8 de pentecostés a patmos una introducción a los libros de hechos a apocalipsis



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APLICACIÓN


Ningún otro documento del Nuevo Testamento presenta un énfasis tan fuerte y continuo sobre la perfecta deidad y la perfecta humanidad de Cristo. Solo con esta precisa combinación de naturalezas podía Jesús haber ofrecido un sacrificio, por una parte, eterno y de una vez para siempre y, por otra parte, representativo y vicario. Tal y como aparece, esta es exactamente la forma de expiación que él provee, haciendo así que cualquier otra forma de expiación se revele obsoleta, irrelevante e impotente. Solo por medio de la crucifixión de Cristo puede alguien hallar redención.

Los destinatarios de Hebreos fueron tentados a retroceder a una forma de «religión institucionalizada» (en su caso, el judaísmo) para evitar la persecución. Pero, al hacerlo, se dieran cuenta o no, se estaban arriesgando a renunciar a la fe en Jesús y a ponerse en peligro de condenación. El cristianismo occidental de hoy cuenta con un amplio número de adherentes que se identifican con el movimiento, pero solo en la medida en que es socialmente aceptable. Puede ser que solo el crisol del sufrimiento o la persecución puedan demostrar la autenticidad de la profesión de fe de una persona. Si es así, un enorme porcentaje de los que se han identificado como creyentes a lo largo de la Historia en el mundo occidental siguen sin ser sometidos a prueba, al menos en la medida en que han sido probados muchos cristianos de la historia de la Iglesia y de hoy en otras partes del mundo. Otros, que ya han abandonado su profesión de fe bajo circunstancias menos severas, han puesto de manifiesto que nunca tuvieron una fe salvadora para empezar. El arrepentimiento sigue siendo posible en tanto que haya aliento en la persona. No obstante, careciendo de la capacidad de predecir el momento de su propia partida, nadie que necesite arrepentirse y volverse (o volver) a Jesús se atreve a posponerlo. Hebreos afirma que la supremacía de Jesús sobre todas las demás instituciones y figuras religiosas, incluso entre el grupo de personas que representaba la nación escogida por Dios hasta el establecimiento del nuevo pacto, hace que sea ridículo, o más bien eternamente peligroso, adoptar cualquier otra religión, filosofía o visión del mundo que no sea el cristianismo.

Una forma importante de inmunizarse contra la tentación a la apostasía es tener con regularidad devocionales (y devoción) con base bíblica. La Palabra de Dios es poderosa; incluso el Antiguo Testamento apunta a Cristo, ya sea literal o tipológicamente. Para un pleno entendimiento de la Escritura se necesita la comprensión de toda la iglesia, y se espera de los creyentes que se reúnan regularmente para adorar, orar, animarse mutuamente y recibir instrucción bíblica.

PREGUNTAS


1. ¿Cuáles son las hipótesis sobre la autoría de Hebreos y cuál de ellas es la más probable, dadas las evidencias?
2. ¿Qué relación existe entre la fecha de Hebreos y la constitución de su audiencia? ¿Cuál es la fecha más probable para la redacción de Hebreos? ¿Cuál era el contexto histórico de los destinatarios y del escritor?
3. Identifica la tesis central de la carta a los Hebreos. ¿Qué es lo que el autor está intentando animar a hacer a sus destinatarios? ¿Qué rasgos estructurales de la carta ayudan a la consecución de ese propósito?
4. ¿Qué nos comunican sobre Jesús las comparaciones de Cristo con cada una de las instituciones mencionadas en la Escritura? ¿Con qué instituciones se compara a Cristo?
5. ¿Cómo se entienden mejor algunos de los usos más problemáticos de citas del Antiguo Testamento en la comparación de Cristo con los ángeles que se usa en Hebreos 1?
6. ¿Qué cuestión teológica impregna todos los textos de advertencia de Hebreos? ¿Cuáles son los distintos bandos y sus interpretaciones ante esta cuestión? ¿Qué pasajes de advertencia son los más útiles para resolver el debate y por qué? Sea cual sea la cuestión que uno plantee, ¿cuál es la verdad central que el autor desea enfatizar en los pasajes de advertencia, sobre todo en Hebreos 6:4–12?
7. ¿Cuáles son las implicaciones del sufrimiento y la muerte de Cristo según Hebreos 2? ¿Qué beneficios obtiene la humanidad de su muerte, tanto en esta vida como en la venidera?
8. ¿En qué difiere de manera significativa el sacerdocio de Cristo del de los sacerdotes humanos? ¿Con qué ejemplos afirma el autor la superioridad de Jesús sobre todo el sacerdocio del Antiguo Testamento?
9. ¿Qué rasgos concretos del nuevo pacto, con Cristo, son superiores a los del viejo pacto, con Moisés?
10. ¿Cómo aclararíamos adecuadamente la traducción que la NVI hace de la definición de fe en Hebreos 11? ¿Qué ejemplos de los héroes de la fe reciben una atención más extensa y por qué motivos? ¿Qué propósito del «pasar lista» de los héroes de la fe a los Hebreos pasa a menudo desapercibido para los cristianos contemporáneos de entornos tan cómodos? ¿Cómo se recalca dicho propósito en los primeros versículos de Hebreos 12?

