A una nariz (Quevedo) Érase un hombre a una nariz pegado



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A una nariz (Quevedo)
Érase un hombre a una nariz pegado,

érase una nariz superlativa,

érase una nariz sayón y escriba,

érase un peje espada muy barbado.


Era un reloj de sol mal encarado,     

érase una alquitara pensativa,

érase un elefante boca arriba,

era Ovidio Nasón más narizado.


Érase un espolón de una galera,

érase una pirámide de Egipto,        

las doce Tribus de narices era.
Érase un naricísimo infinito,

muchísimo nariz, nariz tan fiera

que en la cara de Anás fuera delito.

El poema que vamos a comentar lleva por título ‘A una nariz’ y fue compuesto por Francisco de Quevedo en el siglo XVII, en pleno Siglo de Oro (Barroco). En este caso el poema tiene una evidente intención cómica y satírica.


Según parece este soneto está dedicado a Luis de Góngora, competidor de Quevedo. Son conocidos los múltiples ataques que ambos se dedicaban a través de este tipo de composiciones. El autor ataca a Góngora llamándolo narigudo. Es evidente que la palabra nariz es omnipresente a lo largo del poema: incluyendo el título aparece nueve veces, bajo múltiples formas, como sustantivo o adjetivo, recurriendo incluso a creación de palabras de la mano del autor como ‘naricísimo’ o ‘narizado’.
El soneto, métrica elegida en esta composición, es considerado como el verso clásico por excelencia en el Barroco español. Está compuesto por catorce versos, dispuestos en dos cuartetos y dos tercetos, por lo tanto catorce versos en total, de Arte Mayor, ya que todos los versos son endecasílabos (once sílabas). La rima es consonante porque se repiten las vocales y las consonantes al final de cada verso. El esquema métrico de la rima sería por tanto: ABBA, ABBA, en los cuartetos, y CDC DCD en los tercetos.

El soneto comienza con una hipérbole (es decir, una exageración) cómica mediante la cual imaginamos una gran nariz a la que un hombre ha sido pegado. Como si el individuo no se caracterizara por poseer una nariz, sino a la inversa, es la propia nariz la que es seguida por un humano. Describe seguidamente la nariz como ‘superlativa’, el grado más elevado; no hay nariz mayor.


"Un elefante boca arriba" sugiere algo descomunal, una nariz enorme, como la trompa de un elefante.El primer terceto aporta imágenes metafóricas de igual intención: “El espolón de una galera”, “Una pirámide de Egipto”, etc., en alusión a la gran nariz de Góngora, su archienemigo.

Soneto de Góngora


Mientras por competir con tu cabello,

oro bruñido, el sol relumbra en vano,

mientras con menosprecio en medio el llano

mira tu blanca frente el lilio bello;

mientras a cada labio, por cogello,

siguen más ojos que al clavel temprano;

y mientras triunfa con desdén lozano

del luciente cristal tu gentil cuello;


goza cuello, cabello, labio y frente,

antes que lo que fue en tu edad dorada

oro, lilio, clavel, cristal luciente,

no sólo en plata o vïola troncada

se vuelva, más tú y ello juntamente

en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.


El poema que vamos a comentar fue compuesto por Góngora en el siglo XVII (poeta referente del culteranismo), en pleno Siglo de Oro (Barroco).


Los tópicos más destacables de este soneto son el CARPE DIEM, aprovecha el momento, disfruta de la vida a cada instante, y el tópico del TEMPUS FUGIT, la fugacidad del tiempo, la juventud y la belleza que se acaban cuando pasa el tiempo, y llegan la vejez y la muerte sin darnos cuenta.
El oro y el sol lucen en vano, pues su dorado color no se acerca al rubio de su cabello (“por competir con tu cabello (…) el sol relumbra en vano”); sus labios son más rojos que los claveles (“a cada labio (…) más ojos que al clavel temprano”); su frente es más blanca que los lirios, su cuello más firme que el cristal.
A partir de los tercetos se desencadenan los tópicos antes explicados, la edad dorada es la edad de juventud: gozad de ella nos sugiere el poeta (CARPE DIEM), porque la belleza en seguida se verá troncada, sin darnos cuenta (TEMPUS FUGIT), “en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada”.


El soneto, métrica elegida en esta composición, es considerado como el verso clásico por excelencia en el Barroco español. Está compuesto por catorce versos, dispuestos en dos cuartetos y dos tercetos, por lo tanto catorce versos en total, de Arte Mayor, ya que todos los versos son endecasílabos (once sílabas). La rima es consonante porque se repiten las vocales y las consonantes al final de cada verso. El esquema métrico de la rima sería por tanto: ABBA, ABBA, en los cuartetos, y CDC DCD en los tercetos.


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