8 de pentecostés a patmos una introducción a los libros de hechos a apocalipsis



Descargar 2.52 Mb.
Página84/88
Fecha de conversión01.07.2017
Tamaño2.52 Mb.
1   ...   80   81   82   83   84   85   86   87   88

COMENTARIO


INTRODUCCIÓN (1:1-20)

Prólogo (1:1-3). Como el Evangelio de Juan y 1a Juan, el libro de Apocalipsis empieza con un prólogo centrado en Cristo. No obstante, aquí el énfasis principal está en la naturaleza de la revelación que Juan recibe. En el versículo 1, la traducción literal de la expresión «dar a conocer» es «indicar», palabra con la que el lector entendía que se trataba de una comunicación a través de señales y símbolos.35 La cercanía del final que aquí se anuncia debe interpretarse como en 2a Pedro 3:8 y en Salmos 90:4. También nos recuerda lo que hemos visto una y otra vez a partir de Hechos 2:17: que los últimos días empezaron en Pentecostés y continúan hasta el día de hoy. Apocalipsis es, además, el único libro del Nuevo Testamento que promete de forma explícita una bendición para aquellos que lo lean y que prestan atención a lo que dice, así que es peligroso ignorarlo, y aunque cueste interpretarlo, tenemos que luchar para entenderlo de forma coherente, y no caer en las interpretaciones erróneas y sin sentido en las que otros han caído.

Saludos y doxología (1:4-8). Al dirigirse a las siete iglesias, Juan utiliza el saludo griego «gracia»y la bendición judía «paz», pero los cristianiza diciendo que proceden del Dios trino: el Padre, cuya existencia es eterna, «los siete espíritus» o «el Espíritu en su plenitud» (ver la nota al pie de algunas Biblias)36 y Jesucristo (vv. 4-5a). A continuación ofrece una doxología dirigida sobre todo a Cristo, en gratitud por la expiación que ha logrado y el reino que ha creado para los creyentes, que ahora son sacerdotes y tienen acceso directo al Padre (vv. 5b-6). Estos versículos ya apuntan a lo que se irá revelando a lo largo del libro: su teología es mucho más rica que un simple compendio de frases sobre el final de los tiempos.37 Por lo que a la escatología se refiere, el principio central lo encontramos en el versículo 7: Cristo volverá a la tierra triunfante, el Universo entero lo verá, y todos se lamentarán. En Zacarías 12:10, este texto se refiere claramente al lamento de los creyentes cuando se arrepienten, pero, tal y como Jesús lo usa en Mateo 24:30, también podría referirse al lamento de los incrédulos ante el juicio. El versículo 8 es importante; los conceptos que recoge se repetirán en los versículos 17-18, esa vez refiriéndose a Jesús, no Dios el Señor, un claro indicativo de la deidad de Cristo.38

Comisión de Juan (1:9-20). Juan cierra esta introducción describiendo los sucesos que le han llevado a escribir este documento. Algunos de sus lectores se están viendo afectados por la persecución de Domiciano, y lo mismo le ocurre al apóstol: él es un «compañero en el sufrimiento» porque, también por causa de Jesús, lo exilian a la isla de Patmos (v. 9). Un domingo, mientras estaba alabando a Dios (¿en privado?), Juan experimentó un éxtasis, una visión del «Hijo del hombre» exaltado, es decir, de Jesús, en el papel que se describe en Daniel 7:13-14.39 Ese Hijo del hombre estaba entre siete candelabros de oro (v. 12), que representan a las siete iglesias (v. 20). Los elementos de esta visión (la túnica, la banda de oro, la cabellera, los ojos, etcétera [v. 13-16]), no deberían verse como elementos que esconden algún significado alegórico. Juntos, dan forma a una imagen impactante del Cristo de gloria, del juez majestuoso.40 Después de identificarse (vv. 17-18), Jesús encomienda a Juan la redacción de este libro. Si el versículo 19 no es una referencia a la estructura temporal de este documento («pasado-presente-futuro»; ver más arriba, p. 515), entonces la expresión «lo que has visto» podría ser una referencia a todo el libro, en el que aparecen visiones tanto de cosas presentes («lo que sucede ahora») como de cosas futuras («lo que sucederá después»).41

Las siete estrellas, que son los «ángeles» de las siete iglesias siempre han supuesto una dificultad interpretativa para los comentaristas. La palabra angelos significa «mensajero», así que algunos han dicho que eran pastores o portadores de cartas, pero si tenemos en cuenta que en el resto del Nuevo Testamente esta palabra se usa para referirse a seres sobrenaturales, es más lógico pensar, con la mayoría, que Juan está haciendo referencia a la idea judía de que los ángeles observan a las iglesias durante el culto de adoración conjunta (que podría ser la idea que hay detrás de 1a Corintios 11:10 [ver más arriba, p. 515]).42 Sea como sea, está claro que los mensajes que está a punto de escribir son para las iglesias de Asia Menor.



