8 de pentecostés a patmos una introducción a los libros de hechos a apocalipsis



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ÉNFASIS EN LOS ESCRITOS DE JUAN


Si esta hipótesis tiene algún valor, entonces tenemos que aceptar que las epístolas fueron escritas después del Evangelio. Si el Evangelio de Juan se escribió a finales de los 80 o principios de los 90 del siglo I,15 entonces tendríamos que fechar las epístolas en la década de los 90. Pero si las epístolas no fueran una reacción ante el énfasis tan específico del cuarto Evangelio, o si el Evangelio es de la década de los 60, según la opinión de unos pocos estudiosos, entonces es cierto que las epístolas podrían haberse escrito en cualquier momento entre la década de los 60 y la década de los 90.16 En el comentario de Gálatas 6:10 de Jerónimo (a principios del siglo V), se recoge una tradición cristiana posterior que encaja con la fecha en la que Juan ya debía de ser muy anciano. Dice que cuando ya no podía caminar sin ayuda, sus discípulos le llevaban a la iglesia, y él solo decía «hijitos, amaos los unos a los otros». Dice también que después de escuchar esa orden una y otra vez, le preguntaban por qué solo les decía eso, a lo que él contestó: «Porque es el mandamiento del Señor, y si eso es lo único que hacéis, ya es suficiente» (Jerónimo, Comentario de Gálatas 6.10).


GÉNERO Y ESTRUCTURA

En cuanto a la forma, 1a Juan tiene pocas similitudes a una carta. No contiene el típico párrafo de introducción, ni tampoco un final epistolar. No sigue la estructura epistolar común. De hecho, según algunos estudiosos, ¡no tiene una estructura clara! En cuanto al género, pues, algunos han sugerido que se trata de una homilía, una diatriba, un tratado informal, un trabajo académico, y hasta una encíclica pastoral. La naturaleza circular de la última de las posibilidades mencionadas (una declaración doctrinal para una serie de congregaciones) podría explicar que al principio y al final de la carta no haya ninguna referencia personal.17 Una generación pasada de eruditos intentó dividir 1a Juan apuntando a diferentes fuentes y a una unificación posterior, pero este acercamiento ya quedó descartado hace tiempo.18 El propósito de la carta parece quedar resumido en 1a Juan 5:13: asegurar a los verdaderos creyentes que tienen la salvación, a la luz de la disensión y la herejía del momento; aunque en un contexto así vemos tanto una intención pastoral como argumentativa.19 Lo que está claro en cuanto a la estructura es que Juan toca de forma repetida tres temas clave, que forman lo que se ha llamado «las evidencias de una vida nueva»: amarse los unos a los otros, guardar los mandamientos, y creer en la completa humanidad y la completa divinidad de Jesús.20 Aunque reconocemos que quizá estamos asignándole a la «epístola» una estructura más rígida que la que el propio Juan tenía en mente, sugerimos el siguiente esquema:

I. Prólogo (1:1-4)

II. Evidencias de vida: ciclo uno (1:5:2-27)

a. El pecado frente a la obediencia (1:5-2:6)
b. Amor los unos por los otros (2:7-17)
c. Cristología correcta (2:18-27)
I. Evidencias de vida: ciclo dos (2:28-4:6)

a. El pecado frente a la justicia (2:28-3:10)


b. Amor los unos por los otros (3:11-24)
c. Cristología correcta (4:1-6)
II. Evidencias de vida: ciclo tres (4:7-5:21)

a. Amor los unos por los otros (4:7-21)


b. Cristología correcta (5:1-15)
c. El pecado frente a la vida (5:16-21)21


COMENTARIO


PRÓLOGO (1:1-4)

