8 de pentecostés a patmos una introducción a los libros de hechos a apocalipsis



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PREGUNTAS


1. ¿Cuáles son algunos de los desafíos, si atribuimos la autoría de Apocalipsis a la misma persona que escribió el cuarto Evangelio y las epístolas joánicas? ¿Qué evidencias internas y externas sugieren que Apocalipsis está escrito por el mismo autor?
2. Apocalipsis es un híbrido literario con influencias tanto judías como grecorromanas. ¿Qué tres géneros conocidos utiliza? ¿En qué sentido es similar a otros textos apocalípticos antiguos y en qué difiere de ellos? ¿Qué principio hermenéutico hay que aplicar teniendo en cuenta la naturaleza epistolar de Apocalipsis?
3. La tres series de siete que aparecen en el Apocalipsis se han entendido de diferentes formas. ¿Cuál de las tres opciones ofrece la explicación de los sucesos de Apocalipsis?
4. Apocalipsis 1:19 ofrece un sencillo esquema de toda la revelación de Apocalipsis. ¿En qué consiste ese esquema? ¿Por qué esa comprensión ayuda al lector a interpretar adecuadamente las imágenes y las metáforas de Apocalipsis?
5. Quizá en mayor medida que cualquier otro libro del Nuevo Testamento, Apocalipsis precisa de algunas decisiones interpretativas que dictan la comprensión de todo el libro. ¿Cuáles son estas cuestiones interpretativas y cuáles son las principales perspectivas de cada una de estas cuestiones?
6. ¿Cuál es la estructura de cada una de las siete cartas a las iglesias? ¿A quiénes representan las iglesias? Resume la idea central del mensaje de Cristo a cada una de las siete iglesias y el principio aplicable a la iglesia de hoy. ¿Qué información histórica sobre cada iglesia ayuda el intérprete de hoy a entender mejor el significado original del autor?
7. ¿Cómo tienen que entenderse las metáforas de Cristo como León y como Cordero en todo el libro de Apocalipsis? Si pensamos en todos los habitantes del cielo, ¿por qué esta figura es única?
8. ¿Cuál es el propósito de los sellos en Apocalipsis? ¿Qué elementos del texto mismo y del Antiguo Testamento nos ayudan a llegar a esa conclusión? Comentar lo mismo sobre las trompetas.
9. ¿Qué temas importantes recoge el interludio del rollo pequeño de Apocalipsis 10?
Los dos testigos (11:1-14). En la segunda visión que Juan ve antes del sonido de la séptima trompeta hay dos personas, llamados simplemente «testigos» de Dios. Es sorprendente lo mucho que sus poderes para hacer milagros se asemejan a los de Moisés y Elías, y también, que han sido crucificados y han resucitado igual que Jesús. La mayoría de los comentaristas reconocen que, en cuanto a los detalles, este es el capítulo más difícil de interpretar de todo el libro de Apocalipsis; no obstante, los temas principales son bastante claros. Independientemente de si toda la iglesia pasa por la tribulación o tan solo lo hacen los judeocristianos (o los cristianos post-arrebatamiento), es natural pensar que estos dos testigos representan o son un símbolo de todos los seguidores de Dios durante este horrible periodo a finales de la historia humana tal y como la conocemos. Sin embargo, fuera del círculo académico, muchos prefieren imaginarse a dos personas reales, posiblemente a Moisés y a Elías que han regresado del cielo.102

Aquí, la profecía de Juan empieza con una visión del templo de Jerusalén y la orden de medirlo y contar cuántas personas adoran en él (v. 1). Como en Zacarías 2:2, estas acciones simbolizan la protección de Dios. El versículo 2 muestra lo que ocurre en el atrio exterior, que no debe incluir, porque va a ser destruido. Lo primero que les venía a la mente a los lectores de la última década del siglo I era la destrucción del templo del año 70 d.C. (ver esp. Lc 21:24). Pero en aquella ocasión, no solo se destruyeron las estancias exteriores, sino que todo el templo quedó destruido. De ahí que la protección de las instalaciones interiores debe ser espiritual, no literal. Si Dios ha descrito a toda la comunidad de creyentes usando la imagen de los 144.000 judíos, no es difícil imaginarle describiendo a su iglesia como «el templo»; de hecho, ese es el significado de la palabra templo en las epístolas de Pablo y Pedro (ver más arriba, pp. 180-182; cf. también p. 512). Es este caso, el contraste entre el interior y el exterior apunta a la protección interior (espiritual) a pesar de la persecución exterior (física). Y, una vez más, la iglesia es vista como el remanente fiel de Israel.103




Los dos testigos profetizarán durante mil doscientos sesenta días. A treinta días por mes, este número equivale a cuarenta y dos meses o a tres años medio. Esta cantidad de tiempo proviene de Daniel 9:27 y 12:7, refiriéndose al último periodo de tiempo antes de que las profecías de Daniel se cumplan. Este periodo de tiempo se volverá a mencionar en 12:6, 14 y 13:5. Dado que en el Apocalipsis (y en casi toda la Biblia) el siete es el número de la plenitud o la perfección, el significado más obvio de «tres y medio», que es la mitad de siete, es un periodo incompleto que no representa la palabra completa o perfecta de Dios. El mal tiene la penúltima palabra, pero la tribulación da paso al juicio y a la vindicación de Dios, que despliega su veredicto final sobre la historia de la humanidad.104 Puesto que la destrucción del atrio exterior da comienzo a este periodo de 1.260 días, resulta lógico pensar que da comienzo a «la era de la iglesia», o al menos al periodo de tiempo desde la destrucción del templo en el año 70 d.C. hasta el derramamiento de fe entre los judíos que tiene lugar justo antes del retorno de Cristo.105

Los dos testigos llevan a cabo su ministerio profético vestidos de cilicio, atuendo para el luto, porque se lamentan por los pecados del mundo que se ha rebelado contra Cristo y al que llaman al arrepentimiento. En el versículo 4, los olivos nos recuerdan al simbolismo que se usa en Zacarías 4:6 para describir la actividad del Espíritu de Dios, mientras que los candelabros aparecen en Apocalipsis 1:20, donde, como vimos, representan a las siete iglesias. Ambas imágenes confirman la sugerencia de que los dos testigos representan a la iglesia de Jesucristo que con valentía testifica del evangelio por el poder del Espíritu en los últimos días.106 Aunque el impacto del mal aumenta, también crecen los efectos positivos de la proclamación de las buenas nuevas del plan de Dios. Igual que las plagas sobre la casa del faraón, que dieron lugar al éxodo. Igual que la oración de Elías pidiendo fuego del cielo, que dio lugar a la destrucción de los profetas de Baal, y su profecía de sequía y lluvia, que puso en marcha los sucesos que darían lugar a la caída del reinado de Acab y Jezabel (de ahí las imágenes de los versículos 5-6).107

Sin embargo, por el momento, los dos testigos tienen que sufrir las consecuencias de la batalla espiritual contra los poderes del mal. Son asesinados por fuerzas demoníacas (v. 7) y sufren la deshonra de no ser enterrados. Mientras tanto, la gente de todo el mundo se alegra de su muerte (vv. 8-10). Según el versículo 8, todo eso tiene lugar en «la gran ciudad» (término del siglo I para referirse a Roma), «llamada en sentido figurado Sodoma y Egipto» (lugares del Antiguo Testamento de mucha inmoralidad y en los que se oprime al pueblo de Dios), «donde también fue crucificado su Señor» (obviamente Jerusalén). Puesto que es imposible que un lugar esté en cuatro sitios diferentes a la vez, está claro que la idea no es identificar un lugar físico, sino comparar la persecución sufrida por la iglesia a la que sufrieron los creyentes tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, e incluso el mismo Jesús.108 Los tres días y medio en que los cadáveres de los dos testigos están tendidos y sin enterrar son de nuevo una referencia a un periodo de tiempo que no es definitivo, puesto que esos tres días y medio dan lugar a su resurrección y ascensión al cielo (vv. 11-12). Del mismo modo en que Jesús fue vindicado, los creyentes también pueden poner su esperanza en la resurrección final y en la vida eterna con Dios en el reino celestial.