BIBLIOGRAFÍA SELECTA

COMENTARIOS


Nivel avanzado

Attridge, Harold W. The Epistle to the Hebrews. Hermeneia. Philadelphia: Fortress, 1989.


Ellingworth, Paul. The Epistle to the Hebrews. NIGTC. Carlisle: Paternoster; Grand Rapids: Eerdmans, 1993.
Koester, Craig R. Hebrews. AB. New York and London: Doubleday, 2001.
Lane, William L. Hebrews, 2 vols. WBC. Dallas: Word, 1991.
Nivel intermedio

Bruce, F.F. The Epistle to the Hebrews. NICNT. Grand Rapids: Eerdmans, rev. 1990. En español, La epístola a los Hebreos. Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1987.


deSilva, David A. Perseverance in Gratitude: A Socio–Rhetorical Commentary on the Epistle “to the Hebrews.” Grand Rapids and Cambridge: Eerdmans, 2000.
Hughes, Philip E. A Commentary on the Epistle to the Hebrews. Grand Rapids: Eerdmans, 1977.
Wilson, R. McL. Hebrews. NCB. London: Marshall, Morgan & Scott; Grand Rapids: Eerdmans, 1987.
Nivel introductorio

Guthrie, Donald. The Letter to the Hebrews. TNTC, rev. Leicester: IVP; Grand Rapids: Eerdmans, 1983.


Guthrie, George H. Hebrews. NIVAC. Grand Rapids: Zondervan, 1998.
Hagner, Donald A. Encountering the Book of Hebrews. Grand Rapids: Baker, 2002.
Isaacs, Marie E. Reading Hebrews and James. Macon: Smyth & Helwys, 2002.
Lane, William L. Call to Commitment: Responding to the Message of Hebrews. Nashville: Nelson, 1985.
Otros libros

D’Angelo, Mary R. Moses in the Letter to the Hebrews. Missoula: Scholars, 1979.


deSilva, David A. Despising Shame: Honor Discourse and Community Maintenance in the Epistle to the Hebrews. Atlanta: Scholars, 1995.
Dunnill, John. Covenant and Sacrifice in the Letter to the Hebrews. Cambridge and New York: CUP, 1993.
Gelardini, Gabriella, ed. Hebrews: Contemporary Methods—New Insights. Leiden and Boston: Brill, 2005.
Hurst, Lincoln D. The Epistle to the Hebrews: Its Background of Thought. Cambridge and New York: CUP, 1990.
Isaacs, Marie E. Sacred Space: An Approach to the Theology of the Epistle to the Hebrews. Sheffield: JSOT, 1992.
Käsemann, Ernst. The Wandering People of God: An Investigation of the Letter to the Hebrews. Minneapolis: Augsburg, 1984.
Lehne, Susanne. The New Covenant in Hebrews. Sheffield: JSOT, 1990.
Lindars, Barnabas. The Theology of the Letter to the Hebrews. Cambridge and New York: CUP, 1991.
Peterson, David. Hebrews and Perfection. Cambridge and New York: CUP, 1982.
Rhee, Victor (Sung–Yul). Faith in Hebrews: Analyses within the Context of Christology, Eschatology, and Ethics. New York: Peter Lang, 2001.
Salevao, Iutisone. Legitimation in the Letter to the Hebrews: The Construction and Maintenance of a Symbolic Universe. London and New York: SAP, 2002.
Scholer, John M. Proleptic Priests: Priesthood in the Epistle to the Hebrews. Sheffield: JSOT, 1991.
Thompson, James W. The Beginnings of Christian Philosophy: The Epistle to the Hebrews. Washington: CBAA, 1982.
Trotter, Andrew H. Interpreting the Epistle to the Hebrews. Grand Rapids: Baker, 1997.
Bibliografía

Mills, Watson E. Hebrews. Lewiston and Lampeter: Mellen, 2001.


1. William L. Lane, «Hebrews: A Sermon in Search of a Setting», SWJT 28 (1985): 13–18. Andrew Trotter (Interpreting the Epistle to the Hebrews [Grand Rapids: Baker, 1997], 79) llega a la conclusión de que Hebreos es «una forma literaria compleja, básicamente un sermón, pero está claro que reconstruido como epístola».

2. Puede verse un análisis completo de la cuestión en Ronald Williamson, Philo and the Epistle to the Hebrews (Leiden and New York: Brill, 1970). Cf. también James W. Thompson, The Beginnings of Christian Philosophy: The Epistle to the Hebrews (Washington: CBAA, 1982).