Aunque mucho más breve, este párrafo introductorio nos recuerda al prólogo del Evangelio de Juan (Juan 1:1-18).22 El Hijo existía desde el principio con el Padre (ver Juan 1:1-2, 18), pero se encarnó y dio a sus seguidores la oportunidad de verle, escucharle y tocarle, confirmando así su humanidad (ver Juan 1:14). El papel de aquellos que le vieron es dar testimonio de lo que vivieron (ver Juan 1:6-8, 15): que Jesús es Aquel que trae vida eterna (ver Juan 1:4). La proclamación de las buenas noticias da gozo tanto a los predicadores como a sus oyentes, porque las noticias consisten en que Jesús trae comunión entre Dios y la humanidad, y comunión entre los redimidos.23



EVIDENCIAS DE VIDA: CICLO I (1:1-5-2:27)

El pecado frente a la obediencia (1:5-2:6). La primera evidencia de una vida nueva es la obediencia a los mandamientos de Dios (2:3). Una expresión equivalente es la metáfora joánica de «caminar en la luz» (1:7), frente a vivir en la oscuridad. Los falsos maestros estaban promoviendo un perfeccionismo imposible, y Juan tiene que rebatirlo. Creer que uno no tiene pecado es pecado en sí, porque es mentira. En este contexto, la obediencia consiste en confesar ese pecado, para que la comunión con Dios pueda ser restaurada (1:9). Así, el cuerpo de esta carta empieza en 1:5 con la declaración de que Dios es luz, la única fuente fiable que nos ilumina para que sepamos cómo vivir. Los versículos 6-10 recogen tres ideas de aquellos falsos maestros de línea gnóstica (habían separado la espiritualidad interior de la moral exterior:)24 (1) Puedo establecer una separación entre mi relación con Dios y mi estilo de vida (v. 6). (2) Como cristiano, puedo llegar a estar libre de pecado (v. 8). (3) Algunos ya hemos alcanzado ese estado (v. 10). Después de cada uno de estos versículos, Juan intercala cuál es el remedio: caminar con Dios, que nos lleva a un estilo de vida concreto (v. 7),25 confesar nuestros pecados (v. 9), y reconocer que Jesús ha realizado la expiación necesaria para el perdón de esos pecados (2:1-2).

Probablemente, los falsos maestros no creían que habían logrado erradicar la naturaleza pecaminosa que heredamos por pertenecer a la humanidad caída; pero lo que sí estaban diciendo es que habían logrado no cometer ningún pecado durante un periodo de tiempo considerable, quizá desde que recibieron la «iluminación» que su sistema de creencias les otorgaba.26 A lo largo de la historia de la iglesia, esta mentira se ha venido repitiendo una y otra vez. «El perfeccionismo siempre ha tenido cierto atractivo para los piadosos, para los intelectuales, y para aquellos que creen que ya dominan lo elemental. 1a Juan enseña que la perfección es obedecer la palabra de Dios, ni más, ni menos.»27 La verdadera fe cristiana nos lleva a reconocer que necesitamos obedecer todos los mandamientos de Dios, viviendo como Jesús, es decir, dejando que Dios transforme nuestro interior y también nuestra conducta (2:3-6).

Amor los unos por los otros (2:7-17). La segunda evidencia una vida nueva tiene que ver con amarse los unos a los otros. Ciertamente, el mandamiento de Dios se puede resumir en el mandamiento del amor (v. 7-11), que es tanto un mandamiento antiguo, como nuevo (v. 7-8). Era la base de la ley (recuérdese que Jesús cita Dt 6:4 y Lv 19:19 en Mr 12:29-30 y par., cuando habla de amar a Dios y al prójimo), así que se trata de un principio antiguo. Pero la llegada de Jesús nos acercó el amor de Dios aún más, por lo que no hay duda de lo crucial que es para la comunión cristiana. Los que dicen ser cristianos, pero dividen la iglesia y no aman a los creyentes que les rodean, ponen en evidencia sus propias palabras. Por otro lado, el verdadero amor cristiano previene la apostasía (v. 9-11). El término «hermano» que aparece en las epístolas de Juan hace referencia a cualquier miembro de la comunidad cristiana, pero algunos de ellos resultan ser unos impostores.28

