8 de pentecostés a patmos una introducción a los libros de hechos a apocalipsis


ROMANOS: LA EXPOSICIÓN MÁS SISTEMÁTICA DEL EVANGELIO DE PABLO



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ROMANOS: LA EXPOSICIÓN MÁS SISTEMÁTICA DEL EVANGELIO DE PABLO

INTRODUCCIÓN


CIRCUNSTANCIAS

Romanos 15:23–33 nos ofrece casi toda la información que necesitamos para introducir esta epístola. Ya en el versículo 19 Pablo dice: «habiendo comenzado en Jerusalén, he completado la proclamación del evangelio de Cristo por todas partes, hasta la región de Iliria». Iliria era un territorio en la costa este del mar Adriático que hoy se correspondería con partes de Albania y partes de Macedonia. De Iliria y Jerusalén se cubría casi toda la mitad Este de habla griega del Imperio Romano en tiempos de Pablo, o al menos la parte más densamente poblada. Por tanto, cuando los versículos 23–24 dicen que a Pablo ya no le quedaba lugar donde trabajar en aquellas regiones y que esperaba visitar Roma y más adelante España, el apóstol está anunciando una transición en su ministerio, una transición a la mitad occidental y de habla latina del Imperio.1

Obviamente, aún había en el Este muchas personas que no habían oído el evangelio, pero dado que la prioridad de Pablo era establecer iglesias con un liderazgo autóctono y una vez logrado, marchar rápidamente a hacer lo mismo en otras zonas donde aún no había llegado el evangelio (recuérdese 2Co 10:13–16), su anuncio no es ninguna sorpresa. En Romanos 15:20 reitera este principio: «mi propósito ha sido predicar el evangelio donde Cristo no sea conocido, para no edificar sobre fundamento ajeno». Después de establecer una congregación sostenible en un lugar concreto, Pablo confía en dejar la evangelización de esa zona a la nueva comunidad cristiana.2

Es evidente que Pablo aún no sabe de su arresto en Jerusalén, ni tampoco sabe que no llegará a Roma como un hombre libre. Si fue liberado o no del encarcelamiento en Roma y si llegó a España es un tema sobre el que los expertos no se ponen de acuerdo (ver el comentario de final de Hechos, p. 93). No obstante, cuando escribe la epístola a los romanos, Pablo proyecta lo que se podría llamar su cuarto viaje misionero que le llevaría a la parte más occidental del Imperio. Aunque él no es quien ha fundado la iglesia en Roma, reconoce su ubicación estratégica y quiere servirles, recibir ánimo de la iglesia de la capital, y quizá recibir alguna ayuda material para el duro viaje que tenía por delante (cf. también 1:10–13). El verso que en 15:24 traducimos por «ayudar» o «encaminar» normalmente hacía referencia a la ayuda económica o financiación.3

Mientras tanto, Pablo está de camino a Jerusalén con la colecta para los judeocristianos que se han visto azotados por la pobreza (15:25–27), y luego espera poder regresar dirección Oeste (v. 28–29). Sin embargo, ya antes de las predicciones de Agabo sobre la hostilidad que encontraría en la capital judía (Hechos 21:11), el apóstol se da cuenta de que la situación puede ser peligrosa y que los cristianos de trasfondo judío no están muy dispuestos a aceptar su ministerio libre de la ley y orientado a los gentiles. Por eso en los versículos 30–33 les pide que oren por él.

Toda esta información nos permite fechar su epístola al final de ese periodo de tres meses que Pablo pasa en Grecia al final de su tercer viaje misionero, justo antes de embarcarse para ir a Siria (Hechos 20:2–3). La referencia a los saludos de Erasto, el tesorero de la ciudad desde la que Pablo escribe (Ro 16:24), parece apuntar a la ciudad de Corinto, porque allí se ha encontrado una inscripción con el nombre Erasto como persona que ostentaba dicha posición. En 2a Timoteo 4:20 también habla de un tal Erasto «que se quedó en Corinto». A la vez, la recomendación que Pablo hace de Febe, que venía de la iglesia en Cencreas y quizá era la que iba a llevar la carta a Roma (16:1), podría sugerir que Pablo ya ha llegado a esa ciudad portuaria cerca de Corinto. Dado que lo encarcelan muy poco después de su llegada a Jerusalén (Hechos 21:33) y se queda allí durante dos años hasta que el gobernador Félix deja el cargo en manos de Festo (Hechos 24:27), y que ese cambio de gobierno probablemente ocurrió en el año 59 d.C., podemos fechar Romanos sobre el año 57 d.C., aproximadamente un año después de que Pablo escribiera 2a Corintios.4



Por tanto, Romanos supone un punto de inflexión en la carrera de Pablo en muchos sentidos. El apóstol piensa que está llegando el momento de dejar el Oriente para ir a Occidente. Pero de hecho, en breve lo van a encarcelar, va a presentarse a una serie de vistas ante las autoridades judías y romanas, y va a apelar al Emperador. De camino a Roma, el viaje por el Mediterráneo acaba fatal: arresto domiciliario en la capital imperial durante dos años más (es así como acaba el libro de Hechos). Romanos también es, que sepamos, la primera epístola que Pablo escribe a una iglesia que él no fundó. No sabemos quién la fundó. Sus raíces podrían remontarse a los peregrinos que estuvieron en Jerusalén en Pentecostés, que regresaron a Roma después del 30 (o 33) d.C. (ver Hechos 2:10). La tradición católica, claro está, recoge que Pedro fue su fundador, y que llegó a Roma poco después de salir de Jerusalén, en algún momento entre los años 42–44 d.C. (véase arriba, el comentario sobre Hechos 12, p. 61). Pero no hay evidencias concluyentes dentro o fuera de la Biblia de que Pedro estuviera en Roma antes de la década de los 60.5

Un acontecimiento crucial en la historia de la iglesia romana que nos permite entender una gran parte del contenido de esta epístola es la expulsión de los judíos de Roma bajo el emperador Claudio en el año 49 (véase el comentario sobre Hechos 18:2). Como vimos anteriormente, según el historiador romano Suetonio, la expulsión fue causada por los disturbios provocados por un tal Chrestus (Vida de Claudio, 25). Dado que la forma latina de Cristo (Christus) solo difiere en una letra, la mayoría de historiadores creen que esta información de Suetonio es una referencia a la encendida discusión entre los judíos cristianos y los no cristianos en torno a la verdad del evangelio. Pero en el año 54 después de la muerte de Claudio, el edicto se derogó y los judíos tuvieron la oportunidad de regresar a Roma.6

Dicho de otro modo, durante unos cinco años la iglesia habría estado compuesta tan solo por gentiles. Y, de repente, un número importante de judíos cristianos, muchos de los cuales llevarían más tiempo en la fe que los gentiles y habían ayudado a crear la congregación de Roma, regresan a la ciudad. Es lógico pensar que mucha de esa gente querría recuperar sus roles de liderazgo. O aunque ese no fuera el caso, la asimilación de un influjo repentino de gente nueva procedente de un grupo étnico rival nunca es una tarea fácil para una iglesia. No es de extrañar que tres años después (en el año 57) algunas de las tensiones entre los cristianos gentiles y judíos no estuvieran del todo resueltas, y una parte importante del propósito de Pablo a la hora de escribir la carta habría sido unir los diferentes bandos.7




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