Adicciones, cuerpo y goce. Una lectura clínica del cuerpo



Descargar 43.17 Kb.
Fecha de conversión29.01.2019
Tamaño43.17 Kb.

Adicciones, cuerpo y goce. Una lectura clínica del cuerpo

por Ricardo F. Roveta


un cuerpo es humano en tanto que se incluye en este sistema de transacciones que cambian el goce por la palabra”
Néstor Braunstein – “Goce”

Fuente: El Sigma


 
¿QUÉ CUERPO?
Para el psicoanálisis el cuerpo no será el biológico, ni el orgánico, alternativas éstas que en todo caso serán condiciones soporte para nuestra noción psicoanalítica de cuerpo.

El cuerpo para el psicoanálisis es una representación psíquica, una imagen investida libidinalmente, solo que no se agota con esto la concepción psicoanalítica de cuerpo.

Esta gestalt imaginaria y completa,  se encuentra a su vez tramada y sostenida por el significante y agujereada por la pulsión,  por lo tanto siempre al borde de la fragmentación.

El sujeto hablante, proyectado en su yo-imagen corporal del narcisismo queda así enajenado con respecto a su cuerpo “natural” o biológico,  ahora devenido en organismo perturbado por el orden simbólico. Enajenado entonces, desde su constitución misma de su cuerpo y de su goce.

La clínica psicoanalítica nos da cuenta, por otra parte de las vicisitudes del sujeto del inconsciente y de su relación con el fantasma que trama su realidad, sujeto lógico despejado por medio de la escucha del relato del analizante, en el dispositivo analítico, como puesta en discurso de las formaciones del inconsciente que retornan de lo reprimido, entre otras, bajo las formas del síntoma neurótico.

Pero hoy al acercarnos a las adicciones en su relación con el cuerpo nos tocará plantear otra serie de fenómenos clínicos.


LAS ADICCIONES Y LAS ESTRUCTURAS CLINICAS.
Las adicciones, diversas y variables en su manifestación, son sin duda un escollo difícil en el camino de una cura  analítica.

Las adicciones no solo atraviesan las categorías clínicas estructurales (neurosis, psicosis, perversión) sino que exceden ampliamente el campo psicoanalítico.

Es en la adicción a las drogas (legales o no) donde esto se manifiesta notablemente en sus incidencias: sociales, culturales, antropológicas, económicas o macroeconómicas y hasta políticas.
Es evidente que estos factores mencionados son de suficiente peso como para cuestionar la equivalencia sin más de la drogadicción a un síntoma en tanto formación del inconsciente.
Pues aún en la adicción más “inocente” se observará que algo no desliza o no se presta al trabajo del inconsciente con la misma fluidez que las “formaciones”.

El psicoanálisis, ya lo dijimos, se basa en una clínica de lo que se dice.

La regla fundamental “diga todo” termina conduciendo en el devenir de la cura analítica a puntos de imposible decir, pero a esto se llega mediante una tarea, asociación libre y desciframiento (en clave singular)  mediante y a esta tarea se dedicarán analizante y analista en una  parte sustancial  de un  análisis.

Si se parte del desciframiento y la interpretación del inconsciente y se concluye en lo indescifrable, es que hay un recorrido lógico de la cura analítica.