Todos los sectores de la comunidad tienen la responsabilidad de vivir como Juan ordena (v. 12-14). Los tres términos diferentes con los que Juan se dirige a sus congregaciones se refieren, con casi toda probabilidad, a todos sus lectores («queridos hijos», el término que siempre usa para referirse a todos los destinatarios de sus escritos, p. ej., 2:1, 18, 28; 3:7, etc.), aunque hace una distinción para dirigirse de forma específica a los mayores por un lado, y a los jóvenes por otro (ya sea biológica, o espiritualmente hablando).29 Como vemos, Juan usa el verbo «escribir» seis veces. Si miramos el texto griego, las tres primeras veces el verbo está en presente, y las otras tres, en aoristo (tiempo pasado). Cuando aparece en pasado no se está refiriendo a una carta anterior; lo que Juan hace es enfatizar lo que está diciendo en ese momento, para luego enfatizar que lleva toda la carta apuntando a eso.30

El amor cristiano lleva, además, a no amar al mundo caído y todos sus atractivos pasajeros (v. 15-17). Las tres tentaciones del versículo 16 nos recuerdan a las tentaciones a las que se enfrentaron Adán y Eva en el Edén, y también Jesús en el desierto.31 La traducción literal sería: «la lujuria de la carne, la lujuria de los ojos y el orgullo de la vida». Es decir: la neura del sexo, las ansias por comprar cualquier cosa que uno vea, y el orgullo que uno alberga cuando tiene mucho o es alguien importante.

Cristología correcta (2:18-27). La tercera evidencia de una vida nueva tiene que ver con una cristología correcta. Los falsos maestros a los que Juan se enfrenta son «anticristos», que apuntan al anticristo de los últimos tiempos (v. 18). Estos maestros, como algunos de sus seguidores, se han separado de la comunidad cristiana, demostrando así que realmente nunca pertenecieron a ella (v. 19). Los calvinistas suelen tomar este versículo como uno de los versículos más claros de todas las Escrituras en cuanto a cómo «diagnosticar» qué ocurre cuando alguien comete apostasía.32 Estos maestros dicen tener una unción especial del Espíritu. Juan se lo discute, porque esa unción es común a todos los cristianos, y tiene lugar en el momento en el que alguien confía en Jesús (v. 20-21).33 El error doctrinal básico de los separatistas es negar que Jesús es el Cristo (v. 22), una negación que podría apuntar no solo a una influencia helenista, sino también judía.34 Los judeocristianos sectarios del siglo II conocidos como los ebionitas decían que Jesús no era el Mesías divino, y sostenían que seguían siendo cristianos porque adoraban al Padre. Si esta forma de pensar ya estaba presente en Éfeso a finales del siglo I, la respuesta de Juan tiene mucho sentido: uno no puede tener al Padre si no tiene una comprensión correcta del Hijo (v. 23).

El antídoto para una cristología incorrecta es simplemente mantenerse fiel a la verdad, a lo que aquellos creyentes habían oído desde el principio (v. 24-27). El versículo 27 no debe entenderse de una forma absoluta; después de todo, ¡lo que Juan está haciendo con esta carta es, precisamente, enseñar! Pero lo que quiere decir es que no tienen necesidad de una enseñanza esotérica o elitista para completar o superar lo que aprendieron al principio. No tienen que prestar atención a la nueva enseñanza que contradice la verdad, sino que deben mantenerse fieles al fundamento que recibieron. Las nuevas ideologías les harán desviarse del camino correcto.35



EVIDENCIAS DE VIDA: CICLO DOS (2:28-4:6)

