Agosto de 2010 Queridos Laicos Concepcionistas



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Agosto de 2010

Queridos Laicos Concepcionistas:


Los temas propuestos por el Santo Padre mes a mes son de gran actualidad e importancia.

Muchos de ellos nos hablan de graves situaciones de injusticia o sufrimiento para tantos hermanos y hermanas nuestros.


Mediante nuestra oración por estas intenciones, declaramos cada mañana que todo lo queremos hacer por Dios, con Dios y al modo de Dios. Ofrecemos nuestros trabajos, sacrificios y oraciones en solidaridad con el sufrimiento de las personas y con la problemática de las situaciones a las que se refieren estas intenciones. De esta manera no sólo ayudamos a otros, con verdadera oración de intercesión, sino que también nos ayudamos a nosotros mismos al ensanchar el corazón y abrir la mente más allá de nuestras preocupaciones habituales. Nos hacemos universales, uniendo nuestras vidas y nuestra oración a las necesidades del mundo.

INTENCION GENERAL
Para que los sin trabajo, sin techo y cuantos viven en grave situación de necesidad encuentren comprensión y acogida y sean ayudados de forma concreta a superar sus dificultades.

Al inicio del año se nos invita a mirar la situación internacional para examinar los retos que debemos afrontar juntos. Entre las cuestiones esenciales, ¿cómo no pensar en los millones de personas, especialmente mujeres y niños, que carecen de agua, comida y vivienda?


Siguiendo la inspiración del Espíritu de Jesús, el pobre de Nazaret, muchos a través de la historia han dado respuestas concretas a la inquietud del corazón del Papa este mes. En Francia, el Abate Pierre, fundador de los Traperos de Emaús, San Pedro Claver en Colombia, San Martín de Porres en Perú, San Damián de Molokai en Hawái, San Francisco de Asís en Italia, M. Teresa de Calcuta en la India entre tantos otros.
La fe sin obras es una fe muerta”, nos recuerda el apóstol Santiago (2,17).

El amor se ha de poner más en las obras que en las palabras”, enseña San Ignacio de Loyola.

La injusticia causa enormemente más males que los que puede remediar la caridad”, sentencia San Alberto Hurtado.
M. Carmen Sallés conocía esto muy bien desde pequeña, pues en Manresa era ella la encargada de entregar la limosna familiar a las Hermanitas de los Pobres, y lo siguió practicando a lo largo de su vida pues cuentan de ella como “ Tenía especiales desvelos por los huérfanos y los niños desamparados.... le bastaba observar que un mendigo o un huérfano, era peor que otros, incluso en su conducta, para que ella tuviera especial esmero con estos a fin de atraerlos, proporcionándoles remedio a la necesidad espiritual y material”

PREGUNTAS PARA UNA REFLEXION INDIVIDUAL
 ¿Qué hago y qué puedo hacer para aliviar la suerte de quienes viven en situación de grave necesidad?

 ¿Conozco algún grupo u organización de asistencia a los más necesitados donde podría participar como voluntario/a? ¿De qué forma enriquezco mi vida al participar?




INTENCION MISIONERA
Para que la Iglesia sea el "hogar" de todos, pronta a abrir sus puertas a cuantos son obligados a emigrar a otros países por las discriminaciones raciales y religiosas, el hambre y las guerras.

La promesa del Señor es clara: «Yo os acogeré y seré para vosotros padre, y vosotros seréis para mí hijos e hijas» (2 Co 6, 17-18). Si somos conscientes de esto, ¿cómo no hacernos cargo de las personas que se encuentran en penurias o en condiciones difíciles, especialmente entre los refugiados y los prófugos? ¿Cómo no salir al encuentro de las necesidades de quienes, de hecho, son más débiles e indefensos, marcados por precariedad e inseguridad, marginados, a menudo excluidos de la sociedad?


La lista de los millones y millones de personas inocentes, honestas y trabajadoras, que se ven forzadas a huir de sus hogares dejando atrás todo por miedo o por hambre es mucho más larga.
Hoy la migración, forzada y no forzada, es un fenómeno mundial. De hecho, en todos los países, seguramente también el nuestro, hay quienes han dejado sus tierras y sus costumbres para buscar mejores condiciones de vida. ¿Quién los acoge? Son rechazados, temidos, se les niegan sus derechos de asilo; son discriminados y tratados como delincuentes, perseguidos y hasta asesinados. ¿Por qué? Porque son diferentes, hablan otra lengua, vienen de otra parte. Son vistos como una amenaza por quienes llegaron antes.
La Biblia da testimonio que el Pueblo de Dios fue siempre un pueblo de emigrantes y que pasó por duros sufrimientos en su destierro. El mismo Jesús y su familia, cuando él era niño, fueron obligados a emigrar a Egipto, también buscando una puerta abierta…

El Papa nos invita este mes a abrir las puertas de la Iglesia a los más necesitados, sobre todo a los refugiados. Que encuentren en nosotros, en nuestra comunidad cristiana y en nuestras sociedades un hogar, una mano tendida, una sonrisa y un corazón comprensivo. Que todos los bautizados, hijos e hijas del mismo Padre, independiente de dónde hayan nacido, puedan sentir que en la Iglesia llegan a su casa.



A todos un abrazo cordial
Félix y Milagros


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