3. C. Spicq, «L’épitre aux Hébreux: Apollos, Jean–baptiste, les héllenistes, et Qumrán», RevQ 1 (1959): 365–90. Si se desea estudiar las evidencias de una influencia esenia posterior en Roma sobre la Primera de Clemente y el Pastor de Hermas, véase E. Glenn Hinson, Essene «Influence in Roman Christianity: A Look at the Second–Century Evidence», PRS 19 (1992): 399–407. Por otro lado, se ha establecido de manera plausible la existencia de un trasfondo ebionita (los cristianos judíos que conocemos a partir de testimonios del siglo II, que no creían en la deidad de Cristo, sino en que un poder angélico tomó posesión de él desde su bautismo hasta su pasión), si podemos asumir que existían ya a mediados del primer siglo. Michael Goulder, «Hebrews and the Ebionites», NTS 49 (2003): 393–406.

4. Véase sobre todo F.F. Bruce, La epístola a los Hebreos (Grand Rapids: Eerdmans, 1987), pp. 3–9 de la edición en inglés. David A. deSilva, en varios escritos, ahora resumidos en su comentario sociorretórico sobre Hebreos (Perseverance in Gratitude: A Socio-Rhetorical Commentary on the Epistle to the Hebrews [Grand Rapids and Cambridge: Eerdmans, 2000], 2–23) destaca que las conclusiones principales que podemos sacar sobre la constitución de la audiencia es que eran personas en posición de marginalidad en su mundo, que tenían que tratar con la desgracia o la vergüenza de ser cristianos, pero esos vínculos con el judaísmo o la persecución explícita son más precarios. Para un panorama completo de los posibles trasfondos, véase Lincoln D. Hurst, The Epistle to the Hebrews: Its Background of Thought (Cambridge and New York: CUP, 1990).

5. Basándose en el corpus específico de testimonios de la iglesia primitiva que sugerían la autoría paulina, los escribas posteriores añadieron esa afirmación en la familia de manuscritos medievales conocidos como Textus Receptus, a partir del cual se tradujo gran parte de la versión King James [y la Reina–Valera, en sus primeras revisiones, N de T.] publicada en 1611.

6. Encontramos una elaboración de las opciones principales que se discuten aquí (y algunas menos importantes que en este libro no tratamos) en torno a la autoría de Paul Ellingworth, The Epistle to the Hebrews (Carlisle: Paternoster; Grand Rapids: Eerdmans, 1993), 3–21; acerca de su incorporación al canon, cf. pp. 34–36. Para un panorama aún más reciente las opiniones de los expertos en cuanto a la autoría, junto con la defensa de Apolos, Lucas e incluso Pablo como autores, véase Simon Kistemaker, «The Authorship of Hebrews», George H. Guthrie, «The Case for Apollos as the Author of Hebrews», David L. Allen, «The Authorship of Hebrews: The Lukan Proposal», y David A. Black, «Who Wrote Hebrews? The Internal and External Evidence Reexamined», Faith and Mission 18 (2001): 57–69, 41–56, 27–40, y 3–26.

7. Cf. Klein, Blomberg y Hubbard, Introduction to Biblical Interpretation, 115.

8. Tenemos una enérgica defensa de Jerusalén en Carl Mosser, «No Lasting City: Rome, Jerusalem and the Place of Hebrews in the History of Earliest “Christianity”» (St. Andrews: Ph.D. thesis, 2004).

9. Cf. además R. McL. Wilson, Hebrews (London: Marshall, Morgan & Scott; Grand Rapids: Eerdmans, 1987), 9–12.

10. Craig R. Koester (Hebrews [New York and London: Doubleday, 2001], 50–54) estudia muchos de estos puntos y otros relacionados, concluyendo que es posible cualquier fecha entre el 60 y el 90.

11. Véase esp. William L. Lane, Hebrews 1–8 (Dallas: Word, 1991), li–lxvi.

12. Cf. todo el libro de David Peterson, Hebrews and Perfection (Cambridge and New York; CUP, 1982). Encontramos una sobresaliente reconstrucción narrativa de cómo podía haber sido la vida de uno de esos cristianos judíos en George H. Guthrie, Hebrews (Grand Rapids: Zondervan, 1998), 17–18.

13. Cf. Trotter, Hebrews, 81–94. Un estudio mucho más completo de la estructura de Hebreos, que llega a conclusiones algo diferentes, es George H. Guthrie, The Structure of Hebrews: A Text–Linguistic Analysis (Leiden and New York: Brill, 1994; Grand Rapids: Baker, 1998). Encontramos incluso otra opción probable más en Cynthia L. Westfall, A Discourse Analysis of the Letter to the Hebrews: Relationship between Form and Meaning (London and New York: T & T Clark, próxima aparición). Tal vez la propuesta más conocida para el esquema de Hebreos sea el elaborado quiasmo de Albert Vanhoye (Structure and Message of the Epistle to the Hebrews [Rome: PIB, 1989], pero muchos de los supuestos puntos de correspondencia parecen muy generales.

