8 de pentecostés a patmos una introducción a los libros de hechos a apocalipsis



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COMENTARIO


INTRODUCCIÓN (1:1–14)

Saludos (1:1–2). Después de describirse como prisionero en el versículo introductorio de Filemón, en esta carta más general dirigida a la iglesia en Colosas, Pablo regresa a la costumbre típica de presentarse como apóstol. De forma particular, se dirige a estos cristianos no como a una «iglesia» per se, sino como a «santos y fieles hermanos», es decir, como a parientes espirituales. Pero su convencional deseo de gracia y paz reaparece, aunque la evidencia textual nos hace dudar de que el texto original incluyera la referencia a Jesús que aparece junto a la referencia a Dios.

Acción de gracias (1:3–14). Como es su costumbre cuando puede hacerlo, Pablo empieza su oración de gratitud alabando a Dios por el crecimiento de la iglesia a la que está escribiendo (vv. 3–8).47 Como en Filemón, habla de la fe y del amor, pero aquí es más específico, pues su amor está dirigido a los demás creyentes, y su fe, depositada en Cristo (vv. 4–5), confirmando quizá la sugerencia de un quiasmo en Filemón 5 (arriba, p. 323). Al añadir una referencia a la esperanza en 1:5, el apóstol completa su tríada favorita de atributos (recuérdese lo dicho anteriormente, p. 164). Está claro que la raíz de esta esperanza es el mensaje del evangelio, que se ha estado extendiendo por todo el mundo conocido, es decir, el Imperio Romano (v. 6). Pablo subraya el hecho de que esta proclamación haya llegado incluso a Colosas, sin duda porque sabía que él no había fundado la iglesia de esa ciudad. El fundador fue Epafras, al que Pablo también alaba y menciona como la fuente que le ha informado sobre el estado de la congregación colosense (vv. 7–8).

La segunda parte de la oración de Pablo es de intercesión, pues el apóstol le pide a Dios por el crecimiento de los colosenses (vv. 9–14). El versículo 9 utiliza muchas expresiones relacionadas con la madurez intelectual, pero a la luz de la filosofía que está afligiendo a la iglesia de Colosas el tema del pensamiento es crucial. Y la comprensión y la sabiduría verdaderamente cristianas nunca son meramente cognitivas; siempre tienen que llevar a una vida de santidad (v. 10).48 Estas dos dimensiones solo se dan por el poder de Dios, debido a todos los obstáculos por los que constantemente pasamos en esta vida (vv. 11–12). Pero ese poder se nos ofrece gracias a la redención en Cristo, para que ahora ya podamos vencer al reinado de Satanás (vv. 13–14).49



CUERPO DE LA CARTA (1:15–4:6)

Exposición teológica (1:15–2:23). El himno cristológico (1:15–20) En el griego original, en Colosenses 1:15 no hay ninguna marca de que el autor empiece una nueva frase. No obstante, ya no hay señales de la oración anterior, y es evidente que estamos ante el núcleo principal de la información teológica que Pablo quiere transmitir. El pronombre relativo «que» o «el cual», que une el versículo 15 con el 14 (la NVI y otras versiones comienzan el nuevo párrafo cambiando el pronombre relativo por el pronombre personal «él») suele ser indicativo de la inserción de un material tradicional, lo que podría ser la explicación de la extraña estructura gramatical que tenemos aquí. Los versículos 15–20 tienen una estructura poética y forman una unidad coherente, divisible casi por la mitad: la primera parte del 15 al 17 proclama la Soberanía de Cristo sobre la creación, y la segunda parte del 18 al 20 declara su supremacía sobre la iglesia. Puede que este «poema» ya estuviera utilizándose en la iglesia primitiva como una confesión de fe o incluso como himno antes de que Pablo lo incorporara a esta epístola. En tal caso, esto sería una muestra de que la cristo-logía no es meramente una evolución posterior, sino que ya tenía forma en los inicios de la fe cristiana.50

