tanto al principio como al final del peregrinaje de los israelitas, la tradición judía recoge que los arroyos y las fuentes rebosantes de agua estuvieron presentes durante todo el viaje del pueblo de Dios. De esa creencia, al concepto de una roca errante que provee agua no hay más que un pequeño salto (F.F. Bruce, 1 and 2 Corinthians [London: Marshall, Morgan & Scout, 1971; Grand Rapids: Eerdmans, 1980], 91). «La mitología local decía que la fuente principal de Corinto provenía de una roca que también había sido golpeada» (Craig S. Keener, 1–2 Corinthians [Cambridge: CUP, 2005], 85, n. 181).

75. Sobre el uso del Antiguo Testamento en esta sección, ver Wayne A. Meeks, «“And Rose Up to Play”: Midrash and Paraenesis in 1 Corinthians 10:1–22», JSNT 16 (1982): 64–78. Sin embargo, aunque Meeks y otros creen que esta sección (o al menos 10:1–13) forman un midrash que ya existía anteriormente, eso parece bastante improbable. Ver B. J. Oropeza, «Laying to Rest the Midrash: Paul’s Message on Meat Sacrified to Idols in Light of the Deuteronomio Tradition», Bib 79 (1998): 57–68.

76. Ramsaran, Paul’s Use of Liberating Rhetorical Maxims in 1 Corinthians 1–10, 71.

77. Cf. R. L. Plummer, «Immitation of Paul and the Church’s Missionary Role in 1 Corinthians», JETS 44 (2001): 225: «la exhortación de Pablo: que estamos dispuestos a negarnos a nosotros mismos por razones evangelísticas».

78. «La tendencia de los corintios a verse como gigantes espirituales salía a la luz, sobre todo, en los cultos de adoración». Así, Hays, First Corinthians, 182.

79. Los términos griegos pueden ser tanto hombre y mujer, como esposo y esposa. Dado que las mujeres que no estaban casadas pero que ya no vivían en casa del padre no tenían a un hombre concreto como su «cabeza», la segunda traducción parece la más adecuada.

80. A pesar de los muchos argumentos que algunos presentan para decir que en el griego antiguo no encontramos estos significados, lo cierto es que sí hay ejemplos de ambos usos, aunque eso sí, son escasos. La amplia mayoría de los usos hacen referencia a una parte de la anatomía de los seres humanos o de los animales.

81. Ver esp. David E. Blattenberger, Rethinking 1 Corinthians 11:2–16 through Archaeological and Moral–Rhetorical Analysis (Lewiston and Lampeter: Mellen, 1997).

82. Encontrará una lista más extensa de opciones en Craig. L. Blomberg, 1 Corinthians (Grand Rapids: Zondervan, 1994), 210–11.

83. No obstante, el paralelismo es deliberadamente parcial. El hombre es la imagen y la gloria de Dios, pero la mujer no es la imagen y la gloria del hombre. Ambos géneros reflejan por igual la imagen de Dios. Cf. Garland, 1 Corinthians, 523.

84. El argumento del versículo 10 es notoriamente opaco. Quizá la mejor sugerencia es que Pablo refleja la creencia judía de que los ángeles servían como guardianes de la adoración y por tanto no querrían ser testigos de una falta de decoro en la congregación de Corinto. La NVI añade «una señal de», que no aparece en el texto griego. Una mejor traducción sería: «La mujer debe tener un control sobre su cabeza», es decir, utilizar el cubrimiento apropiado según la cultura. Ver Ibíd., 524–35.

85. Más detalles sobre todos los puntos de este pasaje en Craig L. Blomberg, «Women in Ministry: A Complementarían View», en Two Views on Women in Ministry, ed. James F. Beck (Grand Rapids: Zondervan, rev. 2005), 155–61. En cuanto a la visión de que la profecía y la enseñanza deben diferenciarse y que la profecía en el Nuevo Testamento «siempre se refiere a algo que Dios pone en la mente de alguien de forma espontánea» ver Wayne Grudem, Evangelical Feminism and Biblical Truth (Sisters, Ore: Multnomah, 2004), 228–32. Grudem argumenta que «en la iglesia, las mujeres podían profetizar, pero no podían enseñar» (p. 230).

86. En cuanto al significado y la historia de la Cena del Señor, ver esp. I. Howard Marshall, Last Supper and Lord’s Supper (Grand Rapids: Eerdmans; Exeter: Paternoster, 1980).

87. Hays (First Corinthians, 199) comenta que la Cena del Señor expresa precisamente lo opuesto a una presencia real: expresa la ausencia del Señor, pues lo que recordamos es su muerte y la espera hasta su Segunda Venida.