En el camino habrá modificaciones sintomales, cambios identificatorios y en fin, cura por añadidura de la neurosis. Pero también hay puntos de tope que corresponden al cierre del inconsciente y que confrontan al sujeto: con lo real de su deseo, con lo imposible del goce, con un mas allá del Principio del Placer que rige su neurosis y parte de su vida misma.
Estos recorridos o alternativas clínicas los podremos plantear de distintos modos:
n         Del síntoma al fantasma fundamental.
n         Del sujeto del inconsciente al objeto causa del deseo.
n         Del significante a la letra (como escritura de goce).
Distintas formas de pensar una trayectoria “natural” para una lógica de la cura, de la que se supone tras el relato del analizante una implicación subjetiva con respecto a su deseo y al menos un interrogante por la causa del mismo. Lógica  que se encuentra subvertida (al menos focalmente), en una serie de fenómenos clínicos,  entre ellos en las adicciones.
 ¿CLINICA DE LAS ADICCIONES?
Ya lo dijimos, hay adictos: neuróticos, psicóticos y perversos.
Plantearé ahora algunas cuestiones con la idea de discutirlas posteriormente.
Dificultades para la clínica psicoanalítica:
1.    La primera de ellas es: en qué medida puede una adicción desfigurar la forma clínica y confundir acerca de la estructura subyacente. Especialmente en el caso de las toxicomanías y el alcoholismo.
2.   La cuestión de que una adicción no solo no sea una categoría clínica psicoanalítica ni tampoco un síntoma, al menos en el sentido del psicoanálisis (formación del inconsciente).
3.   Algunas preguntas:
3.1. ¿Puede el analista y el dispositivo analítico lograr que el fenómeno adictivo pase a  la palabra y se haga sintomático?
3.2. ¿Pueden el juez(la ley) o el médico(ideal de salud) lograr por encargo que el sujeto adicto pase por la palabra en cuanto a su adicción?
      (Hay adictos que dan testimonio público, o al médico o al analista, de su actividad; no lo ocultan ni engañan. Condición necesaria pero no suficiente para la entrada en análisis).
4.   La cuestión del sujeto del inconsciente.
No siempre penada por la ley, ni siempre tan amenazante de la salud psíquica y/o física, la adicción sin embargo “apena” a quien la practica (especialmente al neurótico)”.
Para el psicoanalisis el sujeto del inconsciente, no es un sujeto de hecho, sino que es un sujeto lógico, despejado de las condiciones de la palabra desplegada en el dispositivo analitico, y es en el relato en torno a las llamadas formaciones del inconsciente, que la escucha analitica  puede formalizar a este sujeto dividido entre un significante y otro significante:
S1       $
S2 a
Quedando un resto de esta operación significante, el objeto petit a (plus de gozar) que no siendo un significante, quedará localizado como la causa del deseo, referido a la pulsión.

Es en este sentido que a partir del síntoma aunque sea éste al nivel conductual de un acto se podrá operar con la lógica antedicha.

Pero en la clínica de las adicciones, podemos observar que la conducta, o mejor dicho el relato del paciente acerca de su acto no sigue la misma trayectoria.

Signo de un goce que se le impone a quien la presenta, a veces bajo la  aparente forma de una compulsión neurótica (lo que daría condiciones de sintomatización), muchas veces la adicción “representa” al sujeto al modo de un signo para los otros. (alguien)

Fulano es “drogadicto’, tal otro “borracho”, o el “gordo”.

Marcas o etiquetas con que se los identifica o con la que se identifican, sustantivan o adjetivan pegoteando en un significante (¿holofrásico?).

Cifra del sujeto que al operar como signo de goce no desliza demasiado en un discurso, dejando designado en un mismo acto al sujeto (no barrado), al objeto correspondiente y a un particular modo de goce (a veces el objeto es el que da el nombre al sujeto “cocainómano”, “alcohólico”; a veces sus conductas “drogadicto”, “drogón”; a veces el resultado de su acto “reventado”, “fisurado”).
Designa entonces a una modalidad de conducta repetitiva más propia de la pulsión que del deseo, más propia del goce que del amor al objeto, mas autoerótica que erótica.

Tendremos entonces a un sujeto opacificado tras un goce por él no muy cuestionado y a un objeto no muy contingente, pero con gran pregnancia imaginaria, y a su sujeto que se des-vive, que se muere, que se desespera por conseguirlo.

Es patética esta búsqueda, que no repara en nada a la hora de la abstinencia, visiblemente en el caso de la adicción a drogas duras o el alcohol.

Da también   para pensar en este efecto atractivo, imaginario del objeto, cuando más allá del fenómeno de abstinencia física el sujeto se calma antes de la ingesta de la droga, se calma algo con solo haberla conseguido,  tenerla consigo.

Y la otra cara de este poco contingente objeto, la del goce pulsional que se da en torno al objeto que desde esta perspectiva carece de un valor imaginario. El chicle, pedazo de goma al ratito insulso, que el sujeto masca y da vueltas con la lengua en su goce oral, contorneándolo; muestra la futilidad de un goce que no ha de pasar fácil de la lengua a “lalengua”.

Ni que hablar del goce extático o de la alteración de la conciencia, impulso que periódicamente se presenta en el consumidor de alucinógenos. Trance adictivo que conlleva una pretensión a veces mística. La droga como “medicina sagrada”.