El pecado frente a la justicia (2:28-3:10). Si en el primer ciclo se nos dice que debemos guardar los mandamientos de Dios y obedecer, en lugar de pecar, este ciclo habla de practicar la justicia en lugar de pecar. Veremos que el concepto unificador de esta sección «es practicar la justicia» (2:29; 3:7, 10). Aquí podríamos utilizar el refrán popular «de tal palo, tal astilla»: si alguien practica la justicia que nace del Dios justo, obviamente ha nacido de él (2:9). Está claro que en esta vida solo podemos imitar a nuestro Padre celestial en parte, pero en la vida venidera, seremos transformados de un modo que no podemos ni imaginar (2:28; 3:1-3). Entonces, «seremos semejantes a él» (3:2); no ontológica, sino moralmente hablando. «Los creyentes nunca podrán ser iguales a Cristo, puesto que Él es infinito, y nosotros, finitos; pero seremos semejantes a Él en santidad, y porque tendremos un cuerpo resucitado».36 No obstante, en 3:4-10 encontramos una afirmación aún más contundente. Dado que los creyentes han sido purificados del pecado (definido como el quebrantamiento de la ley) por la purificación de la muerte expiatoria de Cristo, ya no pecan más. ¡Los que pecan, no le conocen! (vv. 4-6). En los versículos 7-10 se sigue hablando de este claro contraste: los que pecan demuestran que son del diablo, y los que han nacido de Dios, no pecan. Practicar la justicia y amar a los demás son evidencias que demuestran que una persona es cristiana.

Pero, ¿cómo puede Juan decir estas cosas, si más adelante afirmaba que quien dice que no tiene pecado, es un mentiroso (1:6-10)? Pero muchas traducciones aciertan al traducir el tiempo verbal se la siguiente forma: «Todo el que permanece en él, no practica el pecado» y «todo el que practica el pecado, no lo ha visto ni lo ha conocido» (3:6; cf. también v. 9: «Ninguno que haya nacido de Dios practica el pecado»); también, «todo el que permanece en él, no continúa pecando». Dicho de otro modo, «el pecado no es una característica que defina a los que viven» en Cristo.37 Aún pecan, pero ese no es el patrón de vida que llevan. Pero este tipo de comprensión sobre «no practicar el pecado» difiere de la comprensión gnóstica, porque reconoce que sí existe una ley (v. 4). Los gnósticos veían la ley del Antiguo Testamento (¡y al Dios del Antiguo Testamento!) como algo malo, y por lo tanto, no creían en la necesidad de cumplir todos los mandamientos de Dios.



Amor los unos por los otros (3:11-24). El final del versículo 10 da inicio a la segunda discusión de Juan sobre el amor cristiano. De nuevo, éste es el mensaje que los cristianos han escuchado «desde el principio» de su vida con el Señor (v. 11), a diferencia de la enseñanza polémica de los recién llegados herejes. Así, los versículos 15-18 establecen un contraste entre el modelo negativo de Caín (vv. 12-15) y el modelo positivo de Cristo (vv. 16-18). El odio de Caín hacia su hermano le llevó a convertirse en el primer asesino; el amor de Jesús por la humanidad le llevó a dejarse asesinar. No debería sorprendernos si el mundo nos odia, como a Cristo (v. 13; recuérdese Juan 15:18-17). Después de eso, la demostración más grande y genuina de amor consiste en compartir nuestras posesiones materiales para ayudar a los que tienen necesidad (v. 17).38

Este tipo de amor puede servir para demostrar al creyente que duda de su salvación, si es salvo o no (vv. 19-24). En muchas ocasiones, los que se preocupan de forma desmesurada por si han «creído» en Jesús de forma verdadera son los creyentes que más amor tienen, debido quizá a una conciencia muy sensible o a inseguridades escondidas. En momentos así, las otras dos evidencias de vida pueden ayudarles a ver la transformación que Cristo ha realizado durante los años de vida con Él (vv. 19-20).39 Cuando nos damos cuenta de que Dios no nos condena, ya no nos condenamos a nosotros mismos y podemos acercarnos a Él con confianza con nuestras peticiones (vv. 21-22). Como tantos otros textos en las Escrituras, el versículo 22 debe leerse en el contexto de todo el documento en el que aparece; en 1a Juan 5:14 dice que hemos de pedir conforme a la voluntad de Dios. Los versículos 23-24 cierran esta sección mostrando que estas tres pruebas son inseparables: su mandamiento es que creamos y que amemos. El que ama, obedece, y Cristo vive en él.40 Y el espíritu que vive en el creyente da testimonio de todas estas realidades.



