8 de pentecostés a patmos una introducción a los libros de hechos a apocalipsis



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1a TIMOTEO 2:11–15


La mujer tiene que aprender (v. 11)

Prohibición de Pablo (v. 12)

No es «a» o «b»

una, y no dos prácticas (Payne)

ambas más o menos (Köstenberger)

Primera razón (v. 13)

Segunda razón (?) o preparación para el versículo

15 (v. 14)

Equilibrando las buenas noticias (v. 15)

El papel de enseñar con autoridad que Pablo prohíbe a las mujeres sería el cargo de supervisor o anciano, si consideramos que 3:2 y 5:17 asigna las funciones de enseñar y ejercer autoridad tan solo a este cargo.74 Otra opción sería apuntar a los diversos usos precristianos del verbo authentein, traducido por «tener autoridad» en la NVI, que tienen una connotación más negativa como «dominar» o «usurpar la autoridad» (versión inglesa KJ), en cuyo caso las mujeres (y supuestamente los hombres también) tendrían prohibido ejercer autoridad de un modo autoritario.75 Pero las demás veces en las que aparece la construcción gramatical del v. 12 de infinitivo + oude + infinitivo («enseñar o tener autoridad»), siempre presenta o dos actividades positivas, o dos actividades negativas.76 Siempre que la enseñanza en cuestión tenga que ver con la transmisión de la fe cristiana, es necesario que el ejercicio de la autoridad sea sano. Obviamente, Pablo podría estar prohibiendo la falsa enseñanza, y entonces la idea del autoritarismo podría servir para el segundo verbo, pero cuando el apóstol habla de falsa enseñanza siempre se refiere a ella de forma explícita, usando alguna forma del término heterodidaskaleo (1:3; 6:3). Así que lo más probable es que aquí tengamos un uso positivo y normal de ambos verbos. También cabe la posibilidad de traducir «hombre» y «mujer» por «esposo» y «esposa» en todo el pasaje. Pablo estaría transmitiendo que en la iglesia deberíamos poder encontrar modelos de estructuras familiares sanas (ver más arriba el comentario sobre Col 4 y Ef 5). Eso limitaría la restricción de Pablo, pues consistiría en que las mujeres casadas no pueden ejercer el rol de enseñar con autoridad sobre sus maridos.77

En el versículo 13, Pablo explica la razón que le lleva a darles esa instrucción; al parecer, se basa en la creación, pues Adán fue creado primero.78 Los versículos 14–15 parecen un acercamiento positivo para explicar por qué la mujer no ocupa el cargo más alto en la iglesia, al subrayar el rol que Dios ha otorgado a la mujer en general. El versículo 14 normalmente se ha entendido como la segunda razón por la que Pablo le prohíbe enseñar en el v. 12 o, más recientemente, como una refutación más del mito gnóstico de que Eva no pecó. Pero el único respaldo que encontramos de esta última interpretación viene de los siglos III y IV,79 y la primera supondría que las madres no pueden enseñar a sus hijos, ¡no vaya a ser que el sexo más «ingenuo» haga desviarse a los niños ingenuos! Además, si Adán no fue engañado, eso significa que pecó «a sabiendas», es decir, ¡razón suficiente también para no darle ni a él ni a su progenie el rol del liderazgo!

Por tanto, quizá es mejor ver el versículo 14 simplemente como un pensamiento más bien causado de forma natural por la referencia al Génesis que aparece en el versículo anterior. Así, podríamos parafrasear la idea contenida en los versículos 11–15 de la siguiente forma: «Las mujeres (o las esposas) no deben desempeñar el rol de enseñar a la iglesia, porque ese no es el rol para el que fueron creadas. De hecho, después de la creación, la situación de la mujer se deterioró cuando cayó ante el engaño de la serpiente. Pero hay buenas noticias».80 Ese aspecto positivo aparece en el versículo 15. Aquí, el texto griego dice literalmente: «Pero ella será salva al dar a luz, si permanecen en la fe y el amor y la santidad con modestia». El cambio del singular al plural en los verbos (cambia de tercera persona del singular a tercera persona del plural) sugiere que en la primera parte del versículo 15 se refiere al género femenino en general (en el que hay excepciones), mientras que en la segunda parte del versículo 15 describe lo que toda mujer cristiana debe hacer. «Salva» tendría el sentido de «preservada» o «restaurada», como en 1a Timoteo 4:16 y 2a Timoteo 4:18.

