8 de pentecostés a patmos una introducción a los libros de hechos a apocalipsis



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COMENTARIO


SALUDOS INTRODUCTORIOS (1:1–2)

El elemento más enigmático de estos dos versículos introductorios es el hedio de que los tres manuscritos más antiguos y fiables omiten la expresión «en Éfeso» (ver más arriba, p. 351). Los que defienden que esta omisión es una corrupción posterior del texto lo hacen por una cuestión gramatical: cuando no aparece la expresión «en Éfeso», nos queda, de forma literal, «A los santos, los que están y a los fieles en Cristo Jesús». El «están» solo tiene sentido si va seguido de una preposición y el nombre de un lugar.112 Muchos han especulado que en el manuscrito original se dejó un hueco precisamente para que, cuando la carta fuera de ciudad en ciudad tal como Pablo lo había mandado, se añadiera en cada momento el nombre de la ciudad en cuestión. Pero lo cierto es que los manuscritos en los que no aparece la expresión «en Éfeso» tampoco hay ningún hueco. Por otro lado, también es verdad que los huecos podrían haber sido eliminados por escribas posteriores que, al no saber que tenían una función concreta, pudieron interpretar que se trataba de un error del copista anterior. Aparte de esta cuestión, el resto de estos dos versículos encaja bien con la forma en la que Pablo suele introducir sus cartas.



EXPOSICIÓN TEOLÓGICA: LOS PRIVILEGIOS ESPIRITUALES DE LA IGLESIA – LA UNIDAD ENTRE LOS CREYENTES ES POSIBLE (1:3–3:21)

Alabando al Dios trino (1:3–14). Como en 2a Corintios (1:3), en lugar de empezar simplemente con una oración de gratitud, Pablo empieza con la oración judía conocida como berakah o bendición. Así, no abre la oración describiendo el crecimiento de los efesios o transmitiendo su deseo de que los efesios crezcan, sino que lo hace dirigiéndose a Dios. Sin duda, de todas las oraciones de Pablo, ésta es la más rica en cuanto a contenido teológico.113 Está marcada por el triple uso de la expresión «para alabanza de su gloria / gloriosa gracia» (vv. 6, 12, 14). En el texto griego, estos doce versículos forman una sola frase, en la que cada segmento está dedicado a una persona de la trinidad. Resumiendo, Pablo da gracias porque Dios Padre ha predestinado a los creyentes (vv. 3–6), porque Cristo los ha redimido a través de su sangre (vv. 7–12), y porque el Espíritu Santo les garantiza la salvación (vv. 13–14).

Está claro que el tema de la predestinación trae mucha controversia teológica (véase arriba, pp. 294–298).114 El versículo 3 introduce el primer segmento de la bendición de Pablo con una de las cinco referencias que aparecen en esta carta a «las regiones celestiales» (1:3, 20; 2:6; 3:10; 6:12), una expresión que no aparece en ningún otro lugar de la Biblia. Al parecer, hace referencia al mundo invisible donde los ángeles y los demonios libran sus batallas (ver más adelante el comentario sobre 2:2), y el efecto que producen todas estas menciones en Efesios es apuntar a nuestro triunfo en Cristo sobre todas las fuerzas cósmicas.115 El versículo 4 nos habla de la elección: la palabra «escoger» es la traducción del término griego eklegomai, de la que proviene nuestra palabra «elegir». No obstante, la elección de Dios no es arbitraria; es «en él», es decir, en Cristo. Dios eligió libremente a todos los que aceptarán a Cristo (v. 13) para que sean sus hijos adoptados,116 una elección amorosa que ya hizo antes de la creación (vv. 4–5). Aquí, parece tratarse, no de la elección personal, sino de la elección del Cuerpo o pueblo de Dios.117 De todos modos, en este contexto Pablo ni siquiera menciona los planes de Dios para los incrédulos. Como en Romanos 9:22–23, parece que aquí también estamos ante la predestinación particular.118

El segundo segmento de la oración se centra en la función específica de Cristo. Como en Romanos 3:24, la redención alude al precio que se pagaba para comprar la libertad de un esclavo. Espiritualmente, fue la sangre de Jesús derramada en la cruz la que hizo posible esta compra (v. 7). Como en Colosenses 1:26 y 2:2, los detalles del plan de salvación de la humanidad se pueden definir como un «misterio» que Dios ha ido revelando a lo largo del tiempo, y que culmina con la revelación total en la era mesiánica (vv. 8–10a). El versículo 10b hace referencia al objetivo último de Dios: restaurar todo el Universo caído, colocándolo de nuevo en su lugar, bajo el señorío de Cristo Jesús (recuérdese el comentario de Col 1:20). La era de esa restauración ha empezado con los primeros creyentes en Jesús, mostrando que las elecciones soberanas de Dios se están llevando a cabo en la historia (vv. 11–12).119