Cristología correcta (4:1-6). El segundo ciclo culmina con la segunda discusión de Juan sobre la forma en la que hemos de creer. La obediencia y el amor en sí no pueden salvar a una persona si esa persona no ha puesto ya su confianza en el Jesús de los Evangelios. Los falsos maestros decían que eso era lo que ellos habían hecho, pero al negar la humanidad de Cristo, se contradecían a ellos mismos. Si al insistir en que Jesús también es el Cristo, Juan está respondiendo a los «creyentes» judíos que negaban la divinidad de Jesús, entonces aquí tenemos un recordatorio implícito de la otra doctrina clave que debemos afirmar sobre este «Dios-hombre» (vv. 1-3).41 Cuando tenemos eso en cuenta, y cuando el Espíritu de Dios vive en nosotros de verdad, podemos discernir quiénes son los verdaderos espíritus, profetas y maestros y quiénes son los falsos espíritus, profetas y maestros (vv. 4-6). Y podemos hacerlo «porque el que está en vosotros [el Espíritu] es más poderoso que el que está en el mundo [el diablo]», una verdad que debería aplicarse a cualquier dimensión de la lucha espiritual.42 Pero este principio solo funciona cuando realmente «sometemos a prueba los espíritus» y no creemos ingenuamente a cualquiera que dice tener un mensaje de parte de Dios, pero no vemos en él las evidencias de las que estamos hablando (v. 1).

EVIDENCIAS DE VIDA: CICLO TRES (4:7-5:21)

Amor los unos por los otros (4:7-21). El tercer ciclo no nos presenta las evidencias de una vida nueva en el mismo orden en el que aparecían en los otros dos ciclos; de hecho, aquí, no dedica un apartado a una evidencia, sino que en cada apartado encontramos referencias a más de una evidencia. No obstante, creo que sí podemos decir que 1a Juan se divide en tres secciones, y que en cada sección se presta más atención a una de las evidencias de vida. Juan menciona «el amor» en cada versículo desde el 7 al 21, a excepción de los versículos 13-15. Mucho de lo que aparece en esta sección refuerza temas que ya han aparecido en la carta: nuestra conducta como señal del nuevo nacimiento (vv. 8-9); el maravilloso amor de Dios por nosotros, que nos capacita para amar a otros de forma sacrificada (vv. 10-12, 16-17a); el papel del Espíritu Santo que nos da la certeza de que pertenecemos a Dios (v. 13); nuestro testimonio de Jesús y la imposibilidad de establecer una separación entre Jesús y el Padre (vv. 14-15); y la incompatibilidad de amar a Dios y odiar repetidamente a los demás (vv. 19-21).

El versículo 7 debe entenderse dentro del contexto más amplio. Dios es mucho más que amor, pero el amor es un atributo crucial. Y a la inversa: no todos los que muestran amor lo hacen por motivos cristianos. «Lo más probable es que aquí Juan esté presentando el amor como un efecto del nuevo nacimiento en Dios, y un efecto de haber conocido a Dios, y no como una causa«43 El versículo 8a ilustra muy bien la siguiente regla gramatical griega: si una frase tiene la forma de «x es y», y «x» e «y» son sustantivos y tan solo uno de ellos está precedido por un artículo, el sujeto es, normalmente, el sustantivo que va precedido por el artículo. Dicho de otro modo, la afirmación «Dios es amor» es irreversible. El amor no es Dios, «¡pues una muestra de afecto no es divina en sí!».44 El versículo 9 nos recuerda a Juan 3:16, mucho más conocido. Los versículos 13-14 son otro reflejo incipiente del concepto de la trinidad. Los versículos 15-16 muestran que una cristología correcta lleva al amor, y el versículo 21 señala que el amor es obediencia a los mandamientos de Dios. Claramente, aquí se está hablando de algo más que de una mera emoción, puesto que las emociones no se pueden «ordenar o mandar» (recuérdese lo comentado bajo 1Co 13). Cabe recordar de a lo largo de toda la Biblia, el amor a Dios no es tanto una experiencia emocional (aunque a veces también lo es), sino más bien la obediencia de sus mandamientos.

