Adela cortina



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ADELA CORTINA

ETICA MÍNIMA

INTRODUCCIÓN A LA FILOSOFÍA PRÁCTICA

Prólogo por José Luis L. Aranguren

SEXTA EDICIÓN



tecnos

Depósito legal: M. 573-2000



INDICE

PROLOGO 5

PREFACIO A LAS EDICIONES SEGUNDA Y TERCERA 8

PREFACIO A LA SEXTA EDICIÓN 10

INTRODUCCIÓN 14

I. EL ÁMBITO DE LA ETICA 16

1.ETICA COMO FILOSOFÍA MORAL 17

1. DE LO QUE NO CORRESPONDE HACER A LA ETICA 17

2. ETICA COMO FILOSOFÍA MORAL 18

3. ETICA COMO VOCACIÓN 20

4. EL TEMA DE NUESTRO TIEMPO 22

2. PANORAMA ETICO CONTEMPORÁNEO: ¿TIEMPOS DE ETICA DOMESTICADA? 25

3. POR UNA ETICA FILOSÓFICA 34

1. EL ÁMBITO DE LA ETICA 34

2. EL OBJETIVO DE LA ETICA: LA CONCEPCIÓN DE LA MORALIDAD 34

3. EL OBJETO DE LA ETICA: LA FORMA DE LA MORALIDAD 35

4. LA ETICA COMO PARTE DE LA FILOSOFÍA 35

5. LA FILOSOFÍA COMO SISTEMA 36

6. LOS MÉTODOS DE LA ETICA 37

6.1 MÉTODOS INADECUADOS 37

6.2. MÉTODOS ADECUADOS 38

7. VENTAJAS DEL MÉTODO SISTEMÁTICO 40

8. URGENCIA Y DIFICULTAD DE UNA FUNDAMENTACIÓN RACIONAL DE LA MORAL 41

II. EL PROBLEMA DE LA FUNDAMENTACIÓN 43

4. LA CUESTIÓN DEL FUNDAMENTO 44

1. EL ÁMBITO MORAL 44

1.1. ¿«FUNDAMENTACIÓN DE LA ÉTICA» O «FUNDAMENTACIÓN DE LA MORAL»? 44

1.2. CARACTERES DE LA DIMENSIÓN 46

2. LA CUESTIÓN DEL FUNDAMENTO 49

2.1. EL RECHAZO CIENTIFICISTA DE LA FUNDAMENTACIÓN DE LA MORAL 49

2.2. LA REPULSA DEL RACIONALISMO CRÍTICO A TODO INTENTO DE FUNDAMENTACIÓN ÚLTIMA, SEA DEL CONOCIMIENTO, SEA DE LA MORAL 52

2.3. LA NO UNIVOCIDAD DEL TÉRMINO “FUNDAMENTACIÓN” 54

2.3.1. Fundamentación lógico-sintáctica y fundamentación filosófica. La crítica de K.O. Apel a la noción de «fundamentación» del Racionalismo Crítico. 54

