Abortos y control de la natalidad



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ABORTOS Y CONTROL DE LA NATALIDAD

Tomar la resolución de tener un hijo es algo trascendental. Se trata de decidir tener para siempre a tu corazón vagando fuera de tu cuerpo “.



ELIZABEH STONE
La Generalitat de Catalunya legalizó el aborto en sus provincias en diciembre del 36 con el “Decreto sobre la Interrupción Artificial del embarazo”, autorizando su práctica en hospitales, clínicas e instituciones sanitarias. A comienzos de los años 30 se llega a aceptar públicamente como legítimo el aborto terapéutico en conferencias celebradas en foros tan tradicionales y prestigiosas como la Academia Nacional de Medicina. Las mujeres no entraban a debatir temas que les incumbían como era este o el control de la natalidad. Las normas de conducta social estimaban que toda participación femenina sobre cualquier tema en un debate público transgredía las reglas de conducta de género establecidas, de modo que eran muy pocas las que lo cuestionaban. No se consideraba adecuado que las mujeres mostraran signos de interés por estos asuntos, pues esto se juzgaba indignante y un signo de promiscuidad o indecencia. Todo interés en este campo era signo de moralidad dudosa o deseos antinaturales. A las mujeres se las representa como asexuales, etéreas, seres inocentes, los “ángeles del hogar”, de modo que prácticamente la mujer que no suscribiera los valores culturales dominantes y las pautas de conducta de género, no se atrevería nunca a debatir en público cualquiera de estas cuestiones y tal vez ni siquiera en privado, pudiendo provocar el rechazo masculino. Las mujeres abortaban, pero no discutían públicamente las consecuencias éticas, morales o médicas del aborto; su práctica era clandestina e ilegal. Las redes femeninas difundían información sobre abortivos, remedios caseros, direcciones de practicantes apoyos materiales y morales. Las practicantes eran mujeres comadronas o “parteras”. Era un fenómeno social en el que mayoritariamente intervenían las obreras. Algunos escritores y colaboradores anarquistas médicos defendían la autogestión reproductiva y ofrecían información y asesoramiento sobre cuestiones médicas, higiénicas y sexuales para lograr el desarrollo total del potencial humano. La política anarquista de reproducción se centraba más en el control de natalidad, constituyendo el aborto un aspecto marginal de la reforma sexual anarquista. La reforma eugénica (ciencia para mejorar biológicamente a los individuos de la especie ) puso especial interés en el cuidado de las mujeres y l@s niñ@s de la clase obrera y se centró en la reforma sexual, el control de la natalidad, la asistencia maternal y la prostitución. La legalidad del aborto en el 36 se consideró como una medida higiénica pragmática, concebida para regular su ejercicio encubierto. Fue una ley avanzada para su época con pocas restricciones. Habían varias categorías: terapéutico (por la mala salud física o mental de la madre), eugénica (por un incesto paterno o posibilidad de transmisión de defectos físicos o mentales), neo-maltusiana(voluntad consciente de practicar el control de natalidad voluntaria) y personal (por razones éticas o sentimentales, para evitar la maternidad no deseada). Los anticonceptivos se asociaban a la prostitución, poseían un estigma social que impedía a las mujeres acceder a ellos con facilidad, la mayoría no arriesgaban su reputación comprándolos. Otro obstáculo era que se exigía una consulta médica previa y una supervisión constante y eran pocas las mujeres que consultaban a médicos sobre temas reproductivos, siendo muchos de ellos defensores de la moralidad y los valores sociales tradicionales, además del coste de la consulta que bien pocas podían permitirlo. Los abortos los solían hacer las comadronas, aunque lo negaban públicamente, y la tarifa que aplicaban era más accesible para un presupuesto obrero.
La legislación existente daba mucha importancia a la autonomía femenina y fue presentada como un instrumento para lograr la completa emancipación de las mujeres, con el derecho a decidir sobre su propia maternidad. Estas leyes eran radicales y en los centros sanitarios carecían de medios y de personal. Además tenían dificultades por la actitud hostil de los profesionales para llevar a cabo esta ley sanitaria.
En contraste con la extraordinaria cobertura informativa que la prensa otorgó a la campaña contra las enfermedades venéreas, en el asunto del aborto tuvo una actitud discreta.
Ninguna organización femenina incluyó en su programa el tema del aborto. Sólo el Secretariado Femenino del POUM lo debatió públicamente y aplaudió la nueva reforma, aunque con reservas. En general las mujeres no se identificaban con esta ley, tomando otras decisiones.
El coitus interruptus y el aborto parecen haber sido las opciones más viables para controlar la natalidad. La primera era la opción que tomaba la pareja de acuerdo mutuo y en la segunda, la decisión la tomaba la mujer y no implicaba necesariamente a su pareja.
Con el comienzo del siglo XX y la introducción de la mujer en el proceso industrial desciende el índice de natalidad en Europa. Este descenso era debido al uso cada vez mayor de las técnicas anticonceptivas, aunque estas siguieron siendo las tradicionales. Las parejas recurrían a la abstinencia o al coitus interruptus y si era necesario al aborto. La reducción del tamaño familiar tuvo lugar antes de que se generalizaran los nuevos métodos anticonceptivos como el diafragma o el condón. Las demandas del nacional-catolicismo implicaban que las mujeres deberían tener tantos hijos como les fuera posible. El aborto siguió siendo ilegal en Europa hasta bien entrado el S. XX, en un intento por elevar el índice de natalidad. En 1.921 Marie Stopes abrió la primera clínica dedicada al control de la natalidad en Londres y le llovieron solicitudes de información. Esta es la carta de una mujer de la clase obrera característica de la época:

