A las palabras no se las lleva el viento



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Título: “A las palabras no se las lleva el viento”

Autores: Abdala, Paula; Benítez, Rocío; Castro, Mariana; Olivera, Tatiana

Institución: Universidad Nacional de La Plata. Facultad de Periodismo y Comunicación Social

País: Argentina

Abstract.
Este trabajo tiene por objetivo describir y analizar una práctica socio-cultural desarrollada por un grupo de jóvenes teniendo como eje de abordaje las siguientes categorías: género, lenguaje, militancia y territorio. El objetivo es reflexionar y problematizar en torno al ser joven en el escenario actual, dialogando permanentemente con las transformaciones culturales y la matriz del proyecto de la modernidad.

El objeto de estudio es el grupo “Acción Respeto: por una calle libre de acoso La Plata” formado a partir del año 2011, integrado por mujeres de 20 a 35 años. Este movimiento surge en repudio a una práctica residual en la sociedad, lo que ellas denominan “acoso callejero”.

El colectivo, que entiende la calle como un espacio de lucha por el sentido, lleva allí sus discursos contra una práctica naturalizada e invisibilizada. Así intentan mostrar las distintas facetas del acoso callejero, los mecanismos que entran en juego en las situaciones de acoso y las justificaciones que lo sostienen, y al mismo tiempo, darle lugar a las voces de quienes sufren esta forma de violencia para así mostrar cómo socialmente, a través de reacciones, frases y prejuicios, se promueve y perpetúa una costumbre cultural agresiva y sexista que afecta y perjudica a una porción muy grande de la misma sociedad: las mujeres.

El espacio geográfico para analizar las prácticas e intervenciones del grupo es la ciudad de La Plata, pero también tienen incidencia en Capital Federal y Conurbano, y en otras partes del país como Santa Fe y Córdoba. Las redes sociales también formarán parte de este análisis ya que es desde allí que la lucha se ha difundido por todo el país. Si bien el trabajo está centrado en Acción Respeto La Plata, también se tomarán fragmentos de la entrevista a Verónica Lemi, impulsora del movimiento y quien hoy dirige la organización en Capital Federal.

Las campañas que realizan son generadas como una resistencia a un poder existente: el que determina que las mujeres deben sentirse halagadas ante los dichos, comentarios u opiniones sobre su persona de un desconocido en la vía pública. Los integrantes del colectivo buscan instaurar con sus acciones una lucha por el sentido del “piropo” para que se considere en términos de “acoso callejero”.

Según la Real Academia, el piropo es un “dicho breve con que se pondera alguna cualidad de alguien, especialmente la belleza de una mujer”. Para Verónica Lemi los piropos, que tradicionalmente se concebían como un verso poético rimado de un hombre a una mujer, actualmente se limitan a expresiones que lo único que expresan es una opinión por el aspecto de ella. En esta interacción lo que vale es el impulso. Lo que para los hombres es espontaneidad, para las mujeres es una acción que avasalla su libertad de decidir si participa o no, en tanto se le impone sin darle tiempo a reaccionar.

Analizando el acto de habla, el hombre al emitir esa opinión al pasar, sin esperar respuesta y, sobre todo, no reconociéndola como interlocutora, la ubica en el lugar del tema del mensaje, es decir, el objeto sobre el cual se habla y no la persona a la que se le está hablando. Lemi afirma que “así como es molesto cuando la gente habla de uno como si no estuviera presente, es molesto para muchas mujeres porque tienen la misma sensación de deshumanización”. La entrevistada considera que el piropo“no es violento en sí mismo; de hecho a muchas mujeres que no lo piensan tanto les gusta, lo que considera como válido. Pero a la vez afirma que no por esta razón se debe dejar de oír a las mujeres que están expresando que a ellas les incomoda, porque las hace sentir objetos, sobre todo cuando la situación comunicacional está ubicándolas en ese rol”. En ese sentido, destaca que “si las mujeres no quieren estar en ese lugar, tienen derecho a decir que no y debe ser respetado”.
Identidad como distinguibilidad
Gilberto Giménez en “Nociones para pensar una teoría de las identidades” (1997), proporciona un primer acercamiento a la categoría de identidad como distinguibilidad. Es así que se presenta, primeramente, con la función particular de distinguir a una persona, colectivo u objeto particular de los demás de su misma especie. Se puede dar en dos vertientes: la identidad de uno se puede construir en la diferencia de otros o, puede presentarse como lo que uno tiene en común con otros.

En esta línea, el grupo Acción Respeto se distingue de otros porque surge en repudio a una práctica residual en la sociedad, lo que denomina “acoso callejero”. Transformar este concepto es parte de una actividad emergente, que intenta poner en jaque el sentido e iniciar una lucha por él.

El colectivo está compuesto por un grupo de mujeres, las cuales comparten ideales, gustos, prácticas, pero a su vez pertenecen al grupo social “mujer”, y algunas estudian una carrera facultativa y pertenecen al ámbito estudiantil, y muchas de ellas trabajan durante la semana y pertenecen a otro grupo de personas; es decir, se reconocen en un nosotros. Ellas dicen: “Nosotras participábamos de “La Marcha de las Putas” acá en La Plata, fuimos a un plenario en capital y nos dijeron “vamos a empezar a trabajar sobre el acoso callejero”. Era un tema que ya lo veníamos teniendo en nuestro discurso, que ya lo veníamos trabajando junto con lo de la cultura de la violación, desde 2011”. En este sentido, el autordice que cuanto más amplios son los círculos sociales de los que se es miembro, tanto más se refuerza y se refina la identidad personal.

