8 de pentecostés a patmos una introducción a los libros de hechos a apocalipsis



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APLICACIÓN


El tema principal de esta carta para el lector contemporáneo es el problema de la esclavitud. Durante un largo periodo de la historia de la iglesia, la epístola no se interpretaba como la petición de la liberación de un esclavo. Aún hoy, cuando la mayoría está de acuerdo en que parece que el deseo de Pablo es que Filemón libere a Onésimo, nos seguimos preguntando por qué Pablo no cuestiona abiertamente la institución de la esclavitud. Para responder, hay siete factores que se deben tener en cuenta.28

1. No pensemos que la esclavitud de la antigua Roma era similar a la institución que hasta después de la Guerra Civil de América del Norte de 1861–65 sacó a miles y miles de africanos de su hogar para someterlos a una cruel esclavitud. En la Antigüedad, los esclavos ocuparon todo tipo de posiciones; desde artesanos y todo tipo de trabajo manual, hasta maestros, doctores y senadores. Eso no quiere decir que en Roma no hubiera esclavos maltratados. En muchas ocasiones, las esclavas se veían obligadas a ceder ante las apetencias sexuales de sus amos. Pero cabe destacar que había esclavos en buena posición y con amos razonables que vivían mejor que muchas personas libres.

2. De nuevo, a diferencia de la esclavitud más cercana a nosotros, la esclavitud en el mundo grecorromano no estaba basada en el racismo sino en el dominio de los territorios conquistados. Por tanto, muchas veces no había diferencias visibles entre los esclavos y los libres; en ambos grupos había gente de todas las razas y grupos étnicos. De hecho, a veces había personas libres que se vendían de forma voluntaria como esclavos para pagar alguna deuda.

3. Apenas había precedentes ideológicos para la abolición de la esclavitud. Entre los judíos, los únicos que se negaron públicamente a tener esclavos fueron los esenios y los egipcios terapeutae, y en la filosofía grecorromana solo se opusieron los sofistas. Aunque antes de la era precristiana hubo alguna revuelta de esclavos, todas fracasaron y la mayoría acabó con una cruel masacre de los insurgentes.

4. En relación con este último punto, en una cultura que nunca había experimentado otras alternativas y en la que el cristianismo no tenía ningún tipo de poder, cualquier intento por parte de los cristianos de luchar por la libertad de los esclavos, que quizá comprendían la tercera parte de la población, habría fracasado y probablemente habría conllevado la destrucción del cristianismo.

5. En el Imperio Romano, la liberación de los esclavos era algo normal. De hecho, la mayoría de los esclavos de servicio doméstico eran puestos en libertad cuando cumplían treinta años.

6. Incluso después de su liberación, en la mayoría de ocasiones los esclavos seguían en contacto con sus antiguos amos; a veces, aunque ya en libertad, aún tenían alguna obligación económica con ellos. Y recordemos que la libertad significaba tener que preocuparse por el alojamiento y la comida, así que podían acabar en una situación peor, sobre todo si su amo era alguien acomodado.

7. Pero el factor más importante de todos es quizá que el cristianismo apostólico tenía que ver con la transformación interna y espiritual que tenía lugar en la persona que se reconciliaba con Dios, transformación que le permitía mirar con esperanza a la eternidad gloriosa con Él, aunque aquí en la tierra nunca hubiera experimentado la libertad física o nunca se hubiera visto libre de circunstancias desagradables (ver 1Co 7:17–24).29

No obstante, Pablo había enseñado en 1a Corintios 7:21b que los esclavos que tenían la oportunidad de conseguir su libertad, debían aprovecharla (ver arriba, p. 207). Y al hacer énfasis en la igualdad que hay en Cristo, independientemente del estatus social o económico, Pablo puso el fundamento para los movimientos abolicionistas más explícitos que aparecerían siglos después, movimientos iniciados principalmente por personas de convicciones cristianas.30 Como dice F.F. Bruce, «lo que esta carta hace es introducirnos en un ambiente en el que la institución [de la esclavitud] no puede más que marchitarse y morir».31 Quién sabe cuánto derramamiento de sangre se podría haber evitado en los siglos que siguieron si las revoluciones y los movimientos de liberación hubieran progresado de forma más lenta y «espiritual». No obstante, ante situaciones de opresión e injusticia, incluso la Biblia condona en alguna ocasión la violencia. Así que, en este mundo caído, quizá debamos tolerarla como último recurso.32