He tenido 7 hijos...mi marido es solo un obrero y ha estado sin trabajo 4 años. Ya no quiero tener más hijos y parece que por mucho cuidado que tenga algo me sale mal. Ya llevo tres días de retraso y estoy preocupada, quiero estar segura, y por eso he pensado que podría escribirle a usted y preguntar, porque es una vergüenza que los pobres no hagamos más que cargarnos de hijos y aunque estamos hartos de esa vida seguimos teniendo hijos, esperando que me haga el favor de contestarme a vuelta de correo.



Atentamente

Se fueron instituyendo ayudas por maternidad, prestaciones, permisos antes y después del parto... Se les prohibía trabajar de noche, bajo tierra y se limitaba su jornada laboral. Estas medidas al principio eran de carácter privado con seguros y pronto se incluyeron en la Seguridad Social1

La MUJER IGNORADA EN LA HISTORIA -CONTROL DE NATALIDAD S XIX
Los antiguos debates sobre el control de la población continuaron en la segunda mitad del siglo XIX. Se producían aún dentro del contexto del apoyo o la oposición a las ideas de Malthus, según las cuales había una ley que hacía que la población aumentase más rápidamente que los recursos económicos. Marx y Engels se oponían firmemente al “despreciable Malthus”. Señalaban continuamente que no había leyes económicas abstractas, sino leyes históricas válidas sólo en determinadas formas de sociedad en particular. Aunque Engels escribió a Kautsky en 1881 que era posible que en alguna etapa de la sociedad comunista el número de personas se hiciera tan grande que la sociedad “regularía la producción de seres humanos, del mismo modo que ya había sido conseguido regular la producción de cosas”. Señalaba que tal regulación quedaría bajo el control de las propias personas y no les sería impuesta.

...son los propios componentes de la sociedad comunista quienes deben decidir si esto va a llevarse a cabo, cuándo y cómo, y qué medios desean emplear con tal propósito.

Sin embargo, Engels parece estar refiriéndose a “restricciones morales” y no a la anticoncepción. Pensaba en términos de “producción de seres humanos” y no acorde con las consecuencias políticas de separar el sexo de la reproducción. Los oponentes derechistas de la anticoncepción vieron estas implicaciones antes que él. Cuando los secularistas Charles Bradluagh y Annie Besant fueron arrestados en 1877 por publicar una segunda edición de Fruits of Philosophi, de Knowlton, con anotaciones médicas de Charles Drysdale, un defensor de la Malthusian League de Bradluagh, el subfiscal de la corona, lo declaró “un libro sucio, obsceno,... su objetivo es el de permitir de que las personas mantengan intercambios sexuales prescindiendo de aquello que, en el orden de la Providencia, es el resultado natural del intercambio sexual”111