14. La secuencia de predicados sobre Jesús dibuja un círculo completo, desde la exaltación a la creación, a la existencia eterna, a la conservación de la creación, a la muerte y la entrada en el santuario celestial, y de nuevo a la exaltación. Véase John P.Meier, «Structure and Theology in Heb 1,1–14», Bib 66 (1985): 189.

15. Lane, Hebrews 1–8, 25.

16. Véase también Murray J. Harris, «The Translation of Elohim in Psalm 45:7–8,» TynB 35 (1984): 65–89; e Ídem., «The Translation and Significance of in Hebrews 1:8–9», TynB 36 (1985): 129–62.

17. Hay indicios de una interpretación mesiánica previos a los cristianos judíos, pero no están exentos de ambigüedad. El judaísmo postcristiano, no obstante, desarrolló una interpretación mesiánica que no es nada ambigua. El texto bien podía haberse concebido como tipológico, amén de como profético. Véase Herbert W. Bateman IV, «Psalm 110:1 and the New Testament», BSac 149 (1992): 438–53.

18. Tal vez incluso indicando que en hebreo se leía originalmente de esa manera. Véase Philip E. Hughes, A Commentary on the Epistle to the Hebrews (Grand Rapids: Eerdmans, 1977), 67, n. 38.

19. Aunque, una vez más, solo una pequeña minoría del judaísmo precristiano parece haber tomado el pasaje de esta manera, en lugar de aplicarlo a Israel de manera corporativa.

20. Cf. C.F. Keil y F. Delitzsch, «The Fifth Book of Moses», en Commentary on the Old Testament, vol. 1 (Grand Rapids: Eerdmans, reimp. 1985), 491–92. Cf. y también Gareth L. Cockerill, «Hebrews 1:6: Source and Significance)), BBR 9 (1999): 51–64.

21. Véase además Ellingworth, Hebrews, 120.

22. Para todo un libro de estudio de los usos del Antiguo Testamento en Hebreos 1, véase Herbert W. Bateman, Early Jewish Hermeneutic and Hebrews 1:5–13 (New York: Lang, 1997). Algo más breve, cf. Stephen Motyer, «The Psalm Quotations of Hebrews 1: A Hermeneutic–Free Zone?» TynB 50 (1999): 3–22. Acerca de las diversas investigaciones sobre el uso del Antiguo Testamento en Hebreos, en toda la epístola, véase George H. Guthrie, «“Hebrews» Use of the Old Testament: Recent Trends in Research», CBR 1 (2003): 271–94.

23. Bruce, Hebreos, 66 de la versión en inglés.

24. No hay nada en el aoristo de «confirmaron» en el v. 3 que sugiera que ninguna de las señales milagrosas haya cesado o perteneciera por entero al pasado. Este sencillo aoristo griego describe simplemente algunas cosas que ocurrieron antes del tiempo de escribir Hebreos.

25. Nada de su uso ni en el Salmo ni en Hebreos se refiere al Mesías. «Hijo de hombre» como en la mayoría de sus apariciones en el Antiguo Testamento, aparte de Daniel 7:13–14, se refiere simplemente a un ser un humano. «Hombre» e «hijo de hombre», como las frases en que aparece, presentan un sencillo paralelismo sinonímico. Véase, p.ej., Gerald H. Wilson, Psalms, vol. 1 (Grand Rapids: Zondervan, 2002), 204–5.

26. Leon Morris, «Hebrews», en Expositor’s Bible Commentary, ed. Frank E. Gaebelein, vol. 12 (Grand Rapids: Zondervan, 1981), 27. Morris añade: «Hay una perfección que resulta de haber sufrido en la práctica» que «es diferente de la perfección de estar listo para sufrir».

27. Space evita una discusión de cada uso del Antiguo Testamento en Hebreos. Aquí, los contextos mesiánicos más extensos del Salmo 22 e Isaías 7–9 entran sin duda en juego de cara a la interpretación de los versículos en particular.

28. Véase esp. Peter G. Bolt, «Life, Death, and the Afterlife in the Greco–Roman World,» en Life in the Face of Death: The Resurrection Message of the New Testament, ed. Richard N. Longenecker (Grand Rapids and Cambridge:Eerdmans, 1998), 51–79. Encontramos una comparación detallada entre el temor piadoso y el supersticioso en Hebreos en Patrick Gray, Godly Fear: The Epistle to the Hebrews and Greco–Roman Critiques of Superstition (Atlanta: SBL, 2003; Leiden and Boston: Brill, 2004).

29. deSilva, Perseverance in Gratitude, 137.

30. Esto no deja de ser cierto incluso para los que estaban convencidos de que Moisés fue exaltado más aún que los ángeles debido a la intimidad que se notaba que él tuvo con Dios. Pero no llegaba al nivel de la unión de Cristo con su Padre. Véase también Mary R. D’Angelo, Moses in the Letter to the Hebrews (Missoula: Scholars, 1979), 91–131.