Para los que creen que Apocalipsis sigue una estricta secuencia cronológica, este «arrebatamiento» de los santos, que llega (según esta interpretación) antes de que acaben los juicios de las trompetas y las copas, ha dado lugar a la perspectiva mediotribulacionista (la iglesia es arrebatada a la mitad de la tribulación). Pero si la sexta trompeta nos llevó al umbral del fin, esta imagen sirve también para respaldar la perspectiva postribulacionista. Como los pretribulacionistas dicen que llegado este punto la iglesia ya ha sido arrebatada, se ven obligados a interpretar que los dos testigos son dos creyentes (o representantes del pequeño número de creyentes que sí viven la tribulación). Para los defensores de esta perspectiva, la resurrección de los testigos no aporta ninguna información sobre el momento del arrebatamiento.



Después de la resurrección y ascensión de los testigos, un violento terremoto destruye una décima parte de «la gran ciudad». Como mueren siete mil personas, estaríamos hablando de una población total de unos 70.000 habitantes, que era aproximadamente la población de Jerusalén en el siglo I. Si aquí se está hablando de la capital judía, puede que la conversión de los supervivientes sea una referencia a la fe que recibirán los judíos justo antes del retorno de Cristo (cf. Ro 11:25-26).109 Pero, puesto que en el versículo 13 no hay ninguna mención explícita a los judíos, no podemos afirmar nada de forma contundente. Es más, algunos estudiosos creen que «dieron gloria al Dios del cielo» habla tan solo de confesar lo que uno ha hecho, como ocurre con la expresión paralela de Josué 7:19.110 Optemos por la interpretación que optemos, tenemos aquí un ejemplo más de la naturaleza misericordiosa del juicio de Dios, incluso en este momento tan avanzado de su plan. Dios da a los seres humanos caídos todas las oportunidades posibles de arrepentirse si así lo deciden. Pero ese periodo pronto acabará; la séptima trompeta apunta a la inexorable marcha hacia el final (v. 14).111


La séptima trompeta (11:15-19). Como ocurre con el séptimo sello, la séptima trompeta no viene acompañada de ninguna plaga, lo que refuerza además la sugerencia que hacíamos anteriormente de que introduce y engloba los siete juicios de las copas. Unas voces triunfantes en el cielo alaban a Dios porque la plenitud de su reino está a punto de instaurarse (vv. 15-17), lo que dará entrada al día del juicio, cuando Dios recompensará de forma definitiva a sus siervos de Dios y castigará a sus enemigos (v. 18). Esta última trompeta viene acompañada de efectos de sonido cósmicos, como relámpagos, estruendos, truenos, un terremoto y una gran granizada, pero no hay nada que sugiera que se notan en la tierra (v. 19).112

LA TRINIDAD SATÁNICA: CRECIMIENTO Y CAÍDA INMINENTE (12:1-14:20)

El dragón (12:1-17). Aquí tenemos de nuevo otro interludio, pues las siete copas de la ira de Dios no aparecen hasta los capítulos 15-16. Aunque los capítulos 12-14 tienen un tema propio y forman una sección lo suficientemente extensa como para ser considerados tan solo como un interludio. Describen el momento álgido de la batalla espiritual, narrando el peor ataque del diablo contra la humanidad (capítulos 12-13) que, al final, no logra sus objetivos. Sus enemigos son derrotados, mientras que mucha más gente entra en el reino (capítulo 14). Los capítulos 12-13 forman una unidad porque describen a los tres miembros de lo que se ha llamado la trinidad satánica (vienen a ser los homólogos del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, pero también, parodias de estos). El capítulo 12 describe a la cabeza de esa trinidad: el dragón (v. 3), que representa a Satanás (v. 9).

Una vez más, la atención de Juan se dirige al cielo. Esta vez ve la figura gloriosa de una mujer rodeada por el sol, la luna y las estrellas (v. 1). Esa imagen trae a la memoria el sueño de José en Génesis 37:9-11, que simbolizaba la obediencia que le rinde toda su familia (y, por tanto, todo Israel). Esta mujer está de parto (v. 2); los dolores de parto solían ser una referencia a los «ayes mesiánicos» o tribulaciones que, según los judíos, precederían a la venida del Mesías.113 Cuando la mujer pare (v. 5), da a luz a un niño del que se dice que cumplirá una profecía que se asocia al Mesías (v. 5a; cf. Sal 2:9). Eso nos podría llevar a pensar que la mujer de este pasaje es María, o quizá la nación de Israel. Pero en el versículo 17 el dragón batalla contra la mujer y el resto de sus descendientes, en un contexto en el que se está hablando de la persecución de los creyentes. Por lo que es muy probable que la mujer represente a toda la «comunidad mesiánica».114

La cabeza y los cuernos del dragón nos recuerdan las profecías de Daniel 7-8 sobre los imperios que lucharían en contra del pueblo de Dios. Las diademas hablan de realeza y poder, por lo que muestran una actitud de pretensión y de querer parodiar a Dios. La cola que arrasa la tercera parte de las estrellas del cielo arrojándolas sobre la tierra (v. 4a) podría derivar de la tradición judía sobre la caída de los ángeles que se convirtieron en demonios.115 Mientras tanto, el dragón espera en el cielo para devorar al hijo de la mujer en cuanto este nazca (v. 4b). Sin embargo, el niño se ve liberado de ese terrible destino y la visión pasa del nacimiento de Cristo a su ascensión a los cielos (v. 5; recuérdese 11:12). Los seguidores de Cristo tienen que escapar, pero Dios los protege durante el periodo de mil doscientos sesenta días que ya se había mencionado en 11:2-3 (v. 6). Dado que el capítulo 12 ha empezado con un flashback a la primera venida de Cristo, no podemos sumar sin más los dos periodos de tres años y medio. Lo más probable es que ambos sean una referencia al mismo intervalo entre la primera y la última generación de la historia cristiana.

No está claro en qué momento tiene lugar la guerra que se desata en el cielo en el versículo 7. En el versículo 4 parece que, cuando el niño nace, los demonios ya han sido expulsados del cielo, lo que ha llevado a algunos a pensar que los versículos 7-9 hablan de una caída de Satanás y sus subordinados prehistórica. Sin embargo, el versículo 4 también describe a Satanás en el cielo cuando el niño Jesús llega a la tierra, sugiriendo así que la caída, al menos de Satanás, ocurre más adelante. En Lucas 10:18, cuando los setenta (o setenta y dos) discípulos le cuentan a Jesús el éxito que ha tenido su ministerio, Jesús les contesta diciendo «Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo».116 Viendo la gran cantidad de metáforas apocalípticas que Juan utiliza, ¡es muy probable que no tuviera ninguna intención de responder a esa pregunta! Sea como sea, ya hemos visto que, para Juan, la crucifixión y la resurrección de Jesús fueron un golpe mortal para el diablo (recuérdese el capítulo 5), una idea que queda más clara aún en los versículos 10-11. Pero como la serpiente cuando se le corta la cabeza, que aún se retuerce en medio de la agonía, el diablo herido de muerte se retuerce con violencia en la tierra, haciendo tanto daño como puede durante el breve periodo de tiempo que le queda antes de caer de forma definitiva (v. 12).

Los versículos 13-17 vuelven a centrarse en la batalla entre el dragón y la mujer. La persecución del versículo 13 se corresponde con el versículo 6 (nótense las referencias al desierto tanto en el v. 6 como en el v. 14a). Por tanto, el tiempo, los (dos) tiempos y el medio tiempo del versículo 14b, encajan con los tres años y medio del versículo 6 y, una vez más, equivale aproximadamente a la era de la iglesia. El ataque continúa en el versículo 15, hasta que aparece la protección del versículo 16. Pero la persecución de los creyentes («los que obedecen los mandamientos de Dios y se mantienen fieles al testimonio de Jesús») continúa durante toda la historia de la iglesia (v. 17).117

La primera bestia (13:1-10). A continuación, Juan ve a una bestia que sale del mar (en el mundo antiguo, el mar solía ser un lugar terrorífico). Sus cuernos y cabezas se parecen a las de su «padre», el dragón, que le ha delegado su autoridad, y ambas descripciones utilizan símbolos de Daniel 7 para dibujar lo que 1a Juan 2:18 llamó el Anticristo (vv. 1-2). El indicativo más claro de que esta bestia es una parodia de Jesús lo encontramos en el versículo 3a, donde dice que la bestia parecía haber sufrido una herida mortal que ya había sido sanada. Pero la forma de expresarse de Juan sugiere que las apariencias no coinciden necesariamente con la realidad. La bestia intenta tener la apariencia de Cristo, pero no ha pasado por una crucifixión y una resurrección. No obstante, logra engañar a muchos, y habrá gente de todo el mundo que adoraba al dragón que también adorará a la bestia (vv. 3b-4). Los lectores de Juan pensarían de forma inmediata en Domiciano, que decía ser Dios, y en la tradición que anunciaba que él (o alguien que pronto iba a aparecer) era Nerón vuelto a la vida.118

