8 de pentecostés a patmos una introducción a los libros de hechos a apocalipsis



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PREGUNTAS


1. ¿Cuál es la importancia de los relatos de la resurrección y la ascensión?
2. ¿Qué aspectos de Hechos 1:12–26 son normativos y cuáles no, y cómo podemos saber la diferencia?
3. ¿Qué conclusiones deberíamos sacar del fenómeno de las lenguas en Pentecostés, y qué conclusiones no deberíamos sacar?
4. Analiza la argumentación del sermón de Pedro en Pentecostés, y explica el «conjunto pentecostal» de 2:38. ¿Qué implica cada uno de los elementos de dicho conjunto?
5. ¿Qué elementos de Hechos 2:42–47 son normativos y cuáles no, y cómo podemos saber la diferencia?
Una curación en el templo, y sus consecuencias (3:1–4:31). Hechos 3:1–4:31 describe la primera curación hecha por la iglesia primitiva, junto con las consecuencias que ésta tuvo. El relato sobre el milagro aparece en 3:1–11. Como en Pentecostés, este increíble suceso hace que mucha gente escuche el evangelio. Como cuando Jesús envió a los doce a reproducir su ministerio (Mt 10 y paralelos), los apóstoles reciben el poder para reproducir sus milagros curativos. Pero deben hacerlo «en su nombre», no dando la orden de forma directa como él hacía. El versículo 6 muestra la prioridad de la sanidad espiritual por encima de la sanidad física. A la vez, la restauración física de aquel hombre le permite poder trabajar de nuevo y así obtener su sustento de una forma mejor.65 Y, como hemos visto en 2:42–47, la preocupación por el estado económico de las personas es un importante componente de la organización comunitaria de la iglesia primitiva.

El segundo sermón de Pedro aparece en 3:12–26. La estructura sigue de cerca el mensaje de Pentecostés y sienta un modelo para la predicación que aparecerá en el resto del libro: un mensaje centrado en Jesús, el rol de los líderes judíos en la crucifixión, la resurrección y exaltación, un llamamiento al arrepentimiento, y el respaldo del Antiguo Testamento para demostrar que todo lo ocurrido es el cumplimiento de la profecía. Una diferencia clave de los sermones anteriores de Pedro es el uso de títulos claramente cristológicos que no se suelen encontrar fuera de los primeros capítulos de Hechos. Así, en el versículo 13 Jesús es el siervo sufriente de Isaías 52–53; en el versículo 14, es el Santo y el Justo. En el mismo sentido, Pedro también le llama el autor de la vida (v. 15); y en el versículo 22 es el profeta como Moisés, cumpliendo lo dicho en Deuteronomio 18:15–18. Richard Longenecker trata todos estos títulos en una obra sobre la Cristología del incipiente cristianismo judío, mostrando que estas referencias únicas apuntan a que Lucas usa aquí una tradición temprana y fiable.66

El segundo sermón de Pedro también nos deja ver que ha entendido perfectamente el mandamiento a los discípulos de ir por todo el mundo, aunque aún no ha salido de Jerusalén. El versículo 21 implica que ha de pasar un tiempo hasta que Cristo vuelva, pues primero se debe llevar a cabo la misión a los gentiles. Este periodo de tiempo también echa por tierra la idea de que Jesús hubiera regresado de inmediato si los judíos hubieran aceptado el evangelio. La Gran Comisión era parte del plan de Dios desde el principio, no simplemente un «plan B» después de que los líderes judíos rechazaran a Jesús, como algunos han interpretado basándose solo en los versículos 19–20. Desde que Dios llamó a Abraham y le bendijo para que él pudiera bendecir a todas las naciones, la intención de Dios fue que de la simiente de Abraham (concretamente, el Mesías), la palabra saldría para llegar a todas las naciones (v. 25).67

Así, es normal que esos líderes que meses antes habían crucificado a Jesús no permitieran que los primeros cristianos siguieran predicando. Por eso, el capítulo 4 narra el primer conflicto posterior a la resurrección entre los discípulos y el Sanedrín. La oposición más fuerte viene de parte de los saduceos, personalizada en el liderazgo del sumo sacerdote y su familia (vv. 5–6). Recordamos de los Evangelios que algunos fariseos importantes se habían puesto del lado de Jesús (p. ej., Nicodemo; José de Arimatea), y pronto oiremos de otro (Gamaliel). A lo largo del libro de Hechos, cada vez que los cristianos aparecen ante las autoridades judías, sus creencias causan un debate interno dentro del judaísmo. Los fariseos creían en la resurrección de todas las personas (Dn 12:2), pero los saduceos no lo creían (según ellos, la doctrina vinculante solo provenía de los cinco libros de Moisés). Así, a lo largo de todo el libro, vemos que la característica más visible del cristianismo temprano es el énfasis en la resurrección de Jesús (aquí, ver v. 2).