88. David Wenham, «How Jesus Understood the Last Supper: A Parable in Action», Themelios 20 (1995): 11–16.

89. Thiselton, First Corinthians, 890.

90. Gordon Fee, Primera Epístola a los Corintios (Nueva Creación: Grand Rapids, Michigan, 1994), p. 559, 563.

91. Sobre estos tres capítulos, ver esp. D. A. Carson, Manifestaciones del Espíritu (Andamio: 2000).

92. Más detalles sobre los diferentes dones en Kenneth Hemphill, Spiritual Gifts (Nashville: Broadman, 1988).

93. Una clasificacióna la que hemos llegado combinando las explicaciones de Michael Green, Creo en el Espíritu Santo (Caribe: 1997; en inglés, I believe in the Holy Spirit [Grand Rapids: Eerdmans, rev. 2004]), pp. 210–59 de la edición en inglés; y Donald Bridge y David Phypers, Spiritual Gifts and the Church (London: IVP, 1973), 18–89. Existe un sinfín de inventarios para ayudar a los creyentes a identificar sus dones espirituales; uno de los más simples, y aún así útil, es el que aparece en Eddie Gibbs, I Believe in Church Growth (Grand Rapids: Eerdmans; London: Odre and Stoughton, 1981), 452–53.

94. Cf. Ralph P. Martin, The Spirit and the Congregation (Grand Rapids: Eerdmans, 1984), 37: «Cualquier condición de la vida se puede convertir en el charisma que Dios da a una persona, pero solo si reconozco que es Dios quien me lo ha dado y si acepto ese don como su llamamiento y su mandato para mí». De nuevo, «ningún ‘don’ es carismático en sí, pero puede serlo si se utiliza bajo el dominio de Cristo. Así, el orden natural es “santificado” cuando vuelve a las manos del dueño, de Cristo». Cf. también Prior, 1 Corinthians, 198: «Sería un error limitar los dones del Espíritu a aquellas habilidades naturales que Dios nos da y nosotros trabajamos, y también sería un error afirmar que los dones espirituales verdaderos solo son los que se manifiestan de forma sobrenatural».

95. «Los profetas dan discursos de anuncio, proclamación, juicio, desafío, consuelo, apoyo o ánimo, mientras que los maestros dan discursos de transmisión, explicación, interpretación de los textos, enseñanza de los credos, exposición del significado y de las implicaciones, y discursos comunicativos más cognitivos y atemporales» (Thiselton, First Corinthians, 1017). Dicho de un modo más simple, la profecía se puede definir como «la declaración de la voluntad de Dios» (Garland, 1 Corinthians, 582) o «predicación pastoral» (David Hill, New Testament Prophecy [London: Marshall, Morgan & Scout; Atlanta: John Knox, 1979], 123.

96. En el versículo 3 hay una variante textual importante, como indica la nota al pie de la NVI («para tener de qué jactarme» en lugar de «para que lo consuman las llamas»). Dado que es muy poco probable que un escriba eliminara la vívida descripción que aparece en el texto de la NVI para sustituirla por lo que aparece a pie de página, lo más lógico es pensar que en el texto original aparecía «para tener de qué jactarme».

97. Richard Walter, el eslogan de AMOR Ministries (Murray, Ky.). Walker es misionero y pastor en la zona alta del Amazonas, en Brasil.

98. Vader Broek, Breaking Barriers, 146.

99. Encontrará una buena historia sobre el tema de las lenguas en Morton Kelsey, Tongues Speaking: The History and Meaning of Charismatic Experience (New York: Crossroad, 1981). Encontrará un buen estudio sobre la profecía en una parte influyente de la iglesia del siglo III en Cecil M. Robeck Jr., Prophecy in Carthage: Perpetua, Tertullian, Cyprian (Cleveland: Pilgrim, 1992). Más breve pero más general, cf. el catálogo de referencias a la presencia continua de los dones sobrenaturales en los primeros siglos de la historia de la iglesia: C.H. Talbert, Reading Corinthians (New York: Crossroad, 1987), 82–83, 88–90. Además, en los escritos de Pablo no encontramos ninguna evidencia de que él fuera conocedor de la llegada del final de una «era apostólica» o del «cierre del canon». Los padres de la iglesia de forma unánime interpretaron que «lo perfecto» hacía referencia a la parusía; ver Gary S. Shogren, «How Did They Suppose the Perfect Would Come? 1 Corinthians 13.8–12 in Patristic Exegesis», JPT 15 (1999): 99–129. Como Hays (First Corinthians, 229) dice, el lenguaje de Pablo es «claramente escatológico» y la interpretación de lo «perfecto» como el final del siglo I «no tiene ningún sentido».

100. Cf. Carson, Manifestaciones del Espíritu (Andamio: 2000), 66–67 de la edición en inglés.

101. Blomberg, 1 Corinthians, 260.

102. Carson, Manifestaciones del Espíritu (Andamio: 2000), 77–88 de la edición en inglés.

103. Garland, 1 Corinthians, 635.

104. En cuanto a los contrastes entre las comunidades de los que están «en Adán» y los que están «en Cristo» vistos como realidades ontológicas, Sang–Won (Aaron) Son, Corporate Elements in Pauline Anthropology (Rome: PIB, 2001).

105. Ver David E. Lanier, «With Stammering Lips and Another Tongue: 1 Cor 14:20–22 and Isa 28:11–12», CTR (1991): 259–85. Cf. Kart O Sanders, «Prophecy – a Sign for Believers (1 Cor 14, 20–25)», Bib 77 (1996): 1–15.