Esta interpretación, que anima a muchas mujeres (aunque no a todas) a centrarse en la maternidad y en criar a sus hijos, corregiría el error creado por la herejía que había en Éfeso que prohibía el matrimonio (1Ti 4:3) y cualquier otro error similar en otras culturas que no valoran el rol de la maternidad como una tarea apropiada y satisfactoria para la mujer.81

Si el problema de Éfeso, como algunos han sugerido, era que algunas mujeres se dejaban llevar por esa herejía, entonces la aplicación atemporal de estos versículos solo sería que nadie (ni hombre ni mujer) debería enseñar herejías.82 Si el versículo 13 (o los vv. 13–14) hablan de una jerarquía atemporal, entonces la aplicación válida para hoy debe determinar los equivalentes contemporáneos del «obispo/supervisor» o «anciano». La conclusión de dicha interpretación sería que la autoridad y enseñanza última en una iglesia debería recaer en un hombre (o, al menos, no en una mujer casada que enseña a su marido). En iglesias de estructura congregacional, estaríamos hablando del pastor; en iglesias con otro tipo de gobierno, de la persona con el cargo de mayor responsabilidad (p. ej., un obispo o el papa). Sin embargo, el ministerio en equipo es un modelo más útil, incluso si no hay nadie que sea el supervisor último.83

Sin embargo, en la mayoría de iglesias evangélicas, aún estamos muy lejos de violar la enseñanza de Pablo, y debemos pensar en formas en las que animar a las mujeres a usar todos sus dones. Una mujer puede ejercer el don de pastorear o de predicar, por ejemplo, sin ocupar el cargo de anciana (o pastora) en la congregación. Por último, tenemos que aprender a presentar nuestra opinión de forma prudente, admitiendo que podemos estar equivocados y estar dispuestos a discrepar en amor y tolerar los diversos modelos que hay en las iglesias claramente evangélicas.84



Criterios para el liderazgo de la iglesia (3:1–13) Obispos (3:1–7). Si el liderazgo en la iglesia de Éfeso no es sano, ¿cómo pueden elegir a gente con un carácter como el de Cristo? Pablo se propone tratar esta cuestión, primero hablando de los obispos o supervisores (vv. 1–7; recuérdese Tito 1:5–9) y luego de los diáconos (vv. 8–13). La posición de obispo es una posición noble, y está bien aspirar a dicha función, como vemos en esta «palabra fiel» de Pablo (v. 1).85 La mayoría de los criterios para elegir a personas para estas dos funciones son palabras que se explican por sí solas, y caracterizan a la mayoría de cristianos maduros, aunque a veces sean difíciles de encontrar. A su vez, cada una de ellas contrarresta una característica de los efesios y los cretenses que se oponen al evangelio de Pablo.86 Está claro que no podemos hacer absolutos con frases como «debe ser intachable» o «que hablen bien de él los que no pertenecen a la iglesia», pues muchas veces se critica a los cristianos de forma injusta. La idea es que no deben dar razones para que la gente les acuse de lo que se menciona en estos versículos. El criterio de que el obispo debe gestionar bien a su familia (vv. 4–5) no implica que sus hijos tengan que ser creyentes, pues esa es una decisión que cada persona debe tomar libre de la presión externa; y a los padres tampoco se les puede acusar por las malas decisiones de sus hijos adultos una vez que estos ya son independientes. La palabra que aquí traducimos por «familia» en estos dos versículos también se puede traducir por «hogar», y es un reflejo del rol del padre en días de Pablo: en aquella cultura, todos los que residían con el padre quedaban bajo su autoridad.87