CARTAS A LAS SIETE IGLESIAS (2:1-3:22)

Las siete cartas tienen una estructura muy similar. El patrón general es el siguiente: mención de los receptores, identificación del que habla (Cristo), alabanza, crítica, amenaza de juicio, llamado a que presten atención y promesas para aquellos que «venzan», es decir, que se mantengan fieles a Jesús aun en medio de las dificultades. Varios paralelismos con los edictos imperiales apuntan a que estas cartas son mandatos reales de Dios, el Rey, que está por encima del César.43 Hay dos iglesias que no reciben ninguna crítica: Esmirna y Filadelfia. Dos que no reciben ninguna alabanza explícita: Sardis y Laodicea. Así, las siete iglesias reflejan, en cuestión de fidelidad, el amplio abanico presente en cada época de la historia de la iglesia.44



Éfeso: pérdida del primer amor (2:1-7). Los que se mantuvieron ortodoxamente fieles a pesar de la intrusión de herejías (ver el comentario a las epístolas de Juan, pp. 554-556) ganaron la batalla teológica, pero su espíritu y su conducta quedaron seriamente dañadas. No sabemos nada sobre los nico-laítas (v. 6), a excepción de que es un sustantivo griego que significa «vence al pueblo». En 2:15, se les asocia a los seguidores inmorales e idólatras de Balaam, a los que, curiosamente, se les llama con un sustantivo hebreo que significa lo mismo. Juan pide a los efesios que se arrepientan y que hagan las obras que hacían antes (v. 5), lo que nos dice que el abandono del primer amor (v. 4) no se refiere a su falta de fervor, sino a un problema relacionado con la puesta en práctica de su fe.45 Estaban más preocupados por la verdad que por el amor a Dios o a los demás; ¡me vienen a la mente algunos «caza herejías» de la actualidad! La amenaza de extinción —la desaparición de la iglesia de Éfeso— se hizo realidad a finales del siglo II, que ocurrió a la par que el declive de la ciudad. La promesa del árbol de la vida (v. 7) contrasta con el santuario a Artemisa que había en la ciudad y el asilo que éste ofrecía.

Esmirna: perseverancia a pesar de circunstancias difíciles (2:8-11). Aquí tenemos a una de las dos iglesias para las que no hay ningún reproche o condena. Enfatizar la deidad y la resurrección de Jesús es muy importante (v. 8) para contrarrestar el fuerte culto imperial que reinaba en Esmirna. Los ciudadanos llamaban a la ciudad «la primera» entre las ciudades de Asia, y para ellos, había «resucitado» en el año 290 a.C., después de haber sido invadida y destruida por un rey de Lidia.46 Sobre la «sinagoga de Satanás» (v. 9), ver arriba, p. 579. Obviamente, esa expresión no puede aplicarse a todos los judíos. «Los que dicen ser judíos pero no lo son» hace referencia a aquellos que, con su práctica de perseguir a los cristianos, van en contra de su herencia étnica y espiritual.47 Esmirna es la ciudad donde Policarpo, discípulo del apóstol Juan, moriría como mártir unos treinta años más tarde, con la ayuda de un grupo de judíos que reunió la leña para la hoguera, a pesar de que era sábado (Mart. Polyc. 13.1, 17.2). La persecución de «diez días» (v. 10) quizá no es más que un número redondo para referirse a un periodo breve y limitado de sufrimiento (recuérdese Dn 1:12-14).48 Una inscripción encontrada en Esmirna que dice exactamente lo mismo hace referencia a algo que duró cinco días.49 A pesar de su fidelidad, Dios no les garantizó que en esta vida todo sería bendición. Pero los que se mantengan firmes recibirán una corona (un símbolo de la recompensa celestial muy apropiado ya que esa comunidad era conocida por la belleza de sus coronas) y no experimentarán la muerte «segunda» (es decir, espiritual y eterna).

Pérgamo: mezcla de fe e inmoralidad (2:12-17). Pérgamo era el centro de la adoración a Zeus, de las curaciones de Asclepio y de la secta imperial. Juan podría haber tenido en mente cualquiera de estas prácticas cuando escribió sobre el trono de Satanás (v. 13).50 No sabemos nada más del martirio de Antipas, pero está claro que esta iglesia había sido fiel a Jesús solo en parte. Vemos que comieron alimentos sacrificados a los ídolos, obviamente en un contexto de adoración pagana, que incluía relaciones sexuales como las que practicaban los sacerdotes y las sacerdotisas en los templos paganos con la confianza de alcanzar así la unión con el dios/los dioses o la diosa/las diosas (v. 14; en cuanto a las alusiones a Balaam y Balac ver Números 24:14; 31:16). Recuérdense las recomendaciones que aparecen en 1a Corintios 10:1-11. Sobre los nicolaítas, ver más arriba el comentario de Apocalipsis 2:6. Aunque, como ocurre en el Antiguo Testamento, la inmoralidad en este texto podría tratarse de una metáfora de la infidelidad que esa idolatría reflejaba. La recompensa para el que salga vencedor incluye el maná escondido, el «pan de vida» que los judíos pensaban que volverían a recibir en los últimos días, y que Jesús ofreció de forma espiritual a través de su persona y ministerio (Juan 6:30-59). En aquellos días, se podía utilizar una piedrecita blanca como entrada a una fiesta, como muestra de absolución en un juicio, como señal de iniciación en un grupo religioso y como amuleto mágico que ofrecía protección permanente.51 Podemos ver el paralelismo espiritual que hay entre todos estos usos y la esperanza futura del cristianismo. El nombre nuevo refleja la regeneración del creyente, que ya ha empezado pero no será completa hasta que Cristo vuelva por segunda vez.

Tiatira: confusión entre lo diabólico y lo divino (2:18-29). Es muy natural que, al dirigirse a una ciudad que reúne una gran cantidad de gremios y artesanos, Juan describa a Jesús como a alguien que aparece «con llamas de fuego» y parece «bronce al rojo vivo» (v. 18), que es lo que ocurría con los utensilios recién sacados del horno.52 Tiatira, como Pérgamo, estaba caracterizada por elementos básicos como la fe y el servicio (v. 19), pero también por una desastrosa desobediencia centrada en los alimentos sacrificados a los ídolos y la inmoralidad sexual. Esta vez Juan compara a esta ciudad con la reina Jezabel del Antiguo Testamento, la malvada mujer de Acab, que sufrió el juicio de Dios que había sido profetizado (vv. 20-23; cf. 1R 21:23 y 2R 9:33). La expresión «los mal llamados profundos secretos de Satanás» (v. 24) podría referirse a la idea gnóstica de que, para poder ser inmune al mal, uno tiene que haberlo experimentado de forma profunda.53 Como alguien que destroza la bella cerámica que se producía en Tiatira, Cristo destruirá a aquellos de la iglesia que no se arrepienten (v. 27). La estrella de la mañana podría ser una referencia a Venus, el símbolo de la soberanía romana, y/o a Cristo mismo (ver 22:16; cf. Nm 24:17).