Por último, Pablo ilustra la función del Espíritu utilizando dos metáforas. Los creyentes son «sellados» (v. 13; del gr. sphragizo), del mismo modo que en un documento oficial se enrollaba y se sellaba con una insignia de cera. El Espíritu actúa como un «depósito» o «garantía», como una «paga y señal» (v. 14; gr. arrabon), igual que cuando una persona que compra algo caro solo paga una parte del total, como muestra de su intención de pagar el resto más adelante.120 Ambas metáforas garantizan que cuando el Espíritu de Dios entra a vivir en una persona que se convierte, promete continuar obrando en esa persona hasta la glorificación (recuérdese Ro 8:30). Entonces, los creyentes recibirán su herencia espiritual de forma completa.



Orando por los efesios (1:15–23). Después de esta oración introductoria, lo más lógico sería que Pablo pasara al cuerpo de la carta. Pero aún no ha dado las gracias a Dios por la fe y el amor de los efesios, ni ha pedido que sigan creciendo espiritualmente. Por lo que el párrafo siguiente está dedicado a estas dos cosas (vv. 15–19). Como en Colosenses, Pablo unirá todo eso a una exposición teológica, introduciéndola con un pronombre relativo. La proposición subordinada que empieza el versículo 20 convierte una frase larga en una frase aún más larga, y así, los versículos 15–23 forman una sola unidad sintáctica. Por ello, es casi imposible dividir esta larga frase intermedia para destacar el inicio del cuerpo de la carta. Pero queda claro al final del versículo 19 que la oración ha dado lugar a la instrucción doctrinal. El objetivo principal de los versículos 20–23 es explicar cómo los creyentes pueden estar seguros de que les espera una gran herencia. Pueden estarlo por el incomparable poder de Dios que resucitó a Cristo de los muertos, que lo sentó a la derecha del Padre en los lugares celestiales, y que lo ha puesto por encima de todo lo creado (vv. 20–22a). Por definición, esto incluye a los creyentes; no obstante, los versículos 22b–23 hacen la extraordinaria afirmación de que el señorío de Cristo sobre el cosmos (que, en este contexto, debe referirse a su «autoridad») está diseñado para beneficiar al pueblo de Dios (v. 22b), que es su «cuerpo» (v. 23 a; recuérdese 1Co 12:12–17).

La última parte del versículo 23 es difícil de interpretar y traducir, pero parece sugerir una distinción algo similar a la que hay entre la enseñanza de Jesús sobre la iglesia y su enseñanza sobre el reino. Aunque el poder de Dios como rey reside de forma particular en la comunidad de los seguidores de Cristo (descrita aquí como su «plenitud»), también obra de forma omnipresente en todo el Universo.121



Las bendiciones comunes a todos los creyentes (2:1–10). De nuevo, es posible ver esta sección como la continuación gramatical de la anterior, ¡por lo que la frase que empezó en 1:5 no terminaría hasta 2:7! Pero creemos que es más probable, incluso a pesar de que 2:1 empieza con kai («y»), que aquí empiece una nueva frase. Después de iniciarla, en 2:2 Pablo da lugar a una digresión, y para continuar en el versículo 5 con la idea de 2:1 el apóstol se tiene que repetir. El tema unificador de este párrafo es la bendición abundante que los creyentes tienen gracias a la victoria de Jesús sobre la muerte. Nosotros también podemos vencer cualquier poder malvado porque, espiritualmente hablando, hemos sido resucitados y exaltados con Cristo (v. 6). Aunque aún no hemos resucitado ni puestos en algo de forma física, Pablo usa el tiempo pasado porque en el presente las bendiciones espirituales ya son una realidad.122 Antes estábamos muertos en nuestros pecados, porque servíamos de forma consciente o inconsciente «al que gobierna las tinieblas» (NVI) o «al príncipe de la potestad del aire» (RV, LBLA), que es una referencia a Satanás (v. 1–3). Como en 2a Corintios 12:2, podría ser que aquí Pablo estuviera pensando en el concepto judío de los tres cielos (ver más arriba, p. 267). El «segundo cielo» o «cielo medio» entre la atmósfera y la sala del trono de Dios, que también recibía el nombre de «aire», representaba el reino invisible de la lucha espiritual, desde el cual el diablo aún reinaba en las vidas de los incrédulos.