El Anticristo ejerce su autoridad durante cuarenta y dos meses. Ahora, por primera vez, tenemos un periodo de tres años y medio que parece hacer referencia a la gran tribulación al final de la era de la iglesia (v. 5). Pero como los tres años y medio que se mencionaron anteriormente no era una cifra literal, no hay razón para pensar que la tribulación va a durar esa cantidad de tiempo.119 Lo que ocurre es que se quiere mostrar el paralelismo entre la tribulación existente a lo largo de la historia cristiana y la que surgirá al final de esta era. Puede que la calamidad sea mayor justo antes del fin, pero no tiene por qué ser cualitativamente diferente de la que ya ha habido en épocas anteriores (vv. 6-7a). La influencia de la autoridad y la blasfemia del Anticristo llega a todos los grupos étnicos del mundo, del mismo modo en que un día habrá seguidores de Jesús de todos esos grupos (vv. 7b-8a; recuérdese 7:9).

A medida de que la Gran Comisión se va completando, la hostilidad contra la iglesia se intensifica. Cuanta más persecución, más y más gente decide seguir a Jesús. La señal de que estamos viviendo en los días finales no es ni la cristianización del mundo, ni los desastres, sino la polarización progresiva del bien y del mal, pues ambos van en aumento por el poder de Cristo y por el poder del enemigo respectivamente. El versículo 8b deja claro que el mundo está dividido es dos grupos: aquellos cuyos nombres han sido escritos desde la creación del mundo en el libro de la vida (nota al pie, en la NVI) y aquellos que deciden adorar a la bestia.120 Ahora, queda tan poco tiempo y el destino de ambos grupos es tan claro, que Juan anima a los fieles a que perseveren, aunque pasen por la cautividad o la muerte (vv. 9-10).

La segunda bestia (13:11-18). El tercer miembro de la trinidad satánica está descrita como una bestia que proviene de la tierra (13:11-18). Esta bestia es una parodia del Espíritu Santo. Del mismo modo en que el Espíritu de Dios es uno con el Padre y con el Hijo, esta bestia de la tierra parece un cordero (el anticristo, parodiando al Cordero de Dios) y habla como un dragón (Satanás, parodiando a Dios mismo) (v. 11). Del mismo modo en que el Espíritu ejerce la autoridad de Jesús y hace que las personas lo adoren, la bestia de la tierra ejerce la autoridad de la primera bestia y hace que la gente la adore (v. 12). Del mismo modo en que el Espíritu produjo lenguas de fuego celestial y llenó a los discípulos para que hicieran señales milagrosas en Pentecostés, la bestia de la tierra hace caer fuego del cielo y hace señales falsas para engañar a los que no son los elegidos de Dios (vv. 13-14a). Del mismo modo en que los emperadores mandaban erigir estatuas en su honor, esta bestia ordena a los que ha engañado que construyan una imagen del Anticristo, a la que le infunde vida, imitando el rol del Espíritu de «insuflar vida» a los humanos (vv. 14b-15).121 La orden de matar a «quienes no adoraran la imagen» no puede referirse a todos los cristianos, porque los dos versículos siguientes hablan de cristianos que están vivos y sufren un boicot económico. Quizá esa expresión hace referencia a los que testificaron de su fe públicamente cuando fueron entregados a las autoridades (recuérdese más arriba, p. 578).122

La última acción de la bestia de la tierra que Juan ve es la más conocida de todas. A todos los no creyentes, de todas las clases sociales y económicas, se les pone una marca en la mano derecha y en la frente, marca sin la cual nadie puede comprar ni vender (vv. 16-17). Del mismo modo en que los creyentes fueron sellados en la frente antes de que la tribulación empezara (7:3), Satanás parodia la marca que Dios hace en los suyos marcando también a sus seguidores. Aunque no se sabe de ninguna práctica antigua exactamente igual, en el mundo grecorromano sí había gremios comerciales que no permitían hacer algunas transacciones a menos que fueras miembro (cf. también Ez 9:4-7).123 Vemos que «la marca de la bestia» es igual al nombre de la bestia o al número de su nombre. Cuando se calcula, ese número es el 666. En seguida uno piensa en el uso numérico que tanto el hebreo como el griego antiguo hacían de las letras, y en la gematría correspondiente que asignaba significado esotérico a la suma de los números correspondientes a las letras del nombre de alguien o de algo.




Ya en los inicios de la historia del cristianismo se sugirió que el 666 equivalía a Nerón César, dado que la suma de las consonantes hebreas de dicho nombre (NRWN QSR) dan ese resultado. El problema con esta identificación es que solo funciona en hebreo, mientras que Apocalipsis se escribió en griego y Nerón hablaría latín. Además, funciona solo si deletreamos el nombre con «n» al final, que era menos común.124 Quizá la sugerencia más lógica es que, como en la mayor parte de la simbología de Apocalipsis el número siete es el número perfecto, 777 sería el número para representar al Dios trino y perfecto. Y así, el número 666 sería una forma natural de simbolizar el intento fallido de la trinidad satánica de imitar y parodiar al verdadero Padre, Hijo, y Espíritu Santo: intenta parecerse, pero no está a la altura.125

Los intentos de realizar gematría en algunos idiomas modernos con los nombres de figuras contemporáneas no han sabido captar la idea ni el simbolismo de Juan. Ni tampoco los que buscan cuál será la marca física que se grabará sobre el cuerpo de las personas, o que piensan que la marca de la bestia será una tarjeta de crédito o un chip, ¡o los que piensan que será Internet porque la sexta letra del alfabeto hebreo es la «w»! También, lo único que logran los intentos de identificar al Anticristo con personas viles o movimientos despiadados que ha habido a lo largo de la historia es alejarle a uno de la vida cristiana fiel a la que se nos llama en la literatura apocalíptica. Las especulaciones tanto por parte de cristianos como de judíos sobre la identidad de esta figura resultan una lectura fascinante, pero de momento todas ellas han resultado ser erróneas, ¡lo que debería llevarnos a ser extremadamente cautelosos antes de sugerir otro candidato o de aceptar cualquier sugerencia!126 Después de todo, dado que Satanás no es omnisciente, y dado que Dios sabe cuándo será el final, el diablo debe tener un «anticristo» preparado para cada era por si acaso ese es el momento de la consumación de todas las cosas.127

Y en el caso de querer señalar a alguien con el dedo, lo que deberíamos hacer es apuntarnos a nosotros mismos. Las aplicaciones de Peterson son tan profundas que merece la pena recogerlas aquí:

¿Cómo podemos protegernos del engaño organizado? Juan es directo: ¡usen la cabeza! Intenten comprender lo que está ocurriendo. La mayor parte de la religión en boga en cualquier época proviene de la bestia de la tierra. Saquen a la luz las pretensiones de dicha religión. Esa religión no tiene nada que ver con Dios. ¿Quieres saber su número? Es un número humano. No se trata de un misterio divino, sino de charlatanería humana: es una religión que monta un show, una religión que se enorgullece del montaje que ha creado; una religión que no mira a los pobres, a los que sufren, ni al Jesús santo. En el lenguaje de los números, el 666 es un triple fracaso en el intento de llegar a ser el 777, el número tres veces perfecto, el número divino. Otra característica de esta bestia de la tierra es que se comercializa. Necesita de enormes presupuestos para mantenerse. Nos manipula económicamente, consiguiendo que compremos y vendamos a su antojo, dejándonos convencer por su marketing y por sus promesas de solaz, bendición, soluciones, salvación y buenas vibraciones. En nuestro contexto, la estrategia del diablo no es la práctica del satanismo, sino del consumismo.128



La victoria del Cordero sobre la trinidad satánica (14:1-20). Los 144.000 considerados de nuevo (14:1-5). A pesar del engaño y del terror producido por el dragón y las dos bestias, su gloria tiene fecha de caducidad. El capítulo 14 está dividido en tres partes que describen la redención del pueblo de Dios (vv. 1-5), el juicio de los que han aceptado la marca de la bestia (vv. 6-13) y la «cosecha» de la tierra (vv. 14-20). Esta tercera al parecer contrasta la conversión de gente de todos los pueblos y naciones con el juicio de los no creyentes de los mismos pueblos y naciones (vv. 14-20). Estas tres escenas preparan el camino para la revelación de las siete plagas finales del capítulo 15.