106. La evaluación de la profecía se debe distinguir del don espiritual del discernimiento de espíritus (12:10). Éste último tiene que ver con decidir si un fenómeno espiritual viene del Señor o no. Ver Wayne A. Grudem, The Gift of Prophecy in 1 Corinthians (Lanham: UPA, 1982), 263–88. «Los demás» del versículo 29 (los que deberían examinar con cuidado lo que se ha dicho), teniendo en cuenta la palabra que Pablo usa (hoi alloi y no hoi loipoi), se debe estar refiriendo al conjunto de la congregación, y no a los demás profetas – Carson, Manifestaciones del Espíritu (Andamio: 2000), 120 de la edición en inglés. No se nos dice qué criterios usar para juzgar las supuestas declaraciones proféticas, pero Michael Green (To Corinth with Love [London: Odre and Stoughton, 1982], 77–78) combina numerosos pasajes bíblicos para sugerir siete pautas: (1) ¿Glorifica a Dios en lugar de glorificar a la persona, iglesia o denominación? (2) ¿Concuerda con las Escrituras? (3) ¿Edifica a la iglesia? (4) ¿Está dicha en amor? (5) ¿El que habla se somete al juicio y al consenso de los demás con humildad espiritual? (6) ¿El que habla tiene control de sí mismo? (7) ¿Contiene una cantidad razonable de instrucción, o el mensaje parece excesivamente detallado?

107. Más detalles en Blomberg, «Women in Ministry», 161–65.

108. Philip B. Payne («Fuldensis, Sigla for Variants in Vaticanus, and 1 Cor 14.34–5», NTS 41 [1995]: 240–62) ha argumentado que ciertas marcas de algunos manuscritos nos indican que a veces estos versículos se omitían, pero Curt Niccum le ha refutado («The Voice of the Manuscripts on the Silence of Women: The External Evidence for 1 Cor 14.34–5», NTS 43 [1997]: 242–55). Encontrará más argumentos de cada uno de los extremos del debate en Philip B. Payne, «MS. 88 as Evidence for a Text without 1 Cor 14–34–5», NTS 44 (1998): 152–58; y J. Edward Miller, «Some Observations on the Text–Critical Function of the Umlauts in Vaticanus with Special Attention to 1 Corinthians 14.34–35», JSNT 26 (2003): 217–36.

109. Ver esp. David W. Odell–Scott, «Let Women Speak in Church: An Egalitarian Interpretation of 1 Cor 14:33b–36», BTB 13 (1983): 90–93; Ídem, «In Defense o fan Egalitarian Interpretation of 1 Cor 14:34–36», BTB 17 (1987): 100–3.

110. P. ej., J. Keir Howard, «Neither Male nor Female: An Examination of the Status of Women in the New Testament», EQ 55 (1983): 31–42.

111. Ver esp. Craig S. Keener, «Women in Ministry: An Egalitarian View» (p. 205–53) y Linda L. Bellville, «Women in Ministry: An Egalitarian View» (p. 21–103), ambos en Two Views on Women in Ministry, ed. Beck.

112. P. ej., D.A. Carson, «“Silent in the Churches”: On the Role of Women in 1 Corinthians 14:33b–38», en Rediscovering Biblical Manhood and Womanhood, eds. John Piper y Wayne Grudem (Wheaton: Crossway, 1991), 140–53.

113. Thiselton, First Corinthians, 1150–61.

114. Vander Broek, Breaking Barriers, 150.

115. Así lo encontramos incluso en Lüdemann con Losen, What Really Happened to Jesus, 15. Lüdemman empezó su carrera académica como cristiano liberal, pero con el tiempo abandonó su creencia en Dios. Él sostiene la hipótesis de la visión subjetiva, pero reconoce que era una creencia presente en una fecha muy temprana, incluso antes de la conversión de Pablo.

116. El estudio más completo de la resurrección, en relación con su veracidad, pero también con su significado es, sin duda alguna, el de N.T. Wright, The Resurrection of the Son of God (London: SPCK; Minneapolis: Fortress, 2003).

117. Sin duda, una razón por la que Pablo no habla más de este tema en sus cartas, a diferencia del énfasis especial que Lucas hace en el libro de Hechos (recuérdese arriba, p. 20). Cf. Gaye Strathearn, «“Jesus Christ, and Him Crucified”: Paul’s Testimony of Christ», en Jesus Christ: Son of God, Savior, ed. Paul H. Peterson, Gary L. Hatch and Laura D. Card (Provo: Religious Studies Center, 2002), 338–40.

118. John Dominic Crossan, Who Killed Jesus? (San Francisco: HarperSanFrancisco, 1995), 160–88.

119. «La resurrección significa esperanza sin fin, pero la ausencia de resurrección significa un final sin esperanza» (Garland, 1 Corinthians, 721). «Si no hay resurrección, este estilo de vida de negación no tiene ningún sentido; los que siguen el ejemplo de Jesús y de Pablo son unos desgraciados que no están disfrutando de la vida» (Hays, First Corinthians, 262). «Si Jesús no tuvo el poder de resucitar para salvar el cuerpo, tal como dijo, entonces no tenía el poder de perdonar pecados, de salvar el alma» (Robert L. Millet, Jesus Christ: The Only Sure Foundation [Salt Lake City: Bookcraft, 1999], 80).