El interrogatorio a los discípulos es para Pedro una tercera oportunidad para predicar públicamente, en este caso ante los líderes judíos (vv. 8–12). Es interesante ver que Lucas ya ha descrito cómo el número de creyentes en Jerusalén ya ha pasado de los tres mil después de Pentecostés a más de cinco mil (v. 4). Algunos han usado estas estadísticas como una base bíblica para medir el crecimiento de la iglesia según el número de conversos. No obstante, es interesante notar que esas cifras no se vuelven a mencionar. Si hay aquí un modelo a imitar es el de la predicación valiente en medio de la persecución, pues Pedro y Juan utilizan cualquier oportunidad de expresarse para hablar de Jesús, aunque sus vidas corran peligro.

El resumen que Lucas hace de este mensaje llega a su clímax con la afirmación que aparece en el versículo 12: en ningún otro nombre hay salvación. En muchas ocasiones, el término «nombre» en la Biblia no solo hace referencia al nombre propio, sino también al poder y autoridad de una persona. Por tanto, este versículo no es una afirmación sobre lo que les ocurre a aquellos que nunca han oído hablar de Jesús, sino que insiste en que todos los que son salvos, sea en la época que sea, lo son gracias a la obra de Cristo en la cruz. Obviamente, el pueblo de Dios en el Antiguo Testamento no había oído el nombre de Jesús, y los sacrificios de animales no eran una expiación completa por sus pecados (ver el libro de Hebreos); aún así, fueron salvos porque Dios veía la expiación completa que tendría lugar en la crucifixión de Cristo.68

La fe y la valentía de los discípulos al proclamar el evangelio sorprende a los líderes judíos, sobre todo porque saben que son personas sin una educación formal (v. 13). Las dos palabras griegas que se usan en este versículo (agrammatos y idiotes) se han usado para decir que los discípulos eran analfabetos, pero, en este contexto, estos términos significan que, después de los doce o trece años, cuando acababa la escuela, los discípulos de Jesús no habían recibido un estudio formal al lado de un rabí.69 La formación teológica y reglada tanto entonces como ahora puede mejorar las habilidades para el ministerio, ¡pero a Dios no le hace falta para obrar de forma poderosa a través de cualquier persona!

También es interesante ver que los del Sanedrín son incapaces de contestar de forma argumentada a los discípulos. En lugar de dar un respuesta, el concilio simplemente prohíbe a aquellos predicadores que continúen proclamando su mensaje (vv. 14–17). A su vez, Pedro y Juan responden con uno de los clásicos paradigmas bíblicos de desobediencia civil (vv. 19–20). Cuando la ley humana contradice la ley de Dios, los hijos de Dios tienen que estar dispuestos a incumplir las leyes de la tierra.70 En esta ocasión, las autoridades logran acordar qué hacer con aquellos individuos, por lo que los dejan en libertad (vv. 21–22). De forma sorprendente, la liberación lleva a aquel pequeño grupo a alabar a Dios y a pedir más valentía para seguir testificando (vv. 23–31).71 Aquellos discípulos siguen viendo el cumplimiento de las Escrituras tanto en la oposición por parte de las autoridades, como en el poco éxito de dicha oposición, y lo hacen citando el Salmo 2:1–2 (vv. 25–26).



Más en común, aunque no siempre funciona (4:32–5:11). En 4:32–5:11, Lucas vuelve al modelo de compartirlo los bienes.72 Los versículos 32–35 no ofrecen la segunda definición de la actividad de la iglesia. Los versículos 32 y 34 nos muestran que cada cual conservaba sus propiedades personales, y que solo se vendían en caso de necesidad. El versículo 33 nos muestra que la preocupación social o económica no sustituía la predicación del Evangelio, sino que la hacía posible o, al menos, más eficaz. A continuación, Lucas presenta un ejemplo de alguien que vendió un terreno que poseía y dio el dinero para el «pote común» (vv. 36–37). Su nombre era José, llamado Bernabé, sobrenombre que significaba «hijo de consolación».73 Más adelante lo conoceríamos como aquel que fue de ánimo y consuelo para el apóstol Pablo, pero es interesante ver que la primera vez que oímos hablar de él es por su generosidad.

A diferencia de la acción ejemplar de Bernabé, en 5:1–11 encontramos el ejemplo a evitar de Ananías y Safira. Después de hacer ver que dan todo el dinero que han sacado de la venta de una propiedad, cuando se estaban guardando a escondidas parte del beneficio, Dios los fulmina. Es normal que la pregunta exegética más común en torno a este pasaje sea por qué Dios actuó de forma tan drástica cuando a lo largo de la historia ha dejado pasar pecados más serios. Se han ofrecido al menos nueve respuestas.

