8 de pentecostés a patmos una introducción a los libros de hechos a apocalipsis



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APLICACIÓN


Tal vez en ningún otro documento del Nuevo Testamento se demuestre de manera tan aguda el contraste entre el cristianismo bíblico y el nominal. En realidad, el hecho de que los protestantes en general y los evangélicos en particular hayan realizado tantas contorsiones interpretativas al leer que «la fe sin obras está muerta» demuestra el abandono de amplias franjas de enseñanza bíblica para favorecer un énfasis doble en Pablo, acompañado de una lectura selectiva y unidimensional de él. El famoso debate de Dietrich Bonhoeffer sobre la «gracia barata» en su clásica obra El precio del discipulado,62 podría, por desgracia, aplicarse a muchas ramas de la iglesia a lo largo de la historia y en la actualidad, no solo a la mayoría de cristianos alemanes que cooperaron sin ningún problema con el régimen nazi. Una de las razones por las que la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (también conocida como de los mormones) discrepa con la teología evangélica es por la percepción de que promovemos un «creyentismo» fácil: alguien puede aceptar a Jesús como Salvador, salir fuera y vivir como el diablo, y todavía ser salvo.63

Igualmente, el cristianismo liberal rechaza con frecuencia una forma de fe más conservadora debido a la ética social que ven entre los evangélicos, especialmente en Estados Unidos, que es muy pobre o, al menos, limitada, centrada tal vez únicamente en cuestiones pro vida y antihomosexuales, en lugar de ocuparse también de la pobreza, la sanidad, el medio ambiente, la labor de ayuda para víctimas de desastres naturales y guerras, cuestiones todas que reciben importante atención en la Biblia. La teología de la liberación surgió de entre el catolicismo romano a mediados de los sesenta como una protesta contra una forma de fe católica muy tradicionalista, que enfatizaba las buenas obras, quizás demasiado, pero no la clase de obras que pudieran cambiar los injustos sistemas sociales, estructuras y gobiernos que perpetuaban una enorme división entre los que tienen y los que no en el Tercer Mundo, en particular en Latinoamérica.64

Los evangélicos han realizado grandes avances en los últimos cincuenta años para mejorar y estar más equilibrados en algunos de estos planos, aunque más fuera de Estados Unidos que dentro, y más en unas cuestiones que en otras. Los debates evangélicos internos ilustran tanto los pasos positivos que se han dado como la errónea oposición contra ellos. El énfasis que John MacArthur pone en algunos de sus escritos sobre «Salvación y señorío» muestra con detalle cómo en la Biblia no se apoya que se pueda aceptar a Jesús como Salvador por gracia por medio de la fe sin someterse, al mismo tiempo, a Él como Señor y Dueño definitivo. Por supuesto, los nuevos creyentes puede que no sepan, cuando inician su peregrinaje, todo lo que Dios pedirá de ellos a lo largo de sus vidas, pero quienes creen que pueden aceptar un don gratuito de salvación sin someterse a Jesús conforme entienden sus demandas y sin arrepentirse cuando no consiguen estar a la altura de ellas, ésos no se hacen realmente cristianos.65

La fe que salva conduce inevitablemente, con el tiempo, a una vida transformada, si el Espíritu Santo ha hecho de verdad su morada en una persona. Esa transformación se puede manifestar diferente en sus detalles en cada creyente y no le faltarán tropezones y hasta serias caídas. Pero los verdaderos creyentes regresarán a Dios, se someterán de nuevo a su Espíritu y reemprenderán su proceso de madurez. La preocupación económica por los pobres y necesitados será con frecuencia una primera demostración de esa vida cambiada. Si nunca se ven esos cambios, tenemos serias razones para cuestionar cualquier profesión de fe. Es posible ser rico y cristiano, según Santiago, pero no es posible ser un cristiano rico sin ser generoso para compartir la propia riqueza en la ayuda al necesitado.66


BIBLIOGRAFÍA SELECTA

COMENTARIOS


Avanzados

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Intermedios

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Otros libros

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Támez, Elsa. The Scandalous Message of James: Faith without Works Is Dead. New York: Crossroad, rev. 2002. [En español, Támez, Elsa. Santiago. Lectura latinoamericana de la epístola. San José, Costa Rica: Departamento Ecuménico de Investigaciones, 1985].
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Bibliografía

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1. A medida que se desarrolló el catolicismo romano, con su doctrina de la virginidad perpetua de María, se desarrollaron también alternativas para entender la palabra «hermano», como las ideas de que adelphos se refería a un pariente menos cercano o de que José había tenido otros hijos con una esposa anterior. Pero la deducción más natural a partir de Mateo 1:25 es que José y María tuvieron otros hijos después del nacimiento de Jesús, y adelphos rara vez significa en la Koine algo distinto a hermano físico o espiritual.

