A mis compañeros viandantes en el camino de la filosofía Agradecimientos: Agradezco a fondecyt por la posibilidad que me brindó de la realización de la presente obra, dado que ella es fruto del Proyecto fondecyt, No



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Contemplación

(el segundo de los modos de actitud objetiva)

A la actitud contemplativa la caracteriza, ante todo, el “dejar ser” al mundo, a cosas y personas, conocerlas, estudiarlas, indagarlas, hacerlas objeto de una teoría o de motivo de inspiración. Jaspers:

“La actitud contemplativa ha sido ya en general caracterizada en su contraste con la actitud activa: ella consiste en observar, no dominar, mirar, no apropiarse; contemplar, no crear y hacer; incluso en la creación ésta no es vivenciada como tal, sino como crecer y donación. Lo objetivo está a la distancia. Contemplar y pensar están la mayoría de las veces al servicio de la actividad, de la satisfacción instintiva activa y estructuración de la realidad. En otras palabras, ellas son casi siempre “interesadas”. El pensar selecciona lo que está en relación con los fines de la voluntad y de los instintos, él reconoce las cosas y las conoce, pero sólo en tanto puedan ser utilizadas, sólo en tanto conocimientos que pueden convertirse en medios técnicos. Hay un salto en la actitud, cuando las cosas mismas como tales son contempladas y deben ser conocidas, cuando los intereses de la voluntad y el mundo de los objetos tan sólo aparecen ahí para sumergirse en él, tan sólo están ahí para ser conocidos” (PdW, p. 59).

Lo decisivo que cabe destacar respecto de la actitud contemplativa es que en ella tiene lugar el giro hacia una total independencia del saber y del conocimiento, como que ellos son por sí mismos, vale decir, aquello que Aristóteles definió en la Metafísica como el saber desinteresado.

Pues bien, este componente de desinterés, propio de la contemplación, es el que habrá de potenciarse tanto que habrá de ser crucial en el tránsito del mito al logos, que supone la más grande transformación humana habida hasta ahora. Lo que se alcanza con ello es justamente un saber ante todo desinteresado, que ya no está más al servicio de la economía, la política, la técnica, la agricultura o la medicina.

Es característico de la obra de Jaspers en su conjunto, como también en particular de la Psicología de las concepciones de mundo que aquí examinamos hacer Excursos, que son de carácter histórico-filosófico. Una vez que él ha expuesto en lo fundamental su concepción del fenómeno que se indaga, en este caso la actitud contemplativa, da inicio al mencionado Excurso. Veamos a continuación las estancias de la contemplación (que constituyen tan sólo hitos, sin pretender ninguna exhaustividad) según como se presentan en algunos de los más destacados pensadores:
1.Platón.

“Dos capacidades para aprehender los objetos, contrapone Platón por doquier: la mera representación (opinión) y el genuino conocimiento (razón). El conocimiento está dirigido a lo ente que es intemporal e inmutable, a lo pensable en oposición a lo visible, a las ideas en oposición a las cosas singulares” (PdW, p. 59).

Ya anotábamos anteriormente que la actitud contemplativa se dirige a objetos de carácter intemporal, como lo supuestamente divino o también valores considerados como imperecederos. La actitud contemplativa está de este modo referida a algo estable, al arquetipo, y aquello tiene que ver con valores e ideales que orientan la existencia humana. Al elevarse el hombre durante milenios a la contemplación, se apoyaba en ello para ulteriormente decidir qué hacer, qué acciones emprender:

“La representación (opinión) aprehende algo que está entre lo ente y lo no ente, que es algo intermedio, más oscuro que el genuino conocimiento, más claro que la falta de conocimiento. Los objetos de la representación son todos objetivos, dobles: bello y feo, justo e injusto; ellos son bellos de muchas maneras, pero no lo bello; ellos llegan a ser y dejan de ser, ellos son y no son. La opinión se representa todo, pero ella no conoce nada de lo que representa. La razón aprehende las imágenes originarias, la representación las innumerables copias, reflejos, las meras apariencias. La razón aprehende inmediatamente gracias a su capacidad dialéctica (= conocimiento conceptual) las ideas mismas, la opinión lo perceptible tan sólo sensorialmente. Los hombres que se dirigen más a lo visible o más a lo pensable, los distingue Platón como amantes de la opinión y amantes de la sabiduría” (PdW, p. 60).