A menudo estos criterios se aplican en la iglesia hoy de forma incoherente. Por ejemplo, algunas congregaciones prestan poca atención a las palabras de Pablo cuando dice que los obispos no sean amigos del dinero (v. 3) o que no sean recién convertidos (v. 6). Por otro lado, la expresión «esposo de una sola mujer» ha recibido más importancia que lo demás, o simplemente se ha malinterpretado (ver más abajo). Los dos criterios que no aparecen en la lista de criterios para elegir diáconos son «capaz de enseñar» (el conocimiento de los contenidos de la fe cristiana, junto con la habilidad de transmitirlos a los demás) y «hospitalario» (v. 2). Históricamente, la hospitalidad ha formado parte de la responsabilidad de los pastores o ministros, que acogían a los que visitaban la iglesia o la comunidad, aunque hoy en día, en muchas iglesias esta práctica ha desaparecido casi por completo.

¿Qué diremos, pues, de mias gunaikos andra (literalmente, «un hombre de una mujer»)? Es poco probable que Pablo esté diciendo que un obispo tiene que estar casado, ¡porque se estaría descalificando a sí mismo, y también a Jesús! La comprensión dominante en la iglesia primitiva era que el obispo no podía haber tenido más de una mujer, por lo que quedaban excluidos los que se habían vuelto a casar. Pero esta interpretación refleja el creciente ascetismo helenista que invadió la iglesia y que llevó a la Iglesia Católica a insistir en que los clérigos no podían casarse. A diferencia de esto, Pablo permite e incluso anima a algunos que habían enviudado a casarse de nuevo (1Co 7:9, 39; 1Ti 5:14), y es impensable que animara a alguien a hacer algo que le impediría ejercer el liderazgo. ¿Se refiere, pues, a aquellos que no se han divorciado? Esto solo sería posible si estamos dispuestos a excluir a los viudos, puesto que no hay nada en la expresión «una mujer» que apunte a que se trata de «una mujer en unas circunstancias, pero no en otras». Por tanto, lo más probable es que lo que quiere decir el apóstol es «una mujer a la vez», excluyendo así la poligamia. Pero la poligamia no era una práctica común en el mundo grecorromano; no era nada común entre los judíos; y la expresión paralela «esposa de un solo marido» en 5:9 sería ininteligible para los lectores originales, porque la poliandria era algo totalmente desconocido en el Imperio Romano.

Por tanto, la única opción lógica es que esta expresión hace referencia a un hombre que, en caso de estar casado, en ese momento es fiel a su esposa, es decir, que es un hombre de una sola mujer.88 Esta interpretación encaja con la observación de que los otros requisitos describían la condición del obispo en ese momento concreto, y no necesariamente su condición de por vida (como comentan autoridades tan tempranas como Teodoro de Mopsuestia, Teodoreto, Juan Crisóstomo y Calixto).89 También encaja con el hincapié que Pablo hace en este contexto en ser un buen «padre de familia» (v. 4), aunque deja sin contestar si se debe exigir que la fidelidad a la mujer actual haya sido durante un periodo de tiempo específico (del mismo modo que el v. 10 deja sin contestar cuánto tiempo debe ser puesto a prueba el diácono).



Diáconos (3:8–13). Esta larga lista, tan similar a la anterior, debería hacernos pensar que no podemos escoger a los diáconos por sus habilidades prácticas. Deben ser tan espirituales como los obispos, aun y a pesar de que en el modelo más temprano de esta división de tareas siguiera aparentemente el criterio de «lo espiritual frente a lo práctico» (Hechos 6:1–6). Lo que podemos decir es que aquí se habla de un cargo de algún modo subordinado, un cargo de «ayuda» o «servicio». ¿Quiénes son las gunaikas (literalmente «mujeres») del versículo 11? Algunos interpretan que se refiere a las esposas de los diáconos. Pero entonces, ¿por qué no menciona ni se establece cómo deben ser las esposas de los obispos, que ocupan un cargo más «elevado»? Lo más probable es que se esté hablando de mujeres que son diaconisas.90 Hasta que el catolicismo desarrolló las órdenes monásticas, a modo de sustituto, a lo largo de la historia de la iglesia primitiva las diaconisas llevaron a cabo su servicio de un modo casi universal. Parte de su servicio se solapaba con las responsabilidades de los diáconos; pero algunas de sus tareas estaban prohibidas para los diáconos, como por ejemplo visitar, hacer cuidado pastoral, catequizar o dirigir el bautismo de otras mujeres.91 ¡La recuperación de esta división de tareas ayudaría a que menos diáconos cayeran en pecado!