PREGUNTAS


1. La versión tradicional da por sentado que Onésimo es un esclavo que se ha fugado. ¿Qué otras razones se dan para explicar la marcha de Onésimo de casa de Filemón? ¿Qué evidencias textuales respaldan o niegan cada una de esas teorías? Basándonos en el contexto cultural, ¿cuál es la teoría más probable?
2. ¿Cuáles son los problemas de traducción que en más de una ocasión han llevado a muchos a usar las dos partes del versículo 6 de forma errónea? ¿Cuál parece la mejor traducción y la mejor interpretación?
3. ¿Por qué la epístola a Filemón sirve de modelo de tacto y psicología pastoral? Enumera algún ejemplo específico. ¿Qué es lo que Pablo le está pidiendo a Filemón? ¿Qué características de la segunda parte de la carta nos hablan de la intención de Pablo con Filemón?
4. ¿Qué respuesta se puede dar a los que dicen que Pablo (y por ello el cristianismo) respalda la esclavitud porque no la cuestiona de forma directa? Pablo se centra en la transformación cristiana. ¿Por qué podemos decir que Pablo sí cuestiona de forma sutil la institución de la esclavitud cuando se centra en la transformación cristiana, y qué otros textos paulinos crees que contribuyen a ese cuestionamiento?

OBRAS SELECCIONADAS

COMENTARIOS:


Avanzados

Barth, Markus y Helmut Blanke. The Letter to Philemon. ECC. Grand Rapids y Cambridge: Eerdmans, 2000.


Dunn, James D. G. The Epistles to the Colossians and to Philemon. NIGTC. Carlisle: Paternoster; Grand Rapids: Eerdmans, 1996.
Lohse, Eduard. Colossians and Philemon. Hermeneia. Philadelphia: Fortress, 1971.
O’Brien, Peter T. Colossians, Philemon. WBC. Waco: Word, 1982.
Wilson, Robert McL. Colossians and Philemon: A Critical and Exegetical Commentary. New York y London: T & T Clark, 2005.
Intermedios

Bruce, F. F. The Epistles to the Colossians, to Philemon, and to the Ephesians, rev. NICNT. Grand Rapids: Eerdmans, 1984.


Fitzmyer, Joseph A. The Letter to Philemon. AB. New York y London: Doubleday, 2000.
Melick, Richard R., Jr. Philippians, Colossians, Philemon. NAC. Nashville: Broadman, 1991.
Thompson, Marianne M. Colossians & Philemon. THNTC. Grand Rapids y Cambridge: Eerdmans, 2005.
Thurston, Bonnie B. y Judith M. Ryan. Philippians and Philemon. SP. Collegeville: Liturgical, 2005.
Introductorios

Garland, David E. Colossians/Philemon. NIVAC. Grand Rapids: Zondervan, 1998.


Lucas, Richard C. The Message of Colossians and Philemon. BST. Leicester y Downers Grove: IVP, 1980.
Wall, Robert W. Colossians and Philemon. IVPNTC. Leicester y Downers Grove: IVP, 1993.
Wright, N. T. Colossians and Philemon, rev. TNTC. Leicester: IVP; Grand Rapids: Eerdmans, 1986.
OTROS LIBROS

Petersen, Norman R. Rediscovering Paul: Philemon and the Sociology of Paul’s Narrative World. Philadelphia: Fortress, 1985.


MÁS BIBLIOGRAFÍA EN:

Byron, John. “Paul and the Background of Slavery: The Status Quaestionis in New Testament Scholarship.” CBR 3 (2004): 116–39.


Mills, Watson E. Philemon. Lewiston y Lampeter: Mellen, 1993.




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