8 de pentecostés a patmos una introducción a los libros de hechos a apocalipsis


LAS EPÍSTOLAS DE JUAN: EVIDENCIAS DE VIDA NUEVA 1a JUAN: REBATIENDO A LOS SEPARATISTAS



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LAS EPÍSTOLAS DE JUAN: EVIDENCIAS DE VIDA NUEVA

1a JUAN: REBATIENDO A LOS SEPARATISTAS

INTRODUCCIÓN


AUTORÍA

Como la epístola de los Hebreos, formalmente, 1a Juan es anónima. En toda la carta no hay ni un solo versículo que dé el nombre o descripción de su autor. No obstante, numerosos escritores cristianos tempranos recogen que el autor de esta epístola fue Juan. Entre los más antiguos están Tertuliano, Clemente de Alejandría y Orígenes.1 El estilo y vocabulario de esta carta es muy similar al de las llamadas 2a y 3a Juan, de las que tan solo se diferencia en algunos pequeños detalles. Aunque con algunas variaciones más, 1a Juan también se asemeja bastante en cuando a dicción y sintaxis al Evangelio de Juan.2 Algunos de los paralelismos son realmente sorprendentes. Por ejemplo, solo el Evangelio y 1a Juan usan el término parakletos para referirse al Espíritu Santo, y el término monogenes («hijo único») para referirse a Jesús. El griego que se usa en estos documentos es el más sencillo de todo el Nuevo Testamento, pues se trata del griego coiné, el que hablaban y usaban los judíos que habían aprendido ese idioma como segunda lengua.

Otros términos o temas similares son los siguientes: la vida, la luz, la fe, el testimonio, la verdad; también, la idea de permanecer, de guardar los mandamientos, y de amarse los unos a los otros. Por tanto, aunque algunos estudiosos creen que el autor del Evangelio y el de 1a Juan no es el mismo, y aunque un número reducido de ellos piensa que el autor de 1a Juan no es la misma persona que el autor de 2a y 3a Juan (se llama a sí mismo «el anciano»; ver más adelante, p. 569)3, un número considerable de comentaristas reconoce la alta probabilidad de que estos cuatro documentos vengan de la misma mano.4

Entonces, ¿quién es el autor? El temprano testimonio de Papías (principios del siglo II; citado por Eusebio en Historia Eclesiástica 3.9.3-4) recoge lo siguiente: «Escuchando a los ancianos, procuré averiguar qué habían dicho Tomás o Jacobo o Mateo o cualquier otro discípulo del Señor, y qué habían dicho Aristión y el anciano Juan, el discípulo del Señor». A partir de esta cita, se podría entender que había dos personas llamadas Juan: un anciano de la iglesia a principios del siglo II, y el apóstol e hijo de Zebedeo. Ello explicaría que el autor de 2a y 3a Juan se describiera en los primeros versículos de esas epístolas como «el anciano», y que la tradición temprana de la iglesia asociara estas dos epístolas a alguien llamado Juan.5 Sin embargo, no explicaría por qué en 1a Juan no aparece ningún nombre, y cabe la posibilidad de que Papías mencione al apóstol dos veces, que se trate de una misma persona que pertenece a dos grupos diferentes, ya que es el único apóstol que vivió hasta principios del siglo II y también fue anciano de su iglesia local o iglesias locales.6

Muchos estudiosos hablan de una escuela o comunidad joánica que editó (o produjo) la literatura que tradicionalmente se atribuye a Juan, y que dicha producción se hizo en varias etapas de composición y/o redacción. En cuanto al Evangelio, creer que pudo haber un mínimo trabajo de edición del Evangelio es aceptable, si tenemos en cuenta la cantidad de testigos mencionados en Juan 21:24-25. Una hipótesis razonable sugiere que el Evangelio apareció en su forma final justo después de la muerte de Juan, lo que explicaría la inclusión de 21:20-23 para evitar falsos rumores sobre lo que Cristo había prometido a Juan. El editor o editores podrían haber añadido todo el capítulo 21, dada la aparición de 20:31 como final del Evangelio, y también las referencias en tercera persona al discípulo amado que aparecen a lo largo de todo el Evangelio. Pero el grueso del texto vendría de la mano del apóstol (21:24).7 Teorías, hay muchas. Hay otras mucho más elaboradas que ésta, que recogen hasta nueve etapas de composición entre el texto puramente joánico del Evangelio y la forma final de la primera epístola.8 En el mejor de los casos, esas teorías se basan en especulaciones fundamentadas; en el peor de los casos, en especulaciones imaginarias sin ningún tipo de base.9 A la luz de la clara afirmación en 1a Juan 1:1-4 de que el autor está hablando a personas que habían visto, oído y tocado a Jesús, creemos que es posible defender la postura tradicional de que el autor es el apóstol Juan, el discípulo amado y uno de los tres seguidores más cercanos de Jesús.10

