Acerca de nuestra experiencia: abordaje de un proceso de adopción, a partir del trabajo conjunto de profesionales de distintas instituciones



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VIII Jornadas Regionales. V Jornadas Nacionales Interdisciplinarias de Adopción en Mendoza. 8 y 9 de septiembre de 2011

“La Adopción y algunas de sus polémicas”

Organiza: Registro único y equipo interdisciplinario de Adopción


Acerca de nuestra experiencia: abordaje de un proceso de adopción, a partir del trabajo conjunto de profesionales de distintas instituciones

Lic. Judit Fraidenray1

Lic. María Gabriela Marin2

La idea central de nuestro trabajo surge a partir de la decisión de centrarnos en interrogar nuestras prácticas, nuestra experiencia, y no en “contar un caso”; sino en poner la mirada en el equipo que intervino, en aquello que nos sucedió y los efectos que produjeron ciertas posiciones que fuimos tomando en el acompañamiento de un proceso de adopción de una niña a la que llamaremos Ana.

La pregunta que nos hemos planteado es: ¿cuando aparece la niña en su dimensión de sujeto? (para nosotras, cada una de las que trabajamos con ella) en este proceso; tomando algunos momentos entre ellos, una audiencia, distintas situaciones y entrevistas.

Respecto a Ana nos interesa presentar algunos aspectos que hacen a su historia, que hemos tomado de los relatos de Ana y de lo escrito en el expediente de Juzgado.

A partir de estos elementos mencionados se construye3 una historia: Ana transcurre en una familia constituida por ella, su progenitora y su abuela, hasta los 6 años. A partir de allí la madre se va, llevándose un hijo más pequeño y dejando un escrito en el que renuncia a su maternidad respecto de Ana4 quedando la misma al cuidado de su abuela. Durante un año la niña alterna repetidamente entre vivir con la abuela materna y con la abuela paterna. Ambas abuelas expresan no poder continuar con el cuidado de la niña y a través de la red comunitaria se presenta una pareja con intenciones de hacerse cargo de Ana, formalizándose luego dicha situación a través de una guarda otorgada por el juzgado de familia. Durante unos pocos meses Ana convive con ellos, pero los mismos expresan tener dificultades para “controlarla” ya que la niña pedía estar con su abuela y se iba de la casa buscando dicho fin.

Según cuenta el expediente y los relatos de Ana, en los primeros años de su infancia existían situaciones de violencia entre sus padres donde se ponía en riesgo la vida de los integrantes de la familia. Ana recibía agresiones físicas, maltrato psíquico y abuso sexual.

No encontrando personas disponibles en la red familiar y no pudiendo los guardadores cuidarla, el juzgado declara el estado de adoptabilidad. Ana queda internada en Casa Cuna por unos días y luego es trasladada a un mini hogar (DINAF5) donde permanece por el término de un año. Durante su institucionalización comienza tratamiento psicológico y psiquiátrico por mostrar una modalidad de tipo ansiosa e impulsiva (según los profesionales que la trataron en ese tiempo) no presentaba ningún indicador de patología orgánica.

Los profesionales del E.I.A6, conocemos a Ana cuando tiene 9 años. Realizando la búsqueda de una familia adoptiva. Se inicia un proceso de vinculación con una pareja inscripta en el RUA7, indicándose la continuidad de los tratamientos psicológico y psiquiátrico.

Durante este proceso de vinculación se produce una discordancia importante entre lo que esta pareja puede “alojar” en el lugar de hija y lo que Ana puede “ofrecer”: lugar en el que se posiciona respecto del proceso de vinculación.

Ana presenta una modalidad en la cual detecta rápidamente aquello valorado, con significación especial para los otros, y es allí donde produce una interrogación hacia los mismos a través de distintas conductas: “rompe”, “daña” eso tan valorado en la familia, le sustrae al otro aquello que tanto “cuida”, protege, y valora.

Esa modalidad conductual donde, podríamos decir hace y produce “rechazo”, es ahí donde se encuentra con una pareja que no logra, no puede ubicar esos “objetos valiosos” en tanto objetos sustituibles8. Ejemplo de ello es que Ana en los primeros días de estadía con ellos, y después de conocer el valor de un objeto decorativo de gran sentido histórico y familiar, lo rompe. Situación que genera gran enojo y desorientación en la pareja. La niña llega y “se mete con aquello considerado intocable”, un modo de presentación que irrumpe en la dinámica y estabilidad familiar.