Jaspers rescata aquí de Platón su pensamiento de carácter arquetípico y que nos hace ver que todo lo múltiple y lo contrario, como que haya, por ejemplo, distintos caballos, y que unos sean ágiles, otros lentos, otros mañosos, otros dóciles, todo ello es tal porque participa de la idea de caballo. Mas, a esta idea tan sólo tiene acceso la razón.

2.Meister Eckhart:

“El Maestro Eckhart enseña acerca de muchas capacidades de la naturaleza simple del alma, a saber, las inferiores y superiores. Lo que ve el ojo, lo que escucha el oído, eso le ofrecen los sentidos al deseo. La observación trae esto a la intuición, la capacidad de discernimiento del entendimiento lo purifica y ofrece este material así depurado a capacidades más elevadas. Estas capacidades se articulan nuevamente: la memoria conserva, la razón penetra la materia y la voluntad la realiza” (PdW, p. 60).

Advertimos así como Eckhart da una muy sugerente explicación acerca de lo que hacemos con el material sensorial que recibimos, al transformarlo y depurarlo en el tamiz de la memoria y de la razón, para que, a fin de cuentas, la voluntad se apoye en ese material así depurado, y realizarlo.

Siguiendo con el análisis sobre Eckhart, Jaspers relaciona la intuición con el material sensorial que nos es suministrado, el entendimiento que distingue, y la razón que penetra:

“Las cosas, que ahora son muy elevadas para nosotros, son advertidas por la razón” (PdW, p. 60).

Tengamos en cuenta que se trata justamente de un material sensorial, de unas cosas, que ya han sido depuradas y elevadas, para que ciertas capacidades o facultades superiores, como la razón y la voluntad, actúen sobre ellas, la razón para penetrarlas y la voluntad para realizarlas:

“La razón se dirige hacia fuera: ella escucha y percibe; en ello realiza ella su separar, ordenar y poner. Pero cuando ella se dedica a su obra en la suprema consumación, siempre tiene todavía algo sobre ella, que no puede fundamentar. Ella reconoce que aquí hay todavía un orden superior. Esto se lo hace saber a la voluntad...” (PdW, p. 60-61).

Claro está, para Eckhart lo que capta la razón no puede corresponder a la insuperable ultimidad. Si ella es suficientemente abierta reconoce que sobre lo que capta hay un orden aun superior. Y esto, al modo de una señal, la razón se lo hace saber a la voluntad:

“Por medio de esta señal le suministra el conocer a la voluntad un impulso y la traspone en el orden superior. Así se genera el estado contemplativo último y propio, el del fundirse en la visión del fondo, el estado místico genuino” (PdW, p. 61).

En efecto, si se trata del orden superior, la razón no puede dar cuenta de él, y sólo en el arrebato místico, en el fundirse del yo, sería aquello alcanzable.
3.Spinoza.

“Spinoza reconoce tres tipos de conocimiento. En el primer tipo (opinión o representación) las cosas singulares son confundidas por los sentidos, mutiladas y actualizadas sin orden, o nos acordamos de tales cosas singulares en el oír o leer de palabras. En el segundo tipo (razón) se forman conceptos generales y representaciones adecuadas de las propiedades de las cosas. Se calcula, se alumbra. En el tercer tipo (el saber intuitivo) se avanza desde el concepto hacia el conocimiento adecuado de la esencialidad de las cosas. Las cosas son aprehendidas sub specie aeternitatis. Las cosas son comprendidas de una doble manera: en relación a un tiempo y lugar determinados como existentes o como contenidas en Dios, y como consecuencias de la naturaleza divina (esto es lo mismo que sub specie aeternitatis)” (PdW, p. 61).