Sea como sea, lo que sí está muy claro es que los versículos 15–20 contienen de forma muy concentrada una clara doctrina sobre la persona y la obra de Cristo. Así Pablo comienza a combatir la cristología errónea de la herejía colosense incluso antes de llegar a 2:8, donde introduce el tema en cuestión de manera más formal (2:8).51 Jesús (1) es «la imagen del Dios invisible», la réplica exacta en forma corporal del Padre incorpóreo (v. 15a, que probablemente se basa tanto en Gn 1 como en Pr 8:22–36); (2) es «el primogénito de toda creación»; la palabra griega prototokos no solo significa un ser que ha sido creado el primero, que entraría en contradicción con 2:9, sino también alguien que es primero en rango o prominencia (v. 15b);52 (3) es el agente de Dios en la creación; ver también Juan 1:3–4 y Génesis 1:3 (v. 16); (4) existe antes de que toda la creación haya sido formada (v. 17a); (6) es la «cabeza» de la iglesia, a la luz del versículo 18c, que apunta claramente a su autoridad y señorío (v. 18a); (7) el primero en resucitar, garantizando, por tanto, nuestra resurrección (v. 18b);53 es totalmente divino; ver la palabra que traducimos por «plenitud» (pleroma), que más tarde usaron los gnósticos para referirse a su divinidad de múltiples «eones» o emanaciones, divinidad que no se puede conocer (v. 19); y (9) hace posible la reconciliación universal a través de su crucifixión, que es para todos los que se arrepienten; esto no debe confundirse con el «universalismo», en el que todas las criaturas son salvas automáticamente, independientemente de su respuesta al evangelio (v. 20).54



La aplicación del himno cristológico (1:21–2:23). De esa elevada doctrina, Pablo pasa a hablar de la aplicación práctica de la obra de Cristo para la iglesia. No obstante, aún lo hace en términos teológicos, sin adentrarse en el ámbito de la ética. Aquí combate la soteriología errónea. En primer lugar, la reconciliación con Dios queda garantizada siempre que los colosenses perseveren (1:21–23). Sabemos que hay diferentes tipos de frases condicionales (de mayor a menor probabilidad), así que vale la pena tener en cuenta que la frase condicional que aparece al principio del versículo 23 no introduce ningún tipo de duda sobre el cumplimiento de lo que está hablando.55

En segundo lugar, en consonancia con la característica labor de Pablo como apóstol al mundo no judío, se revela la reconciliación entre los judíos y los gentiles que hay en Cristo (1:24–2:7). Para Pablo, es un trabajo muy duro, hasta agonizante (1:24–29). Con una metáfora muy expresiva, Pablo dice que está completando en su carne lo que falta de las aflicciones de Cristo (v. 24). Normalmente, esta expresión se entiende como una referencia a la creencia judía en un periodo concreto de intensa tribulación por la que pasará el pueblo de Dios antes de la llegada definitiva de la era mesiánica; en ese caso, cuanto más sufra Pablo, menos tendrán que sufrir los demás cristianos.56 Otra opción sería que está siguiendo el ejemplo de Cristo, y dice que aún no ha sufrido tanto como Jesús sufrió, es decir, no ha muerto por los demás.57

Sea como sea, Pablo no está hablando de que la propiciación sea incompleta; lo que sí está diciendo es que el hecho de que Jesús sufriera no significa que sus seguidores ya no van a sufrir. De hecho, la unión con él implica sufrir. Pablo reconoce que está enseñando una revelación de Dios más completa que la recibida por las generaciones anteriores (v. 25), revelación que define como la revelación de un misterio, algo que era un secreto y que aún es difícil de explicar (v. 26):58 que la obra del Mesías colocaría a los judíos y a los gentiles en la misma posición (v. 27; cf. Ef 3:6). Vemos que la pasión de Pablo sigue siendo que tanta gente como sea posible pueda ser transformada por estas verdades (vv. 28–29).