31. Acerca del uso del Salmo 95 en toda esta sección, véase esp. Peter E. Enns, «Creation and Re–Creation: Psalm 95 and Its Interpretation in Hebrews 3:1–4:13», WTJ 55 (1993): 255–80.

32. Véase sobre todo Schreiner and Canaday, The Race Set Before Us; cf. también Gerald Borchert, Assurance and Warning (Nashville: Broadman, 1989).

33. P. Hughes, Hebrews, 157.

34. Khiok–Khng Yeo, «The Meaning and Usage of the Theology of «Rest» ( and ) in Hebrews 3:7–4:13», AJT 5 (1990): 2–33.

35. Tenemos una excelente aplicación de este texto para los estudiantes de seminario en A. T. Lincoln, «God’s Lethal Weapon (Hebrews 4:11–13)», Themelios 3 (1977): 1–3.

36. Cf. Koester, Hebrews, 274.

37. En la medida en que es coherente con el resto de la enseñanza del Nuevo Testamento acerca de este tema; véase esp. W.D. Davies, The Gospel and the Land (Berkeley: University of California, 1974).

38. Ver esp. A.T. Lincoln, «sabbath, Rest and Eschatology in the New Testament», en From sabbath to Lord’s Day, ed. D.A. Carson (Grand Rapids: Zondervan, 1982), 197–220.

39. Para similitudes y diferencias, cf. Lane, Hebrews 1–8, 98.

40. Aunque no tenemos que intentar determinar cuántas tenía en mente el autor. Véase Bruce, Hebreos, 115 de la versión en inglés.

41. Millard Erickson, Teología Sistemática (Terrassa: Clie, 2009), 735–37, con cita en p. 736 de la versión en inglés.

42. Morris, Hebrews, 46.

43. Acerca de la continuidad o discontinuidad entre los dos sacerdocios, véase Susan Haber, «From Priestly Torah to Christ Cultus: The Re–Vision of Covenant and Cult in Hebrews», VSNT 28 (2005): 105–24.

44. En cuanto a la influencia formativa de las leyes del Pentateuco para el sacerdocio en los pensamientos que aquí plantea nuestro autor, véase William Horbury, «The Aaronic Prieshood in the Epistle to the Hebrews», JSNT 19 (1983): 43–71.

45. Acerca de las dos clases de perfección implicadas, véase más arriba (p. 474). «Hay una cierta cualidad que interviene cuando uno ha realizado una acción requerida; una cualidad que no se presenta cuando solo hay disposición a actuar. Inocencia no es lo mismo que virtud» (Morris, Hebrews, 50).

46. Ellingworth, Hebrews, 286–91. Para una mirada a otras soluciones y en defensa de una variación de ésta, véase James Swetnam, «The Crux at Hebrews 5, 7–8», Bib 81 (2000): 347–61.

47. El conjunto de imágenes puede haber sido tomado de otros modelos de educación común en el antiguo mundo mediterráneo. Véase Harold W. Attridge, The Epistle to the Hebrews (Philadelphia: Fortress, 1989), 162.

48. Esto seguramente aporta una explicación a los «bautismos» en plural, mientras que la imposición de manos en este contexto describe más probablemente un aspecto de los rituales de bautismo. Véase Koester, Hebrews, 305.

49. Para una de las defensas más enérgicas de esta interpretación, a la luz de todos los datos relevantes de Hebreos, véase Scot McKnight, «The Warning Passages of Hebrews: A Formal Analysis and Theological Conclusions», TrinJ 13 (1992):21–59.

50. Encontramos un conciso panorama de las cuestiones de interpretación y de sus opciones en Guthrie, Hebrews, 223–32.

51. David Mathewson («Reading Heb 6:4–6 in Light of the Old Testament», WTJ 61 [1999]: 209–25) refuerza este punto con referencia a las citadas analogías del Antiguo Testamento.

52. Para una detallada defensa de este punto de vista a la luz de cada una de las expresiones clave de vv. 4–6, véase Roger Nicole, «Some Comments on Hebrews 6:4–6 and the Doctrine of the Perseverance of God with the Saints», en Current Issues in Biblical and Patristic Interpretation, ed. Gerald F. Hawthorne (Grand Rapids: Eerdmans, 1975), 355–64. Cf. también Wayne Grudem, «Perseverance of the Saints: A Case Study from Hebrews 6:4–6 and the Other Warning Passages in Hebrews», en The Grace of God, the Bondage of the Will, ed. Thomas R. Schreiner and Bruce A. Ware, vol. 1 (Grand Rapids: Baker, 1995), 133–82.

53. O, coincidiendo con deSilva (Perseverance in Gratitude, 221), el pueblo descrito en Heb 6.5 no puede ser salvo, puesto que la salvación para Hebreos viene determinada al final únicamente al concluir la vida de uno o cuando Cristo regrese.

54. O, más sencillamente, su juramento y su promesa (Lane, Hebrews 1–8, 152).

55. Para lo cual véase esp. Bruce A. Demarest, A History of Interpretation of Hebrews 7,1–10 from the Reformation to the Present (Tübingen: Mohr, 1976).