120. Cf. Craig S. Keener, «Is Subordinationism within the Trinity Really Heresy? A Study of John 5:18 in Context», TrinJ 20 (1999): esp. 47–49.

121. Dado que los ciudadanos romanos estaban exentos de luchar contra los animales en el circo (Digest xxviii, 1.8.4), la mayoría de los comentaristas interpreta que la expresión «fieras salvajes» del versículo 32 es una metáfora de los enemigos humanos de Pablo.

122. Encontrará más información en Thiselton, First Corinthians, 1242–49. Los que pasaban por este rito probablemente lo hacían en representación solo de creyentes que habían fallecido, pero que no habían sido bautizados. Cf. N. H. Taylor, «Baptism for the Dead (1 Cor 15:29)?», Neot 36 (2002): 111–20.

123. S. Hultgren, «The Origin of Paul’s Doctrine of the Two Adams in 1 Corinthians 15.45–49», JSNT 25 (2003): 343.

124. Alan Padgett, «The Body in Resurrection: Science and Scripture on the “Spiritual Body” (1 Cor 15:35–58)», WW 22 (2002): 162.

125. «La enseñanza apostólica sobre las posesiones va, de hecho, mucho más allá que el simple diezmo; los Evangelios demandan un sacrificio completo, animando a los seguidores de Jesús a vivir teniendo en cuenta que las personas importan más que las posesiones» (Keener, 1–2 Corinthians, 139).

126. Una función clave de la mención de otros cristianos en el capítulo 16 es recordar a los corintios que pertenecen a una red más amplia de comunidades con las que, por Cristo, deben estar unidas (Hays, First Corinthians, 283).

127. Gordon Fee, Primera Epístola a los Corintios (Nueva Creación: Grand Rapids, Michigan, 1994), p. 829 de la edición en inglés, n. 19.

128. Ver William Klassen, «The Sacred Kiss in the New Testament», NTS 39 (1993): 135.

129. Cf. también Craig L. Blomberg, «Applying 1 Corinthians in the Early Twenty–First Century», SWJT 45 (2002): 19–38.

130. En cuanto a esta secuencia de los eventos, cf. también Frank J. Matera, II Corinthians: A Commentary (Louisville and London: WJKP, 2003), 15–20; Paul Barnett, The Second Epistle to the Corinthians (Grand Rapids and Cambridge: Eerdmans, 1997), 9.15.

131. Ver esp. Colin G. Kruse, «The Relationship between the Opposition to Paul Reflected in 2 Corinthians 1–7 and 10–13», EQ 61 (1989): 195–202. Cf. David Garland, 2 Corinthians (Nashville: Broadman & Colman, 1999), 121–23.

132. P. ej., Talbert, Reading Corinthians, xviii–xxi. Más detalles en Brian K. Peterson, Eloquence and the Proclamation of the Gospel in Corinth (Atlanta: Scholars, 1998).

133. Encontrará un resumen completo de los argumentos tanto a favor como en contra en Margaret E. Thrall, A Critical and Exegetical Commentary on the Second Epistle to the Corinthians, vol. 1 (Edinburgh: T & T Clark, 1994), 13–20.

134. Cf. Keener, 1–2 Corinthians, 243.

135. Ver esp. David R. Hall, The Unity of the Corinthian Correspondence (London and New York: T& T Clark, 2003). Cf. Witherington, Conflict and Community in Corinth, 327–36; David A. deSilva, «Measuring Penultimate against Ultimate Reality: An Investigation of the Integrity and Argumentation of 2 Corinthians», JSNT 52 (1993): 41–70.

136. Cf. Frances M. Young y David F. Ford, Meaning and Truth in 2 Corinthians (London: SPCK, 1987; Grand Rapids: Eerdmans, 1988), 16–40.

137. P. ej., J.D.H. Amador, «Revisiting 2 Corinthians: Rhetoric and the Case for Unity», NTS 46 (2000): 92–111; David A. Hester, «The Unity of 2 Corinthians: A Test Case for a Re–discovered and Re-invented Rhetoric», Neot 33 (1999); 411–32. DeSilva (An Introduction to the New Testament, 584) cree que el cambio de tono se debe a que Pablo quiso hacer uso del recurso literario de la sunkrisis («comparación» –en este caso, con otros maestros) en los capítulos 10–13, y cita ejemplos de un cambio igualmente abruto en la segunda epístola de Demóstenes.

138. P. ej., Victor P. Furnish, II Corinthians (Garden City: Doubleday, 1984), 35–41; Thrall, Second Corinthians, vol. 1, 5–13.

139. Thomas Schmeller, «Die Cicerobriefe und die Frage nach der Einheitlichkeit des 2. Korintherbriefs», ZNW 95 (2004): 181–208.