Para los colosenses, estos principios significan que deberían dejar que Cristo les llevara a una mayor unidad en amor, madurez y comprensión (2:1–7). Este deseo es el marco en el que Pablo empieza su discusión sobre la herejía, pues ese crecimiento prepara a la iglesia para no dejarse llevar por la falsa enseñanza (v. 4). Pablo inserta aquí la información de que también está luchando por los que están en Laodicea y por otros a los que aún no conoce personalmente (v. 1). Laodicea era una de las dos ciudades más cercanas a Colosas (la otra era Hierápolis), y 4:16 nos informa que Pablo también ha escrito a los de Laodicea y que quiere que las dos iglesias se intercambien las cartas para que lean ambas. Como veremos más adelante, algunos estudiosos sugieren que la carta que Pablo escribió a los laodicenses es la misma que la epístola a los Efesios (ver más abajo, p. 352–353). Si no lo es, entonces se extravió (como la carta a los Corintios), y tampoco es la epístola apócrifa a los Laodicenses, que es mucho más tardía.59

A partir de 2:8, Pablo confronta la herejía colosense de forma directa. Este versículo no se debería usar para decir que los cristianos no deben estudiar filosofía no cristiana (si no la estudiamos, no podremos interactuar con ella de forma inteligente), ¡ni mucho menos para decir que no existe tal cosa como la filosofía cristiana! Lo que este versículo nos dice es que tengamos cuidado con adoptar cualquier ideología que solo tiene origen humano o que entra en conflicto con los principios cristianos. La palabra que la NVI traduce por «principios de este mundo» es stoicheia que, como vimos en Gálatas 4:9, probablemente también incluía el concepto de fuerzas demoníacas. Como dijimos en la Introducción a Colosenses (arriba, p. 333), la falsa enseñanza afectaba en las áreas de la Cristología, la Soteriología y la Antropología. Los versículos 9–10 dejan claro que Cristo es completamente divino y completamente humano, lo que le permite vencer y darnos el poder para triunfar sobre los poderes enemigos y sobre los poderes diabólicos (que suele ser el sentido de «poder» y «autoridad» o «principados» y «potestades»).

Los versículos 11–15 apuntan a que la circuncisión literal de los creyentes ya no es necesaria, pues ha sido sustituida por la circuncisión metafórica o espiritual que la mano humana no puede realizar que consiste en «despojarse del cuerpo pecaminoso» (sarx; «carne», v. 11). El orden en que aparecen las palabras muestra que Pablo no considera el bautismo del nuevo pacto como un equivalente exacto a la circuncisión del antiguo.60 Lo que salva a la persona es la fe y el arrepentimiento, no un ritual externo. De lo contrario, Pablo estaría regresando a las regulaciones del código escrito, ese código que según el versículo 14 Jesús ya anuló. Por la misma razón, estos versículos tampoco prueban que los bebés deben ser bautizados del mismo modo que los bebés judíos eran circuncidados; después de todo, no circuncidaban a las niñas, mientras que los cristianos sí bautizan a las mujeres. Así que no se puede establecer un paralelismo entre todos los elementos de ambos ritos. El versículo 12 debe entenderse, por tanto, como el texto de Romanos 6:3–4. El bautismo es una metonimia de la salvación porque normalmente ocurre poco después de la fe salvífica.61

Los versículos 13–15 refuerzan esta interpretación cuando hacen un contraste entre la circuncisión espiritual de la conversión y la incircuncisión espiritual de los inconversos. La obra de Cristo en la cruz nos rescató de los poderes demoníacos que nos tenían esclavizados, lo reconociéramos o no, e inició una nueva era en la historia de la salvación en la que no tenemos que obedecer todos los mandamientos mosaicos de forma literal. De todos modos, nadie podía seguir la ley de forma perfecta, por lo que solo apuntaba a la necesidad que tenían de un salvador (recuérdese el desarrollo que hicimos de este tema en Gálatas y en Romanos). El «acta de decretos» o «deuda» podría estar haciendo referencia a la ley mosaica o a un pagaré o deuda; o a ambos.62 La expresión completa, «la deuda que teníamos pendiente por los requisitos de la ley» (NVI) o «el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria» (RV), probablemente tenga sentido jurídico y se pueda expresar de la siguiente manera: «que nos era contraria en base a las demandas presentadas».63 La palabra que traducimos por «desfile triunfal» (NVI) o «triunfando» (RV) en el versículo 15 emplea la misma raíz que vimos en 2a Corintios 2:14, donde la imagen que Pablo tiene en mente es la de una procesión triunfal en la que, a modo de exhibición, se lleva a los prisioneros de guerra en un remolque. «Mencionar la cruz como un momento de victoria iba en contra de todos los valores de la época».64

