8 de pentecostés a patmos una introducción a los libros de hechos a apocalipsis


EL LIBRO DE APOCALIPSIS: LOS PLANES DE DIOS PARA LA HISTORIA DEL UNIVERSO



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EL LIBRO DE APOCALIPSIS: LOS PLANES DE DIOS PARA LA HISTORIA DEL UNIVERSO

INTRODUCCIÓN


AUTORÍA

La escuela crítica en su mayoría rechaza la afirmación histórica de la iglesia de que Juan es el autor de Apocalipsis. Las principales razones tienen que ver con las diferencias teológicas y de estilo con el Evangelio y las epístolas de Juan. Por ejemplo, el sustantivo y el verbo «amar» (ágape, agapao) aparece 44 veces en el Evangelio, 52 veces en las epístolas, pero solo 6 veces en Apocalipsis. «Creer» (pisteuo) aparece 98 veces en el Evangelio, 9 veces en las epístolas, pero en Apocalipsis no aparece ni una sola vez. Apocalipsis contiene además numerosos solecismos (irregularidad gramatical que no se puede atribuir a ninguna norma o patrón de la escritura griega), pero en los otros libros que atribuimos a Juan no aparece ninguno. El obispo de Alejandría del siglo tercero, Dionisio, expresó dudas en cuanto a la autoría apostólica de este documento, sobre todo debido al recelo que le inspiraba la teología milenialista que éste recoge y porque, en general, no le gustaba demasiado la literatura apocalíptica.1

A la vez, éste es el único de los cinco libros atribuidos a Juan que menciona el nombre de «Juan». Es decir, si alguno de los libros habla de autoría apostólica, es éste. Por otro lado, este Juan se describe como siervo, hermano y profeta (1:1,4,9; 22:8), pero nunca como apóstol o anciano. Como muestra del resurgimiento de un reconocimiento de los orígenes judíos de la mayoría de la literatura neotestamentaria, muchos eruditos en la actualidad están dispuestos a aceptar las etiquetas que el texto usa y admiten que el autor de este documento fue un profeta judeocristiano llamado Juan, que podría ser incluso de Palestina, pero lo distinguen del apóstol que llevaba ese nombre.2 Después de todo, el Evangelio y las epístolas no dicen que su autor se llama Juan. Dado que Apocalisis no especifica de qué Juan se trata, estamos ante un argumento totalmente razonable.

No obstante, no tenemos por qué echar por la borda la tradición de la iglesia temprana. Justino Mártir (Diálogo 81.15), Ireneo (Contra las herejías 4.14.1, 5.26.1), Tertuliano (Contra Marción 3.14, 24) y Clemente de Alejandría (Misceláneas 6.106-7, Maestro 2.119) afirman que el apóstol escribió el libro de Apocalipsis, y no hay ninguna tradición temprana que cuestione la autoría de Juan. Las diferencias en vocabulario se pueden atribuir al género y a los contenidos. Apocalipsis no tiene un propósito evangelístico o catequístico de animar a la fe que encontramos en los otros escritos joánicos; el periodo de tiempo descrito refleja más el juicio de Dios que su amor. El estilo tosco y accidentado podría ser un reflejo de la naturaleza de las visiones de Juan —que intentaba describir lo indescriptible— o el éxtasis del profeta, o el hecho de que no utilizó a un amanuense o a ningún miembro de la «escuela joánica» (ver más arriba, p. 553).3 En cuanto al vocabulario general y el nivel de redacción de Apocalipsis, hay más semejanzas que diferencias, si pensamos en los otros documentos joánicos, y más semejanzas que con cualquier otro documento neotestamentario.

Por ejemplo, estos cinco libros son los únicos documentos que recogen el concepto del logos con toda su cristología, o el título «Cordero de Dios» como un título para Jesús, o el uso de Zacarías 12:10 como una profecía cumplida en Jesús (cf. Jn 19:37; Ap 1:7). Apocalipsis también comparte con los otros escritos atribuidos a Juan una énfasis claro en el testimonio, la vida eterna en frente a la muerte eterna, el hambre y la sed espiritual, y el tema de la conquista.4

