A day at the races



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A DAY AT THE RACES

Esto de escribir un relato es algo complicadillo, te pones delante de la pantalla del ordenador, abres el “word” y te aparece una enorme página en blanco al tiempo que tus cuatro ideas ya medio perfiladas acerca del tema se disuelven como por arte de magia. Es la hora de improvisar, como siempre, menos mal que tenía un CD sonando en la cadena y por lo menos ya tengo el titulo, espero que no me denuncie el agente de Queen por los derechos de autor.

Pues lo dicho, un día en las carreras, pero en este caso en las de barcos, que como en todo lo náutico no se le pueden llamar por su nombre terrestre, no, eso seria muy fácil, hay que buscarle otro nombre, algún termino mas marinero, es decir regatas.

Todas las regatas empiezan igual, una hora antes de la salida la tripulación va haciendo acto de presencia por el barco y aquí es donde se empiezan a poder observar las diferencias, la buena tripulación es aquella que lleva buen comercio y bebercio, las cervezas y los bocadillos, eso de los zumos reconstituyentes, los liofilizados, y las barritas energéticas se deja para los estoicos regatistas profesionales.

Una vez saludados y puestos al día de todos los acontecimientos sucedidos en la ultima semana, se comienza a alistar el barco, lo de siempre, limpiar fondos, colocar escotas, preparar velas, estibar las cervezas y arranchar las mochilas, todo aquello necesario para poder navegar en condiciones.

Ya estamos listos, se largan amarras y a navegar, en cuanto el viento hincha las velas y el agua se desliza sobre el casco, todos los problemas y taraduras mentales acumulados durante la semana se disuelven en la brisa marina, que se las lleva a tierra, de donde nunca deben salir. Entramos en el periodo pre-regata, este es el momento donde se ve quien es quien, mientras los pseudo profesionales se afanan en izar todas las velas posibles, en trimar todo lo trimable y en pasear los colores de sus sponsors, los auténticos navegantes sacan la cerveza, si no la han sacado antes, izan una vela para poder apagar el motor y no soportar su ruido y se dedican a reforzar sus lazos de amistad y camaradería mediante el sano arte de la charla, porque una tripulación unida jamás será vencida, o eso dice el refrán.

La salida es el momento mas critico de toda la regata, en este momento ya se han guardado las cervezas, se ha izado todo el trapo y se discute la táctica a seguir, aquí no hay diferencias, toda la flota esta con el cuchillo entre los dientes, se corre la línea buscando la mejor posición, todo esto aderezado con los gritos de las tripulaciones y patrones al ver desfilar los cascos a escasos centímetros unos de otros, todo un espectáculo!

Una vez se ha abandonado la salida y se esta en camino ya la cosa se tranquiliza un poco, pero no demasiado, no hay que dormirse, se empieza la ceñida y se echa el ojo a los demás contrincantes de tu categoría, sobre todo a tu eterno rival, que siempre esta delante, de lo contrario las regatas perderían toda su gracia, en este momento empieza el baile de tácticas, el alargar el bordo, el esquivar las zonas de poco viento y cada vez que te cruzas con otro rival la alegría de comprobar que has recuperado unos cuantos metros.

Las ceñidas son siempre iguales, a veces cuando hay peor tiempo son un poco mas movidas y un mucho mas húmedas, pero no es todo ceñir en esta vida así que la tranquilidad desaparece en cuanto se llega a la baliza de barlovento, aquí llega otro de los momentos claves, lugar donde se pierden y se ganan regatas y donde se pronuncia la palabra tabú para muchos: “spi”

¿Y que es el “spi”? Pues para los neófitos es esa vela tan bonita, de colores, con forma de globo y que tantos quebraderos de cabeza da, cierto que mucho es leyenda y que al final no es tan fiero el oso como lo pintan. Sea como sea, en la baliza de barlovento te encuentras con un montón de barcos juntitos esperando a izar el susodicho trapo, que siempre hay alguno al que le sale mal y se arma la marimorena, porque se queda con medio trapo arriba, sin poder gobernar muy bien y con el tradicional concierto de gritos de dame braza!, larga escota! y caza driza!

Una vez que se ha virado la baliza y se ha asentado la situación, es el bordo mas vistoso y el mas cómodo, el barco ya no esta escorado y este es el momento en el que en un buen barco, con una tripulación hedonista, algún sufrido tripulante dice para sacar algo de comer, todo un clásico, la bajada comiendo el bocadillo de jamón y la cervecita y en los auténticos barcos incluso el purito, por supuesto los profesionales sin fumar, sin comer y si me apuráis hasta sin beber, sufriendo.

Pero no os engañéis, que la bajada no es tan bonita, no todo es comer, beber disfrutar de la brisa y el mar, a la que te descuidas te aguarda el fantasma de la orzada, que ¿Qué es la orzada? Pues bien, irse de orzada, es perder el control y quedarte atravesado al viento con todo el trapo arriba, situación muy poco agradable pero por el contrario muy emocionante, es algo que nunca se olvida, de repente notas que el barco empieza a escorar, pero no es un escora normal, armónica, de la que te vuelves a recuperar, en cuanto has sufrido un par de ellas aprendes a identificarlas y en cuanto lo notas te agarras fuerte a donde puedes, así que una vez estas agarrado el barco sigue escorando hasta limites que rozan lo inimaginable y te encuentras con situaciones curiosas, como es el estar con la botavara hundida en el mar, lo pies los tienes donde habitualmente pones la espalda y las crucetas parecen besar la superficie del mar.

Lo bueno, o malo, según como se mire, de irse de orzada es que habitualmente vuelves rápidamente a la posición original, digo bueno porque la situación dura poco tiempo y malo porque la recuperación suele ser violenta e implica riesgo de que algún tripulante deje los cuernos en la “putavara”. En estas situaciones la tripulación ha de funcionar como un reloj suizo, en cuanto la botavara toca el agua alguien ha de largar contra para no sufrir daños, otro ha de largar escota de spi y el caña tiene que hilar muy fino para que la recuperación sea lo menos violenta posible. Aquí es donde se puede observar al gran navegante, cuando después de irse de orzada mantiene el botellin de cerveza en la mano sin haber derramado gota, fruto de la experiencia de mil escoradas legendarias.

Las regatas de club normalmente constan de varias subidas y varias bajadas, ya en las costeras o de altura la cosa cambia, el secreto de un barco, para mi, como tripulante, esta en el ambiente del barco, tengo la suerte de navegar en un barco con un ambiente genial y cada vez que veo un barco donde el patrón no para de vociferar y maldecir me parece que no se lo pasan bien, y para pasarlo mal no se navega.



La regata no se acaba cuando se corta la línea de llegada, no, luego cuando llegas al pantalan, mientras los profesionales están con protestas en el comité de la regata, con las preferencias de paso, los problemas de medición y los chanchullos de rating, el resto, los amateurs, la mayoría, disfruta comentando la jugada, y platicando sobre barcos alrededor de unas cervecitas bien frías.


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