El temor a la separación del placer sexual de la procreación se relacionaba con la autoridad masculina sobre la mujer, así como con la de clase dirigente sobre la clase obrera. Annie Besant fue acusada de publicar una obra obscena que sugería a los jóvenes y solteros “que gratificasen sus pasiones”112

La Besant observó en su defensa que una edición barata del panfleto de Knowlton implicaba que las mujeres de la clase trabajadora podían comprar por seis peniques lo que mujeres más ricas adquirían en W.H. Smith por varios chelines. La Besan y Bradluagh fueron declarados culpables, pero se les dejó en libertad a causa de un detalle técnico de la apelación (aunque Annie Besant perdió la custodia de su hija, porque el juez pensó que ésta podía seguir los pasos de su madre). La Besant escribió un nuevo libro sobre el control de la población en 1877, y lo dedicó a “los pobres de las grandes ciudades y los distritos agrícolas... con la esperanza de que pueda abrirles un camino que les aleje de la pobreza, y de que haga más fácil la vida del obrero inglés”113.

Aunque Brdluagh y la Besant no volvieron a ser perseguidos, si lo fueron otros defensores del control de la población. En la década de 1890 hubo varios casos al respecto, y un frenólogo de Newcastle de sesenta y siete años fue sentenciado a prisión con trabajos forzados.

La oposición provenía no sólo de Marx y Engels, de la iglesia y de la clase alta conservadora, sino también de grupos dedicados a proteger la pureza de las jóvenes. Había por ello una relación difícil entre una sensación del movimiento feminista en el siglo XIX y la Malthusian League, aunque cuando Margaret Sanger llegó a Inglaterra 1915, Alice Vickery, anciana ya por entonces, le habló de los pioneros malthusianos, y la Sanger afirma que la vickery “había sido una de la primeras en dar la bienvenida a las sufragistas militantes”

Los malthusianos enfrentaron muchas dificultades en el siglo XIX, no sólo porque había una extendida oposición, sino porque además los métodos anticonceptivos que proporcionaban eran primitivos, torpes o difíciles de obtener: el coitus interruptus, las inyecciones de alumbre y agua, la esponja vaginal empapada en quinina, el preservativo o los diafragmas de quinina. La innovación más importante fue el diafragma de Mensinga, inventado por un médico holandés en la década de 1870, y que por ello se hizo famoso como “el gorro holandés”. No obstante, los métodos mas efectivos estaban fuera de alcance para la mayoría de las mujeres de la clase obrera, aunque es cierto que la idea del control de la natalidad se extendió a través de versos procaces y de la simple palabra hablada.

Cuando la gran depresión de la década de 1870 produjo un alto índice de desempleo, hubo un incentivo más para la regulación de las familias. Evidentemente, existió cierto apoyo al movimiento en Londres por parte de obreros políticamente concienciados. Tom Mann describe cómo se vio envuelto en el malthusianismo, el sindicalismo y el nefalismo, cuando trabaja en King Cross en 1879 y 1880. Luego trabajó en Chiswick, donde “además del sindicalismo y la regulación de las familias, se apoyaba considerablemente la necesidad de cooperación”. Más tarde, Mann se convertiría en un nacionalizador, y luego en socialista y “vería las limitaciones del malthusianismo”.

A finales de siglo, parte de las clases media y alta, los nuevos obreros de “cuello blanco”, así como los más especializados y más concienciados políticamente, practicaban ya algunas formas de limitación de la familia, aunque éstas, probablemente seguirán siendo el coitus interruptus, el preservativo o las jeringas vaginales. El índice de natalidad empezó a disminuir a fines de la década de 1870 y, aunque resulta difícil de probar la relación exacta entre la propaganda del control de la natalidad y el número de la población, sondeos y encuestas realizados a principios de 1900 indican una definida correlación entre ambos.



Aunque la desconfianza feminista sobre el control de la natalidad iba a ser gradualmente superada en el siglo XX, la oposición marxista a Malthus se extendió a la oposición a la anticoncepción. Esto condujo a que la controversia entre socialitas y defensores del control de la natalidad continuase hasta bien entrado el siglo.



1 BONNIE S. ANDERSON Y JUDITH P. ZINSSER. Historia de las Mujeres: Una Historia Propia. (Volumen II)


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