CIRCUNSTANCIAS

La tradición recoge que los destinatarios de la literatura joánica eran las congregaciones cristianas de Éfeso y alrededores hacia finales del siglo primero (probablemente en la última década del siglo). Si miramos las evidencias internas de 1a Juan, la comunidad joánica está afectada por la enseñanza de falsos maestros que niegan la humanidad total de Cristo, que dicen haber llegado a la perfección y estar libres de pecado, y que promueven ciertos estilos de vida que trasgreden la ley. Este cuadro encaja con las descripciones del maestro protognóstico Cerinto, que enseñó en Éfeso y alrededores en las misma época que el apóstol (Ireneo, Contras las herejías 1.26.1, 3.11.1). Una conocida historia que se atribuye a Policarpo, discípulo del apóstol Juan, cuenta de una vez que Juan fue a los baños públicos de Éfeso. «Cuando se dio cuenta de que Cerinto estaba en los baños, se marchó de allí sin bañarse y diciendo, “Salgamos de aquí, no vaya a ser que los baños se vengan abajo, porque dentro está Cerinto, el enemigo de la verdad”» (Ireneo, Contra las herejías 3.3.4).

Aunque tenemos que evitar la tentación de meter en el mismo saco a varios movimientos relativamente diferentes, sí podemos sugerir, junto a Rudolf Schnackenburg, que 1a Juan combate a los falsos maestros que están dividiendo la(s) iglesia(s) y llevándose con ellos a una serie de seguidores (ver esp. 2:19); y que la polémica gira en torno a tres ideologías parcialmente relacionadas entre ellas: el gnosticismo incipiente, el docetismo, y el cerintianismo.11 De la primera de ellas podría venir la idea de que una vida sin ley era compatible con la madurez espiritual; de la segunda, que Cristo no era humano, sino que solo lo parecía; y de la tercera, que el Espíritu descendió sobre Jesús en su bautismo y salió de él antes de la crucifixión, porque Dios no puede sufrir y morir como si fuera humano (comparar con 5:6, y ver más adelante: p. 564-566). Al mismo tiempo, no podemos dejar de mencionar la oposición judía que la iglesia de Éfeso vivió en el momento en el que se escribió el cuarto Evangelio. El énfasis de que Jesús es el Cristo o Mesías continúa; si ya para los judíos que seguían a Jesús era difícil de aceptar, mucho más para la comunidad judía en general.12

LAS DOCTRINAS GNÖSTICAS FRENTE A LAS EVIDENCIAS DE VIDA EN JUAN


Perfeccionismo

vs.
cumplir los mandamientos


Antinomianismo

vs.
cumplir los mandamientos y el amor


Docetismo

vs.
creer en la plena humanidad de Cristo


Es interesante comparar 1a Juan con el Evangelio de Juan en cuanto a otro aspecto. Mientras que el cuarto Evangelio hace más hincapié en la deidad de Jesús que los Sinópticos, en 1a Juan vemos un énfasis mayor en su humanidad (claramente, debido a las creencias de los docetas contra los que el apóstol lucha). En el Evangelio, según los comentaristas hay una fuerte dicotomía entre la ley y la gracia; en la epístola, hay un énfasis mayor en el cumplimento de la ley (por establecer una diferencia clara con la conducta inmoral de los falsos maestros). En el Evangelio, Juan subraya la «escatología realizada» (la vida eterna o la muerte ya empiezan ahora en la era presente); en la epístola, predomina el énfasis futurista (quizá para contrarrestar la idea gnóstica de que la salvación se logra de forma plena en este vida). Por último, aunque el Evangelio contiene poca cosa (en comparación con los Sinópticos) sobre el significado expiatorio de la muerte de Jesús, en 1a Juan el tema reaparece de forma más detallada (para contrarrestar la falta de dicho énfasis en el protognosticismo). Si el cuarto Evangelio se escribió teniendo en cuenta por un lado la polémica judía, y por otro (aunque en menor medida) las tendencias gnósticas y similares, lo que podría haber ocurrido es que el problema gnóstico siguió creciendo cuando los falsos maestros tomaron algunos de los énfasis de Juan y los distorsionaron, exagerándolos y aplicándolos según su criterio, por lo que fue necesario que en sus epístolas, Juan retomara aquellas doctrinas de la fe cristiana que se estaban dejando a un lado.13 Gary Burge lo explica de forma provocativa: «Fueron las cartas de Juan – la primera en particular – las que redimieron el cuarto Evangelio, y así éste pudo entrar a formar parte del Nuevo Testamento» 14



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