8 de pentecostés a patmos una introducción a los libros de hechos a apocalipsis


PEDRO: PERSEVERANCIA A PESAR DE LA PERSECUCIÓN



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1 PEDRO: PERSEVERANCIA A PESAR DE LA PERSECUCIÓN


AUTORÍA

Primera de Pedro 1:1 afirma que esta carta la escribió Pedro, el apóstol de Jesús. El único Pedro que aparece en el Nuevo Testamento es Simón Pedro, el principal entre los Doce, a quien le fueron prometidas las llaves del reino (Mt 16:16–19), quien negó al Señor tres veces (Mr 14:66–72 y par.), fue restaurado por Cristo después de la pesca milagrosa en el mar de Galilea (Jn 21:15–19) y sirvió como cabeza de los apóstoles y misionero, sobre todo para los judíos, durante los primeros doce capítulos de Hechos. Pablo y él tuvieron un fuerte encontronazo en Antioquía, por la cuestión de los judaizantes (Gá 2:11–15), pero más tarde se reconciliaron, personal y teológicamente (Hch 15:1–29). La tradición de la iglesia primitiva dice que Pedro fue crucificado bocabajo por Nerón en Roma, en la segunda mitad de la década de los sesenta.1 En tiempos antiguos ni siquiera se sugirió ninguna alternativa a la autoría petrina de esta carta, y muchas fuentes cristianas tempranas coinciden en señalar a Pedro como autor (véase esp. Ireneo, Contra los herejes 4.9.2; Tertuliano, Scorpiace 12; y Orígenes, citado por Eusebio, Historia Eclesiástica 6.25.8).2 Algunos autores han detectado diversas similitudes entre el estilo y contenido de 1 Pedro y varios sermones de Pedro en Hechos o expresiones suyas en los Evangelios.3

Sin embargo, varios eruditos modernos han negado que Pedro pudiera haber escrito esta epístola. Se alega que el vocabulario y el estilo son de un griego demasiado pulido como para pertenecer a un pescador judío que tiene ese idioma como segunda lengua. La persecución implícita en 4:12 (lit. «la prueba ardiente», referida a cuando el cristiano era quemado en la hoguera) y 5:9 («en todo el mundo») es demasiado intensa y extensa para encajar en una fecha en vida de Pedro, en cuyo tiempo solo se desató una persecución contra los cristianos, que se produjo en Roma y su entorno, durante el mandato de Nerón. La práctica de quemar a las personas se dio en pocas ocasiones y en un ámbito reducido. También hay quienes encuentran un problema en la aparente dependencia de las cartas de Pablo por parte de 1 Pedro, sobre todo de las cartas de la prisión, incluyendo las que a menudo se consideran postpaulinas, y también en la ausencia en esta carta de suficientes referencias a la vida y enseñanzas de Cristo.4

Por otra parte, se puede pensar en un amanuense, experto en griego, para la calidad de su estilo, aunque, más incluso que en el caso de Santiago, es prácticamente imposible determinar hoy el grado de pericia en idioma griego atribuible a un judío del siglo primero que viajaba por todas partes del mundo helenista durante varias décadas, como Pedro (sobre todo si uno no traduce mal Hechos 4:13 como dando a entender que los apóstoles eran analfabetos).5 «Con la ayuda de [dia] Silvano» en 1 Pedro 5:12 se ha tomado a menudo como la indicación de que Pedro dictó su carta a su compañero griego, que podría haber mejorado enormemente su estilo, pero estudios más recientes ponen en duda esta interpretación. La presencia de expresiones paralelas en otros pasajes no indica normalmente la ayuda en la escritura de la carta, sino simplemente en la entrega de una epístola.6

En cuanto a la persecución, la ardiente prueba puede ser una metáfora del sufrimiento intenso, sin llamas literales, como en la traducción que da la NIV (prueba dolorosa) en 1 Pedro 4:12.7 Además, en ningún período de los 150 primeros años de la historia cristiana se vio persecución de creyentes por todo el Imperio; esto no ocurriría hasta mucho más tarde. Pero hay citas de 1 Pedro a principios y mediados del siglo II por parte de escritores cristianos, así que sabemos que tenía que haberla escrito él. El capítulo 5:9 se refiere con mucha más probabilidad al hostigamiento no oficial, local, de creyentes, tal como lo padecían los cristianos tanto por parte de los judíos, como de los paganos en todas partes del libro de Hechos en la primera generación de la historia de la iglesia.8 Después de todo, el único desarrollo específico en la carta del tema de la persecución describe a los vecinos paganos que maltratan a los cristianos por no participar con ellos en sus libertinos festejos (4:4), justo la clase de rechazo local que los creyentes podrían experimentar en todas partes, independientemente de las políticas o actitudes imperiales.