En los versículos 16–17 Pablo se centra en otros aspectos de la ley mosaica (aunque también de varias religiones grecorromanas) que los falsos maestros estaban imponiendo, respondiendo de forma bastante similar a 1a Corintios 8–10 y Romanos 14–15: los creyentes no deberían juzgarse los unos a los otros por esas cuestiones morales neutrales. Estos versículos representan la enseñanza más clara de todo el Nuevo Testamento en contra del sabbatismo (la convicción de que los cristianos deben guardar el sabbat, ya sea el sábado o el domingo, como día obligado de descanso).65 Todos los ritos o leyes ceremoniales del Antiguo Testamento se han cumplido en Cristo (v. 17) y los cristianos no tienen necesidad de adoptarlas, aunque lo cierto es que sí pueden aprender principios espirituales de cada una de ellas. Pero las únicas que siguen en vigor son las leyes morales (ver arriba, pp. 155–156).

Algunos creen que, dado que aparece en los Diez Mandamientos, el sabbat sigue siendo un requisito hoy. Pero ninguno de los testamentos apunta a que estas diez leyes sean más importantes que otras. Y la iglesia primitiva, antes de que en el siglo IV Constantino legalizara el cristianismo, ¡a los que exigían que se guardara el día de descanso les llamaban judaizantes!66 Los cristianos empezaron a encontrarse para adorar en domingo porque el Señor resucitó en domingo, no porque estuvieran estableciendo un día de descanso diferente. Por otro lado, muchos cristianos hoy ni siquiera adoran una vez a la semana, lo que acaba creando otro tipo de problemas.

Como vimos anteriormente (pp. 331–332), la expresión «adoración de ángeles» en el versículo 18 es ambigua, pero dado que después de un verbo de adoración suele ir un objeto directo, lo más probable es que aquí tengamos un genitivo objetivo (adoración dirigida a los ángeles).67 La expresión «no dejéis que os priven de esta realidad» (NVI) o «nadie os prive de vuestro premio» (RV) de hecho podría querer decir «condenar», «injuriar» o «aprovecharse de».68

La expresión «hacer alarde» (NVI) o «entrometiéndose» (RV) probablemente se debería traducir por «entrar en», haciendo así referencia a la iniciación del adorador pagano en una seria de experiencias visionarias que tenían lugar en el templo grecorromano.69 Una fascinación demasiado grande por cualquier ser espiritual que no sea Dios puede hacer a uno descarriarse, en este caso aparentemente hacia experiencias ascéticas y también visionarias (vv. 20–23). Dado que los ángeles no procrean, se presume que no tienen relaciones sexuales, y podría ser que los que daban un valor desmesurado a los ángeles estuvieran imponiendo a los cristianos restricciones innecesarias. Y lo que es peor, ese tipo de personas normalmente se autoengañan creyendo que esas prácticas les hacen espiritualmente superiores a los demás, aunque de cara a los demás muchas veces se presenten como personas humildes (v. 18). Pero la madurez cristiana busca el crecimiento de toda la iglesia, un objetivo que la mentalidad elitista nunca tiene en cuenta (v. 19).