Pero Dios, por su gracia, nos ha salvado de todo eso, no por nuestros méritos ni por obras, sino solo por el favor divino que no merecemos, el cual es nuestro a través de la fe (vv. 4–9). Durante siglos los creyentes han atesorado y memorizado los versículos 8–9. En los versículos 5 y 8, Pablo emplea un participio perfecto perifrástico para enfatizar la naturaleza continua de esa liberación espiritual que Dios nos regala de forma gratuita. El énfasis de Pablo en la salvación por gracia a través de la fe diferencia al cristianismo de todas las demás religiones, y nos permite distinguir las formas corruptas de cristianismo de las formas genuinas.123 Sin embargo, estos versículos nunca deben separarse del versículo 10, que hace un énfasis igual de importante en el hecho de que Dios ha diseñado a los creyentes desde la creación para que hagan buenas obras y le agraden. Pero esas obras no salvan a nadie; fluyen de forma inevitable de la fe del que ya es salvo.124



Unidad en Cristo (2:11–22). La salvación no solo nos reconcilia con Dios; permite la reconciliación entre los seres humanos, incluso entre los peores enemigos. Si la muerte de Jesús ha conquistado el territorio de Satanás, está claro que puede conquistar también cualquier alienación terrenal. En la Antigüedad se esperaba que cualquier soberano del Oriente Próximo asegurara la paz entre los pueblos que conquistaba. ¡Con Cristo, sin duda alguna, se podía contar para reconciliar cualquier bando enfrentado!125 En el mundo de Pablo, la enemistad más clara era la que existía entre los judíos y los gentiles. Externamente, la diferencia estaba en que los hombres judíos estaban circuncidados. Los incircuncisos no formaban parte de Israel y quedaban excluidos de todas las promesas que Dios había hecho a esa nación. Sin embargo, cuando los judíos y los gentiles se convertían al cristianismo, esa alienación quedaba abolida (vv. 11–13). La muerte de Cristo acaba con la hostilidad existente entre aquellos que se vuelven a Él, sustituyéndola por reconciliación y paz.

En los versículos 14–18 nos encontramos con la siguiente metáfora: la destrucción de la barrera descrita como «la pared intermedia de separación» (v. 14). Quizá Pablo tenía en mente la balaustrada que en el templo de Jerusalén separaba el patio de los gentiles del patio de los judíos. Si un gentil entraba en el patio de los judíos, se le sentenciaba con la pena capital. Pero de hecho Pablo usa esa imagen para referirse a la ley, «los mandamientos y las ordenanzas» (v. 15), y probablemente se debe interpretar en la línea de Colosenses 2:14.126 Si hay alguna diferencia está en que aquí Pablo habla de la reconciliación entre pueblos enfrentados, no solo de la enemistad entre los seres humanos y Dios. Por eso habla de reconciliar «a los dos» (judíos y gentiles) y de esa reconciliación crear «un cuerpo», lo que tiene cierto parecido con la unión entre marido y mujer en «una sola carne». Los gentiles estaban lejos de Dios, mientras que los judíos estaban mucho más cerca (v. 17). Pero ahora ambos tienen el mismo acceso a Dios a través de la obra de Cristo en la cruz,127 por la cual el espíritu de Dios ha hecho la paz entre las dos razas (vv. 16, 18).

¡Que no se nos ocurra limitar esta reconciliación a las relaciones entre personas! Los versículos 19–22 utilizan toda una serie de ilustraciones para hablar de la unidad de la iglesia. Los creyentes, sea cual sea su trasfondo, ya no son extranjeros espirituales, sino que son ciudadanos con todos sus derechos y privilegios (v. 19a). Para subrayar la idea de cercanía, se dice que forman parte de la familia de Dios (v. 19b). Una vez ya ha hablado del concepto de familia, es muy natural utilizar la idea de una casa o edificio que tiene a Cristo Jesús como piedra angular (v. 20b).128 En la Antigüedad, para construir los grandes edificios se colocaban primero las piedras más grandes, sólidas y cuadradas, y se ponían en una de las cuatro esquinas. Entonces ya se podía colocar el resto de piedras de la primera fila, formando así el fundamento del edificio.

Esta imagen no contradice 1a Corintios 3:10–15, aunque en ese texto Pablo dice que Jesús es el único fundamento que se puede poner (v. 11). Pablo no está intentando hacer una clasificación de los líderes cristianos, sino solventar las rivalidades que había en la iglesia, por lo que quiere dejar claro que Jesús es el único fundamento de todo el edificio. Pero aquí en Efesios la idea es que los líderes y los predicadores son el fundamento sobre el que otros seres humanos pueden seguir edificando la iglesia (recuérdese 1Co 12:28).129 Sea cual sea la metáfora que examinemos, la idea que Pablo está intentando transmitir es que debemos empezar con Cristo, para que las obras de los cristianos se construyan sobre Él y sobre lo que Él ya ha hecho (ver Ef 2:21–22).130 Los edificios antiguos más bonitos y más santos eran los templos, así que es natural que Pablo cierre esta sección describiendo a la iglesia como un templo (vv. 21–22).