Este movimiento de inclusión de la personalidad se da mediante la asunción de un rol dentro de la colectividad que pregona el respeto hacia las mujeres en la vía pública (ya sea diseñando los carteles o definiendo los espacios a intervenir, etc.). Pero, por sobre todo, debe apropiarse e interiorizarse en el complejo simbólico-cultural de Acción Respeto. En este caso, las integrantes pertenecen a una sociedad que tiene determinadas representaciones sociales que “sirven como marcos de percepción y de interpretación de la realidad, de guías de comportamiento y prácticas de los agentes sociales”.

Verónica Lemi dice “Tengo la maldición de tener cara de nena, que parece que despierta unos cuantos ratones en diversos hombres en la vía pública y en aquel entonces no me animaba a responder porque todavía tenía muy metido lo que nos enseñan socialmente de ‘bajá la mirada, seguí caminando, ignóralo”. Los modos de comportarse son parte de pautas y reglas que han sido socialmente forjadas y establecidas por la modernidad, la mujer ha tenido que saber callar, ha tenido que soportar los mandatos sociales que la obligaban a permanecer en el ámbito de lo privado; el espacio público fue lugar de los hombres. Para las integrantes de Acción Respeto La Plata las acciones que llevan a cabo tocan la matriz misma del patriarcado donde los cuerpos no le pertenecen a las mujeres “sino que son de dominio público y las mujeres públicas son unas putas. Entonces, las mujeres somos putas, si no somos prostituta, somos putas por sospecha porque con una mujer publica el varón tiene derecho por sobre nuestros cuerpos.”

Pero el objeto de su grupo es justamente desnaturalizar ese sentido común sobre la forma de relacionarse en el espacio público. Y eso es justamente la “distinguibilidad”, es decir lo que las diferencia como grupo del resto de la sociedad, pero a la vez a los individuos, ya que a través de esta característica se internaliza e individualiza la representación social propia del grupo de pertenencia. Hay una “memoria colectiva” del grupo que implica la construcción o reconstrucción de un pasado a partir de sentidos compartidos y de reconocer ciertos atributos como propios y característicos, ellas mismas se reconocen como “continuidad histórica” de la lucha contra el acoso.

Otra característica primordial que hace a la identidad de este grupo es la formación de consensos para tomar decisiones, por ejemplo, asistieron todas las integrantes (seis mujeres) a la entrevista realizada para el presente trabajo y participaron todas de la misma, ninguna quiso hablar más que otra, es cierto que dos de ellas llevaban más activamente la entrevista pero bajo una especie de consenso de las demás y cuando alguna tenía ganas de aportar algo lo hacía. Comentaron que dentro de su agrupación no hay una líder que “Cuando se genera Acción Respeto fue una idea que venían manejando sobre todo compañeras y compañeros de Capital Federal. La que hizo la parte gráfica si fue Verónica. Hay todo un tema de quién se lleva la idea. Es colectiva, no es propiedad de nadie. Seguimos una corriente de pensamiento similar y eso es lo que nos da unidad.”

Para Gilberto Giménez “la identidad de un actor social emerge y se afirma sólo en la confrontación con otras identidades en el proceso de interacción social, la cual frecuentemente implica relación desigual y, por ende, luchas y contradicciones1. Acción Respeto como colectivo se identifica en confrontación a lo “machista”. Pero como la sociedad en donde se constituyeron como colectivo, y donde despliegan sus actividades es machista, las integrantes y la organización se ven envueltas en un proceso constante de deconstrucción y construcción de nuevas subjetividades en una sociedad que sigue teniendo resabios de la cultura patriarcal. En la entrevista realizada al colectivo, afirmaron que "Los mensajes que bajamos a los chicos son los que fomentan y perpetúan estas formas de violencia, entonces tenemos que ser conscientes de lo que decimos y de que estamos atravesados por estos roles de género, incluso quienes estamos en el feminismo, porque somos parte de esta cultura."

El colectivo plantea que muchas veces han minimizado su causa las agrupaciones de género de izquierda, dicen: “Ustedes tienen la oportunidad de revalorizar esto, esta lucha, esta movilización porque pasa que x partido que está luchando por x causa, por la muerte de x mujer o del aborto no punible para tal chica, nos “ningunean” esto porque hay cosas que son más urgentes e importantes. No le damos un grado de importancia a la estructura piramidal de todas las violencias, pero si el acoso callejero es la primer violencia que sufrimos. “. Entonces, se observa que dentro de un mismo grupo que tiene orientaciones de militancia similares, se pueden dar ciertas contradicciones.

Una dimensión de la identidad señalada por el autor que es muy importante es la de la perdurabilidad en el tiempo y en el espacio, es decir que toda identidad remite a un contexto de interacción. Acción Respeto proyecta una línea de acción e imagen que mantienen, porque habría una “identidad a respetar” para con los otros. Es por eso que, desde su fundación, Acción Respeto participa de la Semana Internacional Contra el Acoso Callejero (primera semana de abril) realizando pegatinas, repartiendo panfletos, informando a la gente y charlando con los transeúntes, debatiendo, generando un diálogo que les permite interpelar a los sujetos desde el impacto de los carteles. También continúan recibiendo constantemente frases y testimonios de mujeres de diferentes lugares del país e invitan a que cada persona imprima los carteles que aparecen en el álbum “Si te incomoda leerlo, imagínate escucharlo”, y realicen su propia pegatina.

A partir de retomar las cuatro posibles configuraciones identitarias, planteadas por Giménez, podemos afirmar que esta organización de jóvenes, configura el tipo identidades segregadas2, ya que en este caso, identifican y afirman su diferencia, independientemente de todo reconocimiento por parte de otros. Ellas dicen: “Al violento no le va a importar, los agresores no respetan la perimetral, o sea, al agresor, no le va a importar. Que es lo que pasa con los jóvenes que más abordajes tenemos, podemos estar masivamente quinientas mujeres con carteles diciendo “no queremos que nos acosen” y van a salir a decir “y suponete que a fulanita le guste”, todas situaciones hipotéticas.”