Conclusión (3:14–16). Pablo completa su discusión de este primer método para rebatir la herejía de Éfeso recordándole a Timoteo que, aunque él no está presente, estas instrucciones le servirán para saber cómo guiar a la iglesia (vv. 14–15). Casi a modo de doxología, el versículo 16 es una confesión de fe cris-tológica (probablemente se tratara de un himno). La interpretación que dice que las seis afirmaciones poéticas son secuenciales explica bien los primeros cinco versos: la encarnación, la resurrección, la exaltación, la misión global de la iglesia, y la respuesta de los creyentes. Pero «recibido en la gloria» coincide más con una descripción de la ascensión y exaltación que con la Segunda Venida de Cristo, y en ese caso ya no estamos ante un orden secuencial. Por tanto, podríamos decir que este «credo» es una combinación de tres pareados, cada uno de los cuales recoge algo que ocurrió en la tierra y algo que ocurre en el cielo, independientemente del orden dentro de cada pareado (el orden sería ABABBA).92

SEGUNDO MÉTODO: PRACTICAR LA VERDADERA PIEDAD EN LUGAR DEL ASCETISMO (4:1–16)

En lugar de promover el ascetismo que la herejía recomendaba, que además en última instancia es de origen demoníaco (vv. 1–5), Timoteo debe alimentar a la iglesia filipense con doctrina sana (vv. 6–7). El ejercicio físico tiene algo de valor, pero el ejercicio espiritual lo hace a uno aún más sano (vv. 8–10). Si Timoteo es fiel y enseña y encarna estas verdades, puede tener la esperanza de que la situación mejorará (vv. 11–16). Es irónico que las dos formas de ascetismo que se mencionan aquí, prohibir el matrimonio y abstenerse de comer ciertas comidas (y probablemente de beber ciertas bebidas; cf. 5:23) son precisamente las dos prohibiciones que los católicos y los evangélicos, respectivamente, han exigido de sus miembros más «maduros». La expresión «conciencia encallecida» del versículo 2 nos recuerda a los hermanos y hermanas débiles de 1a Corintios 8–10 y Romanos 14–15. Los versículos 4 y 5 solo son aplicables a cuestiones neutralmente morales y no deben aplicarse a prácticas fundamentalmente inmorales.93 Cualquier otra postura es ceder ante los mitos paganos de la herejía, a los que Pablo llama «fábulas de viejas» (v. 7), una imagen que no pretende acusar a todas las mujeres, sino solo a las ingenuas y crédulas (¡o a cualquier persona que se crea dichas fábulas sea del sexo que sea!).94 La comparación entre el ejercicio físico y el espiritual es, de nuevo, otro «mensaje digno de crédito» o «palabra fiel», como vemos en el versículo 9. Curiosamente, en el siglo XXI, la mayoría de gente —muchos cristianos incluidos— dan mucha más importancia a estar en buena forma física que a estar en buena forma espiritual.

En el versículo 10 parece que hay una extraña distinción entre dos tipos de salvación, pero solo hasta que entendemos que el término malista en las epístolas pastorales (aparece cinco veces: 1Ti 4:10; 5:8; 5:17; 2Ti 4:13; Tit 1:10) debe traducirse por «es decir», en lugar de traducirse por «especialmente».95 El versículo 12 anima a la iglesia, que escuchará la carta dirigida a Timoteo, a no despreciarle por ser joven (recuérdese que se trata de una cultura con un profundo respeto hacia los ancianos; recuérdese también 1Co 16:10–11). Pero pensemos que el término «joven» podía referirse a una persona de poco menos de cuarenta años (más arriba, ver también Ireneo, Contra las Herejías 2:22.5). El versículo 14 nos habla de un precedente bíblico poco común de una forma de ordenación, que se practicaba entre los rabinos; compárese también 5:22 y 2a Timoteo 1:6.96 Es imposible saber a ciencia cierta si en este caso tou presbuteriou es un genitivo objetivo o un genitivo subjetivo. Si se trata del primero, se estaría refiriendo a la imposición de manos por parte de los ancianos (o presbiterio); si se trata del segundo, significaría que la imposición de manos convirtió a Timoteo en anciano o miembro del presbiterio.97