Oración por fortaleza (3:1–19). Ahora Pablo empieza una tercera oración. Es, pues, comprensible que algunos crean que casi toda la primera mitad de esta carta es una larga oración. Aunque, de hecho, no podemos apreciar la oración en el versículo 1 porque Pablo parte la frase para interpolar una digresión. La oración no se retomará hasta el versículo 14, como podemos ver gracias a la expresión «me arrodillo delante del Padre». En los versículos del 2 al 13, el apóstol describe su comisión especial a aquellos que aún no han escuchado de ella.131 Como en Colosenses, pero aún de forma más explícita, describe el misterio de Cristo como la unidad de los judíos y los gentiles en la fe cristiana (v. 6). En el versículo 5 podría haber una ambigüedad. ¿Está Pablo diciendo que el misterio se ha revelado por primera vez en la era cristiana? Más bien, y a la luz de todos los textos veterotestamentarios que los cristianos vieron como predicciones de la era mesiánica, el apóstol está diciendo que, a pesar de que los escritores proféticos apuntaron claramente a lo que había de venir, en tiempos del Antiguo Testamento el plan de salvación no era tan claro.132

Al describir su comisión, Pablo subraya una vez más la gracia poderosa de Dios, que logró transformarlo cuando él, en contra de la voluntad divina, perseguía a los creyentes (v. 8). De nuevo se refiere al misterio, explicando ahora que esa unidad de judíos y gentiles en Cristo se tiene que ver en la iglesia (v. 10a). Dicho de otro modo, la reconciliación entre personas de diferentes trasfondos étnicos o raciales no es suficiente. Ante un mundo que está observado, el pueblo de Dios debe caracterizarse por vivir su heterogeneidad en amor.133 Así, hasta los poderes cósmicos más hostiles los verán (v. 10b). Aunque algunos estudiosos dicen que «los poderes y autoridades en las regiones celestiales» es una forma hiperbólica de referirse a las máximas autoridades humanas, el uso que Pablo y otros autores extrabíblicos hacen de este tipo de expresiones hace pensar que el apóstol se está refiriendo principalmente a ángeles y demonios.134




Cuando Pablo al fin regresa a la oración, reconoce que el origen de toda la humanidad está en Dios (v. 15), pensamiento que sin duda alguna le animaba en su ministerio a los gentiles.135 A continuación ora por el crecimiento espiritual de los efesios, sobre todo en cuanto al elemento central de la ética cristiana: el amor (vv. 17–19). Su petición de que Cristo habite en los corazones de los efesios creyentes no quiere decir que Jesús a través de su Espíritu no viva dentro de ellos. La palabra que usa (de katoikeo) «hace referencia a una morada estable y duradera»136 y es paralela a la metáfora de estar «arraigados y cimentados» que aparece a continuación. Hoy hablaríamos de alguien que está «firme en la fe».

Doxología (3:20–21). Pablo cierra al fin la sección doctrinal de su carta. Y lo hace ofreciendo una sonora alabanza al Dios incomparable que puede obrar y obra haciendo mucho más de lo que podemos llegar a soñar. ¡Él es el único que merece toda la gloria por los siglos de los siglos! No es de extrañar que Pablo acabe con un rotundo «Amén», que significa «esto es totalmente cierto».137

IMPLICACIONES ÉTICAS: LAS RESPONSABILIDADES ESPIRITUALES DE LA IGLESIA – LA UNIDAD ENTRE LOS CREYENTES ES REAL (4:1–6:20)

Alcanzando la madurez por el uso de los dones espirituales en amor (4:1–16). El tema de la unidad es un puente entre las dos mitades de esta carta, entre la parte doctrinal y la parte ética. Pablo pasa a describir el estilo de vida que debería surgir de esa salvación gloriosa del v. 1, y lo hace exponiendo cualidades como el amor, la unidad y la paz (vv. 2–3). Para reforzar la necesidad de unidad, subraya la idea de que hay un solo cuerpo (es decir, la iglesia universal), un solo Espíritu, un solo Señor (Jesucristo), un solo Dios (otra clara referencia a la trinidad) y un solo bautismo cristiano, una sola fe cristiana y una sola esperanza cristiana (v. 4–6). Como en 1a Corintios 8:4–6 y 12:4–6, Pablo es capaz de combinar el lenguaje monoteísta con la aritmética trinitaria: 1+1+1=1.138