Para ellas el primer eslabón para la conquista de los derechos de la mujeres se da en la educación, por eso asisten a escuelas, hacen talleres y jornadas; dan cuenta de que las transformaciones culturales y sociales no se dan de un día para otro, pero si pueden darse mediante un trabajo de concientización y reflexión como el que hacen, saben que de todas las persona que visitan su página o de todos los que algunas vez vieron alguna pegatina o intervención, quizás solo el 10% se quede pensando y preguntándonse por eso, pero siguen insistiendo porque confían en que ese es el camino. Plantean que:”El objetivo es ese: que se paren y reflexionen esto. Por ahí siguen en su opinión de que somos “exageradas” o que “a todas nos gusta”, pero en algún momento les puede hacer un clic. Y notar que hay miles de mujeres a las que esto les condiciona su forma de ser, de vestir, de manejarse en la vía pública y hasta de vivir. Y no es culpa de ellas, por cómo son, por cómo se visten, por la cantidad de personas con las que se relacionan, sino de los demás“.

La posibilidad de distinguirse de los otros también tiene que ser reconocida por los demás en contextos de interacción y de comunicación, lo que requiere de una ´intersubjetividad lingüística´ que moviliza tanto a la primera persona como la segunda. En otras palabras, los sujetos se distinguen entre sí a partir del reconocimiento social que posibilita la confrontación con otras identidades en el proceso de interacción social. Una de las chicas de Acción Respeto La Plata comentaba: “Lo que te puedo decir es que cuando una hace este tipo de campañas ya tiene como en el imaginario el tipo que le va a decir y las cosas que le van a decir. Nosotras ya sabíamos con qué nos íbamos a encontrar en el momento en que salimos a hacer la primera pegatina. No nos esperamos que ni nada más ni nada menos iba a ser un funcionario público que llevara la voz, digamos la bandera, de lo mismo que me dijo un tachero cuando delante de su parada le pegué ese cartel: “No, che, te quejás ahora, cuando tengas el culo caído no te va a molestar que te digan ‘qué lindo culo’”. Esas cosas son agresivas, son violentas, representan al macho facho que ningunea la lucha, que desde su posición privilegiada te dice ‘no es para tanto’


Construcción del género

El antropólogo Gilberto Giménez encuentra que una de las principales fuentes que alimentan la identidad personal es el género, junto a la clase social, la etnicidad, y la clase etaria.3

Creemos que las construcciones del ‘género’ y todo lo que se considera en torno a ellas son precisamente eso, construcciones dadas por la cultura. No vienen dadas por la naturaleza, no existen características naturales a “hombre” y a “mujer”, sostiene Verónica Lemi. En la misma línea, el colectivo Acción Respeto de La Plata plantea queel acoso callejero es el primer eslabón más naturalizado, más visible y más común y corriente de la violencia de género, “es la primera violencia a la que solemos estar expuestas desde pequeñas. Entre los diez y doce años empezamos a escuchar estos primeros mal llamados “piropos” que nos hacen concebir así socialmente, pero que en realidad son todas manifestaciones violentas de la desigualdad de género porque son apreciaciones sobre nuestros cuerpos aun infantiles y que la sufrimos luego durante toda nuestra vida”.

En este sentido, según el Observatorio de Medios, Comunicación y Género de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP, por “género” puede entenderse a la construcción sociocultural e histórica que define y da sentido a la sexualidad, y que conforma un sistema de poder que se realiza por medio de operaciones complejas, a través de normas, tradiciones, prácticas, valores, estereotipos, que se producen y reproducen en los discursos públicos que circulan en las instituciones sociales y que habilitan, limitan y/o restringen las prácticas. Prácticas como la del acoso callejero no pueden ya, a la luz de esta definición, justificarse en el sentido de “natural e inherente del hombre”, y es el sentido que disputan desde Acción Respeto.

De la misma forma, para la Organización Mundial de la Salud: “El género se refiere a los conceptos sociales de las funciones, comportamientos, actividades y atributos que cada sociedad considera apropiados para los hombres y las mujeres. Las diferentes funciones y comportamientos pueden generar desigualdades de género, es decir, diferencias entre los hombres y las mujeres que favorecen sistemáticamente a uno de los dos grupos.”

La naturalización de esas prácticas culturales puede ser explicada desde el concepto de habitus que plantea Pierre Bourdieu. Habitus es la forma en que las estructuras sociales se graban en nuestro cuerpo y nuestra mente, y forman las estructuras de nuestra subjetividad (socialización)4. Parece ser algo innato, aunque se forma de esquemas de percepción y valoración de una estructura social.Sin embargo, Tom Salman, plantea que: “El habitus estructura juicios y actuaciones, pero no los fija rígidamente. Es el sedimento de socialización y experiencias socialmente estructuradas en cada individuo, pero no es una 'programación' no-cambiable5

Esta noción sobre el habitus nos permite entender hasta qué punto la cultura nos condiciona en nuestro accionar, en nuestras prácticas sociales y también, nos puede ayudar a comprender por qué, muchas veces, existen diferencias tan grandes entre la adhesión explícita y el rechazo implícito, hasta casi inconsciente, de otras prácticas sociales, como las que los movimientos de mujeres que se identifican como feministas y enfrentan al patriarcado. La noción del habitus entonces también nos permite analizar por qué para muchos sectores sociales la violencia de género que sufren las mujeres en la vía pública no es siquiera vista como violencia, sino que es natural, por lo que el colectivo Acción Respeto y sus activistas son tachadas de “exageradas” por la lucha que llevan adelante.