EL PROBLEMA DE LA TRANSFERENCIA CON RESPECTO A LAS ADICCIONES
PRESENCIA DEL ANALISTA
Lacan formaliza las vicisitudes clínicas de la transferencia en dos dimensiones o dominancias referidas a lo que denomina:
Apertura....       cierre del inconsciente...
Nueva apertura...     y cierre...
1) Para la primera vicisitud  podemos destacar al menos dos cuestiones.
1.1. Del lado del analizante, al Sujeto Barrado ( S) en lo que ya vimos como formaciones del inconsciente.
1.2. Del lado del analista,  la función Sujeto Supuesto Saber ( SsS ) motor de la asociación libre y del decir en general del analizante en su tratamiento.

Vertiente de dominancia simbólica de la transferencia.


 

2). Para la segunda, para el cierre la presencia del analista soporta - semblant mediante- al objeto del fantasma, fenómeno transferencial que Freud identificó como resistencial y que implica caída subjetiva y recubrimiento imaginario del objeto en la dimensión imaginaria del amor-odio de transferencia, idealización-persecusión.


Cierre del inconsciente que conlleva la falta de asociaciones, fin de los “poderes de la palabra”.
Este recorrido que en cualquier análisis formalizaría una secuencia lógica de la cura se encuentra subvertida en torno a la adicción, aún en medio de un análisis que en diversos momentos siga el curso de la lógica arriba planteada.
Desde episodios de presencia del tóxico en la propia sesión, o del paciente que llega bajo el efecto del mismo, hasta relatos mas o menos “confesionales” de episodios con el objeto adictógeno; o descripciones “mostrativas” de los efectos o el goce obtenido. Situaciones todas que no se caracterizan por una posición de pregunta, de implicación del sujeto, de responsabilidad frente al acto.
Pseudoapertura, apertura obturada o cierre permanente por un goce que resiste singularmente a ser pasado a la palabra.
El analista así cuestionado en su lugar de S.s.S.(en cierta equivalencia a lo que ocurre en los análisis de una perversión “vera”), se encontrará en una disyuntiva ética. . O sostiene pese a todo su posición de analista y apuesta a un análisis posible, u opera de acuerdo a la moral general, de la cual seguramente en alguna medida estará afectado y prohibe, aconseja, avala o ignora a este goce que resiste.
  Esta símil perversión que  estructuralmente conmueve el dispositivo analítico es lo que tensa la cuerda al máximo en cuanto a la ética y al deseo del analista.
  Justamente por estar en el lugar del objeto (cierre) la presencia del analista podrá disputar el lugar de pura apariencia que también tiene la droga, tal vez pueda lograr que de la dimensión confesional del decir del paciente, el pase a la pregunta, al síntoma, a la subjetivacion del sufrimiento.
  El análisis posible de la a-diccion(Braunstein) subvertirá entonces la lógica de la cura, porque ha de procurar (pro-curar) la caída o el corte del objeto en un primer tiempo para que pueda o no instalarse un sujeto y su deseo.
Queda por proponer, por elaborar de que manera.

NOTAS
ADICCION : técnica del cuerpo refractaria a la palabra.
NEUTRALIDAD DEL ANALISTA: ¿valdrá como aval?
PROHIBICION : suscita el desafío.
NEOFANTASMA : respuesta al goce del Otro. El vampiro.
NEUROTICO-ADICTO : compulsivo, pese y por la droga hace lazo social.
Usa la droga para algo: desinhibirse, mitigar la angustia, mostrarle al Otro (acting-out).
Su posición general ante la ley los martiriza antes, durante o después de cada episodio.
S  = PREGUNTA POR EL SER: El adicto tiene una respuesta.
Identidad mascara pero más pregnante
Valor social
Valor de goce.
VOLUNTAD DE GOCE: símil perversión. No hay deseo- ley.
El adicto cree saber gozar, el efecto droga lo asienta en esa creencia, enmascara en uno de los momentos la castración propia y del Otro.
Hay un goce mas allá del goce fálico (ej. vivencias místicas o extáticas).
Autoerotismo(símil).
LA DROGA COMO OBJETO : provoca desde lo imaginario , demanda un objeto insustituible, nominable, identificable.
LA SUSTANCIA QUE CAUSA LA ADICCION ES EL GOCE.
PASAJE AL ACTO : Impedido de impedirse (abstenerse).
©elSigma.com


La base de datos está protegida por derechos de autor ©bazica.org 2016
enviar mensaje

    Página principal