Sardis: casi muertos (3:1-6). El estado de la iglesia de Sardis concordaba con la condición de la ciudad. Ambas estaban en declive, pero ninguna de las dos estaba dispuesta a admitirlo (v 1). Jesús como el único que las puede sostener y preservar contrasta claramente con la fortaleza casi impenetrable de la ciudad, que de todos modos había caído en manos enemigas en dos ocasiones por el descuido de la guardia (bajo Ciro y Antíoco III).54 Donde uno espera encontrar algún tipo de elogio, no hay nada por el estilo, aunque el versículo 4 reconoce que en la iglesia hay unos pocos fieles. Pero Juan pasa inmediatamente a una fuerte amonestación y un llamado al arrepentimiento, pues Jesús y el juicio pueden llegar cuando menos te lo esperes (vv. 2-3; recuérdese 1Ts 5:2 y Mt 24:43 y paralelos). A diferencia de la guardia que no estuvo alerta, los cristianos de Sardis deben mantenerse vigilantes.

La expresión «jamás borraré» es en el original una doble negación, que subraya con mucha fuerza la idea de que aquellos que venzan tienen la garantía de la vida eterna. Su inmoralidad («ropa manchada») será sustituida por la justicia («vestidos de blanco»; vv. 4-5).55 En cuanto al simbolismo que hay en el árbol de la vida, ver Éxodo 32:32-33. También hay un claro contraste entre la promesa de Cristo y la excomunión que las sinagogas estaban practicando, expulsando a los judíos cristianos y borrando sus nombres del libro de membresía. La idea de reconocer el nombre de alguien ante el Padre y los ángeles parece ser una alusión a las palabras de Jesús en Lucas 12:8-9 y textos paralelos.



Filadelfia: obedientes y fieles (3:7:13). Aquí tenemos, de entre todas las cartas, la más positiva. A diferencia de Esmirna, que era fiel y aun así estaba siendo perseguida, Filadelfia es fiel y vemos claramente que está siendo bendecida, con la puerta abierta para entrar en el reino de Dios y para ayudar a otros a entrar con ellos, a pesar de la poca fuerza que ellos tienen (vv. 7-8).56 Pero no hay nada que sugiera que la iglesia de Filadelfia era más obediente que la de Esmirna. Dios, en su soberanía, es quien determina cuándo otorgar bendición física o externa en medio de la perseverancia y el servicio cristiano. El paralelismo con Esmirna sale a relucir de nuevo con la referencia a una «sinagoga de Satanás» (v. 9; recuérdese 2:9). El versículo 10 es el quid de esta carta. ¿A qué se refiere la promesa de guardarnos «de la hora de la prueba que vendrá sobre el mundo entero»? ¿A que Dios va a preservar a los cristianos sacándolos del lugar de tribulación? ¿O a que los va a preservar protegiéndoles en medio de la tribulación? Gramaticalmente hablando, la expresión que aquí tenemos podría referirse tanto a una cosa como a la otra. Obviamente, los que defienden un arrebatamiento pretribulationista optan por la primera, mientras que los postribulacionistas prefieren la segunda. Es interesante ver que la única vez, a parte de esta, que se usa el verbo tereo («guardar») con la preposición ek («de») en el Nuevo Testamento es en Juan 17:15, cuando Jesús le pide al Padre que guarde a sus seguidores del mal mientras siguen en este mundo.

Pero si esto es una alusión a la gran tribulación que habrá al final de la historia de la humanidad, es la única referencia de este tipo en estas cartas a las siete iglesias. Todo lo demás tiene que ver claramente con el contexto histórico de finales del siglo I. por lo que quizá, «la hora de la prueba» o «la hora de la tentación» solo apunta a una persecución de los cristianos de todo el Imperio (en el contexto romano, «el mundo entero» también podía tener ese significado). ¿Es solo una coincidencia que la iglesia de Filadelfia existiera hasta el año 1392, mucho más tiempo que las otras seis iglesias que fueron destruidas, algunas por las invasiones islámicas que empezaron en el siglo VII?57 Los versículos 11-12 prometen que los que salgan vencedores serán columnas en el templo nuevo de Dios en la nueva Jerusalén. Obviamente, se está hablando de forma figurada para referirse a un fundamento sólido, pues sabemos que la nueva Jerusalén no tiene un templo (21:22). También es una imagen adecuada para los habitantes de Filadelfia, que estaban tan acostumbrados a que los terremotos sacudieran las columnas del templo y otras estructuras de piedra que la mayoría vivía fuera de las murallas de la ciudad.