A medida que avanza el tiempo y la igualdad social de género, se abren posibilidades para la mujer de realización personal (en el campo intelectual, científico, empresarial, político o artístico) que no se reducen a la maternidad (sobre todo en sectores medios y altos). En Argentina hay una concepción de que las mujeres de clases populares viven la maternidad casi como único modo de realización, en cambio para las de clase media y alta es necesario conciliar sus deseos de ser madre con las posibilidades de realización personal en otras esferas de la vida social.

Por otra parte, las mujeres jóvenes experimentan con referencia a sus madres y abuelas cambios mucho más notables en comparación con los varones: modificaciones en su papel social, transformación de sus expectativas y en las pautas culturales limitantes que regulaban sus prácticas y comportamientos, desencuentros en los lenguajes, en la comunicación, en los códigos que articulan las distintas miradas, en los modos de percibir el mundo, en la vestimenta, en los comportamientos.

Por lo tanto, es necesario pensar en el género como un campo de intersecciones donde lo biológico despliega su uso político cultural y donde el discurso, el espacio y la interacción, permiten develar la percepción, valoración y acción diferencial entre los jóvenes. Como advierte Reguillo, es necesario “hacer hablar” la diferencia de género tanto al exterior como al interior del colectivo estudiado, a través de la política, el consumo y el arte6, como lo hace Acción Respeto expresándose en los espacios públicos, apropiándose de la calle, son capaces de generar una crítica a los presupuestos tácitos que han logrado naturalizar la superioridad y el dominio masculino.

La ley 26.485 define la violencia contra las mujeres como "toda conducta, acción u omisión que de manera directa o indirecta, tanto en el ámbito público como en el privado, basada en una relación desigual de poder, afecte su vida, libertad, dignidad, integridad física, psicológica, sexual, económica o patrimonial, así como también su seguridad personal". Esta definición alcanza a aquellas conductas o acciones "perpetradas desde el Estado o por sus agentes". Por eso, si bien no está tipificado específicamente en la ley, el acoso callejero se considera –en tanto “acoso”- como una forma de violencia psicológica y simbólica hacia la mujer, que puede llegar al nivel de ser física pero que no es un requisito excluyente, por lo que al ocurrir de forma sistemática entra en la categoría de violencia de género.

Según María Luisa Maqueda Abreu, Catedrática de Derecho Penal de la Universidad de Granada, la violencia contra las mujeres no es una cuestión biológica ni doméstica sino de género. Refiere a que este tipo de violencia no tiene su causa en el antagonismo de los sexos, ni es individual ejercida en el ámbito familiar o de pareja por quien tiene una posición de superioridad física hacia el más débil. Se trata, entonces, de una “situación de discriminación intemporal que tiene su origen en una estructura social de naturaleza patriarcal.”7

El género se constituye así en el resultado de un proceso de construcción social mediante el que se adjudican simbólicamente las expectativas y valores que cada cultura atribuye a sus varones y mujeres. Producto del aprendizaje cultural de signo machista, unos y otras exhiben los roles e identidades que le han sido asignados bajo la etiqueta –mal puesta- del género. Es de orden simbólico lo que define las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres, origen de la violencia de género. Esa explicación de la violencia contra las mujeres es en clave cultural, no biológica.
Militancia: Hacia la transformación de los sentidos
Durante las décadas de 1960 y 1970, los jóvenes supieron tomar una trascendental relevancia política al hacerse cargo de sus ideales y organizarse en agrupaciones motorizadas por sus propias convicciones y utopías. Al poco tiempo, la dictadura cívico-militar que tomó el poder en 1976, se encargó de invisibilizar sistemáticamente esos espacios de transformación emergentes. En primera instancia, a través de su consigna principal vinculada con el “no te metas”, en clara amenaza hacia todo aquel que se dispusiera a alterar el orden de lo instituido. Y luego, en uno de los accionares más nefastos de la historia argentina, mediante la desaparición forzada de los militantes que, precisamente, “se metían” para alterar las condiciones de lo que consideraban injusto.

Con el retorno a la democracia en 1983, la participación política se convirtió en un terreno repleto de incertidumbres por parte de la juventud, que era impulsada a acompañar un proceso político colectivo, pero que había sido diezmada tiempo atrás. Si bien el compromiso social no perdía vigencia, lo cierto es que el lugar de “resistencia” que ocupaban, dificultaba la motivación hacia dicha participación. Mayor aún fue el desencanto en la década de 1990, cuando las políticas neoliberales del menemismo no sólo desestimaron las consignas reivindicadas por las agrupaciones militantes, sino que también negaron cualquier tipo de manifestación por parte de ellas.

Así fue como en el estallido social llevado a cabo entre el 2001 y el 2002, se pudo apreciar una gran masa de jóvenes que no habían aparecido en la escena pública desde hacía un largo tiempo atrás. No por su inexistencia, sino por la desestimación imperiosa de determinados poderes políticos, económicos y mediáticos, que verían afectados sus intereses particulares si los reclamos populares se hacían sentir. Precisamente en ese contexto, los militantes Darío Santillán y Maximiliano Kosteki, de 21 y 23 años respectivamente, fueron asesinados durante una manifestación, luego de una atroz represión policial ordenada por los goberantes de turno.

Sin lugar a dudas, los tiempos venideros a este rechazo significativo a las medidas políticas adoptadas en los últimos años, representaron un cambio paradigmático entorno al protagonismo que cobró su compromiso hacia las transformaciones sociales. Más allá de las banderas partidarias de cada sector representativo, lo que emergió sensiblemente fue el sentido latente por el cambio, por la posibilidad de forjar espacios de lucha, de resistencia, de tensión, pero al mismo tiempo de construcción.

