8 de pentecostés a patmos una introducción a los libros de hechos a apocalipsis



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COMENTARIO


COMENTARIOS DE APERTURA (1:1–15)

El saludo (1:1–2). Los versículos de apertura de 2 Pedro contienen semejanzas asombrosas y a la vez diferencias significativas con 1 Pedro que tienen más sentido como obra de un versátil autor único que como producto seudoe-pigráfico. Pedro es ahora Sim(e)ón Pedro (véase más arriba, pp. 540–542), no solamente un apóstol, sino también un siervo de Jesús. El final de 1 Pedro 1:2 reaparece textualmente («Que abunden en ustedes la gracia y la paz»), pero se ha ampliado con «por medio del conocimiento de Dios y de Jesús nuestro Señor». La deidad de Cristo se implica en la frase «nuestro Dios y Salvador Jesucristo», como en 1 Pedro 1:2,23 pero sin la mención del Espíritu no hay ningún trinitarianismo incipiente, solo binitarianismo.

Las promesas y demandas de Dios (1:3–11). Esta sección refleja la antigua relación benefactora patrón–cliente (recuérdese más arriba, p. 188).24 La sección tiene una semejanza con el contenido de algunas acciones de gracias epistolares mayor de la que encontramos en Judas, pero esta vez el particular género de testamento no nos lleva a esperar una oración introductoria formal. Como alguien que esperaba un próximo martirio, Pedro quiere naturalmente reafirmar a sus iglesias en el hecho de que tienen todo lo que necesitan para poder vivir una vida cristiana fiel en Jesús (v. 3), incluso si Pedro deja de estar ahí para dirigirles. El poder de Jesús permite, pues, a los creyentes «tener parte en la naturaleza divina» (v. 4a). Esta expresión es indudablemente la más polémica de todo el libro (véase más arriba, p. 539), pero el contexto inmediato explica su significado. Los versículos 3, 4b y 5–9 hablan todos claramente sobre la vida moral frente al comportamiento pecaminoso. Podemos compartir los atributos morales de Dios, pero no los ontológicos.25 Nada en esta carta insinúa, ni remotamente, que los cristianos lleguen a ser omnipresentes, omnipotentes u omniscientes.

Puede ser que los falsos maestros hubieran empleado una expresión como participar de la divinidad para arrogarse algo mucho mayor y que Pedro la retome, aunque redefiniéndola, dando así razón de la insólita terminología. También puede ser que tengamos una mejor interpretación del griego theias koinonoi phuseos en «compañeros de la deidad» que en «tener parte en la naturaleza divina», no en el sentido de compartir estatus con Dios, sino en el de colaboradores de Dios en los propósitos de su pacto que viven para siempre como Dios vive.26



Los versículos 5–9 detallan las virtudes en las que deben crecer los creyentes si han de ser eficaces compañeros de Dios. La lista específica de los versículos 5–7 no parece seguir una secuencia que requiera permanentemente en sus elementos el orden indicado, sino que en tales listas los elementos primero y último solían ser los más enfatizados. Esto cuadra bien aquí, además, con la «fe» y el «amor». La fe es también el requisito previo para que las otras virtudes sean realmente cristianas, mientras que el amor resume bien el resultado que se busca.27 Que la persona que carece de estas virtudes «es tan corto de vista que ya ni ve» (v. 9) suena un poco extraño, hasta que entendemos que la palabra de donde viene nuestro miope también podría significar «con los ojos cerrados». ¡Los creyentes que no crecen no son intrínsecamente ciegos, simplemente han cerrado sus ojos a la verdad durante un tiempo!28 Los que avanzan de esta manera se aseguran «del llamamiento de Dios, que fue quien los eligió» (v. 10), un recordatorio de que la opción de predestinación de Dios nunca funciona aparte de la libre respuesta humana. Esos creyentes tampoco caerán nunca, en el sentido de cometer apostasía pura y dura, sino que recibirán una calurosa acogida en la plenitud del reino de Dios en la vida venidera (v. 11).29

La disposición testamentaria (1:12–15). A este fin, Pedro prepara a su audiencia de modo que incluso después de que él haya muerto, y aun cuando ya había aprendido los fundamentos de la fe, recuerde una y otra vez los principios cristianos clave. Sobre la posible importancia de este párrafo para las circunstancias que rodean la publicación de esta carta, véase más arriba (p. 542). Si la carta se terminó realmente antes de la muerte de Pedro, es obvio que él previese la posibilidad de no contar con tiempo suficiente para hacer todo que le gustaría con el fin de preparar a sus lectores para su partida, así que se esforzará (v. 15) por dejarlos listos mientras dure su vida.