Laodicea: imbebibles e inútiles (3:14-22). Esta es la carta más negativa de las siete. La iglesia era como el agua de la ciudad, conocida por su tibieza (v. 15). Laodicea no tenía fuente propia, así que el agua la tenían que traer o de los arroyos de la fría montaña que había cerca de Colosas, o de las fuentes termales cercanas a Hierápolis. Procediera de donde procediera, cuando llegaba a Laodicea el agua estaba tibia. Por tanto, en este pasaje, los adjetivos «frío» y «caliente» son metáforas positivas, que contrastan con el repugnante estado de los ciudadanos de Laodicea (v. 16).58 La ciudad era famosa también por su riqueza (después de un terremoto en el año 60 d.C., se pudo reconstruir sin la ayuda de los romanos), su industria de lana negra, y su escuela de medicina que producía un colirio especial. Y llama la atención que el versículo 17 dice claramente que los cristianos de aquella ciudad eran «infelices, miserables, pobres, ciegos y desnudos». ¡Vaya contraste! Si quieren cambiar las cosas, tienen que comprar «oro» espiritual, «ropas blancas» y «colirio» espiritual (v. 18).59

El llamamiento al arrepentimiento (v. 19) utiliza la famosa metáfora de abrir las puertas para que Jesús pueda entrar y cenar con ellos (v. 20). Aunque esta puede ser una imagen muy adecuada para describir a alguien que recibe a Cristo en su corazón por primera vez, en este contexto Juan se está refiriendo claramente a una iglesia que de forma colectiva recibe a Jesús de nuevo.60 Su llamada paciente contrasta con la entrada ruda de los oficiales romanos, que revolucionaban aquella rica ciudad exigiendo alojamiento a la fuerza.

Eugene Peterson capta muy bien cuál es la esencia de las cosas que Dios alaba de cada iglesia, y las cosas que le desagradan. Su texto, además, nos ayuda a encontrar grupos de cristianos similares en cada época y lugar, grupos que necesitan el mismo tipo de promesas y de advertencias. «Dios alaba a las iglesias por su trabajo constante, entregado e infatigable (Éfeso); por su aguante y valentía en medio del sufrimiento (Esmirna); por un testimonio valiente (Pérgamo); por un discipulado que crece y se desarrolla (Tiatira); por su valerosa firmeza (Filadelfia)». Pero «tienen que ser corregidos porque han abandonado su primera amor por Cristo (Éfeso); porque toleran las herejías (Pérgamo); porque toleran la inmoralidad (Tiatira); porque se muestran indiferentes (Sardis); porque han sustituido la vida en el Espíritu por las riquezas y el lujo (Laodicea)».61

Además, Ricardo Foulkes subraya que la «irrupción» del mensaje de Jesús en las vidas de los miembros de las siete iglesias no les puede dejar indiferentes. El Señor les pide cambios vitales no solo a nivel individual (muchas religiones de Éfeso y alrededores aceptaban la conversión personal a cualquier secta siempre que no desacreditara las demás opciones religiosas del momento), sino también a nivel social y estructural, derrocando las «estructuras que esclavizan y engañan a la gente. Es decir, el aspecto religioso de la vida está tan interrelacionado con los demás aspectos de la vida (con el económico, el cívico, el legal, incluso con el llamado “secular” o “laico”), que un cambio religioso, o mejor dicho, el cambio que Jesús efectúa afectaría a todos los ámbitos de la existencia».62



ALABANZA CELESTIAL (4:1-5:14)

A Dios (4:1-11). En esta visión, vemos a Juan en la sala del trono celestial, donde se le van a mostrar los sucesos futuros (que al parecer empiezan en 6:1). Pero primero se le concede tener un atisbo de la antesala de Dios mismo (cap. 4). El «cielo abierto» o «puerta abierta» del versículo 1, junto con la mención de la voz que le guía, es característico de la literatura apocalíptica, por lo que no hay razón para pensar que Juan representa a la iglesia que está siendo arrebatada, como diría el dispensacionalismo clásico.63 No obstante, la expresión «después de esto» también en el versículo 1 respalda la interpretación futurista del resto del libro. La descripción velada de Dios y los detalles sobre lo que le rodea no deberían alegorizarse; los elementos de los versículos 2-6 se combinan para crear un espléndido cuadro de la riqueza, la belleza, la majestad, la soberanía, el poder y la pureza del Señor. Los veinticuatro ancianos y los cuatro seres vivientes se parecen a los querubines y serafines de Ezequiel 10:14 e Isaías 6:2. A los «ancianos» se les asocia con otros seres celestiales a lo largo del libro de Apocalipsis (4:6; 5:5, 11; 7:11; 19:4) y son seres diferentes a los redimidos de la tierra (5:8; 7:13-14; 11:18; 14:3), así que con casi toda probabilidades deberíamos verlos como portavoces angélicos.64 El hecho de que son veinticuatro podría sugerir que representan y/o guardan a todo el pueblo de Dios a lo largo del tiempo, dirigidos por los doce hijos de Israel (o tribus) y los doce apóstoles. Pero el número también podría proceder de las veinticuatro divisiones de sacerdotes y cantores levitas de 1° Crónicas 24-25, y apuntar así a un rol de liderazgo en la alabanza celestial.65

Precisamente, los versículos 6b-11 nos introducen en esa alabanza. Aquí, está dirigida a Dios, alabándole sin cesar por su santidad, eternidad, creación y providencia. Honrarle como «Señor Dios Todopoderoso» era un desafío directo al emperador Domiciano, que se autoproclamaba el único Señor. El hecho de que los ancianos rinden sus coronas ante el trono (v. 10) normalmente se entiende como una prueba de que los creyentes reciben diferentes tipos de recompensas (coronas) en el cielo. Pero si los ancianos son ángeles, no podemos sacar de esta imagen ninguna enseñanza sobre las recompensas de los creyentes. Incluso si representaran a la iglesia, el hecho de que devuelvan sus recompensas a su Padre celestial en última instancia les hace a todos iguales.66 Ciertamente, la idea principal del capítulo no es otra que la exaltación de Dios mismo. Él es el único digno de recibir toda la gloria y honor.