Como vemos, de acuerdo con Spinoza hay estos tres tipos (y grados) de conocimiento: opinión o representación, en lo que hay confusión; la razón que ordena esa confusión, aprehendiendo las cosas en conceptos generales; y el saber intuitivo que toca la esencia de las cosas. Y esto equivale para Spinoza a percibir las cosas sub specie aerternitatis, es decir, bajo la especie de la eternidad, o si se quiere, como vistas en su modo de ser, en sus atributos, en su justificación, bajo una mirada divina. Al respecto, Jaspers cita a Spinoza:

“Cuanto más lejos llegue cada uno en este tipo de conocimiento, tanto más está él consciente de sí mismo y de Dios, a saber, tanto más perfecto y bienaventurado será él”; “amor intellectualis deus” /agrega Jaspers / es la expresión necesaria de este tipo de conocimiento” (PdW, p. 61).

Advertimos en esto como se llega a la forma más elevada del conocimiento, en el cual se alcanza una plena conciencia de sí mismo y a la vez de Dios, como también el sentimiento de una bienaventuranza. Y tanto es así que en esa contemplación sub specie aeternitatis nos hacemos partícipes del amor divino, del amor intellectualis deus, en otras palabras, en esa elevación ya no amaríamos más simplemente desde nosotros, sino desde Dios mismo.
4.Kant.

Con Kant se trata de tres capacidades cognitivas, consideradas de distinto modo: por de pronto, la sensibilidad, con la que tiene que ver la capacidad (o facultad) de la intuición; el entendimiento, que opera con conceptos; y la razón, vinculada con las ideas. Cabe explicar aquí que los conceptos son empíricos, tienen su origen en la experiencia, mientras que las ideas son trans-empíricas, trascienden el campo de la experiencia. Dice Jaspers de las ideas kantianas:

“/…/ y la razón da con las ideas la dirección a lo falto de límites /Grenzenlose/, infinito, y a partir de ello los puntos de vista directrices para la dirección de la investigación, el orden, la sistemática” (PdW, p. 61).

Atendiendo a la modalidad cómo se presenta lo contemplativo en Kant, podemos distinguir pues las siguientes capacidades o facultades por medio de las cuales la actitud contemplativa se despliega:

a.Intuición (Anschauung) que también podríamos traducir en este caso como ‘sensación’ o ‘percepción’, precisamente porque se aboca al material que registran nuestros órganos de los sentidos, el material sensorial.

b.Concepto, producido por el entendimiento (Verstand), que los lógicos nos dirían que corresponde a la totalidad de los individuos pertenecientes a una clase, como cuando aludimos al concepto de ‘árbol’, referiéndonos con ello a la totalidad de los árboles, sean éstos robles, pinos, encinas, cedros, y demás, mientras que la imagen que tengo de la araucaria de mi jardín, precisamente porque es sensorial, queda delimitada por la referencia a ese único árbol. Pues bien, de acuerdo al pensamiento kantiano, el concepto del entendimiento sucede que se refiere a una universalidad, la totalidad de los miembros de una clase, y no obstante esto, ellos también tienen una base empírica. Él nos dice que los conceptos corresponden a síntesis de representaciones que hemos podido completar, y habría que agregar aquí, aunque sea por medio de un proceso inductivo de generalización, a saber, supongamos, el concepto de árbol que nos formamos sobre una base empírica vale no solamente para los que ya conocemos, sino para los que todavía no conocemos, o incluso para especies extrañas de las que no hemos oído nunca, y por si esto fuera poco, vale para todos los árboles que ha habido en el pasado o en el futuro en la historia de la Tierra o de cualquier otro lugar del universo.

c.La idea, producida no por el entendimiento, sino por la razón, sería la única entidad trans-empírica, es decir que va más allá de una experiencia posible, por ejemplo, la idea que podemos tener de Dios. Pero, lo mismo para Kant cuando hablamos del alma como también de algo que nos puede resultar tan próximo como la libertad; y, sin embargo, a propósito de esta última, no hay en rigor una experiencia de la libertad, sino sólo de procesos determinados, sometidos al determinismo. Si yo supuestamente levanto un brazo “libremente”, la explicación de ello está en puras determinaciones, correspondientes a procesos físicos, químicos y biológicos. Pero también el mundo como totalidad, si acaso es limitado o ilimitado en el tiempo y en el espacio, es una idea para Kant. Todo ello nos hace ver que la idea, a diferencia del concepto, supone más bien una síntesis necesariamente inacabada de representaciones.