56. La explicación evolutiva estándar del desarrollo de la religión —del temprano politeísmo al posterior monoteísmo— no puede dar una razón para tales anomalías. Pero la historia de la misión cristiana está salpicada de ejemplos de pueblos que se encuentran con el evangelio y cuentan que encaja con las tradiciones antiguas que afirman que una vez conocieron al único y verdadero Dios, pero perdieron ese conocimiento por su rebelión. Melquisedec bien pudo haber sido parte de un puñado de personas de su sociedad que había preservado ese conocimiento. Véase Don Richardson, Eternity in Their Hearts (Ventura: Regal, rev. 1984).

57. Koester, Hebrews, 349.

58. A menudo se piensa que Hebreos contaba con el principio rabínico de que lo que no estaba registrado en la Torá no existía en realidad. Más bien puede ser que estuviese siguiendo un concepto rabínico diferente según el cual cuando un pagano se vuelve al judaísmo no tiene padre legal. Está claro que Melquisedec tenía padres, pero «no ostentaba el derecho a ser rey o sacerdote por razón de su genealogía» (M. J. Paul, «The Order of Melchizedek [Ps 110:4 and Heb 7:3]», WTJ 49 [1987]: 207).

59. Y, desde luego, la tesis de Hebreos no es que Jesús esté a la par de Melquisedec, sino que es más grande. Véase esp. Jerome H. Neyrey, «“Without Beginning of Days or End of Life” (Hebrews 7:3): Topos for a True Deity», CBQ 53 (1991): 439–55.

60. Deborah W. Rooke («Jesus as Royal Priest: Reflections on the Interpretation of the Melchizedek Tradition in Heb 7», Bib 81 [2000]: 81–94) ve aquí una tradición de realeza sacra que puede fácilmente aplicarse tanto a Jesús como a Melquisedec.

61. No es el retrato de un subordinado cortesano suplicando ante una reticente autoridad, sino el de un rey sacerdote en su trono «pidiendo lo que quiere de un Padre que siempre oye y concede su petición» (Bruce, Hebreos, 174 de la versión en inglés).

62. Acerca del curso narrativo de esta sección, cf. Gareth L. Cockerill, «Structure and Interpretation in Hebrews 8:1–10:18: A Symphony in Three Movements», BBR 11 (2001): 179–201.

63. Graham R. Hughes (Hebrews and Hermeneutics [Cambridge and New York: CUP, 1979], 66–74) observa que la discontinuidad entre los pactos se destaca más en las secciones teológicas de Hebreos; y la continuidad, en las secciones éticas.

64. Acerca de lo cual, véase esp. Susanne Lehne, The New Covenant in Hebrews (Sheffield: JSOT, 1990).

65. O, dicho en un lenguaje más sociológico, el paso de una comunidad «grupo fuerte, individuos aislados» a «grupo débil, individuos interrelacionados». Véase Richard W. Johnson, Going Outside the Camp: The Sociological Function of the Levitical Critique in the Epistle to the Hebrews (London and New York: SAP, 2001).

66. Otra posibilidad es que la «copia» del v. 5 se tradujese como «esbozo preliminar», de modo que tengamos aquí un paralelismo horizontal o temporal (más que uno vertical o especial). Véase Lincoln D. Hurst, «How “Platonic” are Heb. viii.5 and ix.23f?» JTS 34 (1983): 156–68.

67. Cf. P. Hughes, Hebrews, 301–2. Obviamente, la enseñanza será necesaria en la «era de la iglesia»; la carta a los Hebreos aporta precisamente eso, pero a los creyentes, habitados por primera vez de forma permanente por el Espíritu Santo, no habrá que repetirles «conoce al Señor», en el sentido de renovar su capacitación a cada momento.

68. No obstante, el lenguaje de inminencia señala al completo cumplimiento en el futuro, incluso a pesar de que Hebreos reconoce que ha comenzado la nueva era y la antigua está en proceso de desaparecer. Se trata de la misma estructura de «ya, pero todavía no» característica de Jesús y de Pablo. Cf. Marie E. Isaacs, Reading Hebrews and James (Macon: Smyth & Helwys, 2002), 199.

69. El altar de oro del incienso (v. 4a) no estaba de hecho en el Lugar Santísimo, sino en el patio exterior inmediato (Éx 30:6). Cuesta imaginar que un autor judío (o cualquiera tan empapado del Antiguo Testamento y de sus reglas rituales como este autor) no conozca un rasgo tan básico de la disposición del tabernáculo. Por tanto, es posible que Donald Guthrie (The Letter to the Hebrews [Leicester: IVP; Grand Rapids: Eerdmans, rev. 1983], 180) acierte al plantear que el verbo traducido como «tenía» realmente significa «pertenecía», igual que en 1 Reyes describe este altar como perteneciente al interior del santuario pese a no estar realmente en él. Para más detalles, cf. Harold S. Camacho, «The Altar of Incense in Hebrews 9:3–4», AUSS 24 (1986): 5–12.