Al Cordero (5:1-14). El capítulo 5 continúa con el mismo tema, pero dirige ahora su alabanza al Cordero inmolado, que es el único que puede abrir el rollo que recoge los sucesos del final de los tiempos. Primero, tenemos un problema aparentemente irresoluble: en todo el Universo no hay nadie que sea digno de romper los sellos del rollo que contiene las anheladas profecías (vv. 1-4). Normalmente, los rollos que estaban escritos por los dos lados eran edictos imperiales.67 Romper los sellos de un rollo suponía, generalmente, la ejecución legal de lo que se ordenaba en el interior del rollo. En este caso, hacía falta realizar un sacrificio por el pecado antes de que el diablo fuera vencido y el reino perfecto de Cristo fuera establecido. Pero, cuando Juan se está lamentando, llega el anuncio de que «el León de la tribu de Judá, la Raíz de David, ha vencido» y puede abrir el rollo (v. 5). Un rey que desciende de la tribu y familia real es, sin duda alguna, el Mesías. Pero aunque a Cristo se le llama león, cuando Juan se vuelve para verlo, ver en el centro del trono de Dios un cordero inmolado que ha revivido, con siete cuernos y siete ojos que representa a los siete espíritus (o al Espíritu en su plenitud, es decir, el Espíritu Santo; recuérdese lo comentado en la p. 591), a través del cual Cristo es omnipresente. El hecho de que el Espíritu viene de Dios completa esta incipiente referencia trinitaria (v. 6).

La acción anterior a abrir el rollo es tomarlo, pero antes de que la acción prosiga, la hueste de ángeles rompe en cánticos de alabanzas por la expiación del Mesías, que ha hecho posible que entre los redimidos haya personas de todos los grupos étnicos y lingüísticos de la tierra. La alabanza va in crescendo a medida que el Cordero es presentado, exaltado y entronizado, ¡una ceremonia de coronación completa! (vv. 7-14).68 El siervo sufriente se ha convertido en el rey-guerrero.69 Vemos en el versículo 13 que todas las criaturas del universo alaban al Cordero, pero eso no quiere decir que todos son salvos. En Isaías 45:23-24 ya encontramos la idea de que los enemigos de Dios se verán forzados a adorar a Dios, quedando así en evidencia y avergonzados (cf. Fil 2:10-11; Col 1:20; Ef 1:21-23). Ver la gloria celestial reservada a los hijos de Dios que se describe en los capítulos 4 y 5 prepara a Juan para las visiones de los horribles sucesos que precederán a esa gloria y ofrece a los lectores la perspectiva necesaria para poder mantenerse fieles durante los momentos difíciles que están por llegar.70



LOS SIETE SELLOS Y EL PRIMER INTERLUDIO (6:1-8:5)

Los primeros seis sellos (6:1-17). El libro de Apocalipsis recoge veintiún juicios de Dios sobre el mundo, agrupados en tres bloques, y cada uno de esos tres bloques contiene, a su vez, siete elementos. El primero de estos bloques está representado por siete sellos, que alguien tiene que romper para que el rollo que mantienen precintado se pueda desenrollar. El uso de un rollo para hablar de los juicios de Dios tiene precedentes en el Antiguo Testamento (sobre todo en Ez 2:9-3:3). Dado que, para poder leer el rollo, primero hay que romper los sellos, lo más natural es entender la mayoría de estos primeros juicios como el preludio a los horrores de los días finales (lo que más adelante se llamará «la gran tribulación»: 7:14), en lugar de entenderlos como parte de esos horrores.71 Los paralelismos que hay con una serie de sucesos que Jesús predijo (Mr 13:7a, 8 y paralelos) como elementos que no señalaban el final (v. 7b) refuerzan esta interpretación. Ciertamente, los primeros cuatro sellos o juicios, también representados por cuatro caballos y jinetes (reminiscencia de Zac 1:8-11), describen un tipo de tribulación que ha venido ocurriendo a lo largo de la historia: militarismo, guerras, hambre, y muerte (Ap. 6:1-8).

El primer sello (vv. 1-2) es el único de los cuatro que presenta una ambigüedad significativa. Dado que en 19:11 Cristo mismo aparecerá como un jinete sobre un caballo blanco, algunos creen que este sello tiene un sentido positivo, es decir, la conversión de las naciones. Pero, puesto que los veinte símbolos de juicio restantes son claramente negativos, lo más lógico es ver en este primer sello el símbolo romano de militarismo y la conquista imperial. El arco era un símbolo de combate, especialmente entre los partos, imperio cuyo noroeste colindaba con el romano.72 Apolo, el dios grecorromano del sol, también luchaba con un arco. Pero los poderes de los seres humanos y de los «dioses» no son nada al lado del juicio poderoso de Yahvé.73

El segundo sello (vv. 3-4) representa con toda claridad el conflicto bélico. El tercer sello (vv. 5-6), el hambre, y recoge de forma muy aproximada las condiciones que reinaron después de la sequía del año 92 d.C. Hacía falta el salario de todo un día para comprar la ración diaria de trigo y cebada; no obstante, los olivos y las vides crecían bien porque sus raíces, que son mucho más profundas que las del cereal, sí conseguían abastecerse de agua.74 Está claro que la misericordia de Dios pone un límite y, gracias a ella, el sufrimiento no llega a ser todo lo atroz que podría haber sido. El cuarto sello (vv. 7-8) representa la muerte causada por la guerra, el hambre y las plagas. Algunos entienden que este texto profetiza la muerte de una cuarta parte de la humanidad. Pero lo que Juan está diciendo es que al caballo y al jinete «se les otorga poder sobre la cuarta parte de la tierra». No se especifica la cantidad de gente que morirá bajo este juicio.75

El quinto sello inicia un patrón diferente, pues ya no tenemos una descripción de la ejecución del juicio, representado por caballos y jinetes. Este sello desata el clamor de los mártires cristianos, que preguntan hasta cuándo seguirá Dios sin vengar sus muertes.76 La respuesta dice que deben esperar un poco más, pues aún va a haber más mártires (vv. 9-11). Pero esas «almas» que se acercan a la presencia de Dios reciben ropas blancas, que son símbolo de pureza celestial. Así, la única plaga que el quinto sello representa es el hecho de que las plagas del primer, segundo y tercer sellos tienen que continuar. Y así ha sido en muchas ocasiones a lo largo de la historia del cristianismo.77