Los 144.000 de los versículos 1-5 son, obviamente, el mismo grupo que aparece en 7:1-8.129 Ahora sabemos qué pone en el sello que llevan en la frente (7:3), pues aquí se nos dice que lo que llevaban escrito en la frente era el nombre del Cordero y de su Padre (14:1). El sonido como el estruendo de una catarata nos recuerda la descripción de la voz de Cristo en 1:15. Pero ese sonido se transforma y suena como músicos que tocan el arpa, y Juan ve a las criaturas angélicas alrededor del trono de Dios cantando un himno nuevo, al que solo se pueden añadir los redimidos (vv. 2-3). El versículo 4 ha sorprendido a muchos lectores; en nuestro contexto puede sonar misógino.130 Pero lo más probable es que la expresión «no se contaminaron con mujeres» sea igual a la metáfora veterotestamentaria que describe la infidelidad del pueblo de Dios como adulterio o prostitución.131 Algunos creen que la metáfora «primeros frutos» se refiere solo a los mártires, que experimentan antes de tiempo el futuro glorioso que aguarda a todos los creyentes. Pero dicha expresión también podría referirse a la glorificación de los creyentes que viven durante la tribulación que serían, de entre los creyentes de todas las épocas, los protagonistas del primer episodio de la resurrección y la perfección (cf. v. 5). Sea como sea, en este texto no hay nada, como sí ocurre en el capítulo 7, que apunte a que se trata de judeocristianos.132



Los tres ángeles (14:6-13). Los versículo 6-13 describen a tres ángeles que hacen unas declaraciones finales sobre la salvación y el juicio, aunque con un mayor énfasis en el juicio. El primer ángel continúa el cumplimiento de la Gran Comisión, llamando a la gente a «temer a Dios y darle gloria», en un contexto en el que este mandato se refiere claramente a la verdadera adoración (vv. 6-7), respaldando así nuestra sugerencia de que en 11:13 se está hablando de conversión. El segundo ángel proclama el juicio inminente sobre el imperio maligno que la trinidad satánica ha establecido. Es la primera vez que lo llama Babilonia, reminiscencia del enemigo de Israel siglos atrás (v. 8). Pero el mensaje principal de esta sección es la declaración del tercer ángel sobre los que reciben la marca de la bestia, que están condenados (vv. 9-11), ¡porque lo que creían que les iba a dar el privilegio de disfrutar de los bienes de este mundo al final les condena al tormento eterno!133 El azufre y el humo podrían ser metáforas, pero, sea como sea, la cuestión es que describen una realidad agonizante.

Es difícil conciliar la afirmación de que para los incrédulos «no habrá descanso ni de día ni de noche» (v. 11) con la visión aniquilacionista del infierno, que dice que la separación eterna de Dios consiste en que los no creyentes dejan de existir. Aunque no minimiza el sufrimiento de los creyentes, el saber que la persecución que están sufriendo está llegando a su fin, y que sus opresores pagarán por lo que han hecho debería ayudarles a soportar lo que aún les queda por sufrir en la tierra (v. 12). Y entonces pueden poner su mirada en el descanso eterno del que sus opresores no disfrutarán (v. 13).134



Las dos cosechas (14:14-20). Los comentaristas debaten si estas dos escenas (vv. 14-16, 17-20) describen el juicio de los no creyentes, o si la primera presagia la conversión de las naciones. Si el hombre que lleva la hoz representa al sembrador de la parábola de la semilla que crece en secreto (Marcos 4:26-29), estaríamos ante una imagen positiva: alguien que recoge el fruto del reino de Dios. Si Juan tenía en mente la imagen de Joel 3:13, estaríamos ante una imagen de juicio. Dado que al principio del capítulo se usa la expresión «primeros frutos» para referirse a los 144.000, lo más lógico es pensar que ahora se está hablando del resto de los frutos (y tendríamos aquí la figura retórica llamada inclusión).135 Sin embargo, los versículos 17-20, y especialmente la metáfora del lagar de la ira de Dios, anuncian sin ningún tipo de ambigüedad el juicio sobre los enemigos de Dios. Del mismo modo en que, después de haber sido prensada, se pisa la uva para extraer todo el jugo que sea posible, los seguidores del dragón y las dos bestias serán condenados «hasta la última gota». La metáfora sirve para representar la realidad simbolizada al final del versículo 20, donde las uvas se convierten en sangre, la cual llena una zona equivalente al territorio de Israel en el siglo II y llega a la altura de los frenos de los caballos.136

LAS SIETE COPAS (15:1-16-21)

La alabanza celestial anterior al juicio de las copas (15:1-8). El comienzo de las últimas siete plagas está acompañado de más alabanza celestial y gozo entre los creyentes. El pueblo de Dios están ante el trono (recuérdese 4:6), con arpas y cantando «el himno de Moisés … y el himno del Cordero» (recuérdese 14:2-3). La alabanza que Israel dedicaba a Yahvé después del Éxodo (Éx 15) ahora se cristianiza (vv. 3b-4). La adoración ofrecida por todas las naciones refuerza nuestra interpretación de 14:14-16: que estos versículos describen la conversión de gente de todos los grupos étnicos del mundo. ¡Esto sí que son las «naciones unidas» y la reconciliación racial de verdad!137 Los versículos 5-8 dejan atrás el tema de la adoración a Dios para centrarse en su gloria. Del mismo modo en que el tabernáculo y templo israelita en la tierra albergaban de forma figurada la gloria de Dios, este santuario celestial (donde hay ángeles puros a los que sorprendentemente se les entrega una serie de horribles plagas) se llena de humo que «procede de la gloria de Dios», llenándolo todo, lo que significa que nadie más podía entrar.

El juicio de las cosas se derrama (16:1-21). Por fin, los siete juicios finales que representan la ira de Dios sobre los no creyentes se derraman sobre la tierra (v. 1). Los cinco primeros son muy similares, y como ocurre con los cuatro primeros juicios de las trompetas, nos recuerdan a las plagas de Moisés sobre los egipcios: llagas, las aguas del mar y el agua dulce convertidas en sangre, quemaduras del sol y tinieblas (vv. 2-11). Sin embargo, esta vez las desgracias no afectan solo a un porcentaje del mundo (ver esp. v. 3). Con todo y con eso, el propósito de Dios es salvar, como vemos en los versículos 9-11 de forma implícita, donde dice que la gente opta por no arrepentirse.138 Uno de los ángeles le recuerda a Juan que los juicios de Dios son completamente justos, porque recaen precisamente sobre los que han atormentado a los hijos de Dios, incluso han matado a muchos de ellos (vv. 5-6).139

Como en las dos series de juicios anteriores, el sexto elemento difiere considerablemente de los cinco anteriores. La sexta copa seca el río Eufrates (la frontera ideal de Israel por el noreste), dejando así vía libre a los imperios de alrededor (v. 12). De nuevo, los lectores de finales del siglo I, en el contexto del Imperio Romano, enseguida pensarían en los partos.140 De las «bocas» de la trinidad satánica emergen ahora tres ranas (de nuevo, reminiscencia de las plagas de Egipto), de las que se dice explícitamente que simbolizan espíritus demoníacos cuya misión es engañar a los poderes del mundo caído y reunirlos para la gran batalla (vv. 13-14) en un lugar llamado Armagedón (v. 16). Si tomamos la transliteración griega que Juan hace, en hebreo obtenemos la palabra har magedon, que es el monte Meguido. En el siglo I, en ese lugar había una pequeña fortaleza desde la cual se veía el valle de Jezrel, conocido por ser el escenario de varias de las batallas del Antiguo Testamento (ver Jue 5:19; 2R 9:27; 2Cr 35:22). Pero lo más probable es que en tiempos de Juan ya se utilizara esta expresión para describir cualquier lugar donde se podía librar una gran batalla.141

Antes de que Juan describa lo que ocurre cuando los reyes empiezan la batalla, recuerda a sus lectores que Cristo viene pronto y que va a venir de forma repentina (v. 15), y escucha al séptimo ángel decir «Ya está hecho» (v. 17). Al leer esto, uno enseguida recuerda las penúltimas palabras de Cristo en la cruz: «Todo se ha cumplido» o «Consumado es» (Jn 19:30). Como con el sexto sello, parece que todo el cosmos se está viniendo abajo (Ap 16-21). Los enemigos de Dios intentan sin éxito alguno escapar de todos esos horrores, mientras la gran ciudad que representa al imperio anticristiano del final de los tiempos, junto con todas sus ciudades satélite, se desmorona. Esta última visión del futuro lleva a Juan a dedicar los dos capítulos siguientes a narrar la desaparición de ese imperio, y a lamentarse por ello. Hasta 19:19 no regresará a la escena de los reyes de la tierra reunidos para esa gran batalla mencionada aquí.