CONTEXTO

El contexto más aceptado como marco del libro de Apocalipsis es la breve pero intensa persecución bajo Domiciano entre el año 94 y el 96 d.C. Ireneo (Contra las herejías 5.30.3) y Eusebio (Historia de la Iglesia 3.18-20, 5.8.6) hacen referencia explícita al periodo final del imperio de Domiciano, que se extiende del año 81 al 96 d.C. (cf. también Victorino, Clemente de Alejandría y Orígenes). El breve exilio de Juan en la isla de Patmos (1:9) encaja bien en la mitad de la década de los 90, mientras que no hay evidencias de que antes de esa fecha el gobierno echara a los cristianos de su tierra. La política durante este periodo parece que solo arrestaba a los cristianos que eran entregados a las autoridades y solo cuando a la traición de reconocer a otro Señor la acompañaba una acusación por algún otro crimen (aunque fuera una falsa acusación). Incluso en esos casos, la pena normal era el encarcelamiento (o la prohibición de que los cristianos ocuparan posiciones de liderazgo, para que no tuvieran influencia), y no la muerte. Y el edicto contra los creyentes fue rescindido por Nerva, el sucesor de Domiciano, en el año 96.5 Además, en Apocalipsis apenas aparecen detalles que apunten a una hostilidad directa por parte del Imperio. El acoso romano no oficial y el desprecio de las culturas paganas locales por los cristianos a partir de mediados del siglo I hasta principios del siglo II estaba muy extendido y serviría para explicar mucho de lo que las iglesias a las que Juan escribe estaban viviendo.6

Varias referencias históricas que aparecen en el libro de Apocalipsis también encajan con la fechación de mediados de la década de los 90. En aquel entonces, Laodicea se había recuperado del terremoto que la había destruido a principios de los 60. La tensión con varios sectores del judaísmo había llegado al rojo vivo, llevando a la birkath ha-minim («bendición» [como eufemismo de «maldición»] de los herejes, particularmente de los cristianos), una oración de diecinueve «bendiciones» insertada en la liturgia de la sinagoga, acompañada por la expulsión de los judeocristianos de las sinagogas y la cancelación de su membresía. Por eso, Juan llama a las asambleas judías de Éfeso y Filadelfia sinagogas «de Satanás» (2:9; 3:9). En aquel entonces, también, la creencia en ciertos círculos paganos de un Nerón redivivus (vuelto a la vida) seguía viva, imagen que podría estar detrás de las bestias anticristianas de los capítulos 12-13. La iglesia de Éfeso había perdido importancia (como en 2:1-7), el gnosticismo estaba a punto de extenderse (como quizá en 2:24) y la hambruna del año 92 podría ser el marco de la imagen de 6:6.7

Sin embargo, un pequeño número de estudiosos muy conservadores abogan por una fecha en la década de los 60, en parte debido al silencio sobre la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C., y a la idea de que las referencias al templo en el capítulo 11 apuntan a que todavía está en pie. Algunos apelan a una tradición minoritaria de la iglesia primitiva de que Juan murió como mártir en una fecha más temprana que la que se suele atribuir a su muerte. Muchos dicen que algunas de las imágenes que aparecen en Apocalipsis reflejan sucesos acaecidos en la época de Nerón, aunque lo que todo esto logra es establecer que el contexto no puede ser anterior al reinado de Nerón.8 Algunos cren que el misterio de los siete reyes en 17:9-11 (ver más abajo, p. 623) se puede explicar mejor asumiendo esta fechación. Otros, al parecer, solo quieren una fecha temprana para poder defender su aproximación «preterista» al libro de Apocalipsis (ver más abajo, p. 589), por la que casi todos los elementos, a excepción de los nuevos cielos y la nueva tierra de los capítulos 21-22, pueden entenderse como referencias a sucesos que llegada la década de los 70 ya se habían dado todos.9 Pero las evidencias externas e internas que respaldan una fecha más tardía (y que sitúan el martirio de Juan más adelante) siguen siendo las que más peso tienen, por no mencionar el hecho de que la persecución bajo Nerón (64-68) apenas afectó a los cristianos fuera de la provincia de Italia.10