El elemento totalmente nuevo de esta sección es la idea de que el amor echa del creyente el temor al juicio (vv. 17-18). La muerte es algo horrible para aquellos que creen que no habrá nada después, o que si hay algo, será algo desagradable. Es verdad que creer en el concepto bíblico del día del juicio puede alimentar esa sensación de terror, pero para los creyentes ese día solo debería ser algo esperado con el gozo de un pueblo que ha sido perdonado de sus pecados y que espera la recompensa gloriosa que se le ha reservado en los cielos. Pero en nuestra humanidad caída, ¡la apropiación o asimilación de estas verdades no siempre es fácil!

Cristología correcta (5:1-15). El pasaje de 5:1-5 nos ofrece otro buen resumen de la interrelación que hay entre estas tres evidencias de vida. Los verdaderos creyentes reconocen tanto al Padre como al Hijo, aman, y obedecen los mandamientos. Aún así, la fe es prioritaria porque ha vencido al mundo y al mal (v. 4); el amor y la obediencia fluyen de la fe, y no van acompañados de la carga que sienten los que hacen buenas obras para ganarse el favor de Dios (v. 3).45 Los versículos 6-12 están unidos por un tema: el testimonio de que Jesús es el Cristo y el Hijo de Dios. Aunque algunos de los detalles son de difícil comprensión. ¿Qué quiere decir que Jesús vino mediante agua y sangre (v. 6)? Según la enseñanza cerintianista (arriba, p. 554), Juan probablemente está enfatizando que el Espíritu no solo estuvo con Jesús durante su bautismo y su ministerio, sino que también estuvo con él en la cruz y en el momento de su muerte.46

La porción de los versículos 7b y 8a es una de las variantes textuales más famosas de la historia de la iglesia, conocida como la Cláusula joánica (o Coma joánica, del latín). No aparece en ningún manuscrito griego anterior al 1400 d.C., por lo que en la NVI se ha relegado a una nota al pie. De hecho, no existe ninguna edición impresa del Nuevo Testamento que incluya esta variante, ni tan siquiera a pie de página. Pero la cláusula se añadió en la tradición latina en copias tardías de la Vulgata católica romana, y no desentonó por su lenguaje trinitario. Cuando el reformador católico Erasmo compiló su texto crítico del Nuevo Testamento en 1520, no introdujo esta cláusula y, por ello, se ganó la crítica de algunas autoridades católicas. Él explicó que aquellas palabras no aparecían en ningún manuscrito griego conocido, pero debido a la presión que recibió, por fin se rindió, incluyendo dicho material. Los traductores de versiones tan antiguas como la King James inglesa o nuestra Reina–Valera siguieron a Erasmo y preservaron la cláusula; pero las buenas traducciones modernas, acertadamente, la omiten. Aquellos que dicen que la omisión es una acción «liberal» en contra de la doctrina de la Trinidad deberían considerar las evidencias históricas.47

Entonces, ¿qué quiere decir el resto del texto cuando dice que el Espíritu, el agua y la sangre están de acuerdo en su testimonio humano y divino sobre Jesucristo, el Hijo de Dios (v. 7-9)? La respuesta es que los sucesos históricos del bautismo y la resurrección de Jesús, la inspiración divina que guió a los apóstoles a dejar testimonio oral y escrito del Cristo, y la tradición de la iglesia fielmente transmitida a la siguiente generación coinciden para dar testimonio de la verdad.48 Juan está convencido de que esta verdad es creíble y convincente. Al final, toda persona debe elegir si acepta este testimonio, o si lo rechaza; no hay opciones intermedias. Los que lo aceptan, encuentran la vida eterna; los que no lo aceptan, hacen a Dios mentiroso y no encuentran la vida (vv. 10-12).

