8 de pentecostés a patmos una introducción a los libros de hechos a apocalipsis


LA MISIÓN CRISTIANA A LOS GENTILES (12:25–28:31)



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LA MISIÓN CRISTIANA A LOS GENTILES (12:25–28:31)


El primer viaje de Pablo y el concilio apostólico (12:25–16:5). Enviando a Bernabé y a Pablo (12:25–13:3). Desde aquí hasta el final del libro, seguimos el camino y el progreso de Saulo/Pablo. Esta breve sección nos ofrece el segundo ejemplo de una ceremonia informal de ordenación: la imposición de manos sobre Bernabé y Saulo para enviarlos a la obra misionera.123 Las categorías no están del todo claras; lo que sí está claro es que a los dos se les llama «profeta» y «maestro». En 14:14, el único texto en Hechos donde Lucas quebranta su costumbre, los llama «apóstoles». Antes de iniciar su viaje eligen a un tercer acompañante, Juan Marcos, en cuya casa se había reunido la iglesia de Jerusalén para orar (12:12). Esta referencia apunta a futuras ocasiones en las que se volverá a mencionar a este discípulo, al que conocemos más por el nombre de Marcos (el autor del Evangelio que lleva por título su nombre).

El primer viaje misionero (13:4–14:28). Dado que Bernabé era natural de Chipre (4:36), es lógico que primero se detuvieran en esa isla (13:4–12). De esa visita, el único suceso que Lucas recoge de forma detallada es un extraño milagro de destrucción (nos recuerda al episodio en el que Jesús seca la higuera; Mr 11:20–25 y par.). Pablo deja ciego temporalmente a un hechicero llamado Elimas, que también tiene un nombre judío (bar–Jesús), por lo que el castigo es apropiado, ya que los judíos sabían que tenían que evitar el poder de lo oculto. Además, el milagro sirvió para que el gobernador Sergio Paulo aceptara al Señor.124
De Chipre, nuestros amigos siguen hacia el Norte hasta llegar a tierra firme, a lo que hoy es Turquía. Pero en lugar de quedarse por la costa donde había una serie de ciudades importantes, siguieron hacia el Norte hasta la región de Pisidia. En Antioquía (que no es la misma Antioquía que mencionamos anteriormente), encuentran una sinagoga y les invitan a predicar el sábado (vv. 13–41). Ésa era una de las comunidades de la provincia de Galacia, a las que más tarde Pablo dirigiría la carta que hoy conocemos. ¿Fueron en esa dirección debido a una enfermedad que Pablo había contraído (cf. Gá 4:13)? Se sabe que en las regiones costeras era fácil contraer la malaria; quienes la contraían solían mudarse a un lugar más alto y más seco para recuperarse. Pero es interesante ver también que Sergio Paulo tenía familiares en Antioquía de Pisidia, así que quizá fue él quien animó a Pablo y a Bernabé a ir en aquella dirección.125 Inexplicablemente, Juan Marcos deja a Pablo y a Bernabé, y regresa a casa en lugar de continuar con ellos (v. 13). Más adelante, Pablo dejará claro que Marcos no hizo bien (15:36–41).

En la sinagoga de Antioquía de Pisidia, Pablo repasa los sucesos principales de la historia del pueblo judío para demostrar que Jesús es el clímax de ésta. Como esta predicación de Pablo tiene muchos elementos similares a las de Pedro y Esteban, algunos críticos han dicho que las predicaciones en la literatura lucana no son totalmente originales, sino que Lucas las reelabora para que encajen en su relato. Pero es lógico que los primeros predicadores cristianos usaran los mismos textos de las Escrituras para hablar de Jesús a los judíos. D. H. Dodd dice que en estos primeros discursos se puede discernir un kerygma común que, según él, Marcos tuvo en cuenta cuando más tarde compuso su Evangelio.126 Además, los versículos 38–39 son característicamente paulinos y sirven de enlace con las epístolas, porque aparte de estos versículos, dedica muy poco espacio a la teología de la cruz y de la muerte propiciatoria de Cristo. Lo que ocurre después de la predicación de Pablo es un precedente de lo que va a ir ocurriendo de forma repetida: habrá gran interés, pero también mucha oposición, y finalmente Pablo se centrará en predicar a los gentiles (vv. 42–52).127