2. Véase, sobre todo, John Painter, Just James: The Brother of Jesus in History and Tradition (Columbia: University of South Carolina Press, rev. 2004).

3. Para una detallada presentación de la información bíblica y extrabíblica que tenemos sobre este Santiago, véase Hershel Shanks y Ben Witherington III, The Brother of Jesus: The Dramatic Story and Meaning of the First Archaeological Link to Jesus and His Family (San Francisco: HarperSanFrancisco, 2003), 91–223. Mucho más breve, cf. James B. Adamson, James: The Man and His Message (Grand Rapids: Eerdmans, 1989), 19–24.

4. Con más detalle, Shanks y Witherington, The Brother of Jesus, 1–87; más resumido, Craig A. Evans, Jesus and the Ossuaries (Waco: Baylor University Press, 2003), 112–22. Sin embargo, hay razones para dudar de la autenticidad de la inscripción completa del osario, de ahí nuestro uso del adjetivo «aparente».

5. Para una minuciosa discusión de estas cuestiones, véase Luke T. Johnson, The Letter of James (New York and London: Doubleday, 1995), 89–123.

6. Véase especialmente el estudio en dos tomos de Martin Hengel, Judaism and Hellenism (London: SCM; Philadelphia: Fortress, 1974).

7. J. A. Kirk, «The Meaning of Wisdom in James», NTS 16 (1969): 24–38. Véase la evaluación más matizada y la modificación de esta hipótesis en Mariam J. Kamell, «Wisdom in James: An Examination and Comparison of the Roles of Wisdom and the Holy Spirit in James» (Denver Seminary: M.A. Thesis, 2003).

8. Véanse los útiles gráficos de Peter H. Davids, The Epistle of James (Exeter: Paternoster; Grand Rapids: Eerdmans, 1982), 147–48. Para un desarrollo detallado, véase Patrick J. Hartin, James and the Q Sayings of Jesus (Sheffield: JSOT, 1991).

9. Puede verse una meticulosa demostración de que la carta atribuida a Santiago podría perfectamente haberla escrito un cristiano judío palestino no muy posterior al año 40, junto con penetrantes presuposiciones escatológicas de ese entorno, en Todd C. Penner, The Epistle of James and Eschatology (Sheffield: SAP, 1996).

10. Así, p.ej., Ralph P. Martin, James (Waco: Word, 1988)

11. Así, p.ej., Douglas J. Moo, The Letter of James (Grand Rapids y Cambridge: Eerdmans; Leicester: Apollos, 2000).

12. Aunque es posible argumentar en favor de una fecha posterior a Santiago y, por tanto, de una autoría seudónima, las luchas mencionadas en el libro encajan en el periodo de 62–66 d.C., cuando crecen las tensiones entre los judíos de Palestina y Siria y los «imperialistas» romanos. Véase, sobre todo, David H. Edgar, Has God Not Chosen the Poor? The Social Setting of the Epistle of James (Sheffield: SAP, 2001).

13. Véase también Davids, James, 2–22. Davids explica las características que plantean algunos para una fecha posterior postulando la influencia de un redactor que después editó un poco el documento (12–13), mientras que Patrick J. Hartin (James [Collegeville: Liturgical, 2003], 25) sugiere un compañero más cercano a Santiago, con excelente griego, que escribe en su nombre poco después de su muerte, a las iglesias de la diáspora que reconocían su autoridad.

14. Véase también Ibíd., 28–34. Cf. también a lo largo de Elsa Támez, Santiago. Lectura latinoamericana de la epístola (San José, Costa Rica: Departamento Ecuménico de Investigaciones, 1985).