Con el sexto sello, pasamos de los sucesos que preparan la llegada de la gran tribulación, a sucesos que revelan que la gran tribulación ha empezado y se está acercando a su climax (vv. 12-17). Se trata de sucesos que, aunque no los entendamos de forma literal, son de un alcance tan cósmico que con casi toda probabilidad Juan está diciendo que el mundo tal y como lo conocemos ahora no va a continuar (vv. 12-14). En otra literatura apocalíptica judía, este tipo de imágenes no siempre se refiere a una disolución literal del universo, sino a una era sociopolítica totalmente nueva en la que Dios gobierna la tierra.78 La agitación que describe es tanta o más como la que queremos describir cuando usamos expresiones igualmente metafóricas como «los infiernos se han abierto» o «las puertas del infierno se han abierto». Como vimos anteriormente, esto podría ser una visión del principio del fin, lo que ocurrirá justo antes de que Cristo regrese y haga nuevas todas las cosas.79 Sean los que sean estos sucesos, lo que está claro es que producen un terror extremo y el deseo de morir para librarse de una tortura tan atroz (vv. 15-17). La «ira del Cordero» es un logrado oxímoron que explica muy bien el papel de Jesús en este momento.

Los 144.000 y la gran multitud (7:1-17). Antes de describir el séptimo sello, Juan inserta dos segmentos de otra visión del cielo. Los versículos 1-8 describen el momento en el que 144.000 personas son selladas. Antes de desatar la siguiente plaga, Dios se asegura de que sus «siervos» que aún están en la tierra estén protegidos de la ira que va a derramar (vv. 1-3; cf. Ez 9:4-6). El sello también podría representar que sus seguidores le pertenecen, que son suyos. Así que es evidente que hay creyentes en la tierra durante la tribulación que está por venir. Lo que resulta tema de debate es si esta es una descripción de toda la iglesia cristiana o solo de una parte de ella (por ejemplo, los judeocristianos); y esa parte (o algunos de ella) es la única que no es arrebatada, o abraza la fe cuando ve el arrebatamiento de toda la iglesia. A primera vista, las interpretaciones que dicen que aquí se está refiriendo a judíos parecen mucho más creíbles. Este pasaje es, quizá, el argumento bíblico más fuerte a favor del arrebatamiento pretribulacionista. Dice el texto que el grupo del que habla en los versículos 4-9 está formado por personas de las doce tribus de Israel, concretamente, 12.000 personas de cada una de las tribus. Por otro lado, en la visión de los versículos 9-17, Juan ve una multitud tan grande que no se puede contar, formada por personas de todos los grupos étnicos de la tierra (v. 9), que ha salido de la gran tribulación (v. 14), presumiblemente la iglesia ya arrebatada y multiétnica de Jesucristo.80

Sin embargo, si investigamos un poco más, encontramos en el mismo capítulo varios detalles que nos hacen dudar de esta interpretación. El primero es que la lista que aparece en los versículos 5-8 es una lista única. No hay ningún precedente de esta lista en ningún documento de la literatura judía antigua; no existe ni siquiera una lista con los mismos nombres, aunque estén ordenados en una secuencia diferente. Falta la tribu de Dan, y se menciona a José, pero tan solo a uno de sus hijos (aparece Manasés, pero no Efraín), entre los que repartió su tierra. Éste podría ser el primer indicativo de que no estamos ante una descripción totalmente literal del Israel étnico.81 El segundo, los 144.000 vuelven a aparecer en 14:1-5, texto en el que no hay ninguna mención étnica, sino solo características cristianas generales (ver más abajo, p. 618). El tercero, Juan no tiene una visión de los 144.000. El versículo 4 dice que el apóstol «oyó» el número de los que fueron sellados de cada tribu. Después de escuchar una descripción así, una esperaría que Juan mire, para ver ese grupo que acaba de ser anunciado. Eso es precisamente lo que hace al principio del versículo 9, y lo que ve es una multitud que nadie podía contar. Parece que esta visión tiene el objetivo de presentar al mismo grupo que se describe en los versículos anteriores en términos más judíos.82



No podemos olvidar que en 5:5-6 ya nos encontramos con el mismo fenómeno. En aquel texto, se le dijo a Juan que mirara para ver al León de Judá; pero, cuando miró, vio a un Cordero que parecía haber sido inmolado. Si tenemos en cuenta el simbolismo de aquella época, no hay un contraste más grande que el contraste entre el rey de los animales y un corderito sacrificado. Y, sin embargo, ambos están haciendo referencia a la misma realidad: Jesús mismo (ver arriba, p. 599).83 Por tanto, es perfectamente concebible pensar que los miembros de las tribus de Israel (de los que se nos da una cifra exacta) y la multitud multiétnica que no se podía contar están hablando de la misma entidad, la iglesia, desde dos perspectivas diferentes pero complementarias. Por un lado, la iglesia es en última instancia el cumplimiento de la responsabilidad que Dios había dado a Israel. Por otro lado, está formada por un número mucho más amplio de personas que proceden de todos los grupos étnicos de la tierra.84

