8 de pentecostés a patmos una introducción a los libros de hechos a apocalipsis



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COMENTARIO


TEMAS PRELIMINARES (1:1–18)

Saludos (1:1–2). El principio del versículo 1 y el final del versículo 2 coinciden exactamente con el principio del versículo 1 y el final del versículo 2 de la primera carta a Timoteo. Entre esas palabras idénticas, el texto cambia solo levemente. Cierto es que si estas cartas fueran seudográficas, el imitador de Pablo habría sido muy astuto al mantener un paralelismo perfecto y, a la vez, introducir algunos pequeños cambios. Pero lo más lógico es pensar que todo eso es una muestra de que se trata de la obra de Pablo, porque no tenía la necesidad de escribir exactamente lo mismo, pero sí es natural que mantenga una forma similar.

Acción de gracias y llamamiento a la fidelidad (1:3–14). A diferencia de Tito y 1a Timoteo, esta última epístola pastoral pasa de forma inmediata a la parte de acción de gracias, como se solía hacer. Pero el único versículo que tiene forma de oración es el versículo 3. Los versículos del 4 al 14 se siguen unos a otros de forma perfecta, y en ellos Pablo recoge los deseos (v. 4), los recuerdos (v. 5) y las exhortaciones a Timoteo (vv. 6–8, 13–14) que nacen de esa gratitud, y también la teología (vv. 9–10) y el modelo personal (vv. 11–12) que dan autoridad a sus mandamientos.

Pablo está agradecido al recordar que en la familia de Timoteo hay tres generaciones que han sido fieles a Dios, primero en el judaísmo, y ahora en el cristianismo. En Hechos 16:1–3 vemos que el padre de Timoteo era griego, y la madre judía. Ahora se nos dice el nombre de ella, Eunice, y también el nombre de la madre de ella, Loida (v. 5). No está claro si Pablo también está diciendo que estas dos mujeres se convirtieron al cristianismo antes que Timoteo,129 pero sea como sea, lo que sí está claro es que no sucumbieron a la forma religiosa gentil que el padre de Timoteo habría preferido para la familia. La misma idea vuelve a aparecer en 3:15, cuando vemos que Timoteo conoce las Sagradas Escrituras desde su niñez. Por tanto, ahora anima a su joven amigo, a su hijo en la fe, a usar con valentía su(s) don(es) espiritual(es) poniéndolos al servicio de Dios (vv. 6–7). La referencia a la imposición de manos a través de la cual Timoteo recibió el don de Dios parece apuntar al momento que se menciona en 1a Timoteo 4:14; probablemente la ordenación de Timoteo, en la que Pablo podría haber participado junto con los demás líderes locales. En el texto de 1a Timoteo parece que el don tiene que ver con la predicación y la enseñanza; 2a Timoteo 4:5 sugiere que tenía el don de evangelista. Obviamente, podría haber recibido más de un don.

Desafortunadamente, a partir de estos dos versículos (y quizá también 1a Corintios 16:10–11) muchas personas han concluido que Timoteo era una persona tímida. Los ataques a los que Pablo se tuvo que enfrentar podrían echar atrás a cualquiera, incluso a una persona valiente. Y, no obstante, en Hechos y las epístolas vemos que Timoteo siguió activo como el emisario de Pablo, y que el llamamiento al valor y a evitar la cobardía es solo un reflejo de los consejos típicos que los maestros religiosos y filósofos de la Antigüedad daban a los jóvenes.130

Así que Pablo le dice a Timoteo que no se avergüence de dar testimonio de Jesús o de que Pablo está de nuevo en la cárcel (v. 8a). Timoteo debería mantenerse santo, aunque quisiera actuar de otro modo, sobre todo para evitar ser perseguido por su fe (vv. 8b–9a). Después de todo, al final tendremos que responder ante Cristo, no ante las autoridades humanas, porque Él es el único responsable de la salvación (vv. 9–10). La teología de la gracia que encontramos aquí es tan sólida y clara como la que aparece en las epístolas indiscutiblemente paulinas. Pablo mismo está sufriendo por predicar valientemente ese mensaje, y no se avergüenza porque confía en el final glorioso que le espera en el futuro (vv. 11–12). Por lo que Timoteo puede imitar a su maestro y padre espiritual también en esta cuestión. Concretamente, debe preservar la «sana doctrina» del verdadero evangelio (una expresión recurrente en las epístolas pastorales), guardándola y cuidándola como si fuera literalmente un objeto que se le ha confiado para que lo custodie y proteja (vv. 13–14).131 La interacción entre la gracia protectora de Dios y la responsabilidad humana de la perseverancia encaja perfectamente con lo que hemos visto en todas las epístolas comentadas hasta aquí. Dios tiene el poder de guardar a Timoteo, espiritualmente hablando (v. 12), a través del Espíritu Santo que habita en él (v. 14b). Como resultado de ello, Timoteo tiene que hacer todo lo que esté de su mano para mantenerse fiel (vv. 13–14a).



Buenos y malos modelos (1:15–18). Como ilustración, Pablo establece un contraste entre sus compañeros de Asia Menor, que lo abandonaron (v. 15), y los de la casa de Onesíforo, que le han servido fielmente y de forma sacrificada tanto cuando estaba viviendo en Éfeso como cuando estaba encarcelado en Roma (vv. 16–18). El versículo 15 no puede referirse a toda la iglesia de Éfe-so; lo más probable es que se refiera a las personas de Asia Menor que estaban con Pablo en Roma justo antes de su encarcelamiento.132 No podemos explicar por qué menciona a Figelo y Hermógenes, pues no sabemos nada más de estos dos hombres. Lo que está claro es que el apóstol prefiere recordar el modelo positivo de la familia de Onesíforo, aunque en esta ocasión fueran los únicos en permanecer a su lado.

EL COMPROMISO DE LA FE (2:1–26)

Soportar las dificultades (2:1–13). En el capítulo 2:1–2 encontramos de forma condensada la tesis de esta epístola. Ahora que Pablo pasa la antorcha del ministerio a su discípulo Timoteo, quiere que se fortalezca o que busque fuerzas en la gracia de Dios, y que procure que la cadena de líderes aprobados por Dios no se rompa. Para que un ministerio de enseñanza y discipulado tenga resultados duraderos hace falta formar a personas fieles que a su vez pasarán lo que han aprendido a otros, para que el patrón se pueda ir repitiendo.133 Esta responsabilidad, al igual que el servicio cristiano en general y especialmente bajo circunstancias difíciles, hace que uno no se comprometa con cosas que le distraigan o le impidan avanzar en la línea que se propuso. Para subrayar esta idea, Pablo utiliza tres analogías extraídas de la vida cotidiana: los soldados no se enredan en asuntos civiles, los atletas dedican tiempo extra a entrenar, y los labradores trabajan duro pasando muchas horas en el campo (vv. 3–6). Pero en cada uno de estos casos, Pablo hace mención de la recompensa, y espera que el lector pueda establecer un paralelismo con el reino espiritual (v. 7). Los creyentes a los que les importa de verdad el servicio a Cristo trabajarán más duro que los demás, aunque también procurarán no «estar en todo» y no desgastarse.


Tu ministerio precisa de discípulos que, a su vez, formen a otros. Y así, el testigo pasará de generación a generación.




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