En lo que concierne a la relación entre 1 Pedro y las cartas de Pablo, es dudoso que se pueda establecer su dependencia directa; los paralelos resultan más próximos en las secciones sobre el sometimiento a autoridades, instrucciones corrientes en los «códigos domésticos» de la época. Los segundos paralelismos más comunes son los cristológicos y teológicos de pasajes que, con frecuencia, se han considerado que reflejan los credos y confesiones cristianos tempranos, el tipo de material ampliamente aceptado en la iglesia primitiva.9 Y, como en Santiago, aun sin haber citas exactas de las tradiciones de Jesús, hay numerosas alusiones al tipo de cosas que Jesús hizo y dijo en los Evangelios.10 Así, aun cuando una ligera mayoría de eruditos actuales sostiene el seudonimato, apenas comparable con la situación de Colosenses entre las deuteropaulinas, el caso sigue sin resolver y permite que las afirmaciones tradicionales sobre su autoría puedan seguir siendo aceptadas. De hecho, incluso entre comentaristas poco dispuestos a llegar tan lejos, las propuestas de un «círculo petrino» de discípulos de Pedro como responsables de esta carta han crecido en popularidad. Pero no hay criterios adecuados para distinguir entre ese origen de la epístola y una paternidad literaria más directa de Pedro (o de cualquier otro autor al azar bajo seudónimo).11



LUGAR

El capítulo 5:13 envía «Saludos de parte de la que está en Babilonia, escogida como ustedes». Pero el Antiguo Testamento nos deja una Babilonia en ruinas, y en los tiempos del Nuevo Testamento solo había un pueblecito por allí cerca. No hay ningún otro documento antiguo que sugiera que el cristianismo hubiera alcanzado esa región tan pronto (ni que la hubiera alcanzado en varios siglos), y Babilonia estaba muy lejos de los destinatarios que vivieron en lo que hoy es la Turquía occidental y central (1:1). Teniendo en cuenta que Apocalipsis usa «Babilonia» como palabra en clave para referirse a Roma (Ap 17:5), que Pedro terminó su carrera apostólica en Roma y que Marcos fue a Roma para estar con Pablo a mediados de los años 60 (2Ti 4:11; probablemente también Col 4:10) y que está con Pedro cuando se escribe esta carta (1P 5:13), parece probable que Pedro escribe desde Roma.12

Una generación anterior de expertos sugería a menudo que el trasfondo más específico para el empleo de importantes partes de 1 Pedro era una liturgia bautismal.13 Comentaristas más recientes reconocen esta hipótesis como «posible», pero carente de pruebas externas suficientes como para considerarlo «probable». Aun así, está claro que hay varios credos cristológicos o confesiones del tipo de los que vemos esparcidos por las cartas de Pablo, sobre todo en 1:19–21; 2:21–25; y 3:18–22, que sería muy apropiado para ser aprendidos y recitados por nuevos creyentes, puesto que concentran la doctrina fundamental sobre la persona y la obra de Cristo. Los eruditos coinciden además en que Pedro emplea numerosas fuentes y tradiciones en todas partes de su carta — nótese también el código doméstico de 2:13–3:7—, pero reconocen que identificarlas sin nuevas evidencias para comparar es algo que está más bien fuera de nuestro alcance.14

FECHA

Los que entienden que 1 Pedro es una obra seudónima suelen fecharla en el tiempo del emperador romano Domiciano, a finales de la década de los ochenta o principio de la de los noventa, justo antes de su persecución, breve pero intensa, contra los cristianos a mediados de los noventa,15 aunque algunos la sitúan más tarde, durante las hostilidades ocurridas bajo el mandato de Trajano en la segunda década del siglo II.16 Algunos subrayan la ausencia de una persecución imperial explícita y fechan la epístola en la época comparativamente pacífica de las décadas de los setenta o los ochenta.17 Sin embargo, si Pedro escribió esta carta, es mejor darle una fecha temprana: o mediados de los años sesenta, justo antes o durante los comienzos de la persecución de Nerón. Contando con que Pedro dejó Jerusalén alrededor del 44 d.C. (Hch 12:17), podría haber viajado por las provincias a las que se refiere muy poco tiempo después, y podría haber llegado a Roma a finales de la década de los cuarenta o durante la siguiente. Pero hay una sólida tradición externa que no le sitúa en la capital imperial hasta la década de los sesenta. Al mismo tiempo, si las tradiciones que sitúan el martirio de Pedro en época de Nerón son exactas, la carta no puede ser datada después del suicidio de dicho emperador, en el año 68.18 El capítulo 3:13–14 sugiere que la persecución por causa de la fe se ve todavía como algo posible, pero no probable, mientras que 2:13–17 nos recuerda a Romanos 13:1–7 con su actitud positiva para la sumisión a las autoridades gobernantes. Todo esto sugiere la fecha del año 63 o principios del 64, quizás muy cerca en tiempo y circunstancias a la epístola a los Hebreos.19