70. En lugar de buscar símbolos en cada elemento del tabernáculo, deberíamos seguir los puntos de correspondencia que establece el autor entre el tabernáculo terrenal y el celestial, y entre el antiguo pacto y el nuevo. «La primera parte del tabernáculo es al Lugar Santísimo lo que el tabernáculo terrenal es al tabernáculo celestial», mientras que «los sacrificios diarios son al Día de la Expiación lo que los sacrificios levíticos en conjunto son al sacrificio de Cristo» (Steve Stanley, «Hebrews 9:6–10: The “Parable” of the Tabernacle», NovT 37 [1995]: 398).

71. William L. Lane, Hebrews 9–13 (Dallas: Word, 1991), 225.

72. Por otro lado, John J. Hughes («Hebrews IX 15ff. and Galatians III 15ff»., NovT 21 [1979]: 27–96) argumenta que el término significa «pacto» incluso en estos versículos, como en el resto de sus usos en Hebreos, y que el autor se está refiriendo a las muertes representativas de víctimas sacrificiales cuando se ratificaban los pactos. En el último cuarto de siglo se ha hecho cada vez más popular esta perspectiva.

73. Cf. Ronald H. Nash, «Restrictivism», en What About Those Who Have Never Heard? ed. John Sanders (Downers Grove: IVP, 1995), 108.

74. Para el aparentemente extraño uso del Salmo 40 en estos versículos, véase Bruce, Hebreos, 239–43 de la versión en inglés. La tradición de David como portavoz condujo de forma natural a recibir la atribución de «el Hijo, más grande, del gran David», mientras que «oídos» [véase la nota al pie de Sal 40:6 en la NVI. N del T] puede haber pasado a ser «cuerpo», más fácil de entender, mediante una sinécdoque.

75. Encontramos una demostración de la relevancia de estas afirmaciones y de su carácter único entre las enseñanzas de todas las religiones del mundo en William D. Spencer, «Christ’s Sacrifice as Apologetic: An Application of Heb 10:1–18», JETS 40 (1997): 189–97.

76. «La razón por la que no hay que descuidar las reuniones de la congregación es que proporcionan un escenario comunitario en el que se pueden dar el ánimo y la exhortación mutuos» (Lane, Hebrews 9–13, 290). Acerca del concepto veterotestamentario de solidaridad en Hebreos, de manera más general, véase el artículo «The Old Testament Concept of Solidarity in Hebrews» de G. W. Grogan, TynB 49 (1998): 159–73.

77. Conocido por inspirar al pastor americano, teólogo y predicador del avivamiento Jonathan Edwards a escribir su célebre sermón «Pecadores en manos de un Dios airado».

78. Grudem, Perseverance of the Saints, 177.

79. deSilva (Perseverance in Gratitude, 344, n. 20) observa que este texto describe «no a la persona que es cristiana en lo externo, pero rechaza ser transformada en lo interno; más bien describe al individuo que tiene miedo de que lo vean como cristiano en lo externo porque conoce el precio de esa identificación en una sociedad hostil».

80. «Hebreos se refiere a la contradicción entre la promesa de la Gloria y la experiencia del rechazo en el mundo» elaborando ejemplos de casos en los que las cosas terminaron bien, aunque de una manera aparentemente «contraria a lo que sería razonable esperar» (Koester, Hebrews, 469–70, citando a Aristóteles para la última expresión).

81. Para un análisis detallado, véase Pamela M. Eisenbaum, The Jewish Heroes of Christian History: Hebrews 11 in Literary Context (Atlanta: Scholars, 1997). La autora subraya el énfasis del autor en la naturaleza «no nacional», o «multinacional», de las experiencias de estos héroes, a menudo explícitas, o al menos implícitas, en el texto, pero en otros casos derivadas de experiencias con cierto paralelismo de casos de la diáspora de los judíos (y de los gentiles).

82. Este texto se cita con frecuencia para apoyar la doctrina de la creatio ex nihilo, pero «provino de lo que no se ve» deja la puerta abierta a que el Universo «fuese creado a partir de lo que era invisible», como en las cosmovisiones que creen que Dios dio forma al Universo a partir de partículas invisibles ya preexistentes. Pero, en el contexto, el v. 2 forma un quiasmo: literalmente, «por la fe entendemos: que ha sido creado [A] el mundo [B] por la palabra de Dios [C] así que no de lo visible [C] lo que se ve [B] ha sido hecho [A]». En otras palabras, ¡la entidad preexistente a partir de la cual Dios creó el cosmos era su propia palabra! Véase Ellingworth, Hebrews, 568.