15. Sobre todo Richard Bauckham, James (London and New York: Routledge, 1999), 11–28; cf. Donald J. Verseput, «Genre and Story: The Community Setting of the Epistle of James», CBQ 62 (2000): esp. 99–102.

16. Támez, Santiago, 1–11 de la edición en inglés.

17. Cf. en todo Martin Dibelius, James, rev. Heinrich Greeven (Philadelphia: Fortress, 1976).

18. Véase Davids, James, 22–29. Una curiosa alternativa contempla esencialmente los mismos tres temas introducidos dos veces en 1:1–21 (aunque etiquetando el tercer tema como «la gran inversión»), pero después encuentra en 5:7–20 una doble presentación de (a) una exhortación a perseverar; (b) un ejemplo del Antiguo Testamento; y (c) la confirmación de la sabiduría. En medio se desarrollan los tres elementos de 1:19: (1) «listos para escuchar» (1:22–2:26), (2) «lentos para hablar» (3:1–18), y (3) «lentos para enojarse» (4:1–5:6). Véase Robert W. Wall, Community of the Wise: The Letter of James (Valley Forge: Trinity, 1997). Para un minucioso examen de enfoques recientes, véase Mark E. Taylor, «Recent Scholarship on the Structure of James», CBR 3 (2004): 86–115.

19. Cf. Wall, Community of the Wise, 48. «Perfección» en este contexto, ante todo, no significa la ausencia de pecado que tendremos en la vida venidera, sino una madurez significativamente alcanzable en esta vida. Lo mismo se aplica a la enseñanza de Jesús en Mateo 5:48, a la que parece que Santiago alude. Véase Patrick J. Hartin, «Call to Be Perfect through Suffering (James 1, 2–4): The Concept of Perfection in the Epistle of James and the Sermon on the Mount», Bib 71 (1996): 477–92. Este enfoque se expone después en Ídem., A Spirituality of Perfection: Faith in Action in the Letter of James (Collegeville: Liturgical, 1999).

20. Stanley E. Porter, «Is Dipsuchos (James 1,8; 4,8) a “Christian» Word?” Bib 41 (1990): 469–98.

21. Cf. George M. Stulac, James (Leicester and Downers Grove: IVP, 1993), 43: «vacilar entre confiar en uno mismo o en Dios».

22. Véase además Blomberg, Ni pobreza ni riquezas, 149–51 de la edición en inglés.

23. Cf. Douglas J. Moo, La epístola de Santiago (Miami: Vida, 2009), 95–96.

24. Cf. Joel Marcus, «The Evil Inclination in the Epistle of James», CBQ 44 (1982): 606–21.

25. La conclusión de los vv. 2–18 sirve, por tanto, para realzar dos posibles patrones de conducta en respuesta a peirasmoi (la forma plural). Las difíciles circunstancias externas pueden considerarse de manera positiva como pruebas de Dios, diseñadas para producir perseverancia en nosotros, cuyo resultado final es la madurez/perfección. O pueden contemplarse negativamente como tentaciones causadas por nuestros propios malos deseos, que pueden llevarnos a pecar y, como fin, a la muerte. Cf. Stulac, James, 54. Obviamente, Santiago nos llama a escoger el primer patrón.

26. Así en la mayoría de comentaristas contemporáneos. Quienes quieran considerar un resurgimiento de la idea de que este logos es una ley (similar, aunque no idéntica, a la ley estoica de la razón) implantada en toda la humanidad en la creación, pueden ver Matt A. Jackson–McCabe, Logos and Law in the Letter of James (Leiden and New York: Brill, 2001). Para él, este logos encuentra expresión escrita en la Torá judía, que es entonces la perfecta ley de la libertad del v. 25, lo que entra en directa contradicción con la comprensión de Pablo de la ley.

27. El uso de un espejo como metáfora del examen moral de uno mismo, era bien conocido en el antiguo judaísmo y en el helenismo. Véase Luke T. Johnson, «The Mirror of Remembrance (James 1:22–25)», CBQ 50 (1988): 132–45.

28. O, para ser precisos, a «la ley de Moisés interpretada y complementada por Cristo», (Moo, Epístola de Santiago [2009], 120).