Sea cual sea la fecha, está claro quiénes son los destinatarios: siete congregaciones cristianas de Asia Menor (la actual Turquía occidental), que aparecen en el orden en el que se las encontraría el viajero que siguiera una ruta oval empezando en Éfeso en la costa del Egeo (1:4, 11). Esta era, como sabemos, el área en la que Juan estuvo desempeñando su ministerio (ver arriba, pp. 554). Probablemente el deseo de Juan fue que alguien que viniera a Patmos para visitarle, alguien de confianza, entregara el rollo primero a los efesios, quienes harían una copia y enviarían el original a la siguiente comunidad mencionada en el manuscrito. Esa iglesia debería repetir el proceso, al igual que la siguiente, hasta que las siete congregaciones hubieran recibido el mensaje. No se sabe por qué Juan eligió estas siete iglesias (no todas las comunidades tenían la misma importancia). Quizá esta selección responde a que quedaban cerca de una buena ruta, y a que Juan debería pensar que representaban bien al amplio abanico de iglesias, desde las sanas hasta las que no lo son (ver más abajo, pp. 592-597). Quizá se trata de las iglesias que mejor conocía, iglesias que conformaban la «comunidad joánica». Ciertamente, buena parte de ellas se hallaban en ciudades donde los grupos paganos estaban en auge, sobre todo la secta imperial.11

El mensaje de Juan pretende transmitir a estos cristianos de Asia que el acoso y la persecución (o simplemente el temor tanto al uno como a la otra) que estaban sufriendo encajaba con los planes de Dios, y que los acontecimientos del momento auguraban la tribulación que tendría lugar justo antes del retorno de Cristo.12 Pero a los que «vencieron», a lo que se mantuvieron fieles y confesaron a Cristo, Dios les daría la recompensa y victoria final, en la que juzgaría y destruiría completamente a sus enemigos. No importa las dificultades que surjan en esta vida, Dios sigue estando al mando. Un día, Jesús triunfará, y lo único que importará es si estamos con él o no.

GÉNERO LITERARIO

Apocalipsis es un híbrido de tres conocidos géneros judíos y grecorromanos.13 En primer lugar, como dice el título mismo y la primera palabra que aparece en él, esta obra es un apocalipsis. La literatura apocalíptica era muy común en otras fuentes judías y cristianas, como por ejemplo partes de Ezequiel, Daniel, Zacarías y el discurso escatológico de Jesús en Mateo 24-25 y paralelos. En la literatura intertestamentaria, 1° Enoc, 4° Esdras y 2° Baruc están entre los más conocidos e importantes libros judíos apocalípticos, especialmente importantes para la interpretación de Apocalipsis.14 La literatura apocalíptica es muy variada, pero podemos mencionar algunas características generales: (a) un amplio uso de simbolismos, normalmente con una cosmología y unas criaturas extravagantes y grotescas, similares a las de las viñetas de humor sobre política;15 (b) la representación de sucesos pasados, presentes y/o futuros de la historia mundial que acaba en una intervención decisiva de parte de Dios para juzgar las injusticias de la sociedad y para recompensar a su pueblo fiel; y (c) la seguridad para ese pueblo en un contexto de crisis o crisis aparente de que él no vencerá.16

Por tanto, no hay forma de predecir cuánto tiene una obra así de literal o de figurado. Cada imagen tendrá que ser interpretada a la luz de su trasfondo histórico y a la luz de la interpretación que probablemente hicieron los receptores originales. En el caso del apocalipsis de Juan, ese trasfondo incluye el Antiguo Testamento,17 la literatura intertestamentaria y sucesos recientes acaecidos en las ciudades de Asia Menor en tiempos de Juan. Sin embargo, los números casi siempre son simbólicos, sobre todo los sietes y los múltiplos de siete (simbolismo basado en los siete días de la creación, que se usa para transmitir los conceptos de perfección o universalidad) y los doce y los múltiplos de doce (simbolismo basado en las doce tribus de Israel y/o los doce apóstoles, que se usa para hablar del pueblo de Dios).18 A la vez, Apocalipsis es diferente de la mayoría de la literatura apocalíptica del mundo antiguo porque (a) no es una obra seudónima; (b) no es retrospectiva (es decir, las profecías no son ex eventu o posteriores a sucesos históricos con los que se pudieran relacionar); o (c) no presenta una cosmovisión pesimista ni moralmente dualista.19 Y, dado que muchas obras apocalípticas no respondían a una visión o revelación vivida por el propio autor, sino que simplemente usaban lo apocalíptico como recurso literario para transmitir una verdad inefable, el apocalipsis de Juan es diferente porque está fundado en la experiencia objetiva que Juan vivió cuando el Señor se le reveló.