En la base de las transformaciones comenzaron a cobrar un gran interés también los movimientos feministas, los movimientos contestatarios de las minorías étnicas, las luchas ecológicas, antiimperialistas, entre otras; que complejizaron la conflictividad social en pos de un mundo más libre y democrático.8Este carácter multifacético y plural de las luchas sociales contemporáneas pone en evidencia, o mejor dicho desestabiliza el imaginario político de una sociedad constituida por sujetos universales con una historia en singular. De maneras diversas, con mayor o menor grado de formulación, lo que caracteriza a estas grupalidades es que han aprendido a tomar la palabra a su manera y a reapropiarse de los instrumentos de comunicación.

Esta situación se ve reflejada en Acción Respeto, cuya metodología de militancia se traduce en las intervenciones que realizan en la vía pública para concientizar sobre el acoso callejero que sufren las mujeres diariamente, pero también en la utilización de las nuevas tecnologías tales como las redes sociales para expandir su mensaje. El objetivo final de esta propuesta específica, es abordar una temática mucho más compleja que es la representada por la transformación de los sentidos hegemónicos entorno a la figura de la mujer en todos los ámbitos de la sociedad patriarcal en la que vivimos.

Me di cuenta que tenía que empezar a militar esto porque no podía quedarme al margen sabiendo que eso implicaba aceptar ese acoso diario y que todas las otras formas de violencia que veía y me generaban angustia y bronca eran así y así iban a seguir siendo. Y decidí que tenía que ayudar de alguna manera a cambiar las cosas.” De esta manera reconoce Verónica Lemi, impulsora de la agrupación, los motivos que la llevaron a tomar la decisión de organizarse e intentar actuar sobre esa realidad indeseada para modificarla. La militancia aparece, entonces, como la contracara de la resignación.

En ese sentido, es fundamental reconocer que, dentro del posicionamiento político adoptado, el estilo elegido también tiene una vital importancia para la problematización de la temática sugerida. Al respecto, Florencia Saintout define al estilo como “ese conjunto de gestos, ritos construidos desde un uso subversivo de objetos triviales que ofrece el mercado, y que permite a los jóvenes nombrarse a sí mismos en clara reacción a las clasificaciones estigmatizadoras que les da la cultura dominante”.9Precisamente este “autoreconocimiento” es lo que les permite construir entramados alternativos a dicha hegemonía cultural.

Y justamente en el colectivo Acción Respeto puede identificarse un estilo propio muy distintivo, reflejado en los formatos utilizados para las intervenciones. Las mismas se sustentan en la necesidad de generar impacto en el sujeto interpelado, de manera tal de llamar su atención y motivarlo a repensar numerosas prácticas culturales cotidianas. Hebdige destaca al respecto que este tipo de manifestación “implica un rechazo. Quiero creer que ese rechazo tiene razón de ser, que esos gestos poseen un significado, que sonrisas y muecas revisten un valor subversivo”.10

Es evidente que la razón de ser del rechazo al acoso callejero diario que padecen las mujeres, tiene un significado indiscutible. La disputa por los sentidos sólo puede llevarse a cabo cuando la militancia hacia la acción concreta se hace presente. En este caso, por ejemplo, se hace referencia a un colectivo conformado por participantes de diferentes partidos políticos o independientes, unidos y unidas por la misma causa fundante. De hecho, este rechazo se ha materializado contundentemente el pasado 3 de junio, cuando unas doscientas mil personas se congregaron frente al Congreso de la Nación bajo una misma consigna simbólica: “Ni Una Menos”.




Significantes vacíos que adquieren un nuevo sentido
Laclau y Mouffe propician la categoría de “significante flotante” a partir de la deconstrucción del concepto del signo lingüístico desarrollado en la teoría de Saussure. Estos significantes se vinculan en los intentos de dominar el campo de la discursividad en torno a puntos nodales, en un campo en el que ninguna identidad es fija ni estable. La principal característica de estos significantes es su naturaleza ambigua y polisémica, la no fijación a ningún significado solo puede darse a partir de la multiplicidad de significados.

Los autores se refieren también al proceso de constitución de identidades e imaginarios colectivos. Señalan que: “Por un lado, ningún imaginario colectivo aparece esencialmente ligado a un contenido literal. Por el hecho de representar la forma misma de la ‘plenitud’ ésta última puede ser ‘encarnada’ en los contenidos más diversos; los significantes imaginarios que constituyen el horizonte de la comunidad son, en tal sentido, tendencialmente vacíos y esencialmente ambiguos”11

En este sentido, el colectivo Acción Respeto irrumpe en la escena pública reivindicando los derechos de la mujer que históricamente han tratado de ser opacados por un proyecto hegemónico moderno y patriarcal. Bajo esta perspectiva, el género es interpretado como una forma de ordenamiento de la práctica social, ya que las mujeres se proclaman como sujetos activos, que participan y tienen incidencia en las transformaciones sociales y culturales de la sociedad.

Los “significantes vacíos” son carentes de significación fija, por lo tanto, operan a través de eventos que lo van “llenando” de significado.

El autor también habla de cadenas de equivalencia, refiere a las relaciones discursivas que operan en torno a un significado vacío e irradian a manera de órbitas de significación a estos significantes vacíos a través de “significantes flotantes”.

El cambio de paradigma lingüístico que este colectivo intenta generar está en la desnaturalización del concepto de “piropo”. Se puede decir que el mismo, a partir de la caracterización de significante vacío, ha ido adquiriendo diferentes representaciones a lo largo de la historia y al calor de las luchas feministas que se dieron a partir de los años ‘80.