(1) El verbo «quedarse con» (de la raíz griega nosphizo) tiene el sentido de «estafar», y la única otra ocasión en la que aparece en la Biblia griega es en Josué 7:1, que recoge la historia del pecado de Acán. En ambos casos Dios estaba formando un pueblo, y al parecer en los inicios la disciplina debía ser más estricta para asegurar la supervivencia de la comunidad. (2) Tanto Ananías como Safira pecaron de forma consciente y premeditada. Curiosamente, ¡Safira no pudo declarar que simplemente estaba sometiéndose y obedeciendo a su marido!74 (3) Basándose en el versículo 3, algunos han dicho que esta pareja estaba poseída. Pero lo más probable es que «Satanás ha llenado tu corazón» sea una expresión semita que significa «Satanás os ha incitado».75 Sea como sea, se trata de una expresión muy fuerte y está claro que estamos ante un pecado extremadamente serio. (4) No solo mintieron a la iglesia, sino que mintieron al Espíritu Santo, que es igual a Dios (vv. 3–4). (5) El pecado no fue negarse a dar todo el dinero que habían ganado, sino mentir y decir que lo estaban dando todo. (6) De hecho, no había nada que obligara a la pareja a dar de su dinero, pues era una acción totalmente voluntaria.(7) Decir que Dios obró de forma sobrenatural para acabar con sus vidas puede sonar demasiado fuerte, pero es obvio que es posible. Por eso algunos han sugerido que Ananías y Safira sufrieron un fuerte shock cuando fueron confrontados con su pecado, y murieron de un paro cardíaco o algo similar. (8) A pesar de la tragedia, estos sucesos tuvieron un efecto enorme que, junto con otras «señales y prodigios», hicieron que la iglesia creciera aún más (vv. 5, 11–12, 14). (9) Aunque ambos murieron, no hay por qué cuestionar su salvación. Se les presenta como creyentes que simplemente perdieron su vida física. Compárese con los que murieron después de profanar la cena del Señor en 1a Corintios 11:29–30.

No obstante, después de enumerar estas nueve interpretaciones, lo que nos sigue viniendo a la mente es la dureza del veredicto divino. Por eso, quizá el comentario final más importante sería el siguiente: cada vez que Dios no castiga el pecado de una forma tan dura es testimonio de su maravillosa gracia, porque la paga del pecado es la muerte (Ro 6:23).



Más crecimiento y conflicto (5:12–42). El resto del capítulo 5 describe el crecimiento y el conflicto en la vida de la iglesia de Jerusalén. Es normal que muchos no quisieran acercarse a los apóstoles, a la luz de la forma en la que Dios había obrado a través de ellos con Ananías y Safira (vv. 12–13). Sin embargo, Dios continuó bendiciendo a la iglesia haciéndola crecer, usando incluso la superstición popular para obrar curaciones y exorcismos (vv. 14–16).76 Las autoridades locales arrestan de nuevo a los apóstoles, pero el Señor milagrosamente abre las puertas de la cárcel. En lugar de ir a esconderse, vuelven al templo para proclamar el mensaje sobre Jesús (vv. 17–26). Enfadados por ese comportamiento, el sumo sacerdote se vuelve a enfrentar a los doce, ordenándoles que desistan, pero ellos se niegan (vv. 27–32), pues insisten en que, ante un conflicto entre lo que Dios dice y lo que las máximas autoridades humanas dicen, deben obedecer a Dios (v. 29). En este punto, Gamaliel interviene y les salva la vida (vv. 33–40).

Es probable que este ilustre rabino fuera nieto de Hillel, por lo representaría a la facción más liberal del fariseísmo. Desgraciadamente, su consejo (v. 39) con frecuencia se ha aplicado en otros contextos en detrimento de los creyentes. No todos los movimientos religiosos cuyos orígenes son simplemente humanos acaban por marchitarse y desaparecer. Solo porque Dios usara el consejo de Gamaliel para libertar a los creyentes no significa que estuviera basado en principios atemporales.77 La creencia en la inerrancia y la autoridad de las Escrituras no implica que todo lo que dicen los personajes que aparecen en la Biblia sea verdad. Lo único que implica es que eso es lo que dijeron.