TERCER MÉTODO: NORMAS PARA OTROS GRUPOS DE PERSONAS DE LA IGLESIA, Y EL RESPETO QUE MERECEN (5:1–6:2)

La naturaleza de la herejía que había en Éfeso sugiere que los líderes afectados habían adoptado una mentalidad elitista, por lo que se hizo necesario hablar del respeto que merecen los diferentes grupos de personas que forman la iglesia. En 5:1–2 se insiste en que se ha de respetar a los ancianos98 y tratar a los jóvenes de forma considerada, principios que aún hoy necesitamos recordar una y otra vez. Los versículos 3–16 introducen otra categoría y una lista de criterios (vv. 9–10), el «cargo» de viuda, claramente limitado a una pequeña selección de las viudas de la congregación. En una cultura en la que era el marido o el padre el que proveía a la mujer de cobertura legal y económica, cuando una mujer enviudaba quedaba desamparada y peligraba su propia subsistencia.99 Si los parientes podían sustentar a sus viudas, Pablo dice que deben hacerlo (v. 4). Pero la iglesia debía hacerse cargo de aquellas que eran demasiado mayores para trabajar (a menudo identificadas como mayores de sesenta años;100 cf. v. 9) y que no contaban con ayuda familiar (v. 3, 5, 16b). Anteriormente, estas viudas ya habían desarrollado varios ministerios especiales como la oración, la visitación y la enseñanza.

Por tanto, vemos que el versículo 8a no dice que el hombre debe ser el que provee para la familia, sino que habla del papel de los familiares, que deben preocuparse por los necesitados dentro de su familia, en lugar de dejar esa responsabilidad a la iglesia (o, en nuestros días, al Estado). Hacer lo contrario es igual a negar la fe (v. 8b).101 La orden de las viudas sin familia se convirtió en un grupo establecido dentro de la iglesia, y así siguió durante varios siglos.102 Lo miremos como lo miremos, ningún principio hermenéutico nos permite evadir la responsabilidad de cuidar de los más necesitados en nuestra congregación, aunque la forma de ayudar cambie de una cultura a otra.

Por otro lado, hay una serie de factores, como por ejemplo una edad joven, que puede llevar a las viudas a querer casarse de nuevo; y al parecer, eso no era una posibilidad si la viuda en cuestión había asumido ese «cargo» especial (vv. 6, 11–12). Incluso aquellas que no buscan un nuevo marido, sabiendo que la iglesia va a cuidar de ellas, pueden hacer un mal uso del tiempo (v. 13). Por eso, Pablo anima a las viudas jóvenes a que se casen y vuelvan a desempeñar el rol habitual en esos días, para que su reputación, e incluso su fe, no se vea afectada (vv. 14–15).103

En 5:17–25, Pablo respalda a los ancianos, a los que de nuevo asocia con la enseñanza y con el ejercicio de la autoridad dirigiendo los asuntos de la iglesia (v. 17; literalmente, «vigilar» o «supervisar»). Los que hacen bien su trabajo son dignos de «doble honor», lo que sin duda alguna incluía remuneración económica.104 «Especialmente los que dedican sus esfuerzos a la predicación y a la enseñanza» podría entenderse como que Pablo habla de dos categorías de ancianos, los que predican y enseñan, y los que ejercen solamente otros tipos de autoridad. Pero entonces, ¿por qué Pablo incluiría la capacidad para enseñar entre los requisitos para ser obispo (3:2)? ¿No son, por tanto, obispos todos los ancianos? Lo eran en Tito 1:6–7 y también en Éfeso mismo en Hechos 20:17 y 28. De nuevo, es mejor reconocer que malista se debería traducir por «es decir», en lugar de traducirse por «especialmente»; así, Pablo no está haciendo una subdivisión de los ancianos y estableciendo dos grupos diferenciados, sino que hace referencia a ellos desde dos perspectivas diferentes.105