Como en Romanos 12, inmediatamente después de enumerar los principios fundamentales para todo creyente, Pablo inserta una discusión sobre los dones espirituales. Efesios difiere de los demás textos en los que Pablo enseña sobre este tema porque aquí, antes de dar una lista de algunos de los dones, explica la forma en la que Cristo ha hecho posible la distribución de dones (vv. 7–10). El versículo 8 contiene uno de los usos del Antiguo Testamento más sorprendentes de todo el Nuevo Testamento, porque el texto citado (Salmo 68:18) tanto en el texto masorético como en la Septuaginta, se refiere a los dones que Dios recibe de la gente, no a que Dios da dones. Pero la versión siríaca Peshitta y la tradición targúmica hacen el mismo cambio que Efesios, así que el texto paulino sí tiene precedentes en la tradición judía. Esa tradición (o al menos Pablo) podría haber interpretado que el propósito de Dios al recibir los dones o tributos, cual conquistador triunfante, era redistribuirlos entre los suyos.139 Después de Pentecostés, resulta natural interpretar que la ascensión del Señor se refiere a cuando Jesús regresa al Padre, a lo que siguió la venida del Espíritu Santo y la entrega de dones (recuérdese Hechos 2).

En la historia de la iglesia, a raíz de los versículos 9–10 (junto con 1P. 3:18–22), muchos han creído que Cristo descendió al infierno, especialmente porque el v. 9b dice, literalmente, «las partes más bajas de la tierra». Pero la palabra que traducimos por «partes» no aparece en muchos de los manuscritos tempranos, mientras que «de la tierra», probablemente sea un genitivo explicativo o aposicional: «las [partes] más bajas, es decir, la tierra».140 Después de todo, puesto que la ascensión del versículo 10 describe el regreso de Cristo a los cielos, el descenso anterior se refiere, con casi toda probabilidad, a la encarnación, cuando vino de los cielos a la tierra.141

Sea como sea, todos los comentaristas están de acuerdo sobre lo que Pablo quiere decir al hablar de la ascensión de Cristo, por lo que es natural hablando de los dones que da a los suyos. El versículo 11 difiere de las otras listas paulinas, porque aquí nombra a las personas que reciben los dones, en lugar de nombrar las cualidades o los roles que les son dados. Pero se trata de una diferencia sin demasiada importancia.142 En ocasiones anteriores ya hemos visto a los que tienen el don del apostolado, la profecía y la enseñanza. Los que son nuevos son los evangelistas y los pastores (aunque recuérdese Hechos 20:28). Es interesante ver la combinación de «pastores y maestros» (en griego, la construcción sugiere que ambos términos se solapan, al menos en parte).143 Todos los pastores dedican una parte importante de su tiempo a enseñar, y todos los maestros deberían preocuparse lo suficiente por sus alumnos y, en la medida de lo posible, pastorearlos. Los versículos 12–13 complementan la enseñanza previa de Pablo sobre los dones espirituales, destacando su propósito de servir para la edificación y la madurez de la iglesia y de sus miembros.144 Es tarea, no solo de los líderes de la iglesia, sino de todos sus miembros, ejercer los dones que les han sido dados y hacer que la iglesia sea lo que Dios quiere que sea.145 Los versículos 14–16 explican por qué es crucial llevar a cabo lo que se acaba de explicar: si no se lleva a cabo, los creyentes fácilmente se desvían de la sana doctrina y/o dejan de mostrar la unidad del cuerpo en amor. «Al vivir la verdad con amor» (v. 15) recoge dos dimensiones esenciales de la vida cristiana. Sin la verdad, ni todo el amor del mundo junto es suficiente para salvar a alguien. Sin amor, ¡poca gente escuchará la verdad!



Despojándose de lo antiguo y revistiéndose de lo nuevo (4:17–5:21). De forma paralela a lo que aparece en Colosenses 3:5–17, a continuación Pablo enuncia los principales vicios a evitar y las principales virtudes a poner en práctica, consciente de que la transformación del viejo yo al nuevo yo es un proceso continuo. Los versículos 17–19 hablan de la ignorancia de los caminos del Señor que caracteriza a los gentiles, a los que no se les había dado la ley de Dios. Esta falta de conocimiento les llevó a vivir inmersos en pensamientos frívolos y todo tipo de actos indecentes, que no deberían caracterizar la vida de los cristianos (vv. 20–22). En cambio, la vida nueva debería mostrar un crecimiento progresivo, crecimiento en actitudes y prácticas de justicia (vv. 23–24). El paralelismo entre Efesios 4:24 y Colosenses 3:10 es tan exacto que, aunque aquí no hay una referencia explícita a llegar a ser semejantes a Dios, está claro que la expresión «a imagen de Dios» no se refiere a una deificación, sino a ser recreados de nuevo a la imagen de Dios.146