CUERPO DE LA CARTA (1:16–3:10)

Se defiende la certeza de la parusía (1:16–21). Es posible que el cuerpo de la carta mencione tres problemas con los falsos maestros a los que Pedro combate: negación de la inspiración de la Escritura, un estilo de vida inmoral y la negación del regreso de Cristo y del juicio final. Pero, más probablemente, las tres cuestiones forman parte de un problema principal de cuestionar la creencia en la Segunda Venida de Cristo, como se aclara en 3:4. Por eso Pedro señala en particular su experiencia en la Transfiguración (Mr 9:2–8 y par.) como una prefiguración del regreso de Cristo en gloria e insiste en que ese relato no es ningún mito (vv. 16–18). Muthoi (v. 16) puede significar simplemente «historias», pero a menudo connota algo «falso o impropio»; «los pensadores racionalistas del mundo antiguo solían criticar las historias de fantásticos castigos póstumos en el inframundo como mitos fabricados para el control moral y social de los ingenuos».30

Sin embargo, la realidad de la experiencia de Pedro con Jesús otorga a las profecías del Antiguo Testamento sobre el Día del Señor, en el que ahora se reconoce incluida la parusía de Cristo, esta certeza aún mayor (vv. 19–21). Así, todos los cristianos profesantes deberían prestar cuidadosa atención a las palabras de los profetas, no menospreciándolas, del mismo modo que las personas siguen una luz para encontrar la salida de un lugar oscuro, hasta que Cristo, la Estrella de la Mañana, regrese. Después de todo, ninguna profecía bíblica puede ser interpretada simplemente conforme al capricho personal, como seguro que hacían los falsos maestros, porque no es de origen meramente humano. Más bien, Dios, por su Espíritu, inspiró a los autores humanos de la Escritura e ilumina a sus intérpretes cuando realmente siguen al Espíritu de Dios en lugar de al propio.31



La negación de la parusía trae un severo juicio (2:1–22). Si Cristo no vuelve, porque no hay ningún final sobrenatural para el mundo como lo conocemos, entonces no hay juicio final y no hay razón final para no buscar el placer temporal y el poder, incluso si ello requiere un comportamiento inmoral. Una lógica como ésta es la que llevó a los falsos maestros a quienes Pedro se opone a saciarse de todos los pecados que el capítulo 2 denuncia. Aquí, Pedro muestra claramente cómo se apoya en la carta de Judas, tomando una gran parte de las analogías que Judas había usado en su epístola, aunque insertando comentarios adicionales y modificando las imágenes de manera que encajen en su ligeramente distinta situación y que rompan el fuerte entretejido midrá-sico de la estructura de Judas (véase más arriba, p. 526). Como ya hemos comentado la mayor parte de este material en relación con Judas, limitaremos nuestros comentarios a las secciones más distintivas.32

El versículo 1 introduce el argumento de los falsos maestros como si fueran un fenómeno todavía por llegar. Pero el capítulo cambia del futuro de los versículos 1–10a al presente de 10b–22, lo que sugiere que esos individuos ya habrían comenzado a infiltrarse en las congregaciones a las que escribe. Pedro añade a la expresión de Judas de negar a su Soberano Señor la cláusula «que los rescató», lo que da a entender o bien que se trata de cristianos verdaderos que pierden su salvación o bien que el alcance de la expiación de Cristo no está limitado a los «elegidos». En vista de los versículos 20–22 (véase más adelante), es preferible la segunda conclusión. El término para «infierno» en el versículo 4 viene de la palabra tartarus, que no se emplea en ninguna otra parte de la Escritura, pero que era conocido en la mitología griega como «el abismo subterráneo en el cual los dioses rebeldes, los hombres infames, etc., eran castigados», 33 una denominación apropiada para la experiencia de los demonios después de caer. El versículo 5 se refiere a Noé como «predicador de la justicia». El relato de Génesis no describe explícitamente a Noé obrando conforme a ese don, pero ¿qué le diría a la gente durante los largos años de construcción del arca? Las tradiciones judías posteriores aplicaban con regularidad este calificativo a Noé (cf., por ejemplo, Josefo, Antigüedades 1.74).

Más perplejidad nos causa la etiqueta que pone a Job como un hombre justo «que se hallaba abrumado por la vida desenfrenada de esos perversos» de Sodoma y Gomorra (v. 7). Después de todo, en Génesis 19:8, él se ofrece para entregar a sus hijas vírgenes a la lasciva muchedumbre. Pero, sin embargo, se puede explicar ese extraño ofrecimiento viendo que trataba de proteger y así demostrar la hospitalidad apropiada a sus visitantes angelicales, y no tenemos ninguna indicación de que esto fuera más que un único lapso en una vida que, por otra parte, era ejemplar hasta el punto de permitir que su familia y él pudieran ser rescatados de la destrucción de aquellas dos ciudades.34 La creencia en el sufrimiento que Lot experimentaba en su alma (v. 8) bien puede derivar de la versión de Génesis 19:16 en la LXX, con un pequeño cambio de puntuación.35

El versículo 13 presenta una aplicación de lex talionis (juicio del «ojo por ojo») del Antiguo testamento, que deja el castigo de Dios para los incrédulos hasta la era del Nuevo Testamento. Independientemente de que las referencias más tempranas a «la vida desenfrenada de esos perversos» del entorno de Job (v. 7) pueden haber hecho pensar en pecados homosexuales, el versículo 14 se refiere explícitamente al adulterio, confirmando nuestra primera idea de que el pecado sexual per se, no necesariamente de una clase particular, caracterizaba a los falsos maestros de las iglesias de Pedro. También en el caso de Balaam se destaca aquí un elemento diferente de su historia (vv. 15–16): la tentación de vender sus servicios proféticos por dinero, lo que llevó a que Dios le reprendiera por boca de su propio asno (Nm 22:21–41).