Ben Wintherington ofrece una explicación muy equilibrada en cuanto a si el Apocalipsis es una revelación literal y una interpretación simbólica: «Es muy probable que Juan transcribiera lo que oyó casi palabra por palabra; pero, para describir lo que vio tuvo que hacerlo utilizando los recursos mentales que tenía. Cuando uno ve imágenes y símbolos combinados de forma extraña, uno se ve obligado a buscar a tientas analogías que sirvan para explicar dicha experiencia (de ahí que aparezca una y otra vez la expresión “se parecía a” o “era como”)».20

Apocalipsis también combina elementos de otros dos géneros que hacen que no sea una obra apocalíptica típica: la literatura profética y la literatura epistolar. Como profecía (1:3), Juan está haciendo referencia a sucesos futuros reales, aunque con frecuencia los describa con un alto grado de simbolismo. Cuando Juan habla de la situación actual de las iglesias, lo hace en parte porque las iglesias que se tienen que arrepentir lo harán y darán los pasos necesarios para trabajar por el mundo cambiado que Dios desea ver ya en el presente, aunque siga siendo un mundo imperfecto. Dicho de otro modo, en Apocalipsis vemos la misma teología del reino inaugurado del «ya pero todavía no» que caracteriza el resto del Nuevo Testamento.21 De forma implícita también se enfrenta al diablo y a las estructuras imperiales de Roma que ilícitamente reclaman la autoridad divina, del mismo modo en que los profetas de otras épocas se habían enfrentado a los reyes o gobernantes que se excedían en el uso de la autoridad que Dios les había dado.22

Como epístola (cf. la forma de 1:4-5), que a su vez recoge siete breves cartas, cada una dirigida a una iglesia en particular (capítulos 2-3), el libro queda enmarcado en el contexto de finales del primer siglo y en los sucesos relacionados con cada una de las ciudades en las que estaban esas siete iglesias. Todo Apocalipsis está escrito para dar esperanza a todas esas congregaciones, y a cada una en particular, teniendo en cuenta sus circunstancias históricas concretas. Eso significa que el principio hermenéutico fundamental para interpretar Apocalipsis consiste en buscar significados que pudieran ser comprensibles para los cristianos del siglo I de Asia Menor, y no significados que solo pudieran descifrar siglos más tarde personas que creen que viven en los días de la Segunda Venida de Cristo.23

Esta conclusión no suele ser aceptada por los que citan Daniel 12:4, 8-10, la obra veterotestamentaria profético-apocalíptica más famosa. En ese pasaje, Dios le dice al profeta que selle el libro, porque muchos comprenderían sus palabras de forma plena más adelante, y que solo lo harían los «sabios». Pero Apocalipsis 22:10 contrasta con esa perspectiva, pues Dios ordena a Juan lo siguiente: «No guardes en secreto las palabras del mensaje profético de este libro, porque el tiempo de su cumplimiento está cerca». Los que piensan que los más de 1900 años que han pasado desde que Juan escribió refutan esta afirmación deberían consultar lo que escribimos más arriba sobre 2a Pedro 3:8-9.24

ESTRUCTURA Y BOSQUEJO

Partes de la estructura de la revelación de Juan se presentan por sí solas. El capítulo 1 introduce todo el documento, los capítulos 2-3 recogen las cartas a las siete iglesias, los capítulos 4-5 describen una visión de alabanza celestial y los capítulos 6-19 son la columna vertebral del libro: esas tres series de siete juicios representados por los sellos, las trompetas, las copas de la ira de Dios. El capítulo 20 augura el milenio, mientras que los capítulos 21-22 describen el estado eterno, un cielo nuevo y una tierra nueva. El debate estructural más complejo tiene que ver con la relación de las tres series de juicios que aparecen en los capítulos 6-19, sobre todo porque entre cada una de las series se interponen varios segmentos, que a menudo se han llamado «interludios» (7:1-17; 10-11:14; 12:1-14:20). Los interludios no suponen un avance en el progreso hacia el día del juicio, y a veces parecen flashbacks históricos, o incluso flashes del futuro.

