A todo pájaro le gusta oír su propio canto



Descargar 5.31 Kb.
Fecha de conversión02.07.2017
Tamaño5.31 Kb.
Alta tensión

Siempre nos juntábamos en el mismo lugar. Estar ahí parados, contándonos lo que veíamos día a día, ya era costumbre. El pueblo en el que vivíamos era chico, por lo que los rumores y las noticias volaban. A todo pájaro le gusta oír su propio canto. Yo era el más curioso de todos, y siempre preguntaba si alguien tenía alguna historia para contar. Solo tres me respondieron inmediatamente, y dijeron que la noche pasada habían sido testigos de un crimen. Sin más que esperar, empecé a escuchar atentamente sus historias.

Eran las dos de la mañana, un hombre llamado Carlos, policía, debía patrullar de noche toda la semana. Se cambió, agarró su placa y salió a trabajar. Ya rondando las tres y cuarto de la mañana, mientras Carlos conducía, a lo lejos escuchó a un muchacho gritando, sin embargo solo echó un corto vistazo y siguió manejando como si no hubiera ocurrido nada. Iba rumbo a un burdel al que asistía regularmente, según dicen tenía una esposa a la que no quería, pero un hijo al que amaba. Carlos notó que un taxi lo seguía de cerca, pero pensó que sería algún cliente yendo al mismo lugar que él, así que no le dio importancia. Al entrar pagó por la mejor prostituta que había, y fueron hacia un cuarto. No había pasado más de un minuto, la puerta se abrió repentinamente, su asesino fue lo último que vio Carlos, murió ipso facto.”

Eran las dos menos cuarto de la mañana, una mujer llamada Alejandra recién terminaba de prepararle la comida a su esposo. Este se estaba por ir a trabajar, y la despidió con un beso sin ganas. Alejandra venía teniendo sospechas hace tiempo, por lo que cuando su marido se fue, se subió a un taxi y le ordenó buscar y seguir a una patrulla. Luego de una hora lograron encontrarlo, y notaron que estaba llegando a un prostíbulo. En ese momento, sonó el celular de Alejandra, era su hijo, al que le dijo que no le podía atender y le colgó. Mientras tanto, al ver a su esposo entrar al burdel, ella se volvió ciega por la ira. Le pagó al dueño toda la plata que tenía por la llave que abriría el cuarto de su marido. El buey solo bien se lame. Cuando lo miró a los ojos no lo dudó, sacó un arma de su bolso. Dicen que el hombre murió al instante.”



Eran las dos treinta de la mañana, Lucas, un chico de 17, se despierta y observa que en su casa no había gente. El que con lobos anda, a aullar se le enseña, y Lucas era proveedor, así que agarró la marihuana que tenía escondida en su cuarto y llamó a uno de sus compradores. Acordaron verse en una esquina a las tres y cuarto. El joven llego puntualmente, y de repente sintió un cañón en su cabeza, le habían tendido una trampa. Lucas logró visualizar a lo lejos la luz de una patrulla, por lo que empezó a gritar y correr. Su comprador, sin dudarlo, le disparó en la pierna y en el hombro. Con pocas fuerzas, el chico logró sacar el celular de su bolsillo para llamar a su madre, que sin siquiera escucharlo le dijo: - “Ahora no puedo” y le cortó la llamada. Fue lo último que Lucas escuchó. Fue su canto del cisne

Con el resto de los pájaros quedamos estupefactos cuando nos dimos cuenta de que ellos tres habían sido testigos del mismo crimen. Un desenlace muy trágico para una familia, que hasta ayer, parecía como cualquier otra. Pero bueno, a todo cerdo le llega su San Martín.


La base de datos está protegida por derechos de autor ©bazica.org 2016
enviar mensaje

    Página principal