En el versículo 18, para respaldar el mandato de honrar a los ancianos, Pablo recurre al Antiguo Testamento y establece una analogía con el trato que el campesino trataba al buey (Dt 25:4; recuérdese 1Co 9:9), y cita unas palabras de Jesús (ver Lucas 10:7), de donde podríamos extraer que el tercer Evangelio ya se consideraba parte de las Escrituras.106 Algunos aseguran que es imposible que eso ocurriera tan rápido, mientras que otros dicen que aquí tenemos una prueba de que la epístola es de una generación posterior. Pero si Lucas, compañero de Pablo, escribió su Evangelio en torno al año 62 d.C. (ver arriba, p. 21), lo más probable es que Pablo lo leyera inmediatamente después. Y si las siguientes generaciones de cristianos estuvieron de acuerdo sobre su naturaleza inspirada, ¿por qué Pablo no habría de reconocerlo también y decirlo unos años después pero aún dentro de la misma década?107

Sin embargo, el tema principal de Pablo en este contexto es el respeto debido a los ancianos. La otra cara de honrarles de forma debida es protegerles de las falsas acusaciones. El versículo 19 toma el principio de Deuteronomio 19:15, que Jesús ya utilizó en Mateo 18:16 y 19–20. Aquí, «testigos» (de martys) se refiere a los que testifican en contra de un anciano, no necesariamente a aquellos que vieron la acción de la que se les acusa.108 No obstante, los ancianos deben rendir cuentas y ser puestos en disciplina si es necesario (v. 20), de forma totalmente imparcial (v. 21). Una forma de no tener que llegar a disciplinar a los líderes es no darles ese cargo antes de que estén preparados para ello (v. 22). Pero algunos rasgos del carácter son más evidentes que otros, así que de antemano nunca podemos estar totalmente seguros de que las personas elegidas estarán siempre a la altura (vv. 24–25).109 En medio de todo esto aparece la orden aparentemente inconexa de que Timoteo debe beber un poco de vino con fines medicinales (v. 23). Pero la conexión podría estar en el versículo 22, porque contiene un llamamiento a la pureza y cabe la posibilidad de que la herejía estuviera promoviendo la abstinencia total.110 Por tanto, Pablo quiere dejar claro que beber pequeñas cantidades de alcohol (ver el contraste con 3:3 y 8) no convierte a la persona en impura.

Por último, Pablo considera a los esclavos cristianos (6:1–2). Como en los códigos domésticos de Efesios y Colosenses, les ordena que respeten a sus amos. Como en Tito, enfatiza el gran impacto que ese comportamiento puede causar. Los esclavos que tienen amos cristianos que no les pusieron en libertad podían verse tentados a respetarles menos que a otros cristianos; pero, de hecho, por el compromiso que sus amos tienen con Cristo, deben respetarles aún más.111



ÚLTIMAS ADVERTENCIAS (6:3–21)

Se podría pensar que los versículos 3–19 recogen otro método para combatir la herejía: evitar el amor al dinero. Pero a diferencia de los mandatos anteriores, éste no trata la falsa enseñanza y a sus efectos per se, sino las actitudes de algunos de los falsos maestros. Sin embargo, Pablo sí pone al descubierto las graves consecuencias de adorar a Mamón o al dinero en lugar de adorar a Dios (Lucas 16:13), y a la vez le pide a Timoteo que no se deje tentar en ese área. Así, se podría decir que esta sección es muy cercana a las exhortaciones finales del cuerpo de la carta helena, tradicionalmente mucho más estructurada.112 Los versículos 3–5 dejan bien claro cuáles son las dos opciones: la herejía con sus divisiones, o la sana doctrina del verdadero evangelio. La expresión final del versículo 5 añade una nueva dimensión de la falsa enseñanza que no tiene que ver con otra idea heterodoxa, sino con la motivación de los herejes. La mayoría de maestros religiosos del mundo grecorromano cobraban y/o recibían dinero por su ministerio, y parece ser que los líderes de la herejía de Éfeso hacían lo mismo. El problema no era que se les pagara por sus servicios; Pablo ya había defendido enérgicamente el derecho de los líderes cristianos a ser remunerados por su dedicación (1Co 9:1–12a, 13–14). El problema es que ellos se creían con el derecho a exigir dinero, revelando así cuál era realmente el objeto de su adoración.113