EL REINO DE CRISTO VENCE SOBRE LOS PODERES MALIGNOS (17:1-20:15)

La desaparición del imperio maligno del final de los tiempos (17:1-18:24). Las dimensiones religiosa y política (17:1-18). El capítulo 17 describe el imperio maligno de los últimos días como una prostituta que ha fornicado con los reyes de la tierra (vv. 1-2).142 De nuevo, Juan usa las imágenes de la inmoralidad y la idolatría para apuntar a una mezcla blasfema y anticristiana de religión política. A los primeros lectores les vendría a la mente la capital romana bajo el mandato de Domiciano. Los versículos 3-6a cambian de escenario, pero la realidad que representan sigue siendo la misma. Ahora la prostituta se hace pasar por una reina con adornos y complementos de realeza. También va montada en una bestia escarlata (color que denota realeza y/y sangre) descrita como el Anticristo de 13:1. A pesar de la aparente belleza y poder de ambas criaturas, desde la perspectiva de Dios solo son abominación e inmundicia (v. 4). Ambas tienen también nombres blasfemos en la frente, y una vez más la prostituta recibe el nombre de Babilonia (recuérdese 14:8). El versículo 6a dice cuál es el pecado más horrible que ella ha cometido: matar creyentes.143

Después de echarse atrás a causa de esa desagradable visión, Juan recibe una explicación muy elaborada (vv. 6b-18). La bestia es de nuevo una pésima parodia o imitación del Dios eterno. En lugar de ser alguien que era, es y ha de venir (recuérdese 1:4), la bestia «antes era pero ya no es, y está a punto de subir» (v. 8). Los lectores de Juan también pensarían en la leyenda del Nero redivivus: un día Nerón reaparecería para reclamar su trono, aunque ahora estuviera ausente de la escena política.144 Tenemos aquí de nuevo el simbolismo del libro de la vida, y esta vez no aparece nada sobre personas que son borradas de dicho libro. Lo que ocurre es que los nombres de los no creyentes simplemente no han sido escritos en el libro desde la creación del mundo, un apunte aún más predestinatario que el que encontramos en 3:5.

Los versículos 9-11 parecen tan crípticos como el misterioso número 666 de 13:18. Como ocurre en aquel versículo, tenemos un llamado a la sabiduría seguido de un uso de los números un tanto desconcertante. El Anticristo, reminiscencia de Nerón, está relacionado con la ciudad que está asentada sobre siete colinas (expresión que hacía referencia a Roma y a su topografía).145 También es el octavo rey que de algún modo pertenece a una serie de siete reyes, de los cuales «cinco han caído», «uno está gobernando», y el último solo estará un breve periodo de tiempo. Ninguno de los intentos de asociar estos reyes a emperadores del siglo I (esp. el intento de asociar a Nerón y Domiciano con el sexto) se sostiene o goza de mucho respaldo.146 Así que, probablemente, el único simbolismo que hay aquí sea el del número siete como el número completo y perfecto. Al decir que el sexto rey gobierna ahora, Juan transmite que, desde la perspectiva de Dios, queda poco tiempo para el final. La descripción del octavo rey sugiere que el Anticristo también es alguien de increíble influencia política y económica, pero abiertamente demoníaco.147

En una breve alianza, otros diez poderes políticos se unen al Anticristo y sus seguidores. De nuevo, el número probablemente busca transmitir el concepto de plenitud o perfección, aunque resulta interesante recordar que en aquel momento Roma estaba dividida en diez provincias.148 Estas fuerzas, unidas, perseguirán a los seguidores de Cristo, pero al final serán derrotados (vv. 12-14). Mientras tanto, el mal se vuelve contra sí mismo, como ocurrió con la quinta y la sexta trompetas (cap. 9). Además, se nos recuerda que, en cuanto al bien y el mal, Dios obra de forma asimétrica. Dios y el diablo no son fuerzas opuestas pero iguales, como en muchas religiones antiguas o como en la teología de La Guerra de las Galaxias (donde «la Fuerza» tiene el lado luminoso y el lado oscuro), sino que el poder de Dios siempre es superior y sus propósitos siempre se cumplen, a pesar de que los poderes malignos y la gente malvada piensen que pueden gobernar libremente y sin freno (vv. 15-18).



Las dimensiones económicas (18:1-24). El capítulo 18 complementa la imagen del capítulo anterior añadiendo el anuncio de la caída de Babilonia (vv. 1-3), un llamado a que los hijos de Dios se aparten de ella (vv. 4-8), y el lamento de los poderosos de este mundo por su caída (vv. 9-19). Pero el pueblo de Dios tiene de qué regocijarse (v. 20), sobre todo porque este derrocamiento del mal es una derrota completa y definitiva (vv. 21-24). Al final del capítulo ya no hay duda de ello.

Los versículos 1-3 repiten el simbolismo clave del capítulo 17, aunque añaden un elemento importante: Babilonia despilfarra en lujos. Cuando observamos cualquier gobierno de esta tierra para determinar, en la medida que se puede, si se asemeja al imperio de los días finales, no solo hemos de buscar poderes políticos que persiguen a los cristianos y blasfeman contra el Dios trino, sino que también hemos de buscar poderes que amasan enormes cantidades de bienes materiales. En este momento, el país con más influencia política y con más riquezas económicas es Estados Unidos. Y a medida que los valores de su herencia judeocristiana se van perdiendo, y que dar testimonio de Cristo en la vida pública se hace más difícil que en la antigua Unión Soviética, los estadounidenses no necesitamos buscar más allá de nuestras fronteras para encontrar ejemplos de la prostituta y de la bestia.149

Cuando estas circunstancias convergen, los cristianos deben apartarse de las abominaciones, no físicamente, sino moralmente, para no recibir el mismo juicio (vv. 4-8). Sin embargo, en casi todas las áreas éticas, las estadísticas en EE.UU. no muestran mucha diferencia entre los creyentes y los no creyentes, y tristemente, la enseñanza y la predicación evangélica prestan poquísima atención a las responsabilidades económicas de los cristianos. Las aplicaciones de Craig Keener son increíblemente directas:

Hoy, más de mil millones de personas subsisten con menos de un dólar al día, y la situación está empeorando. Hoy, el abismo económico entre los países ricos y los pobres es dos veces mayor que en 1960; ese año, el 20 por ciento de los ricos de este mundo poseía el 70 por ciento de los ingresos mundiales; a principios de la década de los 90, poseía el 83 por ciento. En el mismo periodo, el 20 por cien de los pobres pasó de poseer el 2,3 por cierto de los ingresos mundiales, a poseer el 1,4 por ciento. Dado que en nuestro país hay muchos cristianos, y dado que los ciudadanos de este país y los accionistas de nuestras empresas tienen voz, lo lógico sería que hubiera más cristianos actuando en favor de nuestros hermanos y hermanas que pasan necesidad, actuando para que haya más equidad.

Más específicamente, tenemos que reconocer que consumimos bienes de lujo a expensas de los recursos de los demás (cf. 18:12-13). El abismo que hay entre el estilo de vida de una familia estadounidense de clase media y el de los más de mil millones de pobres de este mundo es igual al que había entre un aristócrata y sus siervos en la Edad Media.150.

¿Podemos decir honestamente que no estamos imitando la arrogancia de la prostituta (versículo 7) si muchas veces usamos todo tipo de argumentos para justificar el enorme gasto en nosotros mismos a expensas de los destituidos y los moribundos a los que podríamos estar ayudando, tanto en casa como más allá de nuestras fronteras?