140. Tampoco deberíamos asociar estos «superapóstoles» con los apóstoles de Jerusalén (recuérdese lo que dijimos sobre el problema paralelo en Gálatas) como hace C.K. Barrett, The Second Epistle to the Corinthians (London: Black; New York: Harper & Row, 1973), 28–32.

141. Cf. Ralph P. Martin, 2 Corinthians (Waco: Word, 1986), xvii–li; Carson y Moo, Una Introducción al Nuevo Testamento, 434–36.

142. Ver esp. Kieran J. O’Mahony, Pauline Persuasion: A Sounding in 2 Corinthians 8–9 (Sheffield: SAP, 2000).

143. Encontrará una presentación completa de todas las opciones en cuanto a los capítulos 8 y 9 en Hans Dieter Betz (2 Corinthians 8 and 9 [Philadelphia: Fortress, 1985], quien argumenta que cada capítulo era una carta independiente.

144. Cf. Stanley K. Stowers, «Peri Men Gar and the Integrity of 2 Cor 8 and 9», NovT 32 (1990): 340–48.

145. Ver esp. Günther Bornkamm, «The History of the Origin of the So–Called Second Letter to the Corinthians», NTS 8 (1962): 258–64.

146. Un estudio reciente que analiza estas hipótesis y se basa en ellas es el de Stephen J. Hutlgren, «2 Cor 6.14–7.1 and Rev 21.3–8: Evidence for the Ephisian Redaction of 2 Corinthians», NTS 49 (2003): 39–56.

147. Craig L. Blomberg, «The Structure of 2 Corinthians 1–7», CTR 4 (1989): 3–20. Las tres primeras secciones de este quiasmo también han sido identificadas por Laurence L. Welborn («Like Broken Pieces of a Ring: 2 Cor 1.1–2.13; 7.5–16 and Ancient Theories of Literacy Unity», NTS 42 [1996]: 559–83), pero según él son dos mitades de una carta original, y 2:14–7:4 era, originalmente, una carta aparte.

148. Ver esp. David A. de Silva, «Meeting the Exigency of a Complex Rhetorical Situation: Paul’s Strategy in 2 Corinthians 1 through 7», AUSS 34 (1996): 5–22.

149. Linda L. Belleville, «A Letter of Apologetic Self-Commendation: 2 Cor. 1:8–7:16», NovT 31 (1989): 142–63.

150. Cf. Witherington, Conflict and Community in Corinth, 46.

151. Más concretamente, Pablo aún no tiene tanto por lo que agradecer a Dios en relación con los corintios, y el apóstol necesita que ellos den gracias a Dios por él y por lo que Dios está haciendo en y a través de él (Garland, 2 Corinthians, 55–56).

152. Sze–Kar Wan, Power in Weakness: The Second Letter of Paul to the Corinthians (Harrisburg: Trinity, 2000), 34.

153. Bruce, Paul, 298.

154. Barnett, Second Epistle to the Corinthians, 84.

155. Victor P. Furnish, II Corinthians (Garden City: Doubleday, 1984), 144–45.

156. Wenham, Paul, 271–74.

157. A. J. Kerr («APPABO, JTS 39 [1988]; 92–97) opta por la traducción «primer pago o entrega».

158. Sobre el papel de la pena, la rabia y el celo que aparece en el material de los capítulos 1–7, ver Laurence L. Welborn, «Paul’s Appeal to the Emotions in 2 Corinthians 1.1–2.13; 7.5–16», JSNT 82 (2001): 31–60.

159. Cf. Colin G. Kruse, «The Ofender and the Offense in 2 Corinthians 2:5 and 7:12», EQ 60 (1988): 129–39.

160. Martin, 2 Corinthians, 42.

161. Sobre esta sección y su hilo narrativo ver esp. Scott J. Hafemann, Suffering and Ministry in the Spirit: Paul’s Defense of His Ministry in II Corinthians 2:14–3:3 (Gran Rapids: Eerdmans, 1990).

162. Cf. Paul B. Duff, «Metaphor, Motif, and Meaning: the Rhetorical Strategy behind the Image “Lead in Triumph” in 2 Corinthians 2:14», CBQ 53 (1991): 79–92. Para Pablo, el desfile podría haberse parecido a un desfile de epifanía de dignatarios romanos.

163. Philip E. Hughes, The Second Epistle to the Corinthians (Grand Rapids: Eerdmans, 1962), 81.

164. No es suficiente argumentar que Pablo tan solo compara el uso legal de la ley con un uso espiritual; también está haciendo un contraste entre la era antigua, que ha pasado, con una era nueva y unos nuevos arreglos para presentarse limpios ante Dios. Ver Sigurd Grindheim, «The Law Kills but the Gospel Gives Life: The Letter–Spirit Dualism in 2 Corinthians 3.5–18», JSNT 84 (2001): 97–115.