2.3.2. Diversos niveles lógicos de la noción de «fundamento» 56

5. FUNDAMENTAR LA MORAL 58

1. PERMANENCIA Y UNIVERSALIDAD DE LO MORAL. DIVERSIDAD DE MORALES 58

2. «AMORALISMO» ES UN CONCEPTO VACIO 59

3. LA EVOLUCIÓN DE LOS TÉRMINOS «MORAL» Y «FUNDAMENTACIÓN» 60

4. FUNDAMENTACIÓN DE LA MORAL DIALOGICA 68

5. FUNDAMENTAR LO MORAL 70

III. ETICA Y POLÍTICA UNA MORAL PARA LA DEMOCRACIA 75

6. MORAL CIVIL EN UNA SOCIEDAD DEMOCRÁTICA 76

1. DEL ESTADO CONFESIONAL AL ESTADO LAICO. RÉQUIEM POR EL MONISMO MORAL 76

2. A REY MUERTO, INTERREGNO 76

3. LA ILUSTRACIÓN: UN PROYECTO MORAL FRACASADO 78

4. EL POST-UNIVERSALISMO MORAL 80

5. ¿DE LA NECESIDAD, VIRTUD? EL PROYECTO DE UNA MORAL CIVIL 81

6. GOZOS Y SOMBRAS DE LA MORAL CIVIL 82

7. ¿CONCORDIA O ESTRATEGIA? UNA MORAL PARA NUESTRO TIEMPO 84

1. PLURALISMO MORAL Y ETICA APLICADA 84

2. «SI DIOS NO EXISTE, TODO ESTA PERMITIDO» 85

3. PRAGMATISMO Y DESMORALIZACIÓN 87

3.1. ¿SANO PLURALISMO O VACÍO MORAL? 87

3.2. DES-MORALIZCIÓN COMO DES-ÁNIMO 88

4. ¿CONCORDIA O ESTRATEGIA? UNA MORAL PARA UNA «NUEVA IZQUIERDA» 90

8. LA JUSTIFICACIÓN ETICA DEL DERECHO COMO TAREA PRIORITARIA DE LA FILOSOFÍA POLÍTICA 92

1. UN PROBLEMA URGENTE PARA LA FILOSOFÍA POLÍTICA 92

2. JUSTIFICACIÓN «PRACTICA» DE LOS PRINCIPIOS DE LA JUSTICIA VERSUS JUSTIFICACIÓN EPISTEMOLÓGICA 94

3. EL CONCEPTO DE «PERSONA» COMO CLAVE JURÍDICA 97

4. LA AUTONOMÍA COMO FUNDAMENTO MORAL DEL DERECHO LEGITIMO 98

5 AUTONOMÍA Y CONDICIONES IDEALES DE LEGITIMIDAD 100

6. RECONSTRUCCIÓN DE LA RACIONALIDAD PRACTICA 102

7. UNA JUSTIFICACIÓN EMPÍRICO-PRACTICA DEL DERECHO LEGITIMO 104

IV. ¿ETICA SIN RELIGIÓN? 106

9. RAZÓN ILUSTRADA E IDEA DE DIOS 107

1. ¿QUE ES LA ILUSTRACIÓN? 107

1.1. RAZÓN CRÍTICA FRENTE A OSCURANTISMO DOGMÁTICO 107

1.2. RAZÓN LIBERADORA E INTERESADA 109

1.3. RAZÓN AUTÓNOMA 110

2. ETHOS ILUSTRADO Y RELIGIÓN REVELADA 111

2.1.¿SUPRESIÓN DE LA RELIGIÓN REVELADA? 111

2.2. EL DEÍSMO TEÓRICO 112

2.3. LA RELIGIÓN NATURAL 114

2.4. LA TEOLOGÍA MORAL 115

3. EL RETO DE LA ILUSTRACIÓN A LA RELIGIÓN REVELADA 116

4. CRITICA DE LA RAZÓN ILUSTRADA 118

1. CARÁCTER PROBLEMÁTICO DEL TERMINO «RACIONALIDAD» 122

1.1. ¿RACIONALIDAD O RACIONALIDADES? 122

1.2. LA FE, INNOVACIÓN Y CRÍTICA DE LA RAZÓN 122

2 FE RELIGIOSA Y RACIONALIDAD COMO COHERENCIA 124

2.1. NECESIDAD DE UN MARCO DE RACIONALIDAD QUE SUPERE LAS INSUFICIENCIAS DE LOS MODELOS RESTANTES 124

2.2. RACIONALIDAD COMO COHERENCIA 125

2.3. NIVEL LÓGICO EN QUE SE INSERTA EL DATO «DIOS» 126

2.3.1. Los diversos usos de la razón 126

2.3.2. La racionalidad teórica 127

2.3.2.1. Las pruebas teóricas de la existencia de Dios 127

2.3.2.2. Crítica a las pruebas de la racionalidad teórica 128

2.3.3. La racionalidad práctica 131

2.3.3.1. Caracterización de la racionalidad práctica 131

2.3.3.2. El fin del obrar humano 132

2.3.3.3. El problema de la fundamentación del punto de partida 134

2.4. LA INSERCIÓN DE DIOS EN EL ÁMBITO PRÁCTICO 137

EPILOGO: ¿VIRTUD O FELICIDAD? EN FAVOR DE UNA ETICA DE MÍNIMOS 139

1. VIRTUD VERSUS FELICIDAD 140

2. CRITICA A LA ESCISIÓN DE LOS DOS LADOS DEL FENÓMENO MORAL 144



3. EL TRIUNFO DEL CAMELLO: ETICA DE MÍNIMOS 147



PROLOGO


por José Luis L. Aranguren

Hace ya más de medio siglo, el profesor Manuel García Morente, coetáneo e íntimo colaborador de Ortega y Gasset, escribía sobre La mujer y la filosofía, prometiéndose el advenimiento de una dedicación de mujeres a esta señera disciplina. Fue, en efecto, la época en la que se dio a conocer María Zambrano, y en la que Rosa Chacel mostró un interés, luego no proseguido, por las cuestiones filosóficas. Hoy, con tanta y mayor razón que entonces, podríamos decir lo mismo: el número y calidad de las mujeres que se dedican ahora en España a la filosofía es excepcional. Verdad también que si, en seguida de hacer esta afirmación, nos preguntamos el porqué, nos respondemos, inevitablemente, que, al vivir hoy —como una de ellas, Victoria Camps, afirma— en una época de «cultura posfilosófica», el fenómeno aparece como normal: las dedicaciones y profesiones que los varones abandonan tienden a ir siendo asumidas y desempeñadas por las mujeres. Mas a quienes pensamos que, de todos modos, el filosofar es inseparable de la condición humana, nos es muy grato ver a mujeres españolas entregadas a este menester.

