8 de pentecostés a patmos una introducción a los libros de hechos a apocalipsis



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PREGUNTAS


1. ¿De qué se le acusó a Esteban, y cómo se defendió él de los cargos que se le imputaban?
2. ¿Cuáles son los puntos principales de las historias sobre el ministerio de Felipe en Hechos 8? ¿Qué controversias teológicas aparecen aquí, y cómo las resuelves?
3. ¿Qué elementos destacarías del trasfondo de Saulo? ¿Y de su conversión?
4. ¿Qué podemos aprender de las consecuencias inmediatas de la conversión de Saulo?
PALESTINA EN TIEMPOS DEL NUEVO TESTAMENTO

Avances en Palestina y Siria (9:32–12:24). El ministerio de Pedro: tres episodios (9:32–11:18). La tercera sección de la primera mitad de Hechos prepara el terreno para que Saulo entre en acción, y lo hace mostrando que los seguidores de Jesús continuaban alejándose de Jerusalén y del judaísmo que dicha ciudad representaba. La primera parte presenta tres sucesos en los que Pedro aparece como el protagonista central. El capítulo 9 acaba con dos breves episodios. El primero, a través del poder de Jesucristo, Pedro sana a un paralítico llamado Eneas (vv. 32–35). El pasaje se parece mucho al episodio en el que Jesús sana a un paralítico en Marcos 2:1–12 y paralelos. Y después de eso Pedro va a Lidia (y luego a Jope), alejándose así aún más de Jerusalén.

Más espectacular aún, Pedro resucita a una mujer llamada Dorcas (vv. 36–43). Este milagro es similar al que Jesús realizó cuando resucitó a la hija de Jairo (Marcos 5:21–43 y paralelos). El nombre de la mujer en hebreo es significativo, pues Pedro le diría: «Tabita, koum» (v. 40); recordemos que las palabras de Jesús en los Evangelios para que la hija de Jairo resucitara habían sido «Talita, koum».107 El poder para hacer milagros que Cristo les había dado a sus discípulos en Mateo 10 y paralelos está teniendo un efecto enorme. Además, vemos que Pedro se queda con un hombre con un nombre judío (Simón) que se dedica a una labor impura (es curtidor), pues trabaja la piel del cerdo. Así, el versículo 43 abre ese tercer relato sobre Pedro, que ocupa todo el capítulo 10 y en el que Dios declara puro todo animal y, por extensión, todo alimento.

El amplio espacio que Lucas le dedica a la conversión de Cornelio muestra lo importante que ésta es; como la conversión de Saulo, aparecerá tres veces en todo el libro.108 Después de ocupar todo el capítulo 10 con este tema, Lucas recoge el momento en el que, al regresar a Jerusalén, Pedro explica todo lo que ha sucedido (11:1–18). Y lo volverá a mencionar, aunque de forma más breve, en el concilio apostólico (15:7–11). Si en Hechos 8 tenemos un Pentecostés samaritano, en el capítulo 10 ya tenemos un Pentecostés completamente gentil.109

Esta historia nos permite ver un ejemplo del Dios Soberano que prepara tanto a Pedro como a Cornelio para el suceso que va a tener lugar. Los versículos 1–8 nos presentan al centurión romano, comandante de cien tropas, como un hombre temeroso de Dios. Como muchos de los que incluimos dentro de esta categoría, lo más probable es que hubiera aceptado todas las leyes judías excepto la circuncisión (¡el mandamiento más difícil de obedecer en un mundo donde no existía la anestesia!). La aparición del ángel es similar a la experiencia de muchas personas a lo largo de la historia de la iglesia. Aunque no es la norma, a falta de la intervención de una persona o misionero, Jesús mismo o un ángel mensajero pueden aparecerse a una persona directamente.

Dios también está preparando a Pedro (vv. 9–23a). Pedro debía de tener en mente la enseñanza de Jesús en la Gran Comisión sobre ir a los gentiles (Mt 28:18–20), pero dicho mandamiento no aclaraba la relación entre el evangelio y la ley. También había oído de boca de Jesús que lo que entra en el cuerpo no es lo que hace a una persona impura (Mr 7:14–19a), pero las leyes dietéticas estaban tan profundamente arraigadas entre los judíos (pues la ley así lo mandaba; ver Levítico 11) que, para abandonarlas, Pedro iba a necesitar una revelación directa de Dios. Es cierto que Marcos 7:19 explica que Jesús había proclamado que no hay alimentos impuros, pero ese comentario podría ser un añadido que Marcos incluyó cuando escribió su Evangelio dos o tres décadas después de los eventos de Hechos 10. No hay nada que nos sugiera que Pedro ya había entendido ese mensaje mientras Jesús estaba en medio de ellos.110

Ahora, en esta historia, Pedro recibe un mandamiento directo, claro, ¡que se llega a repetir hasta tres veces! Una voz del cielo le dice que coma carne de una variada selección de animales, tanto puros como impuros. Después de rechazar, quizá porque cree que Dios le está probando, por fin entiende lo que está ocurriendo. La llegada inmediata de los amigos de Cornelio le permite entender la relación entre la comida impura y los gentiles. Si Dios está diciendo que toda la comida es pura, está diciendo también que todas las personas son puras.111 Por tanto, Pedro puede ir a casa de Cornelio, comer con él, y predicarle el evangelio.