En este punto, entendemos que se presenta una pregunta en forma de acto. Pregunta dirigida hacia la pareja ¿es esto más valioso que yo? ¿es sustituible este objeto? ¿cuál es mi lugar en esta familia? ¿hay lugar para mi? Dicha interpelación no es soportada como tal generando desafectivización hasta el rechazo más marcado hacia la niña.

Aparecen paralelamente conductas de autoagresión, Ana se lastima, dice que se irá, arma su bolso, amenaza con quitarse la vida. Conductas que leemos en tanto interrogación hacia el otro ¿qué pasa si te falto?

Ana interpela permanentemente a la familia y a nosotras en nuestro trabajo con ella. Y es dicha interpelación que nos permite pensar la posición que tomamos. Es ese modo de interpelar/nos el que nos permite develar en algunos momentos la posición desde la cual estamos operando y los efectos que la misma produce en tanto posibilidad de permitir la emergencia de la dimensión subjetiva o la dimensión de Ana en tanto objeto de intervención.

Ana convivió 4 meses con la pareja, decidiendo la misma interrumpir este proceso de vinculación.

Hasta aquí los profesionales del E.I.A. trabajamos para sostener a la pareja, buscando estrategias de reflexión y contención. Tuvimos cantidades de entrevistas con la pareja donde planteaban sus dificultades, temores, impotencia, mientras que Ana, para nosotros, no registraba “en apariencia” la gravedad de lo que iba sucediendo. ¿Cómo registrábamos –y yo particularmente- a Ana hasta ese momento?

Un momento que se convierte en hito, en cuanto a la percepción que tengo de Ana, es cuando ella se entera que la pareja ha decidido no continuar el proceso de vinculación. Ana manifiesta un estado de angustia profundo y de auto percepción de vulnerabilidad, nunca antes observado por mi. La angustia de Ana generó a su vez angustia en mí, encontrándome sin respuestas y sin un “saber”, aparece así Ana en su dimensión de sujeto, generándome preguntas: ¿quién es Ana? ¿Qué necesita? ¿Qué lugar ha ocupado en sus vínculos? ¿Qué lugar ha ocupado para el equipo de adopción? ¿La hemos podido escuchar? ¿La hemos podido percibir en su diferencia? ¿Dónde estaba el dolor de Ana que no pudimos ver antes?
A diferencia de instancias anteriores donde desde el E.I.A. se buscaba una familia para Ana: “para una nena de 9 años, con ciertos trastornos”, como cualquier otra, se posibilita, a partir de la pregunta surgida en el trabajo con ella, una búsqueda distinta, que denota otra posición en el E.I.A.
Así se evidencian, en este relato de la experiencia dos posicionamientos. Uno de ellos donde intervenimos con Ana en tanto objeto/caso y un segundo, posibilitado a partir de la manifestación de angustia de Ana, donde surge la dimensión subjetiva.

Este modo de Ana de interrogarnos permanentemente nos genera angustia, nos pone en falta y nos exige trabajar, no sobre un saber constituido sino sobre la idea de aquello a construir con ella. Nos enfrenta todo el tiempo con aquello que no sabemos y donde no podemos dar “respuestas completas, certeras”

El E.I.A. comienza la búsqueda de una nueva familia, realizando un pasaje muy rápido de una familia a la otra, iniciándose un nuevo proceso de vinculación con convivencia inmediata, fundamentado en evitar una nueva institucionalización.

En esta nueva vinculación se presenta nuevamente la modalidad de Ana de interpelar al otro, sustrayendo, poniendo en riesgo aquello de gran valor sean: objetos, personas, animales. Lo que produce en varios miembros de la familia un rechazo muy marcado respecto a la permanencia de Ana en la misma. Es la guardadora9 quien sostiene la continuidad del proceso de vinculación. Se observa una posición en ella en el cual “aloja” a Ana con sus características.

En este punto nos detenemos solo un momento para comentar un elemento que consideramos fundamental en el proceso de adopción y también en todo establecimiento de lazo social: “cómo la posición subjetiva posibilita o no el proceso de vinculación”. Posición que se trasmite, a veces sin palabras, pero la cual toma presencia y define los posibles caminos a recorrer. En este sentido, es la posición de la guardadora que no pone en duda la continuidad de la vinculación convirtiéndose en el elemento fundamental que posibilita dar continuidad al proceso.