Ciertamente, las prácticas ascéticas normalmente «de nada sirven frente a los apetitos de la naturaleza pecaminosa» (v. 23). Por ejemplo, el que ayuna a veces come tanto una vez ha acabado el ayuno que los beneficios del ayuno se pierden por completo. Incluso si no ocurre eso, negarse a uno mismo los apetitos físicos normales no tiene valor espiritual si no se acompaña de disciplinas espirituales o ejercicios que ayuden a la persona a madurar. Si no, el corazón fácilmente empieza a codiciar aquello a lo que ha renunciado, momento en el cual el ascetismo lleva a la persona al pecado (cf. Mt 5:28).70



Implicaciones éticas (3:1–4:6). Definiendo la santidad (3:1–17). Ahora Pablo pasa de la Teología a la Ética, y lo hace introduciendo el material exhortativo con un «ya que» (oun), como en Romanos, y respondiendo a la antropología de la herejía colosense (3:1–4). Si se toman de forma aislada, estos versículos podrían apuntar a un tipo de misticismo; se parecen, incluso, a la herejía que Pablo está criticando. Pero los versículos 5–17 se apresuran a explicar que concentrar la atención en las cosas de arriba (v. 2) implica vivir una vida santa. Pablo se niega a hacer una división entre el espíritu y el cuerpo o entre el cielo y la tierra. Los creyentes pueden decir que ya están experimentando la vida resucitada siempre que estén dispuestos a vivir una vida piadosa y moral en medio de las actividades rutinarias de la experiencia humana.71

Esta transformación puede asociarse con dos acciones muy ilustrativas: despojarse de la ropa sucia y vieja y vestirse con ropa nueva (el contraste que encontramos en los v. 5 y 12). El hecho de que Pablo tiene que escribir estas instrucciones para los que ya han profesado fe en Jesucristo es una evidencia más de que la naturaleza pecaminosa no desaparece en el momento de la conversión (véase arriba, p. 291). Pero, al mismo tiempo, los creyentes cuentan con el poder para resistirse al pecado, por lo que las conductas que aparecen en los versículos 5–9 deberían en gran parte convertirse en algo del pasado (v. 7). Entonces uno puede hablar, aunque sea en un sentido relativo, de haberse despojado de la vieja naturaleza y haberse puesto la nueva (vv. 9–10a). No obstante, de inmediato Pablo nos recuerda que está hablando de un proceso: cuando habla de revestirse del nuevo hombre dice que «se va renovando» (es decir, durante un periodo de tiempo) en conocimiento a imagen de su Creador. Aquí tenemos uno de los textos bíblicos más claros para entender qué significa para el ser humano ser creado a la imagen de Dios. Aparte de todo lo que este concepto pueda significar (cf. Gn 1:26–28), es obvio que incluye el hecho de que los seres humanos son, entre todas las criaturas del Universo, los únicos seres morales creados de forma única con la capacidad de relacionarse con Dios.72

Cuando la redención en Cristo restaura esa relación, «no hay griego ni judío, circunciso ni incircunciso, culto ni inculto, esclavo ni libre, sino que Cristo es todo y está en todos» (v. 11). La última parte de este versículo sugiere que Pablo aún está refutando la noción de estilo gnóstico de que hay muchas emanaciones de Dios, cada una de las cuales es responsable de diferentes partes del Universo. En lugar de eso, el Cristo Omnipresente es Soberano sobre todo lo creado. La primera parte del versículo es la que ha resultado más controvertida. Pablo elige algunas de las principales barreras de la sociedad de su tiempo y anuncia su abolición. No obstante, como vimos en Gálatas 3:28, uno no puede probar una anulación total de todas las distinciones solo a partir de generalizaciones como esta.73 Lo que debería poder ver el mundo caído es una comunidad cristiana heterogénea en la que la gente se ama y se lleva bien, aun cuando no haya razones humanas para ello.74

El equivalente contemporáneo podría incluir a blancos y negros en algunas partes de América, a coreanos y japoneses en muchas partes del mundo, a judíos y árabes en Israel, a tribus rivales en el África negra, a etnias enfrentadas en los Balcanes, etcétera. Cuando las iglesias se organizan por razas o grupos étnicos, y no se relacionan con hermanos en la fe de otras razas o grupos étnicos, impedimos que el mundo no cristiano vea esa increíble unidad en Cristo que tanto necesita.