De Antioquía de Pisidia, Pablo y Bernabé viajan a otros lugares de Galacia: Icono, Listra y Derbe, para después volver a Antioquía de Siria (14:1–28). Los únicos elementos nuevos que se recogen en este capítulo ocurren cuando están ministrando en Listra (vv. 8–18). ¡Esta vez los críticos se quejan de que el discurso de Pablo (vv. 15–17) es tan diferente al anterior que no puede ser auténtico! Pero en Listra no había judíos. Así que Pablo tiene que ser más creativo. Los gentiles de esta región eran especialmente supersticiosos,128 y creían, entre otras cosas, que siglos atrás Zeus y Hermes habían visitado una granja del lugar, la gente del lugar les había ignorado, y ambos dioses les habían castigado por no haberles mostrado respeto (Ovidio, Las metamorfosis 8:626–724). ¿Tendría Bernabé algo que ver con Zeus (el dios principal del panteón griego) porque era el más grande y apuesto? ¿Tendría Pablo algo que ver con Hermes porque, como el dios mensajero, era el que hablaba? El libro apócrifo y tardío Hechos de Pablo y Tecla 3 (= Hechos de Pablo 3.3) contiene una descripción nada idealizada, por lo que podría ser una descripción cercana a la realidad: «hombre de baja estatura, más bien calvo, piernas arqueadas, fuerte, de cejas muy pobladas y juntas, nariz aguileña, lleno de bondad; a veces parecía hombre, pero otras veces su rostro era el de un ángel».129 La superstición de aquella zona es obvia cuando vemos las reacciones de los que allí estaban. El milagro que realizaron hizo que los aclamaran como a dioses (vv. 8–13),130 pero un grupo de judíos procedentes de ciudades que Pablo ya había visitado, convencieron al gentío del lugar para que los apedrearan (v. 19).

La falta de espacio no nos permite comentar todos los detalles importantes de cada uno de los lugares en los que Pablo ministró. Pero ya durante su primer viaje podemos apreciar algunos patrones de su obra misionera. Cuanto más se repita el patrón, más probabilidad hay de que se trate de un modelo para los cristianos de otras épocas y lugares.131

(1) En los lugares en los que había una comunidad judía, Pablo empezaba por ahí, pero luego siempre pasaba a predicar a los gentiles (cf. Ro 1:16). O generalizando y haciendo una adaptación cultural de ese principio, empezaba donde se supone que la Palabra debía ser predicada (pero se estaba haciendo de forma deficiente), y a continuación iba a comunidades menos «alcanzadas» por el evangelio. Cuando Pablo encontraba oposición en una ciudad, eso no hacía que en la siguiente cambiara su visión, por lo que aquellos que dicen que el rechazo del evangelio por parte de los judíos en el libro de Hechos es un punto de inflexión decisivo en la historia de la salvación, después del cual el mensaje cristiano ya no se debe predicar a los judíos, están peligrosamente equivocados.

(2) Uno de los patrones que, se repite es que, en sus sermones, Pablo busca algún elemento en común con sus oyentes, lo que le ayuda a explicar el Evangelio con un lenguaje comprensible, apoyando su mensaje ya sea en la revelación general (p. ej., la prueba que tenemos en la propia naturaleza, 14:17) o en la revelación especial (p. ej., las Escrituras hebreas, 13:16–41).

(3) Con pocas excepciones, Pablo se concentra en los principales centros urbanos del Imperio Romano, porque de allí el mensaje fácilmente se extenderá a las regiones más rurales (mientras que el movimiento a la inversa no era tan común).

(4) Pablo repetidamente regresa a las zonas donde ha evangelizado para hacer «seguimiento», para discipular a los nuevos creyentes. Cuando las iglesias ya están listas para un liderazgo autóctono, nombra a ancianos (14:23), reconociendo así la necesidad de que cada congregación cuente con un liderazgo local independiente.