La nueva situación familiar queda representada de la siguiente manera, por un lado la guardadora, quien solicitó la adopción, posibilitando un lugar para Ana a pesar de las situaciones de angustia que la misma generaba, y por otro, los demás integrantes de la familia que manifestaban un rechazo marcado hacia la niña.



Audiencia (breve síntesis)

En este marco, el juzgado recibe denuncias anónimas las que manifiestan que la niña pone en peligro a otros y a su vez que es maltratada en el interior de la familia10. Por tal situación la jueza actuante solicita una audiencia con los profesionales intervinientes: psiquiatra y trabajadora social de la obra social donde se atiende la familia, psicóloga particular de Ana y psicóloga del E.I.A.

En dicha audiencia aparecen como emergentes:


  • La “preocupación” del juzgado respecto a las conductas agresivas de Ana hacia las personas de la familia. Pudiendo percibirse un viraje en el sujeto de protección de derechos donde se privilegia proteger a la familia guardadora y no a la niña.

  • La necesidad, la del juzgado, que se responda con certeza completa, que se asegure cual es el problema de Ana y su origen y se garantice una solución para el mismo: medicación y/o tratamiento que la estabilizara y tuviera “éxito”. Entendiendo por éxito que Ana dejara de ser como era, es decir que se borraran sus dificultades, eso que integraba parte de su subjetividad. Se nos pedía responder desde la certeza absoluta. Ante la cual no pudimos dar respuesta, sino solo aludiendo a los aspectos de la historia de Ana y a lo que íbamos conociendo de ella en el trabajo conjunto. Con otras palabras, era un pedido a las distintas disciplinas que no mostraran hueco, falta alguna.

En una segunda instancia de la misma audiencia, es convocada la guardadora de Ana, la que es interrogada por el juzgado. El tribunal le pregunta “si ella es consciente de que el resultado es incierto y si aún así está dispuesta a continuar con el proceso de adopción, a lo que responde que sí”. Luego de dicha respuesta el Juzgado le hace saber:

- la preocupación del Tribunal ante la posibilidad de ser dañada ella y sus familiares por la niña.



- que el tribunal considera “que ella (guardadora) no puede implementar conductas asertivas tendientes a que el proceso de adaptación continúe de manera positiva, y que si bien ella ha decidido internamente lograrlo está paralizada en cuanto a los pasos que debe dar”;

Por lo tanto, el juzgado implementa una serie de medidas de control y le da indicaciones detalladas respecto a lo que tiene que hacer.



Análisis de algunos aspectos que destacamos articulados en la pregunta ¿Cuándo aparece la niña en su dimensión de sujeto?

  1. Por un lado nos preguntamos sobre la posición que tomamos los profesionales frente al pedido del Juzgado de “predecir” “asegurar y “garantizar” en relación a la “peligrosidad” de la niña respecto de sus comportamientos

Es ante el pedido del juzgado de predicción donde no respondimos desde un saber constituido. En ese lugar aparecieron relatos, historias, anécdotas, interrogantes, acerca de lo que íbamos conociendo de Ana partir del trabajo con ella. La posición que tomamos, en ese momento, posibilitó poner un freno al requerimiento hegemónico que buscaba una respuesta “total” en el sentido de la certeza, de asegurar lo inasegurable. Al no llegar dicha respuesta tomaron su lugar dudas y la apuesta por seguir acompañando el proceso en la complejidad en la que se planteaba. Por otra parte, permitió no perder de vista el sujeto de protección, la niña, el que había quedado desplazado hacia la familia. Este aspecto favoreció la continuación del proceso de adopción. Decimos, en este sentido, que una respuesta al pedido de “asegurar, predecir” hubiera significado la abolición de la dimensión de sujeto. El no responder al pedido, el no saber, permitió que se jugara un momento de subjetivación.

2) Por otro lado nos preguntábamos sobre la posición que tomamos los profesionales frente a la modalidad que planteaba Ana de vincularse, en los distintos espacios por los que transcurría, (distintos espacios de abordaje EIA, psicóloga clínica particular, profesionales de obra social).

Entendemos que la posibilidad de continuidad en el acompañamiento del proceso de adopción fue posible porque funcionaba en nosotras una cierta aceptación de la modalidad de Ana para relacionarse con otros, entendiendo que era desde allí, desde dicha modalidad, que podíamos trabajar y acercarnos a ella. Posición que contemplaba como sustituibles/reemplazables aquellas “cosas” sobre las que Ana intervenía. Entendiendo que dichas conductas se dirigían a interrogar al otro respecto del posible lugar para ella.