A continuación, Pablo habla de las implicaciones que ese proceso tiene para la forma en la que hablamos, subrayando la necesidad de hablar con la verdad y con la actitud de perdonar, en lugar de con mentiras y con enojo y palabras hirientes147 (vv. 25–27, 29–32). El versículo 26a hace una clara distinción entre el enojo o enfado, y el pecado, pues existe la «ira justa» (es lícito indignarse ante la injusticia). Pero la segunda parte de este versículo nos recuerda que el enfado debe durar poco. Entre estas dos secciones encontramos un principio importante para combatir el robo (y otras conductas criminales). No es la retribución, sino la restitución, lo que lleva a la rehabilitación (v. 28).148 Los versículos 5:1–2 son, probablemente, el final de esta sección. Imitar al Dios que no podemos ver siguiendo el ejemplo que Cristo nos dio, producirá en nosotros las cualidades que Dios quiere. Podemos resumir todo lo dicho mencionando los conceptos del amor entregado y del sacrificio.

En 5:3–7 Pablo añade más instrucciones sobre la moralidad cristiana. La lista de los pecados a evitar es reveladora: normalmente, la inmoralidad sexual y la avaricia o codicia aparecen la una junto a la otra. La iglesia primitiva entendió que hay entre ambas una relación muy estrecha, porque esos dos pecados nos llevan a no querer retrasar la gratificación de los deseos materiales o carnales.149 Tristemente, hoy tenemos la inmoralidad sexual por uno de los pecados más graves, y la codicia, como un pecadillo trivial y sin demasiada importancia. La traducción literal del versículo 3 sería la siguiente: «No dejéis que [estos pecados] se mencionen entre vosotros». Pero, ¡Pablo acaba de mencionarlos! Así que la NIV inglesa recoge bien el sentido al decir algo en la línea siguiente: «Entre vosotros no debe haber un ápice, ni tan siquiera una leve insinuación» de estos pecados. Las tres palabras del versículo 4 que traducimos por «palabras indecentes», «conversaciones obscenas» y «chistes groseros» no aparecen en ningún otro lugar del Nuevo Testamento, y no se refieren a un mero humor ordinario, sino a un lenguaje altamente vulgar.150 El versículo 5 debería entenderse del mismo modo que 1a Corintios 6:9–10: aquellos cuyas vidas están caracterizadas por estos pecados no pueden ser creyentes auténticos.

El cristiano auténtico ha dejado atrás estos rasgos de «oscuridad» espiritual y, por tanto, ya no deben tener nada que ver con ellos (vv. 8a, 11–12). Ahora deben practicar una vida piadosa («luz» espiritual) y poner al descubierto lo corrupto del mismo modo que la luz ilumina la oscuridad (vv. 8b–10, 13–14). Para todo ello, es necesario vivir con sabiduría y con sumo cuidado (v. 15), vigilantes, porque el mundo está dominado por la maldad (v. 16). La expresión que traducimos por «aprovechando al máximo cada momento oportuno», en griego es «redimiendo el tiempo». Cuando el creyente no busca de forma consciente servir al Señor con cada momento que Él le concede, en el mejor de los casos está malgastando el tiempo y, en el peor de los casos, pecando.

Para distinguir entre el bien y el mal tenemos que conocer cuál es la voluntad de Dios (v. 17). En este contexto, Pablo subraya que el deseo de Dios es llenar a los cristianos del Espíritu Santo de forma repetida151, en contraste con la continua tentación tan presente en Éfeso, donde abundaban las sectas que adoraban al Dios del vino, ¡de llenarse de otro tipo de elementos espirituosos! (v. 18). Como vimos en Hechos (arriba, p. 35), el Espíritu mora de forma permanente en los cristianos desde el momento de la conversión, pero a la vez van siendo llenados del Espíritu de forma repetida cuando en cada nueva situación le prestan atención y hacen su voluntad. Lucas con frecuencia habla de esa plenitud como la ocasión para acciones valientes de testimonio y servicio; aquí, Pablo hace hincapié en aspectos de la adoración, probablemente por la competencia religiosa que había en la ciudad. Junto al mandato «sed llenos», encontramos tres proposiciones subordinadas de instrumento o modo que explican cómo hacerlo.152 En primer lugar, los creyentes se animan los unos a los otros con poemas y canciones de alabanza (v. 19). En segundo lugar, dan gracias por todo (huper panton); de nuevo, tenemos aquí una referencia a que podemos ver a Dios en todas las circunstancias, no una afirmación de que todo lo que nos ocurre es bueno (v. 20). En tercer lugar, se someten los unos a los otros con reverencia cristiana (v. 21).