En los versículos 23b–48 tenemos el encuentro entre Pedro y Cornelio. El versículo 34 muestra explícitamente que Pedro reconoce «que para Dios no hay favoritismos, sino que en toda nación él ve con agrado a los que le temen y actúan con justicia».112 Mientras Pedro le está explicando a Cornelio la historia de Jesús, el Espíritu Santo «interrumpe» su predicación, y el comandante y los que con él están empiezan a hablar en lenguas (vv. 44–46). Éste es el segundo pasaje en el que los acontecimientos pentecostales llegan, al parecer, de forma separada. De hecho, ¡aquí parece que el Espíritu desciende sobre ellos antes de que se arrepientan y crean! Pero cuando uno examina lo que Pedro estaba proclamando en el momento en el que el Espíritu descendió, se da cuenta de que está hablando explícitamente sobre el perdón de pecados a través de la fe en el nombre de Jesús (v. 43). No hay duda de que en aquel momento Cornelio y sus compañeros se estaban arrepintiendo, por lo que el Espíritu descendió en el momento de su conversión. Una vez más, el bautismo de agua ocurre de una forma inmediata, práctica y sin necesidad de formalidades (vv. 47–48).

La otra controversia en cuanto a la interpretación de este pasaje tiene que ver con el v.46, cuando dice que hablaron en lenguas. En Pentecostés, la gente oyó a los apóstoles hablando en su propio idioma, pero aquí no se explica nada más sobre estas lenguas. Es cierto que Pedro dice que «han recibido el Espíritu Santo lo mismo que nosotros» (v. 47), pero eso no quiere decir que todo ocurriera de la misma forma.113 En 1a Corintios 12–14, cuando Pablo habla de las lenguas las describe como un don espiritual que precisa de interpretación (aunque no siempre la hay), por lo que no puede tratarse del mismo fenómeno que el de Pentecostés. Es imposible saber a ciencia cierta cómo ocurrió lo que describe en Hechos 10, pero el hecho de que no se habla de un mensaje concreto apunta a que podría tratarse del mismo fenómeno que en Hechos 2. Al parecer, el término glosolalia (el término técnico que se traduce por «hablar en lenguas») en este texto no se refiere a la transmisión de nueva información, sino a la autenticación de aquellas nuevas conversiones.114

Sea como sea, es importante ver que, aunque ya ha habido muchas conversiones, ésta es tan solo la segunda ocasión en la que se nos habla de las lenguas. Así, vemos que no se puede decir que este fenómeno sea imprescindible para la salvación o para la madurez espiritual. No obstante, también vemos que Lucas no lo critica, por lo que no debería verse como algo aberrante (más sobre las lenguas en pp. 225–228).

Poco después, Pedro regresa a Jerusalén y cuenta lo que ha ocurrido. Los cristianos de Jerusalén al principio no acaban de creer la historia que les cuenta, pero al final aceptan que el testimonio de Pedro es irrefutable. Sin embargo, eso no significa necesariamente que lo aceptan de buen grado, pues en Hechos 21 volvemos a ver la hostilidad de algunos judíos hacia los gentiles cristianos.



La iglesia en Antioquía (11:19–39). El capítulo 11 concluye con un texto que parece no concordar con la secuencia cronológica que se viene desarrollando (vv. 19–30). Lucas quiere contar que los creyentes están empezando a predicar entre los gentiles, concretamente en Antioquía de Siria (vv. 19–22). Antioquía era un centro urbano importante, pues era la tercera ciudad del Imperio después de Roma y Alejandría. Tenía alrededor de medio millón de personas.115 Era un centro marítimo y comercial importante, y además albergaba el templo de Apolo, situado en la zona de las fuentes de Dafne, que era un lugar conocido por su libertinaje. Una séptima parte de la población era judía, un porcentaje alto para una ciudad de habla griega. Al parecer, Pablo convirtió esta ciudad en su base, a la que volvió después de los dos primeros viajes misioneros. Antioquía también es la ciudad en la que a los creyentes se les llamó «cristianos» por primera vez (v. 26b), término formado por el sufijo latino que los identifica como «seguidores» (de Cristo). Parece ser que fueron los no creyentes los que empezaron a llamarles así, del mismo modo que a los seguidores de Herodes se les llamaba herodianos.116

Aquí vuelve a aparecer Bernabé, esta vez como un emisario que viene de Jerusalén. Está claro que está al corriente de la conversión de Saulo, y va a Tarso a buscarlo y a llevarlo a Antioquía, donde ambos ministran juntos (vv. 22–26a). Es imposible saber con exactitud qué ha estado haciendo Saulo desde la última vez que leímos de él en el capítulo 9, y también, determinar cuánto tiempo ha pasado.117 Pero cuando anteriormente tratamos el tema de la cronología, vimos que lo más probable es que su conversión tuviera lugar en el año 32 d.C., su primera visita a Jerusalén en el año 35, y su primer viaje misionero (que empieza en Hechos 13) entre el 48 y el 49. Así que nos queda un periodo de trece o catorce años en los que se podría haber dado este ministerio en Antioquía.