Un problema más complejo en cuanto a las palabras de Gamaliel tiene que ver con la mención que hace de Teudas en el versículo 36. Según Josefo, Teudas dirigió sus revueltas en el año 44 d.C., después de los sucesos recogidos en Hechos 5 y bastante después de la rebelión de Judas (v. 37) que él fecha en el año 6 d.C. (cf. A. 20.97, 102, 171; G. 2.259–64). Obviamente, puede que Josefo esté equivocado, como ocurre en otras ocasiones (aunque no a menudo), o puede que Gamaliel esté hablando de otro Teudas. Era un nombre bastante común, y Josefo recoge un número considerable de revueltas de ese tipo. Pero aún no se ha descubierto una solución completamente satisfactoria.78 No obstante, es muy poco probable que Lucas atribuyera a Gamaliel una comparación entre Jesús y aquellos simples revolucionarios, y se arriesgara a crear confusión sobre la misión de Jesús, a menos que sus adversarios lo percibieran como tal.79

Hebreos y helenistas (6:1–7). La parte final de esta primera sección de Hechos está compuesta por 6:1–7. La iglesia ya ha recibido ataques desde el exterior, y también ha tenido que lidiar con un par de rebeliones internas, pero ahora se enfrenta a la primera división de iglesia. A los dos grupos en cuestión se les llama literalmente «hebreos» y «helenistas» (v. 1). Los estudiosos han debatido mucho con el objetivo de determinar si las diferencias entre estos dos grupos eran puramente lingüísticas, y si eran también culturales.80 Al menos, podemos saber que los hebreos hablaban arameo como lengua materna, mientras que los helenistas, de fuera de Israel, tenían el griego como lengua materna. Pero, dado que algunos judíos que vivían en la diáspora adoptaron rápidamente el griego, mientras que otros mantuvieron sus tradiciones e incluso continuaron hablando arameo y/o hebreo, también es posible que hubiera diferencias culturales que dividieran a estos dos grupos. Por ejemplo, Pablo se llamaba hebreo (Fil 3:5), aunque creció en Tarso de Cilicia.

Se nos dice que lo que causó tensión entre los dos grupos fue que los hebreos descuidaban a las viudas de habla griega cuando hacían la distribución diaria (algunas versiones añaden «de alimentos» en el v. 1). Esto podría haberse tratado de una forma de caridad para proveer alimentos para los más necesitados de la comunidad; pero, basándonos en analogías judías, esa caridad podría haber incluido la distribución de dinero. Fuera como fuera, los apóstoles, como líderes de los hebreos, les dicen a los helenistas que escojan líderes de entre ellos para que se encarguen del problema (vv. 2–6). De esa forma, reconocen una distinción de ministerios, los que predican la palabra, y los que «sirven (diakonein) las mesas», una distinción que será el precedente para el posterior establecimiento del cargo de diáconos como un servicio diferenciado del de los ancianos de una iglesia. A la vez, es importante observar que los criterios de selección de estos nuevos líderes son tan espirituales como los criterios para elegir ancianos («llenos del Espíritu y de sabiduría», v. 3; cf. 1Ti 3:1–7). Aunque esos siete van a desempeñar una tarea más práctica, también tienen que ser creyentes maduros. Curiosamente, las únicas actividades que Lucas recogerá de estos hombres son los ministerios totalmente espirituales de la enseñanza y la curación (Esteban y Felipe en 6:8–8:40).81

De Hechos 6:1–7 podemos extraer algunos otros principios. Cuando en una comunidad cristiana hay diferencias étnicas o lingüísticas, el equipo de liderazgo debería estar formado por personas que representen a los distintos grupos. También es lógico que las congregaciones escojan a sus propios líderes, siempre y cuando hagan uso de criterios piadosos. Para los apóstoles hebreos quizá habría sido más sencillo nombrar líderes para los helenistas, pero decidieron que fueran los helenistas los que escogieran líderes de entre ellos mismos (v. 3). Por tanto, este texto se ha usado como respaldo del gobierno de iglesia congregacional. Pero en el mismo libro de Hechos veremos también otro tipo de modelos. Además, los siete nombres de los hombres que escogen son griegos, lo que sugiere que sí eligieron a personas de su grupo. El liderazgo autóctono también es una práctica importante para la iglesia de cualquier época de la historia.82

El versículo 6 refleja una ceremonia ya conocida en el judaísmo, la imposición de manos, que se usaba para apartar o consagrar a las personas que iban a desempeñar un papel de liderazgo. Pero ni en el judaísmo de la época ni en el cristianismo del Nuevo Testamento encontramos una división clara entre el «clero» y el «lego», ni ningún cargo oficial que requiera una ceremonia de ordenación tal y como se entiende dicho término hoy en día. De hecho, hay cierta ironía en la observación de que siete era el número señalado para los comités judíos creados con un fin específico,83 mientras que hoy el diaconado en algunos círculos se ha convertido en un cargo profundamente arraigado, ligado a numerosas tradiciones inalterables. Al menos, lo que Lucas quiere dejarnos al final de esta sección de su libro es que la Palabra de Dios se extendió y que Dios bendijo grandemente la actividad de la nueva iglesia. Incluso muchos sacerdotes, que eran en su mayoría saduceos y, por tanto, los más claros oponentes de la iglesia, abrazaron la fe (v. 7).





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