Los versículos 13-15 ponen fin a esta sección e incluyen la declaración de propósito de la epístola. Como ocurre con Juan 20:31, podríamos pensar que Juan estaba poniendo punto y final a su escrito; pero sea como sea, decidió añadir unas palabras más. Mientras que el propósito de su Evangelio fue el de animar a los incrédulos a creer (o a los que tenían fe, a que tuvieran aún más),49 en la epístola vemos que se dirige a los creyentes para asegurarles que tienen la vida eterna. Pero el tiempo presente del verbo «creer» en el versículo 13 es crucial. Juan no está prometiendo la salvación a los que en el pasado hicieron una profesión de fe superficial pero posteriormente no dieron ninguna evidencia de vida espiritual (cristología correcta, amor, y obediencia a los mandamientos de Dios). Sin embargo, a los que creen en el presente, les promete que Dios responderá sus oraciones, si están hechas de acuerdo con la voluntad del Padre (vv. 14-15).50



El pecado frente a la vida (5:16-21). El tema del pecado vuelve a reaparecer, y esta vez Juan distingue entre los «pecados mortales» (los que solo llevan a la muerte espiritual) y esos pecados menores que pueden ser perdonados. Si el término «hermano» aquí se refiere a un creyente verdadero, entonces o bien Juan contempla que algunos pueden perder la salvación, o bien simplemente se está refiriendo a la muerte física (como con Ananías y Safira). Pero si, como hemos visto anteriormente, solo significa «miembro de la comunidad», entonces aquellos que «continúan pecando» (v. 18) como estilo de vida (recuérdese el comentario de 2:6 y 9), como es de suponer que estaban haciendo los falsos maestros que han salido de la iglesia de Éfeso, lo que hacen es demostrar que nunca fueron creyentes de verdad. Como en todas las Escrituras, el único pecado imperdonable es el pecado de no arrepentirse nunca de la incredulidad persistente.51

Si uno lee los versículos 16-21 demasiado rápido puede caer en un serio error de interpretación. Juan anima a los creyentes a orar por los que han caído en pecados que no llevan a la muerte. Pero el versículo 16, ¿no parece sugerir que no deben orar por los que han cometido pecado mortal? De hecho, lo que Juan escribe no es que no deben orar; lo que escribe es que no está diciendo que en esas situaciones deben orar. Dicho de otro modo, el apóstol dice que en estas líneas no está tratando el tema de qué hacer con aquellos que han endurecido su corazón y que nunca se arrepentirán.52 Y como no tenemos la capacidad divina de saber quiénes no se arrepentirán jamás, ¡debemos orar por todo el mundo porque quizá aún les queda una oportunidad!



Los versículos 18-20 refuerzan las promesas de Juan sobre la seguridad del creyente. A pesar de los engaños del maligno, que controla a toda la humanidad no regenerada, Dios es mucho más fuerte y nos puede proteger, y su Hijo nos abre los ojos para que entendamos la naturaleza de Dios y nos da la capacidad de conocerlo. Pero todo esto no significa que el maligno no pueda tener un efecto negativo sobre nosotros, si le dejamos. Así que la advertencia del versículo 21 tiene mucho sentido. Aunque parece un modo muy brusco de poner fin a esta «carta» que no parece una carta, «idolatría» es una etiqueta que recoge la adoración a cualquier cosa que no sea el Dios único, vivo y verdadero. Según Juan, eso era lo que los falsos maestros estaban promoviendo; según los judíos, eso es lo que todas las religiones gentiles hacían. Y, si Jesús encarnó al único Dios verdadero, entonces los ídolos o estatuas de dioses y diosas que los gentiles adoraban encarnaban las deidades de las falsas religiones. Este último versículo es pues un buen resumen de lo que los lectores de la carta deberían estar haciendo.53






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