El gran hambre que se describe en los versículos 27–30 llegó a su apogeo en el año 46 d.C., al menos según Josefo (A. 20.51–53). Por tanto, lo que se recoge en este párrafo es posterior a la muerte de Herodes (que, de nuevo según Josefo, ocurrió en el 44 d.C.; ver 62), con la que empezará el capítulo 12. Parecer ser que Lucas quiso poner toda la información sobre Antioquía junta, y al menos en este pasaje recoge y ordena la información de forma temática en lugar de hacerlo de forma cronológica. Estos versículos contienen las dos primeras apariciones de un profeta cristiano, Agabo, cuya predicción permite que los cristianos más ricos alivien la pobreza de los creyentes en Judea, la parte del Imperio más afectada por el hambre. En este pasaje también aparece la segunda parte del famoso Manifiesto de Marx («según los recursos de cada cual», v. 29; semejante a 2:45). Pero ahora estamos en un contexto totalmente cristiano, que es aún más significativo porque la ayuda entre los creyentes va más allá de las barreras étnicas y nacionales.118 Lo que tenemos aquí no es un modelo de ayuda a los pobres exactamente igual al que vimos en los capítulos 2, 4 o 6, pero sí responde a la misma preocupación. Es interesante notar que la ofrenda la enviaron a los ancianos de Jerusalén, un cargo que ya existía en las sinagogas judías, y que el cristianismo retomaría. Puede que en esos momentos los apóstoles viajaran con frecuencia para participar en proyectos misioneros, y que fuera necesario nombrar líderes locales en las diferentes congregaciones.119

Herodes persigue a la Iglesia. Muerte de Herodes (12:1–24). Antes de que Lucas pase a centrarse en Pablo, narra dos incidentes relacionados con el rey Herodes Agripa I. El Hijo de Herodes el Grande y sobrino de Herodes Antipas, Agripa fue más amigo de los judíos que cualquier otro gobernante romano en Israel. Para complacer a los judíos, ordena el martirio de Jacobo (vv. 1–2; hermano de Juan e hijo de Zebedeo). Herodes planea hacer lo mismo con Pedro, pero Dios milagrosamente lo libera de la cárcel (vv. 3–11), como ya hizo en 5:19. No hay nada en el texto que nos lleve a pensar que Pedro fue más fiel que Jacobo, lo que nos recuerda que la persecución u otro tipo de sufrimiento no tienen que ver necesariamente con el grado de obediencia de los cristianos. Curiosamente, cuando Pedro escapa y va a la casa donde los creyentes están orando por él, al principio no se creen que haya salido de la cárcel (vv. 12–19).120 ¿Nos ocurre eso a nosotros? ¿Estamos tan ocupados orando y tan preocupados por nuestras peticiones que no logramos ver la respuesta del Señor? Una vez Pedro les convence de que es él, y de que está bien, Lucas explica que se fue «a otro lugar» (v. 17). Aunque una venerable tradición católica asegura que ese «otro lugar» es Roma, en ningún texto del Nuevo Testamento se nos dice adónde fue.121 Pero el hecho de que mencione a Jacobo (que obviamente no es el apóstol que acaban de matar, sino el hermano de Jesús) encaja con que en el capítulo 15 éste aparece como el anciano principal de la iglesia de Jerusalén. Quizá tenemos aquí una corroboración de que, en la capital judía, los ancianos ya habían sustituido a los apóstoles y habían tomado así la responsabilidad como líderes locales.

Puede que en respuesta a la traición de Herodes, los versículos 20–23 cuentan cómo el Señor no tardó en castigarle. La causa más inmediata del castigo fue que Herodes aceptó, en una comparecencia real ante los habitantes de Tiro y Sidón, que le adoraran como a un dios. Josefo recoge un recuento independiente de este mismo suceso:

Después de su séptimo año de gobierno, Agripa acudió a Cesarea a celebrar unos juegos en honor de César. Al amanecer, entró en el teatro, vestido con un ropaje de plata que resplandecía en los rayos del sol naciente. Sus aduladores comenzaron a dirigirse a él como si fuera un dios, pero luego levantó la vista y vio un búho posado en una cuerda por encima de él y sintió un inmenso dolor. «¡Yo, a quien vosotros habéis llamado un dios, —gritó él— estoy ahora bajo sentencia de muerte!». Cinco días después murió, a los 54 años (A. XIX, VIII, 2)

Josefo se explaya más que Lucas, y no todos los detalles de los dos escritos encajan a la perfección. Pero es interesante ver que los dos autores reconocen que detrás de la muerte de Herodes hubo tanto una causa natural, como una causa sobrenatural, y que ambos dicen que su muerte fue un castigo divino por deificar su persona. Lucas añade al acabar la primera mitad de su libro que «la palabra de Dios seguía extendiéndose y difundiéndose» (v. 24).122

EL MUNDO DEL NUEVO TESTAMENTO





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