29. Acerca del significado y estructura de esta sección, cf. sobre todo William R. Baker, «James» en William R. Baker and Paul Carrier, James–Jude (Cincinnati: Standard, 1990), 29.

30. Véase, p.ej., Ronald J. Sider, One–Sided Christianity? (Grand Rapids: Zondervan; San Francisco: HarperSanFrancisco, 1993).

31. Para un análisis completo de este pasaje como desarrollo de un tema siguiendo la enseñanza de los manuales griegos de retórica, véase Wesley H. Wachob, The Voice of Jesus in the Social Rhetoric of James (Cambridge and New York: CUP, 2000).

32. Véase, sobre todo, Ronald B. Ward, «Partiality in the Assembly: James 2:2–4», HTR 62 (1969): 87–97.

33. Santiago «no llega a una incondicional idealización de la pobreza como marca distintiva de membresía» de la comunidad. La marca es la fe (Sophie Laws, The Epistle of James [London: Black; New York: Harper & Row, 1980], 103). El versículo 5 es también «una observación de la realidad: el pobre está más inclinado hacia Dios que el rico» (Baker, «James», 50). Por supuesto, hay excepciones, pero este principio se ha mantenido notablemente uniforme como una generalización indiscriminada a lo largo de varias épocas y culturas de la historia cristiana. Al mismo tiempo, el tema principal de los vv. 1–4 es combatir el favoritismo, cuya política permanente de discriminación inversa difícilmente se lleva a cabo. Cf. Nancy J. Vyhmeister, «The Rich Man in James 2: Does Ancient Patronage Illumine the Text?» AUSS 33 (1995): 265–83.

34. Moo (Epístola de Santiago, 139–140) iguala así la ley real con «la voluntad de Dios para su pueblo».

35. Cf. William Dyrness, «Mercy Triumphs over Justice: James 2:13 and the Theology of Faith and Works», Themelios 6.3 (1981): 14.

36. Situaciones como ésta condujeron a la creación del «fondo para los pobres» en cada sinagoga local, que incluía fondos para ayudar a los más desfavorecidos de cada congregación. Véase Johnson, James, 238.

37. Todos coinciden en que los vv. 18–19 contienen una pregunta y una respuesta, pero no existe mucho acuerdo en cuanto a la extensión de cada una y quién es responsable de cada posición. Véase un intento de salir de ese punto muerto en Craig L. Blomberg y Mariam J. Kamell, The Epistle of James (Grand Rapids: Zondervan, 2008).

38. Joachim Jeremias, «Paul and James», ET 66 (1955): 568–71.

39. John G. Lodge, «James and Paul at Cross–Purposes? James 2,22», Bib 62 (1981): 213.

40. O, si usamos el lenguaje de las matemáticas y la filosofía, las buenas obras son condición necesaria, pero no suficiente para la salvación. Excepto en los muy poco habituales casos de conversiones «en el lecho de muerte», las personas en las que el Espíritu Santo viene de veras a morar presentarán algún tipo de evidencia externa de la transformación que el Espíritu inicia. Y, si pudiéramos leer en la mente de las personas, incluyendo aquellos a quienes les queda poco tiempo para manifestar esta transformación, veríamos pensamientos y actitudes cambiados que son también parte del fruto o las obras de la salvación. Dicho de manera más sencilla, «la verdadera fe siempre resulta en devoción» (Robert L. Millet, Grace Works [Salt Lake City: Deseret, 2003], 118). Cf. esp. John F. MacArthur, «Faith according to the Apostle James», JETS 33 (1990): 13–34.

41. Donald J. Verseput, «Reworking the Puzzle of Faith and Deeds in James 2.14–26», NTS 43 (1997): 97–115.

42. El análisis más detallado y útil sobre estos temas aparece en William R. Baker, Personal Speech–Ethics in the Epistle of James (Tübingen: Mohr, 1993); si se busca un equivalente popular, véase Ídem., Sticks and Stones: The Discipleship of Our Speech (Downers Grove: IVP, 1996).