La comprensión más simple de los tres grupos de siete es verlos como una secuencia cronológica o consecutiva. Así, se explica la creciente intensidad y severidad de los juicios a medida que uno pasa de la primera serie a la tercera. Por ejemplo, las siete trompetas atormentan a un tercio del planeta (8:7, 8, 9, 10, 11, 12), mientras que el juicio de las copas no tiene restricciones geográficas (16:1-21). Por otro lado, el sexto juicio de cada serie parece estar fuera del orden cronológico, llevándonos al mismo umbral del final del mundo, pues describe una agitación cósmica tal que supondría el fin de la existencia del Universo (16:12-17; 9:13-21; 16:17-21), No obstante, en cada uno de los casos, durante un rato Juan continúa el relato como si los cielos y la tierra no hubieran sido sacudidos con la violencia con la que se describe estas plagas.25

En consecuencia, muchos han visto estos tres grupos de siete como una recapitulación, porque describen el mismo periodo de gran tribulación desde diferentes ángulos. Pero, si fuera así, ¿cómo explicar la creciente intensidad a medida que uno pasa de la primera serie a la tercera? Por tanto, quizá la mejor opción sea la tercera. Desde una perspectiva, el sexto juicio de cada serie nos acerca al final, pero el séptimo de cada serie no avanza cronológicamente, sino que nos introduce en la siguiente serie. O, dicho de otro modo, recoge la serie siguiente. Sería como si alguien se acercara al séptimo sello con una lupa y entonces pudiera ver las siete trompetas, y lo mismo con la séptima trompeta en la que, si alguien mirara con atención, vería las siete copas. A este acercamiento se le suele llamar la perspectiva telescópica.26




Muchos comentaristas hablan de otro bosquejo mucho más sencillo, basado en lo que dice en 1:19. Cristo ordena a Juan a escribir «lo que has visto, lo que sucede ahora y lo que sucederá después». Una interpretación natural de esta instrucción, si damos por sentado que Apocalipsis es el resultado de la respuesta obediente de Juan, es que el capítulo 1 recoge lo que ya ha visto una vez le llega esta orden. Los capítulos 2-3 (y posiblemente 4-5, puesto que la única marca temporal que aparece es que tienen lugar después de la expiación de Cristo, 5:5-6)27 son un reflejo de «lo que sucede ahora», pues encontramos una serie de afirmaciones sobre el estado espiritual de las siete iglesias. Por último, los capítulos 6-21 van avanzando en el tiempo y recogen sucesos que, desde la perspectiva de Juan, son sucesos futuros. Este acercamiento no cuenta con mucho respaldo en la actualidad, aunque eso no quiere decir que no sea posible.28 Otros defienden una división en siete secciones, y muchos de ellos explican que el libro presenta una estructura de quiasmo teniendo en cuenta la frecuencia del número siete como símbolo de la perfección o plenitud.29 Aunque quizá pequemos de prudentes, propondremos un bosquejo principalmente temático, y dividiremos el texto en segmentos de uno a tres capítulos cada uno, que a su vez iremos subdividiendo.


I. Introducción (1:1-20)

A. Prólogo (1:1-3)


B. Saludos y doxología (1:4-8)
C. Comisión de Juan (1:9-20)
II. Cartas a las siete iglesias (2:1-3:22)

A. Éfeso: pérdida del primer amor (2:1-7)


B. Esmirna: perseverancia a pesar de circunstancias difíciles (2:8-11)
C. Pérgamo: mezcla de fe e inmoralidad (2:12-17)
D. Tiatira: confusión entre lo diabólico y lo divino (2:18-29)
E. Sardis: casi muertos (3:1-6)
F. Filadelfia: obedientes y fieles (3:7:13)
G. Laodicea: imbebibles e inútiles (3:14-22)
III. Alabanza celestial (4:1-5:14)

A. A Dios (4:1-11)


B. Al Cordero (5:1-14)
IV. Los siete sellos y el primer interludio (6:1-8:5)

A. Los primeros seis sellos (6:1-17)


B. Los 144.000 y la gran multitud (7:1-17)
C. El séptimo sello (8:1-5)
V. Las siete trompetas y el segundo interludio (8:6-11:19)

A. Las primeras seis trompetas (8:6-9:21)


B. El pequeño rollo (10:1-11)
C. Los dos testigos (11:1-14)
D. La séptima trompeta (11:15-19)
VI. La trinidad satánica: crecimiento y caída inminente (12:1-14:20)