(5) Por último, Pablo hace todo lo mencionado a pesar de la adversidad y la oposición, enfatizando que «es necesario pasar por muchas dificultades para entrar en el reino de Dios» (14:22).132

El Concilio Apostólico (15:1–35). No exageramos si decimos que el concilio en Jerusalén que se describe en los versículos 6–29 tiene una enorme importancia. En cuanto a los desacuerdos teológicos entre los hebreos y los helenistas en torno a la relación entre el evangelio y la ley, en este pasaje vemos que las tensiones de 6:8–8:3 llegan a un punto crítico. Algunos de Judea (supuestamente los judeocristianos hebraicos más conservadores) llegan a Siria y a Antioquía donde Pablo está predicando. Estos judíos enseñan que la circuncisión es un requisito para obtener la salvación (vv. 1–5). Para que les escucharan, quizá dijeron que contaban con el respaldo de los apóstoles, pero el versículo 24 deja bien claro que salieron sin la autorización apostólica. Junto con la circuncisión, estaban exigiendo a los gentiles (o temerosos de Dios)133 que observaran toda la ley, es decir, básicamente les estaban diciendo que para ser cristianos primero tenían que ser judíos. Si este acercamiento hubiera prevalecido, el cristianismo nunca habría dejado de ser una secta judía más. Por tanto, no es de sorprender que, ante una cuestión tan seria, se convoque una reunión en Jerusalén.

En el versículo 6 encontramos a los apóstoles y a los ancianos en la capital judía. Bernabé y Pablo también están presentes, representando a «los acusados». Hablando por los apóstoles, en esta ocasión Pedro defiende plenamente el planteamiento de Pablo (vv. 6–11). Su actitud parece muy diferente a su confrontación con Pablo en Antioquía (Gá 2:11–15), un tema que trataremos cuando comentemos el libro de Gálatas. Sin embargo, aquí, recordando su experiencia con Cornelio, Pedro asegura que lo único que salva es la gracia de Dios en Cristo (vv. 7–11).134

A continuación, Bernabé y Pablo toman la palabra (v. 12). En lugar de enzarzarse en una discusión teológica, apelan a los milagros innegables que Dios ha obrado en los gentiles, que han creído aparte de la ley. Muchos son los que han abusado de este tipo de apologética, pero hemos de recordar que tiene su lugar. Es cierto que Satanás puede hacer señales para engañar, y que los hombres también pueden inventárselas; pero donde hay un grupo de personas que aman a Dios, que están predicando el evangelio y sirviendo de forma honesta, y el resultado de eso es crecimiento y vidas santas, apelar a la experiencia puede tener mucha fuerza.

Por último, tenemos la intervención de Jacobo, en representación de los ancianos (vv. 13–21). Ahora, la misma conclusión a la que los demás han ido llegando, se valida con el respaldo de las Escrituras (vv. 16–18; Amós 9:11–12). El problema que encontramos aquí es de qué forma el pasaje de Amós sirve de apoyo para lo que Jacobo está queriendo transmitir. La versión que Lucas reproduce es la Septuaginta (LXX), que es sensiblemente diferente del hebreo (MT). En este último texto habla de que Israel posee el remanente de Edom, y no de que el remanente de la humanidad busca al Señor. Pero dos documentos de los Manuscritos del Mar Muerto (4QFlorilegium y CD 7:16) contienen en hebreo algo que se acerca bastante al texto de la LXX y no tanto al MT,135 así que parece ser que las palabras de Jacobo sí reflejan el texto original de las Escrituras. De forma alternativa, limitaríamos el mensaje de Jacobo al material que aparece en ambas versiones: que Dios hará que en los días finales los gentiles vengan a Israel, y los unirá como un solo cuerpo. Una forma antigua de dispensacionalismo decía que ése era el texto más importante de las Escrituras sobre el futuro de Israel, pero hoy en día la mayoría cree que el «después de esto» del versículo 16 es una paráfrasis de las palabras de Amós «en aquel día», mostrando al menos un cumplimiento parcial que empieza ya en el siglo I (recordemos el uso que Pedro hace de Joel 2:17 en Pentecostés).136