DESTINATARIOS

Los destinatarios de 1 Pedro estaban esparcidos por todas partes de Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia, cinco provincias romanas conectadas por las calzadas que podrían haber permitido a los mensajeros pasar esta carta, y las copias que se habrían hecho de ella, de cada región de la actual Turquía a la contigua, en el orden en que se mencionan (1:1). A pesar de las expresiones de elección y dispersión (1:1–2), reminiscencia de Santiago 1:1, cabe dudar que los cristianos judíos fueran más que una minoría entre la audiencia de Pedro. Los gentiles predominaban en todas aquellas partes del mundo antiguo, y es improbable que se aplicaran a los judíos las descripciones de las vidas lascivas y de disipación que practicaban los paganos (4:4). El capítulo 2:10 refuerza la impresión de que una mayoría era cristiana gentil, al referirse a los destinatarios no como el pueblo, sino como parte del pueblo de Dios. Compárense también las descripciones de las vidas pasadas de estos creyentes en 1:14 y 18.20

En varios escritos, John Elliott ha argumentado con detalle que al menos un número significativo de «extranjeros y peregrinos» (2:11) a quienes se dirige 1 Pedro (cf. 1:1) debería considerarse como refugiados literales, desplazados de sus patrias contra su voluntad. Los términos paroikai y parepidemoi en realidad tienen como significado más común el de «extranjeros con residencia» y «forasteros de visita» en un sentido geográfico y étnico. Los terremotos, hambres, guerras y agitaciones similares desplazaron seguramente a muchos residentes del Imperio Romano en el primer siglo, aunque la persecución o el hostigamiento por la fe cristiana pueden haber llevado a otros a abandonar sus hogares,21 pero también hay un buen precedente bíblico para entender la expresión metafóricamente. Como este mundo no es el verdadero hogar de los cristianos (Fil 3:20 y Heb 11:13–16), deben considerarse extranjeros y forasteros en cualquier parte donde vivan.22 Además, el proceso mismo de conversión del judaísmo o de una de las religiones grecorromanas al cristianismo, producía la suficiente desorientación inicial y necesaria reorientación como para que los nuevos creyentes se hubieran sentido «provisionalmente sin hogar».23 Por tanto, es imposible determinar qué porcentaje de la audiencia de Pedro puede haber sido de refugiados literales.24

GÉNERO Y CONTEXTO

Primera de Pedro es la primera de las cartas no paulinas que empieza y termina como una epístola helenista. En medio, el cuerpo de la carta expone doctrina y ética, con más parecido a Hebreos que a la mayor parte de las epístolas de Pablo. Pero, a diferencia de Hebreos, el material exhortativo comienza y domina cada sección principal, dejando el material teológico, mucho más breve, para después, como fundamento para las instrucciones de Pedro. En particular, funcionan de esta manera las confesiones cristológicas o credos. La primera sección principal del cuerpo de la carta refleja un enérgico llamamiento a la santidad y un interés por que las congregaciones de Pedro manifiesten preocupación mutua mientras la sociedad circundante se descompone o se muestra hostil a ellos (1:13–2:10).25 La segunda sección principal, sin embargo, pone énfasis simultáneamente en la necesidad de mantener relaciones correctas en la familia y la sociedad como testimonio evangelizador para un mundo caído (2:11–4:19).26 Juntos, ambos objetivos tienen la función de dar esperanza en medio del sufrimiento a los creyentes perseguidos. El capítulo 4:19 («Así pues, los que sufren según la voluntad de Dios, entréguense a su fiel Creador y sigan practicando el bien») bien puede constituir la tesis de la carta, resumiendo ambos énfasis.27

Esta estructura en conjunto no se amolda muy bien a un subgénero concreto de carta. Ramsey Michael crea la etiqueta «una carta apocalíptica de diáspo-ra para Israel».28 Paul Holloway se fija más en la función que en la forma y encuentra paralelos significativos con una epístola consolatoria.29 Igual que Santiago, 1 Pedro refleja el mensaje de un dirigente cristiano judío clave que escribe a más de una sola comunidad de cristianos. La aplicación de la expresión de elegidos de Dios (véase esp. 1:1; 2:5, 9), ya no solo a los judíos, sino a la iglesia de Jesucristo, independientemente de su composición étnica, es una de las exposiciones teológicas más importantes de esta epístola.

I. Saludo (1:1–2)

II. Bendición (1:3–12)

III. Primera respuesta al sufrimiento: Creación de una comunidad santa (1:13–2:10)

A. Llamamiento a una vida santa (1:13–25)

B. Creación de una comunidad viva (2:1–10)

IV. Segunda respuesta al sufrimiento: Testimonio atractivo hacia la sociedad (2:11–4:19)

A. Buena conducta, con fines evangelizadores (2:11–12)

B. Ejemplos específicos de sometimiento a las autoridades (2:13–3:7)

1. Ciudadanos y gobierno (2:13–17)

2. Esclavos y señores (2:18–25)

3. Esposas y maridos (3:1–7)

C. Más principios generales acerca del sufrimiento inmerecido (3:8–4:6)

1. Un espíritu sumiso, no vengativo (3:8–12)

2. La improbabilidad de sufrir haciendo el bien (3:13–17)

3. El ejemplo de Jesús (3:18–22)

4. La victoria que su expiación hace posible para nosotros (4:1–6)

D. Resumen exhortativo (4:7–11)

E. Resumen doctrinal (4:12–19)

V. Exhortaciones Finales (5:1–11)

VI. Conclusión (5:12–14)




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