Para las integrantes de Acción Respeto La Plata la conceptualización de piropo “viene de la galantería. Eso fue mutando a amenazas constantes de violación porque también se escribe en contextos donde la mujer al haber irrumpido el en espacio público, conquistado del ámbito democrático, no tanto reivindicativo desde lo estructural, pero sí de los movimientos organizados de mujeres, las feministas en particular, esa violencia hacia nosotras es inversamente proporcional a las conquistas del espacio público”. Por lo tanto no sólo se trata de una cuestión sexual, sino de una cuestión de poder.

Verónica Lemi explica que Desde la perspectiva lingüística, debemos primero resaltar dos categorías: halago y piropo. Son dos actos de habla distintos, por los elementos que componen la situación comunicacional, desde el lenguaje corporal, el tono, los marcadores discursivos, hasta los roles de los participantes. Un halago se da entre personas, indistintamente de su género, y entre conocidos o, en caso de ser desconocidos, son ciertos marcadores discursivos que muestran al interlocutor que la intención es respetuosa”, y continúa diciendo que “los piropos son comentarios halagadores –no es lo mismo que decir que son halagos– que hace el hombre sobre la mujer.”

Sin embargo, y dentro de los matices de la agrupación, para el colectivo regional La Plata, no se trata sólo de una cuestión metodológica lingüística: ”No le quita la carga negativa decirlo de una manera respetuosa. Cuando plantean el, ‘¿te puedo decir una cosa?’, o ‘discúlpame, ¿te puedo decir algo?’, y luego viene la apreciación sobre nuestras corporalidades,. eso también es una irrupción violenta. Con ese criterio das lugar vos a la agresión y cargas con una doble culpa, porque la culpa siempre es nuestra. La responsabilidad de cómo nos vestimos, encima habilitas a la agresión, porque el piropo es agresión, es la forma coloquial de llamar al acoso callejero. No tiene sentido hacer esa distinsión”.

Por lo tanto, se plantea una ruptura sobre la definición del piropo: antiguamente se consideraba un halago hacia la mujer(que también escondía marcas de la cultura machista); y hoy acoso callejero, porque el contexto permite que se dé esta resignificación: Movimientos feministas en todo el mundo, el rol de la mujer en la política, la lucha por la apropiación de los espacios públicos, la reivindicación de los derechos sobre la igualdad de género y la identidad sexual, entre otras características del contexto que se han mencionado anteriormente.

El acoso callejero es un comentario no pedido y dicho en una situación que no da lugar a respuesta de la mujer, la coloca en el lugar de objeto y no de interlocutora de la comunicación que (no) se pretende establecer. Francisca Valenzuela, presidenta del Observatorio contra el Acoso Callejero de Chile, explica el concepto de “acoso callejero” como “un tipo de violencia de género muy particular porque el agresor no tiene un vínculo con la víctima de ningún tipo. No se conocen y no se van a conocer. Es una conducta no deseada por la víctima que se sucede de forma sistemática. Por tanto, en la medida en que se trata de una conducta no deseada, tiene carácter de violencia. La mujer es de esta manera víctima de una conducta denigrante, de manera pública y aceptada (…) que genera un impacto psicológico en la víctima que no es deseado y que efectivamente es violento”.12

Este colectivo propone que el acoso callejero engloba otros aspectos que lo constituyen como la forma y el contexto: “El acoso también incluye miradas obscenas o persistentes, los comentarios, tocamientos en transporte públicos, apoyadas engloba todo esto y después tenes el piropo que son los comentarios agresivos siempre con una carga sexual hacia el cuerpo de las mujeres“.



Los significados tienen un sentido momentáneo, cuando se enuncian en un momento determinado, pero esta significación no es algo fijo, sino que se encuentra en constante cambio.Se puede decir que los conceptos y significaciones tienen estrecha relación con el contexto en el cual son emitidos, es por eso que a partir de la ruptura con la modernidad y los paradigmas en los cuales se asentaba, ya no pueden ser pensados de la misma manera, desde el momento mismo en que la mujer emerge en la esfera pública.

En la página de Facebook, Acción Respeto planteó el lema “Si te incomoda leerlo, imagínate escucharlo” en un álbum de fotos, que desde el inicio presenta lo que encontrará como un impacto al lector. Este álbum es una recopilación de las frases que más resaltan de los testimonios enviados por las mujeres sobre una situación real de acoso callejero que vivieron en la vía pública. Todas comparten el mismo contexto: se las dijeron a distintas mujeres, hombres desconocidos para ellas, en la calle.

Esto constituye el elemento más importante de las frases que se publican: No son lemas abstractos ni frases armadas en el sentido de “Detengan el acoso” en una especie de spot publicitario, sino que se les da vida a las palabras al apelar a situaciones que sí ocurrieron. De ahí el “imagínate escucharlo”.
Apropiación del espacio público y virtual
Aunque Acción respeto nació desde la virtualidad, como un proyecto en la red social facebook, su objetivo siempre fue impactar y apropiarse del espacio público, de la calle, ya que es ahí donde el acoso callejero se visibiliza y se vive en cotidianidad. Entonces es necesario tener un acercamiento desde el lado analítico a la noción de ciudad, calle e intervención.

La ciudad es más que la arquitectura que la forma, que los edificios o calles, más que la segmentación entre lo público y lo privado, es también la apropiación y el sentido que se le otorga a través de sus símbolos que los habitantes identifican, interpretan y re significan constantemente, buscando así ser parte de la ciudadanía. En el artículo de Juliana Marcús del libro “Las tramas del presente” explica: “La ciudad múltiple (así llama a la ciudad de Buenos Aires) emite mensaje de invitación o rechazo, señales que son interpretadas por sus habitantes y que definen ‘modos de hacer’”13, estos modos de hacer se refieren a las prácticas que llevan a cabo los transeúntes a partir de la organización y de la aprobación de ciertas maneras de actuar por sobre otras.