Por lo tanto, en cuanto a la actitud contemplativa, sólo la idea en Kant nos puede transponer a una supuesta otra dimensión: Dios, el alma, la libertad y el mundo tienen esa capacidad, y, sin embargo, Kant nos plantea que el papel que ellas deben cumplir es, entre otros, de carácter regulativo, vale decir, nada más orientan nuestro pensamiento hacia algunas de las cuestiones que más nos importan: por ejemplo, si somos libres; y la libertad es justamente el mejor ejemplo para lo que queremos decir aquí, por cuanto si no nos suponemos libres, no es posible fundamentar la moral. En términos morales, si no nos suponemos libres, el hombre siempre puede argüir respecto de los actos que realiza, por atroces que sean, que ha estado coaccionado a hacerlos, por cualesquiera fuerzas, móviles y condicionamientos.

Y al mismo tiempo entonces que la libertad corresponde a un supuesto, es, más estrictamente, un postulado. Kant formula esto además a través del singular término ‘como-si’, ya que se trata entonces de suponer “como-sí” hubiera libertad, como si fuéramos libres, y entonces es posible la moral.

Diríamos entonces que si con Kant está en juego también una actitud contemplativa, muy vinculada a la idea transempírica, indudablemente que éste es un papel muy sui generis. Es más, cabría reconocer en Kant más encima un freno a la actitud contemplativa, si vinculamos a ésta con entusiasmos, arranques o arrobamientos.

Con ello, hemos analizado 4 aproximaciones a la actitud contemplativa, y junto con esto por cierto, a un modo de vida contemplativo. Sin duda las tres primeras, vale decir, de Platón, Meister Eckhart y Spinoza tienen una inequívoca impronta de elevación mística, a diferencia de la visión esencialmente crítica de Kant, de acuerdo a la cual lo más elevado que se abre al infinito, y que corresponde a las ideas, concebidas por la razón, señalan una orientación de un modo muy peculiar, ya que en definitiva se trata en Kant de algo ligado a supuestos y postulados en términos de un singular “como sí”, lo que se expresa en consecuencia al modo de un como-sí fuéramos libres, como-sí hubiera Dios.
5.Schopenhauer.

Por de pronto, en contraste con Kant, aquí se produce un deliberado cambio de nomenclatura y que es de la mayor relevancia: en cuanto a la intuición, sensación o percepción, hay grosso modo, coincidencia con Kant, pero en lo que Schopenhauer se aparta del filósofo de Königsberg es en cuanto a relegar el concepto a la razón (Vernunft), apartándose así de la distinción kantiana. ¿Y entonces, si la razón opera con conceptos, dónde queda la idea? Pues bien, ella es situada a nivel del conocimiento singular propio del arte. Escuchemos a Jaspers interpretando a Schopenhauer:

“El modo de conocimiento del arte aprehende las ideas en un sentido platónico (no kantiano), las imágenes arquetípicas de todas las cosas singulares. Si deben convertirse las ideas en objeto tiene que desaparecer la individualidad del hombre ante el cognoscente puro, que sólo contempla sin voluntad, sin impulso, sin interés. Mientras todos los otros tipos de conocimiento aprehenden relaciones de las cosas entre sí o con la voluntad, así tan sólo éste /tipo de conocimiento/ la esencia, el qué de las cosas. La intuición del entendimiento coge la cosa singular, esta intuición estética la idea del género. El arte es idéntico con el conocimiento de las ideas, y este conocimiento en la contemplación pura es la esencia de la genialidad; en virtud de la interrupción del voluntarioso, interesado estar atrapados, a favor de la contemplación pura, se alcanza la completa objetividad. Así es genialidad, objetividad, conocimiento eidético, arte una sola y la misma cosa” ((PdW, p. 62).