43. Los maestros, antiguos y modernos, viven situaciones en las que experimentan prácticamente toda clase de tentación para hablar de forma pecaminosa: «la arrogancia y el dominio sobre los alumnos; el enojo y la mezquindad ante las contradicciones o la falta de atención; calumnia y bajeza hacia los rivales ausentes; vanagloria por los halagos de los estudiantes» (Johnson, James, 263).

44. «Santiago parece más interesado en el carácter personal que en la competencia profesional. Lo que al final decide el valor de la fe del maestro es si es “sabio y entendido” [véase v. 13], no tanto que sea ortodoxo sin más» (Wall, Community of the Wise, 162).

45. Comparando los capítulos 2 y 3 aprendemos que «el habla maliciosa de un miembro tiene el mismo efecto nefasto para la vida de la comunidad que el que provoca el rico de afuera cuando arrastra al creyente pobre hasta el tribunal con el fin de avergonzar a los que siguen» (Ibíd., 187).

46. Véase, sobre todo, Martin, James, 144.

47. Johnson se refiere al «llamamiento a la conversión» de 3:13–4:10 como «el corazón temático de la redacción» y a 4:4 como «la más perfecta expresión de la “voz” de Santiago» (James, 88).

48. Véase Moo, Epístola de Santiago, 220–222.

49. No obstante, una alternativa muy atrayente es la posibilidad de que 4:5b–6a refleje una paráfrasis de la «Escritura» que Santiago cita, que después se presenta de manera literal en vv. 6b–c con la cita de Proverbios 3:34 (LXX); véase Craig B. Carpenter, «James 4.5 Reconsidered», NTS 47 (2001).

50. Davids, James, 166.

51. J. Alec Motyer (The Message of James: The Tests of Faith [Leicester and Downers Grove: IVP, 1985], 161) observa que los tres verbos de vv. 14–15 advierten contra una actitud presuntuosa que niega, respectivamente, nuestra ignorancia, nuestra fragilidad y nuestra dependencia.

52. Ibíd. Kurt A. Richardson (James [Nashville: Broadman & Holman, 1997], 201) describe vv. 13–17 como «una de las fuentes bíblicas más importantes para una ética cristiana de los negocios». No involucrar a Dios en nuestra planificación equivale a un «ateísmo práctico» (James B. Adamson, The Epistle of James [Grand Rapids: Eerdmans, 1976], 180).

53. Los «“últimos días” (eschatais hemerais) no son los adelantados años de retiro del rico, sino el momento del juicio de Dios», (Johnson, James, 301).

54. Davids, James, 176.

55. Moo, Epístola de Santiago, 255.

56. Cf. Adamson, James: Man and Message, 257; Martin, James, 197.

57. Cf. además William R. Baker, «“Above All Else”: Contexts of the Call for Verbal Integrity in James 5.12», JSNT 54 (1994): 57–71.

58. Motyer (James, 193–94) señala otras tres razones para ver el daño o enfermedad como algo muy serio: la palabra traducida como «enfermo» también puede significar «completamente acabado», los ancianos realizan toda la oración, y la única fe que se menciona es también la de los ancianos.

59. Véase, sobre todo, Gary S. Shogren, «Will God Heal Us: A Re–examination of James 5:14–16a», EQ 61 (1989): 99–108; John C. Thomas, «The Devil, Disease, and Deliverance: James 5.14–16», PT 2 (1993): 25–50.

60. Moo, Epístola de Santiago, 281.

61. Acerca de esto, véase Keith Warrington, «The Significance of Elijah in James 5:13–18», EQ 66 (1994): 217–27.

62. New York: Collier, 1959.

63. Véase, p.ej., Richard R. Hopkins, Biblical Mormonism: Responding to Evangelical Criticism of LDS Theology (Bountiful, UT: Horizon, 1994), 130–36.

64. Sobre Santiago, véase especialmente Támez, Santiago; y Pedrito U. Maynard–Reid, Poverty and Wealth in James (Maryknoll: Orbis, 1987).

65. Véase, más arriba, p. 450. Cf. también John F. MacArthur Jr., El evangelio según Jesucristo (El Paso, TX: Casa Bautista de Publicaciones, 1991; Ídem., The Gospel according to the Apostles (Nashville: Word, 2000).

66. Véase también Blomberg, Ni pobreza ni riquezas.





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