Este último versículo sirve de transición. Dejamos la enseñanza sobre cómo estar llenos del Espíritu y pasamos al código doméstico, que va de 5:22 a 6:9. Por un lado, la sumisión de las esposas, los hijos y los esclavos del Haustafel de Efesios debe entenderse en el contexto de la sumisión mutua que acabamos de comentar. Hay momentos en los que toda figura de autoridad debe mostrar deferencia hacia los que tiene por debajo. Particularmente entre adultos (en este caso, esposos y esposas), las relaciones no deberían caracterizarse por el acatamiento de una serie de órdenes,153 sino que más bien debería parecerse a una colaboración. Por otro lado, y por lógica, es imposible que todos los cristianos se sometan a los demás de la misma forma. El versículo 21 por sí solo no sirve para defender el igualitarismo, pues en este contexto aparece como introducción a tres ejemplos de sumisión.154



El código doméstico (5:22–6:9). Aquí vuelven a aparecer muchas de las ideas que aparecen en el código doméstico de Colosenses. Aunque la mayoría está algo más desarrollada aquí. Teniendo en cuenta los comentarios que hicimos más arriba (pp. 344–345), aún añadiremos algunos más. En el versículo 22 no aparece ningún verbo, así que se remite al «someteos unos a otros» del versículo 21. Si nos fijamos en la sintaxis, ¡parece que la frase que empezó en el versículo 18 no acaba hasta el versículo 24 incluido! La combinación de los conceptos «someterse» (de hipotasso) y «cabeza» (kephale) parece apuntar a cierta forma de estructura de autoridad (vv. 22–23), a pesar de los numerosos intentos que se han hecho recientemente de evitar esa conclusión.155 No obstante, Pablo no aceptaría una sumisión inadecuada. A diferencia de las órdenes que el apóstol da a los hijos y a los esclavos (6:1, 5), a las esposas no les dice que «obedezcan» a sus maridos, sino que usa el término «respetar» u «honrar» (v. 33). De la expresión «como al Señor» que aparece en el versículo 22, probablemente podamos decir lo mismo que dijimos de la expresión paralela «como conviene en el Señor» que aparece en Colosenses 3:18 (ver p. 345). Lo que conviene en todo momento es poner a Cristo primero. Si hay un conflicto de autoridades, Dios debe ser honrado por encima de cualquier líder humano (recuérdese a la madre de Moisés, a Daniel, y a Pedro ante el Sanedrín). La traducción de la expresión «en todo» del versículo 24 debería ser «en todas las circunstancias» para no transmitir que Pablo está diciendo «¡haced todo lo que se os dice!».156

Cuando nos fijamos en las órdenes para los maridos (vv. 25–28) vemos que Pablo redefine de forma radical la jerarquía matrimonial. Los maridos tienen que amar de forma sacrificada, entregada, que es el equivalente a la enseñanza de Jesús sobre el líder como siervo (p. ej., Lc 22:24–30). Si los maridos tienen algún tipo de autoridad, ésta se caracteriza por ser una responsabilidad más y no tanto un provilegio.157 Este tipo de matrimonio «complementario» no es muy diferente al matrimonio igualitario, con la excepción de que, cuando llega el momento de tomar una decisión, amar a la mujer como Cristo amó a la iglesia significa tomar la iniciativa de poner los intereses de la mujer por encima de los del marido («¡entregarse por ella!»; v. 25). Los versículos 28–30 comparan el amor a la esposa con el cuidado que normalmente uno tiene por su propio cuerpo. Obviamente, Pablo aquí no tiene en mente las excepciones patológicas.

Los versículos 31–33 completan el pasaje describiendo la analogía más general que hay entre la relación esposo–esposa y la intimidad de Cristo con la iglesia. En la creación, ambas fueron diseñadas para ser uniones inseparables, caracterizadas por la lealtad y el amor.158 Y por otro lado, Pablo preserva la autoridad del marido fundamentándola en ese modelo de «nueva creación» que encontramos en el amor de Cristo por la iglesia. Pero le da un nuevo significado, ya que, siguiendo el modelo de Cristo, la autoridad tiene que ver con el sacrificio por la esposa.159