Lo cierto es que, si bien lo aquilatamos, se juega aquí una cuestión decisiva. Ya sucedió con el movimiento filosófico conocido como idealismo alemán que no se respetó la imposibilidad establecida por Kant de referirse a la cosa en- sí, vale decir, lo que cada cosa es absolutamente en sí misma, y con total prescindencia de mis representaciones. Pues bien, en el idealismo alemán despunta la concepción de la posibilidad de una “intuición intelectual” (no sensorial) capaz de captar lo en-sí. Y, haciendo la comparación, pero también respetando las diferencias entre pensamientos de distinto origen, con Schopenhauer se plantea precisamente la posibilidad de una intuición que capta ideas, que van más allá de la propia razón, y que para él tienen que ver con el genio y el arte. Veamos como lo desarrolla el propio Schopenhauer, citado por Jaspers:

“El concepto es abstracto, discursivo, dentro de su esfera completamente indeterminado, sólo determinado por su límite, para cada cual que tan sólo tenga razón, alcanzable y aprehensible, comunicable a través de palabras sin mayor intermediación, agotable completamente por medio de su definición. La idea, en cambio, en todos los casos definible como representante adecuado del concepto, es completamente intuible, y aunque representando una cantidad infinita de cosas, a pesar de ella, determinada de punta a cabo”;

y agrega Jaspers:

“ella es sólo aprehensible por el genio o en un temple genial, no absolutamente, sino comunicable sólo parcialmente. El concepto se parece a un recipiente muerto, del cual no podemos sacar más de lo que pusimos al comienzo; la idea, en cambio, se desarrolla en él que la ha aprehendido”,

y termina Schopenhauer, citado por Jaspers, también respecto de la idea:

“ella semeja un organismo viviente, que tiene la capacidad de desarrollarse con fuerza generatriz, que produce lo que no estaba contenido en él” (PdW, p. 62).

En todo caso, con todo lo sugerente que suena a nuestros oídos esta concepción schopenhaueriana de la idea, siendo justos con Kant, cabe reconocer que ya en él la idea, con su carácter regulativo, heurístico, y equivaliendo al norte de nuestra razón, significaba la instancia que se abría al ámbito transempírico no sólo de lo que los juicios, que dan origen a conceptos, no pueden sintetizar, y, junto con ello, se abría al ámbito de lo en-sí. Mas, podemos darnos cuenta que con Schopenhauer lo interesante de su planteamiento, y que resulta sugerente, se condensa especialmente las siguientes cinco cuestiones:

1.Que la idea no queda limitada a la razón.

2.Es propiamente el genio el que la capta.

3.La idea es lo que está en juego en el arte.

4.Ella es aprehensible por el sujeto que se entrega ya sea a la creación o a la contemplación estética, desprendiéndose en esos instantes de su apego a necesidades e intereses.

5.Que sería el punto que más quisiera destacar – cual es que la idea está viva, y ello se manifiesta en su fuerza generatriz. De alguna forma, me atrevo a decir, éste es el punto que más nos dice, puesto que así precisamente vivenciamos las ideas (si puede decirse así), ya que se incuban en nuestra mente y tienen un largo periodo de embarazo, hasta que dan a luz.
6.Hegel

Con Hegel se mantiene la tríada establecida por Kant intuición-entendimiento-razón, sólo que modificada, especialmente en lo que se refiere a la razón y también la intuición; para Hegel habría no solamente una intuición a nivel sensorial (lo propio de la sensación y la percepción) sino del espíritu. Y, por su parte, la razón es capaz de integrar la contrariedad que se manifiesta en el devenir. Veamos a continuación cómo son caracterizados los tres momentos intuición-entendimiento-razón por parte de Hegel, interpretado por Jaspers:

“Hegel conoce la intuición, el pensamiento del entendimiento y el pensamiento especulativo o racional. El entendimiento se mueve en oposiciones, que son sostenidas unilateralmente (en las determinaciones de la reflexión), la razón piensa la unidad de las oposiciones, no en tanto las niega, no en tanto vuelve a lo inmediato tras el entendimiento, sino en tanto va más allá a la inmediatez mediatizada, en la que la labor del entendimiento al mismo tiempo es sostener los opuestos, los cuales serán, sin embargo, superados” (PdW, p. 62).