Los versículos 9-19 pueden resumirse en una sola frase. Los ricos y los comerciantes de este mundo lloran porque ahora ya no pueden «comprar hasta morir». Los versículos 11-13 parecen la lista de los productos que se vendían en los muelles romanos. A principios del siglo II, Plinio escribió una lista de los veintisiete productos más caros de todo el Imperio, y dieciocho de ellos aparecen en estos versículos. Pero después de los lujos, la mayoría importados a Italia por gente de naciones subyugadas al poder imperial, también venían los productos básicos: vino, aceite de oliva, harina, trigo, ganado vacuno, ovejas, caballos y carruajes. Lo peor de la lista llega en el versículo 13, cuando dice «y hasta [cargamentos] de seres humanos», haciendo referencia al tráfico de esclavos romano.151 Los versículos 14-17 resumen la pérdida de la riqueza, repitiendo todos los temas de los versículos 9-10 para obtener una inclusión (recurso literario). Los versículos 18-19 describen a los marineros que transportaban esos bienes por el Mediterráneo, y se unen a los comerciantes que lloran la pérdida de la «gran ciudad» y su riqueza. Paterson lo explica diciendo:

… que adorando a la prostituta obtenían todo lo que querían, y ahora ya no tienen nada, todo se ha evaporado, como el humo. Han perdido todo lo que se les había prometido, todo aquello en lo que habían invertido, todo lo que habían disfrutado. No son sus negocios lo que se ha derrumbado, sino su religión, una religión de la autoindulgencia, de tener y tener. Ahora todo se ha acabado: la salvación a través de la tarjeta de crédito, el «dios a mi antojo», el «mi vida tiene sentido porque tengo dinero», la religión como sentimiento, el «vivo como si fuera dios». Ahora ya no tienen nada, más que a sí mismos; y después de una vida en casa de la prostituta, no saben nada.152

Pero a diferencia de los cristianos estadounidenses hoy, los creyentes de la Roma antigua eran en su mayoría pobres. Por eso, la caída del Imperio les brindó nuevas oportunidades económicas, y también religiosas. Podían alegrarse (v. 20) ahora que la prostituta y la bestia iban a ser juzgadas. Con la misma contundencia con la que una rueda de molino cae en el mar, el ángel declara por última vez la destrucción definitiva de Babilonia (v. 21). Desaparecen la felicidad y hasta los elementos más cotidianos de la vida (vv. 22-23a), ahora que se ha roto el hechizo que llevó a tantos a adorar los placeres terrenales y que provocó el asesinato de profetas y santos (vv. 23b-24). ¡La cultura del narcisismo se ha derrumbado!153

La instauración del reino de Cristo (19:1-20:15). La parusía (19:1-20:3). La caída de «Babilonia» da lugar a una letanía de aleluyas celestiales (vv. 1-8) por la victoria de Dios sobre sus enemigos. Por fin la venganza completamente justa que solo Dios puede ejecutar ha caído sobre los que han corrompido la tierra y han matado a muchos hijos e hijas de Dios, y este castigo es un castigo eterno. Los redimidos que ya están en la presencia de Dios le adoran (vv. 1-3), al igual que los ángeles (v. 4). Entonces, los dos grupos unen sus voces y juntos glorifican a Dios anunciando las bodas del Cordero (vv. 6-8), que son la culminación de la profecía de Isaías de un banquete escatológico (Is 25:6-8) y de la comunión que Jesús extendió a los pecadores al comer con ellos y de varias de sus parábolas. Una bienaventuranza para los invitados al banquete y un nuevo reconocimiento de la veracidad de Dios (v. 9) lleva a Juan a responder en adoración. Pero comete el error de adorar al mensajero, que no es más que un siervo, en lugar de adorar a Dios. Por ello, el ángel le amonesta, recordándole que solo puede adorar a Dios. Y añade que «el testimonio de Jesús es el espíritu que inspira la profecía» (v. 10). En los círculos carismáticos, algunos entienden que esta frase dice que el testimonio cristiano siempre profetiza. Pero en este contexto esa interpretación no tiene ningún sentido. Es mucho más probable que el ángel esté diciendo que los verdaderos profetas cristianos (como Juan) deben reconocer que Jesús es el único que puede ocupar el lugar central de su mensaje.154

Con la mirada bien enfocada de nuevo, ahora Juan está listo para ver la revelación de Cristo volviendo a la tierra (19:11-20:3). A diferencia del simbolismo del primer sello (6:2), esta vez el jinete del caballo blanco solo puede ser Jesús. Sus nombres y sus atributos son un reflejo de la perfección de Dios; su apariencia, de realeza y pureza. El que murió como cordero inmolado regresa como un guerrero divino para inmolar a sus enemigos y subyugarlos (vv. 11-16). Su nombre nos recuerda la descripción que aparece en Juan 1:1, «el Verbo de Dios», Apocalipsis 2:27 repite el Salmo 2:9, y la metáfora del lagar de la ira de Dios nos recuerda 14:18-20. Desafiando de forma explícita a Domiciano, Juan proclama a Cristo, y no al César, como «Rey de reyes y Señor de señores» (v. 16).155 Del mismo modo en que la trinidad satánica ha parodiado al Dios trino, Cristo ofrecerá una cena para sus enemigos que parodia el banquete de boda del Cordero: «la gran cena de Dios» (v. 17).156 Pero sus invitados serán aves de carroña que se atiborrarán con los cuerpos de los enemigos de Dios, a los que no les valdrá de nada su poder (v. 18; Ez. 39:18).

El versículo 19 retoma la historia que se detuvo en 16:16: los gobernantes de la tierra se reúnen en Armagedón para hacer guerra contra el pueblo de Dios. Ahora Juan dice de forma explícita que la bestia o el Anticristo está presente. Hay un sinfín de poemas y novelas, cuadros y también películas que representan esta batalla final. Pero, ¡merece la pena ver lo que la Biblia dice! Sorprendentemente, no hay ninguna batalla, al menos en el sentido convencional en el que hay enfrentamientos, y bajas en ambos bandos durante un periodo de tiempo prolongado.157 En lugar de eso, en el momento en que contenemos la respiración esperando el comienzo del combate, leemos que la bestia y el falso profeta (el tercer ser demoníaco) son capturados y arrojados al lago de fuego (v. 20). Y sus seguidores son exterminados (v. 21). ¡Cristo derrota a sus enemigos sin que sus seguidores sufran daño alguno!158

Los amilenialistas y posmilenialistas tienen que interpretar 20:1-6 como un flashback a la primera venida de Cristo, igual que el flashback que aparece en 12:1-9, éste aceptado por casi todos los comentaristas. Está claro que hay paralelismos entre 20:1-6 y sucesos que ocurrieron en el siglo I: la sujeción de Satanás, la división de la humanidad en enemigos y seguidores de Jesús, y el inicio de una nueva vida espiritual para estos últimos. Su reinado con Cristo podría referirse a la victoria espiritual que tienen en él durante toda la vida y la «era de la iglesia». El breve periodo de tiempo en el que Satanás será liberado se corresponderá con el caos que provocará durante la tribulación (tal y como se describe en los capítulos anteriores). Engañará a las naciones y reunirá a sus ejércitos para luchas contra los escogidos de Dios, pero luego será juzgado por la intervención sobrenatural de Dios y condenado junto a todos sus seguidores (vv. 7-15).