Obviamente, amar a los que son diferentes a nosotros puede ser difícil. Pero si ponemos en práctica las virtudes que aparecen en los versículos 12–17, Dios nos dará el poder de vencer nuestra parcialidad carnal. El perdón tiene un papel central; pero el amor, como en toda la ética paulina, es más crucial aún (vv. 13–14). El amor cristiano lleva de forma natural a la paz, la unidad y la gratitud (v. 15) y se alimenta por la enseñanza de la Palabra de Dios, la exhortación sabia y la alabanza cantada (v. 16). Dedicar de forma consciente todo lo que uno dice y todo el servicio que uno hace al Señor Jesús ayuda a mantenerse centrado en estas prácticas tan importantes (v. 17).75

El código doméstico (3:18–4:1). Martín Lutero llamó a esta sección sobre esposas y esposos, hijos y padres, y esclavos y amos Haustafel, una expresión alemana que se podría traducir por código del «hogar» o código «doméstico». En la Antigüedad ya existían muchos listados de instrucciones sobre las relaciones en el hogar: Efesios 5–6, 1a Pedro 2–3, Josefo, Filón, Ben Sira, y los estoicos, por ejemplo.76 En el mundo antiguo, donde había menos posibilidades de elegir profesión, pareja, lugar de residencia o clase social, lo que importaba más era la vida virtuosa que uno llevara independientemente de las circunstancias que le habían tocado. El mayor distintivo de los Haustafeln cristianos (la n hace que el sustantivo esté en plural) era la naturaleza recíproca de las responsabilidades que recogía. ¡Los maridos, padres y amos no estaban acostumbrados a que alguien les pusiera las restricciones que Pablo les pone!77 A los que dicen que el Pablo que escribió Gálatas 3:28 no pudo haber ordenado la sumisión de la que aquí se habla, les recordaremos que quien quiera que escribiera Colosenses 3:18, 20 y 22–24, también escribió el versículo 25, que confirma la igualdad de todos los seres humanos, pues en Dios no hay favoritismos. Y a menos que uno argumente que el autor de Colosenses utilizó un código doméstico que ya existía y olvidó eliminar el material que se contradecía con su opinión, tenemos que asumir que 3:11 también puede encajar con la orden a someterse y obedecer.78 Por último, si la secuencia que nos ha llegado (3:17 y 18) se corresponde con la secuencia original de Pablo, entonces el texto estaría diciendo que la moralidad del nuevo pacto que se acaba de describir empieza en el hogar.79

La mayoría de mandatos del código colosense se repite y se desarrolla más en Efesios, así que nos reservaremos los comentarios para cuando lleguemos a esa epístola (pp. 368–370). Aquí hablaremos brevemente de los complementos que Pablo incluye. La sumisión de las esposas debe ser «como conviene en el Señor» (3:18). Esta expresión implica que «la única sujeción que se aprueba es la que está de acuerdo con el Señor».80 Dicho de otro modo, si los esposos quieren que sus esposas hagan algo que está en contra de la voluntad de Dios, las esposas deben negarse. El amor de los esposos debe llevarles a no ser duros (v. 19), a pesar de la antigua tradición del paterfamilias romano, que tenía la libertad de comportarse de forma severa si así lo deseaba.



El versículo 20 dice «obedeced a vuestros padres en todo», pero una mejor traducción sería «en toda circunstancia», puesto que obedecer una orden que transgredía la ley de Dios no iba a «agradar al Señor».81 El versículo 21 habla de una psicología que no siempre se entendía en la Antigüedad. El versículo 25 explica que los esclavos podían trabajar de buena gana, incluso si estaban al servicio de amos injustos. Pero, para ello, la única razón no es que lo hacen para Cristo y no para una autoridad humana (v. 23), sino que saben que el juicio de Dios sobre los amos incrédulos será un castigo mucho peor que cualquier retribución humana. El capítulo 4, de forma indirecta recuerda a los amos esta misma verdad.