El piropo, antes de ser entendido dentro del acoso callejero, es una concepción que modifica un “modo de hacer” en la vía pública. El transcurrir por la calle y encontrarse con esa práctica es la prueba de que es aprobada dentro de los estándares de normalidad, dentro de la forma de actuar en la ciudad. Y si entendemos al piropo como un símbolo más de la ciudad, aceptado y naturalizado por la ciudadanía, Acción Respeto nace para dar lucha, para concientizar y poner en relieve de discusión una práctica machista y denigrante que impacta en la forma de entender y vivir la calle.

Para Juliana Marcús la ciudad también puede ser leída en términos de discursos, lenguajes, en las prácticas y los modos que en la calle se representan socialmente: “Desde esta perspectiva la ciudad se va construyendo como expresión e inscripción de la cultura”. Esta construcción deja huellas que son el resultado de las luchas por el sentido. En la ciudad se pueden reconocer las tendencias sociales dominantes de cada proceso histórico, por eso entender al piropo dentro del acoso callejero es una demanda y un objetivo de lucha, contra el machismo y patriarcado que dominaron el imaginario social en el pasado.

Hasta ahora describimos al acercamiento analítico a partir del análisis de la calle como espacio de encuentro que moldea las prácticas, recorridos, percepciones, apropiaciones y usos de los que la habitan, pero también existen los desvíos y las resistencias. Tal es el ejemplo de Acción respeto, a través de sus intervenciones callejeras implantan nuevos sentidos donde el objetivo es interrumpir lo esperado, la cotidianidad de la calle, lo natural. A través de intervenciones abren el espacio púbico a nuevos sentidos.

Esta intervención puede ser comparada con otros tipos de procesos artísticos que se llevan a cabo en la vía pública, por ejemplo el graffiti. Son prácticas furtivas desplegadas en la ciudad, construidas y planificadas, que tienen el objetivo de interrumpir la “normalidad” de lo que sucede en la calle,haciendo a las personas encontrarse con lo inesperado.

En el caso de Acción respeto la forma de hacerlo es muy importante y característico, a través de consignas escritas en una hoja tratan de interpelar al transeúnte para que se ponga en el lugar de una mujer. Leer las frases que las mujeres escuchan todos los días y resaltado arriba de la explicación “Si te incomoda leerlo, imagínate escucharlo” apela a la empatía, pero también a las sensaciones como molestia, desagrado y hasta vergüenza que en su gran mayoría solo sienten las mujeres. Acción respeto materializa en texto e intervención artística la denuncia de una práctica discursiva que parecía natural y propia de la ciudad. Al respecto, Lemi plantea que: “Estos comentarios buscan reproducir el espectro de cosas a las que estamos expuestas, con la intención de explicar, a través de la experiencia, en qué consiste el acoso callejero y por qué hasta un simple ‘hola, bonita’ puede resultar incómodo para una mujer. Decidimos que sea esa porque nos pareció más impactante darle lugar a las experiencias para que se vea, con lo que ocurre en la realidad, día a día, qué es lo que pasan las mujeres y por qué no sólo somos unas ‘exageradas’”

En el mismo sentido, para Acción Respeto La Plata los relatos que se publican en Facebook en el álbum “Si es para tanto: el acoso desde adentro”, son muy importantes, siempre que funcionen como un espacio de denuncia, de descargo para las mujeres: “Nosotras somos víctimas sobrevivientes. Somos víctimas de la agresión pero a la vez somos sobrevivientes de la violencia machista. En una sociedad patriarcal siempre estamos entre vida y muerte. Sí, es un espacio de descargo y contención, y difusión además; pareciera que no, pero hay gente que no se entera porque no quiere o por la imposibilidad misma de los mecanismos de este sistema de que pasan estas cosas, entonces tiene un sentido y es muy importante, son muy importantes los espacios de denuncia y de contención, pero no es lo único a lo que debe estar orientado las estrategias para la transformación social. Porque si no parece que queda para nada. Pero además le da valentía a otros sobrevivientes, hacés un efecto dominó de poder empezar a contar las cosas, ponerse en lugar del otro, generar empatía.”

Ese espacio virtual se nutre de testimonios enviados por las mujeres y publicados todos juntos en forma de representación, que van construyendo una memoria colectiva. Estos se comparten sin nombre ni apellido porque representa a todas las mujeres, lo importante no es a quién, cuándo o en qué lugar geográfico se lo dijeron sino el qué, el cómo y ante qué situación, y la característica de ser recurrentes y similares comparando con los otros testimonios o con los comentarios que tienen las imágenes en Facebook. Provoca un doble impacto no solo por el contenido explícito de las frases sino porque ocurre todos los días.

En una primera instancia se busca impactar con las obscenidades y los insultos de las frases. Lo que busca hacer es reflexionar, concientizar, porque se está dejando en claro que no es una situación deseada ni buscada, afirmación explícita desde los objetivos planteados por Acción Respeto e implícita en cada cartel publicado, y avalada por la cantidad de seguidores con los que cuenta la página y los “Me gusta” que obtiene cada cartel.