165. Cf. Thrall, Second Epistle to the Corinthians, vol. 1, 235, 244.

166. Ver Linda L. Belleville, Reflections of Glory: Paul’s Polemical Use of the Moses–Doxa Tradition in 2 Corinthians 3 (Sheffield: JSOT, 1991), esp. p. 295. Cf. Carol K. Stockhausen, Moses’ Veil and the Glory of the New Covenant: The Exegetical Structure of II Cor. 3,1–4,6 (Roma: PIB, 1989).

167. Sobre los atributos interpersonales asociados con esta transformación, ver R. Ward Wilson y Craig L. Blomberg, «The Image of God in Humanity: A Biblical–Psychological Perspective», Themelios 18.3 (1993): 8–15.

168. Comparar con Mohan Uddin, «Paul, a Devil and “Unbelief” in Israel (with Particular Reference to 2 Corinthians 3–4 and Romans 9–11)», TynB 50 (1999): 265–80.

169. Si Pablo se hubiera detenido en 4:6, le podrían haber acusado de predicar el mismo mensaje de poder y fuerza que sus oponentes predicaban, pero inmediatamente añade una sección sobre su ministerio de penalidades, un símbolo más apropiado para un mensaje sobre la muerte de Jesús (Wan, Power in Weakness, 77–78).

170. Sobre los símbolos o imágenes que aparecen en este pasaje, ver esp. Jack T. Fitzgerald, Crack in Earthen Vessels (Atlanta: Scholars, 1988).

171. En el texto griego hay un juego de palabras al final de versículo 8, que en castellano podríamos traducir por «en situación desesperante, pero no desesperados» (Garland, 2 Corinthians, 229).

172. William R. Baker, 2 Corinthians (Joplin: Collage Press, 1999), 185.

173. Stephen J. Kraftchick, «Death in Us, Life in You: Thge Apostolic Medium», en Pauline Theology, vol. 2, ed. David M. Hay (Minneapolis: Fortress, 1993), 172.

174. Cf. esp. A.E. Harvey, Renewal through Suffering: A Study of 2 Corinthians (Edinburgh: T & T Clark, 1996). Harvey dice que esta perspectiva no tiene precedentes en toda la historia de la Religión, aunque no queda claro cuántas de las convicciones de Pablo se desarrollaron solo después de 1a Corintios.

175. P. ej., Murray J. Harris, Raised Immortal (London: Marshall, Morgan & Scott; Grand Rapids: Eerdmans, 1985), 219–26. Harris ha adoptado ahora una posición mediadora: según él la «adquisición futura del cuerpo espiritual cuando morimos es una posesión ideal que se completa en la parusía» (Ídem, The Second Epistle to the Corinthians [Milton Keynes: Paternoster; Grand Rapids: Eerdmans, 2005], 378–80).

176. Otros defienden el concepto del «sueño del alma», que dice que cuando la gente muere deja el estado de conciencia, por lo que el siguiente momento que experimentan es el de la resurrección, aunque ésta tenga lugar mucho tiempo después. Pero la interpretación más común a lo largo de la historia de la iglesia apunta a un estado intermedio, incorpóreo, consciente, en el que el espíritu del creyente experimenta la presencia de Dios. Ver esp. Joseph Osei–Bonsu, «Does 2 Cor 5:1–10 Teach the Reception of the Resurrection Body at the Moment at Death?», JSNT 28 (1986): 81–101; Ídem, «The intermediate State in the New Testament», SJT 40 (1987): 571–90.

177. Sobre estos versículos, ver esp. William L. Craig, «Paul’s Dilemma in 2 Corinthians 5.1–10: A “Catch–22”?», NTS 34 (1988): 145–47.

178. Ralph P. Martin, Reconciliation: A Study of Paul’s Theology (London: Marshall, Morgan & Scott; Atlanta: John Knox, 1981). Encontrará una profunda reflexión de cómo la reconciliación, y no solamente la justicia, debe ser el objetivo último de toda relación humana, social y espiritual, pues solo así se consigue la verdadera justicia (con una referencia especial a la literatura paulina), en Miroslav Volf, «The Social Meanings of Reconcilation», Int 54 (2000): 158–72.

179. Encontrará un estudio reciente completo sobre esta palabra en Stanley E. Porter, in Ancient Greek Literature, with Reference to the Pauline Writings (Córdoba: Ediciones el Almendro, 1994).

180. Moyer Hubbard, «Was Paul our of His Mind? Re–reading 2 Corinthians 5.13», JSNT 70 (1998): 39–64.

181. Ver, p. ej., James M. Scott, 2 Corinthians (Peabody: Hendrickson; Carlisle: Paternoster, 1998), 134.

182. Murray J. Harris, «2 Corinthians», en The Expositor’s Bible Commentary, ed. Frank E. Gaebelein, vol. 10 (Gran Rapids: Zondervan, 1976), 354. O, con N.T. Wright («On Becoming the Righteousness of God: 2 Corinthians 5:21», en Pauline Theology, vol. 2, ed. David M. Hay [Minneapolis: Fortress, 1993], 206),

183. Matera, II Corinthians, 150.

184. Cf. también William J. Webb (Returning Home: New Covenant: Second Exodus as the Context for 2 Corinthians 6.14–7.1 [Sheffield: JSOT, 1993]) donde encontrará otras conexiones entre 6:14–7:1 y su contexto, basadas sobre todo en las tradiciones del Antiguo Testamento que se usan en este segmento.