Con el pensador suabo podemos decir que cada cosa, cada fenómeno es nada más que parte de una totalidad en desarrollo; a ello se refiere esa “inmediatez mediatizada”. Supongamos, teniendo en cuenta su Filosofía de la historia, cada momento de la historia universal, por ejemplo, la muerte prematura de Alejandro Magno, es precisamente inmediatez mediatizada, ya que es nada más que un momento en la evolución histórica que conducirá al desmembramiento del inmenso imperio forjado por él, lo que a su vez traerá como consecuencia a la larga que Roma se haga más fuerte y que incluso Grecia pase a ser una de sus provincias.

Pues bien, el entendimiento se queda en cada momento aislado, mientras que la razón especulativa integra la contrariedad que se manifiesta tanto en el acontecer histórico como en los procesos naturales.

Y sigue Jaspers interpretando a Hegel:

“Sólo en el pensamiento especulativo llega el espíritu a un conocimiento genuino; por ejemplo, el concepto de la vida el entendimiento no puede pensarlo, porque cosas opuestas – según el principio de contradicción – tienen que ser sostenidas de ella. Ella es sólo pensable especulativamente” (PdW, p. 62).

En efecto, podríamos decir, con base en Heráclito, que la vida incluye la muerte, ya que está claro que la muerte es únicamente un fenómeno de los seres vivos, y es por ello que un concepto como la vida debe incluirla, a pesar de que la niegue. Y es por ello también que, tratándose de la negación, ella está integrada en el devenir, en el cambio y el movimiento de prácticamente todo lo que observamos en la naturaleza. Y nuevamente cabe decir aquí: el entendimiento se queda en la oposición; de acuerdo a nuestro ejemplo: la vida es distinta y opuesta a la muerte; la razón, en cambio, las integra.

Sigamos con la interpretación de Jaspers:

“Si la intuición es el punto de partida, así hay muchos tipos de intuición, e intuición es también la forma, de acuerdo a la cual el pensamiento especulativo llega a ser una posesión constante del alma” (PdW, p. 62).

Aquí Jaspers hace alusión al alcance distinto que tiene la intuición en Hegel, que no se limita, como en Kant, a nada más que percibir el material sensorial de colores, olores, sabores, tamaños, formas, temperaturas, y demás, sino que la intuición también puede captar la esencia de algo, mas, como ya veíamos más arriba, esa así llamada “esencia”, es tan sólo un momento del desarrollo de la totalidad. Pues bien, la intuición es capaz de captar la esencia de ese modo, diríamos, como una suerte de “esencia móvil”. Jaspers dice:

“El objeto de la intuición tiene la determinación”

y continúa citando a Hegel:

“de ser algo racional, por ende no algo singular desgarrado desde distintos costados, sino una totalidad, una plenitud de determinaciones cohesionada. La intuición sin espíritu es nada más que sensorial, conciencia que permanece externa al objeto. La intuición plena de espíritu, la intuición verdadera aprehende la genuina sustancia del objeto...Con razón se ha insistido en todas las ramas del saber que se hable a partir de una intuición de la cosa. Para ello es menester que el hombre se comporte con respecto a la cosa con espíritu, corazón y ánimo – en una palabra, en su totalidad – que esté en el punto central de ella y la deje perdurar” (PdW, 62-63).

Claro está, se trata no únicamente de que la razón esté abierta a la totalidad y comprenda cada cosa como momento de esa totalidad, sino asimismo la intuición. A partir de ello se entiende también la exigencia de intuir rectamente algo.