En el espacio transferencial durante el tratamiento, la modalidad de Ana se hizo presente: ¿qué es lo valioso para vos? Eso que detectaba en cuanto tal lo sustraía del consultorio, de la sala de espera etc. Esta situación fue central en la dirección de la cura, ya que me ponía constantemente en falta, me enojaba, presentándose como obstáculo para continuar. Poco a poco fui entendiendo que recibirla, darle un lugar, era aceptar que ella venía con “eso”. Así fue como ese aspecto se volvió el material más preciado sobre el cual trabajar.

Lo que me interrogaba era como intervenir para posibilitar que se enlazara esa conducta y se reconociera como propia, ya que Ana negaba rotundamente la situación. Es decir, ¿cómo intervenir para posibilitar que pudiera hacerse responsable de sus actos?, en definitiva de su vida. Trabajo complejo, pero que marcaba una apuesta sostenida.

Se posibilitaron, durante los años de trabajo con Ana, algunos momentos de profunda interrogación ¿cómo seguir? ¿desde donde y hacia donde? Las supervisiones permitieron abrir espacio a nuevas preguntas, las que tuvieron efectos en mí y en forma consiguiente en la dirección de esa cura, logrando correrme del lugar de control a generar un espacio de escucha, el cual tuvo sus efectos.

Implica una interrogación y esfuerzo constante el intentar correrse de esos lugares imposibles en los que “nos ponen” y “exigen” las instituciones, aquellos lugares que se vuelven de control, pero hay que destacar que hay otros modos posibles, aquellos que generan un lugar para alojar al sujeto. Cuando la subjetividad de un niño/a es tenida en cuenta, alojada, se posibilitan otras cosas.



3) Otro aspecto de la audiencia que nos interroga es como operan las “indicaciones”, al modo de controles, que se dictaminan en la audiencia y los efectos que produce en nosotras y por lo tanto en la familia en proceso de adopción.

Las indicaciones se volvieron controles “estrictos”; donde la mirada encontró un lugar de vigilancia, intentando regular la conducta de Ana, “para que no haga nada malo”, para que no ponga a otros en riesgo. El mundo de los adultos se volvió para ella, en parte, un mundo de vigilancia.

El objeto mirada, “esos ojos vigilando constantemente”, ponían en evidencia otra posición, de la que fuimos tomando conciencia y conocimiento a través de sus efectos, ya que la familia nos los hizo saber ¿cómo? retirándose de algunos de los lugares vivenciados como control, es decir, se ausentaban a los turnos con las profesionales etc. Situación que nos permitió visualizar como reproducíamos ese control que se nos había “encomendado” desde aquella audiencia. Allí la dimensión de sujeto se borraba nuevamente y tomaba la dimensión de objeto posible de controlar desde la cual estábamos operando.

Queda manifestada en la audiencia la posición que toma el Juzgado respecto de la intervención sobre otro, en la cual no le supone un saber, no reconoce/considera, en este caso, un saber en la guardadora ni en Ana, en tanto singularidades que pueden aportar al proceso del cual son sus protagonistas principales, sino que muestra a partir de sus dichos y dictámenes lo que se “tiene que hacer” ubicándose en una posición que produce un borramiento de aquello que puede emerger en tanto singularidad, dimensión subjetiva. “Como usted no sabe Sra. nosotros le vamos a decir lo que tiene que hacer”, “y ustedes profesionales vigilen que se cumpla con las pautas establecidas”

En este sentido ¿dónde queda ubicada la niña en la audiencia? Tienen algún lugar? O solo el lugar que se le adjudica es el de objeto a ser controlado?.

Los avances de Ana…

Se desplegaron otros aspectos en la dirección de la cura que no queríamos dejar de mencionar, aquello que Ana fue haciendo propio, fue logrando.

Primero que nada, la relación con la guardadora se convirtió en una vinculación de sostén, imprescindible para Ana. Y es a partir de la misma que pudo comenzar a apropiarse de aquello que se le ofrecía desde la cultura: aprender a leer y a escribir11, elemento fundamental que ampliaba sus posibilidades de relacionarse con otros, empezaba a compartir “ese conocimiento” haciéndolo propio. Empieza a construir tramas, tejidos, en el sentido de relatos, donde historias, fantasías, situaciones familiares, sufrimientos, encontraban lugar para decirse y pasa ser escuchados.