185. No obstante, otras expresiones hebreas, griegas y latinas que significan «yugo» sí se usaban para hacer referencia al matrimonio, así que es difícil saber si Pablo está evitando esas expresiones de forma deliberada porque al escribir esos versículos no está pensando concretamente en el matrimonio, o si está usando un sinónimo, y espera que los corintios hagan también un uso metafórico.

186. Matera, II Corinthians, 162, incluyendo n. 62.

187. Los dos libros más amplios e importantes sobre el tema de esta colecta son Dieter Georgi, Remembering the Poor: The History of Paul’s Collection in Jerusalem (Nashville: Abingdon, 1992); y Keith F. Nicle, The Collection (London: SCM: Naperville: Allenson, 1966).

188. Betz (2 Corinthians 8 and 9, 48) apunta a la rivalidad étnica y política entre Corinto y Macedonia, que habría hecho que las comparaciones de Pablo tuvieran un efecto inmediato.

189. Martin, 2 Corinthians, 255.

190. Ver Wan, Power in Weakness, 110.

191. Ciertamente, «equidad» o «aquello que es equitativo» sería, en este contexto, una mejor traducción que «igualdad». Ver Linda L. Belleville, 2 Corinthians (Leicester and Downers Grove: IVP, 1996), 223.

192. Cf. Blomberg, Ni pobreza ni riquezas (CLIE: 2002), 46–49 de la edición en inglés.

193. Cf. Garland, 2 Corinthians, 381: «Algunos pueden dar mucho más que el diezmo y siguen teniendo más que suficiente para todas las necesidades de la vida. Otros apenas tienen para cubrir las necesidades más básicas».

194. Baker, 2 Corinthians, 329.

195. Betz, 2 Corinthians 8 and 9, 78.

196. «Aquí no hay nada que apunte a la “teología de la prosperidad”. El enriquecimiento, como ‘la abundancia’ (v. 8), es metafórico, y no está motivado por el interés personal. Este ‘ministerio’ busca despertar generosidad, y una generosidad cuyo objetivo es dar gracias a Dios» (Barnett, Second Epistle to the Corinthians, 443).

197. Por eso Wan (Power in Weakness, 120) califica la «autosuficiencia» del v. 8 de «nada más que un término medio entre la gracia y las buenas obras».

198. Pablo cree «en una fraternidad mundial comprometida, en la que los miembros constituyentes tienen obligaciones de reciprocidad. La perspectiva de Pablo no es ni congregacional ni individualista» (Barnett, Second Corinthians, 447).

199. Tomo prestada esta expresión de la excelente exposición que D.A. Carson hace de estos cuatro capítulos (Viladecavalls: Andamio, 1994).

200. Los términos «ternura y bondad» son peyorativos, pues los oponentes de Pablo creen que son muestra de su debilidad. Algunas versiones los ponen entre comillas, del mismo modo que ponen entre comillas «tímido» y «atrevido». Ver Carson, Del triunfalismo a la madurez (Andamio: 1994), 47 de la edición en inglés. O bien Pablo tan solo está haciendo uso de una «suave ironía», y sus palabras deberían traducirse «por la indulgencia y la clemencia de Cristo». Ver Donald D. Walker, Paul’s Offer of Leniency (2 Cor 10:1) (Tübingen: Mohr, 2002).

201. Estas acusaciones, en particular, apuntan a las redefiniciones paulinas de la «masculinidad» con respecto a su cultura (Jennifer Larson, «Paul’s Masculinity», JBL 123 [2004]: 85–97) y al hecho de que se jactara en las palizas que le habían dado en lugar de jactarse de las heridas de guerra, otra señal cultural de ignominia (Jennifer A. Glancy, «Boasting of Beatings» [2 Corinthians 11:23–25], Ibíd., 99–135).

202. Belleville, 2 Corinthians, 256; resumiendo a McGrath, «Why Evangelicalism Is the Future of Protestantism», CT 39 (1995): 18.

203. Incluso en los ministerios que tienen objetivos distintos al evangelismo de primera línea nos debemos preguntar si los proyectos simplemente duplican la que otros cristianos evangélicos ya están haciendo bien en la zona (en cuyo caso lo ideal es la cooperación, no la competición) o si realmente van a apuntar a una necesidad por cubrir.

204. Paul Barnett (The Message of 2 Corinthians: Power in Weakness [Leicester and Downers Grove: IVP, 1988], 170) observa que esta carta revela el rol triple de Satanás: busca dividir a la iglesia envenenándola de amargura y de falta de perdón (2:10–11), mantiene a los pecadores en su ceguera espiritual (4:4), y separa a los creyentes de Cristo a través de la falsa doctrina (11:3, 14).

205. Wan, Power in Weakness, 139.

206. Al usar la expresión sarcástica «despojé a otras iglesias» o «robé a otras iglesias» el apóstol está remarcando su agradecimiento a los que le están respaldando (Baker, 2 Corinthians, 384).