Aun cuando el tema del presente libro no es la filosofía en general, sino la ética, es claro que vale también para la teoría ética lo que se afirma, en general, de la filosofía que hoy se hace: sobriedad, rigor y, en el plural sentido de la palabra, «formalidad», dentro de una «época de "neos" explícitos o implícitos», como escribe, aquí mismo, Adela Cortina; época de tendencia a la «reducción de la ética a un capítulo de la filosofía del derecho», como ha escrito Javier Muguerza; época de «ética fragmentaria», como la ha llamado Victoria Camps o, para volver a las palabras mismas de Adela Cortina, normativa, sí, pero «poco», «de mínimos» o minimalista, fundamentadora de una moral que se conforma con el consenso fáctico para la pragmática solución de los conflictos. Y que, cuando se decide a levantar el vuelo, se dice «ética que no es de este mundo», que demanda —sin ganas, claro— el sacrificio de la propia alma a la «comunidad ilimitada», a la laica e irreal «comunión de los santos», como ingeniosamente la ha llamado Javier Muguerza; época, para él mismo, de «razón sin esperanza», de «desmoralización» en el doble sentido de la palabra, a la que yo me he referido en otra ocasión; época, en fin, de una razón neoilustrada, y no sólo en tanto que pura razón, fría y desvitalizada, sino también en tanto que reduccionista, positiva y meramente procedimental.

La actitud, a la vez filosófica y humana, con la que reacciona Adela Cortina a esta situación epocal, es, como vamos a ver, doblemente encomiable. Por una parte, se da perfecta cuenta, siguiendo a K.O. Apel, del «primado sustancial» de la praxis cotidiana, del «mundo de la vida», sobre el discurso; y, más allá de Apel, echa de menos, en la reflexiva ética actual, su dimensión antropológica, la pregunta por la «vida buena» y la felicidad, el estudio del ethos, de las actitudes y las virtudes, del genus de la moral en toda su amplitud, y no únicamente en su dimensión deontológico-formal; y, asimismo, la ética de la razón prudencial, concreta, situacional, con su momento de decisión —no irracionalmente decisionista— de la voluntad; y, no menos, el estudio de la sensibilidad, la emoción, la valoración y la vocación morales. En suma, el repertorio entero del sistema de la ética clásica, hoy, al parecer, arrumbado por una situación que ella espera provisional o, como expresivamente dice, de «a rey muerto» no rey puesto, sino de «interregno»; de esperanza o, cuando menos, de espera de la esperanza.

Mas, por la otra parte, Adela Cortina, echando de menos todo esto, se atiene en este libro al planteamiento actual, al neokantismo al que antes aludimos, que toma como referencias fundamentales a Habermas y, sobre todo, a K.O. Apel, de quien ella es traductora y estudiosa española por antonomasia. ¿Por qué Apel y no, como hasta ella era inclinación entre nuestros jóvenes y menos jóvenes filósofos, Habermas? Habermas no es, por su procedencia —la escuela de Francfort—filosofo puro, sino sociólogo e incluso sociólogo antes políticamente comprometido; y, aunque excelente, yo creo que «zapatero remendón» (como llamó Ortega a N. Hartmann) de todas las concepciones, filosóficas y no filosóficas, ajenas. Con Apel, filósofo de origen, formado en Heidegger, Gadamer, la filosofía lingüístico-pragmática y, en el fondo, Kant —pragmática trascendental es la definición de su sistema— encuentra, por ahora, Adela Cortina su máxima «afinidad electiva». Prolongándola, pone en ella claridad, suprime reiteraciones y hace gala aquí, por escrito, de la capacidad comunicativa que, también, de palabra, posee, de sus admirables dotes profesorales.