Los versículos 18–19 expresan de manera explícita lo que en Judas seguía implícito. Los herejes no solo traen la destrucción sobre ellos mismos, sino que amenazan con conducir a otros también a la esclavitud del pecado. El versículo 20, a primera vista, parece describir a los que se han metido en la herejía como personas que una vez fueron creyentes genuinos. Pero el versículo 22 les aplica dos proverbios que señalan en la dirección opuesta. Así como el perro vuelve a su vómito y el cerdo se revuelve en el fango, así alguien que nunca se ha arrepentido de verdad puede sonar y actuar como cristiano un breve tiempo, pero al final reafirmará su original creencia y conducta dañinas.36 El versículo 21 es difícil de compatibilizar con cualquier creencia aniquilacionista, porque el cese de la existencia consciente al morir difícilmente puede ser un destino peor para una persona que para otra. Pero si el infierno es alguna forma de castigo consciente, si bien en grados que varían enormemente según la forma como uno entienda la voluntad de Dios (Lc 12:47–48), entonces las palabras de Pedro tienen perfecto sentido.

Explicación de la tardanza de la parusía (3:1–10). La clave filosófica de la negación por parte de los falsos maestros del regreso de Cristo se sustenta en el naturalismo o uniformismo (vv. 3–4), notablemente similar a la convicción del ateo de nuestros días de que este mundo funciona simplemente conforme a leyes científicas analizables sin interferencia sobrenatural alguna. Pedro contesta que esta visión del mundo pasa por alto dos grandes acontecimientos de la historia humana que ya lo han refutado: la creación del mundo a partir de la nada y el diluvio universal (vv. 5–6). Resulta interesante que la teoría actual de que el Big Bang es el origen del Universo se parece mucho a la de creatio ex nihilo, mientras siguen aumentando las evidencias de un diluvio de enormes dimensiones en la Antigüedad.37 Pero incluso en los tiempos de Pedro, las personas contaban con las Escrituras, compuestas por los profetas del Antiguo Testamento38 y los apóstoles del Nuevo,39 los cuales daban testimonio de estos hechos (vv. 1–2). El rechazo de este testimonio solo puede conducir al juicio final (v. 7).

Este juicio será acompañado por la siguiente gran conflagración sobrenatural: la destrucción del universo presente y la creación de nuevos cielos y nueva tierra (vv. 7, 10b, 12b–13; cf. Is 65–66; Ap 21–22). Los que piensan que treinta y cinco años o algo así tras la muerte de Cristo constituyen una demora excesiva para su regreso (¡o los que creen que dos mil años son demasiado!) deben reconocer el principio ya expresado en el Salmo 90:4 de que mil años son como un día a los ojos de Dios: su perspectiva del tiempo es infinitamente distinta de la nuestra (v. 8). ¿Puede un período finito de tiempo ser considerado demasiado largo si se mira desde la superior posición de eternidad?40 Pero la razón de la tardanza, como ellos la perciben, de Dios para causar los acontecimientos del fin de este mundo como lo conocemos, que la Segunda Venida de Jesús desencadenará, es que entonces no habrá ni la más remota oportunidad de arrepentirse para nadie. Dios quiere que todos (pero no obligará a nadie) se salven (v. 9). Pero llegará el momento en que su paciencia alcance su fin, y el Día del Señor vendrá sin aviso para los que no estén preparados (recuérdese 1Ts 5:2 y cf. Mt 24:43).



COMENTARIOS DE CIERRE: IMPLICACIONES RESULTANTES PARA LA VIDA CRISTIANA (3:11–18)

Como con la práctica paulina de exhortación después de la Teología, pero sin una conclusión formal de la carta, Pedro termina con las implicaciones éticas de su instrucción. Los creyentes deben vivir vidas santas, llenas de gracia y de acuerdo con la verdadera doctrina (vv. 11, 14 y 18), algo diametralmente opuesto a lo que hacen los falsos maestros. A medida que más sean salvados, el final se vislumbrará cada vez más cerca (vv. 12a y 15a), pero, como no sabemos cuál es «la totalidad» (Ro 11:25), no podemos usar este hecho para predecir la cronología del fin.41 Por último, los cristianos deben guardarse de quienes tergiversan las Escrituras, como parece que hacían los falsos maestros (vv. 15b–17a). La referencia específica a Pablo bien puede indicar que hubiesen falsificado su enseñanza sobre la gracia, como en 1 Corintios 6:12. Guardándose así tendrán el antídoto infalible contra la apostasía (vv. 17b–18). Las expresiones de estos dos últimos versículos reiteran temas del principio de la epístola, lo que crea una inclusio que envuelve la carta entera42





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