Otro aspecto es como comienza a aparecer en el lenguaje, en la forma de nombrar/se, esa vinculación a la que hacíamos referencia anteriormente, luego de un tiempo significativo de convivencia, Ana dice “mi mamá” a la guardadora, reconoce como propios a los familiares directos de la misma, nombra “mi casa” etc., aquellos lugares y personas con los que comparte su vida. Esto va indicando que el proceso de adopción se consolida, ella se va apropiando de esos afectos, de esos lugares.

Se vislumbran también cambios en su presencia, se arregla, “se pone bonita” lo que va acompañado de un modo diferente de percibirse a sí misma.

A modo de conclusión

La pregunta que nos convocó fue sobre cuando aparecía para nosotros la dimensión subjetiva de ese otro destinatario de nuestra intervención.

Nos interesó centrarnos en interrogar nuestras prácticas porque entendemos que las mismas tienen efectos.

Así tomamos esta experiencia que transitamos con Ana y su familia, recortando algunos elementos de análisis de una audiencia, la que nos permitía ejemplificar los efectos que las posiciones que tomamos producen.

La dimensión de sujeto aparece y desaparece

En este recorrido se evidenciaron distintas posiciones por las que transitamos, aquellas que nos permitieron ver al otro, en tanto singularidad y otras donde quedaba cegada cualquier posibilidad de interrogación hacia nuestra experiencia. Fueron a partir de los efectos que se produjeron que pudimos poner a funcionar preguntas allí donde encontramos obstáculos, límites.

Rescatamos la posibilidad de poder encontrarnos a trabajar y pensar juntas, entendiendo que dicha posibilidad permitió en varios momentos sostenernos mutuamente ante situaciones de angustia y por otro lado, implicó aceptar el propio límite.

Ana nos ponía en falta, a las instituciones, a nosotras mismas continuamente y en tanto posibilidad de soportar algo de la experiencia de la pérdida, de la falta, de ese lugar de no saber nos permitió acompañarla.

La concepción del niño como sujeto de derechos implica necesariamente una complejidad que nos interroga en nuestras prácticas diariamente. Y que nos lleva a replantearnos sobre las posiciones que tomamos frente al otro y los efectos que las mismas producen. En nuestra presentación la dimensión subjetiva se borra por momentos y la niña queda en el lugar de objeto de intervención. Es decir que consideramos fundamental tener espacios de escucha para que las preguntas puedan tomar su lugar e interpelar nuestras prácticas.


1 Psicóloga del E.I.A

2 Psicóloga clínica, ámbito privado.

3 Hacemos un recorte, una construcción entendiendo que toda historia es una construcción. Tanto lo que queda escrito en el expediente de Juzgado, como los relatos de Ana.

Respecto del expediente: hay alguien que escucha esa “historia”, interpreta y escribe, hay un pasaje de eso registrado al papel por un sujeto, en este sentido la construcción.



Respecto de la historia de Ana: toda historia es construida, Freud plantea la realidad psíquica como aquella construida a partir de las vivencias infantiles, los factores hereditarios y congénitos, las fijaciones libidinales, lo que produce una singularidad, un modo de ser ante al mundo.

4 Imaginando que es posible para la madre renunciar a Ana, pero no para Ana renunciar a la madre. Una madre que tiene espacio para un hijo pequeño pero no para ella. Situación que Ana luego interroga en las familias con las que convive ya que supone que no hay lugar para ella (¿si ya tenes algo, hay lugar para mi? – interroga a través de quitar/romper/matar eso que la familia ya tiene). Podría pensarse que en la mente de Ana no hay lugar para dos; o es lo otro, o es ella.


5 Dirección de Familia, Infancia y Discapacidad.

6 Equipo interdisciplinario de Adopción

7 Registro Único de Adopción

8 Aceptar ese objeto roto implicaría, aceptar la castración, es decir, que se pueda sustituir por otro, dando lugar a la metonimia. Esa operación de sustitución percibida en la posición del otro es pacificadora para Ana. Sino aparece un otro de goce insoportable. Se presenta como un intento momentáneo de barrar al otro.

9 Persona que tiene, por autorización del Juzgado una guarda para estar a cargo de Ana.

10 Ante las denuncias el E.I.A. realiza intervenciones domiciliarias, entrevistas con la familia y toma conocimiento de la situación familiar, de la cual se desprende que ese rechazo por parte de los familiares hacia Ana tomaba cuerpo en estas denuncias con el objetivo de que interviniera el juzgado en la situación.

11 Este aspecto es de gran importancia por la organización de procesos psíquicos que el mismo implica.






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