El mandato para los hijos y los padres (6:1–4) son semejantes al pasaje anterior solo de forma parcial. Aquí, Pablo no solo menciona la sumisión, sino que de forma explícita ordena la obediencia (v. 1). Eso es cumplir el cuarto mandamiento, el de «honrar» al padre y a la madre, mandamiento que va seguido de la promesa de una larga vida (vv. 2–3). Tanto en el texto del Antiguo como del Nuevo Testamento, esta promesa debe entenderse de forma colectiva. Cuando Israel o la iglesia promovían el valor de la familia, eso repercutía en la calidad y la longitud de la vida. Pero la promesa no apunta a que haya relación directa entre la fidelidad de una persona concreta y su longevidad.160 A su vez, los padres no deben provocar a sus hijos, aunque sí deben hacer un uso adecuado de la disciplina, y guiarles (v. 4). No hay evidencias de que estos mandatos solo sirvan para una edad específica, pero es evidente que la forma en la que se aplican cambia a medida que los hijos crecen y, sobre todo, cuando estos se casan (ver 5:31). Y siempre estarán marcadas por la clara enseñanza de Jesús de que hemos de obedecerle a él antes que a cualquier ser humano, por cercano que éste sea (cf. esp. Lc 14:26).161

La tercera parte de este código doméstico se dirige a los esclavos y a los amos (6:5–9). Los esclavos (o los subordinados de forma voluntaria en cualquier tipo de situación laboral) deben trabajar con diligencia en todo momento y dar lo mejor porque Dios les ve también cuando nadie más les está viendo. Las autoridades y los amos deben tratar a sus esclavos o subordinados de forma imparcial. Se podría decir que el versículo 9 apunta a que el deseo de Pablo era que los amos dieron a sus esclavos un estatus de igualdad y, por tanto, la libertad. Pero por todas las razones enumeradas en nuestra aplicación de la carta a Filemón (ver arriba, pp. 281–82), el apóstol no aboga de forma explícita por la abolición de la esclavitud. Sí, más adelante sus palabras se usarían para desarrollar dicha causa. Pero por el momento, la relación entre esclavos y amos debería ser, al menos, «amable en ambas direcciones».162

Armándose para la guerra espiritual (6:10–20). Con esta sección llegamos al final de la carta. Pablo elabora un final climático, hablando de las potestades malignas del Universo y de la victoria de los creyentes. Ahora bien, nuestro triunfo no significa que no hay lucha, sino que Dios nos da la armadura espiritual necesaria para poder resistir. Las piezas de protección que describe encajan con la armadura típica de un soldado romano, pero no hay duda de que parte de las imágenes tiene su inspiración en Isaías (cf. 11:%; 52:7; 59:17). Aunque a veces se ha pensado que hay una correlación entre cada pieza de la armadura y la imagen espiritual, no es así necesariamente. De hecho, Isaías las relaciona de forma diferente que Pablo. Lo que es importante es el efecto general de la imagen: la verdad, la justicia, la paz, la fe y la salvación son las armas que derrotarán al diablo y a sus subordinados. Pero es interesante que el cinturón, la coraza, el calzado, el escudo y el casco son para protegerse cuando te atacan, mientras que la espada (v. 17b) es la única pieza de la armadura del soldado que sirve para atacar. No sabemos si Pablo lo hizo a propósito, pero es verdad que la Palabra de Dios debe tener un papel central a la hora de combatir la falsa enseñanza con la que Satanás nos ataca a través de todas las ideologías anticristianas de nuestro mundo.163

Otra curiosa característica es que esta colección de armamento defensivo y ofensivo no incluye ningún elemento inusual o exótico. A diferencia de los partidarios de la magia y de lo oculto que tanto predominaban en Éfeso, cuando Pablo habla de la lucha espiritual no habla de fórmulas, ni de métodos supersticiosos, sensacionalistas o manipuladores. Lo que hace es llamar a los creyentes a estar firmes en los principios morales y teológicos de la fe que aparecen en las Escrituras. Y como parte fundamental de esta armadura está la oración constante y llena del Espíritu (v. 18). Esta imagen difiere enormemente de algunos acercamientos actuales a la lucha espiritual, repleta de exorcismos territoriales, de reclamos de una autoridad espiritual por la que uno puede pedir y obtener de forma automática, de la identificación de nuevos apóstoles a los que los creyentes y los demonios deben someterse, etcétera.164



SALUDOS FINALES (6:21–24)

Sorprendentemente, la única persona que Pablo menciona al final de la carta es Tíquico, el «mensajero» que también entrega la carta a los Colosenses (Co. 4:7–8) y que acompaña a Onésimo (v. 9). Es probable que estos dos hombres también llevaran consigo la carta para Filemón (Flm 12). No obstante, si Efesios es una carta circular (ver más arriba, p. 353), es lógico que Pablo no incluya saludos personales. Además, queda claro que la misión de Tíquico es contarles muchas más cosas de las que se han puesto por escrito (Ef 6:21–22). Como al final de muchas de sus cartas, el apóstol concluye con una bendición para sus lectores deseando que Dios les conceda los siguientes rasgos de carácter: paz, amor, fe y gracia. También, la forma en que hace referencia a Dios y a Jesús refleja que entre esas dos personas no hay diferencia material (vv. 23–24).





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