Los versículos 9-17 también contrastan con los versículos 4-8, y lo hacen refiriéndose a la compañía de los redimidos que ya están en el cielo. Cuando los describe como «los que están saliendo de la gran tribulación», aunque algunos creen que han quedado exentos de pasar por ella, lo más natural es pensar que la pasaron por ella, y que ahora ya han sido librados.85 Las vestiduras blancas (vv. 9, 13) nos recuerdan a la recompensa reservada para los mártires mencionada en 6:11. Tenemos aquí otro oxímoron, pues dice que los redimidos han lavado y blanqueado sus túnicas en la sangre del Cordero (v. 14), pero la cuestión es que el sacrificio expiatorio de Cristo limpia de forma completa a sus seguidores, al menos una vez su vida en la tierra llega a su fin. Y pensando en ese maravilloso destino, no nos sorprende que los redimidos, junto con las huestes angelicales, rompan en alabanzas por la salvación que les ha sido otorgada (v. 10), por la magnificencia del Dios que la ha hecho posible (v. 12) y por su estado eterno (vv. 15-17). Sea cual sea el sufrimiento por el que han pasado en esta vida, este ha llegado a su fin. ¡El Cordero se transforma en el Pastor que guía a su pueblo a lugares de refrigerio eterno!86



El séptimo sello (8:1-5). Por fin llega el momento en el que se va a desvelar qué esconde el séptimo sello. Pero, en lugar de liberar plagas, peticiones de venganza o cataclismos, como ocurrió cuando se rompieron los seis primeros sellos, lo único que ocurre es un silencio prolongado en el cielo (cf. Zac 2:13), seguido de lo que podría llamarse efectos de sonido y ayudas visuales como las que asociamos con los desastres «naturales» que han ocurrido a lo largo de la historia de la humanidad. Solo que en este caso parece que los truenos y los relámpagos empiezan en la tierra y resuenan en los cielos. El hecho de que el silencio (v. 1) y los posteriores efectos teatrales (vv. 3-5) aparezcan antes y después de esa referencia a los siete ángeles con las siete trompetas respalda la sugerencia que hacíamos anteriormente: que el séptimo sello no introduce un nuevo juicio, sino que simplemente engloba y prepara el camino para la siguiente serie de juicios (ver más arriba, p. 584).87

LAS SIETE TROMPETAS Y EL SEGUNDO INTERLUDIO (8:6-11:19)

Las primeras seis trompetas (8:6-9:21). Desde la famosa marcha alrededor de Jericó a textos apocalípticos como 1a Corintios 15 y 1a Tesalonicenses 4-5, vemos que en las Escrituras las trompetas actúan como heraldos de un juicio. Ya ha llegado el momento de la gran tribulación, como dice el rollo que ya se ha abierto y que desvela los juicios de Dios que van a acontecer (v. 6). Como ocurre con los cuatro primeros sellos, las primeras cuatro trompetas o juicios son muy similares (vv. 9-12). También se parecen a las plagas que cayeron sobre los egipcios durante el enfrentamiento entre Moisés y el faraón. Este paralelismo sugiere que, aún en esta época, su propósito es animar a los malvados a que se arrepientan. La conclusión de esta sección (9:20-21), aunque de forma ambigua, así lo confirma. A pesar de los juicios de las trompetas, los malvados de la tierra no se arrepienten, lo que apunta a que aún tienen la oportunidad de hacerlo.88

Cuando toca la primera trompeta, se desata una tormenta de granizo mezclado con fuego ensangrentado; cuando toca la segunda, una enorme montaña envuelta en llamas es arrojada al mar, que se convierte en sangre; con el son de la tercera, una estrella en llamas convierte el agua de los ríos y manantiales en sangre; y con la cuarta, una plaga ataca el sol, la luna y las estrellas, produciendo oscuridad (vv. 7-12). En cada uno de los casos, una tercera parte de las zonas atacadas quedan afectadas. No sabemos a ciencia cierta qué significa esta fracción, pero lo que sí está claro es que es más que la cuarta parte que se menciona en 6:8. Pero a pesar de que el juicio se ha intensificado, tan solo una parte minoritaria del mundo queda afectada por las plagas de Dios.89 Es imposible determinar en qué medida estas descripciones son o no literales. Algunas de las visiones incluyen fenómenos que no podrían ocurrir de forma literal, por ejemplo, el oscurecimiento de exactamente una tercera parte del sol. El simbolismo que aquí encontramos es materia prima de la profecía apocalíptica no literal. Sin duda alguna, Juan describió de la forma más exacta posible lo que vio, pero eso es diferente de decir que esas visiones son una reproducción exacta de lo que está por suceder. De hecho, como ocurre a menudo en la literatura apocalíptica, hay símbolos que son muy diferentes de los sucesos que representan, pero sus propósitos y consecuencias son igual de atroces.90

Las trompetas quinta y sexta (también llamadas el primer y el segundo ayes) son de diferente naturaleza (8:13-9:21). En primer lugar, Juan ve ejércitos de langostas descritos de una forma grotesca, que proceden del abismo (9:1-2). Esto sugiere que no está viendo a un ejército formado por seres humanos, sino que está viendo una horda demoníaca.91 Las plagas de langostas eran muy comunes en el antiguo Oriente Medio, y Joel 2:1-11 ya recoge profecías en las que plagas de langostas se convierten en ejércitos. Pero, de nuevo, Dios pone límite al caos provocado por estas criaturas diabólicas. Se les prohíbe dañar las plantas (aunque en 8:7 se había destruido toda la hierba de la tierra, un recordatorio de que éstas no siempre son profecías literales de los sucesos que han de ocurrir). Más importante aún, se les prohíbe dañar a las personas que han sido selladas en 7:4; no pueden matar a los no creyentes, y solo les pueden torturar por un periodo de cinco meses, periodo apropiado para esta visión, puesto que es el tiempo de vida de una langosta (v. 5a).92