Haciendo un juego de palabras con el término «ganancias», Pablo insiste en que lo que tiene valor espiritual o realmente merece la pena es «la piedad con contentamiento» (v. 6). Después de todo, vinimos desnudos a este mundo, y cuando nos vayamos no nos podremos llevar con nosotros ninguna de nuestras posesiones materiales (v. 7; cf. 1:21). Por lo que tenemos que aprender a estar satisfechos si tenemos lo esencial (v. 8). De otro modo, el deseo de querer tener más siempre puede llevar a la gente por caminos destructivos (v. 9). «Porque el amor al dinero es la raíz de toda clase de males» (v. 10a). Desafortunadamente, este famoso versículo se ha traducido mal y se ha interpretado mal en muchas ocasiones a lo largo de la historia. Ningún escritor bíblico ha dicho que la culpa la tiene el dinero; es nuestra codicia la que nos puede desviar de la fe y causar muchísimos sinsabores (v. 10b). Además, en el texto griego, el artículo que aparece delante del sustantivo «raíz» no es un artículo definido, y no tenemos aquí una estructura gramatical en la que se omite el artículo incluso ante un sustantivo determinado. Por último, la expresión en plural panton ton kakon apunta a «todo tipo de males», y no necesariamente todos los males habidos y por haber.114 A pesar de estas tres advertencias, está claro que la insatisfacción con las circunstancias económicas que nos tocan vivir puede ser un poderoso estímulo para el pecado y para el mal en el mundo.

Por eso, Pablo le dice a Timoteo que huya de esas tentaciones y que cultive los rasgos de un carácter piadoso (v. 11), aun cuando eso suponga una lucha (v. 12a). Entonces puede estar seguro de que está llevando a buen término su vida cristiana, de acuerdo con la declaración que hizo cuando se convirtió (y, probablemente, cuando se bautizó;115 v. 12b). Al recordar la confesión de Timoteo, Pablo se ve llevado a repetir el mandato anterior: Timoteo debe mantener su promesa hasta que Cristo vuelva, del mismo modo en que Jesús no cedió ante el emperador romano ni siquiera cuando su vida estaba en juego (vv. 13–14). No podemos saber cuándo llegará el fin, pero podemos confiar en los tiempos de Dios, porque Él es el único Soberano, el único Inmortal, atributos que deberían llevarnos a la alabanza (v. 15–16).116

Una vez que Timoteo se haya asegurado de que su conducta refleja una actitud adecuada hacia el dinero, ya puede decir a los ricos que no confíen orgullosamente en las riquezas, sino que confíen en Dios (v. 17a). La clave para que las posesiones materiales no se conviertan en un ídolo es dar de forma generosa gran parte de ellas. Nuestra recompensa celestial compensará con creces esas «pérdidas» en la tierra (vv. 18–19). Entre estos dos mandatos aparece una preciosa promesa que nos recuerda que esta vida no tiene por qué estar caracterizada por el ascetismo que predicaban aquellos que, paradójicamente, querían enriquecerse a través de su enseñanza. Dios da a su hijos bienes materiales para que los disfruten, sobre todo cuando éstos han sido generosos y fieles con aquello que ya les ha confiado (v. 17b).117 Una vez más, Pablo es directo y le dice a Timoteo que él también se aplique el principio que acaba de exponer, y le recuerda una vez más que se oponga a la herejía que ha desviado a algunos de la fe verdadera. Por fin, cierra con una oración, pidiéndole a Dios que su gracia esté con su joven colaborador (vv. 20–21).




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