8 de pentecostés a patmos una introducción a los libros de hechos a apocalipsis


PEDRO «¿QUÉ HUBO DE ESA PROMESA DE SU VENIDA?»



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2 PEDRO
«¿QUÉ HUBO DE ESA PROMESA DE SU VENIDA?»

INTRODUCCIÓN


AUTORÍA Y GÉNERO

La mayor parte de las escrituras del Nuevo Testamento que muchos eruditos modernos juzgan seudónimas estaban fuera de toda discusión en la Antigüedad. Sobre 2 Pedro, sin embargo, las dudas circularon desde los períodos más tempranos de la historia de la iglesia. Por consiguiente, ningún otro documento del Nuevo Testamento ha recibido un desafío tan permanente a sus afirmaciones tradicionales de paternidad literaria como este. Entre las objeciones antiguas estaba la carencia de suficiente testimonio externo; una gran diferencia con el estilo de 1 Pedro; y una teología profundamente helenística (Eusebio, Historia de la Iglesia 6.25.11, citando a Orígenes; véase también 3.3.1, 4; 3.25.3–4). El testimonio inequívoco más temprano de la autoría petrina (y el único testimonio del segundo siglo de esta clase) es los Hechos de Pedro (h.180 d.C.).1 Mientras que 1 Pedro se escribió en un griego bastante bueno, 2 Pedro contiene parte de la gramática más torpe del Nuevo Testamento: toques de sublime estilo clásico mezclados con muchos barbarismos no griegos.2 Su teología de apariencia helenística llega al extremo de hablar de los cristianos como participantes de «la naturaleza divina» (1:4), lo que recuerda a la apotheosis —personas que se convierten en dioses— de los paganos.3



Entre las objeciones adicionales de la actualidad están la relación de 2 Pedro con Judas y con desarrollos teológicos que aparentemente exigen una fecha tardía de al menos finales del siglo primero, posterior a la muerte de Pedro, que fue en la segunda mitad de los 60. En nuestro anterior capítulo, surge la pregunta de por qué el líder de los Doce querría tomar texto prestado de «una luz menor» como Judas, si se acepta la idea común de la dependencia de 2 Pedro respecto de Judas (véase más arriba, p. 526). En la última parte aparecen tres cuestiones de prominencia particular: (1) el problema de la tardanza del regreso de Cristo (véase esp. 3:3–10) parece demasiado serio como para haber surgido dentro de la primera generación cristiana, sobre todo considerando la referencia a los antepasados de los creyentes en 3:4; (2) 2 Pedro 3:2 parece recordar una era apostólica previa; (y 3) la carta concluye con una referencia a una colección de las cartas de Pablo como la Escritura (3:15), una convicción que habría tomado un tiempo considerable para desarrollarse después de que aquellas epístolas fueron escritas.4

Sin embargo, aún se puede establecer la autenticidad de 2 Pedro.5 Primero, el testimonio externo de apoyo a la carta es todavía mejor que el de cualquiera de los documentos discutidos que se consideran para incluirlos en el canon del Nuevo Testamento, pero que al final son rechazados.6 En la iglesia primitiva se denunciaron con especial firmeza los apócrifos neotestamentarios atribuidos a Pedro (un Apocalipsis y un Evangelio). Segundo, si el responsable del buen griego de 1 Pedro fue un amanuense (véase más arriba, p. 503), entonces 2 Pedro podría ser un más fiel reflejo de las habilidades de Pedro con el griego como segunda lengua (o quizás se valió de dos escribanos; véase Jerónimo, Epístola 120.11). Tercero, si las expresiones que Judas había empleado contra similares falsos maestros causaron impresión en Pedro, no hay ninguna razón para que no se contentara con tomar y reutilizar parte de su material.

Cuarto, el retraso de la parusía era un problema ya en los años 50 (recuérdese 1 Tesalonicenses), y los antepasados mencionados en 3:4 son casi con seguridad líderes del Antiguo Testamento —el significado que siempre tiene «nuestros padres» en otras partes del Nuevo Testamento—, sobre todo porque el autor habla de una actitud que acentúa la supuesta uniformidad de la historia «desde el principio de la creación». En quinto lugar,7 3:15 no indica cuántas cartas de Pablo se consideraban Escritura, y no hay ninguna razón por la que una colección de sus más tempranas cartas escritas, digamos, a mediados de los años 50, no pudiera considerarse como Escritura por al menos algunos cristianos de una década después. Las características que convencieron a los creyentes del siglo II de su canonicidad estaban ya presentes8 y, dado que Pedro y Pablo pasaron varios años de la década de los 60 en o cerca de Roma, Pedro en particular podría haber llegado a apreciar la naturaleza inspirada de los escritos de Pablo, sobre todo su carta a los Romanos, antes de que la mayoría de cristianos de su tiempo lo hiciera.

Además de estas respuestas al cuestionamiento de la paternidad literaria petrina, hay que subrayar los puntos siguientes: (1) el autor de esta epístola realiza afirmaciones que sugieren que él fue testigo ocular de la transfiguración (1:16). Si no fuera Pedro, sería difícil ver esta afirmación como algo que no fuera un esfuerzo deliberado por engañar a sus lectores. (2) Las propias diferencias de estilo y forma entre las dos cartas son también difíciles de encajar con las teorías de seudonimato; cabe recordar que uno de los motivos principales por los que se suele considerar a 2 Tesalonicenses y Efesios como deuteropaulinas es su supuesta imitación servil de 1 Tesalonicenses y Colosenses, respectivamente. (3) Causa perplejidad sobre todo el saludo de 1:1, donde el autor usa el nombre Sumeon Petros (Simeón Pedro), que en el resto del Nuevo Testamento solo aparece en Hechos 15:14. Esto parece mucho más una firma auténtica que una tentativa de imitar el estilo de 1 Pedro, donde el apóstol simplemente se llama Petros (1:1).9 (4) Por último, una comparación meticulosa de 1 y 2 Pedro revela numerosas semejanzas en la expresión, así como las obvias diferencias de estilo.10