Si quieren ser coherentes, los que argumentan que este código doméstico está condicionado socialmente tendrían que defender que los cristianos hoy en día también siguen todas las normas de vida familiar de la sociedad no cristiana que les rodea. Las objeciones a la aplicación atemporal de este material no suelen tener en cuenta que en Cristo «no hay una lucha por conseguir la igualdad de poder, sino que hay una igualdad basada en el amor y el servicio mutuos».82 A los que alegan que, puesto que se ha abolido la esclavitud, también deberíamos abolir la sumisión en el matrimonio, es importante recordarles que el equivalente institucional a la esclavitud sería el matrimonio (no la sumisión), ¡e imaginamos que no quieren abolir el matrimonio! Y la mayoría de los igualitarios tampoco busca suprimir la sumisión y obediencia de los hijos. La cuestión es, simplemente, que aunque hay paralelismos entre las tres partes del código doméstico, también es cierto que cada institución tiene unos rasgos únicos. Y las órdenes a los esclavos y a los amos se pueden aplicar a otras categorías de personas cuya responsabilidad consiste en trabajar «por encima de» o «por debajo de» otros.83

Orando y hablando de forma adecuada (4:2–6). Este párrafo pone punto y final al cuerpo de la carta y a este apartado exhortativo con otra serie de instrucciones, como suele ocurrir al final de las epístolas paulinas. Los colosenses deben orar por sí mismos pidiendo a Dios que les guarde de cualquier peligro espiritual y dando gracias a Dios por toda su bondad, además de orar por Pablo, para que el ministerio del evangelio siga progresando a pesar de su encarcelamiento (vv. 2–4). También les pide que oren para que pueda transmitir el mensaje a los no creyentes con claridad, lo que le lleva de forma natural a decirle que deben comportarse de forma sabia con los que no creen, y que sus conversaciones deben estar llenas de gracia (vv. 5–6). Sobre esto, C. F. D. Moule hace un comentario muy útil: «Este versículo es un llamamiento a los cristianos a no confundir la piedad y la lealtad con una actitud aburrida, insípida y desprovista de gracia. Si vamos a ser una compañía difícil para alguien, que no sea porque les aburrimos o no les inspiramos nada, sino porque el contacto con nosotros les hace pensar y responder de alguna manera».84

SALUDOS FINALES (4:7–18)

En Romanos, Pablo saluda a un buen número de cristianos que había conocido en algún otro lugar y luego había emigrado a Roma, y lo hace para construir puentes con una iglesia que no ha fundado.85 Ahora escribe a la segunda iglesia que no ha fundado, y como está en una ciudad más pequeña y alejada, lo más probable es que Pablo no conociera a casi ningún miembro de aquella congregación. Por eso, en lugar de saludar a esas personas por nombre, envía los saludos de todos los que están con él. Sus compañeros en ese momento son Tíquico, que les lleva la carta y les va a explicar lo que haga falta (vv. 7–8); Onésimo, el esclavo que vuelve a su amo (v. 9); una serie de colaboradores judeocristianos (vv. 10–11), dos de los cuales ya mencionamos al hablar de la epístola a Filemón (Aristarco y Marcos), y un tercero del que no sabemos nada más que su nombre (Jesús el Justo); Epafras, el fundador de la iglesia en Colosas, quien pudo haber fundado también las iglesias en Laodicea y Hierápolis (vv. 12–13); y Lucas, el querido médico gentil, junto con Demas (v. 14; cf. el comentario de Filemón 24).

Dado que Laodicea estaba tan cerca, y dado que las comunidades cristianas tanto en Colosas como en Laodicea debían ser pequeñas y necesitaban palabras de ánimo, Pablo pide a los colosenses que saluden a los creyentes en la ciudad vecina. Parece ser que en Laodicea conoce al menos a una mujer, Ninfas, en cuya casa se reúne un grupo de creyentes (v. 15). También espera que los de Laodicea y los de Colosas se intercambien las cartas (v. 16; ver más arriba). Conoce a Arquipo de la casa de Filemón, al que anima a completar cierta tarea de la que no sabemos más (v. 17). Por último, toma la tarea del escriba y, como suele hacer, rubrica el saludo final con su puño y letra (v. 18).




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