A. El dragón (12:1-17)


B. La primera bestia (13:1-10)
C. La segunda bestia (13:11-18)
D. La victoria del Cordero sobre la trinidad satánica (14:1-20)
1. Los 144.000, considerados de nuevo (14:1-5)
2. Los tres ángeles (14:6-13)
3. Las dos cosechas (14:14-20)
VII. Las siete copas (15:1-16:21)

A. La alabanza celestial anterior al juicio de las copas (15:1-8)


B. El juicio de las copas se derrama (16:1–21)
VIII. El reino de Cristo vence sobre los poderes malignos (17:1–20:15)

A. La desaparición del imperio maligno del final de los tiempos (17:1-18:24)


1. Las dimensiones religiosa y política (17:1-18)
2. Las dimensiones económicas (18:1-24)
B. La instauración del reino de Cristo (19:1-20:15)
1. La parusía (19:1-20:3)
2. El milenio (20:4-15)
IX. Los cielos nuevos y la tierra nueva (21:1-22:21)

A. El estado eterno (21:1-22:6)


B. Cierre (22:7-21)
ACERCAMIENTOS INTERPRETATIVOS

La existencia de un gran número de acercamiento o combinaciones de ellos para interpretar Apocalipsis hace imposible tratar todas las posibles opciones de interpretar los pasajes de este libro. Lo único que podemos hacer es presentar la perspectiva que hemos adoptado, y ofrecer al lector una lista bibliográfica donde encontrará más información sobre todas las opciones existentes.



El milenio. Un debate interpretativo tiene que ver con el papel del periodo de mil años descrito en 20:4-15. Los premilenialistas creen que Cristo regresa antes de esta era dorada de la historia de la humanidad. Los posmilenialistas creen que esos sucesos ocurrirán en el orden inverso. Los amilenialistas creen que o bien el milenio es espiritual y coincide con el reino presente de Cristo en los corazones de los creyentes (y en el cielo) o bien con los cielos nuevos y la tierra nueva que aún están por venir. Como veremos más adelante (p. 627), es difícil aceptar que entre 19:21 y 20:1 se puede insertar una pausa cronológicamente hablando, tal y como dicen las perspectivas amilenialistas y posmilenialistas estándar. La rebelión al final del milenio (20:11-15) hace que sea muy difícil equiparar ese periodo con el estado eterno. Por eso aquí vamos a seguir la perspectiva premilenialista. Pero el premilenialismo se divide en el dispensacionalismo y el premilenialismo clásico o histórico, por el debate que hay sobre el momento en el que tendrá lugar el arrebatamiento.30

Relación entre el arrebatamiento y la tribulación. Normalmente, el posmilenialismo, el amilenialismo y el premilenialismo clásico hablan de un arrebatamiento postribulacionista. Es decir, el arrebatamiento de los creyentes en el aire para encontrarse con Cristo (recuérdese el comentario de 1Ts 4:17) es simultáneo al descenso final de Cristo a la tierra (lo que normalmente se llama «la Segunda Venida»). En cambio, el premilenialismo dispensacionalista suele ser pretribulacionista, pues creen que habrá un arrebatamiento secreto de los creyentes antes del periodo descrito como «la gran tribulación», después de la cual vendrá de forma inmediata la Segunda Venida. Algunos premilenialistas, tanto clásicos como dispensacionalistas, hablan de un arrebatamiento mediotribulacionista, basándose sobre todo en su particular comprensión del capítulo 11 (ver más abajo, p. 611). Dicen que la iglesia vive la primera parte de la tribulación en la tierra, pero que queda exenta de la segunda parte. Recientemente, algunos premilenialistas han modificado este acercamiento para plantear lo que llaman el arrebatamiento pre-ira, porque su mayor preocupación no es que la iglesia quede exenta de toda la tribulación, sino concretamente que no experimente el derramamiento de la ira de Dios sobre la tierra. Pero no es que pretendan saber exactamente en qué momento de la tribulación será arrebatada la iglesia.