Por otro lado, es más difícil introducir un alto en el tiempo y una costura literaria entre 19:21 y 20:1 que entre 11:19 y 12:1. La primera de las «costuras» da lugar a una escena totalmente diferente; aquí se nos acaba de decir de la caída de dos de las tres partes de la trinidad satánica, y ahora nos enteramos del destino de la tercera: el diablo. La sección 19:19-20:3 hay que verla como un todo indivisible, un párrafo ininterrumpido que recoge que cuando Jesús regresa del cielo el destino con el que las tres criaturas demoníacas se encuentran es un destino violento. En esta interpretación, Cristo regresa antes de que el milenio del versículo 3 empiece.159 Saber si se trata o no de mil años no tiene demasiada importancia. Probablemente, este número redondo no se refiere a la duración, sino al carácter de ese periodo de tiempo, que se ha llamado «el sabbat de la historia».160

El milenio (20:4-15).161 En el texto griego, los dos primeros tercios del versículo 4 son una sola frase. Muchas traducciones dividen la frase, lo que lleva a confusión, pues parece que los únicos que resucitarán y vivirán el milenio son los que habían sido decapitados (o, si vemos una sinécdoque, habían sido asesinados). Sin embargo, el texto griego dice que Juan vio a los «que habían sido decapitados … por la palabra de Dios y a los que no habían adorado a la bestia». Dicho de otro modo, todos los redimidos (tanto los que ya habían muerto, subido al cielo y regresado con Cristo, como los que estaban vivos cuando Cristo regresó) recibirán sus cuerpos resucitados a la vez, como se promete en 1a Tesalonicenses 4:15-17. Los únicos que tienen que esperar al final del milenio para recibir sus cuerpos resucitados son los no creyentes (v. 5); los creyentes reinan con Cristo en una «era dorada» de paz y justicia en la tierra (v. 6).162

Sin embargo, esta interpretación premilenialista presenta algunas dificultades. ¿Sobre quiénes reinan los santos? ¿Quiénes quedan en la tierra, para rebelarse al final de los «mil años»? En 19:21, «los demás» no creyentes fueron exterminados. Existen dos respuestas posibles: (1) Toda la «batalla» podría ser espiritual, por lo que estos adoradores de la bestia que nunca considerarán el arrepentimiento tan solo confirman su rebelión espiritual; o más probablemente, (2) la gente que aquí se mata sí muere físicamente, pero no son todos los no creyentes del planeta, sino solo los soldados de los ejércitos de la bestia (v. 19).163 Pero, ¿por qué Dios les da al final del milenio otra oportunidad de rebelarse?

Al parecer, lo hace para demostrar que, aunque aquí se les devuelve brevemente el derecho a elegir libremente, eligen el mal y luchar contra Dios, mostrando que su condenación final es perfectamente justa.164 ¿Se sugiere pues que el milenio es un periodo en el que los creyentes se pasean con cuerpos resucitados junto a los no creyentes con cuerpos mortales? Y, ¿no es esto demasiado extraño como para ser creíble? Es cierto que es extraño. Pero si creemos que Jesús resucitó corporalmente de la tumba (por no mencionar la resurrección de otros santos en Mateo 27:51-53), entonces ya ha ocurrido antes, y de hecho Jesús se apareció en varias ocasiones a sus seguidores con cuerpos mortales.165 Decir que lo mismo le va a ocurrir a los creyentes no es diferente cualitativamente hablando, sino tan solo cuantitativamente.

¿Pero qué ocurre con las experiencias de los santos en el cielo? Después de estar disfrutando de una felicidad perfecta en un estado intermedio incorpóreo directamente en la presencia de Dios, ¿no es un anticlímax regresar a una tierra imperfecta, por mejor que esta sea durante el milenio? Todo depende. La felicidad fuera del cuerpo no recoge todo lo que Dios quiere para sus criaturas; si pensamos en cómo diseñó a la humanidad, sus hijos e hijas no estarán completos hasta que sean de nuevo entidades holísticas, no solo con un alma viva, sino un alma unida de forma perfecta con un cuerpo glorificado. Y en este capítulo no encontramos nada (ni tampoco en las profecías veterotestamentarias que según creemos hablan de este periodo) que sugiera que durante el milenio la felicidad del pueblo de Dios estará empañada porque aún no habrán llegado los cielos nuevos y la tierra nueva. El simple hecho de que se nos ocurra una idea así demuestra que muchos cristianos aún están bajo una fuerte influencia del pensamiento de Platón. Pensamos que la salvación consiste en la inmortalidad del alma, pero la verdadera esperanza cristiana es, como dice N. T. Wright, «la vida (resucitada) que hay después de la vida después de la muerte».166 Además, después de crear este mundo, Dios dijo que era «bueno», lo mismo dijo de todas sus criaturas, y cuando creó a la humanidad dijo que era «muy bueno» (Gn 1). A pesar de nuestro pecado y de la proliferación del mal, Dios vindicará el propósito que él tenía originalmente para este mundo, antes de proceder a la recreación del resto del cosmos.

En 20:7-15 se describe la insurrección y el juicio definitivo que habrá al final del milenio. Los versículos 7-10 hablan de la última liberación de Satanás de su prisión en el abismo, para que pueda «engañar a las naciones» de todo el mundo una última vez (vv. 7-8). Para referirse a las naciones del mundo, Juan usa los nombres de Gog y Magog, que toma de Ezequiel 38. En el caso de que se esté hablando de un lugar identificable, Ezequiel podría estar hablando de Giges de Lidia, en el sudoeste de la actual Turquía. Aunque algunos manuales de profecías lo defiendan, no hay ninguna relación geográfica o etimológica entre estos términos y lugares de la antigua Unión Soviética o la actual Rusia.167 Además, es muy probable que en tiempos de Juan esos topónimos ya se usaran como expresiones o proverbios, igual que «Armagedón»; después de todo, en tiempos del Imperio Romano no se veía Lidia (ni siquiera el sur de Rusia) como uno de los cuatro «ángulos de la tierra».

Más aún, Gog y Magog solo tienen relevancia para los sucesos anteriores al retorno de Cristo desde una interpretación amilenialista o posmilenialista. Desde una interpretación premilenialista (que suele ser la perspectiva de ese tipo de manuales), estos nombres hacen referencia a los extremos de la tierra ¡solo al final del milenio! Pero como ocurre con las naciones preparadas para la batalla en Armagedón, estos ejércitos tan solo llegan a prepararse para la batalla. No llegan a atacar al pueblo de Dios, pues son consumidos por un fuego que cae del cielo. El dragón, Satanás, también es arrojado en el lago de fuego junto con la bestia y el falso profeta (recuérdese 19:19-21) donde será atormentado por los siglos de los siglos.168

Llegado este momento, en lo que Juan llama «un gran trono blanco», los muertos sin Dios resucitan, son juzgados, y de igual modo son enviados al infierno para siempre (vv. 11-15). La causa o causas de esa condenación sigue siendo un tema un tanto enigmático. No se dice exactamente en función de qué se les condena. Vuelve a aparecer el simbolismo de los libros. Por un lado, parece ser que uno de los libros recoge todas las acciones de toda la humanidad (vv. 12-13). Así que los malvados son juzgados en función de lo que han hecho. Por otro lado, también vuelve a aparecer el libro de la vida, y aquel cuyo nombre no esté escrito en él, también es condenado (vv. 12, 15). Así que son condenados por ambas razones: porque Dios no les ha incluido en el libro de los escogidos, y por sus malas acciones.169 Cualquier intento de definir de forma más detallada la relación entre estas dos causas es ir más allá de lo que aparece en este texto.

LOS CIELOS NUEVOS Y LA TIERRA NUEVA (21:1-22:21)

El estado eterno (21:1-22:6). En «Babilonia», la humanidad intenta crear el paraíso en la tierra sin contar con Dios, y fracasa estrepitosamente. Para aquellos que resisten la tentación y esperan en Dios, él promete rehacer la tierra y el cielo y recrear el paraíso perfecto jamás concebido para que su pueblo disfrute toda la eternidad. Si el fuego acabará con el Universo tal como lo conocemos ahora (2P 3:10), este sería el momento en el que eso ocurriría. Pero después del primer cielo y la primera tierra, vienen un cielo nuevo y una tierra nueva (v. 1a), como ya se había profetizado en Isaías 65:17-25 (aunque allí seguía habiendo algunas imperfecciones, que ahora han desaparecido). La falta de mar (v. 1b) no debe decepcionar a los que les gusta navegar o pescar. En tiempos de Juan, el mar se asociaba con el terror. De él provenían grandes tormentas, la gente se ahogaba, los barcos se hundían, y, como se creía entonces, lo peor era que allí habitaban los demonios.170 A diferencia de eso, el estado eterno no tendrá nada que cause «muerte, llanto, lamento o dolor» (v. 4).