En el primer apartado de este libro lleva a cabo la acotación del ámbito de la ética, que no es toda esa concepción clásica, a la que antes nos referíamos, y ni tan siquiera la moral deontológica, esto es, el conjunto de normas o prescripciones, códigos morales o «recomendaciones», que ya está siempre ahí —Faktum—, precediendo a nuestra reflexión, pues constituyen el contenido del «saber práctico» en que consiste lo que, en nuestro lenguaje ordinario, llamamos la moral; que no consiste en eso, sino en la forma de eso, en la forma de la moralidad; no en lo que debemos hacer, sino en el porqué. Porqué o fundamentación de la moral, y criterio para la preferencia racional entre los diversos códigos morales, estudiado en el apartado segundo.

El tercer apartado se dedica a la ética y la política, tema del que yo he escrito y hablado ampliamente desde otras perspectivas, y se desarrolla en tres partes: moral para la democracia, frente al minimalismo de lo que hoy suele llamarse «moral civil»; afirmación de una moral solidaria frente al mero acuerdo estratégico, y problema —tan debatido hoy entre nuestros filósofos morales y filósofos del derecho— de la legitimación ética del derecho, y de la autonomía moral como fundamento de la desobediencia —y de la obediencia— al derecho.

Finalmente, el apartado cuarto es dedicado a la ética y la religión. Partiendo de Kant —y aquí es grato deber el recuerdo del excelente libro de José G. Caffarena, elaborado, como en él se puntualiza en cada paso, en diálogo y, por lo que nos incumbe aquí, en diálogo con Adela Cortina—, se hace la propuesta de «ir más allá de Kant», para lo que se precisa la distinción de racionalidades o usos de la razón: razón histórica, distinta, pero no separable de la razón sistemática, con la que debe ser siempre confrontada. Aportación de la razón histórica es esa «innovación» que llamamos «revelación», revelación de Dios. Se constituye así el «nexo sintético» Dios-persona-moralidad: el fin práctico kantiano, la persona, no es inteligible por sí, sino que la determinación de lo que sea exige la mediación de Dios. No se trata, por supuesto, de una «demostración»: en el orden de la praxis, dentro del que nos movemos, es esencial el momento de la opción de la voluntad y del acto de libertad. De lo que se trata es de la reconstrucción, hacia su origen y validez, de lo que hoy se nos manifiesta como un saber secularizado. Pues para decirlo con las palabras mismas de la autora, como traductora de Apel, «la secularización no es, sin más, una categoría del desenmascaramiento propio de la crítica de las ideologías, sino más bien una categoría que rescata hermenéuticamente el "aparecer" (E. Bloch) de la verdad».

Tras lo dicho, se comprende qué gran satisfacción es para mí escribir este prólogo a libro tan válido, honrado, bien compuesto y esperanzado. Su autora, en vísperas de las últimas Navidades, me escribió una carta en la cual, entre otros decires, me pedía, como a los Reyes Magos, que escriba la «continuación de esa ética del ethos y la felicidad» de hace 30 años. Pero nuestros Reyes Magos somos nosotros mismos, cada uno de nosotros tiene que ser —aquí también vale el principio de autonomía— su propio rey. Es ella, que no es una «niña pobre», sino rica en estudios e ideas, quien ha de salir por su propio pie del «interregno». ¿Cómo? Yo diría que prolongando, hacia dentro, esa ética dialógica. ¿No gustan estos filósofos, desde Heidegger a Apel, de decir, repitiendo a Hölderlin, que somos un diálogo? Cada uno de nosotros lo es. Junto a la ética intersubjetiva, debe hacerse un lugar a la ética intra-subjetiva, al diálogo en que cada uno de nosotros consistimos. En otros tiempos la ética por antonomasia, que se llamaba Ética General, era ética individual: la otra la social, venía detrás y se denominaba Ética Especial. Hoy se han vuelto las tornas y parece no haber más ética válida que la social y comunitaria. ¿No va siendo hora de que volvamos la atención al diálogo intrasubjetivo, a esa ética narrativo-hermenéutica, de la que yo mismo he hablado?

Pero cada día tiene su afán. El de hoy ha sido plenamente cumplido por Adela con este bello libro.
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