Una opinión intermedia, argumentada de una manera particularmente convincente por Richard Bauckham, postula que 2 Pedro fue una recopilación póstuma, «el testamento final» de Pedro.11 Este era un género antiguo muy conocido, por lo general, aunque no necesariamente, seudoepigráfico, que adoptaba un recurso literario que seguramente no tenía intención de engañar a los lectores acerca del verdadero autor. El capítulo 1:15 podría sugerir que Pedro comenzó el proceso de preparar esta carta y pidió que un sucesor completara el trabajo si la muerte le impidiera terminarlo él. Bauckham cree que el autor era «un antiguo compañero de Pedro, que redacta el testamento de él después de su muerte, que escribe a su propio modo, pero que da toda la confianza en cuanto a su fidelidad al mensaje esencial de Pedro».12 Tertuliano (Contra Mar-ción 4:5) y la Mishná (Berakoth 5:5) sugieren que, al menos hacia el 200 d.C., se consideraba aceptable tanto en los círculos cristianos como en los judíos que un discípulo publicara bajo el nombre de su maestro. No hay seguridad de que un siglo antes también fuera así. En principio, a quienes proponen la más alta consideración de la Escritura nada les impide incorporar este tipo de hipótesis de seudonimato (o, como Marshall lo llamaría, alonimato; recuérdese nuestro comentario, más arriba, sobre las pastorales, pp. 399–526); no está claro que haya casos paralelos a este recurso libres de ambigüedad que nos consten como aceptados por los cristianos de principios del siglo segundo o finales del primero.13 Al mismo tiempo, realmente parece que el género y el contenido de un testamento encajan muy bien con lo que encontramos en esta epístola.

OTRAS CIRCUNSTANCIAS

Si al menos una parte importante de esta epístola es de Pedro, entonces hay que datarla antes del 68, como ya señalamos en 1 Pedro (p. 505). Si su forma final se debe a uno de los discípulos de Pedro, es probable que tenga una fecha de finales del primer siglo. Los defensores del seudonimato puro sugieren a menudo una fecha de principios del siglo II y hay quienes han propuesto incluso una fecha de mitad del siglo II. Pero las posibles alusiones a 2 Pedro en escritos cristianos ya a mediados del siglo II hacen que no sea muy probable.14 Si 3:1 se refiere realmente a 1 Pedro, entonces 2 Pedro está dirigida obviamente a al menos una parte de la audiencia de la primera carta, a residentes de lo que es hoy la Turquía occidental y central 15 Si se refiere a alguna carta perdida, entonces no tenemos manera de determinar la localización de los destinatarios. Puesto que Pedro escribe su primera carta desde Roma, y dado que muere en Roma, y puesto que ninguna de las tradiciones tempranas de la Iglesia le sitúa en otra parte durante los años 60, la carta viene probablemente de Roma. Si 1 Pedro se escribió justo al principio de la persecución de Nerón (o al menos cuando asomaba por el horizonte), entonces 2 Pedro se escribió probablemente después de que la persecución de Nerón ya hubiera comenzado, dado que el apóstol estaba convencido de que la profecía de Jesús sobre su muerte como mártir (Jn 21:18–19) se iba a cumplir pronto.16



Como en el caso de Judas, el objetivo clave de esta carta lo constituye el ataque a los falsos maestros, con estilo de vida libertino. En 2 Pedro, sin embargo, se presenta con claridad un fundamento doctrinal para esta inmoralidad: la negación de la parusía y, por lo tanto, de juicio final.17 Esto podría encajar con la exagerada escatología de ciertas herejías gnósticas (recuérdese el comentario a 1Co 15), pero no podemos limitarlo a esa ideología. Jerome Neyrey ha indicado paralelismos significativos con la filosofía epicúrea,18 mientras que Daryl Charles muestra cómo los falsos maestros ¡podrían haber sido estoicos!19 Que los epicúreos y los estoicos sostuvieran opiniones opuestas sobre numerosos temas fundamentales solo demuestra lo poco que sabemos en la práctica sobre los falsos maestros a los Pedro que se enfrentaba.20 En realidad, Pedro expresa su respuesta en forma de predicciones de futuros problemas, como si los herejes no estuviesen todavía por allí, pero salta con frecuencia a descripciones del presente, dejando claro que la falsa enseñanza ya está actuando.21


ESTRUCTURA

En cada uno de los tres capítulos de 2 Pedro aparece un error doctrinal importante, cada uno de los cuales parece derivar de la negación de los herejes en cuanto al regreso de Cristo (o al menos a la cataclísmica intervención divina que lo acompaña):22 la negación de la inspiración de la Escritura (refutada en 1:16–21), la negación de una moralidad básica cristiana (atacada en 2:1–22) y la negación del juicio final (refutado en 3:1–10). Si ponemos estas tres secciones en varios componentes de apertura y cierre de la carta, tenemos el siguiente esquema.

I. Comentarios de apertura (1:1–15)

A. Saludo (1:1–2)


B. Las promesas y demandas de Dios (1:3–11)
C. Disposición testamentaria (1:12–15)
II. Cuerpo de la carta (1:16–3:10)

A. Defensa de la certeza de la parusía (1:16–21)


B. La negación de la parusía trae un severo juicio (2:1–22)
C. Explicación de la tardanza de la parusía (3:1–10)
III. Comentarios de cierre: Implicaciones resultantes para la vida cristiana (3:11–18)



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