La misma idea se nos explica también de forma positiva: una ciudad santa descenderá de esos cielos nuevos para adornar la tierra nueva. Empezamos nuestra historia en un jardín, pero acabaremos en una ciudad: el pueblo de Dios en una comunidad perfecta.171 El hecho de que la ciudad se llame la nueva Jerusalén apunta al cumplimiento de todas las promesas hechas a Israel y también a toda la humanidad.172 Pero la ciudad también es una novia (del mismo modo en que Yahvé y Cristo son los novios de sus seguidores en el Antiguo y en el Nuevo Testamento respectivamente). La atención recae sobre las personas, no tanto en el lugar (v. 2).173 Lo mejor de todo es que los redimidos de Dios tendrán con él una relación interpersonal, íntima e única (v. 3). El hecho de que todo esto ocurre porque la ciudad desciende del cielo apunta a que el estado eterno no se aplica solo a la humanidad, sino a toda la creación de Dios (v. 5a).174 ¡No es de extrañar que se le pida a Juan que escriba todas estas cosas (v. 5b), aunque éste sea el pasaje en el que más debió notar la impotencia de un lenguaje finito e incompleto para describir la perfección infinita y extraordinaria!

Como en 16:7, Juan oye la declaración «Ya todo está hecho». Dios se vuelve a asignar los mismos títulos eternos que vimos en 1:8. Haciéndose eco de Isaías 55:1, ofrece de forma gratuita agua viva a los sedientos (v. 6). A todo «el que salga vencedor» (recuérdese el final de cada una de las siete cartas de los capítulos 2-3), le promete esta herencia increíble (v. 7). Pero el versículo 8 nos recuerda que en ese nuevo cosmos el infierno aún existe. La letanía de los pecadores aquí se corresponde con la de los que persiguieron a cristianos y/o se negaron a reconocer a Jesús por miedo a la persecución (v. 8).175

El resto de esta sección se centra en la nueva Jerusalén. Los versículos 9-14 describen su resplandor y cómo refleja la gloria de Dios. Las doce puertas tienen los nombres de las doce tribus de Israel, y los doce cimientos, los de los doce apóstoles (vv. 12, 14). El pueblo del pacto, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, ahora está unido de forma inseparable. Las medidas de la ciudad dan forma a un cubo perfecto de dimensiones astronómicas (vv. 15-17). El único edificio con esta forma conocido en el mundo mediterráneo antiguo era el Lugar Santísimo en el templo de Jerusalén. El hecho de que en la nueva Jerusalén no haya templo (v. 22) podría apuntar a que toda la ciudad, toda la comunidad, todos los redimidos de Dios son ahora sumo sacerdotes y tienen acceso directo a Dios. La cifra de doce mil estadios sugiere, de nuevo, la idea de plenitud, de estado completo (recuérdese 7:5-8).176 Las piedras preciosas de los cimientos (vv. 19-20) nos recuerdan al pectoral de Aarón en Éxodo 28:17-20, que estaba adornado con muchas de las piedras mencionadas aquí, apropiadas para una comunidad sacerdotal.177 El resto de muros, puertas y calles de la ciudad también estaban hechos de los metales más preciosos. Las calles de oro también denotarían realeza; y la comparación del oro con el cristal transparente es una referencia explícita a la pureza (vv. 18, 21).

Si todos los creyentes son sacerdotes y tienen acceso a Dios, es porque Dios en Cristo sigue siendo el sacrificio eterno. Así, tal como Jesús predijo en Juan 2:19, «el Dios Todopoderoso y el Cordero son su templo» (Ap 21:22). Ahora, su luz hace que la luz del sol y de la luna ya no sean necesarias para alumbrar a esta comunidad santa (v. 23). Pero a la vez, aunque aquí no se nos explique cómo, existe cierta continuidad con el viejo orden. Las entidades que una vez se llamaron «naciones» (o, mejor, «grupos étnicos») y sus gobernantes de algún modo siguen existiendo; lo que haya sido redimido aportará a la nueva Je-rusalén su «esplendor y gloria» (vv. 24, 26; cf. Is 60).178 Aunque la ciudad tiene muros, como todos los centros urbanos en tiempos de Juan, las puertas de esta ciudad nunca se cierran porque no hay ningún peligro del que protegerse, y la noche y todos sus horrores ya no existirán (v. 25). Sin embargo, como el versículo 8, el versículo 27 nos recuerda que los malvados aún existen, pero ahora que están en el infierno ya no pueden dañar a los habitantes de este paraíso.

Aunque en la tierra nueva ya no hay mar, Juan habla del río de la vida que fluye del trono de Dios y que corre por el centro de la ciudad (22:1). Eso nos recuerda especialmente al río asociado al nuevo templo de Ezequiel (Ez 47:1-12). Este paralelismo, junto al rol de la ciudad como un nuevo «lugar santísimo», sugiere que el verdadero cumplimiento de la profecía de Ezequiel tiene lugar en el estado eterno, y no mediante la reconstrucción de un edificio en una nación gobernada por los judíos, en la nación de Israel.179 Como el río, el árbol (o los árboles) de la vida nutren al pueblo de Dios, dando siempre fruto suficiente para sostenerlos de forma abundante (2a). Los que carecían de salud, ahora ya están restablecidos.180 El «trono de Dios y del Cordero» ya no están solo en el cielo; también están en la tierra nueva (vv. 1, 3b).

La referencia a «servir» suscita muchas preguntas sobre qué tipo de actividades realizaremos por la eternidad, pero no las responde. Es probable que latreuo en este texto signifique simplemente «adorar». Sea como sea, por la relación íntima que tendremos con Dios Juan puede usar la metáfora de que «veremos a Dios cara a cara», acción que estaba prohibida bajo pena de muerte. El hecho de que llevaremos su nombre en la frente habla de identificación y pertenencia (v. 4). El versículo 5 repite los pensamientos de 21:23, quizá porque son increíbles, y concluye hablando de nuestro reinado eterno. En el versículo 6 tenemos una doble inclusión: una con 21:5, para subrayar la veracidad de las palabras de Dios, y otra con 1:1, para recordarnos que todo esto ocurrirá pronto.

Cierre (22:7-21). En este cierre, Jesús recoge esa idea repitiendo tres veces «Miren que/Sí, vengo pronto» (vv. 7a, 12a, 20).181 La bienaventuranza del v. 7b retoma el tema de 1:3, solo que ahora la bendición no es solo para el que lee esta profecía, sino para el que obedece sus enseñanzas (un recordatorio de que, a menudo, la profecía es más un mensaje para el presente que una predicción del futuro). Los versículos 8-9 son una repetición de 19:10. Los que creen que Juan no podría haber caído en este error una segunda vez tienen una visión de la santificación muy poco realista y no saben ver la gran tentación a arrodillarse que supondría estar ante un ser que revela cosas tan increíbles. El versículo 10a contrasta tanto con 10:4 como con Daniel 12:4 (véase p. 607). Los versículos 10b-11 sugieren que el final está tan cerca que es demasiado tarde para cambiar de actitud (recuérdese 13:10),182 aunque esto no es cierto de forma absoluta, porque a lo largo de Apocalipsis hay gente que se arrepiente, y también hay gente que tiene la oportunidad de arrepentirse aunque no la aprovecha.183

Como en el capítulo 1, Jesús puede decir que es el principio y el fin, exactamente como Dios (v. 13). Los versículos 14-15 forman una inclusión con 21:7-8. Por primera vez en todo el libro, Jesús se identifica con su nombre, y lo hace además usando tres títulos mesiánicos, todos enraizados en las Escrituras hebreas (v. 16). La única respuesta apropiada y lógica a esta abrumadora revelación del que escuche lo que el Espíritu y el pueblo de Dios dicen es aceptar la invitación a tomar gratuitamente de la vida eterna (v. 17). Sorprendentemente, algunos la rechazarán.

Peor aún, algunos añadirán o quitarán palabras de esta profecía. A estos, Dios no les dará parte en la vida futura (vv. 18-19). Estas advertencias provienen en última instancia de Deuteronomio 4:2 y no pueden referirse a todo el canon de las Escrituras. En el contexto de Juan, estas advertencias tienen que ver exclusivamente con el libro de Apocalipsis. Pero parte de lo que la iglesia primitiva pretendió al canonizar los veintisiete documentos que forman el Nuevo Testamento fue que todos esos libros fuesen tratados con la misma reverencia.184 Aquellos que cambian sustancialmente la Palabra de Dios en cuanto al «quién» y al «cómo» de la salvación y el juicio no son de los suyos. Las respuestas litúrgicas del último versículo y la mitad del penúltimo afirman esta verdad una vez más, piden que Cristo vuelva pronto, y concluyen con una versión abreviada de la bendición para todos los creyentes de 2a Corintios 13:14.




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