No obstante, durante ese periodo pueden hacer sufrir a esas personas todo lo que quieran (vv. 5b-6). La ironía es que Satanás, al que en el versículo 11 se le llama el Destructor, se ha vuelto contra los suyos, pues eso es lo que siempre ocurre con el mal. A continuación, Juan describe a los guerreros-langosta con una serie de símiles, buscando las mejores analogías para describir lo indescriptible (vv. 7-10). El cuadro nos recuerda a las escenas en las que los ejércitos partos lucían sus caballos armados y engalanados con largas crines y sus jinetes que disparaban flechas en todas direcciones para combatir los ataques provinentes de cualquier flanco. En ocasiones, a sus espaldas blandían un mazo sin cesar, para frenar cualquier ataque por la retaguardia.93 Pero, de nuevo, recordemos que no podemos verlos como meros ejércitos humanos; hacerlo sería «desmitificar» o deshacernos del elemento sobrenatural del texto.94



En segundo lugar, Juan oye la orden de soltar a los cuatro ángeles que van a matar a la tercera parte de la humanidad (vv. 13-16). Su modus operandi consiste en atacar con «dos miríadas de miríadas» de jinetes a caballo. Una «miríada» (gr muriados) podía significar diez mil, o simplemente un número muy elevado. El hecho de que los corceles echaran por la boca fuego, humo y azufre, todos ellos elementos asociados al infierno, apuntan a que también son seres demoníacos, al igual que las langostas. Los que intentan ver aquí ejércitos humanos, y piensan en naciones lo suficientemente grandes como para tener tropas de doscientos millones, no han entendido lo que Juan está intentando transmitir. Si las criaturas son demoníacas, se trata de una guerra espiritual, y la muerte de la tercera parte de la humanidad podría referirse tanto a la muerte física como a la muerte espiritual (vv. 17-19).95 Sorprendentemente, aunque el juicio recae sobre una parte tan grande de la tierra, los incrédulos continúan con su idolatría y su inmoralidad (vv. 20-21).

El pequeño rollo (10:1-11). Como con los juicios de los sellos, aparece un interludio entre la narración del sexto y el séptimo juicio de las trompetas. Este interludio contiene dos visiones diferenciadas. La primera consiste en un ángel con «rollo pequeño» (bibliarion, el diminutivo de la palabra que aparece en 5:1). Se describe la majestuosidad celestial del ángel, reminiscencias de Jesús mismo (v. 1). Pero las Escrituras nunca se refieren a Jesús como un ángel, por lo que es muy poco probable que se esté hablando de él aquí. No deberíamos alegorizar los elementos que se utilizan para describir al ángel. Dado que el término que se usa en el versículo 2a para describir este rollo es diferente al término que se utiliza anteriormente, y dado que parece referirse a una nueva etapa en la revelación de Dios («tienes que volver a profetizar», 10:11), la mayoría de estudiosos suponen que su contenido se corresponde con 11:1-13, la visión que Juan tiene después de ingerir el rollo y antes de que acaben los juicios de las trompetas.96 Sin embargo, unos pocos defienden que es parte del rollo y del plan de Dios mayor que ya se ha desplegado más arriba.97 Tanto si seguimos una interpretación como la otra, el hecho de que los pies del ángel ocupen toda la tierra y todo el mar (2b) apunta a la importancia universal de esta revelación.

Cuando el ángel da un grito, Juan oye unas potentes voces descritas como «siete truenos» (v. 3). Pero cuando diligentemente se dispone a escribir las palabras, como ha hecho con todas las otras revelaciones de Dios, una voz le dice que «guarde en secreto» lo que las voces han dicho, y que no lo escriba (v. 4). La literatura apocalíptica judía a veces incluía una revelación velada en medio de una serie de revelaciones públicas (en el Nuevo Testamento, cf. la revelación privada a Pablo en 2Co 12:1-4).98 A la luz de la idea principal de 5-7 de que no va a haber que esperar más, uno se imagina los siete truenos lanzando juicios que Dios habría enviado si no hubiera acortado el tiempo. Pero, obviamente, no son más que imaginaciones.99 El juramento de los versículos 5-6, muy elaborado y muy formal, confiere a esta afirmación una gran confianza y solemnidad.

Mientras que a Daniel se le dijo que el contenido de su profecía estaría sellado y en secreto hasta la hora final, dando a entender que el final no era inminente (Dn 12:9), a Juan se le dice que guarde en secreto lo que ha escuchado porque el final si es inminente. Mientras que el quinto sello dice a los mártires que quieren venganza que esperen un poco (6:9-11), ahora estamos una vez más a las puertas del fin (como con el sexto sello en 6:12-17). A su vez, aún vamos a leer ocho juicios más, así que parece que estamos ante un segundo anuncio de algo futuro que no nos lleva inmediatamente a la consumación final de todas las cosas.100

La orden que Juan recibe sobre lo que hacer con el rollo pequeño es exactamente igual que la que Ezequiel recibió siglos atrás (ver esp. Ez 3:3, 14). En esta visión, el ángel le dice a Juan que se coma el rollo y le advierte de que aunque le sepa dulce como la miel, le amargará el estómago (v. 9-10). Dicho de otro modo, los juicios que debe pronunciar sobre el destino del mundo (v. 11) serán agridulces. Para los creyentes, el fin significará salvación; para los incrédulos, juicio. La amargura quizá también haga referencia a la persecución que los creyentes experimentarán antes de la vindicación final. Como veremos de forma más clara en los capítulos 11-14, este largo «interludio» recoge estos tres temas antes de llegar a los juicios de las siete copas: (1) El pueblo de Dios está exento de su ira, (2) pero eso no quiere decir que no vayan a sufrir per-secación humana y diabólica; (3) al final Dios juzgará toda la maldad de este mundo dando vida eterna a los que estén a su favor y muerte eterna a los que estén en su contra.101





Compartir con tus amigos:
1   ...   80   81   82   83   84   85   86   87   88


La base de datos está protegida por derechos de autor ©bazica.org 2019
enviar mensaje

    Página principal