A primera vista, la solución que el concilio adopta parece sorprendente. Después de que todas las partes parecen estar de acuerdo en que la salvación es por gracia de Dios y no por las obras de la ley, ahora imponen sobre los gentiles que aceptan el evangelio cuatro restricciones (vv. 19–21): deben abstenerse «de lo contaminado por los ídolos, de la inmoralidad sexual, de la carne de animales estrangulados, y de sangre». Pero, ¿por qué estas cuatro restricciones? El texto occidental de Hechos no contiene la referencia a los animales estrangulados, interpretando al parecer que las tres cuestiones restantes son cuestiones morales: idolatría, fornicación y asesinato. Pero eso parece un intento tardío para lograr que el decreto tenga sentido. Si la palabra que traducimos por inmoralidad sexual se refiere a la prohibición de los matrimonios mixtos, entonces todas las prohibiciones podrían concordar con las leyes de Levítico 18:6–18, leyes que incumben tanto a los residentes extranjeros como a los israelitas.137 Sin embargo, otros piensan que estos tabúes se corresponden con las estipulaciones de la tradición judía sobre las leyes dadas a Noé que todos debían seguir, incluso los gentiles,138 o que todos los ítems prohibidos formaban parte de una adoración potencialmente pagana e idólatra.139

Sea cual sea su origen exacto, la observación pertinente es que el concilio no impone a los creyentes gentiles una nueva ley, ni siquiera una ley abreviada. Las prácticas que tienen que evitar son prácticas que también resultan ofensivas para los judíos, que se habían dispersado por la mayoría del Imperio Romano (v. 21). Cuando el concilio escribe la carta a los creyentes en Antioquía y las regiones de alrededor explicando su decisión (vv. 22–29), ésta finaliza diciendo, simplemente, «bien haréis si evitáis estas cosas» (v. 29), expresión que no parece hablar de una legislación preceptiva u obligatoria. Son restricciones que los líderes cristianos esperan que los creyentes gentiles adopten de forma voluntaria para no ofender las conciencias de los judíos de forma innecesaria.140 El hecho de que los cristianos que recibieron esta carta la recibieron con alegría, despidiendo luego a los mensajeros con la paz del Señor, sugiere que entendieron el «decreto» en un sentido no impositivo (vv. 30–35). El hecho de que Pablo escriba más adelante sobre la carne sacrificada a los ídolos tanto a los corintios (1Co 8–10) como a los romanos (Ro 14:1–15:13), sin hacer referencia a esta decisión, también habla de que ésta se escribió pensando en unos lectores concretos.

La sección final de esta parte de Hechos describe los preparativos para que Pablo y Bernabé regresen a las ciudades en Galacia donde han establecido iglesias. No obstante, los dos misioneros no logran ponerse de acuerdo en cuanto a Marcos, que les había abandonado anteriormente (15:36–41). Es interesante ver que Lucas no le resta importancia a este serio debate, como demuestra el uso que hace la palabra paroxysmos (cf. la palabra castellana «paroxismo»). Así, ambos acuerdan seguir en desacuerdo y partir por separado con compañeros distintos. En todo el libro de Hechos ya no volvemos a oír de Bernabé, pero sabemos por las epístolas que más adelante Pablo y Marcos se reconciliaron (Col 4:10; 2Ti 4:11; Flm 24).



En 16:1–4, Pablo y su nuevo compañero, Silas, vuelven a Galacia e invitan a Timoteo, un joven creyente de aquel lugar, a que se una a ellos. Dado que Timoteo es medio judío, debería haber sido circuncidado como judío, por lo que Pablo pone remedio a esa situación. Pero, ¿no es esa una enorme contradicción si recordamos aquello por lo que luchó en el concilio apostólico? No, porque en aquella ocasión estaban hablando de la salvación; pero aquí se trata de evitar ofender a los judíos a los que se está evangelizando. De hecho, Pablo está adoptando la misma estrategia que siguió el concilio con el «decreto», y que él mismo unciaría en 1a Corintios 9:19–23.141 De nuevo, Lucas acaba esta parte enfatizando la bendición de Dios y el crecimiento de las iglesias (v. 5).



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