Ya hemos explicado por qué abogamos por un arrebatamiento postribulacionista basándonos en el único texto bíblico que utiliza el término del que obtenemos «arrebatamiento» (ver más arriba, pp. 171-172). Veremos que este acercamiento es el que mejor encaja, y en el comentario veremos que los textos de Apocalipsis que normalmente se utilizan para enseñar lo contrario no apuntan, en nuestra opinión, en esa línea.31



Perspectiva histórica. La decisión interpretativa más importante en relación con el libro de Apocalipsis es la siguiente: determinar si el libro respalda el futurismo – ver los sucesos de los capítulos 6-19 como futuros desde la perspectiva de Juan (y, desde nuestra perspectiva, futuros en su mayoría); el preterismo – entender que esos sucesos ya tuvieron lugar justo antes del años 70 d.C. inclusive, por lo que se refieren a sucesos que tuvieron lugar en tiempos de Juan y que para nosotros quedan en un pasado muy distante; el historicismo – entender que esos sucesos se han ido cumpliendo de forma progresiva a lo largo de la historia de la iglesia, y que desde nuestra perspectiva solo quedan por cumplirse los más horribles; o el idealismo – ver los sucesos como símbolos de esa lucha atemporal entre el bien y el mal que ha marcado la historia de la iglesia.32

No hay duda de que la lucha que se describe en todo el libro de Apocalipsis se repite frecuentemente en la historia de la iglesia, e incluso en la historia del mundo, por lo que las perspectivas idealista e historicista recogen verdades clave. De mismo modo, y de forma más concreta aún, muchos sucesos del siglo I se correspondían con algunos de los juicios descritos en el Apocalipsis de Juan. Si Juan quería que sus congregaciones del primer siglo entendieran algo de las inefables visiones que él vio, obviamente tenía que usar imágenes extraídas de los sucesos de entonces para ayudarles a entender la importancia de aquellas visiones. Pero dado que estos tres acercamientos suelen negar que algunos de los horribles juicios descritos en el libro aún están por llegar o que antes de la parusía aún tenemos que vivir un claro periodo de tribulación sin precedentes, objetamos y adoptamos una perspectiva principalmente futurista, aunque reconozcamos que esos tres acercamientos tienen también elementos acertados.33



Tendencias en la historia del cristianismo. Es interesante observar que el premilenialismo histórico fue la creencia aceptada por la iglesia preagustina durante aquellos tres primeros siglos de literatura patrística, aunque también se puede encontrar algún escrito amilenialista. A partir de Agustín de Hipona, la Iglesia Católica Romana se convirtió en amilenialista casi en su totalidad. Algunos de los reformadores protestantes mantuvieron esta perspectiva; otros empezaron a regresar al premilenialismo. A lo largo de la historia de la iglesia, la perspectiva que menos presencia ha tenido ha sido la posmilenialista, pero sí ha sido importante sobre todo en momentos de grandes movimientos misioneros y de expansión de la iglesia. En esos momentos parece como si el Espíritu de Dios quisiera usar a los cristianos para traer el milenio incluso antes de la parusía. El apogeo del posmilenialismo lo encontramos en Europa occidental y Norteamérica en el siglo XIX. El posmilenialismo normalmente ha adoptado una aproximación preterista; el amilenialismo, una aproximación idealista; y el premilenialismo, una aproximación futurista y, en ocasiones, historicista.

El premilenialismo dispensacionalista y, sobre todo, el arrebatamiento pretribulacionista provienen fundamentalmente de la denominación de los Hermanos de Plymouth, fundada por J. Nelson Darby en Escocia en la década de 1830 y trasladada posteriormente a los Estados Unidos, donde se extendió especialmente a través de las notas de estudio bíblico escritas por C. I. Scoffield y de los extensos escritos de Lewis Sperry Chafer, fundador del Dallas Theological Seminary. En Estados Unidos y en otras partes del mundo se fundaron muchos Seminarios y Escuelas Bíblicas de corte dispensacionalista y, a través del cristianismo conservador, su hermenéutica bíblica se extendió por todo el mundo. En las últimas décadas, a través de canales mucho más populares, sobre todo a través de los escritos de «no ficción» de Hal Lindsey y las novelas de Dejados Atrás de Tim LaHaye y Jerry Jenkins, tenemos un acercamiento que interpreta que la profecía de Apocalipsis se cumple en los sucesos actuales. Pero a lo largo de la historia ha habido muchos otros acercamientos que interpretaron que esas mismas profecías se cumplieron en sus días. La única observación indiscutible es que, a día de hoy, sabemos que todas aquellas interpretaciones fueron erróneas, dato que deberíamos tomar como advertencia y, así, no casarnos con ninguna descripción específica.34





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