Un ejemplo nos puede ayudar a entender mejor esto: la edición cinematográfica. En la historia del cine durante toda una primera etapa, por lo menos hasta los años 40, la edición de las películas, que en ese tiempo se hacía con tijera en mano, para ir uniendo los cuadros y las secuencias, el editor cumplía un papel completamente secundario. Simplemente se consideraba que su labor era necesaria, pero no se le daba ninguna importancia. Mas, luego comenzó a advertirse acerca de los efectos que tiene en el espectador el hecho de que unas secuencias vayan pegadas a otras, que haya yuxtaposiciones, que generan asociaciones emocionales de diversa índole. Esto significa que el editor tiene en verdad tal poder que puede sugestionar y manipular el mensaje de mil maneras. Entonces se tuvo claro que el editor es en verdad el brazo derecho del director, pero, cabría agregar al respecto que, ni aún así ha logrado salir del anonimato.

Pues bien, un editor cinematográfico, como por cierto de televisión o de un simple video familiar, tiene conciencia de cómo cada cuadro, cada secuencia es nada más que un momento de la totalidad de una película.
Siguiendo a Jaspers, hemos analizado lo que puede entenderse por una actitud intuitiva, de acuerdo a una pléyade filósofos. Retomando el camino recorrido, Jaspers nos dice lo siguiente:

“Con toda la diversidad en lo particular que pueda haber, a todos estos filósofos le es común que ven algo más que la mera percepción sensorial y el pensamiento lógico, sin acudir en socorro de una revelación suprasensible del tipo del milagro. La aprehensión de la idea en Platón, la razón que advierte algo superior a ella en Eckhart, el tercer modo de conocimiento en Spinoza /el saber intuitivo/ que concibe las cosas sub specie aeternitatis, la razón como la capacidad que le da a las ideas una dirección hacia la infinitud, la visión estética de las ideas de Schopenhauer, el pensamiento especulativo de Hegel, todas estas modalidades inducen en grandiosa coincidencia a tipos de conocimiento más allá de la percepción sensorial y de la cognoscibilidad lógica formal” (PdW, p. 63).

Llama la atención que en lo que se refiere a una actitud contemplativa y una correspondiente vida contemplativa humana, en sus distintos modos de entenderla, se trate siempre de un elevarse más allá de lo sensorial y empírico, y ello lo podemos plantear aquí de manera crítica, porque implica no reconocer que pudiera haber una contemplación positivista o incluso materialista del objeto. En todo caso, este problema ya se podía anticipar cuando de entrada Jaspers entiende a la actitud contemplativa como vinculada con lo intemporal, a diferencia de la actitud activa – recordemos – que se vincula con lo temporal.

Y, si no se reconoce claramente la posibilidad de una contemplación positivista o materialista del objeto ¿qué decir, por ejemplo, del pensamiento de Demócrito o de Epicuro? Desde luego que en ello también se trata de ejemplos de actitud contemplativa, y, sin embargo, en uno ni en otro caso hay un vínculo con supuestos objetos intemporales, sino todo lo contrario.

Por lo demás, no se trata en esto de tener nada más que en cuenta al positivismo, el materialismo, y agréguese el pragmatismo, sino la fenomenología, de la cual, aunque de un modo muy singular, uno de sus representantes sería el propio Jaspers. La fenomenología también supone una mirada dirigida al objeto que lo ve por de pronto en su temporalidad y, en segundo lugar, también como objeto dado empírico-sensorialmente, si bien no hay razón para limitarse únicamente a esta clase de objetos.

Interesante es a su vez tener presente en este contexto como el biólogo-filósofo chileno, que viviera largo tiempo en Francia – Francisco Varela – reconoce que el pensar fenomenológico se ha desarrollado no solamente en occidente, con su fundador a la cabeza – Edmund Husserl -, sino que también ha tenido lugar en oriente: budismo y taoísmo tienen patentemente también una impronta fenomenológica.



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