207. A la vez, al tener que depender de un oficio para poder mantenerse, Pablo habría tenido que soportar la burla de las clases altas que despreciaban ese tipo de trabajo (ver Cicerón, De officiis 150–51), y quizá la enemistad de algunos patrones que se habrían sentido ofendidos porque el apóstol se había negado a aceptar su ayuda (Keener, 1–2 Corinthians, 229).

208. Las referencias violentas que encontramos en los vv. 20–21 probablemente sean metafóricas, igual que lo son la esclavitud y la explotación en el v. 20. Ambas hacen referencia a la actitud autoritaria de los falsos maestros, y a su exigente demanda de apoyo económico.

209. Los treinta y nueve latigazos era un castigo impartido por los líderes de la sinagoga judía. Pablo podría haberse librado de este castigo simplemente renunciando a su trasfondo judío y estableciendo una clara ruptura con las instituciones judías. Pero el hecho de que no lo hiciera demuestra su comprensión teológica de que el cristianismo era el cumplimiento del judaísmo, y su increíble deseo de ganar a los judíos para Cristo.

210. Por lo general, hay muy poca gente capaz de apreciar el sufrimiento que un pastor está dispuesto a sobrellevar cuando, de forma diaria, se preocupa por su «rebaño». Cf. Matera, II Corinthians, 220.

211. 2a Corintios 10:3–6 recoge el uso más extenso de lenguaje militar que encontramos en las epístolas paulinas; sin embargo, al llegar a 11:32, esa imagen que Pablo ha presentado de sí mismo como una figura militar se convierte en el soldado que escapa bajando por la muralla, derrotado y humillado desde una perspectiva humana, pero fortalecido espiritualmente desde la perspectiva de Dios (Brian Peterson, «Conquest, Control, and Cross: Paul’s Self Portrayal in 2 Corinthians 10–13», Int 52 [1998]: 258–70.

212. Christopher Forbes, «Comparison, Self–Praise and Irony: Paul’s Boastingin the Conventions of Hellenistic Rhetoric», NTS 32 (1986): 1–30.

213. El pensamiento apocalíptico judío solía hablar de tres o incluso de siete cielos, el último de los cuales era donde vivía Yahvé. En el caso de los tres cielos, el primero representaba el firmamento visible con el Sol, la Luna y las estrellas. El segundo hacía referencia al reino invisible donde los ángeles y los demonios lidian su batalla. El tercero era donde estaba la sala del trono de Dios. El término «paraíso» del v. 4 provenía de un préstamo del persa que hacía referencia a un parque bello, y los judíos y los cristianos acabaron por adoptarlo para referirse a la vida que el pueblo de Dios experimentaría después de la muerte. Encontrará un estudio completo de 12:2–4 en James D. Tabor, Things Unutterable: Paul’s Ascent to Paradise in its Greco–Roman, Judaic, and Early Christian Contexts (Lanham and London: UPA, 1986), donde el autor explica su convicción de que estas visiones que Pablo tuvo de los cielos le permitieron escribir en sus cartas de forma tan positiva y confiada sobre esa gloria venidera que es mayor que los sufrimientos presentes.

214. De hecho, este acercamiento ofrece un modelo de la forma en la que los creyentes debería tratar muchas de sus experiencias espirituales más personales con Dios, ya sean «carismáticas» o no. Probablemente sea sabio «quedárselas para sí tanto como sea posible y no usarlas como barómetro para hacer comparaciones de madurez o profundidad espiritual» (Baker, 2 Corinthians, 427).

215. Cf. el completo estudio de opciones y conclusiones que aparece en Thrall, Second Corinthians, vol. 2, 814–18. Los oponentes más declarados de esta interpretación suelen ser los que rechazan la idea de que Dios no quiera sanar a alguien; idea que se rechaza sobre todo en los círculos carismáticos, pero ver John Christopher Thomas, «“An Angel from Satan”: Paul’s Thorn in the Flesh (2 Corinthians 12.7–10)», JPT 9 (1996): 39–52. Thomas, académico y carismático, cree que el significado más probable sea una dolencia física.

216. Por eso Baker (2 Corinthians, 433) dice que este versículo es el lema de toda la carta y, también, de la vida apostólica de Pablo. Encontrará una investigación exhaustiva de este tema en toda la epístola en Timothy B. Savage, Power through Weakness: Paul’s Understanding of the Christian Ministry in 2 Corinthians (Cambridge and New York: CUP, 1997).

217. El verbo katartizo significa arreglar o restaurar más que «buscar la perfección». Ver Garland, 2 Corithians, 552–53.

218. Cf. Craig L. Blomberg, «The New Testament Definition of Heresy (of When Do Jesus and the Apostles Really Get Mad?)», JETS 45 (2002): 59–72.





Compartir con tus amigos:
1   ...   32   33   34   35   36   37   38   39   ...   88


La base de datos está protegida por derechos de autor ©bazica.org 2019
enviar mensaje

    Página principal