83. Génesis 4:7a ya lo ha explicado: «Si hicieras lo bueno, podrías andar con la frente en alto».

84. Con frecuencia se afirma que los patriarcas podrían tal vez no creer en la vida después de la muerte, y sobre todo en la resurrección corporal, puesto que no hay ningún texto en Génesis que enseñe con claridad tales doctrinas, que parecían haber surgido gradualmente a lo largo de todo el período de formación del Antiguo Testamento. Pero todas las naciones y culturas de su entorno creían en la vida después de la muerte, así que sería sorprendente que Abraham, de Ur de los caldeos, y sus descendientes no lo hicieran. Además, está claro que los egipcios creían en la resurrección corporal, dadas sus momificaciones y elaboradas tumbas, así que difícilmente se puede decir que la religión en general no hubiera «evolucionado» hasta ese nivel. Cf. Murray J. Harris, From Grave to Glory: Resurrection in the New Testament (Grand Rapids: Zondervan, 1990), 31–36.

85. La segunda mitad del v. 21 se basa en el texto de la LXX de Génesis 47:31, que es bastante diferente del MT. Acerca de las diversas posibles explicaciones, véase Moisés deSilva, «The New Testament Use of the Old Testament: Text Form and Authority», en Scripture and Truth, ed. D. A. Carson y John D. Woodbridge (Grand Rapids: Zondervan, 1983), 147–65.

86. De nuevo sigue a la LXX en lugar de al MT con su «Mar de Juncos». Pero esta última zona, menos profunda, desembocaba en la otra, de modo que no tiene por qué haber contradicción.

87. De hecho, todos los ejemplos de la vida de Moisés hablan directamente a la situación de la audiencia de Hebreos al recomendar la fe en lugar del temor. Véase Isaacs, Hebrews and James, 133.

88. No todas las clases de padecimientos aquí expuestos aparecen en el Antiguo Testamento. Parece que el autor se ha apoyado también en tradiciones extrabíblicas, como la del martirio de Isaías, en la que dicho profeta fue partido en dos (cf. v. 37). Los que fueron torturados después de negarse a ser liberados (a cambio de violar su fe) en el v. 35 fueron probablemente los mártires macabeos (véase esp. 2 Mac 6–12).

89. Cf. también deSilva, Perseverance in Gratitude, 424.

90. Gareth L. Cockerill, «The Better Resurrection (Heb. 11:35): A Key to the Structure and Rhetorical Purpose of Hebrews 11», TynB 51 (2000): 232–33.

91. Wilson, Hebrews, 220.

92. Acerca de esto, véase esp. N. Clayton Croy, Endurance in Suffering: Hebrews 12:1–13 in Its Rhetorical, Religious, and Philosophical Context (Cambridge y New York: CUP, 1998).

93. La expresión «Padre de los espíritus» deriva probablemente de «el Dios de los espíritus de toda carne» (es decir, de los seres vivos) de Números 16:22 y otros [véase nota al pie en la NVI; N del T]. No sugiere por lógica el concepto de espíritus preexistentes antes de incorporarse a los seres humanos (Koester, Hebrews, 529).

94. Así «los bienes de la sociedad tienen una relación de valor con la recompensa de Dios similar a la relación existente entre una sola comida con un derecho de primogenitura» (deSilva, Perseverance in Gratitude, 462).

95. Como en los caps. 3–4, está claro que nuestro autor no menciona nada de ninguna esperanza que pueda albergar su audiencia acerca del regreso a la tierra de Israel para experimentar el cumplimiento literal de diversas profecías del Antiguo Testamento (sobre todo la de la reconstrucción del templo). Su manera de explicar las imágenes del Antiguo Testamento aquí es más bien «espiritualizadora», al trasladarse directamente de esta vida al «cielo». Cf. esp. Marie E. Isaacs, Sacred Space: An Approach to the Theology of the Epistle to the Hebrews (Sheffield: JSOT, 1992). Para este contraste Sinaí–Sion de los vv. 18–24 como «clave hermenéutica de la epístola» véase Kiwoong Son, Zion Symbolism in Hebrews (Milton Keynes y Waynesboro, Ga.: Paternoster, 2005), subtítulo.

96. deSilva, Perseverance in Gratitude, 485.

97. Cf. Ibíd., 508.

98. Cf. Lane, Hebrews 9–13, 526.

99. Así pues, el v. 8 no tiene nada que ver con la idea de que los métodos para la adoración y el culto cristianos tuvieran que mantenerse sin cambios de una generación a la siguiente, sin tener en cuenta su pertinencia, como a veces se afirma.

100. Koester (Hebrews, 572) prefiere, por tanto, la traducción «prestar atención a».

101. O a abandonarlo de una forma más tajante si no lo han hecho en primera instancia. Véase Norman H. Young, «“Bearing His Reproach” (Heb 13.9–14)», NTS 48 (2002): 243–61.

102. Hebreos llama, por tanto, a su audiencia a dejar un pueblo y una ciudad: el judaísmo y Jerusalén. Véase Peter Walker, «Jerusalem in Hebrews 13:9–14 and the Dating of the Epistle», TynB 45 (1994): 39–71.

103. deSilva, Perseverance in Gratitude, 513.




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