Actos, actitudes y carácter



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ACTOS, ACTITUDES Y CARÁCTER.

Por acto o acción moral, entendemos el elemento más visible de la conducta moral, es decir, cualquier acción que pueda ser considerada como buena o mala. Pero los actos no deben ser considerados aisladamente, sino como parte de la conducta global de una persona: los actos están arraigados en las actitudes.

Por actitud entendemos una predisposición constante y adquirida a reaccionar de un modo determinado en una situación determinada. Es necesario aclarar que las actitudes no son la causa de los actos, pero predisponen a ellos, por lo cual la conducta global de una persona resulta previsible si se conocen sus actitudes. Las actitudes, en definitiva, serían realidades complejas (impulsos, sentimientos, formas de ver las cosas) que nos llevan a actuar de cierto modo.

La calificación moral (decir si algo es bueno o malo) es más propia de las actitudes que de los actos. Históricamente, las actitudes positivas se han considerado equivalentes a virtudes y las negativas a vicios.

Pero, aún podemos profundizar más en nuestro análisis, puesto que las actitudes están a su vez arraigadas en el carácter, entendido este como modo de ser moral. El juicio moral más definitivo se refiere al carácter dado que es el punto de partida de los actos.

En resumen, hemos visto que el carácter es el principio de la actividad moral, la raíz de nuestras actitudes, que nos predisponen a actuar de un modo concreto. Pero podemos considerar también el carácter como resultado. Por repetición de actos, se crean o modifican las actitudes, y el conjunto de las actitudes constituye nuestro carácter. De este modo, nuestro modo de ser moral será el resultado final de nuestro "ir haciéndonos".



Pero, como dijimos anteriormente, nuestra racionalidad es capaz de mediar en nuestras acciones. Eso nos hace responsables de las mismas y, si cada acto que realizamos promueve la aparición o modificación de ciertos rasgos (actitudes) que conforman nuestro carácter, este, nuestra naturaleza segunda, nuestra configuración moral, es el resultado de nuestra libertad y racionalidad. Somos por ello responsables de nuestro modo de ser moral, aunque admitamos que nuestra libertad se ejerce en el ámbito de condicionantes biológicos, sociales o psíquicos.


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