Algunos carteles, seleccionados arbitrariamente, contienen frases como: “Te voy a violar hija de puta, te voy a hacer gritar”; “Hermosa, te hago de todo”; “Cómo te pondrían las esposas mi amor”; “Qué ricas conchitas”; “Hija de puta, te voy a romper el orto”; “Te la quiero meter hasta que vomites un frasco de témpera de todos los colores”; “Ah mi amor, qué linda estás”; “¿Cuánto la hora?”; “Ahí está mi número para cuando estés necesitada”; “Qué arisca que sos”; “Te quiero dar hasta que sangres y te desmayes”; “Sonreí, sos muy linda para estar seria”. Incluso aquellas frases que en un primer vistazo no parecen agresivas o no tienen insultos explícitos, siguen perpetuando una práctica avalada por un discurso patriarcal. En la sociedad occidental, que sigue siendo sexista, y sobre todo en la latinoamericana, es pasado por alto y no está tipificado como violencia en las legislaciones de los países, pero sí constituye una forma de violencia simbólica, una forma de coerción producto de una relación de poder en la que el hombre se ve como dominante.

Conclusión



Resulta importante reflexionar sobre los espacios de los que el género femenino se ha sabido apropiar. Particularmente, Acción Respeto invade las calles y el espacio virtual convirtiéndolos en espacios de lucha cultural, social y política asumiéndose como sujetos activos en la construcción y transformación de la historia.

La militancia se envuelve en una cierta estética que da a este grupo una identidad particular: No se reparte cualquier cartel, no se lleva cualquier bandera, no se pinta cualquier frase; visibilizan los testimonios de mujeres que sistemáticamente sufren la violencia simbólica, física, psicológica e institucional del acoso callejero, de una cultura machista y asimismo, deben cargar con la indiferencia de gran parte de la sociedad.

Sus herramientas de comunicación y de expresión irrumpen en los espacios de manera abrupta a modo de denuncia, pero también existe en esas prácticas una lucha por el reconocimiento de identidades, de subjetividades y formas de vida. En este sentido, Reguillo expresa que “los jóvenes se han autodotado de formas organizativas que actúan hacia el exterior – en sus relaciones con los otros- como formas de protección y seguridad ante un orden que los excluye y que, hacia el interior, han venido operando como espacios de pertenencia y adscripción identitaria, a partir de los cuales es posible generar un sentido en común sobre un mundo incierto14

Acción Respeto no sólo es un lugar de resistencia del poder hegemónico (excluyente y discriminatorio) sino también es una estrategia política (y de comunicación) que trastoca las relaciones en el espacio público, en el lugar donde se toman las decisiones que afectan a la cotidianeidad de las personas. Es una agrupación que disputa el sentido de violencia de género y demuestra que la violencia no es sólo física, sino también verbal y que una de las prácticas sociales donde esta violencia se ejerce es en el acoso callejero: cuando los hombres “piropean” a las mujeres. Por eso, a las palabras no se las lleva el viento. En ellas, Acción Respeto encuentra que está el germen de las prácticas patriarcales.

Bibliografía
BOURDIE, Pierre (1996). Raisons pratiques. París: Seuil, coll. Points,

Entrevista Acción Respeto La Plata

Entrevista Verónica Lemi

GIMENEZ, Gilberto (1997) Materiales para una teoría de las identidades sociales. Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM. San Andrés Totoltepec, México.

GIMENEZ, Gilberto. “La cultura como identidad y la identidad como cultura” Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM. Disponible en: http://perio.unlp.edu.ar/teorias2/textos/articulos/gimenez.pdf

HEBDIG, 2004,p.16

LACLAU, E. Chantal Mouffe (1987) “Hegemonía y estrategia socialista”Hacia una racionalización de la democracia” Siglo XXI, Madrid.

MARCUS, Juliana (2011) La Ciudad múltiple: percepciones, usos y apropiacionnes del espacio urbano en “Las Tramas del Presente”. Biblos, Buenos Aires.

MAQUEDA, Abreu, María Luisa (2006). “La violencia de género, entre el concepto jurídico y la realidad social”.

Observatorio contra el Acoso Callejero de Chile



REGUILLO, Rosana. Emergencia de Culturas Juveniles. Estrategias del desencanto. Cap. 1 Pensar los jóvenes: un debate necesario.

SAINTOUT, Florencia. 2013 Jóvenes en Argentina. Contra el discurso mediático. Desde una epistemología de la esperanza”. Universidad Nacional de Quilmes

SALMAN, Tom (2000). Organizaciones sociales, cambio y cultura popular, INCUPO.




1GIMENEZ, Gilberto. 1997. Materiales para una teoría de las identidades sociales. Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM. San Andrés Totoltepec, México.

2Ídem.

3GIMENEZ, Gilberto: “La cultura como identidad y la identidad como cultura” Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM. Disponible en: http://perio.unlp.edu.ar/teorias2/textos/articulos/gimenez.pdf

4BOURDIE, Pierre (1996) .Raisons pratiques. París: Seuil, coll. Points,

5SALMAN, Tom (2000). Organizaciones sociales, cambio y cultura popular, INCUPO.

6REGUILLO, Rosana. Emergencia de Culturas Juveniles. Estrategias del desencanto. Cap. 1 Pensar los jóvenes: un debate necesario.


7MAQUEDA, Abreu, María Luisa (2006). “La violencia de género, entre el concepto jurídico y la realidad social”.


8LACLAU, MOUFFE(1987). “Hegemonía y estrategia socialista. Hacia una racionalización de la democracia” Siglo XXI, Madrid.

9SAINTOUT, Florencia. “Los jóvenes en la Argentina”. Capítulo V. Pág. 78

10HEBDIG, 2004,p.16

11 Idem.

12Observatorio contra el Acoso Callejero de Chile


13 MARCUS, Juliana (2011) La Ciudad múltiple: percepciones, usos y apropiacionnes del espacio urbano en “Las Tramas del Presente”. Biblos, Buenos Aires.

14REGUILLO, Rosana. Emergencia de Culturas Juveniles. Estrategias del desencanto. Cap. 1 Pensar los jóvenes: un debate necesario.


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